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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.28 n.85 Santiago dic. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612002008500006 

Ciudad de México:
el camino hacia una ciudad global1

Christof Parnreiter2
Abstract

This article analyzes Ciudad de México in its way to a global city. It is explored that ¾ due to globalization, and as part of its process¾ Mexican capital city it is changing from a national metropolis to a "hinge" between Mexican economy and global economy. Accordingly, it is an important place for the production and managment of globalization in México. This has consequences over the economic, social and spatial structure of the Metropolitan Zone of Ciudad de México (ZMCM). It is also shown that the ZMCM is well integrated to the transnational global cities net.

Keywords: globalization, global city, economic development, Ciudad de México.

Resumen

En este artículo se analiza Ciudad de México en su camino hacia una ciudad global. Se explora que ¾ debido a la globalización y como parte de sus procesos¾ la capital mexicana se está transformando de una metrópolis nacional hacia una "bisagra" entre la economía mexicana y la economía global. Como tal, es un lugar importante para la producción y gestión de la globalización de México. Ello tiene implicaciones para la estructura económica, social y espacial de la Zona Metropolitana de Ciudad de México (ZMCM). También se muestra que la ZMCM está bien integrada en la red transnacional de las ciudades globales.

Palabras clave: globalización, ciudad global, desarrollo económico, Ciudad de México.

1. Introducción: algunas reflexiones conceptuales

En este artículo se analiza Ciudad de México en su camino hacia una ciudad global. Se explora que ¾ debido a la globalización y como parte de sus procesos¾ la capital mexicana se está transformando de una metrópolis nacional hacia una "bisagra" entre la economía mexicana y la economía global. Como tal, es un lugar importante para la producción y gestión de la globalización de México.

Para este propósito es oportuno empezar con algunas reflexiones conceptuales. Primero, el término "ciudad global" se refiere a una nueva forma de centralidad urbana causada por los procesos de la globalización. Ciudades globales son los nudos de la economía global, donde se integran economías regionales, nacionales e internacionales. Así, una ciudad global no se define ni por fronteras administrativas ni por el tamaño de su población, sino por sus funciones en la economía mundial. Las ciudades globales son centros a través de los cuales los flujos de capital, información, mercancías y migrantes circulan, y desde donde se controlan y gestionan estos flujos. Centralizando funciones de gestión y de control en la economía mundial, las ciudades globales son lugares de donde se prestan los servicios avanzados necesarios para el funcionamiento de la economía global. De tal modo, son lugares de producción, de comercio y de consumo para servicios financieros, legales, de contabilidad, de seguros o inmobiliarias. Finalmente, las ciudades globales son conectadas entre ellas a través de los mencionados flujos de capital, información, mercancías y migrantes, creando así una red global de ciudades (Friedmann, 1986; Sassen, 1991 y 2002; Knox & Taylor, 1995).

Segundo, existen razones tanto teóricas como empíricas para extender los estudios sobre ciudades globales, que hasta hace poco se concentraron en las metrópolis de Estados Unidos, Europa y Japón, para pasar a las principales ciudades en América Latina, África y Asia. Por un lado, el término "mega-ciudad", que en los estudios urbanos se utiliza frecuentemente para las grandes ciudades en el "Sur" presenta deficiencias conceptuales. Es una expresión que enfoca de manera exagerada en el crecimiento demográfico y espacial de las ciudades. Mientras la expresión "ciudad global" sugiere características cualitativas, el término "mega-ciudad" es estrictamente cuantitativo, proponiendo que las aglomeraciones urbanas en el "Tercer Mundo" se caracterizan principalmente (o incluso solamente) por su número de habitantes. Además, la concepción de una "mega-ciudad" y el tema relacionado de la "primacía urbana" se desarrollan en una perspectiva nacional, lo que es sumamente problemático. Mientras estudios históricos revelan que la urbanización en América Latina siempre ha sido influida por desarrollos globales (como el colonialismo, el capitalismo mercantil o la industrialización por sustitución de importaciones después de la crisis de la economía global a finales de los años ‘20), ello se hizo aún más evidente con los recientes procesos de la globalización. Si la reorganización de la economía global verdaderamente resulta ser una red en su expresión espacial, en la que ciudades globales surgen como puntos centrales, y si América Latina está integrada al mercado mundial, es de suponer que las principales ciudades latinoamericanas formen parte del sistema urbano global. Todo ello lleva a la conclusión que el concepto de "mega-ciudad" y sus connotaciones impiden captar las nuevas dinámicas de la urbanización en América Latina.

Por otro lado, existen también razones empíricas para incluir a las metrópolis en América Latina en los estudios sobre ciudades globales. Varios estudios del Globalization and World Cities Study Group and Network (GaWC), que incorporan detalladas y excelentes investigaciones empíricas, muestran que Ciudad de México es perfectamente incorporada en el "espacio de flujos" global. El GaWC denomina a Ciudad de México como una "ciudad global beta", que se coloca en la jerarquía, como la ciudad latinoamericana con la más alta clasificación, cerca de Bruselas, Madrid, São Paulo, Zurich, Johannesburg, Milán e incluso Los Ángeles.

En lo que sigue se examinan, primero, los cambios económicos a través de los cuales Ciudad de México pasó en las últimas dos décadas. Segundo, se relacionan estos cambios con la transformación hacia una ciudad global y con las funciones que asume la Ciudad de México para la globalización de la economía mexicana. Tercero, se identifican las conexiones que vinculan a la Ciudad de México con otras ciudades, tanto en el ámbito nacional como global. Finalmente, se identifica la ciudad dentro de la ciudad, o sea, los espacios centrales en la Ciudad de México.

2. Cambios económicos en Ciudad de México y la reducción de su primacía económica

Al terminar la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), la Zona Metropolitana de Ciudad de México (ZMCM) fue el epicentro de la economía nacional3 . En 1980, el PIB metropolitano fue dominado por los servicios comunales y sociales (32,6% del PIB total), y en segundo lugar, por la industria manufacturera (23,7%). En cuanto al mercado laboral, la industria fue el sector más importante (51,3% del empleo total), seguida por el comercio (25,5%)4.

En los siguientes 20 años, la situación cambia drásticamente. Destaca sobre todo el declive de la industria manufacturera, tanto en cuanto a la producción como respecto al empleo. Entre 1980 y 1998, la participación de la industria en el PIB de Ciudad de México bajó un 19,5%, cayendo a menos del 20% de la producción metropolitana. Con una reducción del 40%, el declive de la industria fue aun más acentuado en cuanto al mercado laboral. En consecuencia, la industria, que empleó más de la mitad de la población ocupada en el sector formal en el 1980, empleó menos de un tercio en el 1999. Otro sector cuyo contribución al PIB metropolitano se redujo notablemente es el comercio (-17,3%).

Por otro lado, los sectores que relativamente ganaron peso son la división "transporte, almacenaje y comunicaciones" (+15,6%) y los "servicios comunales, sociales y personales" (+9,5%). El sector que sobresale es, sin embargo, el de los servicios "financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler", que amplió su contribución al PIB de Ciudad de México pasando del 9 a 14%. El aumento de los servicios se refleja también en el mercado laboral. Con una participación del 38,6% del empleo metropolitano (1999), los servicios pasaron a ser el sector más importante (+ 67%), superando tanto a la industria como al comercio (cuadros 1 y 2).



Los cambios en la economía y el mercado laboral de Ciudad de México contribuyeron a una transformación de la geografía económica en México, y en particular del sistema urbano. En 1980, el rasgo principal del sistema urbano fue la alta concentración de la población, de las migraciones y de la economía en Ciudad de México. Cabe mencionar que en 1980, el 37,7% del PIB nacional se originaba en la ZMCM, mientras que en la industria manufacturera y los servicios comunales y sociales la participación metropolitana llegó casi a la mitad de la producción nacional (cuadro 3).


Entre 1980 y 1998, sin embargo, la primacía urbana económica de Ciudad de México se redujo notablemente5. Su contribución al PIB nacional cayó un 13,9%, resultando en una participación en el PIB nacional del 32,4%. Esta reducción se debe principalmente a una caída drástica de la participación del sector manufacturero metropolitano, que pasó del 47% en 1980 al 29% en 1998. Los demás sectores también redujeron su contribución al PIB nacional, aunque de una manera menos marcada. La única excepción que destaca son los "servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler", que incrementaron su participación en el PIB nacional un 10,8%. Por ende, mientras en el 1980 la industria fue el sector más concentrado en Ciudad de México, en 1998 los sectores más centralizados fueron los "servicios comunales, sociales y personales", y en segundo lugar, los "servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler" (cuadro 4).


En cuanto al empleo, las tendencias son similares. La participación de Ciudad de México en el empleo nacional urbano bajó en las últimas dos décadas del 40 al 24%, lo que equivale a una reducción del 40%. En la industria manufacturera las pérdidas fueron las más graves. En este sector, la participación de la ZMCM cayó a menos de la mitad del nivel de 1980, mientras el comercio y los servicios perdieron 31 y 20% de su participación, respectivamente (cuadro 4).


