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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.70 n.6 Santiago nov. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061999000600005 

Patrones alimentarios y de actividad física 
en escolares de la Región de Aysén

Eduardo Atalah S.1; Carmen Urteaga R.2; Annabella Rebolledo A.2;
Silvia Delfín C.3; Rosa Ramos H.4

Resumen

Antecedentes: diversos estudios demuestran un aumento en la prevalencia de obesidad infantil, pero existe poca información con relación a las conductas alimentarias y patrones de actividad física de los niños. Objetivo: analizar patrones alimentarios y de actividad física en escolares de la Región de Aysén para proponer un programa de prevención de la obesidad. Pacientes y métodos: por entrevista domiciliaria se obtuvo información sociodemográfica, patrones alimentarios y de actividad física en una muestra representativa de estudiantes de kinder a 4º básico (n = 340). Se analizó frecuencia y consumo habitual de los principales alimentos y se comparó con recomendaciones del MINSAL. Se determinó un índice de calidad de la alimentación basado en la pirámide y guías alimentarias. Resultados: La edad promedio fue de 7,7 ± 1,6 años. Se observó baja frecuencia de consumo de verduras, frutas y lácteos y alta de mayonesa, manteca y bebidas gaseosas. En lácteos y carnes predominó el consumo de variedades altas en grasas. El porcentaje de adecuación por grupo de alimentos mostró déficit en verduras, frutas y productos lácteos y exceso en azúcar en ambos sexos. La mediana del índice global de la alimentación fue 3 (p 25 = 2, p75 = 4) sobre un máximo teórico de 7, sin diferencias significativas por sexo, curso o estado nutricional. La mediana de horas semanales dedicadas al deporte y juegos activos fue 4 (95% IC 4-4) y de cuadras caminadas diariamente 6 (95% IC 4,5-6,0). Conclusión: Los patrones de alimentación y actividad física de los escolares de Aysén son inadecuados. Es necesario desarrollar planes de acción para promover estilos de vida más saludables y prevenir la obesidad.

(Palabras clave: Obesidad, alimentación, actividad física, escolares, promoción de la salud.)

Food consumption and physical activity patterns of school children
from the Aysen Region

Objective: to assess food consumption and physical activity patterns of school children from the Aysen Region in order to develop an obesity prevention program. Patients and methods: the group studied was a representative sample from the school children from playground to fourth grade (n = 340). Sociodemographic, as well as food and physical activity patterns were obtained from interviews conducted at each participant’s house. Frequency and intake level of selected foods were studied and compared with Ministry of Health recommendations. An index of overall diet quality was developed based on Chilean food pyramid and food consumption guidelines. Results: average age was 7.7 ± 1.6 years. Vegetables, fruits, and dairy products were among foods with low frequency of consumption. On contrast, high consumption frequency of mayonnaise, lard, and soft drinks were observed. High-fat meats and lacteous products were commonly consumed. Adequacy by food groups showed low figures regarding vegetables, fruits and dairy products, and high values on fats (oils), sugar and meats, mainly in women. Median for quality index was 3 (p 25 = 2, p 75 = 4), over a maximum of 7, without significant differences neither by age, sex nor nutritional status. Median of physical activity was considered as low: 6 walked blocks/day (95% CI 4.5-6.0), sports and active games 4 hours/week (95% CI 4-4). Conclusion: the food and physical activity patterns of school children from Aysen are inadequate. It is necessary to elaborate plans to promote healthy life stiles as preventing measures for obesity.

(Key words: obesity, food patterns, physical activity, school children, heath promotion.)

INTRODUCCION

En los últimos años se ha observado un aumento continuo y sostenido de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población chilena. Esta patología afecta a distintos grupos sociales y se inicia a edades tan tempranas como en la etapa preescolar1-6. Según estadísticas del Ministerio de Salud 15,7 y 6,8% de los menores de 6 años controlados en el sistema público de salud presenta respectivamente sobrepeso y obesidad. La Región de Aysén supera el promedio nacional (32% con exceso de peso), constituyendo la segunda Región del país con mayor prevalencia, después de Magallanes7. En el mismo período la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas informó que más de un tercio de los escolares que ingresan a primero básico presenta exceso de peso (20,6% de sobrepeso y 14,4% obesidad), lo que también ha sido observado en estudios de menor cobertura y representatividad8-10.

