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Boletín chileno de parasitología

versão impressa ISSN 0365-9402

Bol. chil. parasitol. v.56 n.3-4 Santiago jul. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0365-94022001000200013 

Prevalencia de hallazgo de huevos de Toxocara canis en plazas de la Región
Metropolitana de la ciudad de Santiago, Chile.

Patricia Salinas, Margarita Matamala y Hugo Schenone

Unidad de Parasitología Norte, Facultad de Medicina. Universidad de Chile.

Abstract

Prevalence of Toxocara canis eggs in squares of the Metropolitan Region of Santiago, Chile.

In order to stablish the current prevalence by eggs of Toxocara canis, 110 squares of five zones of the Metropolitan Region of Santiago city were examined by a flotation in saturated zinc solution modified method. Samples were taken from different kinds of soil in the four seasons of the year and they were preserved under anaerobic conditions over 2 years. 18,2% of samples resulted positive to Toxocara canis eggs and 26.4% were positive to nematodes larvae. No viable eggs were found.

Western zone is the most contaminated of the city and autumn is the season in which we obtained higher recovery of eggs.

Silty clay sample soil seems to be better than sandy soils on maintenance of studied eggs.

Palabra clave (Key words): Toxacara canis; prevalencia (prevalence); contaminación del suelo (eggs soil contamination); método de flotación (flotation method).

INTRODUCCION

El género Toxacara comprende alrededor de 10 especies de nematodes, de las cuales se distinguen dos por causar patología en el hombre: Toxacara canis y Toxocara cati. De estas, T. canis es uno de los parásitos identificados como el principal agente etiológico de la toxocarosis humana o síndrome de larva migrante visceral (Beaver y col., 1984; Soulsby 1987).

El hombre, hospedero accidental, puede infectarse al ingerir huevos de Toxacara sp. con larvas de segundo estadio, las que al liberarse en el intestino delgado, vía circulación sanguínea, alcanzan diversos órganos, principalmente hígado, pulmón, cerebro, globo ocular y músculos. Este cuadro, por lo tanto, puede ser de tipo visceral u ocular. Los tejidos reaccionan con una respuesta inflamatoria exudativa y proliferación granulomatosa tipo cuerpo extraño, además de manifestaciones destructivas debidas a la liberación de citoquinas e interleukinas 4 y 5 (Kayes, 1997).

La infección por T. canis debe ser tratada como un problema de salud pública debido a que la contaminación del suelo por los huevos — contenidos en las deposiciones de perros — constituye uno de los factores epidemiológicos fundamentales en la transmisión del parásito, alcanzando lugares de juego donde niños, grupo etáreo de riesgo, podrían adquirirlo a través de la ingesta de tierra procedente de manos contaminadas, o por onicofagia y/o geofagia (Marmor y col., 1987; Schantz 1989; Noemi y col., 1994).

La probabilidad de adquirir este parásito es alta, especialmente cuando se está en contacto con la tierra, los hábitos higiénicos son deficientes, el nivel sociocultural es bajo y la prevalencia de la infección en perros y gatos es elevada (Vásquez y col., 1996).

Los huevos depositados en el suelo pueden sobrevivir durante muchos años, hecho que está determinado por la estructura de su corteza, las condiciones climáticas y el tipo de suelo en el que se encuentren (Schantz y Glickman, 1985; Plachy y col., 1993).

Considerando que la infección en perros va desde un 23 a un 40%, (Alcaíno y col., 1992) nos pareció importante determinar la prevalencia de la presencia de huevos de T. canis en las plazas de una región determinada por ser un indicados positivo para inferir como ha evolucionado la propagación de la infección por el parásito en la población humana, ya que es en plazas y jardines donde los perros frecuentemente depositan sus heces.

En Chile se realizó en 1987 un estudio correspondiente a un pequeño número de plazas de cuatro zonas de la Región Metropolitana encontrándose una prevalencia de un 10,7% (Salinas y col., 1987), motivo que nos indujo a conocer el actual nivel de contaminación de los suelos de las plazas de la ciudad de Santiago.

MATERIAL Y METODOS.

Se recolectaron 159 muestras de tierra de 110 plazas de la ciudad de Santiago entre junio de 1996 y enero de 1998.

La ciudad de Santiago fue dividida en zonas, recolectándose las muestras por sector según el siguiente esquema: Norte 25, Sur 28, Occidente 26, Oriente 28, Sur-Oriente 24 y Centro 28.

Se recogieron alrededor de 250 g de tierra en un área de aproximadamente 100 cm2 y a una profundidad de hasta 5 cm. Las muestras se guardaron en recipientes cerrados consignando fecha, hora de recolección, temperatura ambiental, tipo de suelo y lugar de procedencia.

El suelo se clasificó, según el análisis geológico de Shepard (1954), de la siguiente manera, tipo A: arenoso y húmedo (permite una relativa conservación de los elementos parasitarios); tipo S: arenoso y seco (no facilita la sobrevivencia de los huevos); tipo L: lodo arcilloso (con gran proporción de tierra húmeda y vulnerable a la acción de lluvias que barren los huevos con facilidad); tipo H: arcilla lodosa (presenta buen atrapamiento de partículas y otorga adecuadas condiciones para la sobrevivencia de los huevos).

Las muestras se conservaron a 4ºC y protegidas de la luz por 1-2 años para estudiar la viabilidad de los posibles elementos parasitarios encontrados (Fenoy-Rodríguez y col., 1987; O'Lorcain, 1995).

Se utilizó el método de flotación en sulfato de zinc de Dada (1979) modificado.

El análisis microscópico se realizó en quintuplicado usando los objetivos de 10x y 40x.

La discrepancia de valores entre la presencia de huevos y las variables estaciones del año, calidad de suelo y área geográfica se analizó por el método estadístico de x2 con sus diferentes pruebas.

RESULTADOS

De las 159 muestras de suelo, procedentes de 110 plazas de la ciudad de Santiago, se encontraron 29 (18,2%) positivas para huevos de T. canis, pertenecientes a 25 plazas. De éstas, en el 96,5% se encontró 1-2 huevos, de los cuales en ninguno se observó presencia de larva en su interior. El 50% presentaba la corteza intacta, el 30% algún grado de alteración en sus capas y en el 20% restante se observaron características de procesos degenerativos.

Además de los huevos, se encontraron larvas de nematodes en el 26,4% de las muestras. De éstas, algunas se observaron muy activas, sin embargo, el 50% de ellas estaban muertas, deterioradas o sólo se observaban sus mudas cuticulares.

Según la estación del año en que fueron recolectadas, las 159 muestras se distribuyeron de la siguiente manera: 48 en invierno, 42 en primavera, 45 en verano y 24 en otoño. Se encontraron 8/48 (16,7%) muestras positivas en invierno, 10/42 (23,8%) en primavera, 4/45 (8,9%) en verano y 7/24 (29,2%) en otoño.

La calidad del suelo, del cual provenían las muestras, arrojó los siguientes resultados: 2/28 (7,1%) de muestras positivas en suelo S (arena seca); 12/78 (15,4%) en suelo A (arena húmeda); 2/12 (16,7%) en suelo L (lodo arcilloso) y 13/41 (31,7%) en suelo H (arcilla lodosa).

La última variable a considera fue el área o zona geográfica de recolección, encontrándose diferencias significativas entre las zonas occidente y sur el resto de las areas (p<0,05). Los resultados se expresan en la Tabla I.


DISCUSION

La prevalencia del hallazgo de huevos encontrada (18,2%) en las 110 plazas estudiadas, es mayor que la del estudio anterior (10,7%) que sólo comprendió 28 plazas de la ciudad de Santiago (Salinas y col., 1987).

Los huevos encontrados no eran viables, probablemente debido al período y condiciones de almacenamiento, que determinaron que se conservara su corteza en gran parte de ellos, pero por la baja temperatura (4ºC) y el ambiente anaeróbico en que se mantuvieron impidió el eventual desarrollo de las larvas, o bien, contribuyó a la destrucción paulatina de los elementos parasitarios. Este hecho también ha sido observado por otros autores (Guillén-Llera y col. 1986; O'Lorcain, 1995; Alvarez y col., 1998).

La presencia de larvas de nematodes vivas, muertas o de sus mudas, es un indicador de la gran actividad que cumple el suelo en el desarrollo de las formas larvales. Aún cuando algunas de éstas pueden corresponder a larvas de vida libre, la similitud de morfología de muchas de ellas con larvas de Toxocara sp. (Schacher, 1957; Talluri y col., 1986).

Con relación a la época del año en que se recolectó la muestra y en concordancia con nuestro resultado anterior, el otoño resulta ser la estación en que se encuentra la más alta prevalencia, seguido por la primavera. Las temperaturas no extremas que caracterizan a estas estaciones y que en conjunto con la humedad ambiental crean un microclima favorable a la mantención del huevo, pueden explicar este resultado (Caseiro, 1996). Tanto el verano como el invierno son las estaciones que aportan las más bajas prevalencias de hallazgo de huevos, por sus condiciones de alta temperatura y exceso de humedad respectivamente, hechos que inciden en la destrucción del elemento parasitario (Holland y col., 1991; Plachy y col., 1993; Zeballos y col., 1998).

La variable área de recolección se relaciona con factores tales como, estado de conservación de las plazas, cantidad de perros vagos que dambulan por ellas y nivel socioeconómico de la población. En las áreas occidente y sur, incide en el mayor resultado encontrado la presencia de gran cantidad de áreas verdes, no siempre con la mantención suficiente, una abundante población de perros vagos y asociado como tercer factor, sectores de bajo nivel socioeconómico.

Por otra parte, en el área oriente se obtiene la más baja prevalencia, asociada a adecuada conservación de la mayoría de sus plazas y mejor nivel socioeconómico de la población que permite la posesión de mascotas con control veterinario y mayor información sobre los riesgos de infección.

Resultó de interés comprobar que la calidad del suelo influyó tanto en la conservación de las características del huevo como en la recuperación de éste por el método utilizado.

Es importante considerar la composición del terreno de las plazas, las que están constituídas desde la base a la superficie, por sucesivas capas de arena, tierra nativa o de lepanto (arcillosa) y tierra de hoja (de contenido orgánico). Esta última tiende a perderse con facilidad debido al uso y cuidado dedicado al área verde. La presencia de esta estratificación define los distintos tipos de suelo, lográndose una óptima calidad para la mantención de los elementos vivos en aquellos que presentan las tres capas. El suelo denominado como arcilla lodosa (tipo H) presenta la estratificación mencionada y en él se encuentra la mayor cantidad de muestras positivas (31,7%). Las características de este suelo proporcionan a los huevos condiciones aptas para sobrevivir y evitar un rápido deterioro a través del tiempo, permitiendo además un mejor resultado al aplicar la técnica de flotación, ya que los huevos son liberados con más facilidad (Dada, 1979; Horn y col., 1990; Nunes y col., 1994).

REFERENCIAS

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