SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.56 número197Prácticas musicales de procedencia afro en el culto a San Baltazar: La "charanda" de Empedrado (provincia de Corrientes, Argentina)Pedro Humberto Allende Saron: Algunos aspectos característicos de su obra índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56 n.197 Santiago ene. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002019700003 

 

Ritualidades en conflicto: los bailes chinos y la
Iglesia Católica en Chile Central

por
Claudio Mercado Muñoz

"Yo creo que las personas más indicadas para seguir esta religión serían los
curas, y desgraciadamente son ellos los que la están echando a perder."
(Jaime Cisternas, alférez del baile chino de Quebrada Alvarado).

 

 

INTRODUCCIÓN

Los bailes chinos1 son cofradías de músicos-danzantes de los pueblos campesinos y pescadores de Chile Central. Ellos expresan su fe a través de la música y la danza en las fiestas de chinos, rituales que se realizan en pequeños pueblos, villorrios y caletas, y que congregan a bailes de distintos pueblos.

Los primeros antecedentes de los bailes chinos los encontramos en las flautas del llamado "Complejo Aconcagua", cultura que habitó la zona central de Chile entre el 900 y el 1400 DC. Luego tomamos conocimiento de esta ritualidad durante la conquista y la colonia a través de crónicas y viajeros, y vemos su desarrollo actual como una tradición que aglutina social, cultural y religiosamente a los descendientes de aquellos pueblos indígenas2.

La ritualidad de los bailes chinos se inserta dentro del marco general de los rituales populares americanos, donde se observan aportes indígenas (la música instrumental, los instrumentos musicales, la danza, la relación del ritual con la obtención de estados especiales de conciencia y la comunicación directa con la divinidad), y aportes hispánicos (el canto del alférez, las Sagradas Escrituras, la institución católica, sus imágenes sagradas y su calendario ritual).

Las comunidades que practican actualmente esta ritualidad no son indígenas, pues la zona central de Chile fue el área en que la occidentalización se produjo con mayor rapidez, eliminando a la población indígena propiamente tal y absorbiendo a sus sobrevivientes como mestizos, los actuales campesinos y pescadores. Pero a pesar de este drástico cambio cultural, los pobladores supieron conservar su sustrato indígena en lo más importante y vital para su supervivencia: su ritualidad.

Los chinos han sabido resistir, y aún lo hacen con fuerza, el embate de la Iglesia Católica3, que, unida al poder político y represivo del estado, ha intentado, y aún intenta, hacer desaparecer esta tradición, o en su defecto "catolizarla", hacerla menos "pagana", estructurar las fiestas de manera que el ritual en general sea católico y que los chinos sean sólo una parte de él.

Este trabajo trata la relación entre los chinos y la Iglesia Católica. Se centra en la manera en que los mismos chinos sienten y viven esta relación, y está escrito desde una perspectiva personal y participativa, en la que prima el sentimiento de pertenencia que me da el ser chino desde hace ocho años, por sobre el de ser antropólogo.

LAS FIESTAS DE CHINOS

Un ritual de bailes de chinos es una fiesta que organiza una determinada comunidad, pueblo o caleta para celebrar a un santo, a la Virgen, al Niño Dios o alguna fecha importante del calendario católico. El pueblo que celebrará la fiesta invita a grupos de bailes de otros pueblos y todos se juntan el día determinado a tocar y danzar en honor de la imagen venerada.

La fiesta es un encuentro intercomunitario, los bailes invitados asisten con sus familiares y amigos, es un encuentro al que acude gente de diversos lugares, es una fiesta en que lo sagrado y lo profano se relacionan de tal manera que conforman un espacio y tiempo únicos; es un día para pasarlo bien, para reír y ver a los amigos, a los conocidos, a los familiares de otros pueblos, un día para comprar y comer. Muchas veces se instalan ferias de comerciantes ambulantes y de entretenciones con ruedas y caballitos, todo esto junto al sentimiento sagrado, a la devoción expresada en la danza, en la música, en la procesión y en el paseo de la imagen sagrada.

Las fiestas suelen comenzar alrededor de las nueve de la mañana y prolongarse hasta el anochecer. Durante todo este tiempo el espacio sonoro se encuentra saturado por una gran batahola compuesta por el sonido de las flautas de chino, los bombos y los tambores de todos los bailes que tocan a un mismo tiempo, los gritos de los comerciantes, de los niños que juegan, de los altoparlantes de los curas.

El rito comienza con los saludos entre el baile dueño de casa y los bailes invitados según su orden de llegada. En el saludo se sitúan dos bailes frente a frente y comienzan a tocar sus flautas simultáneamente, luego éstas se callan y los alféreces de los respectivos bailes comienzan a cantar en un contrapunto improvisado cuya temática se refiere a la alegría de encontrarse nuevamente y a preguntarse por la salud de los integrantes del baile. Luego los bailes saludan uno a uno a la imagen, se forman frente a ella, tocan sus flautas y el alférez le canta agradeciendo por permitirles estar allí, frente a ella nuevamente.

Generalmente lo descrito demora casi toda la mañana. Una vez que ha finalizado esta parte suele haber un almuerzo comunitario, que normalmente es ofrecido por el pueblo anfitrión a los bailes y sus acompañantes. Luego del almuerzo se da inicio a la procesión; la imagen es sacada en andas del lugar en que permanece casi todo el año para que inicie un recorrido por las calles del pueblo. Ella encabeza la procesión, seguida por el baile dueño de casa y por todos los demás bailes, quienes recorren el pueblo tocando y danzando, todos al mismo tiempo. La imagen es dejada en un altar situado en la cumbre de un cerro o a la orilla del mar, donde los bailes, por separado, le rinden su homenaje. Luego la imagen es devuelta en procesión a su lugar original; ahí los bailes se despiden de ella. A medida que los bailes terminan esta parte del ritual, comienzan a despedirse del baile dueño de casa (de la misma forma en que lo hicieron durante el saludo, pero con una temática referida a lo bella que estuvo la fiesta y a la esperanza de encontrarse nuevamente) para luego volver a sus respectivos pueblos.

EL CHINEAR

La música instrumental de los bailes chinos se basa en el desarrollo de un concepto sobre todo armónico, vertical, en que dos grandes masas de sonidos se suceden unas a otras, formando un espacio sonoro con una inmensa gama de sonidos superpuestos4.

Los instrumentos usados para generar esta música son las «flautas de chino», instrumentos de madera o caña cuya construcción interior del tubo, debido a una técnica compleja, permite al ejecutante emitir no sólo una nota sino un acorde disonante en cada soplido. Este sonido es un elemento fundamental dentro del marco general de la música.

La flauta de chino es una flauta de un tubo, sin orificios de digitación, que se sopla a manera de zampoña. El diámetro interno del tubo está dividido en dos secciones, dejando un descanso entre ambos; esta conformación produce un sonido formado por dos notas fundamentales y una gran cantidad de armónicos agudos altamente disonantes.

La ejecución de la música está dada por una banda de flauteros ­entre 10 y 24 integrantes­ divididos en dos filas paralelas, que soplan sus instrumentos de manera conjunta, todos los de una fila primero y todos los de la otra después, a manera de respuesta, formando una sucesión interminable de dos grandes masas armónicas con un ritmo sostenido que es marcado por un bombo y un tambor. El tañedor del bombo (bombero) se sitúa al centro y atrás, cerrando el grupo, y el tamborero en el medio, entre ambas filas de flauteros.

Cada hilera de flautas está dispuesta de mayor a menor, es decir las que están situadas al comienzo son más grandes y dan un sonido de tonos graves («flautas punteras»), y así van decreciendo en su tamaño hasta llegar a las llamadas «flautas coleras», ubicadas al final de la fila y que dan sonidos mucho más agudos.

El esquema general de la música es mantenido durante largos períodos de tiempo ­entre dos y cuatro horas o más­ dependiendo del recorrido de la procesión en los distintos pueblos.

Es importante mencionar que la estética musical de la música instrumental de los bailes chinos es absolutamente ajena y contraria a la europea, es una manifestación que, en lo estrictamente musical, está relacionada a las poblaciones indígenas que habitaban la zona central de Chile antes de la llegada de los españoles.

La música de los bailes chinos está indisolublemente ligada a la danza; los flauteros de ambas filas y el tamborero hacen una danza muy característica mientras tocan, consistente en una serie de saltos acrobáticos y pasos que requieren de un gran esfuerzo físico, agachándose y levantándose de manera continua por largos períodos de tiempo. Estos movimientos son realizados al ritmo de la música bajo la coordinación del tamborero.

El "chinear", verbo que indica la acción conjunta de tocar y danzar, inserto en un sistema ritual bien definido, es, debido a sus características, una manifestación musical cuya estructura permite inducir un cambio en el estado de conciencia (Mercado 1995-96; Mercado y Galdames 1997). Es a través de este cambio en el estado de conciencia, que todos los pueblos, mal llamados primitivos, han establecido la relación con sus divinidades. El fenómeno ha sido ampliamente estudiado por diversos investigadores (Rouget y Dobkin de Ríos). Este cambio en el estado de conciencia implica un cambio drástico en la percepción del universo y en la relación establecida con él. Este estado de trance místico permite acceder a una relación directa con la divinidad. En el caso de los bailes chinos, hay una serie de elementos que hacen que esta ritualidad esté estructurada de manera de permitir este cambio en la percepción. Estos elementos son la hiperventilación, la saturación auditiva, la repetición rítmica, el esfuerzo físico de la danza y el tañido, continuo y repetitivo, la presión psicológica, las palabras del alférez, la significación del ritual (Mercado 1995).

¿LA LLEGADA DE LOS ÁNGELES?

Desde la llegada de los españoles y la imposición de las nuevas costumbres y usanzas europeas, la ritualidad de Chile Central, así como la de la mayoría de los pueblos americanos, se vio interrumpida en su estructura tradicional y fue obligada, a través de la represión eclesiástica, apoyada por la fuerza militar y luego por el Estado, a formar parte de la "verdadera y única religión": la católica.

Este proceso, bien descrito para Chile por Salinas (1991, 1994) tuvo y aún tiene distintos grados de repercusión en las distintas ritualidades. En Chile Central, y en concreto, en la ritualidad de los bailes chinos, los estudios históricos que nos permitan conocer la historia de la relación entre los chinos y la Iglesia Católica están por realizarse, pero existen investigaciones preliminares que nos indican el curso que ha tenido esta relación.

La Iglesia ha insistido en dividir las grandes celebraciones populares, en separar lo sagrado de lo profano. La idea de que lo religioso es sólo divino, sin dar cabida a lo humano, es la que manda. Idea absolutamente contraria a la del mundo indígena y de las clases populares no urbanas, donde lo humano y lo divino forman parte de un todo indivisible. A finales de 1800 comienzan las prohibiciones más severas por parte de la Iglesia, con represión policíaca (Salinas 1991).

Tenemos, por el momento, más datos de esta relación desde 1950 en adelante. La Iglesia ha intentado apropiarse de las fiestas y estructurarlas a su medida. Salinas describe de manera magistral el proceso de catolización de la religión popular que ha intentado la Iglesia en la ritualidad del campesinado chileno. Es claro el constante intento por hacer que las celebraciones populares sean acordes al pensamiento doliente, silencioso y agónico de la Iglesia Católica.

Pero con los bailes chinos la batalla ha sido dura. Si bien la ritualidad china se transformó en una ritualidad enmarcada en el calendario ritual católico y la fe que actualmente profesan es la católica, es también cierto que la relación con la divinidad es distinta a la del católico urbano. Los bailes chinos se han mantenido autónomos a través de los siglos. Tomaron la palabra sagrada de la Biblia y tomaron las imágenes, pero su relación siguió siendo directa con la divinidad, su ritualidad siguió siendo chamánica, sin necesitar de la liturgia católica para producir el contacto con la divinidad. Es importante mencionar que a finales del 1800 aún se conservaban los cantos de los alféreces en lengua nativa en el valle de La Ligua5. Resulta también muy interesante saber que hasta 1922 los bailes chinos de Andacollo eran sociedades secretas, en la que solamente se admitían a los iniciados. Latcham, en su detallada descripción de la fiesta de Andacollo, explica que los bailes chinos "son supervivientes de las antiguas sociedades esotéricas indígenas que han perdurado desde épocas remotas y durante el tiempo de la colonia figuraban en todas las grandes fiestas y procesiones de la Iglesia, como aún lo hacen en muchas partes"6.

Hasta 1960 la evangelización en los pueblos y villorrios de la zona central de Chile fue muy escasa, acostumbrándose a hacer misiones que duraban tres días por localidad, en las que se confesaba, bautizaba y casaba a los campesinos. Importaba el número y no la profundidad del acto. De esta manera la relación de los campesinos con los curas y la iglesia fue siempre distante.

