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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.77 n.1 Santiago feb. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062006000100001 

Rev Chil Pediatr 77 (1); 9-11, 2006

EDITORIAL

 

Nuevos enfoques en la Educación Superior

 

Colomba Norero V.1

1. Vicedecana Facultad de Medicina. Universidad de Chile. Miembro Academia de Medicina. Instituto de Chile.


En la sociedad occidental el conocimiento es el bien más preciado. La experiencia ha demostrado que las inversiones que se hacen en educación son las de mayor rendimiento para que un país salga de su condición de "en vías de desarrollo" y se integre plenamente en el concierto internacional.

Chile ha hecho grandes esfuerzos para mejorar la calidad de la educación brindada desde la etapa preescolar hasta la universitaria, tendiendo a hacer efectivo además, el elemento equidad como un objetivo insoslayable.

Uno de los resultados de esta política educativa ha sido el aumento de jóvenes que aspiran a ingresar, mayoritariamente, a las universidades chilenas. Como efectos secundarios de ello, estamos viviendo el problema del crédito universitario, la explosión de nuevas instituciones de Educación Superior y la necesidad de acreditar la calidad de carreras e instituciones para resguardar la fe pública en nuestro sistema educativo.

En relación a Educación Superior recordemos que la tendencia europea, planteada desde la Declaración de Bologna en 1988 es establecer un sistema de créditos homologables en los distintos países que conforman la Unión Europea, lo que permite la movilidad estudiantil y la homogeneización del conocimiento y promover un acortamiento de los programas conducentes a título profesional y complementarlos con maestrías. Hay varias fórmulas en estudio, sin existir aún, una evaluación definitiva de estas nuevas tendencias, pero en todas ellas se cautela la calidad de los estudios y la adquisición en cada profesión de competencias relevantes y pertinentes.

En Chile, el Ministerio de Educación ha hecho público su planteamiento de acortar las carreras de pregrado, unido a las demás condiciones de reforma de la educación superior, poniendo el tema en el tapete de discusión.

Respecto a la duración de los estudios las primeras preguntas que cabe hacerse son:

¿Es deseable tal acortamiento?

¿Estaríamos en condiciones de llevarlo a cabo en un plazo corto?

Para contestar la primera pregunta debemos analizar distintas situaciones que, en su conjunto, hacen responder que ese acortamiento pudiera ser posible y favorable desde un punto de vista teórico.

Es evidente que las metodologías docentes han sufrido un notable cambio. Con la incorporación de la informática se logra proporcionar información reproducible y accesible en plazos menores. Más aun, las recientes noticias sobre la posibilidad de tener computadores a bajísimo precio, transportables y que pueden funcionar sin red eléctrica abren expectativas insospechadas en la adquisición de información.

Esto no quita que el componente de formación en hábitos y destrezas profesionales deba continuar siendo realizado directamente de maestro a alumno, especialmente en carreras como Medicina en que la práctica es una parte fundamental del conocimiento integral que debe tener el equipo de salud.

La inmensidad de información reciente con que se cuenta en todas las carreras hace imprescindible la revisión sistemática de lo que deben ser los contenidos permanentes de ellas, los que deben ser entregados en el pregrado como un núcleo basal. Sin embargo, la diversidad de competencias necesarias para una adecuada práctica profesional obligan a la realización de programas complementarios (de postítulo o postgrado) que orienten los estudios y prácticas al desarrollo de temas muy diversos dentro de una misma profesión, lo que indudablemente contribuye a la fragmentación del conocimiento y a su excesiva tecnificación.

Se agrega a esto que en el curso de la vida profesional actual, cada vez más a menudo se producen modificaciones de los intereses de las personas, nuevas inquietudes intelectuales, que hacen que las fronteras entre una y otra actividad se desdibujen, debiéndose modificar el perfil ante estas nuevas necesidades que comprenden, entre otras, el tema de la globalización y la movilización de los profesionales.

El cambio de actividades en el curso de la vida laboral va a ser cada vez más frecuente, lo que sin duda es estimulante y proyecta terrenos insospechados en cuanto a la integración de temas, pero eso requiere como primera condición, una calidad garantizada en la formación básica y programas de educación continuada a lo largo de la vida profesional.

Sin duda que este es un aspecto que justifica reducir los contenidos de información en el pregrado, los que deben actualizarse mediante una formación continua en el postítulo de la profesión inicial o programas que permitan flexibilidad en la adquisición de nuevas variantes formativas.

Con estos planteamientos es posible que muchas de las actuales carreras de pregrado puedan ser acortadas después de efectuar un estudio sistematizado de los perfiles profesionales requeridos.

