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EURE (Santiago)
versão impressa ISSN 0250-7161
EURE (Santiago) v.32 n.95 Santiago maio 2006
http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612006000100008
| Revista eure (Vol. XXXII, N° 95; pp. 124-125, Santiago de Chile, mayo 2006) Eure reseñas Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes (eds.) (2005) Santiago: Ediciones SUR
El libro en cuestión pone en la palestra uno de los temas fundamentales del desarrollo urbano actual de las ciudades chilenas, y reúne un excelente conjunto de trabajos que muestran, desde distintos enfoques, lo que está sucediendo con la vivienda social en el país. Partiendo del reconocimiento del éxito que ha tenido la política habitacional como sistema de financiamiento y como efectivo mecanismo para abrir, a cientos de miles de familias chilenas de bajos y muy bajos ingresos, la posibilidad de acceder a una “solución de vivienda” en propiedad, se muestran aquí de cerca algunos de los fuertes impactos negativos o “consecuencias no deseadas” que esta política está produciendo sobre sus residentes y sobre las ciudades del país. El centro del debate está puesto aquí en la calidad de la vivienda y no –como hasta ahora lo ha hecho el Gobierno- en la cantidad de soluciones habitacionales que es capaz de producir cada año. En palabras de los editores: “Si hace 20 años atrás el problema era de las familias sin techo, hoy, en Santiago, el problema es de las familias con techo”. Yo agregaría no sólo en Santiago, sino en el país. La gravedad de la situación es claramente señalada: “Los residentes en estas unidades son en general personas que están insatisfechas con la calidad de su vida cotidiana. Dicen que quieren irse a otros barrios y no pueden hacerlo, porque son pobres y porque no existen otras alternativas habitacionales” (p. 14). En el primer capítulo, Sugranyes hace una revisión exhaustiva y un notable análisis crítico de la producción de la vivienda social en el país en las últimas tres décadas. Muestra cómo el enfoque “liberal” aplicado ha roto con la tendencia histórica latinoamericana de dejar a los pobres instalarse irregularmente en la periferia “no deseada” por el desarrollo urbano formal. Uno de los aspectos más interesantes de este análisis es que se hace “en función de los contextos económicos, sociales y políticos de cada fase” (p. 23). El mecanismo que está en la base de este éxito, plantea la autora, es el “subsidio habitacional” iniciado a fines de los setenta, el cual se ha ido modificando y adaptando a nuevas condiciones y que actualmente “intenta subsistir”. En el capítulo dos, los editores desarrollan más ampliamente la tesis básica del libro, mostrando la compleja situación que esta política de vivienda ha generado y el explosivo escenario que plantea en este momento la vivienda social construida: “Una política exitosa de vivienda ha terminado creando un nuevo problema de vivienda y urbano: un enorme stock de viviendas sociales inadecuadas que requiere atención” (p. 60). Segovia ofrece en el capítulo tres un excepcional enfoque: la visión que tienen las mujeres, niños y adolescentes residentes de tres conjuntos de vivienda periféricos, sobre su vida cotidiana. Muestra que existen fuertes percepciones de malestar y exclusión en los conjuntos de vivienda social; las madres están descontentas y tienen miedo; los jóvenes se aíslan; hay desconfianza colectiva y desinterés por participar en acciones para el bienestar común. Termina abriendo algunas propuestas que permiten visualizar caminos de salida, entre las cuales sostiene que el espacio público es el lugar privilegiado para promover la confianza e integración social, y por ello, debe ponerse especial atención en él. Skewes muestra a continuación, de manera fascinante, el drástico cambio que se observa en las personas y familias cuando son trasladadas de un campamento irregular, anónimo y con una intensa vida social, a la villa, donde pasa a primar el aspecto exterior y las posesiones, surge la inseguridad y “cada cual se preocupa de lo suyo” (p. 118). Muestra cómo en la villa las personas se hacen más individualistas y dependientes de las agencias externas, y complementa su trabajo con extraordinarios dibujos a través de los cuales niños que habitan estas áreas muestran la forma cómo las perciben. Aravena y Sandoval y Cáceres exponen, en los capítulos quinto y sexto, aspectos complementarios de las situaciones que se observan en los nuevos asentamientos producto de esta política de vivienda, mostrando resultados de investigaciones realizadas en algunos conjuntos específicos. Notable, a este respecto, es la reseña que hace Cáceres de la importancia que dan los pobladores a la ceremonia de entrega de las viviendas. Márquez, en el capítulo siete, propone una polémica y a nuestro parecer poco afortunada relación entre el origen de los residentes y el estado de las viviendas, adjudicando a la falta de cultura de los pobladores provenientes de campamentos una incapacidad para mantener en buen estado sus viviendas y afectar negativamente al barrio: “Tras la fachadas deterioradas, en cambio, habitaban las familias provenientes de campamentos y cuya postulación se había realizado de manera colectiva y participativa” (p. 165). Con esta tesis se hace eco de una queja recurrente entre residentes que provienes de otras situaciones, pero lo que es más grave, al relacionar directamente la falta de cultura con la postulación participativa, creemos que cierra completamente los caminos que deben abrirse para disminuir la desintegración social y mejorar la convivencia en los barrios. La historia de Bernarda de Rauco es una hermosa forma de expresión de la realidad en las palabras de la pobladora (capítulo ocho). En el capítulo nueve, De la Jara plantea preguntas importantes, entre otras: ¿Cómo continuar con los necesarios planes masivos de vivienda social y resolver la imperiosa necesidad de mejorar las condiciones de habitabilidad de la vivienda y su entorno? (p. 195). En las conclusiones, los editores platean temas fundamentales como la insatisfacción mayoritaria de la población con sus condiciones de vida, los crecientes problemas de convivencia que llevan a diferentes expresiones de violencia intrafamiliar y en el exterior de los barrios, y la necesidad urgente de entrar en una segunda fase de la política de vivienda que ponga en su centro lo cualitativo, la calidad de la vivienda y su entorno. En pocas palabras, esta obra es y será fundamental para conocer y profundizar en el estudio de la vivienda social y el desarrollo urbano, y esperamos que sirva como base para la urgente necesidad de re-encaminarse hacia una política de vivienda “ejemplar”. Creemos asimismo que esta obra será de gran utilidad para otros países latinoamericanos y países en desarrollo de otras regiones del globo, los que han puesto sus esperanzas en los avances que ha mostrado la política de vivienda chilena; estos estudios les pueden mostrar cuáles son los errores que no deben ser repetidos y cuáles son los valores que no deben ser perdidos o que deben ser rescatados. Sólo así podremos asegurarle a aquellos que más lo necesitan unas mejores condiciones de vida, y podremos avanzar hacia ciudades más equitativas y más gratas. María Elena Ducci* |