La obesidad se produce por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético, aunque en su etiología actúan también factores genéticos11-14. Para definir una estrategia adecuada de prevención de la obesidad es relevante conocer la importancia relativa de estos factores. Sin embargo, los estudios chilenos con relación a ingesta y gasto energético en niños son escasos. En niños normales y obesos se ha demostrado aumento del número de comidas, alto consumo de golosinas y alimentos grasos y baja ingesta de verduras, frutas, leguminosas y pescados15, 16. En niñas obesas se ha observado mayor número y densidad energética de las colaciones, con relación a niñas eutróficas de la misma edad16. Las conductas alimentarias de los niños son parecidas a las descritas para adultos y senescentes de la Región Metropolitana17, 18.

Los patrones de actividad física observados en distintas edades son de tipo sedentario. Recientemente se ha comunicado que escolares obesas ven televisión más tiempo y realizan actividades menos intensas y más breves que niñas normales. También se ha demostrado en escolares obesos un bajo gasto energético de reposo y reducidos índices de actividad física16, 19, 20. En la Región Metropolitana se ha observado que más del 75% de los adultos realiza menos de 15 minutos de actividad física programada dos veces por semana21.

Con el propósito de aportar mayores antecedentes para planificar intervenciones que fomenten estilos de vida saludables se desarrolló el presente estudio, cuyo objetivo fue describir los patrones alimentarios y de actividad física de la población escolar de la Región de Aysén. La hipótesis que se esperaba validar era que la mayor parte de la población escolar de Aysén presenta patrones alimentarios inadecuados y un bajo nivel de actividad física, independientemente de su estado nutricional y sexo.

PACIENTES Y MÉTODOS

El universo en estudio estuvo representado por 7835 escolares que asistieron en 1998 a kindergarten y al primer ciclo de enseñanza básica en escuelas urbanas municipales, particulares subvencionadas y particulares de 5 comunas de la región de Aysén (Coyhaique, Aysén, Chile Chico, Cochrane y Puerto Cisne). Se determinó la prevalencia de obesidad utilizando una muestra representativa de 1051 escolares cuyo diseño se describió en una publicación previa22. Para determinar las conductas alimentarias se estimó necesario una muestra de 335 niños, considerando 6% de error, 95% de confianza y un efecto de diseño 1,3, la que fue obtenida seleccionando en forma aleatoria 1 de cada 3 niños incorporado al estudio antropométrico.

La información alimentaria y de actividad física se recolectó mediante una entrevista estructurada realizada en el hogar a la madre o cuidadora principal, entre agosto y noviembre de 1998. La entrevista incluyó información general de la familia, patrones alimentarios, exposición a medios de comunicación, una encuesta alimentaria y de patrones de actividad física y de reposo.

a) Encuesta alimentaria: se utilizó una encuesta de tendencia de consumo que fue modificada para obtener la cantidad y frecuencia habitual directamente en las porciones definidas en la pirámide alimentaria del Ministerio de Salud23. Previa a su aplicación se elaboró un instructivo y se realizó un pretest en 20 mujeres con características similares al grupo estudiado, lo que permitió definir el instrumento definitivo. Los encuestadores fueron profesionales nutricionistas, previamente capacitados, aunque no se determinó la variabilidad interobservador. A partir de la encuesta se analizó la frecuencia de consumo de 19 subgrupos de alimentos, clasificándose en las siguientes categorías: consumo diario, 4 a 6 veces por semana, 2 a 3 veces por semana, semanal y no consume. Para cada subgrupo se calculó el número promedio de porciones diarias consumidas considerando la frecuencia de consumo en el período, el número de porciones por vez y el período de tiempo analizado. Posteriormente se consolidó esta información en los siete grupos de alimentos definidos en la pirámide alimentaria. Se evaluó la adecuación del consumo usando como patrón de referencia, el número de porciones diarias recomendadas para el escolar, propuestas por el Ministerio de Salud23: cereales 7 porciones en hombres y 6 en mujeres; verduras 2 en ambos sexos; frutas 3 en ambos sexos; lácteos 3 en ambos sexos; carnes 2 en hombres y 1,5 en mujeres, y aceites 1,5 en hombres y 1 en mujeres. Por no existir recomendación específica para azúcar, se consideró apropiado un consumo menor del 10% de las calorías (menos de 10 y 9 porciones en hombres y mujeres respectivamente). El consumo de cada grupo de alimentos se expresó como porcentaje de adecuación a las porciones recomendadas según edad y sexo, en las siguientes categorías: menor del 75%, 75 a 125% y mayor al 125%. En el caso del azúcar se consideró adecuado un consumo inferior al 100% y alto cualquier valor superior.

