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EURE (Santiago)
Print version ISSN 0250-7161
EURE (Santiago) vol.31 no.93 Santiago Aug. 2005
doi: 10.4067/S0250-71612005009300007
| Revista eure (Vol. XXXI, N° 939; pp. 101-103, Santiago de Chile, agosto 2005 eure reseñas
Carlos Ossa y Nelly Richard (edición de Armando Silva). Santiago imaginado. Bogotá: Convenio Andrés Bello (2004).
Santiago Imaginado es parte de una serie de estudios académicos, fotografías, videos y producciones artísticas financiadas y motivadas por el Convenio Andrés Bello1. A través de ellos se pretende investigar y revelar no sólo los mapas y los discursos oficiales sobre las ciudades de América Latina, sino también, como explica el editor de la serie, Armando Silva, "las formas de ser urbanas que conviven [en ellas]" (p. 15). Se busca cotejar los datos empíricos, los números y edificios de la ciudad con las percepciones de los ciudadanos y artistas que en ella conviven. En resumen, se busca hacer emerger, junto a y desde la información empírica obtenida de las fuentes oficiales, a "los fantasmas urbanos, esos inquietos visitantes de nuestro inconsciente que suelen cambiar las casas reales por otra imagen que las cubre e incluso las desplaza" (p. 18). Este libro sigue, con éxito dispar, dos recorridos paralelos. Uno es escrito y en él es la voz académica la que recoge la ciudad que narran las estadísticas y discursos oficiales, las producciones artísticas y culturales que surgen en la urbe, las acciones diarias y -a través de una encuesta realizada especialmente para este estudio- las voces muchas veces contradictorias de los santiaguinos. El segundo trayecto es icónico; es la mirada de las fotografías y los gráficos la que intenta transmitir la experiencia de la diversidad de lo urbano. Santiago imaginado: en las palabras El primer recorrido está claramente demarcado por la división del texto en tres capítulos: "La Ciudad", "Los Ciudadanos" y "Nosotros/Los Otros". La constante en ellos es la idea de que en Santiago conviven las sensaciones de uniformidad y optimismo ante una modernidad que se ve como cercana, con las percepciones de miedo, inseguridad, incomodidad y estrés que surgen en contradicciones y rupturas constantes. Son efectivamente fantasmas y contradicciones los que emergen de lo textual en el libro de Ossa y Richard. La nuestra sería entonces, una ciudad de "fragmen-taciones y borraduras" (p. 23). El primer capítulo, "La Ciudad", se inicia contraponiendo las lecturas de modernización y magníficos hitos naturales que se hacen sobre Santiago en las postales con los "precarios entusiasmos" y "las viejas culpas" (p. 25) que expresan los santiaguinos. Según cifras del PNUD citadas en el libro, un 38% de los chilenos se siente inseguro, y en estadísticas de los autores, un 57% de los santiaguinos tiene una visión negativa sobre el futuro de la ciudad. Los autores aventuran una explicación para esta disociación: el continuo borramiento del pasado histórico de la ciudad motivado por los constantes terremotos y desastres naturales que obligan a reconstruir y reinventarse continuamente y agudizado por el quiebre institucional que significó el golpe de Estado de 1973. El movimiento de ruptura y construcción, desde el siglo XIX con la gestión del intendente Vicuña Mackenna, siempre ha sido motivado por políticas oficiales más orientadas hacia las posibilidades de modernización que a la elaboración de los lutos y recuperación de los patrimonios culturales perdidos, lo que llevaría a que la aparición de las carencias se pueda dar sólo en los intersticios de los espacios marginales. Así, en un recorrido por los lugares emblemáticos, esos que retratan las guías turísticas, se descubren en compleja convivencia una heterogeneidad de discursos y acciones. El Paseo Ahumada no se convirtió en el oasis peatonal que -para su inauguración durante el régimen militar- se esperaba que fuera, porque en él y a través de él se yuxtaponen las voces de la publicidad, las de los artistas de moda que cantan desde los parlantes de las tiendas de música, las de los músicos folclóricos callejeros en precarias presentaciones, las de los predicadores apocalípticos. La Plaza de Armas, centro cívico y eclesiástico de la ciudad, no es el punto de encuentro de todas las clases sociales, porque los ejecutivos y oficinistas sólo pasan y los que se quedan y la viven son los jubilados, los desempleados y los inmigrantes. La Plaza Italia, el límite entre los barrios en los que viven los más ricos de la ciudad y los que habitan los más pobres es, al mismo tiempo, el espacio de las grandes manifestaciones públicas, de las euforias deportivas y políticas, en las que conviven personas