Debido a estos cambios, el carácter económico de Ciudad de México se transformó. En cuanto al PIB, el coeficiente de la especialización local para 1980 muestra que la ZMCM fue caracterizada principalmente por proporcionar "servicios comunales, sociales y personales", y en segundo lugar, por la industria manufacturera. No obstante, en 1998 Ciudad de México dejó de ser una ciudad especializada en la industria. Hoy en día es una ciudad altamente caracterizada por los servicios. Mientras los "servicios comunales, sociales y personales" consolidaron su posición dominante, tanto la división de "transporte, almacenaje y comunicaciones" como los "servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler" superan a la industria. El coeficiente de la especialización local para el empleo (formal) confirma este resultado: mientras en 1980 Ciudad de México fue una ciudad industrial, lo dejó de ser ya en 1986. La ZMCM se había convertido en una ciudad especializada en los servicios (gráficos 1 y 2).



Las pérdidas relativas de la ZMCM fueron principalmente a favor de estados fronterizos, y en segundo lugar, a favor de entidades en el sudeste y en el centro del país (cuadro 5)6 . En cuanto al PIB, los estados que más incrementaron su contribución a la producción nacional son Chihuahua, Baja California y Nuevo León en el norte, seguidos por Quintana Roo (sudeste), Querétaro (centro), Campeche (sudeste) y Aguascalientes (centro). Con respecto al mercado laboral la situación es similar, ya que ganan sobre todo entidades federativas en el norte y en el centro del país. Sin embargo, entre los estados que más incrementaron su empleo figuran algunos cuyo crecimiento del PIB fue sólo moderado (Puebla, Oaxaca, Tlaxcala) o hasta negativo (Jalisco).


Tanto el descenso de Ciudad de México como la creación de nuevos polos de crecimiento se deben principalmente a una dispersión de la industria manufacturera hacia el norte del país y también hacia la región centro. Los estados fronterizos incrementaron su participación en el PIB industrial nacional del 18,9% al 27,7% (1980-2000), lo que corresponde a un aumento de casi 50%. En el centro del país, los estados de Querétaro y Aguascalientes pasaron por una expansión industrial rápida, incrementando sustancialmente su participación en el PIB industrial nacional. De esta manera, surgieron nuevas ciudades industriales en la franja fronteriza con EE.UU. (Torreón, Mexicali, Tijuana o Cd. Juárez). Por otro lado, ciudades en unos 500 kilómetros a la redonda de la ZMCM (como Guadalajara, Puebla, Aguascalientes, Querétaro o Toluca), que ya tenían una base industrial, la ampliaron rápidamente en los ‘80 y ‘90. Además de la dispersión de la industria manufacturera, el boom petrolero, que duró hasta la mitad de los años ‘80, y el auge del turismo internacional causaron el crecimiento económico de Campeche7 y Quintana Roo, respectivamente (INEGI, SCN; Sobrino, 2002). En cuanto al mercado laboral, también fue principalmente la industria la que empujó la descentralización. Son, por un lado, los estados norteños (particularmente Baja California y Chihuahua), y por el otro, estados en el centro del país (destacando Puebla, Jalisco y Guanajuato) los que fuertemente incrementaron su empleo industrial (INEGI, Censos Económicos 1989, 1994 y 1999).

Los cambios en la geografía económica de México y en el papel que juega Ciudad de México merecen explicación. En general, el espacio no es ni un hecho dado por sí mismo ni un container que se puede llenar arbitrariamente con procesos económicos, políticos, sociales y culturales. Por el contrario, el espacio es un producto de procesos históricos, formado en relaciones sociales (Lefebvre, 1999). De este modo, el espacio urbano, o sea la ciudad, también es un producto social. Cada ciudad es un fenómeno cuyas dimensiones espaciales, históricas y sociales se relacionan con el espacio, el tiempo y la sociedad en que se originaron (Harvey, 1985; Soja, 2000). Dado que la producción del espacio urbano concreto corresponde a procesos económicos, políticos, sociales y culturales específicos, hay que suponer que los cambios profundos en el ámbito global, que observamos en las últimas dos décadas y que frecuentemente se llaman globalización, impactaron en el desarrollo urbano. De hecho, numerosos estudios sostienen que la globalización altera profundamente las condiciones para la producción y el uso del espacio urbano.

Puesto de otra manera: es de suponer que los cambios en la estructura económica de Ciudad de México y en el sistema urbano mexicano que se describieron, se relacionan con la transformación socioeconómica por la cual México pasó después de la crisis de endeudamiento (1982). En lo que sigue se analizan, entonces, cambios claves en el patrón de la urbanización a la luz de esta transformación. Empezamos con la crisis profunda por la cual la ZMCM pasó en los años ‘80, relacionándola con el colapso de la industrialización por sustitución de importaciones. A continuación se examina la creación de nuevas ciudades industriales y su causas, que tienen que ver con la reorientación de la producción mexicana hacia mercados externos. Sin embargo, dado que el propósito de este texto es hecer foco en el papel y las transformaciones de Ciudad de México, el tema de la dispersión industrial hacia otras ciudades se trata sólo someramente. Finalmente, se analiza el ascenso del sector de los servicios avanzados en Ciudad de México. Se argumenta que ello representa una concentración de actividades claves para la globalización de la economía mexicana. Por ende, se puede concluir que la ZMCM asume funciones de una ciudad global.

3. La Ciudad de México en la crisis de endeudamiento

Analizando los datos presentados en los Cuadros 3 y 4 con atención histórica, se observa que fueron sobre todo los primeros años de la década de los ‘80 en que Ciudad de México sufrió los problemas económicos más fuertes. A finales de los ‘80 la ZMCM ya empieza a recuperar su posición en la economía nacional. En cuanto a entidades federativas, el Distrito Federal es el mayor perdedor de todas las entidades entre 1980 y 1985, pero el primer ganador desde entonces (INEGI, SCN).



Ello sugiere que Ciudad de México fue la ciudad más dañada por la crisis de endeudamiento en 1982. Para comprender esto es preciso entender que la crisis de endeudamiento fue más que una insolvencia. Marcó el colapso de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y los comienzos de una transformación socioeconómica profunda. Se plantea, entonces, la pregunta: ¿Por qué el derrumbe de la ISI tuvo más efecto negativo en Ciudad de México que en otras ciudades?

El colapso de la ISI fue más que nada el colapso de su planta industrial. Ya que ésta se concentraba altamente en la ZMCM (cuadro 3), no es de sorprender que esta ciudad fue la más perjudicada. Ello se ve claramente en el hecho de que la industria metropolitana decreció en términos absolutos tanto en cuanto a la producción (1980-1988: -22 %) como al empleo (1980-1989: -10 %) (Sobrino, 2000; Aguilar, 1996). Fue, sin embargo, no la industria manufacturera como tal que pasó por un desastre. Cada crisis económica es ¾ como el crecimiento¾ un proceso desigual. Entre los sectores que suele afectar más se encuentran la producción de bienes de capital y de consumo duradero. Precisamente éstos fueron absolutamente centralizados en Ciudad de México ¾ en 1970, casi dos tercios de la producción nacional en estos sectores se originaron de la ZMCM (cálculos propios basados en Garza, 1985). Es, por ende, evidente por qué el agotamiento de la ISI impactó particularmente en Ciudad de México. Por ejemplo, el sector industrial de productos metálicos, maquinaria y equipo perdió en sólo cinco años (1980-1985) un tercio de su participación en el PIB nacional (cálculos propios basados en INEGI, SCN). Cabe anotar que Monterrey corrió la misma suerte, mientras Guadalajara y Puebla, cuyas economías fueron orientadas más hacia la producción de bienes de consumo inmediato, pasaron por la crisis menos dañadas (Garza & Rivera, 1994).

El efecto grave del colapso de la ISI resulta también de un privilegio algo ambiguo de Ciudad de México. Como epicentro tradicional de la economía mexicana, fue el primer lugar donde se introdujeron innovaciones tecnológicas y organizadoras (Aguilar et al., 1996). Ello vino acompañado por costos sociales y económicos altos, aunque también contribuyó a la recuperación pronta de la economía metropolitana. Total, muchas empresas del sector manufacturero ¾ tanto pequeñas como medianas¾ quebraron, mientras que muchas grandes compañías ¾ tanto transnacionales como mexicanas¾ dislocaron sus plantas de producción de la ZMCM hacia otras entidades federativas en el centro del país o hacia la región norte. Adicionalmente, el Distrito Federal perdió importancia como centro de gestión económica, lo que se refleja en la reducción abrupta del número de casas matrices de las grandes empresas en la capital (Parnreiter, 1998).

La crisis económica en Ciudad de México, que fue causada por el derrumbe de la ISI, fue agravada por la transformación después de 1982, que aspiró a una integración más profunda de México en la economía global. Esta nueva política económica implicó, entre otras cosas, abrir el mercado interno para importaciones y reorientar la producción hacia mercados externos, lo que involucró un impulso fuerte para las exportaciones y una creciente importancia del sector financiero. Pero no fue sino hasta el primer Pacto de Solidaridad Económica en 1987, y con la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari en 1988, que se implementó una política coherente de transformación (Dussel, 2000a). Con la orientación hacia mercados externos, el mercado doméstico perdió su función como centro de gravitación económica. En consecuencia, las grandes urbes se vieron devaluadas como mercados y por tanto también como centros de producción.

Como argumenté con detalle en otro lugar (Parnreiter, 1998), el colapso de la ISI no fue un fenómeno nacional sino global. Fue un aspecto de una crisis mundial del sistema capitalista, en la cual el fordismo en los centros y la ISI en las (semi) periferias fueron reemplazados por nuevas estrategias económicas. Aquí basta con subrayar que la primera parte de los cambios por los cuales Ciudad de México pasó, o sea la crisis profunda de su industria en los ‘80, es relacionada no solamente con desarrollos nacionales, sino también globales.

