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Revista chilena de pediatría

versión impresa ISSN 0370-4106

Rev. chil. pediatr. v.69 n.3 Santiago jun. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41061998000300002 

Rev. Chil. Pediatr. 69 (3); 94-98, 1998

Déficit de crecimiento y rendimiento escolar

Marcia Erazo B.1; Hugo Amigo C.2; Isidora De Andraca O.3; Patricia Bustos M.2

 

1. Enfermera. Escuela de Enfermería, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 
2. Departamento de Nutrición, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 
3. Psicóloga. Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile. 

Financiado por Proyecto FONDECYT 1940519. Departamento Postgrado y Postítulo, Universidad de Chile: Beca PG-128-95. 
 

 Resumen 

Objetivo: analizar la relación entre talla baja y rendimiento escolar en niños de comunas de alta vulnerabilidad social de Santiago. Pacientes y métodos: se seleccionaron niños de talla baja(-1 a -3 DE) o normal (± 0,5) para la edad según estándar OPS/NCHS, cuyos padres tenían talla muy baja (- 2 DE) o no muy baja (entre -1,99 y 0,5 DE) para el mismo estándar a los 18 años. Se formaron tres grupos. El grupo 1 de 85 niños de talla baja y padres muy bajos; grupo 2 de 76 niños de talla baja y padres no muy bajos y grupo 3 de 86 niños de talla normal y padres no muy bajos. Se registraron antecedentes demográficos, escolaridad de los padres, recursos y apoyo de la familia al aprendizaje. El rendimiento escolar se midió por  las notas de promoción en matemática y español, fracaso el año precedente, trastorno de aprendizaje e índices de rendimiento y se comparó entre los grupos. Resultados: los niños talla baja tenían menores notas de pase en castellano y matemáticas y mayor riesgo de trastornos de aprendizaje y repetición. En el modelo multivariado de bajo rendimiento ingresaron significativamente pertenecer al grupo 2 (razón de ventaja (OR)= 2,48; intervalo de confianza (IC)= 1,13 - 5,46  y  baja escolaridad de padre y madre (OR = 1,52; IC = 1,13 - 2,03). En el modelo de buen rendimiento ingresaron alta escolaridad de los padres (OR=1,47; IC=1,16-1,87), bajo número de menores de 18 años en el hogar (OR = 2,29; IC = 1,11 - 4,71) y talla normal (OR = 2,18; IC = 1,08 - 4,39). Conclusión: la prevención del  déficit secundario de crecimiento, aplicando programas de apoyo en los grupos de riesgo, podría contribuir a la disminución del bajo rendimiento escolar. 
(Palabras clave: talla baja, rendimiento escolar.) 

Shool performance and stunting

Objective: to describe relationships between stunting and school performance in children from high social vulnerability populations at Santiago, Chile. Subjects and methods: school performance was compared in three groups of children: group 1 of 85 short stature (height for age (H/A) -1 to -3 SD) children from short parents (-2 SD H/A of standard at age 18 years), group 2 of 76 short children (-2 SD) from not so short parents (-1.99 to 0.5 SD H/A of standard at age 18 years) and group 3 of 86 normal H/A (± 0.5 SD) children of not so short parents. Parents literacy, economic resources and family support to learning were also recorded. School performance was assessed by final scores, academic failure, learning disabilities and performance index. Results: short stature children had lower scores in mathematics and spanish, higher risk of learning disabilities and of subject failure. Multivariate model for low performance included to belong to group 2 (OR = 2.48; CI = 1.13 ? 5.46) and low educational level of both parents (OR = 1.52; CI = 1.13 ? 2.03). Adequate performance mode included high literacy of parents (OR = 1.47; CI = 1.16 ? 1.87), families with fewer children under 18 years of age (OR = 2.29; CI = 1.11 ? 4.71), and normal height of the child (OR = 2.18; CI = 1.08 ? 4.39). Conclusion: prevention of secondary stunting may be a good option to reduce low school performance in low socioeconomic level populations. 

(Key words: stunting, school performance, risk factors.) 
 
