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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.73 n.5 Santiago sep. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062002000500001 

EDITORIAL

Rev. Chil. Pediatr. 73 (5); 451-454, 2002

Comienzos de la pediatría en el antiguo Hospital
San Juan de Dios de Santiago:
El doctor Francisco Javier Tocornal (1815-1885)

Sergio Zúñiga R.1

" Es conveniente volver de cuando en cuando una larga mirada hacia la profunda alameda del pasado: en ella aprendemos los verdaderos valores–no en el mercado del día."
José Ortega y Gasset.

" La profesión de la medicina es mal mirada en Chile, como sucede en España; sin embargo, los esfuerzos para acreditarla delante de la sociedad han tenido bastante buen resultado. En el año 1826, el doctor don Guillermo Blest, un médico irlandés, publicó en Santiago un folleto en inglés titulado: Observaciones sobre el estado actual de la medicina en Chile, en el que se atribuye el menosprecio de la profesión a la falta de educación de los que la ejercen, a la falta de un sistema adecuado para enseñar la medicina y al poco honorario con que se pagan sus servicios. Algunos de los médicos en Santiago son mulatos. En los últimos dos o tres años se ha organizado una Junta de Examinadores, la que, sin tomar en cuenta títulos y certificados de las universidades, examina al candidato a practicante de medicina, en latín, castellano y en los diferentes ramos de la ciencia médica, lo que hacen del modo más estricto. Esta Junta se compone principalmente de médicos europeos que han estado establecidos largos años en el país. Para impedir que practiquen los que no hayan recibido la licencia de la Junta, se les prohibe a los farmacéuticos, bajo pena de ser castigados, componer sus recetas. Los farmacéuticos tienen que estudiar farmacología y química durante tres años y rendir un examen práctico, antes de que se les permita abrir su botica. De este modo se ha puesto término al charlatanismo, y la medicina está obteniendo el puesto que le corresponde en la estimación de la gente" .


El párrafo anterior ha sido extraído del libro " Noticias de Chile" (1831-1832) de William S.W. Ruschenberger1, médico y oficial de marina de los EE.UU., quien realizó estas y otras observaciones en dos viajes al Pacífico Sur, inicialmente en 1827 ó 1828, como segundo cirujano del Brandywine y luego a bordo del Falmouth entre 1831 y 1834.

Ruschenberger continua relatando " comenzaban ya entonces las principales familias a educar sus hijos con la intención de que se dedicaran a la medicina. Los médicos recibían un honorario de cuatro reales por visita, y por visitas que eran frecuentes, cuatro pesos. Uno o dos médicos que tenían gran clientela usaban faltriqueras de cuero, porque la forma angular de las monedas de plata luego les agujereaba las que eran hechas de tela. Los clientes eran generosos con los médicos que los atendían. A uno le regalaron un par de caballos y a otro doscientos pesos1" .

Entre 1820 y 1821, había en Santiago dos o tres señores realmente profesionales y otros tantos boticarios. El médico hacía sus visitas a caballo y todavía se le llamaba " sangrador" . En el anca de su animal llevaba una pequeña escribanía donde redactaba las recetas y una bolsa o cajoncillo delante de la montura donde llevaba los medicamentos más urgentes del momento y los más elementales instrumentos de cirugía para una operación inmediata. Vestía de rigurosa etiqueta: frac, calzón corto, medias de seda, zapatillas con hebillas, corbatín de seda, camisa de hilo, elegancia muy pasada de moda y muy ajada. En las casas no se le consideraba y se le trataba con menos atención que a un artesano2.

Era esa la realidad médica en los albores del Chile republicano. Según Cruz-Coke3, en 1810, al llegar la Independencia, la Universidad de San Felipe había graduado sólo a siete médicos (cuatro doctores y tres bachilleres en medicina), de un total de 38 alumnos matriculados a lo largo de 50 años (1758-1810), lo que representa un 82% de “mortalidad” académica acumulada. Como culminación, la formación de estos médicos latinos era muy deficiente en anatomía y no tenían conocimientos básicos de química y física, asignaturas que no entraban en los planes de estudio3.


Los esfuerzos del gobierno patriota estuvieron encaminados a corregir prontamente esta situación. En 1819, se reorganizan las clases de medicina en el Instituto Nacional, pero sin interesados en la profesión. Al transcurrir los años y, con objeto de entusiasmar a posibles candidatos, se llega a ofrecer en 1826, nuevamente sin éxito, ocho becas "en el colegio dedicadas a mantener gratuitamente a otros tantos jóvenes que quieran dedicarse a este ramo científico, con tal que sean de distinguido talento...4"

