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Revista chilena de infectología

versión impresa ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. vol.29  supl.1 Santiago set. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182012000500002 

Rev Chilena Infectol 2012; 29 (Supl 1): 11-18

SUPLEMENTO

 

Profilaxis antifúngica en niños y adultos sometidos a trasplante de órganos sólidos y de precursores hematopoyéticos

Prophylaxis against fungal infections in solid organ and hematopoietic stem cells transplantation

 

Ricardo Rabagliati y M. Elena Santolaya

Departamento de Enfermedades Infecciosas, Escuela de Medicina Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago (RB).
Unidad de Infectología Hospital Dr. Luis Calvo Mackenna, Santiago. Facultad de Medicina, Universidad de Chile (MES).

Correspondencia a:


Invasive fungal infections are an important cause of morbidity and mortality in SOT and HSCT recipients. The main species involved are Candida spp. and Aspergillus spp, less frequently Cryptococcus spp., causal agents of mucormycosis and Fusarium spp. Usually occur within the first six months post-transplant, but they do it later, especially during episodes of rejection, which maintains the state of immune system involvement. Prophylaxis recommendations are specific to each type of transplant. In liver transplantation use of fluconazole is recommended only in selected cases by high risk factor for invasive fungal infections (A1). If the patient has a high risk of aspergillosis, there are some suggestions for adults population to use amphotericin B-deoxycholate, liposomal amphotericin B or caspofungin (C2) without being validated none of these recommendations in pediatric population. In adult lung transplant patients where the risk of aspergillosis is higher than in other locations, we recommend universal prophylaxis with itraconazole 200 mg/day, nebulised liposomal amphotericin B or voriconazole (C2), no validated recommendations for pediatrics. In HSCT, universal prophylaxis is recommended only in allogeneic and autologous selected cases. The most accepted indication is fluconazole (A1), and posaconazole (A1) or micafungin (A1) in selected cases with high risk of aspergillosis.

Key words: Fungus, Candida, Aspergillus, yeasts, moulds, prophylaxis, amphotericin, fluconazole, voriconazole, posaconazole, caspofungin, micafungin, transplants, solid organ transplantation, hematopoietic stem cells transplantation.


Resumen

Las infecciones fúngicas invasoras constituyen una importante causa de morbilidad y mortalidad en los pacientes receptores de TOS y TPH. Los principales agentes involucrados son Candida spp. y Aspergillus spp, menos frecuentemente Cryptococcus spp., agentes causales de mucormicosis y Fusarium spp. Se presentan habitualmente dentro de los primeros seis meses posttrasplante, pero también lo hacen en forma más tardía, especialmente durante episodios de rechazo, en que se mantiene el estado de compromiso del sistema inmune. Existen recomendaciones de proilaxis especíicas para cada tipo de trasplante. En trasplante hepático se recomienda el uso de fluconazol sólo en casos seleccionados por factores de riesgo (A1). Si existe riesgo de asper-gilosis, hay algunas sugerencias en adultos para el uso de anfotericina B-deoxicolato, anfotericina liposomal o caspofungina (todo en categoría C2), sin estar validada ninguna de estas recomendaciones en pediatría. En trasplante pulmonar en paciente adulto, donde el riesgo de aspergilosis es superior a otras localizaciones, se recomienda proilaxis universal, con itraconazol 200 mg/día, anfotericina liposomal nebulizada o voriconazol (C2), sin recomendaciones validadas para pediatría. En TPH, se recomienda proilaxis universal en trasplante alogénico y sólo para casos seleccionados en trasplantes autólogos. La indicación más aceptada es fluconazol (A1), siendo alternativas a evaluar dependiendo del riesgo de aspergilosis, posaconazol (A1) y micafungina (A1).

Palabras clave: Hongos, Candida, Aspergillus, levaduras, hongos filamentosos, profilaxis, anfotericina, fluconazol, voriconazol, posaconazol, caspofungina, micafungina, trasplante, trasplante de órganos sólidos, trasplante de precursores hematopoyéticos.


