SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.76 número2Consideraciones sope genoma humano y terapia génica índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.76 n.2 Santiago abr. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062005000200001 

 

Rev Chil Pediatr 76 (2); 129-131, 2005

EDITORIAL

 

(Buen) humor y pediatría

Sergio Zúñiga R.1

1. Jefe Sección Cirugía Pediátrica. Facultad Medicina Pontificia Universidad Católica de Chile.


Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

Pablo Neruda
"Los versos del capitán"

Para aquellos cuyo cotidiano objetivo de trabajo son los niños enfermos y más aún, tienen responsabilidades en la formación de futuros médicos y especialistas en pediatría, me parece de trascendental importancia el considerar un asunto que sin lugar a dudas ayudaría a mejorar la tan manoseada y -hoy en día- cada vez más deteriorada relación médico-paciente: nuestro sentido del humor o más bien, nuestro (buen) humor en el contacto con nuestros pequeños pacientes y sus familiares.

¿Qué entendemos por humor o en este caso "buen humor"

Es algo más fácil de comprender que de definir. Desde que Hipócrates "inventó oficialmente" la teoría de los humores hasta nuestros días, pocos términos han sido tan propicios al caos, tan laboriosamente malentendidos. Incluso autores famosos como G. K. Chesterton, quisieron soslayarlo alegando que intentar definir el humor demostraba una "falta de humor".

Equívocos pertinaces mantienen la confusión. Uno es confundir humor o "buen humor" con humorismo y la práctica tan común de conectarlo con la risa causada por el chiste fácil o el ridículo de otra persona. El otro, el suponer que el humorismo es sólo algo así como un género literario o teatral.

El humor es una condición del espíritu que sólo atañe a la especie humana y por ende, de la que carecen los animales. No hay nada cómico fuera de lo puramente humano y no es que el hompe sea "el único ser que sabe reírse sino el único que hace reír" (Henri Bergson en "La Risa"). Existen animales cómicos pero es porque remedan algún gesto humano. En ese caso el animal sirve como caricatura del hompe. Para el filósofo francés, el efecto cómico se logra por la exageración, la sorpresa, la repetición, la rigidez. Nos hace reír lo ingenioso y lo absurdo, siempre refiriéndonos a situaciones humanas.

Los ingredientes del humor florecen en plenitud cuando una persona ha conquistado o se halla próxima a conquistar una relación pacífica consigo misma. Martín Grotjahn refiere que el humor y la sonrisa se perfeccionan e integran en los estadios finales del desarrollo humano, cuando se ha acumulado humanidad e indulgencia con lo que somos y con todo lo que nos rodea.

Así entonces, el humor es cosa muy seria. Tan seria, que su relación con la salud es estrechísima. Todos sabemos que el "estar de mal humor" no es bueno para la salud, y que el "buen humor" es sinónimo de vivir sanamente las circunstancias de la vida, incluso las más adversas. En la sabiduría popular china, un adagio dice, "para estar sano, hay que reírse al menos treinta veces al día".

La sonrisa, la risa, están presentes en el rostro humano aproximadamente desde los cuatro meses de vida. A medida que la edad aumenta y las habilidades humanas se perfeccionan, la capacidad de reír va disminuyendo. Parece irónico, pero mientras un niño de seis años ríe unas 400 veces al día, el adulto más divertido lo hace sólo unas cien veces. La mayor parte de las personas apenas ríe unas 15 veces por día.

Hace algo más de un año, la Dra. Colomba Norero, en esta misma tribuna, en un editorial sope "Humanismo y Medicina", hacía notar, que en el siglo XXI, "la medicina contemporánea ha presumido de ser una medicina científica, lo que en nuestra cultura occidental ha significado reverenciar lo objetivo, lo técnico, y a menospreciar lo subjetivo, privilegiándose de esa manera las soluciones pillantes desde el punto de vista de la ciencia, y olvidándose de la humanidad que debe rodear los actos médicos". Y en otro párrafo agregaba "es una difícil tarea, en un mundo tan técnico, tan materializado, el dar una proyección humanista a la enseñanza de la medicina chilena". En una modesta opinión, creo que una actitud concreta en esta tarea de humanizar la enseñanza puede ser, el estimular en nuestros educandos actitudes tan sencillas como el "buen humor", el trato deferente y alegre hacia nuestros pequeños pacientes. La mayoría de estas actitudes se adquieren por imitación de los docentes y por lo demás, ayudan a mejorar la comunicación.