de los más diversos orígenes. En el segundo capítulo, "Los Ciudadanos", la mirada se orienta hacia quienes transitan y viven en esos espacios. Son estas personas las que sobreviven en medio de dos movimientos aparentemente contradictorios: de un lado, la convivencia que se mostraba en el capítulo anterior, que tiene consecuencias en la reapropiación y resignificación de modos de vivir la ciudad, "que hacen estallar los límites ilustrados de la urbe bajo la presión de las mezclas y de los desplazamientos trashumantes de grupos e identidades en tránsito" (p. 88); de otro, la homoge-neización fomentada por los medios de comunicación, que trazan una ciudad idealizada en la que se hacen desaparecer las diferencias biográficas y las imaginaciones personales, y en la que puede existir la ilusión de pertenencia, aunque la extensión urbana se haga cada vez más inabarcable para el individuo. Nuevamente es el "trauma" de esa contradicción lo que resurge en el pastiche de los guardarropas comprados en tiendas de ropa usada, en la violencia y pasión de las barras bravas2, en las historias pesadillescas de la crónica roja y en la altísima afluencia de público en los cafés con piernas3. En el último y más breve capítulo del libro, "Nosotros/Los Otros", se hace presente el dilema que viven los ciudadanos en términos de distinguir su ciudad, su espacio de pertenencia, de otros en un contexto globalizado. "El efecto desestabilizador de las mezclas propiciadas por esta red genera, en más de un caso, actitudes reactivas y defensivas que toman la forma de nacionalismos, integrismos y fundamentalismos: actitudes motivadas por la nostalgia" (p. 159). Los santiaguinos construyen su percepción de otras ciudades latinoamericanas con elementos de orígenes heterogéneos, en los que conviven los relatos publicitarios, los estereotipos, los prejuicios étnicos y la experiencia real. Los inmigrantes son clasificados, apreciados o despreciados a partir de estas construcciones, y sus trayectos son espacializados en base a ellas. Así, el lugar de peruanos y bolivianos será la Plaza de Armas, a la espera de un empleo. Pero incluso estas estructuras nacidas del prejuicio son subvertidas en ese mismo espacio con la entrada de los usos y costumbres, de sus comidas, de sus modos de vivir la religión, de sus comunidades de apoyo. Santiago imaginado: en las imágenes El de las imágenes es un recorrido paralelo al de la escritura, en el que las fotografías y gráficos no ilustran lo que dicen las palabras, sino que sencillamente muestran algo distinto. Como si fuera a través de una ventana entre dos túneles separados, a ratos las fotografías rozan exitosamente a la escritura académica. Cuando se habla de Santiago como un espacio de "vigilancias y nomadías" (p. 128) no se habla de las cámaras de seguridad que se multiplican en las calles: simplemente están presentes y silenciosas, como lo están en la ciudad, a través de las fotografías. Sin embargo, la mayoría de las veces la imagen no dialoga con el texto, principalmente por la mala calidad técnica de las fotografías. En una oscura imagen a duras penas se pueden distinguir los contornos de la Catedral y las personas que recorren la Plaza de Armas son sólo bultos. En otra se ve a unos borrosísimos carabineros en un lugar indeterminado, que un encabezamiento clarifica: "El Palacio de la Moneda". Aun en otra no se muestra lo que se dice que se muestra: se ve, pixelada, la avenida Santa María con el cerro San Cristóbal, pero el encabezamiento anuncia "al fondo, el cerro Santa Lucía" (p. 50) -uno de los espacios definidos por los autores como emblemáticos de la ciudad. Incluso, un par de veces fotos y gráficos se repiten y entorpecen el flujo, porque llaman a preguntarse si se trata de dar cuenta de lo mismo y obligan a retroceder. Estas y otras inconsistencias hacen que se traicione uno de los objetivos del estudio. Este libro consigue narrar claramente los imaginarios santiaguinos, "empalabrarlos", pero está lejos de siquiera convertirse en la experiencia de la ciudad que en su introducción sugiere que será. María Constanza Mujica* * Facultad de Comunicaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile. E-mail: mcmujica@puc.cl.
Notas 1 Más referencias sobre el proyecto y los resultados obtenidos en otras ciudades se pueden encontrar en http://www.cab.int.co/cab42/index.php?option=content&task=view&id=215&Itemid=0 2 Grupos de jóvenes de extracción popular, organizados en torno a la devoción por algún club de fútbol (N. del E.) 3 Cafeterías muy populares en Santiago, cuya característica principal es la de ser atendidas por mujeres ataviadas con vestidos extremadamente cortos y escotados (N. del E.). |