Nunca fue imprescindible que hubiera sacerdote para hacer las fiestas, por el contrario, aún hoy sucede que si no hay cura la fiesta se hace igual. La participación del cura en una fiesta se limita a la misa, que es una parte dentro de la estructura general de la fiesta, y nada más. Es notable cómo actualmente la mayoría de los chinos no acude a la misa que se realiza durante la fiesta. Los chinos bailan y se relacionan directamente con la divinidad. Cuando llega la hora de la misa, lo común es que la mayoría de los chinos se alejen del lugar y se dediquen a conversar, a recordar historias de las fiestas antiguas, a hablar sobre tal o cual chino antiguo muy nombrado y a beber vino, mistela o cerveza en distintos grados según los bailes7.

El intento de apropiación de las fiestas por parte de la Iglesia Católica ha dado resultados en los últimos cincuenta años. Muchas han sido las fiestas que han sido tomadas por la iglesia como si fueran de ella, como si nacieran de ella, como si la estructura eclesiástica representara la celebración popular. Y la verdad, como lo demuestra la historia, es muy distinta. Los chinos, ya sabemos, tienen una tradición de alrededor de 800 a 1.000 años, que ha ido modificándose y adaptándose al continuo cambio del mundo. A partir de 1950 la Iglesia hizo una gran arremetida contra la devoción popular y tomó las riendas de lo que supone le compete sólo a ella: el contacto con lo divino.

De esta manera, la represión se hizo explícita. Un ejemplo de ella es evidente en el afiche que reproduzco a continuación, que fue puesto en los muros de todas las parroquias de la zona del valle del Limarí en la década del 50:

La confrontación ya estaba desatada. Pero los chinos se mantuvieron firmes en su devoción y aún lo hacen. Es cierto que hay varias fiestas que se han perdido, que ya entraron en el manejo eclesiástico, como La Candelaria de Copiapó y Puchuncaví. Pero tambien es cierto que existen otras como la Cruz de Mayo de Cai Cai o La Canela de Puchuncaví, que aún tienen la fuerza y el sentido del rito chamánico.

Uribe Echevarría, una vez más, nos ofrece datos muy importantes al respecto:

"Personalmente, hemos visto las dificultades a que se ven sometidos los
bailarines de Valle Hermoso (La Ligua) en la fiesta de la Virgen. El
párroco reemplaza a los chinos con unas señoritas de buena voluntad
que cantan himnos religiosos, acompañados por un armonio, en la plaza.
A los bailarines se les ha prohibido, en ocasiones, hasta la entrada al pueblo"
(Uribe Echevarría 1974:33-34).

 

 

 

 

Un punto importante en el intento del dominio de las fiestas por parte de la Iglesia es el tema relacionado a los dineros que se reciben en cada fiesta por las mandas que los fieles depositan a los pies de la imagen. En algunas grandes celebraciones asciende a sumas muy importantes de dinero. Estos dineros, que antes eran usados por la comunidad para sus propios adelantos y para dar grandes recibimientos 8 a los bailes invitados, pasaron a ser ahora de la Iglesia, que no deja nada para ayudar a la comunidad. Simplemente recoge el dinero y se lo lleva. Las grandes fiestas, como Andacollo, son un ejemplo claro de la lucha entre los bailes y el poder eclesiástico9.

Otra estrategia que le ha dado resultado a la Iglesia es la promoción de los bailes danzantes, originarios del Norte Grande de Chile y de Bolivia, que también expresan su devoción a través de música y danza, pero con un espíritu y una entrega distinto. Estos bailes se han formado al alero de las parroquias y obedecen a las estructuras eclesiásticas. Los bailes danzantes, de instrumentos gruesos, industriales, se han introducido en la ritualidad de Chile Central a partir de la década del 60 y han interrumpido el curso normal de las fiestas, sobre todo en su aspecto acústico, durante ya varios años10. Muchas fiestas que hace cuarenta años eran importantes en el circuito anual, como la fiesta de Corpus Christi en Puchuncaví, a la que asistían gran cantidad de bailes, fueron reducidas a fiestas a las que los chinos ya no van debido al trato que recibieron de los curas una vez que éstos tomaron el control de la fiesta.

Uribe Echevarría, investigador de la ritualidad campesina en las décadas del 50 y 60, nos entrega un dato importante al respecto:

"El baile de Petorquita recibe algunos desaires cuando asiste a fiestas como la de Puchuncaví en que hay control eclesiástico. Segundo Marillanca, dueño de la capilla de la Virgen del Carmen de Petorquita, se mantiene independiente del Arzobispado de Valparaíso. A su fiesta no asisten curas" (Uribe Echevarría 1958: 88).

El siguiente contrapunto de saludación11 entre Arturo Ogaz, alférez del baile de Rungue y Juan Luis Tapia, alférez del baile de Petorquita, en la fiesta de Corpus Christi en Puchuncaví en 1957, alude directamente a esta situación:

(Fragmento)

O: Buenos días, abanderado
mi canto bien se lo advierte,
vengo hace poco a esta fiesta
hace dos años con éste.

 

T: No lo dudo, buen alférez,
en mi canto soy sincero,
yo vengo primera vez
y al tirito nos corrieron12.

O: No puede ser, fiel alférez,
en la fiesta de don Jecho
que a usted lo hayan corrido
me parece muy mal hecho.

 

T: El mal que me hizo el cura
sólo en mi pecho se encierra,
jamás lo hubiera creído,
yo lo contaré en mi tierra.

O: Conozco mi religión,
canto por buenas lecturas,
¿será que el cura de aquí
no lee las escrituras?

T: No lo creo, abanderado,
esto lo explica mi voz
siendo extraño en esta tierra
me hirieron el corazón.

 

O: No creo que el padre cura,
del cielo la clara luz,
desconozca las palabras
que nos dejó el buen Jesús.

T: El no se guía por eso,
en mi voz el pecho asoma,
no se guía por Jesús:
sólo por el Papa de Roma.

 

O: No lo creo, abanderado,
de mi cantar no se asombre,
él debe servir a Dios,
no sólo servir al hombre.

T: Le diré mi abanderado,
el baile aquí no fracasa,
ellos han sido testigos
mejor me voy pa' la casa.

 

O: No haga tal, abanderado,
no hallo con que comparar,
se debe pagar con bien
a aquel que nos ha hecho mal.

T: Así será, fiel alférez,
en mi canto explico yo,
lo que me hizo el señor cura
peor que Judas a Dios.

 

O: Por la vida de San Pablo,
por el libro de Genesí,
lamento lo sucedido,
lo que está contando aquí.

T: Así es, mi fiel alférez,
aquí nos han atropellado,
yo me voy para mi tierra,
con mis doce apostolados13.

 

O: Piénselo bien, fiel alférez,
en el cantar soy muy ducho,
si usté se va pa' su tierra
lo sentiríamos mucho.

T: También lo sentimos, alférez,
en mi canto explico yo,
nosotros tenemos fe
pero el cura nos corrió.

 

O: Piénselo bien, fiel alférez,
yo los libros he leído
que no parta pa' su tierra,
yo como alférez, le pido.

T: No puede ser, fiel alférez,
en mi canto explico yo,
quiero pasar adelante
para a usted decirle adiós.

El contrapunto continúa con los alféreces preguntándose los respectivos nombres y despidiéndose. El dolor del alférez Tapia es tal que no puede evitar hablar (cantar) de él con otro alférez, don Arturo Villalón, del baile de Rungue:

V: Buenas tardes, buen alférez,
Cómo está, cómo le va,
me han dicho que está sentido,
lo siento por su hermandad14

.

T: Muchas gracias, abanderado,
es cierto que estoy quejoso,
el cura no es cura bueno,
es idiota y veleidoso.

V: Yo me quedé pensativo,
éste es un caso penoso,
no me lo puedo explicar:
todos somos religiosos.

 

T: Conforme, mi buen alférez,
en el nombre del soberano,
todos somos religiosos,
pocos somos los cristianos.

V: No estoy de acuerdo, mi alférez,
con mi canto explicaré,
todos somos religiosos,
andamos en la misma fe.

 

T: Así es, mi abanderado,
en el nombre del Divino,
todos con la misma fe
pero por varios caminos.

V: Puede ser, mi buen alférez,
a mí una pena me abrasa,
cuando voy a Petorquita
es como llegar a mi casa.
 

¿DE QUIÉN ES LA PALABRA?

"Pero es cierto, éstos católicos no son católicos, no se informan en la fuente
de nuestra fe, no oyen la Iglesia, son católicos a su manera, "católicos"
que no necesitan de sagrada escritura, ni de los altos sacramentos que da
la vida. ¡Qué ejemplares de catolicismo! ¿quieren ustedes que les de el
nombre que merecen? Aquí lo tienen: imbéciles ¡católicos de nombre!

(Fragmento de la prédica del cura de Sotaquí ­valle del Limarí,
IV región­ en la misa del domingo 8 de enero de 1950, un domingo
después de la fiesta del Niño Dios).

 

 

 

 

 

Existe una marcada, y también velada, competencia entre los alféreces y los curas. Cada baile chino tiene un alférez, un cantor. Ellos son los representantes de los chinos y del pueblo ante la divinidad, son los encargados de hablar ante ella. Son quienes tienen todo el conocimiento de la religión, quienes saben las historias bíblicas y sus personajes, la historia de Cristo y de la Virgen, la historia de San Pedro, del Niño Dios, etc. Son quienes poseen el conocimiento de la tradición oral en que se desenvuelve la ritualidad de los bailes chinos. Los alféreces son quienes, de una manera simple y hermosa, enseñan al pueblo la religión católica. Son ellos quienes adoctrinan a pescadores y campesinos sobre la palabra de Dios. Y esta enseñanza es realizada con palabras comunes y corrientes, con un lenguaje que todos comprenden, a través de los cantos que van improvisando en cuartetas o décimas.

Los alféreces son capaces de enseñar la palabra de Dios porque la conocen al dedillo y de enseñarla hermosamente, con sensibilidad, haciendo sentir y vivir a la gente esa palabra. El nivel de compenetración de algunos alféreces es tal mientras le cantan a la imagen sagrada, que se producen momentos de intensa emoción, tanto en los chinos como en la gente que rodea al baile15.

Los curas también conocen la palabra de Dios, pero la enseñan de manera fría y difícil. Centran su discurso en la intelectualización, leen la palabra de Dios sin sentimiento, sin ninguna emoción que haga sentir a quien lo escucha que realmente cree en lo que está diciendo, que hay una verdad que le ha sido revelada y que está comunicando la buena nueva al pueblo. Dicho en palabras del mismo papa Juan Pablo II, en la alocución a los sacerdotes, religiosos y seminaristas en la Catedral de Santiago, el 1 de abril 1987: "Un sacerdote vale lo que vale su vida eucarística, sobre todo su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril. Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoción eucarística descuidada y no amada, sacerdocio desfalleciente y en peligro" (El Mercurio, Santiago de Chile, 8 de abril de 1987, p. 5).

Es claro que un cura que desprecia a los bailes chinos no tiene ninguna posibilidad de igualar la fuerza del mensaje ni la llegada de los alféreces al pueblo. Su discurso es frío, fuera de contexto, casi una orden, cargada de culpa y de pecado. Su discurso apela a la racionalidad y al temor a lo divino; el del alférez al sentimiento. El discurso del cura queda entrampado en callejones sin salida, sin llegada; el del alférez vuela y entra a los oídos de la gente.

Reproduzco aquí fragmentos de una conversación muy esclarecedora con dos alféreces costinos, Luis Galdames, de Ventanas, y Jaime Cisternas, de Maitencillo, en la fiesta de Pucalán en 1996.

­"Para mantener la Fe uno hace todo esto. Inclusive a veces con sacrificios, porque a veces la pega16 de nosotros no es tan buena, pero igual asistimos a las fiestas. Vamos, salimos de aquí para todos lados, para que esto no se pierda, pero yo creo que la persona más indicada para meterle a la gente, para seguir esta religión, serían los curas y desgraciadamente son ellos los que están echando a perder esto. Porque nosotros estamos tratando de recopilar esto, estamos tratando de ayudar para que a la gente le guste y que tire para arriba con esto, y llegan a las manos del cura y el cura les dice otra cosa, al revés de lo que uno les dice.

Porque uno lee lo mismo que el cura, lo mismo que sabe el cura. Ustedes se pueden dar cuenta, uno canta lo que sale en la Biblia, o si no sale en la Biblia sale en cualquier libro sagrado. Y el cura en la iglesia, para hacer una misa está leyendo, tiene que leer, lo que a nosotros no nos pasa. Nosotros leemos la Biblia, leemos un libro sagrado, o si me encuentro un papel en el suelo, que tenga algo de escritura sagrada, yo me lo llevo para la casa y lo leo, porque lo siento, lo llevo aquí en el pecho. Pero el cura llega a la iglesia y lo primero que hace, saca la Biblia y lee.