4. El auge de las ciudades fronterizas

La crisis del sector manufacturero en Ciudad de México es, sin embargo, sólo una causa de sus pérdidas relativas en la producción nacional. Otro aspecto es el nuevo patrón espacial de la industria mexicana que emergió en los ‘80. La reestructuración espacial de la industria se relaciona estrechamente con la reorientación de la producción hacia mercados externos, que representa un aspecto clave de la globalización. La reorientación de la economía mexicana hacia mercados externos se muestra en un crecimiento rápido de las exportaciones, que en el año 2000 fueron nueve veces mayores que en 1980. En consecuencia, el valor de las exportaciones subió del 6% del PIB en 1980 al 35% en 2000 (cálculo propio basado en INEGI, SCN)8.

Respecto a la reestructuración espacial de la industria, y por tanto, a los cambios en el sistema urbano, además del crecimiento de las exportaciones, dos aspectos más merecen ser mencionados. Por un lado, la reorientación hacia el mercado global significa para México la integración en la economía estadounidense. En 2000, casi el 90% de las exportaciones se dirigieron a EE.UU., mientras en 1990 fueron tan "sólo" dos tercios (cálculos propios, basados en Banco de México, 2002 e INEGI, SCN). Por otro, la reorientación hacia el mercado estadounidense lleva consigo un cambio en la estructura de las exportaciones. En 1980 el sector petrolero representó, con el 58% de las exportaciones mexicanas, casi el doble que las exportaciones industriales (las de la industria manufacturera se sumaron al 16% del total, y las de la industria maquiladora al 14%). En 2000, sin embargo, con casi la mitad de todas las exportaciones (47,7%), la industria maquiladora representó la fracción más importante. Las exportaciones manufactureras no-maquiladoras sumaron el 40%, mientras el petróleo contribuyó tan sólo 10% a las exportaciones totales (cálculos propios basados en Banco de México, 2002). Esta estructura de las exportaciones revela los grandes ganadores de la globalización en México. Es, por un lado, la industria maquiladora, cuya producción (valor agregado) creció un 46% anualmente (1986-2000). En el mismo tiempo, el empleo se quintuplicó a 1,2 millones, mientras el valor de las exportaciones fue 14 veces mayor en 2000 que en 1986 (Fox, 2001). Por el otro, también las industrias de automóviles, de autopartes y de electrónica, que aumentaron significativamente su producción y sus exportaciones, se vieron beneficiadas por la globalización de la economía mexicana (Dussel, 2000a).

El boom de la industria para las exportaciones (tanto maquiladora como no-maquiladora) contribuyó a los cambios en el sistema urbano, porque estas industrias corresponden a una lógica espacial diferente que las industrias durante la ISI. Sobre todo, la reorientación de la industria hacia mercados externos causó un desplazamiento del sector manufacturero hacia el norte del país. En cuanto a la industria maquiladora, ello tiene raíces históricas porque después de su creación, en 1965, se limitó a las maquilas a la zona fronteriza. Aunque la restricción legal se eliminó con el Tratado de Libre Comercio, las maquiladoras se han extendido sólo lentamente al resto del país. En el año 2001, tres de cada cuatro maquilas se encontraron en uno de los seis estados fronterizos (INEGI, Estadística de la Industria Maquiladora de Exportación). Otras industrias para la exportación ¾ como la automotriz¾ también tienden a establecerse en los estados norteños.

El desplazamiento hacia el norte se debe, tanto para las maquiladoras como para las no-maquiladoras, al hecho de que EE.UU. representa el mercado principal para estas industrias. Una vez que las grandes urbes ya no constituyeron el lugar de destino para la producción manufacturera, pocos incentivos existían para ubicar las plantas en o cerca de la ZMCM. Fue razonable para las compañías evitar las desventajas de las grandes aglomeraciones urbanas, como son los salarios y precios del suelo relativamente altos, mano de obra relativamente bien organizada, grandes distancias o congestión del tráfico. Por otro lado, el desplazamiento hacia el norte está relacionado con el propio carácter de las industrias para la exportación. Tanto las maquiladoras como las no-maquiladoras forman partes de redes globales de producción, en las cuales en México se montan productos semi-fabricados (Dussel et al., 2002). El valor agregado en México es, por ende, mínimo, y el único insumo mexicano que cuenta es la mano de obra. Según las intenciones de las empresas ¾ tanto mexicanas como transnacionales¾ , ella debe ser flexible y barata. Ambos requisitos se cumplen mejor en los estados fronterizos que en Ciudad de México, porque el norte es una región poco sindicalizada, con los salarios por debajo de los de la ZMCM. De hecho, el desplazamiento de plantas industriales hacia el norte fue, en muchos casos, acompañado por una re-negociación de contratos laborales, que permitió a las empresas pagar sueldos más bajos y flexibilizar las condiciones laborales (Zedillo, 2000; Lee & Gason, 1994; RMALC, 1997).

Total, fue la inserción más profunda de la economía mexicana en el mercado mundial que empujó el crecimiento del sector manufacturero en la frontera norte. De esta manera, la globalización contribuyó a la creación de nuevas ciudades industriales, reduciendo así aún más la participación de la ZMCM en el PIB y en el empleo nacional, que había caído ya por el impacto de la crisis de endeudamiento en Ciudad de México. No obstante, la globalización tenía ¾ y tiene¾ otro efecto. Favoreció la concentración de ciertas actividades económicas en Ciudad de México. Estas actividades son las que se relacionan con el control económico, y en particular, con la gestión de la inserción cada vez más profunda de México en el mercado mundial. De ello surge el argumento que Ciudad de México se está transformando de una metrópolis nacional hacia una "bisagra" entre la economía mexicana y la economía global. Siendo así, cumple funciones de una ciudad global.

5. La formación de una ciudad global: casas matrices, inversión extranjera y servicios al productor

5.1. La localización de las casas matrices de las grandes empresas

Un primer paso para examinar las funciones globales de Ciudad de México es el análisis de la localización de las casas matrices de las empresas más grandes de México. Los resultados pueden ser resumidos de la manera siguiente: la mayoría de las grandes empresas establecen su casa matriz en el Distrito Federal, y esta preferencia aumenta con el volumen de las ventas de una compañía y con su integración en el mercado mundial. Por lo tanto, mientras más grande sea una empresa, más capital extranjero tenga y más exportaciones realice, mayor es la probabilidad de que tenga su oficina principal en el Distrito Federal (cuadro 6).


En cuanto a las ventas, el 42,6% de las 500 empresas más grandes de México tuvieron su casa matriz en la capital del país en 1998. Es preciso subrayar que de las diez empresas más grandes, fue el 70% que tuvo su oficina principal en el Distrito Federal. La participación sube hasta un 50% si se toma como entidad de análisis la ZMCM entera y no sólo el Distrito Federal. Ya que el objetivo de este trabajo es analizar las funciones globales de Ciudad de México, es preciso analizar con detalle el carácter específico de las empresas que tienen su sede allá. Como se observa en el Cuadro 6, las grandes empresas controladas por el capital extranjero muestran una preferencia más fuerte de establecerse en Ciudad de México, a diferencia de las empresas dominadas por el capital privado nacional. Mientras que el 39,4% de las empresas con capital mayoritario privado nacional tuvieron su sede en el Distrito Federal, el 58,3% de las empresas con capital mayoritario extranjero establecieron su principal oficina en la capital del país. La concentración crece aún más si se considera la ZMCM en su totalidad. En este caso, 78,9% de las empresas con capital mayoritario extranjero que figuran en el listado de las 100 empresas más grandes tuvieron su casa matriz en la Ciudad de México.

En cuanto al comercio exterior, los resultados confirman una tendencia similar (los datos no incluyen a la industria maquiladora). La mayoría de las compañías exportadoras e importadoras prefiere a Ciudad de México para sede de su oficina principal. Esta preferencia crece con el volumen de las exportaciones e importaciones. Por ejemplo, nueve de las diez mayores empresas exportadoras tuvieron su casa matriz en el Distrito Federal en 1998, comparado con el 43% de las 300 mayores empresas exportadoras (ZMCM: 51,3%). Del mismo modo, el 44,3% de las 300 más grandes empresas importadoras se encontraron en la capital. La importancia de Ciudad de México como locación para las principales oficinas de las compañías altamente exportadoras se refleja también en el hecho de que un 73,4% de las exportaciones de las 100 empresas más exportadoras se originaron en el Distrito Federal (no incluyendo a la industria maquiladora), comparado con sólo 11,5% en el caso de Nuevo León (Expansión,1999).

En resumen, el Distrito Federal es el lugar preferido para las empresas más grandes de México para localizar su casa matriz. Cabe destacar que la preferencia de establecerse en la capital aumenta: a) con el volumen de las ventas; b) con el nivel de participación de capital extranjero; y c) con el volumen de las exportaciones y las importaciones. Podemos ver claramente, entonces, que las empresas con casas matrices en el Distrito Federal se caracterizan por su relación y su orientación hacia el mercado mundial. Son, por un lado, las compañías transnacionales que se establecen en la capital del país, y por el otro, las empresas mexicanas que lograron adaptarse a las condiciones en el mercado mundial. Estos resultados confirman la hipótesis de que Ciudad de México sea el lugar desde donde se gestiona y se controla la globalización de México, y desde donde se prestan los necesarios servicios avanzados. Por lo tanto, el Distrito Federal es un lugar fuertemente involucrado en la producción de la globalización de México.

