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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.32 n.96 Santiago ago. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612006000200001 

Revista eure (vol. XXXII, No. 96), pp.5-6, Santiago de Chile, agosto de 2006

 

Presentación

 

Es evidente que el desarrollo sustentable se ha transformado en un marco para organizar los cambios sociales desde las últimas décadas del siglo veinte. La velocidad de este giro hacia los principios de la sustentabilidad ha variado según los contextos nacionales y locales; sin embargo, hay signos claros de la incorporación del desarrollo sustentable en discursos e intervenciones públicas y privadas.

Tal vez el cambio más importante esté asociado con la transformación del pensamiento ambiental en pensamiento sobre sustentabilidad. Desde la publicación del libro Primavera Silenciosa de Rachel Carson en 1962, la necesidad de fomentar la gestión de control ambiental y de los recursos naturales renovables y no renovables ha estado presente. La urgencia por responder a los desafíos ambientales y contextualizarlos en términos del desarrollo socioeconómico ha sido destacada en conferencias internacionales, como la de Estocolmo en 1972, y más tarde la de Río de Janeiro (1992) y la de Johannesburgo (2002). También publicaciones significativas, como la Estrategia de Conservación Mundial de la UICN, PNUMA y WWF (1980), el Informe Brundtland, de la Comisión Mundial de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (1987) y el Programa 21 (1992), cumplieron un rol clave en este proceso.

En tanto que la agenda ambiental y la agenda para la sustentabilidad han estado interrelacionadas de forma creciente desde principios de los ‘90, ha habido también un cambio significativo en la importancia de las ciudades-regiones respecto a las áreas rurales como espacios para vivir. Es especialmente el caso en América Latina, el continente más urbanizado, con 64,7% de población urbana. Este nuevo escenario global, en términos del ratio urbano-rural, y el auge de un desarrollo más sustentable, sugieren que las ciudades-regiones del mundo poseen la mayoría de las respuestas a los desafíos del desarrollo contemporáneo. Estos desafíos han sido claramente definidos en las Metas del Milenio (2000), aunque también fueron destacados en el Informe Brundtland. El enfoque más integrado de desarrollo frente a los desafíos mencionados es expresado en el contexto regional por Lucy Winchester, en su artículo que informa sobre el estado actual del desarrollo urbano sustentable en América Latina.

Como en el Informe Brundtland, es evidente que los temas de pobreza e inequidad siguen siendo los desafíos claves del desarrollo urbano en el nuevo milenio. En particular, aquellos relacionados con las formas en que la pobreza y la inequidad afectan el acceso a los recursos ambientales básicos, como calidad de aire y calidad del agua, por ejemplo –garantizados en muchas de las constituciones de la región–, así como también la vivienda básica y un nivel de calidad en los entornos próximos para reducir la vulnerabilidad a las condiciones climáticas, los riesgos en salud pública, riesgos sociales y desastres naturales. Este equilibrio –entre el crecimiento económico, la gestión responsable de la calidad ambiental y de los recursos naturales y la justicia social– constituye el corazón de la agenda de sustentabilidad urbana (resumido claramente en el capítulo 7 del Programa 21), y es imposible de realizar sin enfatizar las dimensiones institucionales asociadas. Todos estos temas indican que el objetivo principal que se plantea es mejorar la calidad de vida de los habitantes dentro de las limitaciones de los recursos y condiciones ambientales locales y regionales. Claramente, la planificación regional tiene un rol importante en llevar a cabo esta agenda, que discuto en un artículo sobre la planificación estratégica sustentable.

La sustentabilidad urbana no puede seguir siendo discutida como un concepto naciente. Ahora es un concepto adolescente en que se destacan los aspectos de gobernanza asociados con las dimensiones institucionales, que incluye debates sobre la incorporación de criterios de sustentabilidad en la planificación, las políticas públicas y en el ámbito financiero. Este proceso ha tomado cada vez más relevancia desde las conferencias en Monterrey (marzo de 2002) y Johannesburgo (agosto-septiembre de 2002).

Las ciudades-regiones también están cambiando con dinámicas específicas frente a las transformaciones de la globalización. Las concentraciones urbano-industriales del siglo veinte han cedido espacio a un proceso intensivo de aumento en actividades terciarias en su contribución al crecimiento del empleo y del PIB. En paralelo con este cambio están llegando los discursos asociados con ciudades en redes, edge cities y otras construcciones similares. Sin embargo, persisten niveles altos de heterogeneidad urbana. Por ejemplo, muchas ciudades muestran los impactos severos del desarrollo urbano-industrial, a pesar de más de una década de regulación ambiental en la mayoría de los países de la región. Es precisamente este el enfoque del artículo de Márcia Frey y Milton Wittmann, con su análisis de la gestión ambiental de la industria del tabaco en Rio Grande do Sul y su impacto sobre los productores en el contexto del desarrollo regional. La agenda de responsabilidad social del sector privado es una respuesta específica al desarrollo sustentable, aunque persiste el escepticismo respecto al nivel de internalización efectiva de las externalidades negativas.

Los cambios contemporáneos en el desarrollo urbano y el paradigma del desarrollo sustentable están relacionados con el tema de la evaluación. Sin claridad respecto a cuáles son los cambios en proceso y a sus impactos de corto y largo plazo en distintos medios ambientales, en distintos grupos sociales y a distintas escalas geográficas, es difícil comprender las trayectorias actuales y su necesidad de reorientación. El movimiento hacia indicadores más integrados de cambios urbanos, que vinculen no solamente criterios de crecimiento urbano sino otras variables, probablemente mostraría una imagen más nítida de lo que ocurre en las ciudades-regiones. Los artículos de Tánia Braga, en el contexto de São Paulo y Belo Horizonte, y Luis Escobar en relación con un modelo urbano de índices de calidad ambiental, son contribuciones importantes a este debate y fortalecen las herramientas disponibles para quienes deben tomar decisiones urbanas.

La historia de la revista EURE se vincula con el auge de la conciencia ambiental, la formación de instituciones ambientales, compromisos, regulaciones y otros instrumentos. También se vincula con la tendencia hacia la incorporación de temas ambientales y con el concepto de desarrollo sustentable desde los ‘80. A pesar de la importancia tradicional de las ciudades-regiones en el desarrollo de América Latina, son pocos los artículos publicados sobre los temas relacionados con la gestión ambiental urbana y la sustentabilidad. El “goteo” de artículos es más o menos parejo en el tiempo desde 1980 y está enfocado en pobreza y condiciones ambientales (número 23-1981, Sabatini; número 32-1984, Galilea y Jordán; número 57-1993, Satterthwaite; número 79-2000, Sabatini y Arenas; número 91-2004, Sabatini y Wormald), en transporte y medio ambiente (número 26-1982, Gross y Matas; número 67-1996, Figueroa y Reyes; número 81-2001, Cherni; número 89-2004, Fernández y Valenzuela), en políticas y planificación ambiental (número 19-1980, Gross; número 27-1983, Giglo; número 37-1986, Mieres; número 44-1988, Giglo) y en desarrollo sustentable (número 65-1996, Da Costa; número 74-1999, Acselrad; número 81-2001, Blanco et al.).

Como número especial que reúne cinco artículos relacionados con la sustentabilidad urbana, este paradigma de planificación y gestión regional y local se presenta para ser debatido, incorporado o rechazado. Proyectado en su forma más instrumental como un programa para el siglo 21 (Programa 21), es cada vez más difícil ignorarlo.


Jonathan Barton
Editor Invitado