Con la finalidad de tener una visión global de la alimentación se construyó un índice de calidad de esta, que considera los 7 grupos de la pirámide alimentaria del Ministerio de Salud. Se consignó un punto por cada grupo de alimentos que cumplía con la recomendación, lo que determina un puntaje que puede fluctuar entre un mínimo de 0 y un máximo de 7, considerando inadecuado un patrón alimentario con valor del índice inferior a 4. Los criterios utilizados para establecer que se cumplía con la recomendación fueron los siguientes: verduras, frutas, lácteos y cárneos consumo superior al 75% de la recomendación; cereales y grasas consumo inferior al 125% de la recomendación; azúcar consumo inferior al 100% de la recomendación.

b) Patrones de actividad física: se diseña una encuesta estructurada que explora el tiempo utilizado habitualmente por el niño para jugar activamente, practicar deportes, ver televisión y dormir, tanto en días hábiles como festivos. Previo a su aplicación se elaboró un instructivo, se aplicó un pretest en 20 mujeres, se modificó el instrumento y se capacitó a los profesionales nutricionistas responsables de las entrevistas.

Se estructuraron bases de datos con la información obtenida en cada una de las encuestas. Se procesó la información mediante el programa STATA 6.0R 24-25. Se analizó la compatibilidad de las variables continuas con la distribución normal. Dado que la mayor parte de las variables alimentarias y de actividad física no presentó una distribución normal se utilizó la distribución percentilar y el test de Kruskal Wallis para la comparación entre grupos. Para comparar distribuciones de frecuencia de las variables categóricas se utilizó la prueba de Chi2. Se analizó el comportamiento del índice de calidad global de la alimentación en función del curso, tipo de escuela, comuna, sexo y estado nutricional del niño por medio de regresiones logísticas de un factor y de factores múltiples. En todos los casos se consideraron significativas diferencias con un valor de p < 0,0524-26.

RESULTADOS

El grupo estudiado incluyó 340 niños con una edad promedio de 7,7 ± 1,6 años. Pertenecen a familias con 5,0 ± 1,5 personas por hogar y 2,2 ± 1,4 hijos. El nivel promedio de escolaridad fue 10,2 ± 4,3 años para el padre y 9,9 ± 4,0 para la madre. El 42% de las madres realizaba trabajos remunerados fuera del hogar. En dos de cada 3 niños estudiados existía algún familiar directo con obesidad (madre, padre, abuelos, tíos), proporción que aumenta a 75% en los niños obesos (p < 0,09). Con mayor frecuencia se trata de uno de los abuelos (45%) o de la madre (34%). El estado nutricional de esta población fue descrito en una publicación previa, destacando que 28,6% de la muestra presentaba sobrepeso según la relación peso/talla y 20,4% adicional obesidad22.

La casa es el lugar habitual de alimentación para los diversos tiempos de comida. Menos del 4% de los niños recibe, además, desayuno u once en la escuela. La preparación y distribución de la alimentación es realizada en 74% por las madres y en una proporción menor por la "nana" (13%), abuela (7%) u otra persona. Cerca de la mitad de los niños lleva regularmente colación al colegio, siendo más común los productos dulces (chocolates y galletas), frutas, jugos, sándwich y productos salados (papas fritas, ramitas).

La mayor parte de las familias entrevistadas consideró que sus hijos mantenían similares patrones de consumo con relación al año anterior. Existiría una discreta proporción de cambios positivos (mayor consumo de frutas, verduras y lácteos), los que se contrarrestan con algunos cambios negativos (mayor consumo de grasas y golosinas).

