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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56 n.197 Santiago ene. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002019700005 

Héctor Tosar (1923-2002)
Muerte de un gran compositor
1

por
Coriún Aharonián

La muerte de Héctor Tosar en Montevideo el 17 de enero de 2002 fue un duro mazazo para quienes lo admirábamos y queríamos, no obstante haber sido largamente anunciada en el correr de la última década por causas de un implacable deterioro cardiorrespiratorio. Había nacido en la misma ciudad de Montevideo, Uruguay, un 18 de julio de 1923.

Considerado uno de los compositores más relevantes del continente, dio sus primeros pasos como adolescente prodigio, componiendo obras de gran solidez y musicalidad a la temprana edad de 16 años, una de ellas para orquesta, Toccata, estrenada bajo la dirección de Lamberto Baldi el mismo día en que cumplía 17 años. Con una honestidad ejemplar, fue recorriendo las distintas etapas estilísticas que se les imponía a los miembros latinoamericanos de su generación. Además de Baldi, fue alumno, entre otros, de Aaron Copland, de Darius Milhaud y de Arthur Honegger en lo compositivo, de Wilhelm Kolischer en lo pianístico, y de Serge Koussevitzky, Eugène Bigot y Jean Fournet en dirección de orquesta. Fue becario en dos oportunidades de la Fundación Guggenheim, y también compositor residente de ésta. Fue además becario de los gobiernos uruguayo y francés, y recibió encargos, entre otras instituciones, de la Fundación Koussevitzky.

Recibió muchos honores en vida, pero también recibió golpes de distinta índole. Hombre de ética intachable, fue interdicto por la dictadura entre fascista y ultrafascista que asoló Uruguay entre fines de 1967 y comienzos de 1985. Luego, en democracia, sufrió la amargura de injusticias tales como la de que no se le concediera la primera emisión del premio Tomás Luis de Victoria (distinción por otra parte cuestionable hasta que, en su tercera edición, con jurados más representativos, fuera honrosa y justicieramente concedido a un compositor tan distinguido como Celso Garrido-Lecca). En 1998, al festejarse sus 75 años, recibió el reconocimiento de distintos sectores del medio académico uruguayo, y fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de la República. "La música, para mí, no basta con que sea constructiva, sino que tiene que ser, además, expresiva", había dicho en un coloquio realizado en Madrid en 1970. "Sin [comunicación] no puede haber obra de arte".

Tosar fue un compositor de una excepcional autoexigencia, que lo hizo ser autor de relativamente pocas obras, todas ellas minuciosamente elaboradas, y varias de las cuales permanecen como hitos de la creación musical latinoamericana. Fue además notable pianista, para quien la exhibición técnica quedaba relegada a un segundo término frente a su vuelo y a su inteligencia interpretativos. Y fue director de orquesta en varias etapas de su vida, pero nunca dedicó mucho tiempo a esa actividad. De su labor interpretativa han quedado innumerables testimonios, varios de ellos editados en fonogramas.

Fue también docente de composición, apasionado cuando encontraba la contraparte en sus alumnos del momento. Enseñó en Uruguay, y allí recogió discípulos en sucesivas generaciones, todos ellos distintos entre sí: entre otros, Juan José Iturriberry (1936), Daniel Viglietti (1939), Conrado Silva (1940), Ariel Martínez (1940), Miguel Marozzi (1947), Carlos da Silveira (1950), Jorge Lazaroff (1950), Eduardo Fernández (1952), Elbio Rodríguez Barilari (1953), Ulises Ferretti (1953), Fernando Condon (1955), Daniel Maggiolo (1956), Álvaro Méndez (1956), Álvaro Carlevaro (1957), Felipe Silveira (1957), Jorge Camiruaga (1959), Luis Jure (1960), Fernando Ulivi (1963), además del autor de estas líneas. Algunos descollaron como compositores, otros como instrumentistas notables, otros como buenos docentes, otros aún como excelentísimos músicos populares.

Pero ejerció la docencia también en otros países: en Puerto Rico, en Venezuela, en Estados Unidos, en buena medida durante los períodos de interdicción en su patria. Fue profesor y decano de estudios del Conservatorio de Puerto Rico, profesor y supervisor del Departamento de Composición del Instituto Venezolano de Música Simón Bolívar, y ­por gestión de Juan Orrego Salas­ profesor en la Indiana University, en Bloomington, Estados Unidos. En su país, fue director del Conservatorio Nacional de Música uruguayo, luego Escuela Universitaria de Música, antes y después de la intervención militar de la Universidad.

Actuó de distintas maneras en tareas organizativas, asumiendo esa cuota de responsabilidad que el artista recibe en tierras latinoamericanas. Fue co-fundador de la Sociedad Uruguaya de Música Contemporánea, de la Asociación Filarmónica de Montevideo, y del Centro Cultural de Música del Uruguay, y fue declarado presidente honorario del Núcleo Música Nueva de Montevideo y de Juventudes Musicales del Uruguay. En lo político, fue intachable, con gestos de una particular valentía, nunca vociferada.

Héctor Tosar fue, como se dijo, uno de los más prestigiosos y respetados compositores de su generación en América Latina, y ese prestigio y ese respeto tienen sus razones. A través de su extensa trayectoria, Tosar intentó establecer firmemente la calidad y la autonomía de una música culta no colonial ­que buscaba una verdad propia a ser dicha­, rescató la función expresiva del hecho musical, trató de establecer un modo de comunicaciónmás directo que el heredado de la tradición culta europea occidental.