5.2. Distribución regional de la inversión extranjera

Además de las exportaciones, la reorientación de la economía mexicana hacia los mercados externos se muestra en la creciente importancia del sector financiero. La participación del PIB del sector de los servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler en el PIB nacional, creció del 11% en 1980 al 14,5% en 2001, lo que significa un aumento del peso relativo de 30%. Asimismo, las inversiones directas extranjeras (IDE) anuales se triplicaron entre 1988 y 2000, sumando más de 13.000 millones de dólares en 2000 (cálculos propios basados en INEGI, SCN; Dussel, 2000b; CNIE, 2001).

El flujo de capitales hacia México está altamente centralizado en Ciudad de México. En el promedio de los últimos 13 años, el 60% de la IDE fue realizada en el Distrito Federal9. Llama la atención que los seis estados fronterizos10, donde se concentra la mayoría de las maquiladoras y otras industrias para la exportación, duplicaron su parte a partir de 1994. Sin embargo, con un total de 20%, captaron sólo un tercio de la IDE en el Distrito Federal (cuadro 7). Además, es notable que la IDE realizada en el Distrito Federal no se redujo después de la privatización de la mayoría de las empresas paraestatales hasta la mitad de los ‘90. Considerando que la mayoría de la IDE realizada en el Estado de México muy probablemente se haya dirigido a municipios conurbados con la ZMCM, la IDE en la Ciudad de México llega casi a dos tercios del total. Destaca, finalmente, que los demás estados continuamente pierden participación en la IDE total. Ello también es cierto para entidades cuya participación en el PIB nacional creció (Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato). Datos sobre la distribución regional de la inversión en cartera no están disponibles. Sin embargo, es muy probable que su concentración en el Distrito Federal sea aun más alta que en caso de la IDE, dado que tanto la Bolsa Mexicana de Valores como la mayoría de las casas matrices de los grandes bancos se encuentran en la capital.


Los datos sobre la IDE entre 1994 y 2001 incluyen nuevas inversiones e importaciones de activo fijo por parte de maquiladoras. Debido a un cambio metodológico en la medición de la IDE, los datos absolutos antes y después de 1994 no son comparables. Sin embargo, como el objetivo de este trabajo es el análisis de la distribución regional de la IDE, podría ser posible una comparación.

5.3. Los servicios al productor

Analizando las funciones de una ciudad global, el sector de los servicios al productor es clave. La globalización no es un suceso, sino un proceso. Es decir, para integrar las economías regionales y nacionales en una economía mundial, hace falta vincular las diferentes partes de las cadenas globales de producción (global commodity chains). Prestar esta conexión es uno de los quehaceres de los servicios al productor. Por ejemplo, la filial mexicana de una compañía automotriz transnacional, un inversionista europeo adquiriendo acciones de una empresa anteriormente paraestatal o una firma mexicana exportando cerveza a los EE.UU., todos necesitan los servicios de contadores, asesores fiscales y financieros, abogados, agencias de publicidad, consejeros políticos, etc. De tal manera, los servicios al productor desempeñan un importante papel en el proceso de la globalización de México. Por lo general, servicios al productor tienden a concentrarse en las grandes metrópolis, donde se encuentra tanto el ambiente propicio que es necesario para la producción de servicios al productor como la demanda para su comercialización (Sassen, 1991).

En Ciudad de México, el auge de los servicios avanzados es el aspecto del desarrollo económico que más llama la atención, además de la crisis del sector manufacturero. Se mencionó ya que los servicios "financieros, seguros, actividades inmobiliarias y de alquiler" son el único sector económico de la ZMCM que logró incrementar su participación en el PIB nacional en las últimas dos décadas. Así, los servicios avanzados representan el sector más dinámico de la economía metropolitana (cuadros 1 y 3). En cuanto al empleo, la situación es parecida. En el año 2000, 642.278 personas trabajaron en Ciudad de México en el sector de los servicios al productor11. Ello representa un incremento del 100% relativo al año 1987. De tal modo, el 38% del empleo nacional en los servicios al productor se encontró en Ciudad de México. En los servicios financieros y de seguros la tasa es, con el 42%, aun más alta (INEGI, 2000; INEGI, ENEU).

6. Ciudad global y sistema urbano: concentración, descentralización y desintegración

Se identificaron tres aspectos claves de la reestructuración del sistema urbano. Primero, la primacía urbana económica de Ciudad de México se redujo notablemente, ya que esta ciudad perdió participación en el total nacional tanto referente al PIB como al empleo. Estas pérdidas resultan sobre todo de una descentralización de la producción manufacturera. En consecuencia, surgieron nuevos polos de crecimiento económico en el norte del país, en la región centro, y en menor medida, en el sudeste. Las ciudades más dinámicas en estas regiones crecieron sobre todo a base de la industria, aunque otros sectores (como el turismo) también influyeron. Ambos aspectos son, por supuesto, interrelacionados. Las pérdidas totales de Ciudad de México no se entienden sin percibir la nueva estructura espacial de la industria manufacturera, mientras ésta es estrechamente relacionada con el tercer aspecto de la reestructuración del sistema urbano: la concentración alta de los servicios al productor en Ciudad de México.

Observamos, entonces, fuerzas centrífugas y centrípetas que ejercen presión sobre el sistema urbano. Por eso, la dispersión industrial y la reducción de la participación de Ciudad de México tanto en el PIB como en el empleo nacional no se deben interpretar como una descentralización económica. Aunque la primacía urbana de Ciudad de México se redujo en cuanto a la población y al PIB, es equivocada la noción que ello indique una reversión de la polarización del sistema urbano. Cabe recordar, primero, que entre los estados y ciudades que más rápido crecen son algunos de la región centro del país. La dispersión de la industria manufacturera corresponde, por ende, en parte a un desplazamiento hacia los alrededores de la Ciudad de México. Ello hace hablar a investigadores de una "desconcentración concentrada" (Aguilar, 1999: 392) o de una "concentración metropolitana policéntrica" (Garza, 1999: 166). Hay que subrayar que las ciudades crecientes en el centro del país y la ZMCM están vinculadas funcionalmente a través de los flujos de personas, de capital, de mercancías, de información, etc. (i. e. Delgado, 1998). De esta manera emerge un subsistema regional en el centro del país, cuya formación difícilmente se podría definir como descentralización.

Segundo, la descentralización de la industria manufacturera hacia el centro y el norte del país debe comprenderse como parte de la formación de una nueva división de trabajo entre las ciudades mexicanas. Esta nueva división de trabajo se caracteriza no sólo por la dispersión de la industria manufacturera, sino también por la concentración de las actividades económicas que son claves para la globalización de la economía mexicana. Por ende, las dinámicas centrífugas que surgen del desplazamiento de una parte de la industria son contrarrestadas por otras fuerzas que ejercen una presión centrípeta. Se ha venido constituyendo una nueva forma de centralidad en México, que tiene a la ZMCM y sobre todo al Distrito Federal como su nudo central. Esta nueva centralidad ya no se basa en una concentración alta de la producción manufacturera, sino en la centralización de las funciones de gestión y de control económico, en particular las actividades económicas que se relacionan estrechamente con la inserción cada vez más profunda de México en el mercado mundial. En otras palabras, Ciudad de México se está transformando de una metrópolis nacional hacia una "bisagra" entre la economía mexicana y la economía global. Siendo así, cumple funciones de una ciudad global.

Examinando la nueva división de trabajo entre las ciudades mexicanas, es preciso retomar el tema de las casas matrices y de la IDE. Es preciso subrayar que la alta concentración de las casas matrices y de la inversión extranjera no se traducen en una concentración comparable de producción o del empleo. Sin embargo, la reducción del peso del sector manufacturero en Ciudad de México refleja más que una simple "desindustrialización". Expresa la nueva división del trabajo, en la cual la ZMCM se especializa sobre todo en la organización económica mientras que otras ciudades en la región centro o en el Norte del país llevan a cabo la producción manufacturera. Así, las grandes empresas tienden a dispersar sus plantas en el país, manteniendo en el Distrito Federal sólo una parte específica de la producción ¾ la gestión, la administración, el control y los servicios al productor. Eso apunta hacia el papel de Ciudad de México como nudo entre la división de trabajo internacional y nacional, o entre lo global y lo nacional.

Las filiales mexicanas de compañías transnacionales como General Motors, Daimler-Chrysler, Volkswagen, Ford y Nissan son, por ejemplo, empresas de primer orden en cuanto a ventas, exportaciones o inversiones extranjeras. Todas tienen su casa matriz en el Distrito Federal, con la excepción de Volkswagen, que se estableció en Puebla. Sin embargo, las plantas de estas compañías se encuentran en la mayoría en otros estados federativos. General Motors las tiene en Toluca (Estado de México), Ramos Arizpe (Coahuila) y Silao (Guanajuato); Daimler-Chrysler en Saltillo (Coahuila), Toluca y en el Distrito Federal; Ford en Hermosillo (Sonora), Chihuahua y en Cuautitlán, comunidad del Estado de México conurbada con la ZMCM; Nissan en Aguascalientes, Cuernavaca y Zivac (ambos en Morelos), y Lerma (Edo. de México). Adicionalmente, Nissan mantiene centros de investigación y desarrollo en Manzanillo (Colima), Toluca y en Ciudad de México. De tal manera, la evidencia sugiere que en el caso de la industria automotriz hay una división de trabajo en la cual estados como el de México, Guanajuato, Aguascalientes, Morelos, Coahuila y Chihuahua se especializan el la producción de automóviles, mientras que sus oficinas en el Distrito Federal se especializan en los servicios necesarios para la producción "material".

