SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.56 suppl.especBallet Nacional de la Universidad de ChilePerspectivas de un ballet americano índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56  supl.espec Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002005600006 

Revista Musical Chilena, Número Especial 2002, pp. 60-64

El Ballet de Arte Moderno*

por
Octavio Cintolessi

El Ballet de Arte Moderno nació de una necesidad impostergable. Pero muchos de nosotros creemos más todavía: nació el Ballet de Arte Moderno de la desesperación. Un grupo de jóvenes ­toda una juventud­ metidos en un subterráneo. Transpirando ocho a diez horas diarias para algo que aún no sabíamos si se haría merecedor a la ayuda que permite materializar una posición estética, una fe, llevando al grupo a un escenario.

Pero había algo más fuerte que las esperanzas. Era la necesidad irrenunciable de expresarnos por medio de nuestro arte, en la forma cómo nosotros lo entendíamos. Estábamos decididos a bailar en las calles, aún fuese sin música ni decorados.

"Nació este Ballet de Arte Moderno de una necesidad impostergable", afirmaba una nota del programa de nuestra primera presentación pública. Así lo entendimos quienes consideramos imperioso integrarnos a las fuentes, a la tradición clásica del Ballet, para ­nutriéndonos de ellas­ extraer una expresión realmente contemporánea, activar la búsqueda de un modo nacional y americano.

Como base, y sin que aún supiésemos dónde los íbamos a representar, montamos tres ballets de distintos estilos e intenciones. Con uno de ellos, nos remontábamos a la tradición, el segundo representaba el camino intermedio hacia las expresiones actuales del ballet, y el tercero era la representación íntegra de una forma moderna.

Así nos encontró nuestra suerte. Una amiga abnegada, Mónica Bordeu, organizó un grupo de personas dispuestas a ayudarnos. Luego, la Municipalidad de Santiago ­a través del regidor Osvaldo Márquez, Presidente de la Comisión de Espectáculos y Difusión Cultural de la Corporación­ nos facilitó la sala de ensayo del Teatro Municipal y la colaboración inestimable de la Orquesta Filarmónica de Chile.

Nuestras esperanzas, de este modo, se vieron ampliamente colmadas. Tuvimos teatro, orquesta, sala de ensayo y una primera subvención de mil quinientos escudos para dar realización a medio año de labor. Era julio de 1959.

El grupo se vitalizó en su actitud de trabajo, ya que el esforzado quehacer anterior ahora tendría cristalización en un escenario.

En nuestro primer medio año de vida realizamos tres ballets: El Espectro de la Rosa, música de Weber y coreografía de Fokine; Ballet Concerto, música de Vivaldi y coreografía de Cintolessi, y El Lobo, música de Dutilleux, libreto-de Anhouil y coreografía de Cintolessi (Director Artístico del conjunto).

Pese a la juventud del grupo, el fin de ese primer año nos encontró con unas cincuenta funciones realizadas y una participación en la Temporada Lírica Oficial del Teatro Municipal. Gran parte de esas funciones tuvieron la calidad de extensión artística en sindicatos y poblaciones.

Actualmente nuestras relaciones con la Municipalidad de Santiago son las siguientes: sesenta y cinco mil escudos, orquesta y teatro. A cambio, debemos efectuar cinco estrenos con sus correspondientes repeticiones, seis espectáculos de primavera y veinte de difusión en sindicatos y al aire libre, y participación en la Temporada Oficial de la Ópera, auspiciada por la I. Municipalidad de Santiago.

Somos una entidad con personalidad jurídica y un Directorio rige nuestro destino en lo administrativo y artístico.

Con la experiencia ganada en nuestro primer medio año de vida, en 1960 delineamos una programación teniendo en cuenta varios factores. En primer lugar, el grado de desarrollo profesional y artístico de nuestros bailarines. La necesidad de formación de un repertorio vasto que pueda llegar a todos los públicos. Reposición de las obras clásicas del ballet como forma efectiva de contribuir a la divulgación íntegra del arte de la danza. Representación de obras modernas, a fin de poder ir cristalizando ­sin sólo el devaneo teórico­ una expresión nuestra, actual. Y ofrecimiento de oportunidades a los coreógrafos jóvenes para la representación de sus creaciones.