Y le voy a decir con un 80% de seguridad que yo lo voy a hacer con más fe que el cura, como lo hago en este momento en Chile, porque yo voy a desenfundar mi bandera y voy a cantar, de aquí de mi cabeza, de lo que yo he estudiado, y lo voy a improvisar en versos ahí en ese momento. Eso lo voy a hacer yo de mi cabeza, no lo voy a leer. En ningún momento de lo que yo he cantado, han visto ustedes que he estado con un papel en la mano.

Y así, uno tiene tantas cosas aquí, dentro de la cabeza, que uno a medida que va cantando, como que el Señor se las va sacando, como que se las va sacando. Porque las historias están y en este momento, para cantar, hay que tener cuidado, porque hay mucha gente, como usted, por ejemplo, que saben historias mucho más que yo. Pero el problema es que ustedes no las saben hacer en versos, a lo mejor lo saben hacer, pero hasta por ahí no más. No saben cantar a lo mejor en cuarteta o en décimas, pero de historia saben mucho, y si yo me pongo a cantar una historia y no es así, van a decir: ese gallo no sabe nada.

Pero sin embargo, cuando cantamos y hay gente que sabe, está escuchando y está muy atento a lo que uno dice, y comentan que no estaba equivocado absolutamente en nada".

­"Lo que dice Luis es muy cierto, porque si uno va a cantar algo de la Biblia, algo santo, tiene que cantarlo de corazón, y si no lo va a cantar con fe, mejor no lo canta. Si esto no es como cantarle a los pájaros. Yo no le canto a él, no le canto a usted, no le canto a la iglesia, yo estoy cantándole a Cristo, a él se le canta. ¿Y por qué se le canta? Por lo que uno sabe de él. ¿Quién es Cristo, quién era? ¿Quién era Cristo para los seres de la tierra?"

­"¿Pero ustedes son como unos curas?"

­"En el fondo, claro, hay mucha gente que gustamos más que los curas, que gustamos más".

­"Mire, hablamos la palabra divina, pero como curas no, no,no. Yo no me meto a ese ramo porque soy una persona casi analfabeta, sólo que, como dice mi amigo aquí, es el espíritu divino que nos da el entendimiento. Tengo un entendimiento, gracias a mi Señor, muy abierto yo para estas cosas religiosas. Cuántas veces le he dicho a usted que a nosotros los curas nos toman como analfabetos. Por ejemplo, nos hacen ir el día 16 de marzo a la fiesta de Maipú. Yo no tengo nada que ir a hacer al Templo Votivo de Maipú el día 16 de marzo. Yo tengo que ir el día 16 de julio para celebrar las Cármenes.

Las Fuerzas Armadas le prometieron hacerle una iglesia, un templo ahí a la Virgen, ¿no es cierto? Son ellos los que tienen que ir en marzo.

Bueno, ¿y porqué el cura me manda a mí que vaya a hacer, como profano, a hacer una cosa que no me corresponde? Y el día que me corresponde a mí se lo da a las Fuerzas Armadas y a nosotros nos deja afuera. No pues, por eso no fuimos más, porque nosotros seremos ignorantes pero no somos tontos. Entonces nosotros, dentro de la poca educación que tenemos, entramos a razonar que los curas estaban como riéndose de nosotros, nos mandaban como quien dice para que la gente se riera de nosotros el día 16 de marzo, y el día 16 de julio, cuando verdaderamente es el día de las Cármenes, donde hay que ir a celebrar el santo de ella, ponen a las Fuerzas Armadas y no permiten ningún baile. No pues, ¿cómo es eso? O sea, entonces ahí van ellos mismos echando esta religión para atrás".

La brecha es profunda, tan profunda.

Juan Cisternas, alférez del baile de Loncura habla de su experiencia:

"Los padres, los curas se quieren desligar de los bailes chinos prácticamente. Yo no tuve la desfortuna de ir el sábado recién pasado, hizo la fiesta Quintero, y creo que el padre no dejó entrar a los bailes religiosos a la iglesia. El domingo siguiente nosotros hicimos la fiesta de San Pedro en Loncura, yo personalmente vine a hablar con el padre el día viernes, a afinar todo lo que sea para la misa y para la procesión. Me dijo ni un problema el padre párroco, nosotros vamos a la misa y a la tarde a la procesión. De lo cual, tuvimos que sacar la procesión sin cura. Y resulta que el término de una procesión no es necesario hacer una misa, pero siempre la palabra de un sacerdote, un Padre Nuestro, un viva San Pedro, como que estamos acostumbrados a eso, porque todas las fiestas, todos los años en Loncura se hacía eso.

A los mejor los curas sentirán envidia, no sé cómo llamarlo, hacia los cantores, porque nosotros tal como dice Jaime, no tenemos que tener un papelito para estar diciendo lo que decimos, no tenemos que tener un libro. Yo no dudo de la palabras que ellos están diciendo, porque nosotros también leemos la Biblia y sabemos que lo que están diciendo es verídico, pero nosotros no necesitamos del libro para decirlo, y a la larga uno también evangeliza, también va diciendo el evangelio cuando canta".

Además, los alféreces piden a la divinidad por cosas concretas, que les atañe directamente a ellos, a los chinos y al pueblo. Piden por la salud de los enfermos, piden por lluvias y buenas cosechas, piden por protección en el mar, piden prosperidad. Es claro que un cura no podrá jamás hacer una rogativa con tanta fuerza y sentimiento como este canto del Alférez Aurelio Frez a la Virgen del Carmen de Pachacamita en 195517:

Madre, aquí hemos llegado
con mi bandera infinita,
te ha estado celebrando
el baile de Petorquita.

El baile de Petorquita18,
te dice mi corazón,
que a tu presencia ha llegado,
vengo a pedirte un favor.

 

Vengo a pedirte un favorcon
tanta serenidad,
que riegues esta tierra santa,
que acabe la sequedad.

Que acabe la sequedad,
yo canto porque lo hagas,
se está acabando de a poco
el agua del Aconcagua19.

 

El agua del Aconcagua,
canto por la estrella de Venus,
así pues Virgen María,
riega pronto este terreno.

Riega pronto este terreno,
por todas mis iniciales,
las tierras se están secando
y lo mismo los trigales.

 

Y lo mismo los trigales,
Escrito en la historia está,
tú eres reina poderosa
riega pues la sequedad.

Riega pues la sequedad,
escriturado se ve,
los pastos van raleando,
sin agua qué vamos a hacer.

 

Sin agua qué vamos a hacer,
injuriados del abismo,
se secarán los arroyos
y la pila del bautismo.

Y la pila del bautismo,
como así está escriturado,
sin agua no podemos andar,
nadie será bautizado.

 

Te pido por esta tierra,
en el cantar no demoro,
que sin agua los cristianos
todos pues seremos moros.

Le pedimos a usted la paz,
danos agua sin tardanza,
danos pues Madre Divina,
danos agua en abundancia.

 

Danos agua en abundancia,
canto por la estrella de Venus,
tú siempre fuiste la reina
de toditos los chilenos.

Tú siempre nos defendiste
de diferentes traidores,
cuando en un tiempo estuviste
defendiendo los colores.

 

Defendiendo los colores,
te ruega mi corazón,
yo dejo el camino sano
a otra linda hermanación.
 

Sólo un campesino puede implorar de ese modo, sentir la necesidad de la falta de agua y pedir poéticamente por su pronta venida. El canto pide primero por la tierra y las cosechas, por la supervivencia, por la vida material de los fieles, pero luego el argumento toma otro giro, le dice claramente que si no cumple la petición sus vasallos dejarán de adorarlo. Hace un giro poético magistral y dice "sin agua se secará la pila del bautismo, sin agua los cristianos, todos pues seremos moros". Amenaza a la divinidad con algo que le atañe a ella directamente: su culto. Aquí se ve claramente la relación de reciprocidad que se establece entre los chinos y la divinidad. El ser chino, el sacrificio realizado en la danza, debe ser recompensado por la divinidad; debe darles protección a sus vasallos, en el sentido amplio de la palabra.

La prepotencia y falta de respeto de los curas por la religiosidad popular puede ser apreciada en el trabajo realizado por el sacerdote Miguel Jordá, quien a pesar de sentir un gran amor al canto a lo divino20 no pudo dejar de actuar como la Inquisición. Jordá ha sido uno de los pocos sacerdotes que conoció la tradición de canto a lo divino en Chile Central, se integró a ella, aprendió a cantar, participó con los cantores en muchas ocasiones, propició vigilias y ayudó a que se conociera y valorara esta tradición. Editó varios libros con los versos de los cantores, libros completos, con una amplia recolección de versos, muchos versos de muchos cantores. La Biblia del pueblo y La sabiduría de un pueblo son libros que recopilan lo más hermoso de la tradición. Pero, y ahí está el gran pero de su trabajo, muchos de los versos originales de los poetas y cantores fueron cambiados por él cuando no le parecía bien lo que decían o como lo decían. Estos versos figuran en los libros como propios de los cantores, pero fueron "arreglados" por Jordá, no porque tengan fallas en su métrica o en su construcción, que obviamente no las tienen, si no por los temas, metáforas e interpretaciones de los poetas que no fueron del agrado del sacerdote.

Domingo Pontigo, afamado cantor de las cercanías de San Pedro de Melipilla, me contaba que Jordá editó su poema en décimas El paraíso de América, un libro de canto a lo humano de 190 páginas en que cuenta la historia de Chile y sus bellezas naturales. Domingo dice que casi se murió de impresión cuando vio que sus versos estaban cambiados, que décimas enteras inventadas por el cura reemplazaban sus versos. En este libro cambió fundamentalmente las partes en que Domingo, según él mismo me dijo, "le dio duro a los españoles y a su conquista de América, y como Jordá es español, no le gustó y los cambió". Pero todo el que lee el libro cree que los versos son auténticos. "¿Pero y no le dijiste nada?", le pregunto, asombrado ante su confesión. "No, qué le iba a decir si ya estaba hecho", me contesta.

Es sabido también que cuando salieron los otros libros antes mencionados hubo varios cantores que lo querían demandar por el mismo motivo. ¿Pero cómo va demandar un poeta campesino a un cura? ¿Tiene alguna posibilidadtan siquiera de comenzar el trámite?

Don Santiago Varas, poeta y cantor de San Vicente de Tagua Tagua, encontró una manera de protestar ante estos atropellos. Cuando le leyeron (don Santiago es ciego) el libro "Los buenos versos ", que Jordá acababa de imprimir, casi le dio un infarto y no pudo seguir escuchando la lectura, al constatar que muchos de sus versos habían sido cambiados. La impresión y el dolor sentido fueron tan grandes, que en ese mismo momento decidió no escribir nunca más versos. Afortunadamente, y luego de más de un año sin escribir, reconsideró su decisión y volvió a su tarea de poeta.

Entonces don Santiago compuso el verso que transcribo a continuación y lo pegó en la primera hoja de los libros que le correspondieron a él y que reparte con su queja incluida.

La cuarteta por la que está compuesto el verso es la siguiente:

La ignorancia es atrevida
y atrevido el ignorante,
no hay ningún cantor que cante
sin tener sabiduría

PRESENTACIÓN

Soy Santiago Varas Yáñez,
la poesía es mi pega;
pretendo que a mis colegas,
nada, ni nadie los dañe
por eso, no les extrañe,
si un sacro derecho, ejerzo;
aunque con más de un esfuerzo,
me decidí a protestar,
les rogaría escuchar
lo que refiere mi verso.

1

Disculpen mi verdad pura,
pero es perverso y dañino,
que a un cantor a lo divino
lo venga a joder un cura.
Si nuestra vieja cultura,
para él, no es conocida,
deberá tomar medidas
para entenderla mejor
y así no dirá el cantor,
"la ignorancia es atrevida".

 

2
Falta de respeto grave
es corregir a un poeta,
que conoce bien su meta
expresando lo que sabe;
es pilotear una nave
cuando no se es navegante,
un feo gesto arrogante
que a uno deja latente,
que el soberbio es prepotente
"y atrevido el ignorante".

3
El corrector en cuestión,
fuera de ignorar la rima,
ni siquiera se aproxima
al sentido y la intención.
Desconozco la razón
de este atropello flagrante,
pero sé que su desplante,
sólo muestra tozudez,
con hombre tan descortés,
"no hay ningún cantor que cante".

 

4

Dios me libre y favorezca
de otro compilador
y peor si se cree autor,
que echa a perder lo que pesca.
Puede que me lo merezca,
por salir con mi porfía,
cuando la gente decía:
ten cuidado con la treta
de quien se cree poeta
"sin tener sabiduría".

DESPEDIDA

Me despido algo apenado,
Sin dejar de ser cristiano,
Con mis derechos humanos
Gravemente conculcados.
Ya todo está perdonado,
Incluso la falsedad
Cuando da por novedad
Que domino al guitarrón..
Esta es mi cruda visión
De una triste realidad.