La situación se mantuvo, haciendo crisis en la década de 1830. En 1831, durante el gobierno interino de Fernando Errázuriz, y antes de asumir José Joaquín Prieto, una grave epidemia de escarlatina se extendió desde Valparaíso a Santiago, cobrando un gran número de víctimas. En Santiago sólo había 9 facultativos y 4 en Valparaíso5. Los habitantes de Santiago eran aproximadamente 67 mil personas5 y los de Valparaíso, sobre 20.0006. Por decreto de Errázuriz, los médicos debían atender obligatoriamente a todos los enfermos y, con honorarios muy bajos, de sólo 4 reales en el día y un peso en la noche. Los indigentes tenían que ser atendidos gratuitamente. Sí los facultativos se negaban a trabajar, debían pagar multas altísimas5. Estos controles y los bajos aranceles provocaron la protesta médica, la que a su vez fue una de las causales de la creación, en 1832, de la Junta Central de Beneficencia y Salud Pública, la cual resolvió sobre una serie de problemas sanitarios, volviendo a insistir en la puesta en marcha de la Escuela de Medicina en el Instituto Nacional. Pero, al carecerse de estudiantes, el intento nuevamente se frustró3.

Ante este nuevo fracaso, el ministro del interior del presidente Prieto, don Joaquín Tocornal, dictó el 19 de marzo de 1833, el decreto supremo por el cual el gobierno abría directamente un curso de Ciencias Médicas en el Instituto Nacional, con una duración de seis años. Este intento finalmente tuvo éxito, "porque contó con una pléyade de estudiantes dispuestos a llegar a ser médicos3". Diego Aranda, Luis Ballester, Juan de la Cruz Carmona, Manuel Antonio Carmona, Juan Mackenna, Francisco Rodríguez, Enrique Salmón, Francisco Javier Tocornal, Martín Avello, Vicente Mesías y Bartolomé Morán estaban incluidos en la nómina. Algunos de ellos, como Mackenna, Tocornal, Ballester y Morán pertenecían a destacadas familias gobernantes. Solamente cuatro de ellos completaron el curso, Tocornal, Ballester, Mackenna y Rodríguez, graduándose el 6 de junio de 1842, en tanto que Avello, Mesías Salmón y Cruz Carmona fallecieron por infecciones contraidas durante los estudios3.

Es así que uno de los primeros médicos chilenos, que da rango social a la profesión -ya que él pertenecía a una conspicua familia- fue Francisco Javier Tocornal Grez.

Hijo de Doña Micaela Grez y Don Joaquín Tocornal, ministro del Interior y de Relaciones Exteriores del Presidente José Joaquín Prieto, Francisco Javier se inscribe en la carrera de Ciencias Médicas a instancias de su padre7, ya que, según Laval, el ministro Joaquín Tocornal había comprendido que "para el progreso de la medicina era necesario acentuar el ejercicio profesional con una sobria distinción colectiva que contribuyese a estimular a la juventud a seguir los estudios médicos"”. La presencia de Francisco Javier en la Escuela de Medicina en 1833, representaba exactamente esa sobria distinción con que su padre deseó rodear la profesión médica8.

Ese curso de 1833 tuvo una evolución accidentada, "ya que la escasez de personal docente fue suplida con la prolongación de los estudios cuya duración fue de casi 10 años7". Tocornal, antes de terminar sus estudios universitarios, fue designado Secretario de la Facultad de Medicina, el 21 de julio de 184311. Su familia ocupaba una elevada situación política y social; "familia numerosa, desparramada en puestos de una influencia muy considerable, y que le aseguraba de antemano una clientela distinguida9".

Dotado de inteligencia fácil, su consagración al estudio, los recursos de que podía disponer en sus trabajos, hacían que sus maestros y compañeros lo consideraran como una fundada esperanza de la Escuela9.

Orrego Luco en sus "Recuerdos de la Escuela"describe que era alto, delgado, con un aire de distinción y una corrección irreprochable en sus modales y su traje, con esas maneras ceremoniosas de los caballeros españoles de otro tiempo, esa etiqueta de un inalterable y vacío formulismo. Usaba patilla negra cortada a la española, la que servía de marco a su fisonomía fina. De facciones delicadas, en que se dejó ver desde temprano esa palidez demacrada que era un interesante defecto en aquel tiempo9.

El régimen de la enseñanza le permitió obtener su título profesional solamente en enero de 184411. De inmediato partió a Francia, siguiendo cursos, "para consolidar y ampliar sus conocimientos"en la Escuela de París, que atravesaba entonces por uno de sus períodos brillantes. A su regreso a Chile la Facultad de Medicina lo designó secretario perpetuo y en 1851, Decano, cargo para el cual fue reelegido dos años más tarde, manteniéndose como tal, hasta 18558.

Enrique Laval relata "que poseía una clara inteligencia, una permanente consagración al estudio, un corazón recto y bondadoso, modales plenos de distinción y su habla mansa y apacible que fluía palpitante y cálida, en fin, todo concurría en él para afianzarlo en una alta posición profesional, que siempre mantuvo con excepcional decoro no exento de cierto brillo8"”.

