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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.27 n.82 Santiago dic. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008200003 

Estrategia(s) de desarrollo regional bajo el
nuevo escenario global-local: revisión crítica
sobre su(s) potencialidad(es) y límites1

Víctor Ramiro Fernández2

Abstract

This work analyzes the approaches that support the strategic positions of regions into the new glocalizator scenery. After presenting an empirical countercurrent that ended, during the ‘90, weakening the arguments about the horizontality and harmonic expansion of the territorial complexes of flexible accumulation at global level, the work examined the approaches that, assuming this scenery, hold the relevance of the development of a solid regional-local orgware and qualified networks of cooperation, in order to give continuity to the centrality of regions. The weakness of the these new development were evaluated, highlighting: a) the re-invocation to empirical cases with historical specificity, that make difficult their transference; and b) the scarce presence of national spaces and the state

Key Words: Glocalisation, Flexible acumulation, Regional development, Local-Regional Orgware.

Resumen
Se analizan críticamente los enfoques que han sustentado el posicionamiento estratégico de las regiones en el escenario de la glocalización. Luego de presentar una contracorriente empírica que terminó debilitando en los 90s las argumentaciones sobre la expansión "horizontalizadora" y armónica de los complejos territoriales de acumulación flexible a nivel global, se examinan los enfoques que, asumiendo este escenario, sostienen la relevancia de las ventajas dinámicas fundadas en el desarrollo de un sólido orgware regional-local y cualificadas redes de cooperación, para dar continuidad a la centralidad de las regiones. Se evalúan las debilidades de estos nuevos desarrollos, destacándose: a) la reincidencia en apelar en forma selectiva a casos que reúnen un conjunto de especificidades históricas de difícil traslación; b) la exagerada prescindencia que estos enfoques realizan de los espacios nacionales y el Estado.

Palabras claves: Glocalización, Acumulación flexible, Desarrollo regional, Orgware regional-local.

1. Introducción

Desde hace ya unos años se ha venido difundiendo en el campo de las ciencias sociales el concepto de glocalización (Swyngedouw, 1997)3 , intentando dar cuenta, con el mismo, de aspectos fundamentales vinculados a la morfología y la dinámica de funcionamiento del capitalismo en su etapa posfordista.

Con dicho término se procura reflejar la nueva relación simbiótica entre el espacio global, donde se produce el sistema económico en tiempo real, y los ámbitos locales, donde se emplazan los nodos productivos dinámicos que ingresan a las redes globales a partir de procesos de retroalimentación entre los niveles sociales, institucionales y económicos que operan a nivel intra-territorial (Amin & Thrift, 1992).

En la construcción de esta nueva relación micro-macro, trabajos de alto impacto académico, como el de Omhae (1995) han difundido la idea de la disolución de las escalas espaciales jerárquicas conformadas en torno del espacio nacional y su estructura estatal (Estado-nación), y el posicionamiento de las regiones como nuevas unidades estratégicas en la configuración del escenario global.

Dicho desarrollo argumental, con mayores matices y precauciones, ha sido acompañado y profundizado más recientemente con aportes provenientes de la sociología, la economía y la geografía económica, haciendo hincapié en la capacidad asumida por las regiones para, a partir de la articulación de redes económicas e institucionales, combinar una escala adecuada que supera el localismo fragmentario con un funcionamiento flexible y altamente dinámico, que responde a la creciente inestabilidad y exigencia del proceso globalizador (Castells & Hall, 1994; Cooke, 1995; Morgan, 1997; Storper, 1995).

Nuestro objetivo, en el presente trabajo, se centra en un análisis crítico del recorrido que han tenido las argumentaciones académicas que han venido sustentando este posicionamiento estratégico de las regiones, en el nuevo escenario glocalizador del posfordismo.

El primer cuerpo de estas argumentaciones, ligado a los enfoques de la acumulación flexible, ganaron fuerza desde mediados de los 80s, valiéndose de un cúmulo de experiencias basadas en el desarrollo aglomerado de las señaladas redes económico-institucionales, y estructuradas a partir de la combinación de formas de cooperación y competencia de pequeñas y medianas empresas (PyMEs).

Fundadas en la expansión y dinamismos de estas experiencias, denominadas en el contexto europeo Distritos Industriales (DI) (Becattini, 1979), y en EE.UU. Complejos Territoriales de Producción Flexible (Scott, 1988), las formulaciones regionalistas presentaron un escenario optimista que contribuyó a observar la relación global-local como una interacción armónica, expansiva, que abría incluso posibilidades para el desarrollo de las regiones ubicadas en los espacios periféricos.