La información relativa a la frecuencia de consumo habitual se presenta en la tabla 1. La recomendación de verduras se cumple en una baja proporción de niños, destacando que casi la mitad de los casos la consumen día por medio y 12% no consume. La adecuación en lácteos es mejor, aunque mayoritariamente corresponde a productos altos en grasas. Algo similar ocurre en relación a carnes. Destaca un consumo de pescados y leguminosas relativamente alto con relación a otras zonas del país15, 18. Cerca de la mitad de los niños comía habitualmente mayonesa y casi un tercio manteca más de 4 veces por semana. También se observa una alta frecuencia de consumo de bebidas y dulces.

Tabla 1

Distribución según frecuencia de consumo de alimentos en escolares de la Región de Aysén


Alimento

Frecuencia de Consumo semanal (%)

Diaria
4-6 veces
2-3 veces
1 vez
No consume

Verduras crudas
29,3
13,4
34,0
11,0
12,3
Verduras cocidas 37,6 17,6 27,4
5,0
12,4
Frutas 44,4 16,2 28,1
7,4
3,9
Lácteos altos en grasas 76,0 7,4 5,0
2,7
8,9
Lácteos bajos en grasa 3,8 - 1,8
3,2
91,2
Carnes altas en grasa 9,8 22,8 35,5
11,5
20,4
Carnes bajas en grasa 1,8 12,6 33,4
2,3
29,9
Huevos 1,8 7,9 50,7
28,7
10,9
Leguminosas - 0,9 40,2
45,5
13,5
Pescados altos en grasa - - 17,4
38,1
44,5
Pescado bajos en grasa - 0,3 5,0
9,7
85,0
Mariscos - 0,3 4,4
15,3
80,5
Manteca 19,5 8,6 7,1
1,8
63,1
Mantequilla 71,2 7,9 10,0
0,9
10,0
Mayonesa 5,9 3,3 21,3
14,2
55,3
Bebidas gaseosas 63,8 12,5 15,7
3,6
4,4
Masas dulces 0,6 1,8 16,9
32,9
47,8
Chocolates 23,1 13,3 27,2
17,2
19,2
Helados 0,8 1,8 8,5
22,9
65,9

La mediana de porciones consumidas en cada grupo de alimentos y su adecuación a las recomendaciones se nuestra en la tabla 2. Verduras, frutas y lácteos presentan bajo nivel de adecuación en ambos sexos. Lo inverso ocurre con el azúcar. Aceites y carnes superan la recomendación solo en mujeres. El mayor porcentaje de adecuación en el sexo femenino no corresponde a un mayor consumo real, sino a que la recomendación en ese grupo es menor.

Tabla 2

Distribución percentilar del consumo de porciones por grupo de alimentos
y porcentaje de adecuación a la pirámide alimentaria del escolar, según sexo


Grupo de
alimentos
Hombres
    Mujeres    

 
p 25
p 50
p 75
Adecuac.
p 50
p 25
p 50
p 75
Adecuac.
p 50
Valor p*

Cereales
5,1
6,6
9,0
95
4,0
6,1
8,4
103
ns
Verduras
0,5
0,8
1,3
40
0,5
1,0
1,6
48
ns
Frutas
0,4
1,0
2,0
33
0,4
1,0
2,0
33
ns
Lácteos
1,6
2,4
3,9
80
1,4
2,6
4,0
87
ns
Carnes
1,6
2,0
2,7
100
1,4
1,8
2,4
120
< 0,001
Aceites
1,0
1,5
2,3
100
0,9
1,3
2,1
130
< 0,001
Azúcar
8,2
11,5
17,0
115
8,6
11,7
16,0
130
< 0,05

* Test de Kruskall-Wallis con relación a la mediana de adecuación a las porciones recomendadas para el escolar según el Ministerio de Salud

En la figura 1 se observa el porcentaje de niños que cumple con las porciones recomendadas en cada uno de los grupos de alimentos. Destaca el bajo porcentaje de niños con un consumo en el rango adecuado para verduras (25,9%), frutas (17,9%), aceites (26,8%) y azúcar (32,9%). El bajo grado de cumplimiento en verduras y frutas se debe fundamentalmente a un déficit en el consumo, y en cambio para grasas y azúcar, a un exceso. En lácteos cerca del 40% de los niños presentó un bajo consumo.