Otra experiencia valiosa de nuestro primer año fue el de la creación de un equipo y su trabajo de provechosa interdependencia. De la intención coreográfica a la versión musical; de aquélla al color y diseño de trajes y decorados, de este conjunto, a la iluminación para lograr una necesaria unidad artística. También fue calificado por categorías el cuerpo de baile y fue de provecho para la organización del conjunto y la divulgación de su obra un pequeñísimo órgano administrativo y de relaciones públicas.

Nuestra firme creencia de que es imperiosa la necesidad de mantener siempre presentes las obras clásicas del repertorio, nos llevó a otra conclusión importante: la impostergabilidad de traer a nuestro conjunto, anualmente, coreógrafos extranjeros. Una obra de ballet, la misma tradición danzante, no se puede escribir íntegramente en un libro o colgársela como un cuadro para enseñanza de las nuevas generaciones.

La tradición, la cultura viva del ballet se va transmitiendo personalmente. Sus portadores son y han sido los maestros de baile y los coreógrafos.

Pensamos que para nuestra precaria tradición balletómana sería del mejor provecho ­tanto para bailarines y público­ la traída de maestros de baile y coreógrafos extranjeros lo más altamente representativos en sus respectivas especializaciones. ¿Por qué el ballet no habría de seguir en nuestro país la provechosa y regular actitud demostrada por nuestros conjuntos sinfónicos y teatrales?

"El Lobo", coreografía de Cintolessi. Octavio Cintolesi,
Director Artístico del Ballet de Arte moderno

Irene Milovan y Raúl Galleguillos,
en "Las Sílfides".

Margot Fonteyn y Michael Soames,
en "Pas de Deux", de "Sylvia".

El "Corps de Ballet", en "Las Sílfides".

Con estas perspectivas tuvimos especial cuidado en seleccionar obras para nuestra segunda temporada y ­con ello­ reafirmar nuestros principios danzantes que nos habían llevado a formar un grupo y aspirar, como tal, a realizarnos artísticamente, ayudando a la vez a la cultura balletómana del público chileno.

Es así como pudimos realizar una segunda temporada de acuerdo a la ayuda recibida, a los planes delineados y a nuestros principios danzantes. De Las Sílfides ­ballet romántico­ pasamos a Pasión, obra que representa estados anímicos y formas del drama de la convivencia humana que exige del intérprete una entrega total, como una compenetración del momento actual que rodea al hombre. En contraposición a Pasión luego representamos Canciones de Francia, ballet ligero y vodevilesco en que se entrelazan el actor y el bailarín; Redes, una obra seminarrativa y de diseño claro y, finalmente, Érase Una Vez..., con la que iniciamos la tradición de dar regularmente oportunidades de creación a los jóvenes coreógrafos, escenógrafos y artistas que deseen trabajar en favor de nuestro arte.

La temporada fue iniciada con Redes (Música de Scarlatti, libreto y coreografía de O. Cintolessi) . Esta obra nos prepararía para la empresa de mayor aliento de nuestra temporada Las Sílfides (música de Chopin, coreografía de Fokine y remontada para el Ballet de Arte Moderno por el maestro invitado, Nicolás Beriosoff).

Con Las Silfides pudimos dar materialización a una de nuestras aspiraciones. Un ballet romántico, entroncado al más puro desarrollo del ballet, montado para nuestro conjunto ­y, por lo tanto, para el público chileno­ por un maestro clásico, reputado en los grandes centros balletómanos de Europa como continuador de la más depurada tradición.

En un tiempo relativamente corto de trabajo, el maestro Beriosoff declaró al conjunto como convenientemente preparado para servir de acompañante a dos grandes figuras de la danza contemporánea: Margot Fonteyn y Michael Somes. En julio de 1960, el Ballet de Arte Moderno servía de corps de ballets a sus dos estrellas invitadas.

El segundo maestro-coreógrafo invitado fue Roger Fenonjois, quien montó para nuestro conjunto su ballet Canciones de Francia, con música de Lucien Mora.