Sin embargo, estos auspiciosos hallazgos empíricos y los numerosos intentos por difundir la acumulación flexible debieron enfrentar a lo largo de los ´90s un contra-frente empírico que cuestionó dicho perfil armonioso y espacialmente omnicomprensivo de la globalización; el mismo fue dando cuenta de un escenario fuertemente asimétrico y selectivo que enfrenta las lecturas sobre las generalizadas posibilidades abiertas para las regiones, aún las periféricas, y sus actores territoriales en la configuración del proceso globalizador.

Señalaremos en este trabajo tres elementos básicos que conforman este contra-frente empírico:

a) En primer término, la globalización posfordista no ha venido acompañada de un proceso de superación de las asimetrías económico-espaciales. Estudios recientes desarrollados en el propio contexto europeo, donde las experiencias de desarrollo local y regional han sido tomadas como punto de referencia, han dado cuenta, más bien, del abandono de la convergencia que se venía verificando después de los años ’50s y la cristalización, cuando no el recrudecimiento, de las asimetrías interregionales.

b) En segundo lugar, y ligado a lo anterior, la experiencia no ha mostrado a las PyMEs como actores centrales en la conformación de los complejos territoriales y, mucho menos, en la configuración de las redes globales. Lejos de ello, las empresas transnacionales (ETs) se han convertido en los nuevos actores que controlan las redes globales y desarrollan un posicionamiento espacial selectivo, lo que, en relación con lo antes señalado, no da lugar a una dinámica territorial descentralizada y convergente, sino a un re-fortalecimiento de determinados espacios centrales y a un acrecentamiento de las asimetrías regionales.

c) Por último, muchas de las experiencias territoriales de acumulación flexibles, exhibidas en los ´80s como representativas de la nueva etapa glocalizadora, han mostrado a lo largo de los ´90s un proceso de crisis y fuerte reestructuración interna que ha derivado, en algunos casos, en la desconfiguración de los patrones horizontales de reproducción territorial y su sustitución por componentes jerárquicos de escasa endogeneidad, y en otros, en un camino de claro declive.

Producto de estos tres aspectos, las formulaciones que trabajan en torno al enfoque de la glocalización han debido aceptar la inserción de las regiones en un escenario asimétrico y selectivo desde el punto de vista de los espacios y los actores. Desde este escenario, y en base a lo indicado, economistas, sociólogos y geógrafos regionalistas han debido enfrentar en los ´90s, por lo menos tres interrogantes fundamentales: a) ¿Cómo las regiones periféricas pueden alejarse de su posicionamiento marginal y alcanzar nuevos patrones organizativo-funcionales fundados, como en los DI, en el protagonismo y la articulación de los actores territoriales?

b) ¿Cómo aquellos complejos territoriales que han alcanzado los atributos de los DI pueden enfrentar sus limitaciones estructurales ligadas a sus limitaciones de escala y el conjunto de inercias que bloquean su cualificación (up-grading), para ingresar a las redes globales controladas por las ETs?

c) ¿Cómo, en general, los espacios regionales pueden encontrar patrones organizativo-funcionales que les permitan insertar en su ámbito a las ETs, condicionando su funcionamiento dentro de los territorios y operando con estos macroactores una lógica no reproductiva, sino altamente sinérgica?

En la búsqueda de respuestas a estos interrogantes, se fue desarrollando a lo largo de los ´90s, dentro de un enfoque fuertemente centrado en la capacidad auto-organizativa de las regiones, un creciente consenso en torno de la necesidad de responder a estos y otros interrogantes, acentuando aquellos aspectos ligados al orgware regional-local con el objeto de obtener un sólido governance regional, formado por la ampliación y cualificación de redes sinérgicas entre los actores PyMEs, la fuerza de trabajo y el complejo de instituciones públicas y semi-públicas con base en la sociedad civil, que operan en el nivel intra-territorial.

Desde la profundización de esta dinámica organizativo-funcional, los enfoques regionalistas afirman la posibilidad y la necesidad de obtener un territorio complejo que suma a las ventajas estáticas derivadas de la aglomeración y la desintegración vertical, las ventajas dinámicas basadas en la capacidad innovadora que otorga el desarrollo de un abundante capital social, y el fortalecimiento de los procesos de aprendizaje colectivo a cargo de los actores territoriales.