A continuación ilustraré la relación entre los chinos y la Iglesia desarrollando brevemente la historia de dos fiestas importantes del circuito ritual de la zona central de Chile: la fiesta de la Virgen del Carmen de Petorquita y la fiesta del Niño Dios de Las Palmas21.

LA VIRGEN DEL CARMEN DE PETORQUITA

Petorquita es un caserío cuyo origen se remonta al antiguo pueblo de indios Unión Americana, situado a pocos kilómetros al sur de La Calera. En él se celebra año a año la fiesta de la Virgen del Carmen, atrayendo a gran cantidad de bailes, comerciantes y gente de todos los lugares aledaños. Esta es una de las fiestas en la que los chinos hacen grandes esfuerzos para estar ahí chineando. Es una de las fiestas nombradas y con historia, y parte de su fama radica en lo que ahora contaré.

La fiesta de Petorquita se mantuvo completamente autónoma, sin presencia de sacerdotes, pues no les estuvo permitido el ingreso desde 1906 hasta 1961. Pero vamos a la historia, escrita por Manuel Guerrero en la Revista Vistazo del 2 de agosto de 1955. Dice don Segundo Marillanca:

"Esto me lo contó mi abuelita Margarita Véliz Cataldo, muerta a la respetable edad de 112 años. A los pies de los cerros el Caque y el Olivo todavía quedan restos del cementerio de Purutún. Todos los Corpus Christi, los habitantes de Unión Americana transportaban la imagen hasta la capillita de ese camposanto, dejándola allí ocho días con sus ocho noches. Los sacerdotes, entonces, procedían a venerarla y recibían en sus manos el valor de las mandas.

El violento terremoto de 1906 no respetó la capillita, hecha de barro y rústicos maderos, y la convirtió en tierra y astillas. Una pequeña campana de oro brillante dejó de tocar los domingos y fiestas de guardar. En su obra destructora, el terremoto sepultó también y para siempre, la capilla de Purutún y su clamorosa campana. Los sacerdotes ­conforme a los recuerdos de Marillanca­ propusieron entonces un cambalache a los indios: ellos obsequiarían una gran campana a cambio de la pequeñita. Aceptada la transacción, los indios entregaron su brillante campana, sin que jamás apareciera la prometida ni se resolviera la devolución de la que acompañó por siempre a la imagen de la Virgen desde su viaje de El Cuzco. Desde 1906, histórica fecha de terremotos para la tierra, marcó entonces la iniciación de una era de rebeldía en el pueblo Unión Americana: los indios se enojaron. La imagen de su Virgen no abandonó más sus dominios. La casa de los Marillanca fue su hogar. Gruesos adobes y trozos de álamo dieron forma a una nueva capilla. Los Marillanca fueron entregando su contribución de muertos a la tierra, pero nadie consiguió que la Virgen cambiara de manos ni de domicilio.

Y en actitud de borrar un ingrato pasado, las fiestas de homenaje a su Virgen, en vez de Corpus Christi, fueron decretadas por los habitantes de Unión Americana ­hoy Petorquita­ para el 16 de julio. Desde 1906 están ausentes los representantes de la iglesia.

El indio Jose Segundo Marillanca Véliz es el último descendiente directo del ex pueblo de indios Unión Americana. Viudo y sin descendencia directa, no abandona a la imagen que en legado sin testamento ha pasado de mano en mano por más de cinco generaciones, y en la actualidad (1955) sostiene conversaciones conciliatorias con el sacerdote Eduardo Meins, que busca un entendimiento oficial con el guardador exclusivo de la Virgen de Petorquita. De esta manera, según la Iglesia, la rebelde imagen recibiría la bendición eclesiática y su no menos rebelde propietario podría contribuir, con el aporte de las mandas, a las sagradas obras de la institución romana en Chile".

El conflicto es desatado entonces por un hecho concreto y deplorable: los curas le roban al pueblo su campana, que estuvo siempre con la Virgen, les roban el sonido de la campana. Robar un objeto sagrado es algo imperdonable, pero que el acto sea realizado por sacerdotes es aún más deplorable. ¿La palabra empeñada a unos pocos indios no vale tanto como para cumplirla?

Pero la respuesta del pueblo, así como la que daría el obispo de Valparaíso a Marillanca años después, es certera; construyen para la Virgen un aposento familiar, cambian la fecha de la fiesta, y no admiten a los curas. Y durante casi 60 años se mantienen sin presencia de sacerdotes. Hasta que muere el último Marillanca, en 1960. Entonces la imagen es dejada a un sobrino, que luego de un tiempo llega a un acuerdo con la Iglesia y entran los curas nuevamente, pero la fiesta sigue siendo para la Virgen.

Los recuerdos de Luis Galdames nos cuentan la historia desde la perspectiva de un alférez aprendiz, hace ya unos cuarenta años. Este es un fragmento de la leyenda popular sobre la Virgen de Petorquita:

"Yo iba de niñito, jovencito, a la fiesta de Petorquita, alférez ya no quedan de ese tiempo. Entonces se iba los días sábado en la tarde, porque eran dos días. En ese tiempo tenía la Virgen un señor de apellido Marillanca, entonces la gente iba con más fe, y antes a usted le dejaban cantar a la Virgen. Ahora se le antoja a un padre, a un cura, y no nos dejan cantar. Y antes ahí no habían curas, en Petorquita no habían curas, y en ninguna otra iglesia de los alrededores, antes los curas no venían. Habían señoras antiguas, ellas rezaban, hacían rezar el rosario, rezaban y con el rosario se hacía la fiesta, y ahí usted veía las calles llenas de gente, harta gente.

Don Manuel Marillanca, de Petorquita, encontró a la Virgen de Petorquita adentro de un álamo. Estaba cortando un árbol con un hacha y de repente el árbol se empezó a quejar, a dar gemidos, ah, ah, y el tipo cortaba el árbol, le pegaba hachazos y el árbol gemía. De repente el árbol se abrió en dos, y adentro estaba la Virgen y era de color corteza, café, como que el árbol seguramente había crecido alrededor de ella, habia quedado ahí y el árbol habia crecido alrededor de ella. Cuando el árbol se abrió el caballero se llevó la media impresión, salió corriendo, asustado, llegó al pueblo y todos le decían, 'qué, te volviste loco', y él ¡vamos a verla, vamos a verla! y fueron a verla, y ahí estaba.

Y donde encontraron la Virgen hicieron la iglesia. Y don Manuel Marillanca nunca dejó a los curas meterse ahí, en esa fiesta, y la Virgen comenzó a ser cada vez más milagrosa y eran arcas de plata que ganaba por día. Y él nunca tocó esa plata y lo que hacía era dar comida a todos los bailes que llegaban, grandes comidas. Esto era hace como cuarenta años, iban como 35, 40 bailes, y a todos les daba unas tremendas comidas. Mataba tres toros, tres vacas, y a todos les daba tremendos platos. Y cuando se murió este señor le dijo a un sobrino que siguiera con esto, y que nunca tocara la plata porque la plata no era para él sino que era para recibir a los bailes y que él continuara y que nunca dejara entrar a un cura. Y el sobrino así lo hizo, como seis años siguió haciéndolo hasta que vino una ley de la Iglesia, el arzobispado hizo una ley que dijo que todo lo religioso era católico, que lo único religioso era lo católico y que todas las imágenes eran de la iglesia. Entonces los curas llegaron y agarraron la virgen y se la llevaron. Pusieron a otra Virgen en su lugar. La que está ahora no es la que estaba antes".

En 1960 muere don Segundo Marillanca, último dueño y descendiente directo del pueblo de indios, quien cuidó de la imagen de la Virgen y de la fiesta durante cuarenta años. La que ocurre entonces es hermosamente cantada por Manuel Escudero Mena, alférez y dueño del Baile San Nicolás de Tolentino de Las Hijuelas de Calera, en la fiesta de Petorquita de 1961.

VERSOS A LA MEMORIA DE DON SEGUNDO MARILLANCA22

Gracias a Dios que llegué
donde quería llegar,
con el baile de Las Hijuelas
te venimos a visitar.

Menos mal que era devoto
de la Virgen del Carmelo
estoy seguro que la Virgen
te llevó el alma al cielo.

 

Virgen madre del Carmelo,
desde lejos te diviso,
para llegar a tus plantas
deseo me den permiso.

Ni un sacerdote, una misa,
por el alma de don Segundo,
así se paga aquí en Chile
la veleidad de este mundo.

 

Deseo me den permiso
como el agua blanca y pura,
para llegar a tus plantas
no es preciso que haya un cura.

En mi religión cristiana
nunca jamás lo pensé,
hubiera tanta maldad
es para perder la fe.

 

Virgen madre del Carmelo,
con el corazón deshecho
llegamos a tu presencia
Tú sabes mejor los hechos.

El Obispo se negó,
mi memoria se desliza,
el cura de nuestra parroquia
no le pudo decir misa.

 

Tú sabes mejor los hechos
Tú que sabes de mis penas,
también tuviste un hijo
y curas penas ajenas.

Nuestro cura no es culpable,
él mandó pedir permiso,
imposible conseguir
el obispo pues no quiso.

 

Valor dadme, madre mía,
para poder yo cantar,
mi amigo está en la otra vida
allá nos vamos a encontrar.

Harto empeño pues hizo
nuestro cura el señor Meins,
las puertas se le cerraron
nada quisieron con él.

 

Esta pena y amargura
las siento yo en mis carnes vivas,
es un trago muy amargo
compadécete María.

Es para volverse loco
como está la religión,
se nos cierran las iglesias
y se nos niega el perdón.

 

Virgen madre Poderosa,
justo un año hace en este día,
aquí nos falta un hermano
te lo llevaste, María.

Sesenta y cinco años tengo
esto jamás yo lo he visto
se le niega a un pecador
el perdón y la casa de Jesucristo.

 

En el año mil novecientos
en Petorquita nació
don Segundo Marillanca
permitido fue de Dios.

Muchos son los que pretenden
enlodar al señor cura,
pero es todo al contrario
esta es la verdad pura.

 

Desde niño, y después hombre,
siempre respetó a su madre,
y fue siempre fiel devoto
de la Virgen del Carmen.

Adiós, hermanos queridos,
última vez cantaré,
voy a doblar mi bandera,
estoy por perder la fe.

 

Don Segundo Marillanca
La pena no se me quita,
Cuarenta años te cuidó
En tu templo de Petorquita.

Recemos un padre nuestro
por el alma de don Segundo,
que Dios lo tenga en su seno
ya que no está en este mundo.

 

Virgen madre del Carmelo,
Mi memoria se me arranca,
Te llevaste de este mundo
Al amigo Marillanca.
 

El alférez desata la emoción sentida no sólo por él, sino por todos los presentes. Todos conocen a don Segundo, protector de la fiesta durante tantos años. La famosa fiesta de Petorquita de don Segundo Marillanca. Pero el alférez Escudero canta que su amigo y fiel devoto de la Virgen ha muerto y no le pudieron hacer su misa de difunto. ¿Qué peor castigo hay para un creyente? La venganza del obispo es certera, brutal. Y el alférez lo dice tan claramente:

Sesenta y cinco años tengo
esto jamás yo lo he visto,
se le niega a un pecador
el perdón y la casa de Jesucristo.

Es interesante notar que en 1955 don Segundo Marillanca estaba en conversaciones con el cura Meins. Cuando muere, cinco años después, aún no consiguen llegar a un entendimiento oficial, pero pareciera que sí a uno personal, pues el cura intentó hacerle misa.

Y es justamente en esta fiesta donde aún se conserva un pedazo de la parte humana de la fiesta. En mitad de la procesión, cuando la Virgen llega a destino, los chinos entran a la quinta de recreo de Ño Tuca, la misma que describe Uribe hace cincuenta años, y ahí se produce la gran libación. Los chinos beben vino y se alegran y conversan. El lugar y su patio interior se llenan de chinos y la algarabía es inmensa, sólo faltan los cantores con guitarra y arpa para que la situación fuera la misma que hace cuarenta y cinco años, cuando en Petorquita no había curas.

FIESTA DEL NIÑO DIOS EN LAS PALMAS.
24 de Diciembre de 1999.

La historia del Niño Dios de las Palmas es un ejemplo más de la apropiación de un culto popular por parte de la Iglesia Católica. Palmas de Alvarado es un villorio situado en las faldas del cerro El Roble, en la cuesta de La Dormida, cerca de Olmué. En él se celebra durante la noche del 24 de diciembre el nacimiento del Niño Dios. Es una celebración que dista muchísimo de la celebración urbana de Navidad. Aquí no existe el viejo pascuero o papá Noel, aquí existe el fervor de la gente del pueblo hacia Cristo, es la celebración de bienvenida que los hombres hacen al Niño Dios. Aquí no hay repartija de regalos, aquí los regalos son para el Niño Dios; frutos, verduras, semillas. El mundo campesino da su ofrenda al Niño Dios para agradecerle los favores concedidos durante el año que termina y para pedirle que les retribuya durante el año que comienza23.