Con Pasión (música de Elgar, coreografía de Cintolessi), nos acercamos a las formas nuevas de expresión. La quinta obra, Erase Una Vez..., música de Toch-Steckel y coreografía de Raúl Galleguillos (primer bailarín del Ballet de Arte Moderno), inició en nuestro conjunto lo que será una política habitual: dar posibilidades de estreno a las creaciones de jóvenes coreógrafos.

CREACIONES DE LOS JÓVENES COREÓGRAFOS

Nuestra primera etapa aún continúa su estado de realización. Hasta que nuestro conjunto no conforme un completo repertorio, los estrenos anuales deberán irnos ayudando a llevar al escenario una visión más o menos completa del vasto panorama del ballet. No es selecticismo ni cosmopolitismo el resultado de esta actitud. La necesidad de cubrir distancias, quemar etapas para llegar a la nuestra, y descubrir de ella ­con entusiasmo nuevo, fe en el hombre y conciencia de nuestro destino­ nuestra versión del hombre y de la vida.

Creemos firmemente que una escuela o compañía que posea una base académica de danza, una aprehensión de una cultura del arte dirigida a vivir una clara conciencia del momento y el avance de su época, realizará, cabalmente, una obra que sea reflejo de su ambiente, espejo de su desarrollo y una ayuda para develar su destino. Creemos en la academia en cuanto pertrecha al bailarín con todos los elementos necesarios para expresarse mejor. Creemos en lo moderno, cuando tras de él hay una cultura danzante vasta.

Ahora, en cuanto a americanos, no creemos en la simple fábula criollista ni el poncho y la guitarra. En cambio, como raza nueva que está despertando a su realidad y hacia el logro de sus realizaciones, sí creemos que nuestro quehacer artístico tendrá que representar la grandiosidad de nuestra naturaleza y su colorido, así como la inherente rebeldía, sagacidad y actitud libertaria del hombre americano. Cualquiera obra artística que realicemos y que refleje estos atributos, será una obra americana de trascendencia universal.

Hablando también de ayudar a la cultura balletómana de nuestro país, en diversas mesas redondas, foros y actividades ajenas al escenario en que se nos ha requerido, hemos planteado el problema de la creación coreográfica. Hemos luchado porque sea comprendido que la creación de un ballet es una realización tan compleja y de tanto valor artístico como el de dar a luz un libro o una sinfonía. Respecto de los intérpretes, el estreno de un ballet no solamente significa un desgaste interpretativo, memorización de sus roles, sino que además un esfuerzo físico importante, además del aspecto netamente artístico de la interpretación.

La complejidad de la realización de un ballet la indica el hecho de que en él intervienen todas las artes reunidas. De ahí su universalidad, su falta absoluta de traductores para que "llegue" a cualquier clase de público. De esto mismo su trascendencia, su importancia, como factor de educación, de cultura y de arte para las grandes masas de público Y, por ello, la ineludible función social que de él se espera deba realizar. El producto artístico llamado ballet, más costoso que otros, de más difícil preparación, tiene ­por esta misma razón­ deberes más claros de entrega hacia la colectividad.

Así lo han comprendido nuestros bailarines, los H. Regidores de la Municipalidad de Santiago y nuestro Directorio, lo que nos permitió terminar una nueva temporada con alrededor de cien espectáculos realizados para bien de nuestro arte y de la cultura de nuestro pueblo. Es así como queremos dejar constancia de nuestros agradecimientos a la I. Municipalidad; al señor Alcalde de la ciudad, don Ramón Álvarez Goldsack; a Mónica Bordeux, Presidenta del Directorio del Ballet de Arte Moderno; Olivia Bunster de Heiremans, Vicepresidenta; Pablo Llonas Barros, Administrador General; Manuel Bianchi Gundián, Director; Silvia Alessandri, Directora; María Bianchi Gundián, Directora, y Arturo Edwards, Director.


*Artículo publicado en Revista Musical Chilena, Año XV, enero-marzo, 1961, N° 75, pp. 39-43.         [ Links ]