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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56  supl.espec Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002005600014 

Revista Musical Chilena, Número Especial 2002, pp. 83-98

Carlos Isamitt: Folklore e Indigenismo*

por
Raquel Barros
Manuel Dannemann

En la calidad de humanista que caracteriza a Carlos Isamitt, encontramos sostenidos esfuerzos de investigación en el campo de la cultura nacional, los cuales adoptan dos direcciones principales: la concerniente a los fenómenos tradicionales de tipo criollo, y otra, que persigue las expresiones propias de la vida aborigen, si bien ambas confluyen muchas veces, de acuerdo con propósitos comunes del estudioso.

Para apreciar en su correcta dimensión los resultados obtenidos por Carlos Isamitt es necesario situar sus primeras tentativas en el panorama general de la ciencia folklórica y etnológica en Chile, y seguir su extensa trayectoria hasta el presente. Con este objeto, estableceremos una convencional división entre los dos sectores aludidos, citando, cuando sea necesario, las respectivas convergencias.

Si recordamos el conocido hecho de la fundación de la Sociedad de Folklore Chileno, en 1909, gracias a la benemérita iniciativa de don Rodolfo Lenz1, sin menoscabar en un ápice los fructuosos trabajos efectuados por sus miembros durante más de diez años, observamos que el folklore musical contó con preocupaciones esporádicas y no del todo consistentes, entre las que sobresale la de Ismael Parraguez con su Cancionero Popular Chileno2. Posteriormente, otros autores, como doña Rebeca Román3, Antonio Acevedo Hernández4, y recopiladores, como Luis Sandoval5, acrecientan notablemente la tarea de la mencionada Sociedad y la realizada antes de ésta6.

La inclinación de Carlos Isamitt por nuestra música vernácula aparece de una manera definida hacia 1930, según sus propias afirmaciones, fuertemente impresionado por la actitud del recordado maestro Carlos Lavín, a quien encuentra en París, pesquisando en los archivos europeos toda clase de noticias acerca de nuestros araucanos.

A través de sus actividades en organismos de educación universitaria, secundaria y primaria, cuyos alcances generales son motivo de otros artículos de esta Revista, impulsa la aplicación de los variados y ricos materiales de la música folklórica, concretando sus conocimientos y planteamientos metodológicos en algunos escritos que nos permitirán detenernos en breves comentarios. Su afanosa convicción sobre la necesidad de crear conciencia entre intelectuales, políticos y hombres comunes de la gran ciudad con respecto de las formas de vida representativas y auténticas de nuestro país, vinculadas a sus múltiples proyecciones artísticas, lo lleva a proclamar la creación de una cátedra de folklore en centros de enseñanza especializada, en su artículo "El folklore como elemento básico del Liceo Renovado"7, aduciendo como principales objetivos una real unidad nacional y universal y un aprovechamiento de los elementos tradicionales con destino a nuevas posibilidades de creación estética.

Una reafirmación más amplia y profunda del ensayo anterior se halla en su trabajo "El folklore como elemento de la enseñanza"8, en que se indica la escasa importancia atribuida a esta disciplina en el terreno pedagógico, aunque reconoce la presencia de cambios positivos, dada la gran difusión actual de aquélla. Entre las finalidades atribuidas a la materia en cuestión, destaca el contacto con un medio histórico cultural y físico; la diferenciación nacional que permite y la unidad de sentido universal a que aspira. Junto con reiterar su propósito de la fundación de una cátedra de la especialidad, sugiere iguales posibilidades para un museo que contase con todos los recursos propios de las mayores consecuencias didácticas en beneficio de la nación entera. Al referirse a la labor del profesor de Educación Musical, enfatiza la conveniencia de la utilización de los hechos folklóricos en razón de la naturaleza orgánica de ellos, gracias a la cual los factores musicales pueden examinarse en un marco de cultura integral, lo que facilita no sólo un esparcimiento estético, sino que una comprensión del hombre y del mundo mediante el arte, sobre la base de eficaces estímulos pedagógicos.

Junto a los alcances educativos del folklore, Carlos Isamitt ha planteado la proyección estética de este sector cultural. Al respecto, su posición se encuentra fundamentada en su ensayo "El folklore en la creación artística de los compositores chilenos"9. En él sintetiza el desarrollo del interés por la música tradicional desde los albores de la República; describe las rebuscas de Pedro Humberto Allende y Carlos Lavín, compositores dispuestos a aprovechar todos los factores de un medio social hasta ese entonces casi inadvertidos en Chile. Del primero se mencionan sus Escenas Campesinas, escritas en 1913, sobre la base de canciones y sonidos ambientales de una trilla; las Tonadas ­1917­, de fuerte carácter popular; los Cantos Infantiles y La Voz de la Calles ­1920­ que incorporan una serie de pregones. En cuanto al segundo, señala sus creaciones inspiradas en elementos aborígenes, entre las que sobresalen Suite Andina y Lamentaciones Huilliches.