Por tanto, la IDE de una empresa automotriz transnacional, que abre una nueva planta en Chihuahua, pero que tiene su sede regional en la ZMCM, se contabiliza en el Distrito Federal (precisamente porque allá se encuentra la casa matriz). En efecto, en el caso de las inversiones más importantes de los años 1998-99 sucedió así. Daimler-Chrysler y Ford invirtieron 1,5 billones de dólares cada uno. Ambas empresas tienen su casa matriz en el Distrito Federal, y ambas dirigieron su inversión hacia estados fronterizos. En el caso de Daimler-Chrysler se amplió una planta ya existente en Coahuila, mientras que Ford construyó una nueva en Chihuahua. El mismo principio se aplica en el caso de fusiones y adquisiciones. La compañía estadounidense Anheuser-Busch, por ejemplo, invirtió 556 millones de dólares para adquirir 13% de "Grupo Modelo", que tiene sus cervecerías en ocho ciudades mexicanas y su casa matriz en el Distrito Federal (Dussel 1999; CEPAL, 2000).

La división de trabajo entre los diferentes lugares y el funcionamiento de la cadena productiva se puede descubrir también en un análisis detallado de la IDE. Por ejemplo, entre 1994 y 2001, el Distrito Federal captó 4.109 millones de dólares como IDE en la industria automotriz. Por otra parte, los estados donde se encuentran las plantas de esta industria (Chihuahua, Estado de México, Aguascalientes, Guanajuato, Coahuila, Sonora y Morelos) captaron en suma poco más del 50% de la IDE invertida en el Distrito Federal (cálculos propios basados en CNIE, 2002). Este resultado es, por supuesto, más que una "distorsión" estadística. Apunta hacia el papel específico del Distrito Federal en la gestión y control de la economía, y, más aún, en integrar México a la economía global.

No obstante, y en cuanto a la industria maquiladora, la situación es diferente. Se trata de una industria sumamente de enclave, que tiene pocos lazos con el "resto" de la economía mexicana. Del valor bruto de la producción, tan sólo el 23% se origina en México (1993-1999). De ello, el 52% corresponde a salarios, el 13% a las utilidades, el 8% a materias primas y empaques y el 27% a gastos diversos (Bendesky, 2000). Con el valor agregado en México siendo mínimo y los salarios su fracción más importante, la industria maquiladora es en gran parte desarticulada de la economía mexicana. Ello sugiere que existen sólo pocos lazos entre las ciudades maquiladoras y otras ciudades, y que los que existen no son con Ciudad de México12. Las conexiones directas con ciudades mexicanas son, supuestamente, con los lugares de donde vienen las trabajadoras y los trabajadores para las maquilas.

Se plantea, entonces, la hipótesis que el sistema urbano mexicano se desintegra parcialmente debido al impacto de la globalización. Si es cierto que los vínculos entre los polos de crecimiento económico en el norte y Ciudad de México u otras ciudades mexicanas son débiles, es de suponer que las conexiones más intensas que conectan estas ciudades a las cadenas globales de las mercancías sean con ciudades "extranjeras". Son ellas las proveedoras de los insumos y receptoras de los productos de la industria maquiladora. Por ende, se puede suponer que ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali, Nogales, Ciudad Juárez, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Reynosa o Matamoros, que juegan un papel cada vez más importante en la economía mexicana, tienden a deslizarse del sistema urbano de México. De hecho, muchas de ellas son ciudades binacionales que forman unidades físicas con sus "ciudades gemelas" en EE.UU.13 Más importante, las ciudades binacionales no sólo forman unidades físicas, sino también funcionales. Las dinámicas económicas de Tijuana, Cd. Juárez y otras resultan en gran parte de su integración en el espacio económico del sur de los Estados Unidos. Además, el mercado laboral en la zona fronteriza es un mercado efectivamente binacional, con miles de trabajadoras y trabajadores cruzando la frontera diariamente.

7. El costo social de la transformación hacia ciudad global

El costo social de las transformaciones de las últimas dos décadas fue alto para la mayoría de la población metropolitana. Por un lado, la pobreza creció tanto en términos absolutos como relativos. Según los cálculos de Boltvinik (1999), que incluyen no sólo la pobreza de ingresos sino que también toman en cuenta otros factores, en 2000 casi 11 millones de personas, o sea el 61% de la población de la ZMCM, vivió en pobreza (cuadro 8). Ello representa un incremento absoluto de 3,5 millones de personas desde 1984, mientras en términos relativos el aumento equivale el 14%. Más, aun, es la pobreza extrema que creció drásticamente. Hoy en día los pobres extremos se elevan a más de siete millones, mientras en el 1984 fueron "sólo" 2,7 millones. Más aun, y considerando que en 1984 Ciudad de México ya estaba en plena crisis, es de suponer que el empobrecimiento en las últimas dos décadas fue mucho más grave que lo que estos datos señalan.


También la polarización social se ha profundizado en las últimas dos décadas. Ello no fue, sin embargo, un desarrollo lineal. La crisis de 1982 afectó principalmente a las capas más pudientes, por lo cual la brecha entre los ricos y los pobres se redujo después de 1982. Con la implementación de las políticas de transformación, sin embargo, la situación se deterioró para la mayoría de los hogares capitalinos. Entre 1989 y 1994 se muestra un deterioro para ocho de los diez deciles de hogares en cuanto a su participación en el ingreso total. Asimismo, para siete deciles de hogares se observa una reducción de sus ingresos en cuanto a la relación con el ingreso promedio. Dicho de otra manera, hasta la crisis de 1994-95, la brecha entre los (pocos) ricos y los (muchos) pobres se profundizó (cuadros 9 y 10).



El impacto inmediato de la crisis de 1994-95 otra vez afectó más a los que más tenían. Aunque todos los grupos sociales tuvieron que admitir una reducción de sus ingresos, esta reducción fue más pronunciada entre los deciles pudientes. Por consiguiente, la desigualdad se reduce entre 1994 y 1996 tanto a nivel nacional como metropolitano (cuadros 9 y 10). A continuación, sin embargo, la polarización social se profundizó de nuevo. La recuperación de los ingresos entre 1996 y 2000 fortaleció más a los deciles IX y X, por lo cual la brecha entre los ricos y los pobres se abrió más a partir de 1996. Dicho de otra manera, mientras la crisis (tanto la de 1994-95 como la de 1982) afectó principalmente a los más acomodados, permitiendo de esta manera cierta recuperación relativa de los estratos más bajos, el reposo económico, o sea, la "normalidad de la transformación", claramente desfavorece a la mayoría de la población metropolitana. Obviamente, la globalización llevó a profundizar la polarización social (INEGI, ENIGH 1994, 1996, 1998, 2000)14.

Tanto el empobrecimiento absoluto como la creciente polarización se relacionan con el deterioro de las condiciones laborales. Ello concierne a la caída drástica de los salarios. Para contender la inflación y para hacer más competitivas las exportaciones, los gobiernos mexicanos implementaron una política de salarios muy restrictiva. Por tanto, abaratar la mano de obra mexicana fue piedra angular de la reorientación de la economía hacia mercados externos. Además, los salarios mínimos no se ajustaron a la inflación, lo que agravó sus pérdidas.

A nivel nacional, los salarios mínimos reales perdieron más de dos tercios de su poder de compra en las últimas dos décadas. La muy suave mejoría a partir de 1999, lejos está de recuperar los niveles de los salarios a partir de los ‘80 (gráfico 4). En el ámbito metropolitano, la reducción fue más pronunciada que en el ámbito nacional. Aunque los salarios mínimos en el Distrito Federal todavía se encuentran por arriba del nivel nacional, la diferencia disminuyó tanto a partir de 1987 que casi desapareció (López, 2002).

La caída drástica de los salarios mínimos reales y su impacto en el bienestar de la población urbana se aprecia también en los precios reales de la llamada "Canasta Obrera Indispensable" (COI). La COI incluye 35 productos (alimentos, productos higiénicos, metro, electricidad)15 cuyo consumo se considera como indispensable para una familia en la ZMCM con cinco miembros. Mientras en el 1987 un salario mínimo casi alcanzó para comprar la COI (sumó al 94% de su precio), en el 2001 el salario mínimo fue lejos de bastar. Se necesitaban 4,6 salarios mínimos para obtener la COI, o sea, cinco veces más que en el 1987. En otras palabras: Una familia en la Ciudad de México hoy en día tiene que trabajar cinco veces más que hace 15 años para adquirir los productos más básicos (CAM, 2001)16.

El segundo aspecto en el deterioro de las condiciones laborales que causó el empobrecimiento de gran parte de la población metropolitana es la creciente informalización de las relaciones entre el capital y el trabajo. Es por el propio carácter de la economía informal que se hace difícil apreciar su tamaño. Existen, sin embargo, estudios de la Organización Internacional del Trabajo, que estiman que aproximadamente la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) trabaja en la informalidad (El Universal, 31 Marzo 1997; ILO, 2001). Ello representa un incremento sustancial en comparación con los años ‘80. Asimismo, la población ocupada en condiciones críticas (como asalariados sin prestaciones) creció tanto en términos absolutos como relativos (INEGI, ENEU). Por tanto, a finales de los años ‘90, la mitad de la población ocupada en Ciudad de México trabajó sin prestación social alguna. Además, relativo a la PEA de Ciudad de México, los asalariados disminuyeron en favor de "patrones en pequeños establecimientos", término perífrasis para la economía informal (INEGI, 1999; García & de Oliveira, 2000).

