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Revista chilena de infectología

versión impresa ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. v.26 n.5 Santiago oct. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182009000600017 

Rev Chil Infect 2009; 26 (5): 476-477

CARTA AL EDITOR

 

Moisés Maimónides, "medico de príncipes, príncipe de los médicos"

 

Sr. Editor

Tuve la suerte de recibir un ejemplar de su prestigiosa revista, en donde me encontré con un interesante artículo sobre Moisés Maimónides, (Rev Chil Infect 2009; 26 (4): 370-3), personaje que por variadas razones, tiene un eco especial en mí. Primero como, Director y rabino de un colegio en Santiago, que lleva su nombre, Maimónides School. Además, porque tuve la oportunidad de preparar y exponer un ensayo sobre sus enseñanzas, en la escuela de Derecho de la Universidad de Chile en donde soy profesor de "Derecho Judaico", y finalmente, como devoto estudiante de sus magníficas enseñanzas.

Me gustaría agregar dos alcances al excelente escrito del Dr. Jaime Cerda, que creo enriquecerá la lectura que podemos tener de la obra de Maimónides. En su artículo, el Dr. Cerda se refiere a Mshne Tora, como "su obra maestra teológica, consistente en una síntesis y organización sistemática de la ley bíblica y rabínica, también conocida como Código de Maimónides. Finalmente, en 1190 acaba su obra maestra filosófica, titulada "Guía de los Perplejos".... "tuvo confianza plena en la razón, no como un recurso infalible de análisis, pero sí como el único instrumento del cual disponemos para nuestra insaciable búsqueda de la verdad de Dios y de las cosas".

Para poder apreciar profundamente la mirada de Maimónides, es importante destacar que la Mshne Tora no se trata de una obra teológica, sino de una legal, aspecto que es clave para entender lo que era para él, la Razón. El hincapié que Maimónides hace en el elemento racio-nal, no tiene que ver con la anulación de la dimensión teo-céntrica del Universo, sino con poner cada cosa en el lugar que le corresponde. Él insiste en la supremacía de lo que conocemos como "Jojma": la razón por sobre el "ratzón", voluntad.

El hombre no se ve sometido al azar del Ser Supremo, de hecho los mandamientos contenidos en la Ley de Moisés, tienen todos una razón de ser y no son obligaciones impuestas porque sí a la voluntad humana, tal como él lo explica en extenso en la tercera sección de la Guía de los Perplejos.

La legalidad en el judaismo -como lo enseño a mis alumnos de Derecho- es parte de la religión, no un capítulo aparte, que puede ser leído independientemente de ésta. La Mshne Tora, se constituye así en base fundamental de las posteriores obras de Maimónides, tanto las de corte filosófico como las de índole médico.

 

Rabbi Avi Horowitz
Maimónides School Director
ahorowitz@maimonides.cl

 


 

Sr. Editor:

En relación al excelente artículo sobre Moisés Maimónides, médico de príncipes, príncipe de los médicos, del Dr. Jaime Cerda, (Rev Chil Infect 2009; 26 (4): 370-3), quisiera señalar lo siguiente:

Es interesante acotar que es muy poco conocida su magnífica obra y su legado universal, tanto al interior del cuerpo médico en particular, como en el ambiente universitario en general, por lo que el aporte del Dr. Cerda, al publicar el citado artículo en esta prestigiosa revista médica, repara en gran medida este déficit y me estimula a efectuar un modesto aporte.

Quisiera declarar que a pesar de ser descendiente de judíos sefaraditas, no sabía de Maimónides hasta que ingresé a la escuela de medicina de la Universidad de Concepción; entrando, por primera vez como alumno del primer año de la carrera, al auditorio del Instituto de Anatomía, tuve la grata sorpresa de encontrarme, en un sencillo enmarcado al lado de la puerta principal con el "Juramento Médico de Maimónides", declaración que me dejó muy gratamente impresionado por su belleza y por su espíritu de entrega, el que me estimuló a indagar en la vida de este increíble Rabino, Médico, Filósofo, matemático y astrólogo del siglo XII.

El Juramento Médico de Maimónides es una declaración de principios y de definición del quehacer médico, umversalmente aceptado como lo más cercano al ideal de esta maravillosa profesión. En varias universidades, de diferentes partes del mundo, y en todas las de Israel, los médicos egresados, hacen su juramento profesional con éste, en reemplazo del tradicional Juramento de Hipócrates, y dice:

''Ahora me dispongo a cumplir la tarea de mi profesión. Asísteme, Todopoderoso, para que tenga éxito en esta gran empresa. Que siempre me inspire el amor a la ciencia y a sus criaturas. Que en mi afán no se mezcle la ansiedad de dinero y el anhelo de gloria o fama, pues estos son enemigos de la verdad y del amor al hombre, y me podrían también llevar a errar en mi tarea de hacer el bien a mis semejantes. Conserva las fuerzas de mi cuerpo y de mi alma para que siempre y sin desmayo este dispuesto a auxiliar y asistir al rico y al pobre, al bueno y al malo, al enemigo y al amigo. En el que sufre, hazme ver solamente al hombre existente y palpe lo escondido e invisible. Que yo no descienda y entienda mal lo visible y que tampoco me envanezca, porque entonces podría ver lo que en verdad no existe. Haz que mi espíritu esté siempre alerta, que junto a la cama del enfermo ninguna cosa extraña turbe mi atención, que nada me altere durante los trabajos silenciosos. Que mis pacientes confien en mí y en mi arte; que obedezcan mis prescripciones e indicaciones. Arroja de su lecho a todos los curanderos y la multitud de parientes aconsejadores y sabios enfermos, porque se trata de personas crueles que con su palabrerío anulan los mejores propósitos de la ciencia y a menudo traen la muerte a tus criaturas. Cuando médicos más inteligentes y sabios quieran aconsejarme, perfeccionarme y enseñarme, haz que mi espíritu les agradezca y obedezca, pero cuando tontos pretenciosos me acusen, haz que el amor fortifique plenamente mi espíritu para que con obstinación sirva a la verdad sin atender a los años, a la gloria y la fama, porque el hacer concesiones traería perjuicio

a tus criaturas. Que mi espíritu sea benigno y suave cuando camaradas más viejos, haciendo mérito a su mayor edad, me desplacen y befen, ofendiéndome, me hagan mejor. Haz que también esto se convierta en mi beneficio, para que conozca algo que no sé, pero que no me hiera su engreimiento: son viejos y la vejez no es un freno para las pasiones.

Hazme humilde en todo, pero no en el gran arte. No dejes despertar en mí el pensamiento de que ya sé lo suficiente, sino dame fuerza, tiempo y voluntad para ensanchar siempre mis conocimientos y adquirir otros nuevos. La ciencia es grande y la inteligencia del hombre cada vez cava más hondo'''

 

Jacob Cohen V.
Facultad de Medicina Universidad de Chile
Hospital Luis Calvo Mackenna-
Clínica Las Condes
Jcohen@clc.cl