"Estoy convencido de que la música debe servir para mucho más", decía en 1972. "No sé bien todavía cómo, pero debe recobrar su misión importantísima dentro de la sociedad, no dentro de un público más o menos de elite, sino de la sociedad en un sentido amplio. Esta revolución es mucho más importante que todos los cambios técnicos que puedan distraer al compositor. Y el logro de esta finalidad, si de algún modo u otro se consigue, significará, a la inversa, la solución a todos estos otros problemas técnicos. [...] Es necesario no quedarse en la mitad del camino y llegar a una verdadera conciliación entre cómo se vive, cómo se piensa y cómo se crea. Esto no se consigue fácilmente, puesto que en muchos casos significa una ruptura total o casi total con muchas cosas a las que nos habíamos acostumbrado y que nos resultaban demasiado cómodas."

Las diferentes etapas de lenguaje recorridas por Tosar desde su temprana iniciación en la composición tuvieron como denominador común el compromiso íntimo entre ética y estética. Su rigoren lo constructivo, su gran fuerza (las características que él definiera como de empuje, vitalidad y dinamismo) y su intensa expresividad (el lirismo asumido como objetivo), le permitieron despegar del modelo neoclásico todavía dominante en su juventud y apuntalaron la autonomía de sus etapas de madurez respecto a toda eventual moda estética. Hacia los 40 años, logróplasmar un lenguaje casi serial, de sutiles grupos de sonidos, yuxtapuestos o superpuestos, en una trama de delicada tímbrica tejida sobre el silencio y el espacio. Tras un período de enriquecedora crisis, su técnica de grupos de sonidos se afirmó en un lenguaje sin atadura alguna, temperamental, tempestuoso, emotivo. Había en él un fino lirismo que no excluía la violencia expresiva, y que demostraba siempre la presencia del rigor, de la musicalidad, de la seriedad, de la sabiduría del hacer musical.

De las composiciones más representativas de Héctor Tosar podemos citar, en sus distintas etapas, fuera de su juvenil pero magnífica Toccata de 1940, y de la Danza criolla para piano del mismo año, la Sinfonía para cuerdas (1950/1951) ­cuya temprana apología realizara Gustavo Becerra en esta Revista Musical Chilena en 1957­, el Divertimento para quinteto de vientos (1957), el Salmo 102 para soprano, coro mixto y orquesta (1944/1957), el Te Deum para bajo, coro mixto y orquesta (1960), las Cuatro piezas para piano (1961/1963), su tríptico Aves errantes (Stray birds, sobre Tagore) (1963), las Tres piezas para piano (1976) y su continuación pianística en Nómoi y Ecos (1977), el Concierto para piano y orquesta (1979), su Cadencias para orquesta (1979), Sul re para piano (1981), y las Cinco piezas concertantes para violín y orquesta (1986/1987). Esta selección de obras más relevantes coincide, en rasgos generales, con la que el propio compositor realizaba.

Dejó inconcluso un ensayo sobre la utilización de grupos de sonidos en la composición post-serial. Su última composición fue una Passacaglia, escrita en dos versiones (para trombón y tuba, en 1993, y para órgano, en 1994). Luego, entre 1995 y su muerte a comienzos de 2002, se llamó sabiamente al silencio creativo. Fue una más de sus muestras de ejemplar autoexigencia. "La forma de cortar la decadencia es dejar de escribir", había dicho, con inusual coraje, en 1998.

DISCOGRAFÍA

en discos compactos:

discos colectivos:

­ Danza criolla (1940). Lyda Indart (piano). Tacuabé (Recital Lyda Indart), T/E 16 CD, Uruguay, 1985/1998.

­ Tres piezas para piano (1976). Beatriz Balzi (piano). Edición de la intérprete (serie Compositores Latino-Americanos, vol. 5), BBCD 02, Brasil, 1997.

­ Ecos (1977). Héctor Tosar (piano). Tacuabé (álbum Compositores del Uruguay en 3 discos), en coedición con el Núcleo Música Nueva, Uruguay, 1999.

­ Gandhara (Diferencias sobre si bemol-mi) (1984). Eduardo Fernández (guitarra). Decca, 421816-2, Gran Bretaña, 1989.

volúmenes monográficos:

­ Sinfonía para cuerdas (1950/1951). Orquesta de Cámara Mayo, dir. Mario Benzecry. Stray birds (Aves errantes) (1963). Carlos Carzoglio (barítono), conjunto instrumental, dir. Nicolás Rauss. Sul re (1981). Héctor Tosar (piano). Tacuabé (en coproducción con la Asociación Ars Musicae y el Ministerio de Educación y Cultura), T/E 23 CD, Uruguay, 1994.

­ Te Deum (1960). Eduardo García de Zúñiga (bajo), Coro y Orquesta Sinfónica del SODRE, dir. Héctor Tosar. Salmo 102 (1944/1957). Raquel Adonaylo (soprano), Coro y Orquesta Sinfónica del SODRE, dir. Juan José Castro. Divertimento para quinteto de vientos (1957). Conjunto Instrumental Montevideo. Toccata (1940). Orquesta Sinfónica del SODRE; dir. Lamberto Baldi. Tacuabé (en coedición con el SODRE), T/M 13 CD, Uruguay, 1999.

BIBLIOGRAFÍA

Aharonián, Coriún
1991 Héctor Tosar, compositor uruguayo. Montevideo: Trilce.

Battle Ibáñez, Luis
1967 "Algunas palabras sobre la Segunda Sonatina de Tosar", Clave, N° 55 (abril), Montevideo.

Becerra, Gustavo
1957 "Sinfonía N 2 para cuerdas de Héctor Tosar". RMCh, XI/55 (octubre-noviembre)

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1A través de este artículo solicitado al compositor Coriún Aharonián, la Revista Musical Chilena rinde un homenaje póstumo al distinguido maestro uruguayo Héctor Tosar, fundador y miembro de número del Colegio de Compositores Latinoamericanos de Música de Arte.

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