Introducción

Las infecciones fúngicas constituyen una importante causa de morbilidad en los pacientes receptores de trasplantes de órganos sólidos (TOS) y trasplante de precursores hematopoyéticos (TPH)1, generando desafíos diagnósticos y terapéuticos, elevación de los costos de manejo y elevada mortalidad2,3. En los receptores de trasplantes, la enfermedad fúngica invasora (EFI) es provocada tanto por hongos levaduriformes como filamentosos, destacando Candida spp. y Aspergillus spp.24, menos frecuentemente Cryptococcus spp., agentes causales de mucormicosis5,6 y Fusarium spp. 7, infecciones por hongos endémicos como Histoplasma capsulatum, Coccidioides immitis, Paracoccidioides brasiliensis, y con menor cuantía dematiáceos como Cladosporium, Cladophialophora, Scopulariopsis, Alternaria, Curvularia y Bipolaris spp8.

Existen diferencias en la frecuencia de EFI entre los distintos tipos de TOS y TPH; no obstante, algunas características son comunes: en ambos grupos la mayoría de las EFI son producidas por Candida spp. o Aspergillus spp., ocurren dentro de los primeros seis meses post-trasplante y pueden presentarse como enfermedad localizada o diseminada, comprometiendo dos o más órganos. Cada vez con mayor frecuencia, las EFI se presentan en forma más tardía, especialmente durante episodios de rechazo, en que se mantiene el estado de compromiso del sistema inmune.

En general, las infecciones por Candida spp. son originadas desde una fuente endógena, mientras que las producidas por hongos ilamentosos se originan desde fuentes exógenas medio-ambientales2. Durante años la mortalidad descrita, tanto en niños como en adultos, ha sido muy elevada, alcanzando a 60% o más en casos de aspergilosis en TPH y TOS9. Hoy en día, las nuevas estrategias diagnósticas y el uso de nuevos antifúngicos han mejorado el pronóstico de estos pacientes, describiéndose una mortalidad reciente en candidiasis de 10 a 35% y en aspergilosis de 35 a 50% en niños y adultos sometidos a TPH10-12. En este escenario, se requiere un enfrentamiento de prevención, diagnóstico y tratamiento racional de las EFI con la intención de aminorar su impacto en la morbilidad y mortalidad.

A fin de establecer las recomendaciones de profilaxis antifúngica se presentará la epidemiología en cada grupo así como los factores de riesgo. Las medidas de prevención de EFI incluyen recomendaciones de intervención en el ambiente y medidas de proilaxis farmacológica, con diferentes énfasis según la temporalidad post-trasplante, los factores de riesgo y la epidemiología institucional.

Epidemiología

Trasplantes de órganos sólidos

En la literatura cientíica internacional se describen frecuencias de 60% de EFI en receptores de trasplante intestinal, 40% en receptores de trasplante pulmonar, hepático y pancreático y 14% en receptores de trasplante renal. Estas cifras reflejan la magnitud del problema en series publicadas mayoritariamente durante la década de los 9013-16. Recientemente Pappas y cols., publicaron resultados de un registro prospectivo de EFI en 15 centros de trasplante en E.U.A., entre los años 2001 y 2006. En una cohorte de 16.808 receptores de TOS, hubo 1.208 EFI en 1.063 pacientes, predominantemente adultos, con una incidencia anual de 1,95% para candidiasis y 0,65% para aspergilosis. Del conjunto de EFI, candidiasis resultó ser la más frecuente (53%), seguida de aspergilosis (19%), criptococosis (8%), hongos ilamentosos no-Aspergillus (8%), micosis endémicas (5%) y mucormicosis (2%). De acuerdo al tipo de trasplante, la incidencia acumulada anual fue más elevada para intestino (11,6%), seguida de pulmón (8,6%), hígado (4,7%), corazón (4%), páncreas (3,4%) y la menor incidencia fue en receptores de trasplante de riñón (1,3%)17.

Entre los receptores de hígado, intestino, páncreas y riñón, la candidiasis resulta ser la EFI más frecuente17. Sin embargo, la aspergilosis es signiicativamente más frecuente en receptores de trasplante pulmonar, (12,8 vs 0,4% observada en otros tipos de TOS)18. También en receptores de trasplante cardíaco, la aspergilosis es la infección predominante describiéndose hasta en 14%19-22. Un estudio multicéntrico italiano, que incluyó la visión retrospectiva de 1.852 trasplantes cardíacos, describe que 2,2% presentó una EFI, siendo aspergilosis la más frecuente (64%), seguido de candidiasis (23%). La mortalidad descrita en esta serie para receptores de trasplante de órganos torácicos con candidiasis y aspergilosis es de 33 y 29%, respectivamente23.