Esta fiesta es actualmente una de las más grandes del circuito de fiestas de chinos en la Quinta Región. Es comparable a la de Petorquita, Pachacamita y Loncura. Antiguamente había varias fiestas que se desarrollaban durante la noche y el día siguiente, pero actualmente la fiesta de Las Palmas es la única nocturna. A ella asisten en promedio unos diez bailes, variando esta cantidad de año en año, y una gran cantidad de gente de los pueblos vecinos, que arma carpas improvisadas en el cerro y se apronta para la fiesta. Todo está lleno de fogatas y de alegría. Actualmente los bailes comienzan a saludar como a las ocho de la tarde, luego se hace la misa a las doce de la noche y desde ahí sale la procesión.

La devoción al Niño Dios de las Palmas tiene más de ciento cuarenta años. Don Cástulo Roco construyó el oratorio entre las palmeras para poner en él la imagen del Niño. Durante más de cien años fue una devoción independiente de la Iglesia Católica. Los Roco eran dueños de la imagen, protectores y organizadores de la fiesta. En 1961 la fiesta es tomada por el Obispado de Valparaíso, que intenta "catolizarla". Pero la historia la cuenta mejor doña Palmira Roco, encargada en 1995 del cuidado de la iglesia y del Niño:

­"Lo encontraron en Caleu, lo encontró un señor leñador que andaba buscando leña, y después se lo cambió por un almud de trigo, un saco de harina, se lo cambio al abuelito de Luis (su esposo), a don Cástulo Roco. Y después que falleció don Cástulo pasó a ser dueño don Eliseo Roco, que es el papá de Luis, y ahí después falleció don Eliseo y quedó en poder de los hijos de él. Y después lo entregaron a los curas, que son los que intervienen ahora en todo."

­"¿Y es bueno eso?"

­"Hasta por ahí no más diría yo. Para empezar la plata que recibe el Niño, que ahora se van a dar cuenta ustedes, nunca queda en la comunidad ni nadie sabe cuánto deja a la iglesia. Ni menos decir el cura voy a dejar un tanto, por ejemplo para adelanto de la misma iglesia, para adelanto de los caminos, que yo encuentro que sería bien correcto, que no se llevaran toda la plata que deja.

Antes, por ejemplo, cuando recién llegó este niñito acá, las primeras mandas que él recibía, la plata, don Eliseo Roco con esa misma limosna que recibía el Niño la dejaba para arreglar los caminos. Otra cosa que en ese tiempo venían muchos bailes, y él con la misma plata de la iglesia atendía a todos los bailes. Y ahora eso no pasa, nada, así que cada uno tiene que costearse, venir con su comida y traer de todo. Antes no, antes venían y sabían que llegaban ahí y los atendían y tenían su comida."

Afortunadamente contamos con un pequeño artículo escrito por don Juan Uribe Echevarría que describe la fiesta de Las Palmas en 1962, es decir, la primera fiesta con la intervención del Obispado de Valparaíso.

Los chinos resienten el cambio, no están contentos con la llegada de la institución católica:

"Hay un baile en el fondo de una quebrada, que se niega a subir. Los flautones del baile Parroquial de Las Palmas suenan plañideros llamando al rezagado. Contestan los de abajo y se produce un diálogo de flautas que dura largos minutos. Los alféreces viejos comentan la escisión.

El baile de abajo es también de Las Palmas y tiene celos del Parroquial que esta vez comanda un abanderado afuerino. No están de acuerdo con el destierro de las ramadas, el destino de las mandas que los fieles depositan en una enorme alcancía, y otros detalles de la fiesta que este año se ha tornado más seria y solemne bajo la tuición del Obispado de Valparaíso" (Uribe Echevarría 1962: 56).

"Más seria y solemne", dice Uribe, más católica, menos pagana.

En 1992 voy a la fiesta de Las Palmas por primera vez. El padre Pedro Caro, párroco de la iglesia de Olmué, oficia la Misa del Gallo. El padre Pedro es el único cura que he conocido en nueve años de fiestas, que ha querido y respetado a los bailes. Recuerdo cuando bautizó y dio la bendición, feliz, esa mañana del 25 de diciembre allá en Las Palmas, al baile de Quebrada Alvarado, que habíamos recién formado con la gente de El Venado y El Tebal. También recuerdo cuando organizó una gran fiesta para celebrar el aniversario de la parroquia de Olmué e invitó a todos los bailes chinos de la zona. Lamentablemente en 1998 fue destinado a Peñablanca, zona de la Quinta Región, en que actualmente no hay fiestas de chinos.

La fiesta de Las Palmas de Alvarado sufre en 1998 un gran retroceso al llegar a ella el cura José Méndez Zamorano, quien no conoce la tradición de los chinos, y sin el más mínimo respeto intenta interferir con el desarrollo de la fiesta. Es impresionante la falta de respeto y de tino de que hace gala el nuevo cura, a dos años del tercer milenio.

Transcribo fragmentos de una conversación sostenida con un chino del baile de Las Palmas, antes de la fiesta del Niño Dios, el 24 de diciembre de 1999. La conversación es sobre el cura nuevo, que llegó el año pasado por primera vez a la fiesta, cambió su estructura tradicional, y no quería dejar entrar a los bailes a la iglesia:

­"Ahí manda el cura ahora adentro de la iglesia no más".

­"¿Pero siempre ha sido así?"

­"No, antes no, nunca se hacían misas antes de las doce de la noche. Nosotros entrábamos bailando, luego saludábamos a los bailes y después a las doce se hacía ya la primera misa. De ahí empezaban las misas, de las doce de la noche. Ahora no, estaban haciendo misa cuando íbamos nosotros a empezar, como las nueve o diez debe haber sido. Tuvimos que empezar a saludar después y terminamos de saludar como a las doce de la noche".

­"¿Y ese cura es nuevo y nunca se preocupó de saber cómo era la fiesta?"

­"No, no está ni ahí con nosotros, quiere hacer la fiesta a la pinta de él no más, no se preocupa de los chinos".

­"¿Y ustedes no pueden conversar con él y explicarle cómo es la fiesta?"

­"Sí, antes cuando estaba el finado Raúl, estaba más o menos, el cura como que le daba la razón al baile, pero después que falleció el finado Raúl ya no. Ahora no, nadie conversa con el cura. Ahora seguro que va a hacer lo mismo. Antes de las doce hace una misa y después a las doce. Al menos el año pasado lo hizo así".

­"Entonces hay que saludarse entre misa y misa".

­"Sí".

­"Pucha, pero tienen que encachársele, si la fiesta es de ustedes".

­"Ah, sí, pero es que él, adentro de la iglesia manda él. Cuando empezó la otra misa nosotros estábamos recién comiendo, no ve que nosotros saludamos y después le damos comida a los otros bailes primero, o vamos comiendo nosotros a medida que van llegando los bailes, pero el año pasado cuando comimos salimos casi justo a la procesión".

El intento de apropiación de la fiesta es tan absurdo y fuera de lugar, pero ahí está el cura intentándolo. Mundos tan distintos, universos completamente ajenos que están obligados a convivir. Los puentes cortados. Ya nadie habla con el cura, nadie le conversa, es el total alejamiento. El cura intenta imponer su criterio, un chino antiguo se le enfrenta y se da cuenta que debe enseñarle, contarle al cura sobre la tradición, el cura lo escucha y en alguna medida le hace caso, obligado, pero le hace caso. Ese chino muere y nadie toma el papel de intermediario entre ellos y los curas, porque saben que será una carga pesada. Por su parte, el cura, una vez muerto el chino que le hacía frente, ignora todo lo que ha aprendido e intenta nuevamente imponer su criterio.

Pero yo me pregunto, ¿cómo es posible que en el año dos mil aún la Iglesia Católica no prepare antropológicamente a sus misioneros? ¿Cómo es posible tanta soberbia, tanto etnocentrismo? ¿De qué valen las palabras del Papa, dichas en Temuco en 1987, frente al pueblo mapuche?

"Por eso, el Papa, hoy desde Temuco, alienta a los mapuches a que conserven con sano orgullo la cultura de su pueblo: las tradiciones y costumbres, el idioma y los valores propios. El hombre es imagen y semejanza de Dios; por esto mismo, el amor de Cristo a los hombres alcanza también a todas las múltiples formas en las que el hombre se expresa conforme a esa imagen y semejanza. Al defender vuestra identidad, no sólo ejercéis un derecho, sino que cumplís también un deber: el deber de transmitir vuestra cultura a las generaciones venideras, enriqueciendo, de este modo, a toda la nación chilena, con vuestros valores bien conocidos: el amor a la tierra, el indómito amor a la libertad, la unidad de vuestras familias" (El Mercurio. Santiago de Chile, 8 de abril, 1987, p. 23).

¿De qué sirve que las cúpulas de la institución reflexionen sobre su quehacer multicultural si en la práctica demasiados misioneros son autorreferentes, ignorantes y prepotentes?

Pero estamos en la fiesta de Las Palmas y me encuentro con Quilama, mi querido alférez Galdames. Desde San Pedro en Maitencillo que no nos vemos. Un abrazo sentido y vamos conversando. La tarde comienza a irse, el baile dueño de casa ya vendrá a saludar al Niño. Quilama me cuenta de la fiesta del año pasado:

­"Venimos aquí a echarle una cantada al Niño. Es muy milagroso este hombre, este hombre es muy milagroso, por algo es el ser de todas las cosas, no hay otro. Aquí los que no tienen que estar son los curas, esos son los que tienen que tener colgados allá arriba, ahí, y plantarle fuego por esa palmera para arriba. Si ésos no sirven para nada. Mire, el año pasado el baile de aquí, dueño de casa, estaba ahí, frente a la iglesia, y el cura no quería dejarlo cantar. No lo quería dejar ni entrar el cura el año pasado, para que usté sepa. No los dejaba cantar y menos mal que vino un viejito y ese viejito se plantó a pelear con el cura y le dijo 'la fiesta es del pueblo, no de ustedes, si le gusta se queda y si no se va, pero la fiesta es del pueblo. Aquí cantan los bailes, todos los días de la vida han cantado aquí en el templo', le dijo. Y el cura tuvo que dejarlos entrar no más.

A mí me va hacer caso ese cura ahora, que me diga algo no más, las cosas que le voy a decir, lo voy a empelotar24. Yo lo voy a empelotar, déjemenlo a mí no más, no le van a quedar ni los calzoncillos puestos al cura, que me diga algo cuando esté cantando allá adentro. O que me digan oye esto está pasando. Lo voy a empelotar. Esta fiesta es de Cristo, no de los curas, es de Cristo redentor del mundo, nacimiento de él, a eso vengo yo, a glorificarlo y alabarlo por su nacimiento, yo no vengo a ver a ningún cura".

­"Lo malo es que ese viejito ahora murió. Y quizás si habrá otro como él que se enfrente al cura, usté sabe que eso no es fácil".

­"Si al cura no hay que tenerle miedo, al cura hay que plantarle la rociada, a mí no me vienen con cuestiones. Usté al cura no tiene para que echarle ningún garabato, usté le habla con la palabra de Cristo en la mano y se lo come vivo. Y tiene que irse, está obligado a irse porque no aguanta, no aguanta, si la palabra de Cristo es poderosa, para quien la sabe decir".

Pero el nuevo cura de Las Palmas algo aprendió. Este año (1999) no intenta impedir la entrada de los chinos a la iglesia, ni hace misa en un momento indebido para la tradición. Ahora usa otra estrategia; construye un altar-escenario en el patio de la iglesia desde donde hace su llamada constante a través de grandes parlantes, y pone carteles que dicen SILENCIO, LUGAR DE ORACIÓN, dentro y fuera de la iglesia. Llena de rejas el patio de la iglesia y ahora los bailes y la gente no puede estar al lado de la capilla, pone rejas en el altar arriba del cerro, hace un encatrado de ladrillos para poner la imagen, pero no es capaz de dar ni un peso a la comunidad para aportar al recibimiento de los bailes.

Este año no hizo misa a las nueve pero ideó toda una estrategia, absolutamente errada y sin tino para conquistar a los fieles, para hacer de la fiesta una fiesta más católica: a través de grandes parlantes puso música día y noche.