Figura 1 : Distribución según el porcentaje de adecuación de las porciones recomendadas por grupo de alimentos

La distribución de la población estudiada según el índice de calidad global de la alimentación se presenta en la tabla 3. Solo 1,2% de los niños estudiados cumple con las recomendaciones en todos o al menos 6 grupos de alimentos. El 68% de la muestra presentaba conductas alimentarias inadecuadas, ya que consumía 3 o menos grupos de alimentos en los niveles recomendados. Un análisis similar en función del estado nutricional se presenta en la tabla 4, destacando una distribución muy similar en los tres grupos estudiados (NS).

Tabla 3

Distribución según puntaje del índice de
calidad global de la alimentación, por sexo


Puntaje
Hombres 

n = 174 (%)

Mujeres

n = 166 (%)


0 - 1
2 - 3
4 - 5
6 - 7

14,9
55,7
28,2
1,2

14,5
50,6
33,7
1,2

Total
100,0
100,0

c 2 3,44 p ns

Tabla 4

Distribución según puntaje del índice de calidad global de la alimentación,por estado nutricional


Puntaje
Estado nutricional según relación
peso para la talla
 
Normal
n = 158 (%)
Sobrepeso
n = 105 (%)
Obesidad
n = 70 (%)

0 - 1
14,5
13,3
14,7
2 ­ 3
54,6
54,3
53,2
4 ­5
29,7
30,5
30,9
6 -7
1,2
1,9
1,2

Total
100,0
100,0
100,0

c 2 2,42 p ns

Por medio de regresiones logísticas se demostró mayor riesgo de alimentación inadecuada en las comunas más rurales (Chile Chico, Cochrane y Puerto Cisne) (odds ratio 1,37 95% IC 1,1-1,7 p < 0,005) y en las escuelas municipales (odds ratio 3,2 95% IC 2,2-4,7 p < 0,001). No se observaron diferencias en función del sexo, curso y estado nutricional. En el análisis multivariado el tipo de escuela fue el único factor determinante de la calidad de la alimentación (p < 0,001).

La población estudiada en general tenía conductas de tipo sedentarias (tabla 5). El número de cuadras caminadas por los niños es bajo y 16% prácticamente no camina. Solo la mitad de los niños participaba regularmente en juegos activos al aire libre y un tercio practicaba deportes. A ambas actividades le dedicaban alrededor de media hora diaria, siendo ligeramente más activos los varones. Los días de semana veían 2 horas de televisión diarias y una hora adicional los fines de semana. Al considerar el percentil 75, destaca que un cuarto de la muestra dedica casi 5 horas a ver televisión los fines de semana. La falta de facilidades no parecía ser la principal razón para que los niños no realizaran más actividades al aire libre, ya que el 67% de las madres informó que existían condiciones adecuadas para realizar juegos activos en el lugar donde viven.

Tabla 5

Distribución percentilar de los indicadores de actividad física, según sexo


Indicador
Hombres
Mujeres
Valor p*
p 25
p 50
p 75
p 25
p 50
p 75

Juegos activos h/semanales
2
4
7
1
3
7
ns
Realizar deportes h/semanales
0
0
2
0
0
1
< 0,05
Caminar cuadras/día
3
10
2
8
< 0,02
Ver T.V. días hábiles horas 
1
2
3
1
2
3
ns
Ver T.V. días festivos horas 
2
3
4
2
3
5
ns
Dormir días hábiles horas 
9
10
11
9
10
11
ns
Dormir días festivos horas 
10
10
11
10
11
12
ns

* Test de Kruskall-Wallis


DISCUSIÓN

Los resultados permiten verificar que los escolares de Aysén presentan patrones alimentarios inadecuados, similares a los descritos en otros grupos poblacionales y en otras regiones del país. No existen estudios previos en la Región, por lo cual no es posible establecer la tendencia. Aparentemente, a nivel nacional, el hábito de consumo de verduras y frutas habría evolucionado negativamente, ya que en adolescentes de Santiago la frecuencia de consumo de estos alimentos era diaria 20 años atrás27. Estos alimentos contienen antioxidantes naturales y fibra, factores que han demostrado ser protectores para ciertos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y algunas patologías digestivas28, 29. Otro hábito negativo es el alto consumo de aceites, azúcar y bebidas gaseosas, lo que puede contribuir a incrementar la prevalencia de obesidad, dislipidemias y diabetes, entre otras patologías.