El acortamiento de las carreras en el pregrado tiene una ventaja económica para los alumnos, su grupo familiar y para el Estado. No debiera afectar económicamente a las Instituciones de Educación Superior que verían compensado este menor ingreso por aranceles en el pregrado con una mayor diversidad de programas y alumnos en el postítulo.

En relación a la segunda interrogante: ¿Estamos en condiciones en Chile de realizar este acortamiento de carreras en el corto plazo?

Creo que aquí el problema deja de ser conceptual y tiene una magnitud práctica que pasa principalmente por el binomio involucrado en la docencia: el alumno y el docente.

En cuanto al alumno: Ya hemos señalado que en Chile ha aumentado el número de alumnos que acceden a la Educación Superior. Un alto porcentaje de éstos pertenecen a familias emergentes (aquellas en las cuales es el primer miembro que ingresa a la universidad). Ambos índices hablan muy bien del cumplimiento del logro de equidad en los planes del Ministerio de Educación.

Pero el otro gran objetivo que se fijó el Ministerio no ha logrado alcanzarse. Me refiero a la calidad.

Estamos conscientes que existe una gran desigualdad en la preparación de los alumnos de los diferentes niveles sociales, pero nuestro rendimiento en pruebas internacionales está por debajo de la media aun en los alumnos provenientes de los colegios con mejor situación económica.

La calidad de los ingresados a la instituciones de enseñanza superior obliga a efectuar verdaderos preuniversitarios en los primeros años, para compensar los déficit formativos. Sin los conocimientos básicos, sin dominio de idiomas, todo se hace difícil, tanto para el alumno como para los docentes universitarios.

En cuanto a los docentes:

La regular calidad de los ingresados a los establecimientos de Educación Superior se debe, en parte, al grado de preparación de los docentes de la enseñanza básica y media, en su pérdida de mística, en su falta de expectativas lo que incluye el aspecto remuneraciones, condiciones laborales, respeto de la sociedad ante su labor, crisis generacional más fuerte que en décadas pasadas. Reconozco los esfuerzos que se han hecho para revertir estos aspectos, pero todos los procesos educativos son de lenta resolución y se debe tener persistencia y fe en la mantención de planes y programas para lograr concretarlos. Superar esta condición es un imperativo que precede la adopción de medidas más revolucionarias en el nivel superior.

Entre tanto debemos recibir, en las universidades e institutos profesionales, alumnos con grandes carencias formativas y sin adecuados hábitos de estudio.

Los docentes universitarios son, en alto porcentaje, profesionales destacados en su ejercicio, lo que no asegura su calidad docente. Pocos han realizado cursos de especialización en metodologías docentes más efectivas y se suple con buena voluntad y experiencia, aspectos que indudablemente requieren de una profesionalización.

Por lo demás, los docentes universitarios, sufren igualmente de malos sueldos y son requeridos para efectuar, además de la docencia, otras labores académicas como investigación y extensión, sin perjuicio del ejercicio de su propia profesión.

El recambio generacional de los docentes, al menos en las universidades tradicionales, tiene un ritmo muy lento y es evidente la dificultad que tiene un buen porcentaje, en incorporar nuevas metodologías. Existe así, una pérdida del encantamiento necesario para hacer de la docencia una aventura exitosa para emprender nuevos caminos de enseñanza.

Siendo así las cosas, parece difícil llevar a cabo en el corto plazo una revolución conceptual como la planteada. Pienso que tenemos por delante un áspero y largo camino por recorrer que se debe iniciar con mayor reforzamiento de la educación primaria y secundaria. Necesitamos alumnos que sepan pensar, que sean activos, estimulantes, bien formados en los aspectos básicos, cultos, abiertos al mundo de las ideas, con buen dominio de idiomas. Sólo así podemos pensar en acortar carreras, en relación a pre y postgrado.

He dejado para el final, el aspecto más preocupante a mi modo de ver porque incluso aún solucionados los puntos señalados, debe primar la cautela sobre el sentido de la formación universitaria.

Esta utilitarismo formativo de producir profesionales eficientes con rapidez y competencias prácticas concretas puede conducir a un divorcio más acentuado entre la variante científica y humanista que el ya existente.

La universidad no sólo debe ser el lugar donde se adquiera una profesión. Debe ser un espacio de vida donde se abra la mente a todo tipo de conocimientos. Debe ser el sitio donde se nos forje intelectualmente y donde se nos estimule a ser inquietos, a mirar el mundo con asombro y creatividad, y se nos ayude a entender que nuestra verdad y nuestra manera de ver las cosas, es una entre otras igualmente razonables y que merecen respeto. Así se cumple realmente la misión universitaria.