Ahora bien, ¿son suficientes dichas respuestas para satisfacer los tres interrogantes presentados anteriormente? La hipótesis que sostenemos en este trabajo se estructura entorno a una respuesta negativa a esta última pregunta, fundando dicha respuesta en que los esfuerzos regionalistas, ubicados tanto en la primera generación de enfoques optimistas, como en otros más recientes, que reconocen el escenario asimétrico y selectivo:

a) han quedado centrados casi con exclusividad en torno a experiencias exitosas que conforman los archipiélagos del asimétrico escenario global, sin asumir un análisis que comprenda al conjunto de los ámbitos regionales, así como a la tendencia general en las que éstas se insertan. En tal contexto, la ausencia de una debida historización de los diferentes recorridos regionales impiden a estos enfoques analizar la viabilidad de estas "experiencias exitosas" en regiones periféricas, donde la lógica organizacional y los patrones de funcionamiento asumen características incompatibles con aquellas exitosas experiencias de desarrollo regional endógeno.

b) Sumado a ello, y en ese contexto deshistorizador, el enfoque retroalimentador entre ámbitos locales y espacios globales, que acompaña al enfoque de la glocalización, ha desconocido la relevancia que aun poseen los espacios nacionales y el estado para el obtener una estrategia integral de desarrollo regional, producto, en un caso, de colocar a localidades y las regiones como conectores exclusivos con el ámbito global, y en otro, de "sobreacentuar" la fortaleza autogestionadora de la sociedad civil.

Para avanzar sobre estos últimos argumentos que sostienen nuestra hipótesis central, y cumplimentar los objetivos inicialmente formulados, nos proponemos un análisis detallado de lo que aquí hemos argumentado resumidamente, a través de: a) analizar los fundamentos económico-institucionales de la re-emergencia de las regiones; b) detenernos en los tres frentes problemáticos analizados para c) analizar las respuestas emergentes ante dichos frentes problemáticos, vinculadas a la dinamización de regiones y localidades a partir del fortalecimiento, y en algunos casos la redefinición del orgware territorial; d) recién analizados estos tres aspectos, buscaremos explorar, aún en forma preliminar, los argumentos que sustentan las limitaciones que acompañan a los enfoques regionalistas de la glocalización.

2. Los fundamentos del reposicionamiento de las regiones en el escenario globalizador

¿Por qué los ámbitos regionales-locales se colocaron como los núcleos socioeconómicos espaciales estratégicos en los procesos de desarrollo globalizador, desplazando a los ámbitos nacionales? Los planteamientos desarrollados por la especialización flexible han sostenido que el reposicionamiento estratégico de estos ámbitos territoriales tiene como fundamento el hecho de que en el marco de la internacionalización, la emergencia de una creciente diversificación e inestabilidad de la demanda ha dado lugar a una saturación de los procesos de producción en masa circunscritos a los espacios nacionales, y a un requerimiento de reorganizar los procesos de producción y regulación hacia patrones altamente flexibles y dinámicos para atender dichos cambios (Piore & Sabel, 1990; Hirst & Zeitlin, 1991).

La economía de la acumulación flexible que emerge como respuesta a este requerimiento (Vázquez Barquero, 1991) se constituye entorno a complejos de producción territorial, cuyas bases constitutivas (que llamaremos ventajas estáticas) se fundan en el desarrollo combinado de procesos de desintegración vertical con marcada aglomeración espacial (Scott, 1988). En el marco de dicha combinación, los actores intra-territoriales combinan estrategias de competencia y cooperación (Sabel, 1992), a partir de las cuales se desarrolla una densa red de actuaciones que involucra no sólo a los actores empresariales, sino también a las instituciones públicas que actúan como soportes sinergizadores de la producción territorial (Pyke & Sengenberger, 1993). Sobre la base de la reciprocidad y la confianza a que dan lugar estas redes de cooperación, las localidades-regiones exhiben una sólida y reconfigurada división social del trabajo, en base a la cual (Gráfico 1) los actores económicos obtienen un conjunto de externalidades potenciadoras, con fundamento: a) en el desarrollo de economías de escala y alcance por asociación y especialización; b) en una marcada reducción del riesgo (a que pueden dar lugar los altos stock de capital que acompañaron la integración vertical); y c) como efecto de la interacción en el escenario de la aglomeración territorial, una marcada reducción de los costos de transacción que alentaban durante el fordismo la internalización de los procesos productivos (Scott, 1988; Storper, 1989; Costa, 1995).