Gran parte del poder actual de la iglesia, del control que ejerce en las fiestas de chinos se basa en un artificio tecnológico; la amplificación. La única manera que tienen para intentar ser escuchados por la gente es a través de megáfonos portátiles o, como en el caso de Las Palmas, con grandes parlantes instalados en el patio de la iglesia por los que transmiten constantemente músicas navideñas, villancicos europeos orquestados e incluso una versión de noche de paz de José Feliciano. Absolutamente ajeno al contexto, absolutamente fuera de lugar. La música ya sonaba por los parlantes cuando llegué a Las Palmas, a las cuatro de la tarde. El primer baile, el baile de Las Palmas, comenzó a sonar a las ocho, el cura siguió con su música mientras se saludaban los alféreces. Era absurdo, increíble e inconcebible, escuchar esa música sobre el canto de los alféreces. De hecho, mientras cantábamos saludando a otro baile, de a ratos no podía escuchar las cuartetas de mi alférez, Guido Ponce, para hacer el coro, pues la música de los parlantes lo impedía. Y yo estaba tercero en la fila, es decir, cerca del alférez. Los chinos que estaban más atrás que mí no tenían ninguna posibilidad.

La ritualidad de una fiesta de chinos es una ritualidad basada en el sonido, el sonido es uno de los puntos más importantes del ritual25. Si los chinos no se escuchan, el ritual pierde su significado, si el canto del alférez no se escucha, el alférez no tiene para qué cantar. Y es justamente ahí donde está trabajando la nueva estrategia de evangelización de la iglesia católica. Pero la contradicción en que caen es absurda: ponen carteles de silencio por todas partes, llenan de carteles intimidando a la gente para que no meta bulla, para que la fiesta sea recogida, silenciosa, sin sonidos estridentes ni bullanga, pero ellos, a través de los parlantes, llenan el cerro de música que a sus oídos es la adecuada para la celebración. Es decir, la música de villancicos europeos es apropiada, pero la de los chinos no. Llenan de carteles de silencio, pero combaten el sonido con sonido amplificado por parlantes. Es absurdo, pero es gratificante ver que la gente que asiste al escenario-altar es mínima en comparación a la gente que rodea a los bailes que se están saludando frente a la iglesia.

El saludo entre los bailes es un momento de gran intensidad emotiva, pues los alféreces y chinos se encuentran sólo para las fiestas y les produce una enorme alegría encontrarse nuevamente en medio de su fe. Los contrapuntos de alféreces son una parte fundamental del entramado social entre los pueblos, en ellos se preguntan, cantando, por las novedades que trae el baile, se dan las bienvenidas, conversan a lo humano a través del canto. Cada baile que llega debe saludar al baile dueño de casa antes de saludar a la imagen sagrada. Una vez cumplidos estos saludos, los bailes se saludan todos con todos. Es el encuentro social entre los bailes, es la fiesta que no sólo tiene su componente divino, si no también humano.

Pues ahí está el cura con sus parlantes impidiendo el desarrollo normal de la tradición. Uno tras otro se suceden los villancicos sobre la voz de los alféreces. La gente se pega más a los chinos para escuchar, todos han venido a escuchar pero están obligados a escuchar los parlantes. Mientras los alféreces se saludan cantando versos, el cura dice por los grandes parlantes: "Los que han venido a celebrar la navidad que se acerquen al altar porque ya comenzaremos la misa". Nadie le hace caso, todos rodean a los bailes chinos, escuchando a los alféreces. Esta es una de las fiestas en que los alféreces más cantan, tanto entre ellos como a la imagen del Niño Dios.

El cura insiste por sus parlantes, tan fuerte de a ratos que no deja escuchar los cantos: "Los que han venido a este lugar a celebrar la fiesta que levanten la mano". Es increíble la estupidez y la ignorancia de este cura, amplificada irremediablemente por los parlantes, "los que vinieron a celebrar la Navidad que levanten la mano". ¿Pero qué se cree, que esto es un concurso de televisión? ¿Pero este cura no ve que toda la gente está celebrando la Navidad, una Navidad muchísimo más verdadera que la que él intenta ofrecer con esa música enlatada y ajena, y su estúpida palabrería? Es increíble.

Ahí están los alféreces intentando escucharse detrás de estas músicas absolutamente ajenas que salen por los parlantes.

Jaime Cisternas, alférez del baile de Quebrada Alvarado, se me acerca y me dice: "Oye Claudio, ven a filmar el saludo con Quilama que ahí se la voy a largar al cura". Hemos estado hablando durante la tarde de la falta de respeto de los curas a los chinos y sé que Jaime está muy enojado y se siente impotente ante este hecho. ¿Qué hago? Ya andan unos caicaínos por ahí; en cualquier momento se va a formar el baile de Cai Cai, y yo soy uno de ellos, pero este contrapunto hay que registrarlo como sea, si no lo hago no lo hará nadie. En un par de minutos se encontrarán los dos bailes y tengo la filmadora en el auto, cerca de la casa de los Roco. Corro entre los bailes de El Granizo de Ño Lolo y el de Llay Llay, que se están saludando. La fiesta ya ha comenzado y los bailes están en fila saludándose simultáneamente, pidiéndose la pasada para ir a saludar al Niño. Corro entremedio de la gente y me encuentro con don Gilo, la señora María y Juan Un Ala. Nos saludamos con gusto y con alegría y me dicen que los caicaínos ya están por ahí y que me vaya para el camión que está arriba del cerro a juntarme con ellos, pero tengo que ir a buscar la filmadora y corro al auto y vuelvo y estoy con mi traje y mi gorro y mi flauta y la cámara en la otra mano y vuelvo a la iglesia y me encuentro con los Ponce de El Venado y nos saludamos felices y seguimos a la iglesia y llego justo cuando el baile de Caleu, alfereado por Luis Galdames, Quilama, y el baile de Quebrada Alvarado, alfereado por Jaime Cisternas, chinean frente a frente en la puerta de la iglesia.

Grabo ese hermoso contrapunto para siempre, ésta es la opinión de dos grandes alféreces que defienden su tradición. Si no son ellos quiénes. El maestro Quilama y su alumno Jaime, ambos pescadores, cantando entre los cerros de la cordillera de la costa. Jaime está enojado con el cura y sus parlantes y propone el tema luego de los saludos de rigor. Quilama lo sigue y el contrapunto es intenso, clarificador, una denuncia clara y hermosa de la intromisión de la iglesia en las fiestas de chinos.

J: Que gusto me da encontrarlo
Pa' justo cuando lo veo
Buenas noches le dé Dios
a este baile de Caleu.

Q: Que alegría es para mí
y cantando se lo digo
encontrar en estas tierras
a un amigo tan querido.

 

J: En el cantar se lo digo
y el cantar es mi destino
que en estas tierras lejanas
encontrarse dos costinos.

Q: Que cariño siento yo
en todo mi corazón
encontrarnos en las montañas
dos obreros pescador.

 

J: Que nos bendiga el señor
Cantando yo le diré
a estos obreros del mar
ay, que persiguen la fe.

Q: Cuánto le he pedido a Dios
y esto le doy a saber
gracias doy al soberano
porque nos volvimos a ver.

 

J: Yo le pediré también
Rodeado de tanto hermano
Nos volvimos a ver hermano
Con la bandera en la mano.

Q: Sólo Dios sabe, mi amigo
Pues se lo digo en mi canto
Sabe que yo a usted
Amigo lo quiero tanto.

 

J: Ay, se lo digo en mi canto
En la palabra no elude
Usted es como el hermano
Ay, pues que yo nunca tuve.

Q: Cuánto le agradezco yo
y cantando se lo digo
si sobrevivo en la tierra
siempre seré su amigo.

 

J: Tan bonito que es su canto
y lo estoy yo entendiendo
y veo que el señor cura
el canto está interrumpiendo.

Q: Las palabras de aquel hombre
no me hacen pues ya ná26
entre Dios y pues los curas
pues no hubo gran amistad.

 

J: Yo le digo la verdad
Cantando se lo prometo
Yo al cura en este momento
Lo hallo una falta de respeto.

Q: Yo lo apoyo en su cantar
ya que usté lo propuso
ese cura en esta fiesta
sólo es un hombre intruso.

 

J: Así pues nadie lo puso
Cantando se lo diré
Si los curas siguen así
van pues a matar la fe.

Q: Eso es lo que quieren ellos
le dice mi corazón
ellos pues no tienen fe
esa es su profesión.

 

J: Aquí en esta ocasión
Como usted me está diciendo
De qué profesión me habla
Parece que este quedó repitiendo.

Q: Olvidemos este momento
amigo lo quiero yo
juntos amigo querido
démosle glorias a Dios.

 

J: Así quiero pensar yo
Amigo de corazón
No aguanto que nadie me moleste
y pierda mi devoción.

Q: No haga caso, gran amigo
lo quiero de corazón
yo le ofrezco la pasada27
déle glorias al señor.

 

J: Así lo he pensado yo
En este precioso día
Yo le digo pues a este cura:
Lee el libro de Malaquías28.

Q: No se amargue más la vida
yo se lo voy a explicar
si usté le abre ese libro
pues lo va a empelotar.

 

J: No me vaya a hacer llorar
y en el canto no me resisto
porque capaz que ese libro
el cura no lo haya visto.

Q: Quizás que memoria tenga
y mi voz se lo dirá
no se amargue más, mi amigo,
es noche de felicidad.

 

J: Me dice usté la verdad
y aquí lo voy a decir
pa' que escuche el Niño Dios
antes del año dos mil.

Q: Así pues será mi amigo
como le quiero explicar
vaya y cántele a ese Niño
a él le puede explicar.

 

J: Perdóneme si lo aburrí
con este pesado cantar
pero usté me conoce, mi amigo
me quería desahogar.

Q: Pues yo lo conozco bien
y en este camino sano
por eso amigo querido
yo lo quiero como hermano.

 

J: Siguiendo el camino sano
y siguiendo bien derecho
quisiera darle mi mano
y apretarlo aquí a mi pecho.
Q: Con orgullo yo le digo
y en todo mi corazón
voy a darle yo un abrazo
en el nombre del señor.

El contrapunto es elocuente y hermoso, lleno de sentido. Ahí está todo, ellos lo están diciendo. Quieren ser respetados, saben que tienen derecho a ser respetados.

El mismo Jaime Cisternas, uno de los alféreces del contrapunto anterior, da su visión de lo acontecido aquella noche:

"Yo había ido por varios años a la fiesta de Las Palmas, y siempre habíamos tenido problemas, pero nunca como los que tuvimos el 99. Ahí se pasó el cura. Estaba la fiesta, estaban todos los bailes formados, los saludos, ¡y si él todavía no iba a empezar la misa no sé cuál era el motivo de tener los parlantes sin dejar cantar!. El objetivo de él era eso, pienso yo que era eso.

Mira, yo soy hocicón, me gusta decir la verdad cuando tengo razón, o tal vez me equivoco, soy humano, pero en eso hay mucho acierto en lo que uno siente. Si no te dejan cantar y es a lo que tú vas, es lo que anhelas de llegar a una fiesta y poder cantar lo más que pueda, porque es un don que te ha dado Dios. ¿Y cómo le contribuyes eso tú? Cantando, porque esa sabiduría y ese don que tiene uno no lo tiene cualquiera. Entonces uno le contribuye a Dios alabándolo. Y si no te dejan hacerlo, en este caso el cura que es el que dejaron en esta tierra representando al Hombre que estuvo aquí (Jesús) ... ¡Qué forma de representarlo si no quieren que alaben a Dios! Entonces yo creo que es una negativa, es bastante notorio lo negativo que están en este momento los curas".

Los chinos toman del catolicismo la palabra divina, la Biblia, sus imágenes y su calendario ritual, pero ello no significa que estén de acuerdo con la institución católica y con los curas. Son aspectos totalmente diferentes.

Los curas intentan apropiarse de esta fiesta, hacerla como si fuera organizada por ellos, como si alguna vez hubiera sido organizada por ellos, como si la fiesta fuera de ellos, y no lo es. Quieren imponer aquí el esquema de la fiesta de Maipú, que inventaron ellos, los curas, y a la que después de unos años, van muy poco bailes chinos pues no se sienten a gusto. La gran mayoría de los que van son danzantes, diabladas y bandas de instrumentos gruesos, que se formaron en el centro de Chile recién a partir de mediados de los sesenta, al alero de las parroquias y de acuerdo a sus normas29. La estructura de la fiesta organizada por el clero propone un orden en que los bailes son una parte, casi un adorno dentro de una estructura en que lo fundamental es la misa y la actitud doliente (no festiva) de los fieles. Pero para los chinos es al revés; la fiesta incluye una misa.

Los chinos no se forman al alero de las parroquias; los chinos son autónomos, no necesitan de los curas para hacer su ritualidad. Como los chinos no van a esas fiestas, intentan apropiarse de las fiestas tradicionales y reestructurarlas como un gran show, destinado a atrapar fieles.

