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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.69 n.3 Santiago jun. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061998000300005 

Rev. Chil. Pediatr. 69 (3); 107-109, 1998 

Utilidad del examen oftalmológico   
en el diagnóstico del herpes neonatal
 
 

Marlene Vogel G.1;  María José Martínez G.2;  Mónica Suárez G.3 

 

 

1. Oftalmóloga. Servicio de Oftalmología, Hospital Roberto del Río. 
2. Magister Cs. Instituto de Ciencias Biomédicas, Programa de Virología, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 
3. Viróloga. Instituto de Ciencias Biomédicas, Programa de Virología, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 

Financiado por Proyecto Fondecyt 195-0631. 
 

 Resumen 

Con el propósito de mostrar la importancia del examen oftalmológico en niños con afecciones sistémicas y manifestaciones oculares se describe el caso de  un lactante de 41 días, con antecedentes de meningoencefalitis, neumopatía, microcefalia y opacidad corneal, en cuyo examen oftalmológico con biomicroscopio se comprobó una extensa úlcera de la córnea, en la cual se identificó -mediante cultivo, reacción de polimerasa en cadena  y anticuerpos monoclonales- un virus herpes simplex tipo 2. El examen oftalmológico completo en niños con alteraciones o malformaciones oculares, asociadas a manifestaciones sistémicas, posiblemente causadas por infección congénita o perinatal  puede ser de gran utilidad, para orientar el  diagnóstico y  el  tratamiento. 
(Palabras clave: opacidad corneal, úlcera corneal, herpes virus neonatal, reacción en cadena de la polimerasa.) 
 

Ophthalmologic exam is useful in the diagnosis of neonatal herpes virus infection 

To illustrate on the usefulness of whole ophtalmologic evaluation in newborn infants with systemic disease asociated with ocular abnormal findings a 41 days old child, with TORCH syndrome and unilateral corneal opacity, in which herpes simplex virus type 2 infection was suspected through ophthalmologic examination and confirmed by the virology laboratory is described. The ophthalmologist is frequently consulted by the pediatrician or relatives, about children with ocular lesions or deformities associated to systemic manifestations, possibly related to congenital or perinatal infections. The ophthalmologic exam can be useful in these cases, leading to early diagnosis and timely treatment. 
(Key words: corneal opacity, corneal ulcer, herpes virus hominis, polimerase chain reaction.) 

 
El examen oftalmológico puede facilitar la orientación del diagnóstico y el establecimiento oportuno del tratamiento correspondiente al agente etiológico en  recién nacidos o lactantes menores con alteraciones oculares asociadas a manifestaciones sistémicas, posiblemente causadas por infecciones congénitas o perinatales, es posible que el diagnóstico puede tener gran importancia en el pronóstico y la prevención de secuelas en el propio niño y en el control del riesgo de transmisión de la infección a otros recién nacidos1,2.  Para ilustrar la contribución del examen oftalmológico en estos pacientes se describe a continuación el caso de un lactante menor con síndrome TORCH3, en el cual la sospecha clínica del agente etiológico fue posible mediante el examen oftalmológico. 

 

Caso clínico 

Niña de 41 días de vida enviada  para examen de fondo de ojo. Había ingresado tres días antes por meningitis bacteriana a germen desconocido, bronconeumonia, desnutrición, síndrome diarreico, parálisis del velo del paladar,  microcefalia y  opacidad corneal unilateral izquierda. Había estado hospitalizada  a los 22 días de vida por bronconeumonia y síndrome bronquial obstructivo. El embarazo fue de término y el parto  normal. Al nacer pesaba 3 650 g. Sus padres, de estrato socioeconómico bajo, eran sanos. El médico tratante sospechaba de una infección congénita o perinatal. Durante el examen,  el oftalmólogo observó un lactante decaído, indiferente a los estímulos luminosos y a objetos. En el examen con separador de párpados y dilatación pupilar se constató una extensa úlcera corneal en el ojo izquierdo, que comprometía casi todo el epitelio, excepto el tercio nasal y se extendía hasta el limbo esclerocorneal. La córnea estaba edematosa y se veía con dificultad los polos anterior y posterior del ojo afectado, sin otras lesiones. El ojo derecho era de aspecto normal y no habían lesiones en la piel periocular. Con las hipótesis de úlcera corneal atípica de origen infeccioso o de úlcera corneal traumática, se solicitó investigación para citomegalovirus, rubéola, Chagas, TBC, virus hepatitis B, HIV y evaluación endocrinológica, con resultados negativos. Con el fin de estudiar una probable etiología herpética, se tomaron muestras de los bordes y el fondo de la úlcera corneal, como también de la conjuntiva del ojo sano, con tórula de algodón estéril y se depositaron en medio Dulbecco MEM4. Se procuró aislamiento viral (AV) cultivando ambas muestras en  células Vero y realizando reacción en cadena de la polimerasa (RCP)5. La muestra de la úlcera corneal dió resultado positivo y, al tipificarla  mediante anticuerpos monoclonales tipo específicos, permitió identificar un  herpes simplex tipo 2 (HSV-2)4. La muestra obtenida del ojo sano dio reultados negativos por esta técnica, sin embargo mediante RCP se identificó DNA de HSV en ella y en la del ojo afectado, confirmándose  que correspondían  a HSV-2 mediante digestión de los amplificados con endonucleasas5. Se inició tratamiento con aciclovir, en ungüento oftálmico tópico y por vía endovenosa, manteniéndose los antibióticos sistémicos1,2. El lactante evoluciona favorablemente desde el punto de vista general y oftalmológico, siendo dado de alta. Con posterioridad, ha desarrollado una opacidad corneal izquierda de densidad moderada y estrabismo. 