Bajo los fundamentos de esta lógica funcional, los abundantes señalamientos vinculados al protagonismo de las regiones y localidades, a partir de los nuevos patrones de acumulación flexible, han afirmado la pérdida de centralidad anteriormente deparada a los espacios nacionales. Paralelamente, se ha afirmado la clara afuncionalidad que, bajo el nuevo contexto, presenta la morfología vertical y altamente rígida del Estado de Bienestar, así como la lógica de intervención keynesiana que dominó en la etapa fordista (Scott, 1996). En su lugar, se fue indicando el creciente protagonismo de las instancias territoriales del Estado, lo que se consideró reflejado en las políticas de descentralización promovidas en los ´80s tanto en el contexto europeo como en el latinoamericano (Vásquez Barquero, 1991; Boisier, 1988).

3. Expansión global de experiencias regionales-locales de acumulación flexible

Sustentados en estos argumentos que hemos analizado de la lógica organizativa y funcional, en la que se basó el reposicionamiento de los ámbitos regionales como núcleos centrales en la configuración de los procesos de globalización, durante los ´80s (y buena parte de los ´90s) fue ganando lugar un nada despreciable cuerpo de aportes académicos sobre los que se intentó erigir una imagen en torno de la consolidación y expansión a escala planetaria de los complejos territoriales de acumulación flexible.

Fundamentalmente por acción de un cada vez más importante grupo de investigadores nucleados en torno de la especialización flexible, a través de dicha expansión (no sólo académica, sino también institucional) se intentó dar cuenta de la forma como el complejo de sistemas locales de producción del noreste italiano encontraba crecientemente émulos organizacionales y funcionales a escala planetaria. En tal sentido, trabajos compilatorios como los de Pyke, Becattini y Sengenberger (1992) intentaron dar muestras de la extendida presencia de los fenómenos del desarrollo regional local fundados en la acumulación flexible en el contexto europeo, destacándose los casos de Baden Wuttemberg (Schmitz, 1990), la Ile de France (Scott, 1988), y los distritos de Jutlandia en Dinamarca (Kriestensen, 1992). A estas experiencias se sumaron aquellas de la periferia europea que mostraban procesos de desarrollo local bajo los criterios de la industrialización difusa (Vázquez Barquero, 1986).

Por su parte, en los EE.UU., donde el retraso en la adopción de nuevas estrategias flexibles de competición, y el aferramiento de las grandes estructuras industriales a las formas rígidas de gestión y organización explicaban sus retrasos comparativos a nivel internacional (Best, 1990), se comenzó a exhibir esperanzadoramente al Silicon Valley y -en menor medida- a la Route 128 de Boston, como las variantes high tech de los conglomerados de acumulación flexible (Saxenian, 1985; Scott, 1988). Estos casos, a los que sumaron otros como la industria fílmica (Storper, 1989), se utilizaron para fundamentar la existencia de una progresiva ruptura con los viejos patrones fordistas, y mostrar la capacidad de muchos complejos productivos espaciales de encaminarse hacia los patrones de la especialización flexible.

Sin embargo, las muestras empíricas de expansión de la EF no permanecieron circunscritas al escenario de los países en desarrollo. Los ´90s fueron testigos de un claro intento por abordar la re-estucturación productiva de los espacios periféricos a través de su instrumental analítico. En su avance hacia la periferia, no sólo la propia experiencia coreana estuvo sujeta a un particular abordaje para analizar la presencia desde la EF y la convivencia de las grandes empresas con aglomeraciones regionales de PyMes (Myung-Rae Cho, 1994), sino que el resto del sudeste asiático fue sujeto a consideración, como dan cuenta los exámenes de experiencias como las de Singapur (Liew Mung Leong, 1992). También en el sur de este continente se consideró la presencia y viabilidad para el desarrollo de aglomeraciones productivas de acumulación flexible, como lo indican los trabajos de Alam (1994) sobre la industria del vestido de Delhi (India), los de Knorringa (1994) sobre Agra, en India, y los de Nadvi (1992) en Pakistán. Incluso, la excluida y empobrecida Africa no ha sido obviada en los intentos expansivos de la EF, al desarrollarse exámenes en torno de su presencia en aglomeraciones de PyMEs localizadas en Kenya (Sverrison, 1992), Ghana (Dawson, 1992) y Burkima Faso, entre otros lugares.