Las tareas precursoras de estos dos hombres, que fueron considerados raros personajes por sus desusadas inquietudes a comienzos del siglo presente, ocasionan una entusiasta acogida, reforzada por la tendencia nacionalista que tan brillantes frutos había producido en Europa. Es así como un grupo considerable de jóvenes compositores busca en este nuevo cauce posibilidades renovadoras, entre los que cabe recordar a Enrique Soro, Javier Renjifo, Próspero Bisquert, María Luisa Sepúlveda y, más tarde, Alfonso Letelier y Jorge Urrutia10 siguiendo el ejemplo de Chopin, Wagner, Bartok, Gershwin, en digno paralelo con Villalobos, Ginastera y otros.

Según Carlos Isamitt, entre los distintos empleos del folklore por parte de los compositores descuellan los siguientes: la reproducción fiel de líneas melódicas; la recreación de melodías según esquemas básicos; la incorporación de ritmos; la adopción de formas folklóricas musicales; el empleo del folklore, como temática; la libre creación fundada en cualquier elemento folklórico.

En el terreno investigativo mencionaremos su calidad de jefe de la Sección Pedagógica del Instituto de Investigaciones Musicales, en los primeros años de labor de éste, como organismo universitario. Con el objeto de acrecentar los archivos del Instituto, y aprovechando la segunda gira de la Orquesta Sinfónica al sur, se constituye en comisión con Miguel Barros, en ese entonces ayudante de investigaciones, para explorar la zona comprendida entre Linares y Puerto Montt, procurando un contacto con informantes, que sirvieron para echar las bases del proyectado Mapa Folklórico de Chile dirigido por el musicológo Carlos Lavín11 y contribuir al álbum de discos titulados Aires Tradicionales y Folklóricos de Chile, aparecido a fines de 1944 y en cuyos folletos explicativos toma parte importante en la selección de los temas y en los comentarios.

Un compendio de sus estudios sobre esta materia se encuentra en Rusia para su próxima publicación. El autor nos ha informado que ha seguido un método de división geográfica y de diferenciación de formas musicales, que reflejaría sus vastas experiencias y que podría incrementar sustanciosamente la bibliografía del folklore nacional.

El cauce indigenista, el segundo de los nombrados al comienzo de este artículo, adquiere en Carlos Isamitt una mayor amplitud y profundidad que el anterior, a tal extremo que es válido afirmar en lo que a su aporte etnográfico respecta la presencia de una noble y vigorosa decisión de dignificar la llamada genéricamente cultura araucana, como conducta humana por excelencia, más allá del mero examen analítico o descriptivo de las distintas especies que pudieran incluirse en un cuadro general de elementos materiales y espirituales, concretados en instrumentos, cantos, bailes, recursos lingüísticos. De este modo, agrega una nueva visión interpretativa a los trabajos sistemáticos de Guevara12, Lenz13, Oyarzún14, Augusta15, Allende16, Lavín17, que se ocuparon de ese mismo campo.

Aunque sin abandonar sus formulaciones correspondientes a la aplicación pedagógica, Isamitt le confiere un carácter predominante a la revisión de los hábitos musicales de nuestros indígenas del centro y del sur, sin descuidar en ningún momento la relación entre el hombre y su medio; prueba de ello son sus sucesivos artículos que corren en las páginas del Boletín Latinoamericano de Música, en la revista Aulos, en los órganos informativos de la Educación Chilena, especificados en la bibliografía inserta al final de este artículo.