8. Ciudad de México en la red de ciudades globales

A pesar de que los resultados expuestos sean todavía tentativos, sí apoyan el argumento de que la globalización produce una nueva forma de centralidad en México, en la cual la ZMCM es el nudo central. Asimismo, los resultados expuestos confirman que determinadas transformaciones en curso en Ciudad de México se deben a los procesos de la globalización y al papel que la ZMCM juega en los mismos. De tal manera, se puede hablar de la formación de una ciudad global. En lo que sigue se examina, entonces, las conexiones que vinculan a Ciudad de México con otras ciudades globales.

8.1. Una red global de servicios al productor

Como ya se sostuvo, diferentes estudios del GaWC revelan que Ciudad de México17 está bien integrada en la red de las ciudades globales (Beaverstock et al., 1999a, 1999b y 1999c; Taylor & Walker, 1999; Taylor, 2000; Taylor et al., 2000; Derudder et al. 2002; http://www.lboro.ac.uk/gawc/). Analizando las estrategias de 69 grandes empresas de servicios al productor (servicios de contabilidad, de publicidad, financieras y legales) operando en el ámbito global de establecer oficinas regionales, el GaWC identificó 55 ciudades globales. Ciudad de México ocupa, como "Beta World City", el 20º puesto, colocándose como la ciudad latinoamericana con la más alta clasificación. Tiene un porcentaje de world city formation de un 12%, por encima del porcentaje de otras ciudades como São Paulo (11%), Buenos Aires y Caracas (6% cada uno) y Santiago (5%). Ciudad de México puede ser comparada con ciudades como Zurich (11%), Johannesburg y Milán (13% cada uno) e incluso con Los Angeles (14%). Recientemente, el GaWC designó a Ciudad de México un lugar en primer círculo, circundando el centro formado por Londres y Nueva York.

La alta clasificación de Ciudad de México se debe a la fuerte presencia de las oficinas de las mencionadas grandes empresas de servicios al productor. Ciudad de México es un "centro global mayor" en los cuatro sub-sectores (servicios de contabilidad, de publicidad, financieras y legales), mientras que São Paulo lo es sólo en tres y Buenos Aires sólo en uno. De tal modo, los estudios del GaWC revelan que la ZMCM es una locación importante para grandes empresas de servicios al productor radicadas en Gran Bretaña o Estados Unidos. Por ejemplo, la probabilidad de que una compañía financiera que tiene su casa matriz en Londres y oficinas en todo el mundo tenga una filial en Ciudad de México, es un 93%. Tomando en cuenta que sólo dos ciudades tienen vínculos más fuertes con Londres (Nueva York y Tokio) y sólo tres muestran la misma probabilidad de tener una oficina regional de esta compañía financiera (Buenos Aires, Hong Kong, Singapur), resulta muy sugerente que Ciudad de México es de hecho un lugar clave para lo globalización. También en el sub-sector de la publicidad los vínculos directos entre Londres y Ciudad de México son fuertes: la probabilidad de que una empresa radicando en Londres tenga una filial en la ZMCM es un 82%. Cabe añadir que en cuanto a los servicios legales, las conexiones todavía son débiles (5%). Con el tratado de libre comercio entre México y la Unión Europea es, sin embargo, de esperar que los lazos legales crezcan rápido18.

En el análisis de la ubicación de las oficinas extranjeras de compañías de servicios legales estadounidenses se llega a una conclusión similar. A pesar de tener sólo un 2,2% de todas las filiales extranjeras, Ciudad de México está considerada como un lugar clave en las estrategias regionales de dichas empresas. Con ocho oficinas, la ZMCM cuenta con más de un tercio de todas las filiales en América Latina. De esta manera, es la única ciudad en el subcontinente con un número significativo de sucursales de compañías de servicios legales estadounidenses. Adicionalmente, tiene más oficinas que cualquier otra ciudad fuera de las tres áreas claves de la globalización (Europa occidental, Asia Pacífico, Europa oriental). Por lo tanto, en cuanto a las estrategias regionales de las compañías de servicios legales estadounidenses, Ciudad de México ocupa el 11º lugar.

8.2. La red global de telecomunicaciones

La red global formada a través de filiales de empresas de servicios al productor requiere de conexiones físicas. Por tanto, la existencia de tecnologías de telecomunicaciones sofisticadas, diversas, eficaces y baratas ha llegado a ser un factor clave en la competencia entre ciudades globales para atraer capital y actividades económicas de primer orden. Por ende, el puesto de una ciudad en la red urbana global depende en parte de su infraestructura tecnológica. Ciudad de México cuenta, según un estudio reciente, con una base firme para esta competencia (Finnie, 1998, citado en Graham, 1999). Ocupando el 16º lugar entre las 25 ciudades estudiadas, Ciudad de México tiene una clasificación mejor que Zurich o Singapur. Este buen resultado se debe principalmente a los esfuerzos emprendidos en la última década para establecer una infraestructura que permitiera competir en el mercado mundial. La privatización de "Teléfonos de México" en 1990 fue un primer paso en esta dirección, y la formación de un consorcio incluyendo –además del "Grupo Carso"¾ a dos global players entre las compañías de telecomunicaciones (Southwestern Bell y France Telecom), el segundo. En particular, la participación de Southwestern Bell y France Telecom fue, en palabras de las autoridades competentes, clave para la modernización exitosa de las telecomunicaciones en México, ya que estas empresas "garantizan el desarrollo de una red de telecomunicaciones más moderna, impulsando así el progreso económico de México. Asimismo se abre la puerta a una revolución tecnológica, la cual ha multiplicado las formas posibles de acceso a la telefonía así como la modificación de sus costos" (COFETEL, 1998a).

En efecto, desde que Southwestern Bell y France Telecom controlan a Telmex, la infraestructura requerida para la transmisión rápida, segura y voluminosa de datos, y de tal modo, para la integración en la red de telecomunicaciones global, ha crecido y mejorado considerablemente. El número de líneas telefónicas se duplicó entre 1990 y 1999, y la calidad de las líneas (un factor de igual o aun más importancia) fue mejorado sustancialmente. Por consecuencia, más de 97% de todas las líneas fueron digitalizadas en 1999, comparado con un 29% en 1990. Adicionalmente, en 1994 se estableció un backbone electrónico, consistiendo entonces en dos líneas de fibra óptica de 2 megabytes y varias líneas de 64 kilobytes. Este backbone permitió: a) la comunicación con la red de telecomunicaciones en Estados Unidos; b) la expansión de servicios tradicionales de telecomunicaciones como llamadas telefónicas (que crecieron en un 436% entre 1990 y 1998, para ascender a 737 millones de llamadas); y c) el acceso masivo a Internet. Desde que la primera conexión a Internet fue establecida en 1989, tanto la infraestructura para el uso de ésta como el uso mismo crecieron rápido. México es el segundo país en América Latina, tanto en términos del número absoluto de Internet-hosts como en su crecimiento ¾ superado sólo por Brasil¾ , y se coloca en el 20º lugar en el ámbito mundial. Asimismo, el número de los usuarios de Internet creció de 94.000 en 1995 a más de 1,3 millones en 1998. Mientras que los primeros usuarios fueron universidades, el fuerte crecimiento de los últimos años fue empujado sobre todo por usuarios económicos, que en 1998 ascendieron al 56% del total de los usuarios de Internet (COFETEL, 1998b, 1998c, 1999a, 1999b y 1999c; Fernández, 1995; Gutiérrez & Daltabuit, 1999; ISC, 1999).

Estos datos sugieren que México se ha integrado rápidamente en la red global de telecomunicaciones. Sin embargo, es preciso mencionar que no es el país como tal que participa en los flujos de información. Por ejemplo, cerca de un tercio de las llamadas internacionales surge de Ciudad de México. Sin embargo, es aun más significativo que el Distrito Federal es el nodo central de la misma base material de la comunicación moderna. Cinco de las líneas de dos megabytes que conectan 18 ciudades mexicanas confluyen en la capital. Siendo el nodo central, el Distrito Federal es incluido si se transmite información de Guadalajara a Monterrey, ya que no existen líneas directas entre dichas ciudades (COFETEL, 1998b y 1999d; Iracheta, 1999; Red Tecnológica Nacional, 2002).

Centralizando la infraestructura, Ciudad de México también predomina en el uso de las telecomunicaciones. En 1999, la ZMCM contaba con 100.000 a 1.000.000 de Internet-hosts, lo que significa por lo menos el 50% de todos los hosts en el país (MIDS 1999). La desigualdad espacial en la red de telecomunicaciones se ve también en el hecho de que un 60% de las comunidades mexicanas no dispusieron ni siquiera de una sola computadora en 1995. De tal modo, la mayoría de las comunidades mexicanas está excluida de los flujos globales de telecomunicaciones por la ausencia de la más básica infraestructura (Gutiérrez & Daltabuit, 1999).

8.3. La red global de viajes aéreos

Las conexiones entre ciudades también se establecen a través de los viajes aéreos. Aunque los datos sobre los viajes aéreos tal vez no sean tan significativos como los datos sobre flujos de capital o de información, sí son importantes, ya que señalan qué ciudades son conectadas por los flujos de personas. Analizando los datos de viajes aéreos entre 22 ciudades globales (Smith et al., 2002; Smith & Timberlake, 1995), designaron a Ciudad de México el 16º lugar tanto relativo al volumen de los viajes como a la fuerza de estas relaciones. Según este estudio, la ZMCM es más central que Miami, Montreal o Houston, pero menos central que San Francisco, Chicago, Madrid o Zurich. Sin embargo, el margen que la separa de estas ciudades es mínimo.