 En América Latina, la talla baja es un problema prevalente, muy notorio en algunos países como Guatemala y Bolivia1. En Chile no es de la magnitud que en esos países, pero alrededor de uno de cada tres niños de comunas de alta vulnerabilidad social tiene déficit de crecimiento en los dos primeros años de educación escolar2

La estatura depende tanto de aspectos genéticos  como ambientales. La relevancia de la genético se demuestra en las diferencias de estatura observadas aún después de controlar los efectos socioeconómicos3. También se han constatado diferencias de estatura en distintos grupos socioeconómicos que serían consecuencia de las condiciones ambientales adversas4,5
A su vez, el aprendizaje está condicionado por diversos factores, entre ellos la calidad del sistema educacional; las características biológicas del niño; afecciones durante el embarazo, parto, período neonatal y la infancia; el coeficiente intelectual del niño; las condiciones de la familia y la escolaridad de los padres, todos los cuales pueden intervenir negativamente y condicionar mal rendimiento escolar6-9

 El bajo rendimiento escolar puede condicionar negativamente las oportunidades de formación profesional del individuo y su inserción laboral, con repercusiones sociales y económicas adversas para el país10

Las investigaciones acerca de la relación entre déficit de crecimiento y rendimiento escolar son limitadas. En el país se ha señalado que los niños talla baja, tenían rendimientos cognitivos y psicopedagógicos, medidos a través de pruebas de habilidad psicolingüística, comprensión de lectura, capacidad intelectual, antecedentes escolares, escritura manuscrita, deletreo y escritura también más bajos11,12

La finalidad de este trabajo es analizar la relación entre déficit de crecimiento en estatura y rendimiento escolar e identificar algunos factores determinantes del desempeño académico,  en niños de nivel socioeconómico bajo. 

 Material y Método 

Este estudio es producto de una investigación destinada a identificar factores de riesgo de talla baja en el nivel socioeconómico bajo. Fue iniciado en 1994 y el diseño es un corte transversal que compara el rendimiento escolar de tres grupos de niños, clasificados de acuerdo a su talla y la de sus padres. 

En una primera fase se midió la talla de 2 321 niños que cursaban primer y segundo año básico en escuelas municipales de las comunas de Pudahuel, Peñalolén, La Pintana y Huechuraba, en  Santiago metropolitano, todas de alta vulnerabilidad social13

Se seleccionaron niños de "talla baja" (talla/edad (T/E) entre -1 y -3 desviaciones estándar (DE) del patrón antropométrico de los criterios OMS/NCHS)14 y "normales" (T/E ± 0,5 DE del mismo criterio). La estrecha dispersión para este último punto de corte fue elegida con la finalidad de diferenciar claramente la normalidad de la talla baja. Luego se midieron los padres de los niños seleccionados y con esta información se conformaron tres grupos: grupo 1, constituido por 85 niños bajos con padres muy bajos (bajo -2 DE según T/E a los 18 años del patrón aludido;  grupo 2, de 76 niños con talla baja y padres no muy bajos (entre -1,99 y 0,5 DE del estándar). Los grupos 1 y 2 corresponden al universo de los encontrados con estas características. El grupo 3 estaba formado por 86 niños talla normal con padres no muy bajos, seleccionados en forma aleatoria simple entre los que tenían estos antecedentes. Se  excluyeron  los niños con  anomalías genéticas y endocrinas y los que no vivían con alguno de sus progenitores. Tres por ciento del universo de donde se tomaron las muestras tenían apellidos indígenas y 5% apellidos de  procedencia foránea distinta al español.  Después de constituidos los grupos, se recogieron, mediante una encuesta realizada en el domicilio, antecedentes demográficos de la familia; escolaridad de los padres (se calificó como baja si era menos de seis años de estudios aprobados), disponibilidad de recursos financieros (se consideró renta baja si equivalía a menos de U$ 40 “per cápita” al mes) y apoyo de la familia al aprendizaje del niño. 

 Como indicadores de rendimiento escolar se utilizaron las notas de pase (promoción) de las asignaturas de castellano y matemática, antecedentes de repetición del año anterior y trastornos de aprendizaje diagnosticado por psicopedagoga. Con el fin de hacer comparables las notas de pase se ponderó cada una de ellas por un  índice del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE). Para determinar las habilidades aritméticas, se aplicó la prueba de Benton-Luria15
Además, se construyó un índice aditivo de rendimiento incluyendo las notas de pase ponderadas por SIMCE, los trastornos de aprendizaje que se hubieren registrado y los resultados de la prueba de Benton-Luria. El índice obtenido se dividió en tres tercios entre sus márgenes y el tercio inferior se consideró "mal rendimiento", mientras el superior se calificó de "buen rendimiento". 
La información obtenida se sometió, en primer lugar,  a análisis univariados mediante comparación de promedios y riesgos. Luego se aplicaron modelos multivariados para determinar los factores condicionantes de rendimiento escolar bueno y malo. Para comparar promedios se utilizó el análisis de varianza (ANOVA) de un factor y la prueba de Scheffé para identificar el origen de las diferencias. Para establecer riesgos,  se construyeron tablas de contingencia usando como ensayo estadístico el chi cuadrado, considerando significativo p < 0,05. Para  analizar los efectos de las variables en conjunto se elaboraron los mejores modelos de regresión logística de máxima verosimilitud con cuatro grados de libertad para los rendimientos bajo y bueno. 