Sin duda, muchos recuerdan sus primeras citas con el doctor. Recordamos la actitud del facultativo y su modo cordial, afectuoso, alegre, afable. La manera como se relacionó con nosotros y con nuestros padres ha dejado una marca indeleble aunque haya sido a una temprana edad o haya ya pasado mucho tiempo. La situación contraria obviamente nos ha dejado un recuerdo traumático y también inolvidable.

Ahora bien, la pediatría tiene, en fortuna, características que hacen su práctica comparativamente "ventajosa" en relación a otras especialidades de la medicina. Gapiel García Márquez en su novela, "El amor en tiempos del cólera", muy bien lo expresa a través de la reflexión de uno de los protagonistas: "su maestro de clínica infantil de La Salpetriere le había aconsejado la pediatría como la especialidad más honesta, porque los niños sólo se enferman cuando en realidad están enfermos, y no pueden comunicarse con el médico con palapas convencionales sino con síntomas concretos de enfermedades reales. Los adultos, en cambio, a partir de cierta edad, o bien tenían los síntomas sin las enfermedades, o algo peor: enfermedades graves con síntomas de otras inofensivas". Esto implica que el quehacer clínico pediátrico, se realiza "en directo", buscando lisa y llanamente, el signo o el síntoma, sin tanta suspicacia, como ocurre en la entrevista con los adultos. En nuestra experiencia personal, esto pareciera ser más sencillo de realizar con amabilidad, con alegría, con "buen humor".

Claro que con los niños tampoco esto es difícil. Los pequeños son productores "naturales" de humor, ya que no tienen "maldad" y todo en ellos es fresco, vivo y espontáneo en contraposición a los adultos de convicciones a veces tan retorcidas y rancias. La niñez es esencialmente adaptable y alegre. Situaciones dolorosas, complicadas, y aburridas son convertidas por los pequeños en placenteras y llenas de sonrisas. De mi época de residente de cirugía, tengo el recuerdo de Manuel, niño muy pope, de unos diez años que había sufrido una lesión pélvica grave que le causó una estenosis de la vía urinaria baja, al ser atropellado en la carretera adyacente al hospital. Luego de meses de prolongada internación y de múltiples intervenciones quirúrgicas, el pequeño superó felizmente su dificultad y estuvo en condiciones de retornar a su hogar. En ese momento ocurrió el problema ya que Manuel no quiso abandonar el hospital. Hasta ese instante, en su corta existencia, sólo en muy escasas oportunidades había tenido cama con sábanas, exclusivamente para él y alimentos a sus horas. La satisfacción de esas "pequeñas" necesidades básicas le ocasionaba regocijo y alegría que obviamente no quería perder.

El pintor Pablo Picasso acudió en una oportunidad a una escuela infantil para visitar una exposición de dibujos. Al salir, comentó ¡Cómo me gustaría saber pintar como estos niños! Es claro que el maestro cubista echaba de menos la osadía y alegría de las pinturas infantiles que acababa de admirar, virtudes, que notaba que iba perdiendo con el paso del tiempo.

Ahora, ¿cómo ser más eficaces en transferir esta actitud de humor, de "buen humor" a los jóvenes?. Tal vez la cosa, antes de continuar "teorizando", comience por revisar nuestra propia actitud, nuestra conducta, nuestro modo de ser con los demás. Quizás sea necesario "hacernos verdadera y sinceramente" cada vez más como niños, tal como nos dice el evangelio, aunque los niños de hoy se vayan "haciendo" adultos cada vez más precozmente por culpa nuestra y por el mundo que les estamos dejando: una sociedad cargada de violencia y realidades agobiantes, por la competencia, la vulgaridad, el materialismo, la "comercialización" a ultranza expresada incluso, en los juegos infantiles, en "videojuegos" y entonces, antes de que sea muy tarde, nuestro rol vaya realmente en un sentido de "humanizar la vida", "humanizar nuestra vida" antes de humanizar la enseñanza de la medicina o de la pediatría.

"Las cosas por sabidas se callan y por calladas se olvidan".

 

REFERENCIAS

1.- Bergson H: La risa. Madrid: Espasa Calpe, 1973.

2.- Grotjahn M: Beyond Laughter. New Cork: McGraw-Hill, 1957.

3.- Norero C: Humanismo y Medicina (Editorial). Rev Chil Pediatr 2003; 74: 253-5.

4.- García Márquez G: El amor en tiempos del cólera. Buenos Aires Ed. Sudamericana, 1985.