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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.56  supl.espec Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902002005600001 

Revista Musical Chilena, Número Especial 2002, pp. 5-6

Prefacio

por
María Elena Pérez

"En el principio era la Danza y la Danza
era el Ritmo..."
Serge Lifar

La Facultad de Artes de la Universidad de Chile se complace en presentar esta edición temática, dedicada a la danza en Chile, en la que han sido recopilados diferentes artículos publicados en la Revista Musical Chilena a lo largo de los años, completada con algunos trabajos más recientes, extraídos de la revista Chile-Danza, ambas publicaciones de nuestra Facultad.

Con ello y a sesenta años del nacimiento de la Escuela de Danza de la Universidad de Chile, renovamos con orgullo la vocación de fomento del arte y la cultura, que ha animado siempre el actuar de nuestra alta casa de estudios. Si en 1941 creamos las bases de un movimiento dancístico profesional, que ha tenido efectos multiplicadores en el decursar de este arte en el país, hoy nos unimos a la labor de quienes, afanosamente, han luchado por dar a la danza un espacio en la formación de nuevas generaciones, más cultas y preparadas conceptualmente para apreciar, en su justa dimensión, una manifestación artística que ha acompañado al hombre desde los primeros estadios históricos.

Las pinturas rupestres han brindado la oportunidad a los estudiosos de afirmar que, desde los más remotos tiempos, la humanidad danzó. Como en casi todo el arte prehistórico, la motivación parece haber sido mágico-mimética y es por eso que puede encontrarse en las culturas primitivas un extenso repertorio de danzas rituales de diverso objetivo.

En la medida en que las estructuras sociales fueron desarrollándose y surgieron las primeras civilizaciones hasta ahora conocidas, la danza no dejó de estar al lado del hombre, para transmitir sus más profundas emociones: la alegría, el amor o la pena. Desde las danzas en honor de Hathor, en el antiguo Egipto, pasando por la leyenda que cuenta que Brahma creó al mundo con una danza de tres zancadas, hasta las danzas macabras evocadoras del período medieval, la danza siguió su evolución, en correspondencia con las características idiosincrásicas y con las tradiciones propias de los pueblos que las creaban.

El Renacimiento nos muestra un proceso de sofisticación gradual de la danza en las cortes, lo que dio origen a las primeras codificaciones, a los primeros tratados sobre el arte de danzar y a la aparición de la figura del maestro de baile, en tanto que fuera de los medios cortesanos, la danza seguía manteniendo su espontaneidad.

El desarrollo de la danza cortesana propició la transición hacia formas más espectaculares, el ballet de corte. Más tarde, la creación de la Real Academia de la Música y la Danza, impulsada por Luis XIV, ferviente bailarín, consolidó y favoreció el florecimiento del ballet teatral. La danza fue, desde entonces, además de una manifestación libre y natural del hombre, un espectáculo, un arte. Esa vertiente seguiría su propio camino, influenciada por las corrientes estéticas que prevalecieron en las distintas épocas transcurridas desde el siglo XVII, hasta alcanzar, en nuestros días, niveles de experimentación y eclecticismo.

Lejos del escenario, en aldeas, pueblos y ciudades, el hombre continúa expresando por medio de la danza su visión natural del mundo que lo rodea. Son esas expresiones danzarias las que constituyen el caudal de danzas foklóricas, exponentes de la identidad de grupos culturales o naciones y, directa o indirectamente, han estado nutriendo de manera permanente a la danza como espectáculo. Han servido también de basamento a muchos bailes que encontraron popularidad en los salones, a través del tiempo y seguirán constituyendo la esencia de la danza, puesto que ellas reflejan el aspecto emocional del hombre, fuera de toda convención y reglamentación.

Los comentarios anteriores sirven para ofrecer al lector una mejor comprensión de los textos que hemos recopilado para esta edición.

En la primera parte, encontrarán una selección de artículos que lo ilustrarán sobre la historia del ballet en Chile y la de muchos de sus protagonistas. En la otra, dedicada a trabajos sobre el folklore, complementarán la visión sobre el enorme caudal que las investigaciones y la profundización en el estudio de la danza en Chile puede abrir.

Mucho queda por profundizar, por clarificar, por estudiar, por investigar. La historia se escribe cada día. También la de la danza en Chile.

No es, por tanto, un material definitivo el que ahora presentamos. Pero confiamos en que será un primer paso hacia nuevas publicaciones que permitirán difundir el conocimiento de la danza en general y la que se realiza en Chile, en particular, con vista a una aprehensión verdadera, alejada de las percepciones superfluas que muchas veces existen sobre la danza y sus cultivadores.

Si logramos que este libro despierte el interés por la verdad de la danza, habremos cumplido con una de las misiones fundamentales de la universidad: expandir el conocimiento.