Creo que es un deber de nosotros, etnomusicólogos y antropólogos, luchar y defender la diversidad cultural y de culto. No puede ser que estemos igual que hace quinientos años, con la Iglesia Católica intentando ser la verdadera y única religión y utilizando todo su poder, asociado al Estado, para acabar con las manifestaciones propias de los pueblos originarios. Si el actual cura de Olmué sigue ahí acabará o mermará la tradición de los chinos, muy fuerte en la zona. La tradición de los chinos se ve amenazada por diversos elementos ajenos a ella y propios de la cultura actual: los campeonatos de fútbol, la discoteques, la iglesia, los danzantes.

No sería raro, si no ayudamos nosotros a que se mantenga, que en unos años más la fiesta de Las Palmas de Alvarado corra la misma suerte que la fiesta de Puchuncaví. Se repite la historia con cincuenta años de diferencia.

Veamos esta descripción que hace don Juan Uribe en 1957, hace sólo 43 años:

"La fiesta de Corpus Christi de Puchuncaví es la más pura y completa de las que se celebran en la provincia de Valparaíso y sólo cede en importancia folklórica a las de la Virgen de La Tirana, en Iquique; y la de la Virgen de Andacollo, en Coquimbo.

Debemos recordar una vez más que Puchuncaví es la ciudad sagrada de los bailes y hermandades de la provincia de Valparaíso. En Puchuncaví o en pueblos vecinos han nacido la casi totalidad de los alféreces que lucen su estro poético y su estilo de canto en los bailes de Limache, Quillota, La Calera, Quintero o Llay-Llay.

Puchuncaví, entre cerros, vecina al mar, celebra una fiesta recogida, sin turistas. El pintoresco pueblo se encuentra a mucha distancia del ferrocarril, el gran enemigo del folklore auténtico. En la fiesta de San Manuel intervienen todos los puchuncavinos, con fe y entusiasmo. Su fiesta es el orgullo de la zona. Muy rara vez se altera la armonía entre los danzantes y el cura.

Los bailes se sienten a gusto sin la presencia de espectadores burlones y actúan para personas cultas, en el sentido de que conocen la fiesta, en su significado y detalles, desde muy niños. Puchuncaví es la ciudad preferida para los bailes de Pucalán, Los Maitenes, Campiche Afuera, Horcón, La Laguna, La Canela, Los Maquis, Campiche de la Greda, Catapilco, Quintero, etc." (Uribe 1958: 50).

Esta descripción de la fiesta de Puchuncaví coincide con los que cuentan los viejos chinos de la zona: en la década del cuarenta y comienzos del cincuenta el cura de Puchuncaví era gran entusiasta de los bailes chinos. Tanto así, que cuando los bailes se despedían, él pedía el tambor y chineaba un rato con cada baile. Además, había formado su propio baile, integrado sólo por niños.

Don Pedro Vergara, antiguo chino de Pucalán, habla de la fiesta de Puchuncaví cuando él tenía cerca de 24 años, es decir, hace 65 años:

"En Puchuncaví para Corpus se juntaban hasta diez bailes. Llegaban en la noche, nosotros de aquí nos íbamos de noche a pie para allá. Cuando llegábamos donde está la Santa Cruz, ahí tocabamos flautas ya, y salían los otros bailes a encontrarnos. Había que andar de noche, iba re mucha gente; señoras de edad, a pie. En Puchuncaví había un baile del cura, era de puros niñicitos, no más de 15 años para abajo, el alférez también era de esa edad, y era muy re bueno para cantar, todos niñoncitos.

Esos curas ahora se terminaron, ahora hay pocos curas, no cree la gente en los curas ahora. Antes los curas andaban todo el tiempo de sotana, y ahora no, ahora los curas hasta corren en vaca, juegan a la pelota. Y antes no, el cura pasaba en la parroquia, todo el tiempo de sotana, ahora para decir misa a veces no se ponen ni sotana, la hacen así no más."

En 1999 asistieron a esta fiesta sólo dos bailes chinos. La fiesta no es ni la sombra de lo que era. Uno o varios curas intransigentes ayudaron a ello.

No puedo dejar de reproducir aquí partes de la prédica del cura de Sotaquí (valle del Limarí, IV región) en la misa del domingo 8 de enero de 195030.

"Mis queridos feligreses y estimados oyentes: Casi ha vuelto a nuestro pueblo de Sotaquí la tranquilidad y el orden. Han cesado los cantos y los tamboreos; los 20 curados detenidos han recuperado la libertad, el inmenso número de semicurados no detenidos han vuelto por el sueño reparador a la normalidad; los comerciantes afuerinos se han marchado; las calles mugrientas por la "feria" poco a poco se limpiarán (ayer ya 14 quedaron limpias), los sotaquinos negociantes han quedado con unos cuantos pesos en los bolsillos, quedan ahora los comentarios, sobre todo la protesta contra el cura intransigente e incomprensivo, pero sobre todo extranjero y que está solamente 20 años en Chile, habiendo hecho sus estudios de latín, filosofía y teología en La Serena, donde fue ordenado sacerdote. (La soberbia, tan criticada por Jesucristo)31.

Queridos feligreses, ¿habéis pensado alguna vez lo que significa esta fiesta del Niño Dios de Sotaquí para su cura? ¿sabéis acaso que para él esta fiesta significa el colmo de los sinsabores y le deja su alma sacerdotal llena de pena y de dolor? ¿y por qué? Porque los sotaquinos en su mayoría, incluso gran número de los devotos peregrinos no celebran fiesta religiosa. Porque para la mayoría, este Niño Dios de Sotaquí es solamente una pantalla. Incluso el cura o el obispo, la pontifical y la procesión tienen que hacer de pantalla, para que la gente meramente negociante pueda hacer sus negocios, pero sobre todo, vendiendo trago.

Yo os digo, amados feligreses, este asunto de ramadas y bailes y trago, con motivo de una fiesta religiosa no está bien; esto se llama conformarse con este siglo y San Pablo nos dice no querais conformaros con este siglo. ¿Qué esperan ustedes de su cura? ¿que enseñe lo que dice el apóstol o lo que le agrada a las pasiones humanas y comodidades?

Fijémosnos también en las palabras de la Epístola de la Sagrada Familia, en el cual San Pablo nos dice: animáos con salmos, himnos, cánticos espirituales, cantando las alabanzas de Dios. Amados feligreses, ¿acaso es esto lo que se hace el 6 de enero en Sotaquí? ¿acaso son salmos, himnos, cánticos espirituales lo que se oye por doquier? Démonos cuenta que San Pablo exige esto para cualquier día de nuestra vida, con cuanta más razón debía realizarse esto en una fiesta que llaman religiosa. En lugar de cantos espirituales sólo se oye el tamboreo, las cuecas, las vitrolas, los cantos disonantes de los curados, más gritos de jugadores y vendedores. Todo este conjunto forma una feria, pero no un ambiente para una fiesta religiosa. Y contra este ambiente su cura tiene que protestar.

Feligreses, en esta frase hay una gran verdad sicológica encerrada, y es ésta: cuando no hay canto y tamboreo, entonces la gente no se entusiasma, la gente logra mantener el control sobre sí mismo, y la gente toda se portaría en Sotaquí como medianamente conviene a un lugar que se gloría de "santuario", de lo contrario hay ambiente desfavorable para un acto religioso. (El acto religioso debe ser recogido, agonizante, católico, silencioso).

Sotaquinos ¡dónde habría quedado nuestra o vuestra fiesta religiosa, si su cura no hubiera hecho un esfuerzo sobrehumano para contrapesar la tendencia de profanar lo religioso! ¿quiénes creen ustedes son los llamados para emitir un criterio sobre una fiesta religiosa? ¿Acaso el alcalde, acaso el inspector municipal, acaso el director de escuela o algún presidente de una institución profana? (Institución profana: chinos).

Esta fiesta ha sido un rompecabezas para todos los celosos curas y obispos chilenos diocesanos. En repetidas ocasiones los señores obispos la han querido suprimir con la razón a la vista que desdice de fiesta religiosa.

A cuántas personas católicas y gente culta se oye decir : "Bah, la fiesta de Sotaquí es conocida desde que yo tengo recuerdo, por sus borracheras colectivas" (la gente culta, que no participa, obvio. ¿Qué hace este cura de cultos en un lugar inculto, me pregunto?).

Pero es cierto, éstos católicos no son católicos, no se informan en la fuente de nuestra fe, no oyen la iglesia, son católicos a su manera, 'católicos' que no necesitan de sagrada escritura, ni de los altos sacramentos que da la vida. ¡Qué ejemplares de catolicismo! ¿Quieren ustedes que les dé el nombre que merecen? Aquí lo tienen : imbéciles ¡católicos de nombre! (¿Y el respeto por sus ovejas?).

Feligreses católicos: que lamentable es que de estas objeciones tan inmundas, pero tristemente en partes muy fundadas, debe cargarlas, no los causantes individuales, sino nuestra Santa Madre la Iglesia ¿y por qué? Porque hay católicos tan católicos que celebran profanamente la fiesta religiosa. Muchas veces me he preguntado ¿cómo es posible que la autoridad más alta que la mía aguante, tolere una fiesta semejante? Me he preguntado ¿cómo es posible que por unos miserables $ 20.000 y aún menos en término medio por los años que estoy, la iglesia tiene que cargar con todos estos desórdenes y al menos con toda esta pamplina mundana? (Ahí está el punto importante, el motivo para estar ahí es el dinero. Se sacó la máscara).

Su excelencia en la noche del 6, estando con el señor Valle y conmigo contando el dinero de las mandas, y que fue entregado de inmediato al prelado, tuvo la ocurrencia de preguntarme: don José, cerca de su pueblo, en Alemania, hay un santuario? Sí, le dije, de la santísima Virgen, y noblemente puedo agregar: desde los catorce años he ido todos los años el primer domingo de mayo (allí mes de María) con un compañero 38 km a pie, caminando toda la noche, amaneciendo en el santuario. A una distancia como de la Hada Santa Lucía al Cerro Redondo está la ciudad, de allí conduce una alameda de árboles centenarios hasta el santuario que trona majestuoso sobre un cerro. Faltando un trecho como del cementerio hasta el Cerro Redondo, hay una casa comercial con artículos religiosos, terminan las casas y propiedades particulares, una cuadra más allá comienza la subida, a ambos lados están representados los misterios del santo rosario en capillas; la gente sube rezando. Arriba está la linda iglesia, atendida por religiosos, hay un hotel de buena clase y sin embargo barato, porque los peregrinos por lo general son gente modesta y no se especula con el peregrino. Hay hospedería, artículos religiosos, pero, lo que llama la atención es el silencio que reina por todas partes. Las cosas, comida y artículos religiosos se piden y no son ofrecidos a gritos. Dije: reina silencio, y así debe ser un santuario, invitar al recogimiento, a la oración, a arreglar las cuentas con Dios". (Es como para un epígrafe, no puedo dejar de reflexionar de manera tan simple y obvia; ¿el cura necesita cambiar la tradición china para que la ritualidad sea igual a la de su pueblo europeo, el modelo ideal? ¿por qué no vuelve a su pueblo y deja a los americanos tranquilos? ¿para qué viene a torturarse? Sólo preguntas que me vienen a la cabeza. Aún siguen evangelizando como si estuviéramos en el siglo XVI.)

Para contrarrestar esta prédica nada mejor que las palabras de Su Santidad Pablo VI en la Exhortación Apostólica "Evangelii Nuntiandi":

"Tanto en las regiones donde la Iglesia está establecida desde hace siglos, como en aquellas donde se está implantando, se descubren en el pueblo expresiones de búsqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado. Durante el Sínodo, los Obispos estudiaron a fondo el significado de las mismas, con un realismo pastoral y un celo admirables.

La religiosidad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites. Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores.

Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante.

La caridad pastoral debe dictar, a cuantos el señor ha colocado como jefes de las comunidades eclesiales, las normas de conducta con respecto a esta realidad, a la vez tan rica y amenazada. Ante todo hay que ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables, estar dispuesto a ayudarla a superar sus riesgos de desviación.

Bien orientada, esta religiosidad puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo"32.

ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

Escribo este papel para intentar reflexionar sobre el respeto a las otras formas de pensamiento y de ritualidad. ¿Qué derecho tiene la Iglesia Católica, o alguno de sus miembros en acabar con una tradición como la de los bailes chinos? ¿Qué la hace ser mejor que los chinos?

Pretendo, con este escrito y varios otros, hacer entender al arzobispo y a los curas que los chinos son un tesoro de la humanidad, una manera única, antigua y hermosa de entender el universo, de relacionarse con él. Y que ellos, la Iglesia Católica, por esa locura que es el azar, están inmersos en esa tradición y podrían relacionarse con ella de manera perfectamente armónica.