 Resultados 

Las notas ponderadas por SIMCE fueron mejores en la asignatura de español (castellano) en  los niños talla normal (_ = 5,45;  IC 95%  = 5,2 a 5,6 ante el grupo 1 (_ = 4,5;  IC = 4,2 a 4,8) y para el grupo 2 (_ = 4,95; IC = 4,6 a 5,2), siendo significativas las diferencias entre los niños normales y bajos con padres muy bajos. En matemática, ocurrió algo semejante con calificaciones significativamente mejores, de acuerdo a la prueba  de Scheffé en los escolares de estatura normal (_ = 5,2 ;IC = 5,0 a 5,4) que en los del grupo 1 (_ = 4,6 (IC= 4,3 a 4,9). Las calificaciones también fueron menores en  el grupo 2 (_ = 5,0; IC = 4,7 a 5,3) pero sin diferencias significativas con los otros grupos. 

Los resultados de la prueba de habilidades aritméticas, mostraron significativamente mayor porcentaje de logro en los niños de estatura normal (59,6% ;IC = 54,9-64,4%) que en los dos grupos de escolares bajos (grupo 1: 49,6%; IC = 44,3 - 54,9% ;  grupo 2: 51,6%; IC = 46,3 - 56,9%). 

El riesgo de repetir un nivel escolar resultó alto y significativo en el grupo 1 (T/E Baja padres muy bajos OR = 5,3; IC = 1,7 - 16,2), mientras en el grupo 2 (T/E baja, padres no muy bajos) el riesgo era  inferior y no significativo. La misma tendencia se registró con respecto a la existencia de trastorno de aprendizaje aunque sin significación. 

 El mejor modelo multivariado para mal rendimiento, es aquel en que ingresan significativamente solamente dos factores: niño bajo hijo de padres no muy bajos (grupo 2) y la interacción entre la baja escolaridad de los padres (menos de seis años de estudios aprobados), siendo que la variable renta per cápita mensual muy insuficiente (inferior a US$ 40) ingresa al modelo en el límite de la significancia (tabla 1). 

El modelo para buen rendimiento presenta mayor razón de verosimilitud al ingresar tres de los cuatro factores en forma significativa, así la variable de mayor significación es la alta escolaridad de ambos padres (más de diez años de estudio) seguida de tener hasta tres niños menores de 18 años viviendo en el  hogar y finalmente pertenecer al grupo con talla normal (tabla 2). 

Al analizar el efecto de la acumulación de factores, independientemente de su naturaleza, sobre el riesgo  de bajo rendimiento, se encontró una tendencia creciente de este a medida que se acumulaban los factores, destacando que éste es notablemente mayor cuando coexisten cinco o más (OR= 15;  IC= 3,65 - 71,5). Para el buen rendimiento la tendencia no es tan clara, aunque también el riesgo es mayor cuando interactúan cinco o más factores protectores OR=4,34 (IC= 1,56 - 12,3). 

 Comentario 

Los resultados obtenidos asocian claramente el déficit de crecimiento con bajo rendimiento escolar, al observarse que permanentemente los niños bajos presentan menores rendimientos en casi todos los indicadores empleados. 

Si bien es cierto que la asociación entre bajo rendimiento y talla baja cambia dependiendo del indicador de rendimiento que se utilice, siempre se dió con los niños bajos y no en los de talla normal. Esta dualidad  se podría deber a que los indicadores usados miden distintos aspectos del rendimiento escolar. Sin embargo, en nuestra opinión, el índice de rendimiento sería el que con mayor precisión identifica los valores extremos (bajo y buen rendimiento) por incorporar diferentes indicadores de aprovechamiento. 

Esta relación entre talla baja y bajo rendimiento escolar podría explicarse porque la desnutrición prolongada, junto con  déficit de crecimiento, genera cambios neuronales estructurales, alteraciones bioquímicas, fisiológicas y bioeléctricas, que afectarían dicho rendimiento16,17

También se ha encontrado que algunos factores de riesgo de bajo rendimiento son similares a los que determinan retraso de crecimiento, por lo que se podría especular que los déficit de crecimiento y rendimiento poseen un tronco común de factores ambientales adversos que iniciarían precozmente su efecto negativo en el niño expuesto.  Los resultados de los análisis multivariados de este estudio respaldan la importancia de estos factores ambientales adversos en la determinación de déficit de estatura y bajo rendimiento escolar. 