Continua Laval, "el doctor Tocornal que tanta preocupación manifestó siempre por estimular la publicación de trabajos científicos, trató en diversas oportunidades sobre las causas de las enfermedades más comunes entre nosotros. Naturalmente las vinculó al temperamento de la capital que es "variable"y a su altura: "la altura de Santiago sobre el nivel del mar es mayor que la de muchas capitales. Esta circunstancia junto con las atmosféricas, es decir, la diferencia notable entre la temperatura del día y la noche influyen de un modo manifiesto en la organización. El cutis experimenta alternativas frecuentes de aumento de función o suspensión, hasta el punto de ser la parte que más sufre de nuestro cuerpo".

El mismo doctor Tocornal, que tuvo tan dilatado ejercicio profesional preconizaba en la gripe8"las bebidas mucilaginosas solas o mezcladas con maná, los atemperantes, los pediluvios, la mixtura emetizada, los suaves laxantes, las sanguijuelas sobre la región precordial o sobre la epigástrica, los vejigatorios, las cataplasmas emolientes sobre estas mismas partes o sobre los puntos doloridos".

En otro trabajo pasa revista a los tratamientos estandarizados en el Hospital San Juan de Dios para la disentería, el reumatismo y la hipertrofia del corazón8.

En 1863 es designado profesor de Patología Interna por el gobierno manteniendo esa cátedra hasta 18714, fecha en que hubo un cambio de asignaturas en la Escuela. El doctor José Ramón Elguero, que hasta entonces era profesor de Enfermedades Mentales, se hizo cargo de la clase de Patología Interna. Tocornal profesó desde ese momento la enseñanza de la Pediatría e Higiene. Finalmente se concretaba cabalmente, el Decreto Supremo del 19 de marzo de 1833 que creaba la Escuela de Medicina, y que en cuyo currículum de seis años de duración incluía, en el sexto año la cátedra de "Enfermedades que tengan incidencia en niños". Esta cátedra, sin embargo, "tenía el carácter de accesoria y no se exigía a los alumnos rendición de pruebas10".

Por otra parte, el 6 de Julio de 1867, Tocornal tomó a su cargo la asistencia médica de los niños huérfanos de la casa de la Providencia. Luego, durante la devastadora epidemia de viruela de 1872 dirigió el Lazareto Santa Isabel, y en 1876, el intendente de Santiago, don Benjamín Vicuña Mackenna, le confió la presidencia del recién creado Consejo de Higiene Pública11.

Así, el doctor Tocornal desempeñó la docencia de pediatría en el Hospital San Juan de Dios hasta 1883, año en que jubiló. Luego, desde esa fecha, continuó a cargo de la que había sido su sala en el Hospital, la sala Purísima, hasta el día de su muerte acaecida el 23 de mayo de 1885.

Orrego Luco concluye9"en esa clase, relativamente secundaria, llegó Tocornal hasta los últimos años de su vida, envuelto en una atmósfera de consideración y respeto. Por un contraste, que se explica por sí solo, salió casi en silencio de la Escuela ese hombre que había hecho una entrada tan ruidosa.
Y luego ha desaparecido su memoria envuelta en un silencio oscuro y frío.... Cuando todo ha sido fácil en la vida, después también suele ser fácil el olvido".

REFERENCIAS

1. Ruschenberg William SW: Noticias de Chile (1831-1832). Editorial del Pacífico, Santiago, 1956.        [ Links ]

2. Feliú Cruz G: Santiago a comienzos del siglo XIX. Crónicas de los viajeros. Editorial Andrés Bello,Santiago, 1970.        [ Links ]

3. Cruz-Coke Madrid R: Historia de la medicina chilena. Editorial Andrés Bello, Santiago, 1995.        [ Links ]

4. Salas Olano E: Historia de la medicina en Chile. Imprenta Vicuña Mackenna, Santiago, 1894.        [ Links ]

5. Encina FA: Historia de Chile. Sociedad Editora Revista Ercilla Ltda., Santiago, 1984.        [ Links ]

6. Sáez Godoy L: Valparaíso. Lugares; Nombres y Personajes. Siglos XVI-XXI. Universidad de Playa Ancha Editorial, Valparaíso, 2001.        [ Links ]

7. Pérez Olea J: La Escuela de Blest, Sazie, Aguirre.1833-1993. Editorial Universitaria, S.A. Santiago, 1993.        [ Links ]

8. Laval Manrique E: Historia del Hospital San Juan de Dios de Santiago. Asociación Chilena de Asistencia Social, Santiago, 1949.        [ Links ]

9. Orrego Luco A: Recuerdos de la Escuela. Editorial Francisco de Aguirre, S.A. Buenos Aires, 1976.        [ Links ]

10. Ariztía A: Evolución de la Pediatría en Chile. Rev Méd Chile, 1973; 101: 486-9.        [ Links ]

11. Laval Manrique E: Los alumnos del curso de medicina de 1833. Rev Méd Chile, 1984; 112: 65-71.        [ Links ]


1. Jefe Sección Cirugía Pediátrica, División de Cirugía, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica. Centro de Estudios Bioéticos y Humanístico Facultad de Medicina, Universidad de Chile.