Criptococosis se presenta con mayor frecuencia en receptores de trasplante cardíaco e intestinal que en pacientes con trasplante renal o pulmonar24, con una mortalidad de 21%25.

La frecuencia y el tipo de EFI varían además de acuerdo a la temporalidad post-trasplante2. Durante el primer período (0-30 días), suelen observarse infecciones fún-gicas relacionadas a la cirugía, procedimientos invasores y cuidados hospitalarios en unidades de paciente crítico. En esta etapa, predominan las infecciones por Candida spp., con variaciones de frecuencia de C. albicans vs no-albicans, según la epidemiología de cada institución. Durante el segundo período (31 a 180 días) el efecto neto de la inmunosupresión tiene su máxima expresión por lo que predominan las infecciones por Aspergillus spp., seguido por otros hongos ilamentosos, reactivaciones de micosis endémicas o criptococosis. En el tercer período, cumplidos los seis meses, las infecciones fúngicas son infrecuentes y suelen asociarse a períodos de inmunosupresión en el contexto de elevación de dosis de inmunosupresores por rechazo o infecciones por citomegalovirus (CMV)26. Sin embargo, de acuerdo a datos recientes, se describe un desplazamiento de las EFI en TOS, con medianas de tiempo para manifestación de candidiasis, aspergilosis y criptococosis de 103, 184 y 575 días, respectivamente17. Estos cambios pueden relacionarse a la duración de la proilaxis, la necesidad de aumentar la inmunosupresión o exposiciones medioambientales tales como las que se pueden presentar en eventos climáticos o en construcciones que se han asociado a brotes de aspergilosis.

En suma, la EFI es un problema que afecta más frecuentemente a pacientes sometidos a trasplante de intestino, páncreas, hígado, pulmón y corazón, siendo candidiasis la EFI más frecuente en los trasplantes no torácicos y aspergilosis en trasplantes de pulmón y corazón. Es importante recalcar que las EFIs no constituyen un problema relevante en los receptores de trasplante renal. Si bien no contamos con datos nacionales publicados de EFI en TOS, es planteable que el predominio de un tipo de agente sobre otro en los distintos grupos de órganos se presente de una manera similar.

Trasplante de precursores hematopoyéticos

La frecuencia de EFI en este grupo puede ser tan alta como 25% según datos de autopsias. Los hongos más frecuentemente identiicados son Candida spp. y Aspergillus spp., con menor frecuencia siguen el Orden Mucorales (agentes de mucormicosis), Fusarium, Scedosporium spp. y otros hongos emergentes27.

Datos recientes de pacientes receptores de TPH, reportan incidencias de EFI de 3,70%28; sin embargo, al comparar trasplante autólogo vs alogénico, las magnitudes son signiicativamente menores en autólogo: 1,228 vs 7,8-8% en alogénico28,29. Según el tipo de EFI específica, se describen frecuencias de 3% para candidiasis y 8% para aspergilosis en TPH, que se elevan hasta 10,5% si se considera sólo TPH alogénico29-31. Datos del estudio español RESISTRA, que evaluó 1.318 TPH de forma prospectiva en dos años, determinó una frecuencia de 6,7% de EFI, con predominio de C. no-albicans, seguido de aspergilosis, con diferencias signiicativas en TPH autólogo (1,2%) vs alogénico (8,3%)32.

En relación a la temporalidad post-TPH y presentación de una EFI, durante el primer período post-trasplante (0 a 30 días), que se extiende desde la infusión hasta después del implante, se presenta habitualmente a las 2 a 3 semanas; las infecciones están asociadas a la profundidad y duración de la neutropenia y a la intensidad de la mucositis, por lo que en esta etapa prevalecen Candida spp. y Aspergillus spp. En la segunda fase (día 30 al 100), los principales factores de riesgo son el uso de inmunosupresores, principalmente corticosteroides, el desarrollo de una enfermedad de injerto contra hospedero (EICH) y la infección por CMV, predominando en este período Aspergillus spp. y mucorales. En la tercera fase, después del día 100, el riesgo de infección depende de la presencia de una EICH crónica y la intensidad de su tratamiento, lo que en definitiva se relaciona con el estado de inmuno-reconstitución. En este período, Aspergillus spp. sigue siendo el agente prevalente. En el estudio español RESISTRA, 41% de los casos de aspergilosis se presentaron en la fase neutropénica, 46% en la post-implante hasta el día 180 y 12% después de los seis meses de efectuado el trasplante32.

