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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56  supl.espec Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002005600011 

Revista Musical Chilena, Número Especial 2002, pp. 78-80

Rememoranzas de un pianista*

por
María Elena Pérez

Dedicado desde hace muchos años a la crítica musical, y actualmente en las páginas de El Mercurio, Daniel Quiroga es un viejo conocido de los asiduos a conciertos y manifestaciones musicales del país. Pero ellos, y en particular los más jóvenes, desconocen que este simpático y locuaz caballero guarda calurosamente en su recuerdo los seis años en que fue pianista acompañante del Ballet Nacional de Chile. Muchos ni siquiera saben que, como un moderno profeta, vaticinaba en 1959, en un artículo publicado en la Revista Musical Chilena: "Aunque todavía no haya sido dada a conocer alguna sustitución mecánica del pianista acompañante en una clase o ensayo de ballet, no se me escapa que, más tarde o más temprano, un eficiente cerebro electrónico podrá eliminar al que hasta ahora ha sido fiel y paciente compañero de toda academia o conjunto de ballet".

El desarrollo del disco compacto ha provocado que muchas academias y profesores de danza sustituyan por música grabada al acompañante de ballet y que muchos pianistas coloquen en el mercado toda suerte de selecciones para acompañamiento de danza. Y aunque no puedo desconocer que en una situación perentoria la grabación puede ser la solución para una clase de danza, prefiero tener en mi clase al fiel pianista, compañero, cómplice y artífice de una parte del encanto, que hace que la rigurosidad técnica y el placer artístico conformen un todo, para transformar la clase de ballet de simple rutina, en satisfacción espiritual.

Han pasado bastantes años desde que Daniel Quiroga, con diez años de estudios de piano y experiencia acompañando cantantes, además de su dedicación a la crítica musical, se presentara al concurso convocado por el Ballet Nacional de Chile para el cargo de pianista acompañante, que compartió con su colega Abdulia Bath. Otros tantos nos separan del momento en que, tras seis fructíferos años de trabajo junto a esa Compañía, otras obligaciones en el Instituto de Extensión Musical lo alejaran del salón de ballet, aunque, como nos cuenta, "como espectador siempre he seguido el desarrollo del Ballet Nacional, al igual que el del Ballet de Santiago, pese a que siento que ha pasado una etapa y que antes estaba involucrado con lo que sucedía en el escenario". Y en una fría tarde del invierno santiaguino, con su inefable buen humor, Quiroga accedió a compartir con los lectores de Chile-Danza sus vivencias como pianista acompañante de ballet.

"Acompañaba la clase todas las mañanas. Luego venían los ensayos. Con Abdulia Bath fui aprendiendo el oficio de acompañar y llegamos a alcanzar tal capacidad de acoplamiento en ello, que si alguno tenía que salir de la sala por alguna causa, el otro proseguía la melodía sin ningún problema."

"Ese aprendizaje podría adelantarse, porque es duro. Hay muchos detalles que no están escritos en la partitura. ¿Cómo es el movimiento? ¿Hasta dónde llegar? ¿Dónde cambia la lógica musical, según las consideraciones coreográficas? En Carmina Burana hay muchas cosas que no están en la partitura. En Coppelia tampoco. El pianista deviene, por consiguiente, en un asesor del director de orquesta, en el momento de trabajar junto al ballet."

Las particularidades del acompañamiento pianístico para clases de danza ya habían sido señaladas por Quiroga en el artículo Los pianistas de nuestro ballet, anteriormente citado1, en el que igualmente el autor concluye "ya es necesario que el Conservatorio Nacional de Música se preocupe de orientar hacia esta especialización a muchos alumnos de piano". Sin embargo, la problemática aún sigue sin solución y la mayoría de los jóvenes estudiantes de piano no ven en esta actividad un perfil profesional interesante, lo que provoca que la búsqueda del pianista acompañante siga siendo tan traumática para los encargados de las escuelas de ballet como para los músicos que se arriesgan a iniciarse en la labor sin preparación previa. Abundando sobre el tema, pregunté a mi interlocutor qué recomendación haría al respecto:

"Hay que crear un ramo en el Departamento de Música. Lo principal es saber tocar las transcripciones de orquesta para piano. Hay que leer música, y a veces reducir partituras pues, aunque la improvisación es básica, no sólo se puede partir de la improvisación. Los profesores de piano deberían orientar a los alumnos, porque al igual que hacen recitales acompañando otros instrumentos en formato de música de cámara, pueden hacer un recital acompañando a una pareja de bailarines."

Y aunque duro, arduo (trabajaba desde las 8:30 hasta las 18:00) y no exento de nerviosismo, sobre todo cuando la tensión de la creación pone de mal humor a los coreógrafos, Quiroga asegura: "Es encantador el trabajo, porque uno siente que colabora a crear". Y recuerda como gran recompensa de su esfuerzo la enorme fila en la boletería del Teatro Colón de Buenos Aires, para ver las actuaciones del Ballet Nacional Chileno. El público colmaba las funciones en ese teatro, lo mismo que las realizadas en Uruguay y Perú. En el éxito de las presentaciones se sentía partícipe con justeza.

La relación pianista-maestro de danza-coreógrafo no podía faltar en esta conversación. Estas fueron algunas de sus observaciones:

"Tiene que haber una relación de mutuo entendimiento, para evitar choques que perjudiquen a la creación [...]. Hay que tener paciencia cuando los coreógrafos están creando [...]. Los profesores de danza debían conocer música, porque eso facilita las cosas y deben saber bien qué tipo de música están solicitando a los pianistas [...]. La selección de la música depende mucho de los coreógrafos. Deben tener claro qué es lo que les sirve o no, porque no toda la música puede ser utilizada en una coreografía".

Además de Uthoff, viene a la memoria Mme. Poliakova, a quien con énfasis menciona cómo una Maestra con mayúscula "me toleró seis meses, al comienzo, en los cuales yo irremediablemente había adelgazado por la tensión...".

­¿Qué le proporcionó como músico su vinculación al Ballet Nacional?, pregunté.

­"Entender una proyección de la música para el movimiento y, por difícil que haya sido, la experiencia humana que me brindó ha sido inolvidable".


*Artículo publicado en Chile-Danza, N° 4, 2000, pp. 13-15.         [ Links ]

1Daniel Quiroga. "Los pianistas de nuestro ballet". Revista Musical Chilena, XIII/65 (mayo-junio, 1959), pp. 8-18.         [ Links ]