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Revista chilena de infectología

versión impresa ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. v.25 n.4 Santiago ago. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182008000400013 

Rev Chil Infect 2008; 25 (4): 307

Carta al Editor

 


Apreciado Sr. Editor; he leído con interés el comentario "Epidemiología y laboratorio: una visión diferente de la salud pública en Chile " de mis respetados colegas Julio García M e Ingrid Heitmann G.. Rev Chile Infect 2008; 25 (3): 171-4. Según los autores del artículo, este sería una respuesta a mi comentario "Epidemiología y laboratorios; El eslabón perdido en los planes para estudiar y prevenir la enfermedad infecciosa en Chile " Rev Chil Infect 2008; 25 (1): 14-6. En primer lugar, quisiera aclarar que al escribir mi comentario, en ningún momento pensé menoscabar los logros de la salud pública chilena respecto al control de las enfermedades infecciosas en el país o en atacar a individuos o instituciones encargadas de estos problemas. Pido disculpas si mi comentario ha sido interpretado de esta forma equivocada. Mi objetivo fue llamar la atención acerca de algunos problemas de salud pública emergentes en Chile manifestados por una importante morbilidad y cuya persistencia, al parecer, indica que no están siendo tratados de una manera adecuada y con los métodos más apropiados para ello. Agradezco a los Dr. García y Heitmann su respuesta a mi articulo ya que soy un convencido que la discusión y el diálogo público son la única forma de informar a la comunidad científica de estos problemas, al público que los sufre muchas veces en silencio, y a las autoridades que distribuyen los recursos necesarios para financiar los programas encargados de su control. Además soy de la opinión que este tipo de debate se inscribe dentro de los conceptos del juramento Hipocrático que dice "Prometo que mi conocimiento médico será usado para beneficiar la salud de la comunidad. Ellos son mi preocupación primaria" y que continua diciendo "haré todo el esfuerzo necesario para que los derechos de los pacientes sean respetados, especialmente los de aquellos grupos vulnerables que tienen limitaciones para hacerse oír respecto de sus necesidades." y "aseguraré también que mi juicio profesional sea independiente y libre de influencias políticas." Creo que los lectores de la Revista, al leer los dos comentarios y percibir la realidad chilena en su trabajo diario, pueden obtener sus propias conclusiones al respecto y no es mi objetivo influenciarlos respondiendo a cada uno de los juicios de mis apreciados colegas doctores García y Heitmann.

Sin embargo, quisiera señalar que, a mi modo de ver, la epidemiología de las enfermedades infecciosas tiene dos aspectos complementarios. El primero es el descriptivo que incluye el estudio de la aparición, de las características y de la evolución de las enfermedades producidas por agentes vivos en una comunidad. El segundo aspecto de esta epidemiología, y según mi parecer, el más importante, es el dirigido a la búsqueda de las causas de estos fenómenos biológicos y sociales y a la modificación de estas causas para evitar su reaparición con sus prevenibles secuelas de mortalidad y morbilidad. Creo que el comentario de los Drs. García y Heitmann ilustra muy bien que en Chile se lleva a cabo, relativamente bien, la primera parte de esta ecuación pero soy de la opinión que la realidad indica que la segunda parte de ella es aún desgraciadamente de ejecución débil en el país y que ella debiera ser urgentemente fortificada para prevenir problemas mayores como resultado de la globalización y el cambio climático. Por ejemplo, que desde el año 2005 se haya producido en Chile una epidemia con aproximadamente 3.500 casos de meningitis virales y que, después de tres años, aún desconozcamos los vehículos y los mecanismos de diseminación de estos virus en la población infantil, indudablemente que es una falencia epidemiológica grave que afecta negativamente el bienestar de una población vulnerable como es la infantil. La ausencia de este conocimiento impedirá la prevención de ocurrencias futuras de estos problemas y la aparición potencial de nuevos miles de casos de la enfermedad, con el costo humano y económico que esto conlleva. Una situación similar se observa con Vibrio parahaemoly-ticus en que los esfuerzos del sistema de salud pública han fracasado en los últimos cinco años en evitar la repetición de las epidemias estivales más grandes descritas en el mundo por este patógeno y que solamente en tres meses del año 2008 produjera 3.643 casos, epidemias que incluso han traído muertes. A pesar de esto, existe acerca de Vibrio en Chile un desconocimiento casi total de su ecología a lo largo del litoral y de los vehículos y de los factores y mecanismos más importantes en su transmisión a la población humana.

Al investigar el cólera en Londres, John Snow describió la aparición de la enfermedad en la población con gran detalle y precisión geográfica y estadística y esto le permitió ubicar la fuente de la infección por cólera en la bomba de agua de calle Broad. Sin embargo, lo que le permitió evitar la continuación de la epidemia de cólera en Londres fue cerrar dicha bomba y eliminar su uso por la población en la obtención de agua de bebida. En Chile, a mi modesto modo de ver, los métodos para lidiar con varias enfermedades infecciosas, especialmente las emergentes, deberían incorporar la filosofía y la práctica de diagnóstico causal y prevención ya diseñada en las acciones de John Snow en el siglo XIX, para evitar cargar a la población y a los servicios de salud con innecesaria morbilidad y mortalidad. Este modesto objetivo fue el estimulo para mi comentario, creo que la minimización de estos serios problemas afecta negativamente su rápida solución y, en general, aflige innecesariamente a las poblaciones más vulnerables. Parafraseando al Presidente Allende que cuando era un joven Ministro de Salud de 31 años, el año 1939 escribió en "La Realidad Médico Social Chilena", creo que "Estamos muy distantes de aquellos días en que se consideraba impolítico y antipatriótico mostrar a los conciudadanos la verdad descarnada de los hechos. Ni tal debiera ser el pensamiento que hoy informa la mentalidad pública, ni hay otra manera de conocer y examinar las realidades biológicas de un pueblo. En materias como estas, no pueden haber subterfugios ni simulaciones".

 

Felipe Cabello C.
Department of Mcrobiology and Immunology
New York Medical College
Correspondencia: cabello@nymc.edu