En cuanto a los patrones espaciales de los viajes aéreos, llama la atención la supremacía de las ciudades estadounidenses. En 1997, más de dos tercios de todos los pasajeros internacionales llegaron de o salieron para ciudades en Estados Unidos. Alrededor de 12% de los pasajeros se conectaron con destino a Europa y 11% con ciudades en América Latina. La desigualdad espacial se ve claramente en el hecho de que el tráfico aéreo entre Ciudad de México y Los Angeles superó, con un 13% del total, al tráfico entre Ciudad de México y todas las ciudades europeas o latinoamericanas. En orden de importancia por afluencia se encuentran Los Angeles, Houston, Dallas, Miami, Nueva York y Chicago. Madrid ¾ como primera ciudad no estadounidense¾ se ubica en el 7º lugar, mientras que San José, que fue el destino más importante en América Latina, no figura dentro de las 10 destinos más importantes. En cuanto a la carga aérea, la supremacía de las ciudades estadounidenses no es tan aplastante. Sin embargo, todavía es fuerte (con el 55% de la carga que se originó en la ZMCM y el 42% de la carga con destino a ésta). Nuevamente, el aeropuerto de Los Angeles figura como destino más frecuentado (17% del total de la carga), seguido por Miami y Nueva York. La ciudad más importante de origen de carga aérea hacia la ZMCM no fue Los Angeles, sino Miami (con un 13% del total), seguida por París, Amsterdam y Los Angeles (Iracheta, 1999).

El resultado de que Ciudad de México ocupa un lugar muy central dentro de la red global establecida por viajes aéreos corresponde a los resultados expuestos arriba. Sin embargo, los datos referentes a los viajes aéreos deberían ser más específicos, ya que no distinguen entre hombres de negocios, turistas o migrantes. De hecho, en el caso mexicano es probable que una parte significativa de los viajeros sean migrantes. Cabe notar que Los Angeles no sólo es el destino y origen más importante en cuanto a todos los pasajeros, sino también es la ciudad donde vive más de un cuarto de los emigrantes mexicanos recientes. Así mismo, Los Angeles, Chicago, Nueva York, Houston y Phoenix, donde se concentra la mitad de los emigrantes mexicanos recientes, captan un tercio del total de los vuelos conectados con Ciudad de México. A pesar de que muchos de los vuelos de migrantes no se originan en Ciudad de México, la importancia de la ZMCM como lugar de origen de migrantes sí ha crecido en los últimos años (Durand et al., 2000). De tal modo, la migración influye tanto en el volumen de los viajes aéreos como en la expresión espacial de la red que forman.

Siendo así, la calidad de la conexión establecida a través de viajes aéreos entre Ciudad de México y Los Angeles se distingue de la relación entre Londres y Nueva York. No se trata de personas que, en las palabras de Smith y Timberlake (1995), "are greasing the wheels of production, finance or commerce through face-to-face contact", sino de hombres y mujeres que engrasan estas ruedas de la producción engrasando realmente máquinas, haciendo excavaciones para telecomunicaciones avanzadas o limpiando baños. De hecho, en el caso de México los movimientos de los migrantes establecen una de las más poderosas y persistentes conexiones entre los Estados Unidos y México. La exportación de mano de obra es tal vez la más sobresaliente contribución mexicana a la economía global, superando en importancia económica probablemente al comercio o a las inversiones extranjeras (Hinojosa et al., 1998). De esta manera, los datos sobre los viajes de migrantes indican la manera especifíca de la integración de México ¾ y la ZMCM¾ en el sistema mundial.

9. ¿Qué lugar ocupa Ciudad de México en la red de las ciudades globales?

De la evidencia presentada surgen dos cuestiones. Primero: suponiendo que Ciudad de México cumple cada vez más funciones que se relacionan con la economía global, cabe preguntarse si estas funciones traspasan la economía y el territorio nacional o no. Segundo: ¿Cuáles son las ciudades globales con las que Ciudad de México tiene las conexiones más estrechas? ¿Cuáles son, en cuanto a relaciones de poder, las características de estas conexiones?

En América Latina, el GaWC identifica cinco ciudades globales: Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires, Caracas y Santiago. Eso significa que la mayoría de los países latinoamericanos deben recurrir a otras ciudades para adquirir servicios al productor prestados por una empresa global. Se plantea, entonces, la cuestión de si Ciudad de México es el centro regional para Centroamérica y el Caribe hispanoparlante, donde alguien que quiere, por ejemplo, establecer negocios con Guatemala o Cuba, adquiere los servicios avanzados. La evidencia disponible sugiere que este no es el caso.

Según Taylor (2000), "where the region is the Americas, Nueva York is the centre but where Latin America is a designated region then Miami is the centre". Su argumento se basa en el hecho de que 6 de las 11 empresas más importantes de servicios al productor tienen su oficina regional en Miami. De tal manera, esta ciudad cumple el papel de un centro regional para Centroamérica y el Caribe, a pesar de ser sólo una Gamma World City, lo que significa que en la jerarquía de las ciudades globales está detrás de Ciudad de México (Taylor et al., 2000). Nijman (1996) expone que Miami es la ciudad predominante en cuanto a las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, a pesar de no jugar un papel importante en Estados Unidos. A principios de los años ‘90, más de un tercio del comercio entre Estados Unidos y América Latina fue llevado a término en Miami. Relativo a Centroamérica y el Caribe, la participación de Miami en el total del comercio fue aun más alta (47% y 43% respectivamente). Es importante señalar que estos datos no incluyen a México. En cuanto al comercio entre este país y Estados Unidos, Miami prácticamente no juega ningún papel (menos del 1% del total). Por último, Brown et al. (2002) llegan recientemente a la misma conclusión. Analizando América Central, su relaciones con la economía mundial y la presencia de empresas globales en ciudades como Guatemala, San José, o San Salvador, los autores muestran empíricamente que Miami es "a sort of extra-mural capital of Latin America", actuando como "hinge between the two Americas, (connecting) Central America... to a wider world". Cabe añadir que una de las empresas estudiadas por Brown et al. incluso alista a Miami como una ciudad latinoamericana.

De tal modo, se puede concluir, por un lado, que el alcance de Ciudad de México no traspasa su territorio y economía, ya que Miami es indiscutiblemente el centro regional. Por otro, en cuanto a la integración de México en la economía global, Miami no está involucrada. En este caso, es Ciudad de México desde donde se organiza y gestiona la articulación de una economía regional con la economía global.

Por lo tanto, a pesar de estarse transformando en una ciudad global, Ciudad de México no es sólo "una ciudad global más". Existen diferencias importantes entre las ciudades, lo que nos obliga a conceptualizar la desigualdad. Los términos "centro" y "periferia" no han perdido su valor explicativo, a pesar de las transformaciones profundas por las cuales pasó el sistema mundial. En la era de la globalización, la producción y reproducción de "centro" y "periferia" se da en una escala cada vez más grande y pequeña. Dicho de otra manera: "centro" y "periferia" están producidos y reproducidos tanto a nivel global (con un alcance nunca conocido) como a nivel local. Eso hace complejo indicar el lugar exacto de Ciudad de México en la jerarquía urbana global. Por un lado, es evidente que el Distrito Federal no es un centro global. Por otro, sí comprende áreas, personas y actividades que pertenecen a los "flujos de la centralidad", es decir, al centro global que se extiende en la red de las ciudades globales. Tal vez se puede llamar a Ciudad de México una "ciudad global relé" ¾ orientada hacia y dominada por una o dos ciudades globales, y relacionada con otras "ciudades globales relé"19 (Braudel, 1986). Las "ciudades globales relé" como Ciudad de México, São Paulo o Buenos Aires son, como un grupo y como una categoría, indispensables para el sistema capitalista. Como se argumentó en este artículo, no sólo transmiten los flujos globales, sino que además participan en la "generación" de globalización. No obstante, como ciudad singular, cada "ciudad global relé" es reemplazable, y de tal manera no-esencial para el sistema mundial, a diferencia de las Alpha World Cities identificadas por el GaWC.

10. Lo global en la ciudad: altamente concentrada, altamente fragmentada.

Se ha argumentado en este texto que Ciudad de México se está transformando en una ciudad global y que está, como tal, bien integrada en las redes transnacionales de las grandes empresas, de la telecomunicación y de los viajes aéreos. Sin embargo, hablando de una nueva centralidad que se está formando, no nos referimos a Ciudad de México en total, ni siquiera al Distrito Federal. El nuevo centro, o sea, los lugares donde se concentran las actividades e infraestructuras relacionadas con la producción de la globalización, son altamente concentradas. La ciudad global emergente se limita a cinco delegaciones (distritos) del Distrito Federal: Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón y Coyoacán, destacando las primeras tres.