En dichos escritos comprobamos las peculiaridades y condiciones de uso de los tres factores concurrentes en toda apreciación de la cultura musical; la organográfica, la coreografía y la musicografía. En la primera de estas disciplinas se concentran los más ingentes esfuerzos y los mejores resultados hasta ahora obtenidos en Chile, que cubren por completo los medios sonoros aborígenes, tanto en el proceso de fabricación, como en la determinación de sus condiciones musicales y de su uso circunstancial. Ilustraciones gráficas y pautadas acompañan sus monografías sobre el lonquín, la pifülca, el cullcüll, el pinculive, el trompe, la wada, el jullu, la corneta, el charrango, la trutruca, siempre situados en el ambiente de su práctica, resaltando la importancia que significan en la vida del hombre como vehículos de expresión de las aspiraciones religiosas, festivas y utilitarias. Las danzas y canciones son desprendidas de las etapas culminantes de la vida del hombre, de acuerdo con las funciones que ellas desempeñan en cada caso. Una prueba de esto es su estudio sobre la danza entre los araucanos18, donde la relación del fenómeno coreográfico con la existencia social es el principio rector, sobre cuya base se establece una terminología genérica ­perun­, desglosada en modalidades individuales y colectivas, y subdivididas las segundas en virtud de sus fines ceremoniales, deportivos, agrarios. Es así como hasta en el juego de palin ­la chueca entre los mapuches­, en medio de la agitación de los amigos y parientes, que estimulan a los bandos en lucha, las machis portan cultrunes y los hombres, trutrucas y pifülcas para infundir ánimo a los jugadores, lo que se traduce en danzas vinculadas a las alternativas de la competencia. Implicancias tan palmarias de la música en la trayectoria de la existencia humana significan verdaderas rutas interpretativas, que Carlos Isamitt incluye en sus investigaciones, como ya se expresara, concediéndoles toda la validez metodológica necesaria.

La magia es otro terreno que permite a nuestro investigador incursionar en uno de los rubros más apasionantes intentados por la humanidad en su afán de comprensión. Aquí los bailes obtienen excepcionales expresiones de búsqueda y solución de los problemas que escapan a un entendimiento inmediato de los medios racionales. La evolución histórica de un grupo étnico, las repercusiones de la geografía que lo rodea, las creencias firmemente conservadas se conjugan para ofrecer en machitunes y guillatunes un magnífico compendio antropológico.

Volviendo a la veta pedagógica diremos que en el marco de las canciones ha buscado Carlos Isamitt las más finas posibilidades para las tareas docentes. Su artículo "El folklore como elemento en la enseñanza"19, ya citado en la primera parte de este ensayo, es una de las muestras más acabadas de esta afirmación. En efecto, en las insinuaciones metodológicas se llega no sólo a presentar contenidos y estructuras musicales, sino que también los "diversos conocimientos de la tierra y del hombre, como bases que ayuden a comprender mejor las modalidades que forman el fondo mismo de lo que se denomina nacionalidad" (pág. 78). Sobre este particular, y sin menoscabar ninguno de los ejemplos expuestos por el profesor Isamitt, a nuestro juicio, purun ül pichichen es el más hermoso de todos por su ternura temática y proyección emocional, a la vez que une dos ciclos de la vida por medio del amor, despertando, de esta manera, un cúmulo de posibilidades en el proceso de formación, propio de la enseñanza escolar.

Los movimientos orientadores y reformadores que le han cabido a Carlos Isamitt en la órbita del magisterio y en los objetivos universitarios; su asesoría a intérpretes tan distinguidos, como es el caso de Margot Loyola; su participación en cursos del Ministerio de Educación y en Escuelas de Temporada de nuestras Universidades; su obra investigadora, de la cual hemos trazado una brevísima semblanza; su actitud de artista siempre abierta a la proyección de los motivos folklóricos e indígenas, tanto en la música como en la plástica, le proporcionan una posición de singular y meritorio relieve en el panorama de las más enjundiosas realizaciones en pro de la cultura nacional. No obstante, con su habitual modestia, nos ha manifestado en una de nuestras últimas conversaciones que su satisfacción más profunda consiste en haber recorrido multitud de caminos y en haber encontrado en todos ellos la presencia del hombre, como centro y fin de su búsqueda, en lo más intenso de su esencia anímica.

BIBLIOGRAFÍA DE CARLOS ISAMITT20

Folklore

1946 "El folklore como elemento básico del Liceo Renovado". Revista Musical Chilena, Año II, N° 13, julio-agosto, pp. 21-24.
1954 "El folklore en la creación artística de los compositores chilenos". Folklore Americano, Año II, N° 2, Lima, pp. 1-11. Hay tirada aparte.
1962 "El folklore como elemento en la enseñanza". Revista Musical Chilena, Año XVI, N° 79, enero-marzo, pp. 75-93.
1962 "Consideraciones sobre auténticos poemas de bandoleros chilenos". Folklore Americano, Año X, N° 10, Lima, pp. 5-16.