El contexto latinoamericano no estuvo ajeno a la extensión de la EF en orden planetario. En muchos de sus países comenzaron a aflorar estudios realizados por investigadores tanto vernáculos como de los países centrales, que daban cuenta de las posibilidades de la EF -y de los DI-, ya sea a través de evaluaciones de las condiciones generales heredadas en la región, como de estudios de casos que muestran reestructuraciones productivas encaminadas hacia su emergencia. En el primer caso, aportes como los de Sabel (1986) no han dudado en rescatar los aprendizajes adaptativos de la sustitución de importaciones para promover patrones organizativos y funcionales insertos en el marco de la EF. En lo que respecta a los estudios de caso, trabajos como los de Arias (1994) y Rabelotti (1994) en México, así como los de Schmitz (1995) en Brasil, y los de Quintar, Azcúa y Gatto en Argentina (1993), han caminado cada uno con sus especificidades en el análisis – a veces comparativo- de la organización y evolución territorial de clusters de PyMEs, utilizando siempre al DI como elemento heurístico para el examen de la realidad.

Ciertamente, en toda esta expansión global del paradigma de la EF, los complejos territoriales de acumulación flexible aparecen algunas veces expresando la realidad, como se hizo en el centro, y otras, como instrumentos analíticos, como tuvo lugar en la periferia; en este último caso, muchos analistas que han operando con los instrumentos de la EF destacan, desde el pesimismo, la dinámica competitiva, fragmentaria y empobrecedora de los agrupamientos (Wilson, 1994), y se interrogan sobre los obstáculos y los límites para transferir estas experiencias a los países en desarrollo (Schmitz, 1990). No obstante, lo cierto es que, a través de esta omnipresencia planetaria de complejos territoriales de acumulación flexible, los ámbitos regionales se transformaron a lo largo de los ´80s y entrados los ´90s en los centros de referencia para interpretar las nuevas tendencias organizativo-productivas, asumidas por la acumulación capitalista con posterioridad a la crisis de los años ´70s.

4. Frenos al optimismo, un contra-frente empírico y un escenario de dificultades para la armonía global-local

Esta perspectiva tan optimista como expansionista encontró, sin embargo, un contra-frente empírico que ha tomado lugar a lo largo de esta última década en el propio escenario de los países centrales, donde ganaron fuerza los enfoques regionalistas que operan bajo el esquema de la glocalización. Nos concentraremos en tres elementos fundamentales que, entendemos, han tenido incidencia directa en la re-evaluación del escenario global-local inicialmente presentado.

4.1. Nuevas asimetrías espaciales y relajamiento de las regiones periféricas en la UE No obstante el espíritu dominado por la horizontalidad expansiva que fueron tomando los enfoques de la EF, el propio espacio europeo, que exhibió las "mejores perlas" del nuevo paradigma, terminó mostrando un escenario de creciente agravamiento de las asimetrías regionales y alejamiento de los patrones de convergencia que se observan desde los años ‘50 (Dunford, 1993). Las regiones periféricas no han podido alterar estructuralmente su posicionamiento, lo que se refleja en el agravamiento en su interior de las índices de correlación negativos entre las tasas de crecimiento y desempleo (Fagerberg, Vespargen and Marjolein, 1997), así como en la debilidad y carácter exógeno de la Investigación y Desarrollo (I&D) (Gregersen & Johnson, 1997). La reversión de estos elementos que contribuyen a estabilizar ese posicionamiento periférico asume especial dificultad, producto de que las formas de organización económico-institucionales, mientras que los patrones de comportamiento desarrollados en el marco de determinadas especificidades históricas, adquieren características fragmentarias y desarticuladas que las distancian seriamente de los patrones adoptados por los complejos territoriales de acumulación flexible (Regional Studies, 1994) (Amin, 1994). 4.2. La confirmación del dominio extendido de las ETs y la relativización de la capacidad de acción de las PyMEs En el nuevo escenario de la globalización que fueron imponiendo los exponentes regionalistas de la acumulación flexible, tomándose constantemente como referencia la experiencia de la Terza Italia, las PyMEs pasaron a cumplir un rol tan destacado que llegó a pensarse en la conversión de las mismas en los nuevos actores hegemónicos y estratégicos de la etapa posfordista (OCDE, 1997).

