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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56  supl.espec Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002005600010 

Revista Musical Chilena, Número Especial 2002, pp. 74-77

La Danza Independiente de Chile,
pasos en la escena*

por
Jorge Olea Chandía

La danza profesional de nuestro país se inicia en 1941 con la creación de la Escuela de Danza de la Universidad de Chile y el Ballet Nacional Chileno. Posterior a esa fecha, en 1960, se funda el Ballet de Arte Moderno, actual Ballet de Santiago, que cuenta con su propia escuela de formación profesional; también surge en el seno de la universidad el Balca (Ballet de Cámara), años más tarde el Ministerio de Educación y sus proyectos Escuela Coreográfica dirigida por Malucha Solari y el Conjunto de Danza Contemporánea hicieron su contribución, aunque de menor duración en el tiempo. Estas instituciones han surgido y desarrollado su trabajo bajo el apoyo de fondos económicos estatales destinados al cultivo y difusión de las artes.

Su permanencia en el tiempo ha permitido el paso por ellas de estudiantes, bailarines, maestros y coreógrafos, quienes motivados por intereses en la creación coreográfica, deseos de realización profesional, divergencias, conciencia social, hastío, etc., han generado un fenómeno dancístico paralelo autodenominado Danza Independiente. Sus orígenes en el tiempo son poco claros pero se vislumbra como primera agrupación de este tipo, en la época de los años 70, al Ballet Popular, que creó y dirigió la bailarina y maestra Joan Turner y que estaba formado por jóvenes bailarines del Ballet Nacional Chileno, entre otros.

Posteriormente, a fines de los años setenta y mediados de los ochenta, tenemos a:

­ Teatro Contemporáneo de la Danza, dirigido por la recordada bailarina y coreógrafa Ingeborg Krussell.

­ Vértice, dirigido por Ingeborg Krussell, Magaly Rivano y Mario Bugueño, con la colaboración en el área de la actuación de Alejandro Cohen. En sus propuestas aunaban la danza y el teatro y cuyo continuador a nivel de propuesta escénica es el Tedat de Magaly Rivano.

­ Agrupación de Danza Mobile, creada por Hernán Baldrich, donde Marcos Correa, el talentoso diseñador de vestuario y Ximena Rodríguez, la brillante

escultora, también entregaban su aporte en el área de la interpretación con gran acierto.

­ El Grupo del Centro, dirigido por el inolvidable Gregorio Fassler, que mezclaba en sus propuestas danza, música en vivo, plástica, fotografía, video.

­ Danzahora, de creación y dirección de Gaby Concha. Por muchos años sus integrantes fueron sólo mujeres.

­ El Taller de Danzas Antiguas, que dirigía Sara Vial, abocado a un sistemático estudio y reconstrucción de las danzas de la Edad Media, Renacimiento y Barroco.

­ El Ballet de Karen Connolly, bajo el alero de canal 13 y su escuela Dancen, quienes han desarrollado con éxito la danza espectáculo y la danza para televisión, generando, especialmente durante la década de los ochenta, gran interés por la práctica de esta actividad en los jóvenes.

­ Singular mención merece Vicky Larraín, incansable opositora de todo y de todos, brillante cultora de la creación instantánea o improvisación, siempre presente en sus propuestas.

­ El Grupo Andanzas, cuyos miembros eran egresados de la carrera de Instructor en Danza de la Universidad de Chile, entre los que se encontraban Nelson Avilés, Nury Gutés, Verónica Varas y el redactor de este artículo.

­ Importante es destacar también la función pedagógica y creativa desarrollada por Verónica Urzúa, Elisa Garrido-Lecca y Verónica Santibáñez en el Centro Contemporáneo de la Danza.

En el resto de nuestro país también han surgido iniciativas importantes, como las realizadas en la octava región por Belén Álvarez, dirigiendo el Ballet Contemporáneo de Concepción y luego por Manuela Bunster, a su regreso a Chile, una vez concluidos sus estudios de danza en Londres, al fundar en 1982 el Grupo de Danza Calaucán. En la décima región, ciudad de Valdivia, nos encontramos con el Ballet de Cámara de Valdivia que entre sus primeros integrantes contó a Evelyn Ríos, Ana María Cabello y Ximena Shaff.

¿Qué caracterizaba a estos primeros bailarines independientes? Sin duda la escasez de recursos y el exceso de ganas de bailar y crear, pero, además, el presentarse en espacios no convencionales: plazas, canchas de fútbol, peñas, actos universitarios o de resistencia a la dictadura de Pinochet, etc. Su propuesta estética estaba inspirada principalmente en una búsqueda de identidad, de vocabulario, una investigación que aún concita la atención de los actuales cultores de esta disciplina.