Debiera haber un respeto básico por parte de la Iglesia Católica hacia otras formas de culto. Es importante entender que estamos en América y que el catolicismo y su expresión popular no puede ser igual a la europea. América estaba poblada por gente que daba mucha importancia al mundo espiritual, que había desarrollado rituales especialmente estructurados para vivenciar esa relación con lo sagrado del universo. Las fiestas de chinos conservan aún ese aspecto que, independiente de las imágenes y el mundo católico en el que están insertas, las hace ser un ritual chamánico muy fuerte. Un ritual estructurado para obtener un cambio en el estado de conciencia, un ritual para tener un momento de comunicación directa con la divinidad. Esto, que parece tan extraño a nuestros ojos urbanos, es la manera en que han establecido la comunicación con lo divino la mayoría de los pueblos de la humanidad.

En América el catolicismo se impuso sobre un sistema cosmogónico muy fuerte, y nunca logró reemplazarlo. ¿Están aún los tiempos como para seguir insistiendo? Creo que no.

Actualmente manejamos una cantidad de información que debiera influir en nuestro actuar. Una institución como la Iglesia Católica no puede estar ajena a la gran cantidad de estudios e investigaciones que se han realizado en torno a su labor evangelizadora desde la llegada a América y al impacto que tuvo en las concepciones filosóficas y religiosas de los pueblos americanos.

Es hora ya de poner fin a un abuso de fuerza que no tiene ningún sentido. Es hora de ser humildes y aprender de los otros, aprender a ver la riqueza de los otros.

El sonido de las flautas, el sonido rajado, como lo llaman los chinos, tiene por los menos mil años sonando en el valle del Aconcagua. ¿Seremos tan absurdos como para silenciarlo tras unos parlantes que reproducen villancicos europeos?

Debiera existir una preocupación del Arzobispado de Valparaíso por inculcar a los futuros sacerdotes y a los que ya ejercen su doctrina en zonas rurales, el estudio y la aceptación de los valores de la religiosidad popular. Una institución dedicada a la evangelización debe preparar antropológicamente a sus miembros misioneros. Ellos deben conocer y ser capaces de entender los procesos vividos por los habitantes de América desde la llegada del cristianismo, deben ser capaces de reconocer la inmensa riqueza y la gran fe que los campesinos tienen en las imágenes católicas. Esta fe es expresada de una manera distinta a la europea, pero sin duda la fuerza y el sentimiento de entrega a la divinidad supera con creces la fe del hombre urbano. ¿Por qué intentar cambiar una ritualidad que expresa una honda relación entre el hombre y la divinidad? ¿no será más adecuado conocer esa ritualidad, comprender su esencia y respetarla?

Es evidente que todo el camino recorrido por los chinos y la Iglesia Católica, con todos sus conflictos y reveses, no se puede desandar, pero sí se podría trabajar de aquí para adelante.

En la práctica, con algunos acuerdos básicos se podría llegar a un entendimiento. Así como los chinos no tocan sus flautas mientras se celebra la misa, los curas debieran respetar y estar en silencio mientras los chinos realizan sus cantos. He dado sólo el ejemplo de lo que ocurre en la fiesta de Las Palmas, pero han sido innumerables las fiestas en que he observado los altoparlantes de los curas interrumpiendo el canto de los alféreces. Esto debiera dejar de ocurrir. La amplificación debiera ser usada sólo para la misa, en ningún otro momento.

Los chinos debieran volver a tener el control de la fiestas, a las que el cura es invitado y respetado en su acción. Debiera existir un respeto por parte de la Iglesia a la estructura del ritual, esto es, la misa es una parte dentro de la fiesta, y en ella es la participación importante de la curia.

Creo que con algo tan sencillo como esto se podría continuar la tradición. Habemos un grupo de chinos dispuestos a luchar por defenderla.

Juan Cisternas, alférez de Loncura, da una solución muy simple y efectiva:

"Si el encargado aquí, el cura párroco, no le gusta la fiesta, ¡designe a otro cura que le guste!".

Y luego recuerda y reflexiona:

"Los otros curas que habían en Loncura años atrás hasta compartían el almuerzo con los bailes chinos. Compartían con los chinos. Había fiesta en Valle Alegre y el padre se quedaba a comer con nosotros, compartía con los chinos en la mesa conversando.

Había un padre, el padre Mationi, me acuerdo, yo era chino en ese entonces, salía siempre con el baile de Ventanas. Y cantaba Galdames y el padre terminaba llorando, el cura, en Valle Alegre. Escuchaba cantar los cantores y lloraba porque se emocionaba, porque le gustaba lo que estaba haciendo.

Yo no veo lo malo que hacemos nosotros, no veo la cosa mala; en ningún momento estamos mintiendo sobre la palabra del señor ni tampoco estamos refiriéndonos mal a ellos si no hay un motivo, porque uno no llega a la iglesia hablando mal del cura. No estoy diciendo que ellos hablen mal de uno, pero están marginando las fiestas. Y si no les gustan las fiestas después vamos a tener que hacer las fiestas sin padre. Hay partes que hacen fiestas sin un curita, pero una fiesta sin una misa como que pierde algo, estamos acostumbrados a una misa nosotros".

Creo que podemos lograr un cierto equilibrio, una cierta armonía, indispensable para que se produzca el contacto con lo divino. La compenetración de todos los presentes, la concentración y la buena disposición y armonía de todo en el ritual es fundamental para que se produzca el contacto con lo divino, que en el fondo, de eso se trata todo esto, intentar un acercamiento con eso que se nos escapa constantemente; el significado de la vida, el significado de la muerte, el por qué y el cómo de nuestras existencias.

BIBLIOGRAFÍA

Alaniz, Jaime
1990 Pueblo, tierra que camina. Antecedentes históricos de los bailes religiosos del Norte Chico. La Serena: Editorial Rosales Hnos.

Arabena Williams, Hermelo
1946 Entre espadas y basquiñas. Santiago de Chile: Zig-Zag.

Guerrero, Manuel
1955 "Indio administra imagen antigua sin autorización eclesiástica", Revista Vistazo, N° 154 (2 de agosto), pp.10-11.

Jordá, Miguel
1975 La sabiduría de un pueblo [Serie La fe de un pueblo]. Santiago de Chile: Ediciones Mundo.

1978 La Biblia del pueblo. La fe de ayer, de hoy y de 1978 siempre en el Canto a lo Divino. Santiago de Chile: Instituto Nacional de Pastoral Rural.         [ Links ]

[1997] Los buenos versos. Cancionero y refranero popular. Santiago de Chile: [Editorial Salesiana].         [ Links ]

Juan Pablo II
1987 "Texto completo de los mensajes pronunciados por el Santo Padre durante su paso por el territorio nacional", Suplemento Juan Pablo II en Chile de El Mercurio (Santiago), LXXXVII/31361 (8 de abril), pp. 1-27.

Latcham, Ricardo
1910 "Virgen de Andacollo, la Fiesta de Andacollo y sus danzas", Anales de la Universidad de Chile, tomo CXXVI, Memorias científicas y literarias (enero-junio), pp. 663-685.

Mercado, Claudio
1995 "Permanencia y cambio en fiestas rituales de Chile Central", Revista Valles, I/1, pp. 11-29.

1995-1996 "Música y estados de conciencia en fiestas rituales de Chile Central. Inmenso puente al universo", Revista Chilena de Antropología, N° 13, pp.163-196.         [ Links ]

s/f "¿Batucadas chinas?", Actas del V Congreso Binacional de Folklore Chileno y Argentino y para los países del Mercosur. Valparaíso. En prensa.         [ Links ]

s/f "En Petorquita no habían curas. Apuntes sobre la religiosidad de Chile Central", Actas del IV Simposio Latino-Americano de Musicología. Curitiba. En prensa.         [ Links ]

Mercado, Claudio
y Luis Galdames
1997 De todo el universo entero. Santiago de Chile: Fondo Matta, Museo Chileno de Arte Precolombino.

Peña, Sergio
1996 El Niño Dios de Sotaquí, historia de una tradición religiosa del valle del Limarí. La Serena: Editorial Caburga.

Pérez de Arce, José
1993 "Siku", Revista Andina, Cuzco: Centro Bartolomé de las Casas, XI/2 (segundo semestre), pp.473-486.

1994 "Polifonía en fiestas rituales de Chile Central", Actas de las VIII Jornadas Argentinas de Musicología. Editadas por Irma Ruiz y Miguel A. García. Buenos Aires, pp. 221-234.         [ Links ]

1998 "Sonido rajado: the Sacred Sound of Chilean Pifilca Flutes", The Galpyn Society Journal, N° 51 (julio), pp.17-50.         [ Links ]

Pontigo, Domingo
1990 El paraíso de América. Santiago de Chile: Instituto Pastoral Nacional de Pastoral Rural.

Pumarino, Ramón
y Arturo Sangüeza
1968 Los bailes chinos en Aconcagua y Valparaíso. Santiago de Chile: Edición de la Consejería Nacional de Promoción Popular.

Ruiz, Agustín
1995 "Hegemonía y marginalidad en la religiosidad popular chilena: los bailes ceremoniales de la región de Valparaíso y su relación con la Iglesia Católica", Revista Musical Chilena, XLIX/184 (julio-diciembre), pp. 65-83.

Salinas, Maximiliano
1991 Canto a lo divino y religión del oprimido en Chile. Santiago de Chile: Ediciones Rehue.

1994 "Historia de la Iglesia en Chile", Historia general de la Iglesia en América Latina, tomo IX. Salamanca: Centro de Estudios de Historia de la Iglesia en Latinoamérica (CEHILA), Ediciones Sígueme.         [ Links ]

Uribe Echevarría, Juan
1958 Contrapunto de alféreces en la provincia de Valparaíso. Santiago: Ediciones de los Anales de la Universidad de Chile.

1962 "El Niño Dios de Las Palmas de Limache", Revista En Viaje, N° XXIX/342 (marzo), pp.55-57.         [ Links ]

1974 La Virgen de Andacollo y el Niño Dios de Sotaquí. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso.         [ Links ]

1978 Fiesta de la Virgen de la Candelaria de Copiapó. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso.        [ Links ]

---------------

1Chino es una palabra quechua que significa servidor. Los chinos son sirvientes de la virgen y los santos.

2Para conocer en detalle la historia de esta ritualidad ver Mercado 1995.

3Por Iglesia Católica se entiende en este escrito a la Institución Católica y su jerarquía, y no al conjunto de sus fieles.

4Para conocer en detalle sobre la música de los chinos ver Mercado 1995-1996, y Pérez de Arce 1998.

5Ver Arabena Williams 1946.

6Latcham 1910.

7Por lo general el consumo de alcohol es moderado. En la zona central existe un baile que tiene fama de borracho y, en efecto, se les ve en las fiestas chineando en ese estado. Pero es una excepción.

8Recibimiento es un almuerzo y luego once o comida que el pueblo anfitrión ofrece a los bailes y sus acompañantes.

9Ver Uribe Echevarría 1974.

10Para conocer en detalle este problema ver Ruiz 1995.

11Saludación o salutación es el saludo que se hacen los bailes en la mañana, en un contrapunto improvisado entre sus respectivos alféreces, cuya temática se refiere básicamente a la alegría de verse nuevamente y a preguntar por las novedades y salud de los chinos y sus acompañantes.

12"Nos corrieron" ; nos echaron de la fiesta.

13Se refiere a los chinos de su baile.

14Cada baile chino es una hermandad.

15Ver Mercado y Galdames 1997.

16Pega es sinónimo de trabajo.

17En Uribe Echevarría 1958: 139-140.

18Este verso es cantado con "coleo", es decir, se empieza la estrofa repitiendo el último verso de la estrofa anterior.

19Aconcagua es el río que riega el valle del mismo nombre.

20El canto a lo divino es una tradición muy arraigada en el campesinado de la zona central de Chile. Los cantores componen versos en décimas basados en las historias bíblicas, y los cantan en vigilias, novenas y velorios de angelitos, acompañados de guitarra o guitarrón. Ver Jordá 1975, 1978; Salinas 1991.

21Para una visión más bien teórica de la relación chinos-Iglesia Católica ver Ruiz 1995.

22Pumarino y Sangüeza 1968: 59-60.

23Para saber cómo eran las navidades campesinas hasta la década del 50-60 ver Salinas 1991.

24Empelotar; desnudar.

25Ver Pérez de Arce 1998.

26Ná; nada.

27Ofrecer la pasada: dar por terminada la saludación entre los bailes para poder continuar saludando a la imagen o a los otros bailes.

28El libro de Malaquías, del Antiguo Testamento, donde Yavhé habla contra los sacerdotes.

29Danzas devocionales originarias del norte de Chile y Bolivia, que llegan a Chile Central a finales de la década del 60 y se insertan en las fiestas de chinos. Ver Ruiz 1995 y Mercado 1995.

30Transcrita en Peña 1996.

31No puedo evitar dejar de escribir algunas reflexiones, simples y obvias, que me despierta este sermón. Ellas están en cursivas y en paréntesis.

32En Jordá 1978.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons