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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.36 n.108 Santiago ago. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612010000200008 

Revista Eure, Vol. XXXVI, N° 108, pp. 155-159, Agosto 2010

RESEÑA

 

Searching for the just city
DEBATES IN URBAN THEORY AND PRACTICE

Peter Marcuse; James Connolly; Johannes Novy; Ingrid Olivo; Cuz Potter; Justin Steil (Editores)
ROUTLEDGE | NUEVA YORK (2009)


El libro, editado en 2009 por Peter Marcuse y otros, sistematiza la extendida, aunque a veces olvidada refexión en los estudios urbanos, acerca de la relación entre ciudad y justicia. Tiene el mérito de convocar autores principales de la sociología urbana contemporánea, y forzar las referencias y el debate en torno a la búsqueda de la ciudad justa y a la idea de justicia urbana en la teoría y la práctica.

El libro se estructura en tres partes, además de una introducción y conclusión de los editores y un PostScript final, donde Peter Marcuse vuelve sobre sus preocupaciones tradicionales. Los tres capítulos centrales del libro son: 1) fundamentos teóricos, 2) ampliación del debate y 3) del debate a la acción. El más logrado parece ser el primero, donde se exponen claramente las bases de la relación propuesta, así como los alcances de un concepto de justicia que muchas veces supera el análisis urbano propiamente tal. Los capítulos siguientes, aparecen como refexiones complementarias y estudios de caso, que sirven para contextualizar el problema y visualizar posibles escenarios prácticos.

Así, el primer capítulo se ocupa de las tensiones filosófcas y políticas en torno a la idea de justicia y sus fundamentos. El segundo capítulo debate estos argumentos a la luz de aplicaciones y prácticas de planifcación, mientras que el tercero presenta estudios de caso y sus implicancias.

Encontrando justicia en la ciudad Para Connolly y Steil, el ejercicio de búsqueda de una ciudad justa es un esfuerzo de realización del potencial transformador de la teoría urbana. Se trataría de reimaginar y reorganizar la vida cotidiana en la ciudad, más allá de buscar respuestas individuales a injusticias específcas. En este ejercicio, y ante la difcultad de definir un sólo concepto de justicia urbana dadas las diferencias biográfcas e ideológicas involucradas en cada conficto, el sustrato espacial aparece como un posible denominador común.

Esta idea es interesante, ya que devuelve al espacio un lugar importante como variable independiente a ser considerada en la investigación social. Esto es, que la resistencia se articula en movimientos sociales situados en el espacio y por el espacio. De ahí el reescalamiento de la gobernanza donde se negocia lo social, lo económico y lo espacial. La ciudad aparece como el espacio de discusión, la escala donde las cuestiones de justicia se concretan como parte de las reivindicaciones en la vida cotidiana.

Siguiendo a Susan Fainstein, inspiradora de todo el libro, las preguntas centrales del movimiento social concebido de esta manera serían:

-  Bajo qué condiciones puede una acción consciente producir una mejor ciudad para todos los habitantes.
-  Cómo evaluamos qué consecuencias son mejores.

Así, las ideas de derecho a la ciudad, ciudad justa y ciudad buena, resumen un deseo de rearticular política y éticamente a los habitantes en relación a su espacio, ante fenómenos y procesos como la globalización, la desregulación, el neoliberalismo, la exacerbación de la competitividad, etc. Estos fenómenos redireccionan peligrosamente la atención de las refexiones acerca de la justicia social estructural hacia una nueva formulación liberal de los problemas sociales, entendidos como cuestiones de cohesión, exclusión y/o capital social, evitando muchas veces cualquier vínculo causal a la forma de producción y reproducción material de la sociedad. Luego, encontrar justicia en la ciudad se refere, desde esta perspectiva, a reivindicar la localidad como espacio de lucha, y a partir de ahí intentar concretar las mejores y más generales consecuencias.

¿Por qué justicia? Fundamentos teóricos del debate sobre ciudad justa En el artículo "Planifcación y ciudad justa" de Susan Fainstein, se presenta un grado importante de escepticismo sobre la posibilidad de identifcar un único modelo de buena ciudad. En este escenario, la idea de justicia aparece en relación a las nociones de democracia y diversidad, entendidos como elementos de una teoría de la ciudad buena. Así, si bien la justicia no es reducible al nivel urbano, la discusión de programas urbanos requieren un concepto de justicia relevante acerca de la distribución del poder y del gobierno de la ciudad. Esto es, un equilibrio entre poder y democracia en diferentes escalas.

Sin embargo, para Fainstein, lamentablemente, principios y criterios como el de posición original (Rawls), capacidades deseables (Nussbaum), situación ideal de comunicación (Habermas), derecho a la ciudad (Lefebvre), entre otros, se ven como ideas remotas en la actualidad y la práctica de los problemas urbanos contemporáneos. Habría una evidente asimetría de poder en la negociación de los diferentes confictos urbanos, donde no se reconocen los derechos y capacidades de todos los actores involucrados y, por lo tanto, no se producen resultados justos.

El desafío de los movimientos sociales en este contexto, estaría en lograr ir más allá de sus intereses particulares, en constituirse transversalmente a raza, migración, género o lugar de trabajo –nivel socioeconómico para el caso de las ciudades en Chile– y así lograr revertir los diferenciales en la negociación.

En todo caso, a pesar de las difcultades y asimetrías prácticas, el sólo hecho de nombrar el concepto de ciudad justa es performativo, en el sentido de instalar la noción de justicia en el debate y así eventualmente modifcar la práctica. Por lo tanto, se trata de una idea que la investigación social urbana debe volver a tomar en cuenta.

En este sentido, Harvey y Potter señalan que la idea y concepto de ciudad justa sólo es útil en un contexto determinado y vinculado a un esfuerzo real de transformación. Ese contexto determinado serían, para estos autores, más de 30 años de poder de élite de clase que pregona derechos y libertades individuales.

Ante ese escenario es que la transformación urbana juega un rol central y, por lo tanto, se vuelve objeto de lucha por el derecho a una ciudad justa. Así, los derechos urbanos y la justicia estarían mediados por la organización espacial del poder político, donde la lógica capitalista basada en la propiedad privada e individual, es diferente del ideal de justicia urbana, y donde el Estado garantiza esos derechos por sobre cualquier otro.

Vivimos, según estos autores, en una sociedad en la que el derecho inalienable a la propiedad individual coarta cualquier otra concepción inalienable de derechos que se pueda pensar y reivindicar. Por lo tanto, aceptar este sistema de derechos es aceptar también el hecho de que esta acumulación capitalista sin fin tiene que ser acompañada de expansión geográfca y, por extensión, expansión de estos derechos alrededor del planeta. Este régimen aumenta considerablemente las desigualdades y cohíbe la re-presentatividad social de la democracia en favor de la tecnocracia.

En este escenario, cabe una lucha por la concepción de derechos y libertades más allá de situaciones particulares. Sin embargo, si se pretende un derecho a la ciudad diferente y la construcción de una nueva versión de los procesos urbanos, debe ser en las batallas urbanas específcas donde ha de forjarse esta nueva concepción. Citando a Robert Park, Harvey y Potter señalan que la ciudad debe ser juzgada en función de nuestros deseos ("in making the city, man has remade himself"). Si no está acorde a nuestros deseos, entonces debe ser modifcada. Por otra parte, siguiendo a Lefevbre, el derecho a la ciudad no se debe concebir como un derecho pasajero, o como un retorno a la ciudad tradicional. Al contrario, sólo puede ser formulado como un derecho transformador y renovador de la vida urbana. Por lo tanto, es más que el derecho de acceso a lo existente; es el derecho a la realización de nuestros deseos.

Por lo tanto, habrá que tener claridad en qué queremos rehacernos, a través de una modif-cación de la vida urbana facilitada por movimientos sociales comprometidos.

Al contrario de Fainstein, Harvey y Potter plantean el derecho a la ciudad más allá de los marcos del sistema. Habría que recuperar la utopía, más allá de las utopías formales de la ciudad que terminarían siendo represivas de los deseos. Se propone una utopía de los procesos espacio temporales, una utopía dialéctica que combine la idea de cambios radicales en el espacio y tiempo, para moldear una imaginación totalmente diferente sobre de qué puede tratarse la vida urbana. Este proceso debe ser dinámico, emulando la "perpetua búsqueda de novedad" para acumular capital y reconstituirse a sí misma como clase, lo que parece ser el gran triunfo del capitalismo histórico. Así, el derecho a la ciudad no se puede cuestionar como derecho individual, sino que demanda esfuerzos colectivos, expresados en la calle, situados en el espacio.

Siguiendo el argumento de Harvey y Potter, Dikec señala también que el problema del derecho a la ciudad pasa por redefinir la ciudadanía. Implica no sólo participación en la vida urbana, sino también en la política y administración de la ciudad. El derecho a un espacio urbano y a un espacio político, como derecho a la identifcación con la ciudad y, por lo tanto, a la diferencia y resistencia en el espacio, es esencial. Se trataría entonces de politizar el espacio urbano en función de una egaliberté, entendida como un buen equilibrio entre igualdad y libertad dependientes de la sociedad en cada contexto particular.

Expandiendo el debate en torno a los límites de la ciudad justa

El editor, Peter Marcuse, comienza la segunda parte del libro expandiendo el debate desde la idea de planifcación y ciudad justa, hacia una idea de planifcación comunitaria. Esto es, un modelo de ciudad deseada, más allá de la equidad en la distribución, que debería apuntar hacia una ciudad que soporte el completo desarrollo de las capacidades humanas para todos.

Sin embargo, la pregunta central de Marcuse es: ¿cómo la planifcación puede vérselas con problemas estructurales? O bien, propone preguntarse si se trata de solucionar simplemente la distribución de bienes determinados o de corregir contradicciones estructurales de la sociedad en esta etapa de modernización capitalista.

En este sentido, la planifcación presenta sus límites, dado que el requerimiento por defecto de la ley es la justicia y el de la planifcación es la utilidad o la efciencia. Entonces, la pregunta radicaría en cómo manejar consecuencias injustas de procesos efcientes.

Para Marcuse, la cuestión del poder es central para comprender este dilema. Una acción justa sería la que no está infuenciada por el poder. El foco de la planifcación puesto en la solución de la distribución sugiere que una ciudad justa es simplemente una ciudad sin injusticias de distribución, aceptando la estructura existente, sus leyes e institucio-nalidad dada. Sin embargo, la planifcación comunitaria propuesta (commons planning), debe ir más allá y considerar alternativas a las relaciones de poder existentes, en la escala de la ciudad.

Llegados a este punto, la noción de justicia urbana desborda en cierta medida el campo tradicional de los estudios urbanos y de la sociología urbana. Vuelve una y otra vez a las contradicciones más tradicionales de la sociedad capitalista, impidiendo la concreción de una estrategia mayor, basada únicamente en los movimientos sociales urbanos. A pesar de lo anterior, la performatividad de la noción de justicia urbana contribuye a un cambio razonable hacia demandas y reivindicaciones más democráticas, superando la alternativa de la sumisión técnica a los planifcadores y autoridades políticas.

Luego de este diagnóstico, el texto ofrece algunas refexiones que complementan el análisis y sirven para lograr una imagen más acabada y más global de las diferentes consecuencias y escenarios prácticos en la aplicación de la noción de justicia urbana. Es decir, el texto pasa del debate a la acción, lo que constituye la segunda y tercera parte del libro.

Entre otros, Novy y Mayer señalan para el caso europeo el riesgo de servir una agenda que constituye una barrera para un cambio urbano progresista, al idealizar un modelo nostálgico de ciudad, donde la Arquitectura y el espacio público siguen pautas de un tipo ideal caricaturizado, que muchas veces esconde los problemas reales. El ejemplo de Amsterdam en particular y del modelo de ciudad europea en general, ilustran esta refexión.

Por otra parte, Steil y Connolly plantean el poder del discurso y la comunidad como una alternativa a la estructura de gobernanza institucional tradicional. El caso de las reivindicaciones ambientales en el South Bronx aparece como ejemplo de una ciudad construida desde abajo. Maricato, describe las luchas por reformas urbanas incluyentes e integradoras de los movimientos sociales en Brasil; Tompson, se refere a las difcultades de organización de la comunidad para una buena planifcación luego del huracán Katrina en Nueva Orleans, y Wolf-Powers da cuenta de la importancia del accountability en los procesos de planifcación de la ciudad.

Así, Potter y Novy concluyen que a partir de la vaguedad inicial del concepto de justicia urbana se suman nuevos elementos y dimensiones al concepto, tales como: escala, espacialidad, medio ambiente, sustentabilidad, género, sexualidad, etc. Esto complejiza y enriquece el debate, pero a la vez lo hace poco operacional para los estudios urbanos, volviendo una y otra vez a la pregunta inicial acerca de qué entendemos por ciudad justa.

PostScript: más allá de la ciudad justa, hacia el derecho a la ciudad.

Peter Marcuse señala hacia el final del libro que el objetivo hoy día es trabajar teóricamente las bases de las nuevas demandas de los movimientos sociales por el derecho a la ciudad, articulando los intereses de los excluidos con los de los incluidos. Para él, ha habido un cambio en el sentido asignado y en el signifcado de ciudad justa, que tiene que ver con alteraciones de la práctica humana. Las demandas más potentes chocan con un orden institucional fuerte que se resiste a cambiar.

El activismo y la planifcación pueden jugar un rol determinante en el futuro de las ciudades. Sin embargo, hasta ahora, la planifcación centrada en la efciencia y la funcionalidad, instrumentalizando las preocupaciones sociales al servicio del crecimiento y prosperidad de los negocios, no ha logrado consensuar el debate, superar el servicio al cliente y dar cuenta de alguno de los principios promulgados insistentemente por los movimientos sociales como nuevos derechos urbanos. Entre otros, derecho a vivienda y suelo libre de especulación, al espacio público, a barrios sustentables y saludables, al transporte e infraestructura, entre muchos otros.

Finalmente, una vez más Lefebvre y la idea del derecho a la ciudad en sentido amplio adquiere relevancia y actualidad: "el derecho a la ciudad es un grito y una demanda que no puede ser concebido como un simple derecho pasajero o como un retorno a la ciudad tradicional. Sólo puede ser formulado como un derecho transformado y renovado a la vida urbana, entendiendo vida urbana como el lugar del encuentro, que prioriza su valor de uso, como un recurso supremo".

Felipe Link L.
Sociólogo, Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos.
Académico Escuela de Sociología, Universidad Diego Portales. Contacto: Facultad de Ciencias Sociales e Historia, Ejército 333 piso 2, Santiago-Chile. E-mail: felipe.link@udp.cl