El consumo promedio de lácteos fue similar al observado en preescolares y superior al de personas adultas15, 18. Destaca, sin embargo, que cerca del 40% de los escolares consume menos leche de la recomendada, factor de riesgo con relación a osteoporosis futura. A ello se agrega un bajo nivel de actividad física, lo que también contribuye a un menor depósito de calcio en el tejido óseo. Dado que los productos consumidos son preferentemente altos en grasa, debe enfatizarse la promoción del mensaje que estimula el consumo de lácteos bajos en grasa.

Entre los resultados destaca el bajo consumo de pescado, a pesar de las reconocidas ventajas nutricionales de este alimento. Esta situación se mantiene sin variación desde hace décadas, lo que refleja que la estrategia de promoción no ha sido efectiva. Es preocupante también la alta frecuencia de consumo de alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas (carnes, huevos, mantequilla, manteca) por la asociación de estos alimentos con algunas enfermedades crónicas no transmisibles del adulto.

Un aporte interesante del estudio es la elaboración de un índice de calidad de la alimentación, basado en las actuales guías alimentarias del Ministerio de Salud. Este valor permite apreciar en forma global la dieta y puede servir para evaluar los cambios observados con las campañas de promoción de una alimentación saludable. Es especialmente destacable el bajo puntaje observado, independientemente del estado nutricional, edad o sexo. Ello refleja que los patrones alimentarios inadecuados afectan a gran parte de la población y que es posible esperar un aumento de la incidencia de enfermedades crónicas vinculadas a la alimentación, en la medida que no se revierta esta situación. También sugiere la necesidad de una activa campaña de promoción para modificar las conductas existentes.

La falta de asociación del índice de calidad de la alimentación con el estado nutricional no debe sorprender, porque el índice fue construido para detectar la presencia de factores de riesgo con relación a enfermedades crónicas no transmisibles del adulto y no de obesidad o de una mayor ingesta energética. Estudios de seguimiento, que incluyan observaciones clínicas y determinaciones bioquímicas, permitirán determinar la verdadera utilidad del índice como predictor de las patologías vinculadas a la alimentación.

El índice de calidad de la alimentación se asoció exclusivamente con el tipo de escuelas, siendo significativamente más bajo en las escuelas municipales con relación a las particulares o particulares subvencionadas. Ello debe entenderse probablemente como un reflejo de la condición socioeconómica de las familias que limita el consumo de verduras, frutas y lácteos, especialmente en una región con baja producción local y mayor costo relativo de estos alimentos.

Debe llamar a reflexión el bajo nivel de actividad física de la población estudiada. Ello no solo determina un menor gasto energético, sino que además tiene un efecto negativo en la fisiología del sistema cardiovascular y en el riesgo posterior de patologías osteoarticulares, entre otros problemas12. Estos modelos de conducta probablemente se mantendrán en la vida adulta, lo que contribuirá a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles.

Se puede concluir que los patrones de alimentación y actividad física de la población escolar de la Región de Aysén son inadecuados, lo que se refleja en una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad. Es necesario iniciar a la brevedad planes de acción para promover estilos de vida más saludables, incluyendo fomento de la actividad física y patrones alimentarios según las guías alimentarias. La inversión en promoción de la salud tiene una alta rentabilidad social, de acuerdo a lo demostrado en numerosos estudios30.

AGRADECIMIENTOS

Se agradece la valiosa participación de Lidia Cárcamo, Angela Carreño, Rosa Castillo, Lorena Castro, Carmen Gloria Jiménez, Felisa Mencia, Nancy Otarola y Sergio Suazo, profesionales nutricionistas que, con gran motivación, abnegación, responsabilidad y capacidad técnica, recorrieron diversas localidades de la Región de Aysén realizando visitas domiciliarias para aplicar las encuestas alimentarias y de actividad física.
_____________________________________
1. Centro de Nutrición Humana, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

2. Nutricionista. Centro de Nutrición Humana, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

3. Nutricionista. Dirección de Atención Primaria, Servicio de Salud Aysén, Ministerio de Salud.

4. Nutricionista. Programa de Magíster en Ciencias Biológicas, Mención Nutrición, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

Financiamiento: Proyecto PROMOS, financiado por la Dirección de Atención Primaria, Servicio de Salud Aysén, Ministerio de Salud.

REFERENCIAS

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