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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.73 n.3 Santiago mayo 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062002000300001 

Rev. Chil. Pediatr. 73 (3); 223-224, 2002

El nuevo proyecto educativo de la Pontificia
Universidad Católica de Chile

Nicolás Velasco F.1

Las nuevas tendencias en la educación superior, impulsadas por diferentes organismos internacionales y por el Magisterio de la Iglesia, coinciden en la necesidad de desarrollar programas universitarios orientados a una educación integral de los estudiantes. Además de una sólida formación profesional o disciplinaria, dichos programas deben incluir el estudio de otras áreas del saber, el desarrollo de actitudes éticas positivas y la adquisición de competencias comunica-cionales. Se postula que programas de este tipo permiten formar líderes y ciudadanos que con una visión más amplia del mundo y que promueven la responsabilidad, la ambición por aprender, el contacto entre disciplinas y el interés por otras culturas.

Nuestra Universidad siempre ha declarado el objetivo de formar personas cultas, abiertas a distintas dimensiones de lo humano, conductoras del desarrollo social y animadas por un espíritu cristiano. Parte de lo anterior se ha sustentado en un Programa de Formación General, constituido por cursos breves, de disciplinas diferentes a las de la carrera que cursa el alumno, de corte monográfico o general.

En 1993, se agrega a lo anterior el Programa de Bachillerato, de dos años de duración y con una base de conocimientos más amplia que las licenciaturas tradicionales. Dicho programa provee una sólida formación general y permite a los alumnos continuar estudios en las carreras de su preferencia. Sin embargo, el Bachillerato es cursado por una proporción menor de nuestros estudiantes y, en la práctica, se ha convertido en una forma alternativa de ingreso a las diversas carreras.

Un reciente acuerdo de nuestro Consejo Superior establece directrices generales para la ampliación y cambio de carácter del Programa de Formación General y para el establecimiento del grado de Bachiller, integrado a los planes de estudio de todas las carreras de la Universidad, sin que esto signifique alargar la duración de ellas. Comienza así un proceso de cambios profundos en nuestros currículos, los que ponen en práctica uno de los objetivos principales del Plan de Desarrollo 2000-2005, el que establece objetivos educacionales comunes para todas las carreras de la Universidad: “Formar personas cultas, capaces de desarrollar visiones unitarias del fragmentado saber contemporáneo y también competentes, emprendedoras y solidarias, animadas por valores cristianos”.

Los cambios que se producirán por causa de este nuevo plan son relevantes. En primer término, los estudiantes lograrán ampliar significativamente su horizonte cultural. Por otra parte, el tomar un número importante de cursos en carreras diferentes a la propia, favorecerá además la inserción en ámbitos académicos distintos y el contacto cercano con las personas que las cultivan, lo que estimulará el desarrollo de la interdisciplina, sentará las bases para un real trabajo en equipo y promoverá el respeto por lo demás. La adquisición de competencias lingüísticas en castellano e inglés permitirá que nuestros estudiantes desarrollen una comunicación efectiva.

En muchas ocasiones, los profesionales ejercen su actividad en áreas y con personas de disciplinas diferentes a la propia, por lo que el conocimiento expandido, la habilidad de trabajar en equipo y la solvencia para comunicar ideas, proveen de ventajas comparativas en dicho ejercicio profesional.

Dado que el Bachillerato y la Formación General (base del primero) serán integrados a todas las carreras, se mantendrá un proceso de admisión similar al vigente: a las distintas carreras y al Programa de Bachillerato. Por último, el logro de este grado de Bachiller facilita el cambio de carrera y, como consecuencia, provee una mejor articulación de los estudios universitarios.

Es evidente que la modificación curricular no es el único factor necesario para producir el cambio en nuestros objetivos de formación. Existen muchos otros aspectos, que constituyen parte del denominado “currículo implícito” y que colaboran al logro de dicho objetivo. Entre ellos cabe destacar la capacitación de los profesores, el desarrollo de una docencia activa (centrada en el estudiante), el uso de métodos tecnológicos en la docencia, el impulso a la actividad pastoral y solidaria, el intercambio internacional y el estímulo a la investigación y a la interdisciplina. El desarrollo de todos los aspectos anteriores están contemplados en el Plan de Desarrollo 2000-2005.

Parte de los recursos económicos para la puesta en marcha de este plan se han obtenido del concurso MECE Superior, en el fue considerado como uno de los mejores proyectos educativos del país.

En conclusión, la Pontificia Universidad Católica de Chile ha iniciado cambios estructurales relevantes, dirigidos a entregar a nuestro país egresados capaces de enfrentar con éxito los grandes desafíos del futuro. De esta manera continúa una tradición de excelencia educacional y capacidad innovadora que ya tiene 113 años de historia.


1. Médico. Vicerrector Académico, Pontificia Universidad Católica de Chile.