Indigenismo21

1932 "Apuntes sobre nuestro folklore musical". Revista Aulos, Año I, N° 1, octubre, pp. 8-9; N° 2, noviembre, pp. 4-6; N° 3, diciembre, pp. 3-8.
1933 N° 4, enero-febrero, pp. 3-6; N° 6, junio-julio, pp. 6-7.
1934 N° 7 enero-febrero, pp. 6-9.
1934 "Araucanian Art Music". Bulletin of the Pan American Union, Vol. 68, N° 5, pp. 362-364.
1934 "El machitún y sus elementos musicales de carácter mágico". Revista de Arte, N° 3, Santiago.
1935 "Un instrumento araucano: la trutruca". Boletín Latinoamericano de Música. Año I, Tomo I, Montevideo, pp. 43-46.
1935 "Cantos mágicos de los araucanos". Revista de Arte, N° 6, Santiago.
1937 "Cuatro instrumentos musicales araucanos". Boletín Latinoamericano de Música, Año III, Tomo III, Montevideo, pp. 55-56.
1938 "Los instrumentos araucanos". Boletín Latinoamericano de Música, Año IV, Tomo IV, Bogotá, pp. 305-312.
1941 "La danza entre los araucanos". Boletín Latinoamericano de la Música, Año V, Tomo V, Montevideo, pp. 601-605.
1946 "Educación Musical para la 2 unidad aplicada en el 1er año de los Liceos Renovados". Boletín Informativo de Educación Musical, Año I, N° 2, agosto, pp. 3-5.
1949 "Machilunn, una danza araucana". Revista de Estudios Musicales, Año I, N° 1, Universidad de Cuyo, Mendoza, agosto, pp. 103-108

        [ Links ]

1Manuel Danneman. "Los estudios folklóricos en nuestros ciento cincuenta años de vida independiente", Anales de la Universidad de Chile, Año CXVIII, trimestre de 1960, N° 120.         [ Links ]

2Ismael Parraguez. Cancionero popular chileno. En vías de publicación a cargo del Instituto de Investigaciones Musicales de la Universidad de Chile.         [ Links ]

3Rebeca Román. Folklore de la antigua provincia de Colchagua, Imp. Cervantes, Santiago, 1929.         [ Links ]

4Antonio Acevedo H. Los cantores populares chilenos. Ed. Nascimento, Santiago, 1933.         [ Links ] Canciones populares chilenas, Ed. Ercilla, Santiago, 1939.         [ Links ]

5Luis Sandoval. Álbum sonoro, Selección de canciones populares chilenas, Ed. Casa Wagner, Santiago, 1937.         [ Links ]

6Véase op. cit. 1.

7Carlos Isamitt. "El folklore como elemento básico de Liceo Renovado", Revista Musical Chilena, Año II, N° 13, julio-agosto de 1964, pp. 21-24.         [ Links ]

8Carlos Isamitt. "El folklore como elemento de la enseñanza", Revista Musical Chilena, Año XVI, N° 79, enero-marzo de 1962, pp. 75-93.         [ Links ]

9Carlos Isamitt. "El folklore en la canción artística de los compositores chilenos", Folklore Americano, Año II, N° 2, Lima, 1954, pp. 1-11.         [ Links ]

10Vicente Salas Viu. La creación musical en chile, 1900-1951, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1952.         [ Links ]

11Véase, Raquel Barros y Manuel Dannemann. "Los problemas de la investigación del folklore musical chileno", Revista Musical Chilena, Año XIV, N° 71, mayo-junio de 1960.         [ Links ]

12Tomás Guevara. Folklore araucano, Imp. Cervantes, Santiago, 1911.         [ Links ]

13Rodolfo Lenz. Estudios araucanos, Imp. Cervantes, Santiago, 1895-1897.         [ Links ]

14Aureliano Oyarzún. "La sangre en las creencias y costumbres de los antiguos araucanos", Revista Chilena de Historia y Geografía, Año XII, N° 26.         [ Links ]

15Félix José de Augusta. "Diez canciones araucanas", Vida Musical, Año 1, N° 2, julio de 1945.         [ Links ]

16Pedro Humberto Allende. "La música araucana", Revista de Arte, N° 1, septiembre de 1921.         [ Links ]

17Carlos Lavín. "La musique des araucans", Révue musicale, Año VI, marzo de 1925.         [ Links ]

18Carlos Isamitt. "La danza entre los araucanos", Boletín Latinoamericano de Música, Año V, Tomo V, Montevideo, 1941, pp. 601-605.         [ Links ]

19Op. cit. 8.

20Sólo se incluyen las obras publicadas, por desgracia en forma incompleta, por carencia de fuentes de consulta.