Factores de riesgo

Son factores de riesgo universales para el desarrollo de una EFI la neutropenia grave y prolongada, la inmunode-iciencia celular, la presencia de mucositis, el antecedente de procedimientos invasores, la infección por CMV, el uso de antimicrobianos de amplio espectro y el uso de corticoesteroides11,33.

Trasplante de órganos sólidos

En el grupo de pacientes receptores de trasplante hepático, se han descrito como factores de riesgo especíicos para candidiasis las transfusiones intra o peri-operatorias, en magnitud superior a 10 unidades de eritrocitos, estadía en UCI > 5 días post-trasplante, creatininemia basal preoperatoria > 2,0 mg/dL o necesidad de diálisis, anastomosis bilio-digestiva, trombosis de la arteria hepática, re-trasplante, falla hepática fulminante pre-trasplante, rechazo grave, colonización por Candida en los primeros tres días post-trasplante e infección por CMV34. Para infección por Aspergillus spp. , se han identiicado como factores de riesgo especíicos el re-trasplante, la infección por CMV y la necesidad de diálisis post-trasplante35.

En niños que reciben un trasplante hepático se han identiicado otras variables asociadas al desarrollo de EFI, como son el uso de tacrolimus, la colonización fúngica pre-trasplante, la infección bacteriana y por virus de Epstein Barr en el post-trasplante36.

Específicamente, en un estudio que incluyó 50 casos de mucormicosis, se identificó que en el grupo de receptores de trasplante hepático era particularmente frecuente la infección diseminada, y se logró determinar como factores de riesgo la presencia de insuiciencia renal, diabetes mellitus y uso previo de voriconazol o caspofungina37.

En trasplante cardíaco, aspergilosis es la EFI más frecuente. Entre los factores de riesgo identiicados se encuentran la re-intervención quirúrgica, enfermedad por CMV, insuiciencia renal y la existencia de casos de aspergilosis en los dos meses previos en la unidad de hospitalización del paciente38. En trasplante pulmonar se han descrito como factores de riesgo para aspergilosis la colonización de la vía aérea por Aspergillus spp., la infección por CMV, la hipogamaglobulinemia18 y se han comunicado brotes de aspergilosis en este grupo de pacientes expuestos a construcciones en el hospital39.

Trasplante de precursores hematopoyéticos

En TPH, la frecuencia y tipo de EFI dependen del momento del trasplante. Infecciones por Candida spp. y Aspergillus spp. son las más frecuentes durante el primer período post TPH y Aspergillus spp. es la etiología más frecuente en las etapas siguientes; mucho menos frecuente son las mucormicosis y fusariosis40. Los factores de riesgo identificados para infección por Candida spp. en el primer período post-TPH son la profundidad de la neutropenia, la presencia de mucositis y el uso de CVC, agregándose en el segundo período post-trasplante la presencia de EICH intestinal41.

El principal factor de riesgo para adquirir una aspergilosis durante el primer período post TPH es la neutropenia prolongada; por lo tanto, son de mayor riesgo los pacientes que presentan neutropenia previa al trasplante y los receptores de trasplantes de cordón umbilical y trasplante haploidéntico, mientras que son de menor riesgo los pacientes que reciben trasplante de precursores de sangre periférica o aquellos en que el acondicionamiento no es mieloablativo40. Otro factor importante es la exposición ambiental a esporas fúngicas que pueden estar presentes en el aire o en el agua42.

En las fases siguientes al implante medular, el principal factor de riesgo para contraer una aspergilosis es la inmunosupresión producto de la EICH y su tratamiento, particularmente el uso de corticoesteroides40,43, además de la infección/enfermedad por CMV31. Otros factores de riesgo, menos explorados, son algunos aspectos geoclimáticos, como la presencia de estaciones cálidas y húmedas44 y factores del hospedero, como el aumento de los depósitos de hierro45 y la presencia de polimorismos de receptores TL446.