Comentario 

El herpes neonatal es causado principalmente por el HSV-2. Su  frecuencia en Chile se desconoce pues  no es de notificación obligatoria.  En EE.UU se estima que  1/2 000 a 1/5 000 recién nacidos vivos presentan herpes neonatal1. En  85% de los casos se adquiere en el canal del parto por contacto con secreciones maternas infectadas. En estos casos las puertas de entrada son los ojos o el nasofaringe. La transmisión al neonato puede ocurrir en una primoinfección genital materna (frecuencia 30% a 50%)  o durante una recurrencia con o sin síntomas (frecuencia 3%)6. Aproximadamente 70% de las infecciones neonatales provienen de madres que excretan el virus en forma inaparente durante parto. La infección herpética también puede ser postnatal, siendo generalmente la fuente de transmisión familiares o personal de hospital con herpes labial. La infección congénita (transmisión en  el útero) ocurre en 10% de los herpes neonatales y se caracteriza por una tríada de lesiones vesiculosas o cicatriciales en la piel, infección ocular y microcefalia o hidrocefalia. Ella debiese ser diagnosticada dentro de las 48 h de vida del recién nacido6.

 
El  riesgo de transmisión de la infección herpética al neonato es mayor en la primoinfección de la madre durante el embarazo; cuando la madre es seronegativa antes del embarazo o cuando la madre embarazada es seronegativa y su pareja sexual es seropositiva para HSV-2 y cuando se usan electrodos para monitoría del feto en embarazadas con antecedentes de herpes genital o seropositivas para HSV-2. 

La infección neonatal por herpes virus adquirido en el período perinatal puede ser, según su presentación clínica,  localizada en la piel, ojos y boca (POB); del sistema nerviosos central con o sin POB o bien puede ser  diseminada con o sin POB. La forma clínica más frecuente es la infección de POB, observada en 40% de los casos: aunque prácticamente no tiene letalidad, deja secuelas neurológicas en 30% de los recién nacidos no tratados y en 2% de los que reciben antivirales.  Los herpes neonatales se presentan como encefalitis en 35% y como infección diseminada en 25% de los casos; en ambos tipos de manifestación la morbimortalidad es elevada. Si el diagnóstico es oportuno y el tratamiento antiviral adecuado, es posible reducir la morbilidad y la letalidad global de la enfermedad a 30% y 19% respectivamente6


El paciente que motiva este análisis posiblemente corresponde a una infección congénita, no diagnosticada hasta la fecha del segundo ingreso, donde había una extensa úlcera corneal unilateral y persistía la excreción de HSV-2 por ambos ojos. Esta situación ensombrece el pronóstico de la paciente y de la magnitud de las secuelas neurológicas, que sólo podrán determinarse a lo largo de su seguimiento clínico. 

 Referencias 

1. Whitley R, Arvin A: Herpes simplex virus infections. In: Remington J, Klein J: Infection disease of the fetus and the newborn infant. Fourth edition.  WH Saunders Co,  Philadelphia,  1995: 354-376.          [ Links ]

2. Beuchamp GR, Meisier DM: Disorders of the conjunctiva. In: Nelson LB, Calhoum JH, Harley Eds.  Pediatric Ophthalmology.  WH Saunders Co, Philadelphia, 1991:181.          [ Links ]

3. TORCH syndrome and TORCH screening. (Editorial) Lancet 1990; 335: 1559-1561.          [ Links ]

4. Vogel M, Martínez MJ, Traipe L, et al: Caracterización clínica, antigénica y genómica de cepas de virus herpes simplex (HSV) aisladas de pacientes con patología ocular.  Archivos Chilenos de Oftalmología, Santiago,  1992; 49: 40-44.          [ Links ]

5. Martínez MJ, Vogel M, Stoppel J, et al: Queratitis herpética: Correlación clínico-virológica. Rev Med Chile 1997; 125: 659-664.          [ Links ]

6. Whitley R, Kimberlin D, Roizman B: Herpes simplex viruses. Control of Infectious Diseases 1998; 126: 541-555. 

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