En enero de 1984, se desarrolla el Primer Encuentro Coreográfico, convocado para la creación de solos, dúos y tríos, organizado por Luz Marmentini, Sara Vial y Bárbara Uribe; también regresa del exilio el maestro, coreógrafo y ex director del Ballet Nacional Chileno Patricio Bunster. El país atraviesa por una situación de gran conflicto social y son principalmente los jóvenes quienes comienzan a generar acciones para provocar el cambio.

En la danza se tiende a producir también la misma efervescencia social y política propia del momento, que ve como único cauce de expresión libre a la cultura y las artes. En este ambiente nace, en 1985, el Centro de Danza Espiral (actualmente dirigido por Patricio Bunster y Joan Turner) y, al año siguiente, el Grupo de Danza Espiral. Este lugar de práctica, estudio, creación, investigación y encuentro pasaría a constituirse en el caldo de cultivo de los principales creadores e intérpretes del actual movimiento.

El tiempo posterior a esta iniciativa nos muestra la creación de tres entidades que son: la Séptima Compañía de Danza Contemporánea, bajo la dirección de Luis Eduardo Araneda, la Pequeña Compañía bajo la dirección de Nury Gutés y la constitución del Sindicato Nacional de Trabajadores Transitorios Artistas de la Danza (1990), cuyo primer directorio fue conformado por Anabella Roldán, Jorge Olea y Dinora Valdivia, que comienza a desarrollar el proyecto Festivales de la Danza Independiente de Chile, el que tuvo cinco ediciones (1991-1996) y que actualmente no se realiza por falta de apoyo económico. Por esta plataforma de proyección desfilaron todos los grupos de danza chilenos y también de Argentina, Costa Rica, México, Perú, Uruguay y Venezuela.

El actual movimiento sigue creando y luchando por mayores y mejores espacios para el desarrollo de su quehacer. Entre ellos encontramos a:

­ Ballet Contemporáneo de Santiago, dirigido por Mario Bugueño.

­ Compañía de Karen Connnolly.

­ Compañía de Danza Contemporánea Danza Sur, dirección Luis Ernesto Fontt Larrea y Ximena Pino Escobar.

­ Compañía de Danza Generación del Ayer, dirección colegiada.

­ Ballet Municipal de Cámara de Valdivia, dirección Ximena Shaff.

­ Compañía Movimiento, dirección colegiada.

­ Compañía Silueta de Goss, dirección Nury Gutés.

­ Francisca Sazié y José Luis Vidal (quienes formaron un dúo y actualmente desarrollan su trabajo como solistas).

­ TEDAT (Taller Experimental de Danza Teatro) dirigido por Magaly Rivano.

­ Proyecto M. O. C., dirigido por Mauricio Barahona.

­ Compañía De Ree, dirigida por Marisol Vargas.

­ Compañía Sed, dirección Marcela Inostroza.

­ Compañía Municipal de Danza Moderna de Concepción, dirección Paola Aste.

­ Grupo de Danza Espiral, dirigido por Patricio Bunster.

­ Compañía de Danza de Lo Barnechea, dirigida por Luz Carola Ossa.

­ Compañía Lluvia Bajo Luna, dirección colegiada.

­ Compañía de Danza Contemporánea La Vitrina, dirigida por Nelson Avilés.

­ Compañía de Teatro Danza El Cuerpo, dirigido por Vicky Larraín.

­ Compañía Elizabeth Rodríguez.

­ Dancerías en Temuco, dirigida por Jaime Jory.

Como se puede observar, en la actualidad algunos ya no están y noveles e innovadores hacedores nos acompañan; existen tres universidades que forman profesionales en el área y día a día vemos como más jóvenes se sienten atraídos a ser parte de este movimiento. Ya no se autodenominan Grupos de danza, sino Compañías. Si bien los recursos económicos han tenido alguna variación en estos treinta años, gracias a iniciativas como el Fondart, ninguna de estas agrupaciones logra generar ingresos que permitan cancelar sueldos, pero al parecer no es el dinero el pago que se espera, estos danzantes litúrgicos contemporáneos encuentran en el sacrificio, sacro oficio, oficio sagrado su recompensa más preciada.


*Artículo publicado en Chile-Danza N° 4, 2000, pp. 26-30.         [ Links ]