Antifúngicos profilácticos

Las estrategias de proilaxis deben incluir medidas generales de disminución de la exposición a los micro-organismos causantes y medidas de control de los riesgos propios del paciente de acuerdo a su trasplante, ya descritos en párrafos anteriores. Con el objetivo de disminuir la exposición a Candida de una fuente exógena, se debe exigir el cumplimiento de la adecuada higiene de manos del personal de salud. A in de disminuir la exposición a esporas de Aspergillus spp., los hospitales que realizan trasplantes deben contar con un manejo adecuado del aire mediante la incorporación de iltros HEPA que permitan disponer espacios con ambiente protegido para los pacientes de mayor riesgo y una política estricta de control de infecciones en relación a construcciones.

Se presenta a continuación la evidencia disponible, según el tipo de trasplante, para el uso de antifúngicos proilácticos.

Trasplante de órganos sólidos

Trasplante hepático. La efectividad de la proilaxis ha sido evaluada en distintos estudios, buscando evidenciar cuál es la mejor estrategia, usar antifúngicos en forma universal o sólo en aquellos pacientes con factores de riesgo para desarrollar una EFI47.

En un estudio publicado a fines de los 90, Winston y cols.48, demostraron que fluconazol comparado con placebo reducía de manera signiicativa las infecciones invasoras (6 vs 23%). Estos resultados han sido posteriormente conirmados en una revisión sistemática de la Cochrane que incluyó nueve estudios con pacientes randomizados a recibir proilaxis con un antifúngico vs placebo, demostrando utilidad de fluconazol en reducir las EFIs probadas (RR 0,28. I.C. 95% 0,13-0,57), sin demostrar disminución de mortalidad (RR 0,90. I.C. 95% 0,57- 1,44). Según la misma fuente, para prevenir un caso de EFI se requeriría tratar a seis pacientes con fluconazol49. En esta revisión no se evidenció que el uso de fluconazol incrementara signiicativamente infecciones por especies resistentes a este fármaco, lo que contrasta con un meta-análisis publicado posteriormente que demuestra mayor frecuencia de infecciones por C. no-albicans, en particular C. glabrata en los pacientes que recibieron fluconazol proiláctico50.

Considerando estos datos, existe evidencia suiciente para recomendar uso de profilaxis con fluconazol sólo en pacientes que presentan al menos uno de los factores de riesgo descritos51 (transfusiones intra o peri-operatorias superiores a 10 unidades de eritrocitos, estadía en UCI > 5 días post-trasplante, creatininemia basal pre-operatoria > 2,0 mg/dL o necesidad de diálisis, anastomosis bilio-digestiva, trombosis de la arteria hepática, re-trasplante, falla hepática fulminante pre-trasplante, rechazo grave, colonización por Candida en los primeros tres días post-trasplante e infección por CMV), en dosis de 400 mg/día intravenoso (iv) u oral (vo) por cuatro semanas, corrigiendo la dosis según fuese la función renal.

En el grupo de pacientes en riesgo de infección por Aspergillus spp. se puede considerar una proilaxis alternativa con bajas dosis de anfotericina B, 15 mg/ día iv o anfotericina liposomal, 50 mg/día, aunque la dosis y duración efectiva no han sido establecidas52. En un estudio de Singh y cols., que incluyó una cohorte histórica de pacientes sin proilaxis más una cohorte en la que sí se usó proilaxis con anfotericina liposomal en pacientes con alto riesgo de infección fúngica, se observó una signiicativa disminución de la frecuencia de EFI53. El uso de anfotericina liposomal vía nebulización no ha sido explorado adecuadamente en este grupo de pacientes sometidos a trasplantes.

Otra alternativa evaluada ha sido el uso de caspofungi-na por al menos 21 días, en un estudio no comparativo que incluyó 71 adultos receptores de trasplante hepático con alto riesgo de adquirir una EFI. La eicacia fue deinida como ausencia de emergencia de EFI en los 100 días desde el inicio de la profilaxis. En esta serie se observaron dos casos de infección fúngica, una candidiasis y una mucormucosis, ambos en el sitio de la herida quirúrgica54.

