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Revista chilena de infectología

versión impresa ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. vol.29 no.4 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182012000400012 

Rev Chilena Infectol 2012; 29 (4): 446

ANECDOTARIO INFECTOLÓGICO

 

 "Un sicario" en un sanatorio de tuberculosis

"A hit man" in a tuberculosis-hospital

 

Rodrigo Cruz

Universidad de Valparaíso. Hospital Carlos Van Buren y Hospital San Felipe.
Ex médico encargado del Sanatorio de tuberculosis de Peñablanca. 

 

En el año 2006 cuando trabajaba en el Sanatorio de Tuberculosis de Peñablanca, un día ingresó acompañado por Carabineros un paciente de 17 años de edad, con tuberculosis pulmonar, quien había abandonado en tres ocasiones el tratamiento y había contagiado a toda su familia además de varias personas del vecindario en una población viñamarina.

Su conducta en el recinto fue muy provocativa y grosera, no se tomaba los medicamentos, se comía los alimentos de los otros pacientes, le robó la bata, pantuflas y hasta el cepillo de dientes a un abuelito con tuberculosis multi-resistente. En varias ocasiones escupió el esquema de antes tratado e insultó a las paramédicos, enfermeras y amenazó con golpear a quien escribe estas letras. Lo conversé con las autoridades del servicio de salud y con las fuerzas de orden sin obtener la más mínima ayuda.

Así fue como tuve que recurrir a Ravanal, un paciente con TBC pulmonar en fase bisemanal y BK (-), ex convicto conocido en el hampa por múltiples delitos, entre otros, la muerte por arma blanca de dos personas en una riña pasional en el centro de Villa Alemana. Le hablé de lo difícil que era manejar a este paciente y él me dijo que lo había observado todo, que lo sentía y que podría ayudar. "¿Me podrías ayudar?" − le pregunté− "Sí, ¿quiere que lo mate?"− me respondió− "¡Cómo se te ocurre eso!" −le dije −"Entonces, quiere que le pegue?" −me respondió−"¡Tampoco! no es la idea"− "Entonces, dígame ¿qué quiere que le haga?"− me preguntó nuevamente −"Sólo una amenaza y nada más" le indiqué.

Al día siguiente de la conversación, Ravanal presenció la conducta ya repetitiva del muchacho, ingresó a la sala de los pacientes aislados en la cohorte (+), lo tomó del cuello y lo elevó en el aire, sacó su cuchillo de 35 cm y afirmándola en el cuello le advirtió que desde ese momento debía portarse bien, tomarse sus medicinas y colaborar con el personal de salud.

Desde ese día aquel muchacho se convirtió en un ciudadano ejemplar, completó su tratamiento, los controles, colaboró con los otros pacientes, con los funcionarios, devolvió cada elemento obtenido indebidamente, barrió diariamente los pasillos y hasta hermoseó el deslucido jardín de aquel viejo sanatorio de tuberculosis.