El modo por el cual la baja escolaridad de los padres influye en el deficiente rendimiento académico del niño obedece a numerosos  mecanismos que,  probablemente,  varían de una cultura a otra. Entre ellos se menciona más interés de los padres con mayor nivel de instrucción por el rendimiento escolar de los hijos y desde  temprana edad, creando estímulos ambientales favorable, impulsando la competitividad con otros coetáneos y dando oportunidades de asumir su propio aprendizaje18,19

 

Tabla 1

Factores determinantes de bajo rendimiento escolar


Factores
Beta
EE
OR
IC
Instrucción ambos padres < 6años
0,4187
0,1493
0,005
1,52
1,13 - 2,03
Niño bajo de padres no muy bajos 
0,9101
0,4019
0,02
2,48
1,13 - 5,46
Ingreso de cápita
 
 
 
 
< US$ 40 equivalente
0,6931
0,3558
0,05
1,99
0,99 - 40,10
Niño bajo de padre muy bajo
-0,4908
0,4180
0,24
0,61
0,26 - 1,38

Beta : coeficiente B. EE: error estándar . OR: ventaja o razón de disparidad. IC: intervalo de confianza 95%
Grados de libertad = 4
Chi cuadrado modelo = 28.317
Significancia modelo < 0,0001
Razón de verosimilitud = 214.005

Tabla 2

Factores determinantes de buen rendimiento escolar


Factores
Beta
EE
p
OR
IC
Escolaridad de padre y madre > 10 años
0,3888
0,1215
0,001
1,47
1,16 - 1,87
Hasta 3 menores de 18 años en el hogar
0,8296
0,3682
0,02
2,29
1,11 - 4,71
Ser talla normal
0,7796
0,3572
0,02
2,18
1,08 - 4,39
Ser niño bajo hijo de padres muy bajos
0,3866
0,3353
0,2
1,47
0,76 - 2,83
Beta : coeficiente B. EE: error estándar. OR: ventaja o razón de disparidad. IC: intervalo de confianza 95%
Grados de libertad = 4
Chi cuadrado modelo = 24.833
Significancia modelo = 0,0001
Razón de verosimilitud = 291.031
 

El bajo ingreso per cápita es otro factor de mal rendimiento,  en el límite de la significancia. El mecanismo por el cual puede intervenir está relacionado con limitaciones en los recursos para el estudio, entre las que se pueden mencionar, falta de espacio físico adecuado y de material bibliográfico que estimule la lectura y la curiosidad natural del niño por aprender. 
Al analizar el riesgo de bajo rendimiento por acumulación de factores adversos incluido el déficit de crecimiento, se puede deducir que hay una sumatoria de efectos negativos que podrían actuar en forma independiente y, por lo tanto, serían válidas las intervenciones específicas para disminuir el efecto de los factores identificados. 

En lo que respecta a los factores asociados al buen rendimiento, se confirma la importancia del nivel de instrucción de los padres, que posiblemente permite acceder a trabajos mejor  remunerados, y por esta vía proporcionar al hijo mejores condiciones para el estudio. La asociación de buen rendimiento con menor competencia por los recursos (menor número de jóvenes en la familia) podría responder a mayor tiempo de los padres dedicado  a la enseñanza de los hijos, estimulando los avances y corrigiendo los resultados negativos. 

Desde el punto de vista de la prevención del bajo rendimiento escolar en niños con déficit de crecimiento, pudiese ser  conveniente utilizar estrategias específicas en los distintos grupos de edad en que los factores de riesgo puedan actuar. Por ejemplo, en lactantes estrechar la vigilancia sobre los que muestran déficit inicial de crecimiento, además de incluirlos en programas de estimulación precoz del desarrollo sicomotor. En preescolares, poner atención a los casos de niños con  talla baja, baja escolaridad de los padres e ingresos familiares insuficientes al momento de ingresar a los jardines infantiles. 

Sería recomendable coordinar y enlazar los programas destinados a preescolares y escolares, de forma tal que los niños beneficiarios en el jardín infantil lo sean también en la escuela, considerando en riesgo a los niños talla baja para los efectos de los planes de apoyo educacional y de alimentación. 

Por último, debido al efecto positivo de la mayor instrucción de los padres en el rendimiento escolar de los hijos, habría que estudiar fórmulas para fomentar mejoras a la educación de los adultos de condición  socioeconómica baja,  lo que podría facilitar la inserción de ellos  en actividades laborales mejor  remuneradas y, por esta vía, apoyar y estimular el estudio de sus hijos. 

Agradecimientos. 

A la Sra. Mariana Chadwick por compartir sus conocimientos y experiencias en la aplicación de la prueba de Benton-Luria. 

 Referencias 

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