Trasplante pulmonar. Existen pocos estudios sobre profilaxis en este grupo de pacientes. Husain y cols.55, publicaron un estudio comparativo en adultos receptores de trasplante pulmonar, que analizó voriconazol vo vs itra-conazol vo, con o sin anfotericina nebulizada, al momento del primer cultivo positivo, evidenciando una menor frecuencia de aspergilosis invasora (1,5 vs 23%). Este estudio mostró una alta frecuencia de toxicidad hepática en los pacientes que usaron voriconazol. A pesar de la falta de mayores estudios, algunos grupos recomiendan el uso de anfotericina liposomal en nebulización a in de disminuir la frecuencia de aspergilosis en estos pacientes56. Su uso podría complementarse con itraconazol, de acuerdo a los datos del grupo de Cleveland, quienes lograron disminuir la incidencia de aspergilosis a través de la práctica de proilaxis universal con uso de anfotericina nebulizada durante las primeras semanas, seguida de itraconazol 200 mg/día vía oral de forma permanente, reduciendo la frecuencia de 18,2 a 4,9%18.

Trasplante cardíaco. Existen pocos estudios que hayan evaluado el uso de proilaxis antifúngica. Muñoz y cols., analizaron el uso de itraconazol 400 mg/día en cápsulas en adultos sometidos a trasplante cardíaco. Su estudio muestra menor frecuencia de aspergilosis, medida como mayor tiempo libre de infección (RR 0,2 I.C. 95% 0,04 - 0,9 p = 0,03) y mayor sobrevida al año en aquellos sujetos que recibieron profilaxis (RR 0,5 I.C. 95% 0,3 -0,8 p = 0,01). Los autores recomiendan uso de profilaxis al menos en pacientes con condiciones predisponentes, tales como re-intervención quirúrgica, infección por CMV, necesidad de diálisis post-trasplante y presencia de aspergilosis en otros pacientes de la misma unidad clínica en los últimos dos meses38.

Trasplante de precursores hematopoyéticos. De acuerdo a un estudio randomizado, doble ciego, placebo-controlado, publicado por Goodman y cols., a inicios de los años 90, que demostró una reducción signiicativa en la frecuencia de candidiasis sistémica de 15,8 a 2,8%, sin diferencias en mortalidad, en adultos sometidos a TPH, se estableció que en este tipo de trasplante el antifúngico de elección era fluconazol 400 mg/día iv o vo, por plazo mínimo de cuatro semanas, corrigiendo la dosis según la función renal, e iniciado durante el acondicionamiento57. Un estudio ulterior que prolongó el seguimiento de los pacientes permitió evidenciar que entre los que prolongaban la proilaxis hasta el día 75 post-trasplante, se observaba menor frecuencia de candidiasis, menor muerte relacionada a candidiasis y mayor sobrevida global58.

A partir del estudio de Goodman57 se estableció en las guías clínicas de los centros de trasplante el uso de fluconazol; sin embargo, posteriormente se ha observado que su uso se relaciona con un cambio epidemiológico produciéndose un predominio de Candida no-albicans (C. glabrata, C. krusei, C. parapsilosis) sobre C. albicans59.

En relación a la alternativa de utilizar itraconazol oral como proilaxis, un estudio randomizado, doble-ciego, placebo-controlado que incluyó pacientes adultos con cáncer hematológico o TPH, comparó itraconazol en suspensión vs placebo, determinando una menor frecuencia de infección fúngica supericial/sistémica en el grupo que recibió itraconazol (6 vs 15 %; p = 0,03). Específicamente en el grupo con neutropenia profunda y prolongada se diagnosticó menor número de casos de EFI (6 vs 19%; p = 0,04) y hubo menor uso de anfotericina-B empírica60. El mayor problema en esta serie fue la mala tolerancia de itraconazol reportada por los pacientes. Este inconveniente ha sido observado también en otros estudios que han evidenciado menor frecuencia de infecciones fúngicas con itraconazol comparado con fluconazol (9 vs 25%; p = 0,01), pero una significativa mayor frecuencia de efectos adversos gastrointestinales (24 vs 9%; p = 0,02)61; o necesidad de suspender la terapia con itraconazol por toxicidad, comparado con el uso de fluconazol (36 vs 16%) (p < 0,01)62.

