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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.55 n.196 Santiago jul. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902001019600005 

Manifiesto por la música1

por

Cergio Prudencio

Los 20 años de vida de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN) se pueden explicar de diferentes maneras. La OEIN ­lo venimos diciendo desde siempre­ es una respuesta alternativa a los abrumadores y excluyentes predominios culturales. Es una afirmación en lo natural y en lo propio. Es una reacción casi instintiva de sobrevivencia.

Los 20 años de historia de la OEIN demuestran que lo hegemónico es ilusorio; no es real. Con estas entrañables cañas de la tierra, con estos arcaicos tubos tan sencillamente cortados y perforados, con estas maderas exclamatorias y estos poderosos tambores, es hoy posible darnos nombre y representarnos ante el universo tal como queremos ser. He ahí el desafío. Para nosotros, lo mismo que para gran parte del planeta, los modelos predominantes no son la vía hacia el futuro. El futuro será sólo para las culturas capaces de aceptarse a sí mismas y de dialogar con otras, sin complejos ni temores.

Sin embargo, hay que dejar en claro que no basta con recibir la herencia de nuestros ancestros y analizar dialécticamente la historia, para darle sentido a nuestro tiempo y trascenderlo. Nuestra proyección ha de sustentarse necesariamente en la creatividad; en la capacidad de renovarnos, de renombrarnos en concordancia con las naturales transformaciones de toda colectividad dinámica. El ensimismamiento irreflexivo sobre el folclore, la imitación como valor y el desconocimiento y la negociación del otro, son actitudes tan comunes como peligrosas entre nosotros. Por eso la OEIN no se ha limitado sólo a recibir el legado histórico, sino que se ha planteado la necesidad de crear nuevas expresiones sonoras y nuevas formas de análisis de la cultura.

En tiempos en que la música no es más música; en tiempos en que la música subsiste apenas como factor de subordinación a otros lenguajes; en tiempos en que la música ha perdido su vital lugar porque el hombre ha empobrecido su interioridad; en estos tiempos, la OEIN es un manifiesto vivo por la música. Por la música como lenguaje puro. Por la música como representación esencial del espíritu. Por la música como necesaria abstracción del pensamiento.

Desde la OEIN proclamamos el valor del sonido como energía, como ánima. Más allá de la condicionalidad a la que la música ha sido condenada en las sociedades modernas, proponemos una música para escuchar; para el mágico acto ritual de sentarse a escuchar. Una música para el goce de sus códigos intraducibles e intransferibles. Una música para apreciar el valor de las sutilezas audibles: de la soledad de un sonido y su desnudez, por ejemplo; de la inexplicable envolvencia de una atmósfera; la maravilla de una textura; el vértigo de una superposición de planos; la gratificación de la justa intensidad; el sentido lógico de la forma; la diversidad del factor tímbrico, y hasta la emoción del silencio. Es decir, música como un fin en sí mismo.

Sabemos que en esto de reivindicar lo propio frente a lo hegemónico, en esto de ser creativos en vez de burdos repetidores y en esto de recuperar a la música de su drámatico extravío, no estamos precisamente navegando sobre la corriente del proceso globalizante. No importa. Éste no es el fin de la historia ­como se anuncia­, no de la nuestra, al menos. Cuando los hijos de nuestros hijos nos hayan escuchado o leído ­estoy seguro­ habrá valido la pena esta locura de zafar los límites del sistema. Y, además, habrá sido tarde para arrepentirse.

1Texto leído en el acto de establecimiento de la Fundación Arca-Ira, presentación del nuevo discocompacto de la OEIN y celebración de los 20 años de creación de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos.

La Paz, 16 de noviembre de 2000

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