En las cinco delegaciones se origina el 51% del PIB de Ciudad de México, y por ende, el 17% del PIB nacional. En los servicios, sin embargo, la concentración es aun más alta. El 65% del PIB de los servicios de la ZMCM, o sea, casi un cuarto de la producción nacional, vienen de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón y Coyoacán (cálculos propios basados en Garza y Sobrino, 2000). En los servicios profesionales y servicios prestados a las empresas (excluyendo servicios financieros), el 90% del valor agregado en el Distrito Federa20 se origina en las cinco delegaciones (INEGI, Censo Económico 1999). En cuanto al empleo, la concentración es menor; en el 2000, el 26% de la población ocupada en los servicios al productor21 trabajaban en las cinco delegaciones (INEGI, 2000). Comparando la información sobre el valor agregado y el empleo, es sugerente concluir que son sobre todo las actividades con alta productividad que se concentran allá.

El hecho de que son Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón y Coyoacán los distritos que forman la ciudad global, se ve también en la concentración de la inversión extranjera directa. En 2001, el 84% de las empresas en el Distrito Federal22 que reciben IDE se localizaba allá, centralizando de esta manera el 38% de las empresas receptoras de IDE en todo el país (CNIE, 2002). Finalmente, 230 de las 500 empresas más grandes tienen su casa matriz en una de las cinco delegaciones (Expansión, 2001).

No es de sorprender, entonces, que Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón y Coyoacán también concentran la infraestructura de la telecomunicación. Es allá donde se encuentran tanto las líneas de óptica de fibras (sobre todo líneas de 2 megabytes) como la mayoría de los usuarios (Red Tecnológica Nacional, 2002). De tal modo, si se habla de la integración de la Ciudad de México en la red global de los flujos de información, es preciso señalar que no es toda la sociedad urbana que está conectada, sino que son sólo algunas partes de la ciudad y algunas actividades económicas que participan en estos flujos.

Total, no sólo emerge una nueva forma de centralidad en Ciudad de México, sino también nuevos espacios centrales que no (necesariamente) corresponden con el centro histórico (Terrazas, 2000). Lo que se observa es un movimiento de las actividades económicamente centrales hacia el sur-poniente de la ciudad. La ciudad global emerge sobre Paseo de Reforma, Avenida Juárez, Santa Fe, Polanco, Insurgentes Sur y Periférico Sur. Destaca el mega-proyecto de Santa Fe, donde se está constituyendo un nuevo "lugar global" en la ZMCM.

Lo global en la ciudad es, sin embargo, no sólo altamente concentrado. Otro rasgo característico es que la ciudad global es profundamente fragmentada. Se mencionó ya que la transformación de los últimos años perjudicó los niveles de vida para la mayoría de la población metropolitana. Cabe añadir que la ciudad también está fragmentada en cuanto a su desarrollo espacial, lo que es sumamente evidente en sus partes globales.

Las tres delegaciones centrales del Distrito Federal ¾ Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Cuauhtémoc¾ forman el núcleo de la ciudad global dentro de Ciudad de México. Al mismo tiempo, comprenden el centro histórico y otras áreas venidas a menos. Por ende, en su forma de segregación socio-espacial son mucho menos homogéneas de lo que se pensaba. Gracias a un mejoramiento en la recogida de datos en los censos se puede analizar la segregación no sólo a nivel de delegaciones, sino también a nivel de AGEBs (áreas geoestadísticas básicas), que comprenden cada una a unas 5.000 personas. Por ende, tenemos información sobre 3.195 unidades espaciales en la ZMCM. En un trabajo reciente, Rubalcava y Schteingart (2000) muestran que Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Cuauhtémoc son bastante diversas en su estructura socio-espacial, comprendiendo AGEBs con población que pertenece a las capas altas, medias y hasta algunas bajas. Un análisis propio de la estructura espacial llega a la misma conclusión. Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Cuauhtémoc contienen una población con niveles socio-económicos bastante diversos, siendo Miguel Hidalgo la delegación más fragmentada (mapa 1)23.


En resumen, la información sobre la segregación socio-espacial revela que la ciudad global está rodeada por la ciudad pobre. Por tanto, las actividades económicas claves para la globalización de México se desarrollan en un espacio y un ambiente muy local, muy circunscrito por las condiciones de vida cotidianas. Dicho de otra manera, "centro" y "periferia" se producen y se reproducen en proximidad espacial inmediata. Ello se reconoce en los modelos para la ciudad latinoamericana que hoy revelan una complejidad que hace 20 años todavía no tenían (Borsdorf et al., 2002).

11. En vez de una conclusión: una agenda para futuras investigaciones

En este artículo se presentó evidencia de que Ciudad de México se está transformando de una metrópolis nacional hacia una "bisagra" entre la economía mexicana y la economía global. Como tal, es un lugar importante para la producción y gestión de la globalización de México. Ello tiene implicaciones para la estructura económica, social y espacial de la ZMCM. También se mostró que la ZMCM está bien integrada en la red transnacional de las ciudades globales.

Muchas cuestiones restan, sin embargo, sin responder. Entre las tareas para futuras investigaciones destaca la identificación y el análisis de los vínculos (flujos de servicios, de capital, de personal altamente calificado, obreros, etc.) que conectan Ciudad de México, por un lado, con otras ciudades globales y, por otro, con ciudades mexicanas donde se lleva a cabo la producción industrial. Ello nos permitiría conceptualizar tanto la red urbana como las funciones que cumplen las diferentes ciudades en las cadenas globales de las mercancías (global commodity chains). Por ende, sería una contribución en orden a comprender lo específico de las ciudades globales en América Latina.

Otro desafío central es la identificación empírica y la conceptualización teórica de las nuevas formas de segregación socio-espacial. Por un lado, la información sobre la reproducción de "centro" y "periferia" en proximidad espacial debe ser consolidada. Por otro, debería ser examinada a la luz de los procesos de globalización y del impacto que tienen en las relaciones sociales y espaciales. Ello comprende un análisis del modo en que el "centro" involucra a la "periferia" urbana. Por ejemplo, la mujer indígena que vive en Valle de Chalco y que trabaja como "muchacha" en Las Lomas, con lo "global" como el vendedor ambulante que vende artículos de marca. Ambos contribuyen en nichos específicos a la reproducción del capitalismo global.

Hace falta, finalmente, desarrollar instrumentos analíticos adecuados para el estudio de las grandes metrópolis de América Latina. Evidentemente, el concepto de "mega-ciudad" no es de ninguna manera adecuado para concebir la peculiaridad de Ciudad de México y sus transformaciones. Es un concepto sumamente cuantitativo, y su visión queda circunscrita estrictamente al ámbito nacional. Por otra parte, el concepto de la "ciudad global", aunque sí parece ser muy útil, tampoco se puede traspasar sin más para las ciudades latinoamericanas. El desafío es, por ende, integrar las peculiaridades de ciudades como la de México en el marco teórico de la ciudad global.

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1Este documento fue elaborado con financiamiento del "Fonds zur Förderung wissenschaftlicher Forschung" (Austria), con registro P 14883.

2Investigador del Instituto de Investigaciones Urbanas y Regionales de la Academia de Ciencias Austríaca, Viena e-mail: Christof.Parnreiter@oeaw.ac.at

3La Ciudad de México o Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) comprende, por un lado, el Distrito Federal, que es la capital del país. Además incluye las comunidades conurbadas del Estado de México que encierran al Distrito Federal. En 2000, de la población total (17,9 millones), casi la mitad (8,5 millones) vivió en el Distrito Federal (Garza, 2000).

4Estos datos se refieren a la economía formal.

5La primacía de la ZMCM disminuyó también en cuanto a la población.

6Debido a la falta de información sobre el PIB por ciudades tenemos que contentarnos con datos por entidades federativas.

7El caso de Campeche representa una particularidad. Entre 1980 y 1985, esta entidad federativa aumentó su participación en el PIB nacional más del 720%, mientras a partir del 1985 la pierde significantemente.

8Cabe añadir que la orientación hacia mercados externos significa también importaciones crecientes. Efectivamente, las importaciones crecen a un ritmo más alto que las exportaciones, lo cual hace evidente que el desarrollo económico en México no es empujado tanto por las exportaciones, sino por las importaciones (Dussel, 2000).

9Datos para la ZMCM no disponibles.

10Baja California, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Sonora, Tamaulipas.

11Servicios financieros y de seguros; servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles; servicios profesionales; servicios de apoyo a los negocios.

12Sin embargo, tal vez haya vínculos indirectos entre la industria maquiladora y el Distrito Federal. Es probable que las compañías transnacionales que tienen plantas en el norte sientan, por razones políticas, la necesidad de estar presente en la capital del país –para hacer lobby, por ejemplo.

13Las zonas urbanas binacionales son: Tijuana/San Diego, Mexicali/Calexico, Nogales/Nogales, Cd. Juárez/El Paso, Piedras Negras/Eagle Pass, Nuevo Laredo/Laredo, Reynosa/McAllen y Matamoros/Brownsville.

14El autor agradece el apoyo de Kristina Pirker en la elaboración e interpretación de los datos.

15Cabe subrayar que otros gastos indispensables –como renta, salud y educación– no se incluyen en la COI.

16El autor agradece el apoyo de Kristina Pirker en la compilación e interpretación de los datos.

17El GaWC no distingue entre el Distrito Federal y la ZMCM.

18El 1 de julio de 2000 entró en vigor el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación con la Unión Europea.

19En este artículo se utiliza la palabra relé como equivalente a la expresión francesa relais, referida a un lugar o puesto de relevo o de enlace (N. del E.)

20Datos para la ZMCM no disponibles.

21Incluye: servicios financieros, inmobilarios, profesionales y servicios de apoyo a los negocios.

22Datos para la ZMCM no disponibles.

23El autor agradece el apoyo de Petra Kohler en la compilación de los datos y la elaboración de la cartografía.