En la base tanto empírica como argumental que acompañó la propulsión de estos actores, no fue capaz de imponerse la necesaria escisión entre formas de organización de la producción, donde impera la descentralización y la flexibilización, y el control del capital, que en cambio, ha tendido a estar crecientemente concentrado y centralizado (Martinelli & Schoenberger, 1994). Dicha prescindencia impidió visualizar la enorme potencialidad de las ETs que, según muchos, han venido a capitalizar las nuevas condiciones de acumulación flexibles, para convertirse no sólo en los actores hegemónicos del capitalismo global (Dunning, 1991; Gereffi, 1996), sino también en los nuevos actores institucionales que cuestionan el poder de los estados-nación (Asheim, 1997).

Capitalizando las nuevas tecnologías del información, las ETs fueron capaces de combinar las recientes estrategias descentralizadas, a nivel de la organización productiva, y la utilización del espacio con un aumento de las centralización en lo que corresponde a las decisiones estratégicas (Sassen, 1999). A ello se le suman tres aspectos fuertemente asociados a las ETs, y claramente deficitarios en lo que respecta a las PyMEs, los cuales son: a) el desarrollo de estrategias de fusión de conglomerados productivos con el capital financiero (Andreff, 1984); b) la capacidad de operar con altos volúmenes que perviven de la etapa fordista (Hudson, 1997); y c) la obtención de un diferencial de recursos para desarrollar grandes inversiones que permitan el logro de nuevas rentas tecnológicas (Dunford, 1994). En esta línea argumental, los trabajos de Harrison (1994) han sido empíricamente lapidarios al mostrar, con información de EE.UU., Japón y Europa Occidental, la dependencia financiera, tecnológica y comercial de las PyMEs respecto de las ETs.

Desde el punto de vista espacial, y bajo este dominio de las ETs, no existe una generalizada predisposición en los patrones de acumulación que tienda a expandir conglomerados de PyMEs, y mucho menos a articularlos en una red global de carácter horizontal. Una vez más, el propio escenario europeo ha mostrado que, más que una convergencia territorial conformada a partir de redes de conglomerados descentralizados de acumulación flexible, ha tenido lugar un proceso de recrudecimiento de las jerarquías territoriales, producto del asentamiento de los actores más dinámicos en determinados centros territoriales (Amin et. al, 1992; Hudson, 1997).

4.3. El declive distrital y las crisis de los DI: especificidades históricas La perspectiva optimista volvió a colisionar con un nuevo elemento: la vulnerabilidad de los distritos industriales efectivamente existentes en el propio escenario europeo. Lejos de la perspectiva optimista que había impulsado la especialización flexible (Hirst & Zeitlin, 1991), no se dio una generalizada consolidación de los sistemas territorializados de pequeñas empresas. Estos tuvieron trayectorias diferenciadas, producto de la forma, también diferenciada, con la que lograron enfrentar un cúmulo de dificultades tanto estructurales como otras más específicas.

Entre las dificultades de tipo estructural, es decir, que acompañan la lógica del proceso de acumulación, los DI que referenciaron los complejos territoriales de acumulación flexible hicieron evidentes: a) problemas de escala para desarrollar adecuados niveles de innovación, fundamentalmente, acorde a lo señalado, cuando observamos la potencialidad efectivamente adquirida por la ETs (Tolomelli, 1988; Dunford, 1994); b) subdesarrollo en el nivel de servicios reales a la producción (Brusco, 1992); y c) dificultades para ingresar a las redes globales de comercialización, como vimos, altamente concentradas en manos de las ETs (Humphrey & Schmitz, 2000).

Entre las dificultades específicas, se expande un conjunto de aspectos que afectan la cohesión e identidad de los DI y, a partir de allí, la continuidad en la reproducción de los mismos. Uno de esos aspectos más relevantes lo representan: a) la ausencia de recambio generacional (Poma, 2000) asociada, a su vez, al debilitamiento de la reinserción de los recursos jóvenes formados fuera del distrito industrial (Bianchi, 1998); b) la escasa transferencia generacional de habilidades productivas locales; y c) la mayor movilidad de las personas, que afecta la persistencia de la lógica de reproducción intra-territorial (Poma, 2000).