Es importante recalcar que en Chile no existe la presentación de itraconazol en solución oral y que la presentación en cápsulas no se considera una buena alternativa, debido a su limitada biodisponibilidad.

Buscando una mejor alternativa para prevenir la aparición de aspergilosis, sin los efectos adversos de itraconazol, se han evaluado los nuevos azoles. Un estudio retrospectivo observacional evaluó la incidencia de aspergilosis invasora en adultos receptores de TPH que recibieron voriconazol vs otras terapias, observando ausencia de casos entre 92 pacientes que recibieron voriconazol y una frecuencia de 10% (23/223) entre aquellos que recibieron algún otro antifúngico sistémico proiláctico (p < 0,05)63.

Más adelante, posaconazol fue comparado con fluco-nazol en pacientes adultos receptores de TPH con EICH, observándose menor frecuencia de infecciones invasoras en el grupo que utilizó posaconazol vs fluconazol (7 vs 14%; p < 0,05) y especíicamente menor frecuencia de aspergilosis (2 vs 7%; p < 0,05)64.

En los estudios que han comparado anfotericina deoxicolato con fluconazol no se ha logrado demostrar superioridad de anfotericina pero sí una mayor frecuencia de efectos adversos (19 vs 0%)65, haciendo no recomendable la indicación de anfotericina deoxicolato para estos efectos. Ainfotericina liposomal, en dosis de 50 mg iv cada 48 h ha sido evaluada vs placebo en 132 pacientes adultos con cáncer hematológico, demostrando disminución de EFIs y de la mortalidad atribuible66. No hay, sin embargo, evaluaciones de anfotericina liposomal como proilaxis en pacientes receptores de TPH. Tampoco se ha evaluado en este grupo el uso de anfotericina liposomal en inhalación, sólo existen datos en un estudio vs placebo, controlado, en pacientes neutropénicos no sometidos a trasplantes, en que se evidenció disminución de la incidencia de aspergilosis pulmonar67.

De las equinocandinas, micafungina ha sido evaluada como profilaxis, en un estudio randomizado, doble ciego, multicéntrico, que incluyó tanto TPH autólogo (46%) como alogénico, en fase neutropénica, con una rama de micafungina en 425 pacientes vs 457 con fluconazol, con menor frecuencia de aspergilosis (0,2 vs 1,5%), y de candidemia (0,4 vs 0,9%), demostrando mayor eicacia global (80 vs 74%). Sin embargo, este estudio incluye casos catalogados como infección fúngica posible, por lo que no es comparable con resultados de otros estudios que incluyen sólo casos probables y probados68.

La mayoría de los TPH autólogos tiene bajo riesgo de complicarse con una EFI, por lo que no se recomienda proilaxis de rutina en este tipo de trasplante. Sí se recomienda en pacientes adultos que han tenido linfoma, leucemia o mieloma, si se estima que presentarán neutro-penia prolongada o mucositis por un acondicionamiento intensivo y en aquellos que han recibido fludarabina o 2-CDA (cladribine, 2-cloro-deoxi-adenosina) en los seis meses previos40.

En resumen, los azoles han sido ampliamente estudiados y mayormente validados sobre otras familias de antifúngicos. De acuerdo a la evidencia disponible, se ha planteado iniciar profilaxis con fluconazol hasta completar 75 días, y sólo considerar el uso de posaconazol en casos muy seleccionados69. La recomendación de ambos antifúngicos se sustenta en estudios bien diseñados que muestran resultados categóricos de reducción de incidencia de infecciones fúngicas; sin embargo, cabe comentar el riesgo de emergencia de otras infecciones en la medida que se van incorporando distintos antifúngicos. Así como el mayor uso de fluconazol se ha asociado a la mayor frecuencia de Candida no-albicans, el mayor uso de nuevos azoles y equinocandinas también puede determinar cambios epidemiológicos, por lo que la decisión de incorporar cada proilaxis debe ser cuidadosa y asociada a un programa de vigilancia que permita detectar oportunamente estos cambios.

 

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Los autores declaran no tener conflictos de interés.

Correspondencia a: rabagliati@med.puc.cl msantola@med.uchile.cl