Producto de este cúmulo de limitantes en el propio interior de la Tercera Italia, se ha constatado que mientras algunas zonas de reproducción de DI han tendido a consolidarse, como la Emilia Romagna, otras han dado cuenta de una evidente pérdida de dinamismo industrial -Toscana- (Bianchi, 1998). Yendo específicamente a las trayectorias de los distritos industriales, muchos de ellos han tomado una fase descendente en lo que respecta a la capacidad de producción y de generación de empleo industrial; otros quedaron estables, mientras otros, no precisamente los más, tomaron una trayectoria ascendente (Bellandi, 1994; Vázquez Barquero & Saéz Cala, 1997). En este último caso, el modelo Hube Scope District desarrollado por Ann Markussen (1996) en los espacios centrales, así como los Tale of Super Clusters analizados por Schmitz en la experiencia brasileña del calzado (Schmitz, 1995), dan cuenta que las nuevas transformaciones operadas en DI exitosos se asocian a conformaciones jerárquicas, dominadas por grandes empresas, que terminan con la horizontalidad del sistema de producción

5. Evaluando el escenario resultante y formulando interrogantes

El campo de articulación global-local que resulta de lo que hemos venido señalando, no es un escenario de redes-distritos marshallianos de base local que configuran en forma horizontal y armoniosa un escenario globalizador siempre dispuesto a nuevas incorporaciones (Amin & Robins, 1990). Por el contrario, es un escenario fuertemente selectivo, donde asume un posicionamiento selectivo y estratégico un grupo de ciudades-regiones que, operando como motores de la glocalización, configuran una red de archipiélagos inmersos en un océano de centros territoriales subalternos y deprimidos (Dollfus, 1997).

Estos archipiélagos están representados, en primer término, por un reducido número de ciudades globales que concentran el cúmulo de servicios estratégicos a la producción, a través de los cuales se diseña y controla la gestión global de las redes económicas transnacionales (Sassen, 1999; Friedman, 1997). En segundo lugar, y con creciente dinamismo, como lo ha resaltado Scott (1996), por las grandes metrópolis que preservan las escalas y las lógicas de causación acumulativas y, finalmente, por un grupo muy específico de aglomeraciones productivo-territoriales vinculadas tanto al high tech como al sistema de producción con base artesanal. A su vez, en este escenario, como indicamos, las ETs establecen su dominio y contribuyen decididamente a la cristalización de dicha selectividad espacial (Amin & Robins, 1990). Sus centros neurálgicos de operación y generación de valor agregado han tendido a permanecer en determinados espacios centrales, otorgándosele a éstos un posicionamiento privilegiado para obtener una adecuada articulación de los procesos de generación, retención y redistribución de valor sobre los que se edifica un desarrollo equilibrado.

Ante este escenario selectivo y asimétrico, y en relación con lo que anteriormente hemos planteado, se abren, al menos, tres interrogantes fundamentales:

a) ¿Cómo, bajo el escenario presentado, los ámbitos regionales periféricos pueden desarrollar comportamientos y patrones organizacionales cercanos a los DI, y mantener su dinamismo y horizontalidad?

b) ¿Cómo aquellos complejos territoriales que efectivamente han logrado desarrollar estos patrones organizativos propios de los DI, y paralelamente, han entrado en una etapa de crisis y estancamiento, pueden ingresar en una etapa ascendente, preservando sus estructuras territoriales dinámicas y horizontales?

c) Finalmente, ¿cómo desde las realidades representadas en (a) y (b), se condicionan y a su vez se crean las condiciones para interactuar con las ETs y operar en algunas de las porciones de las cadenas de valor que ellas controlan?

6. Un escenario de respuestas desde el campo regionalista del desarrollo:
la centralidad del orgware regional-local

La respuesta a los interrogantes planteados supone la necesidad de elaborar una estrategia que, partiendo del reconocimiento de esta realidad selectiva y condicionante, abra perspectivas para la continuidad de sistemas de producción descentralizados y flexibles con basamentos en redes horizontales de PyMEs, e incorpore a dicha realidad el conjunto de regiones periféricas, bloqueadas en sus formas organizativas y funcionales por sus propias trayectorias históricas

Algunos elementos o pautas para la elaboración de una estrategia como la recién indicada han ido emergiendo a lo largo de los ´90s, desde el plano interno al paradigma del desarrollo regional que hemos venido analizando. Dichos, elementos operando dentro del territorio conceptual de los DI, han incorporado un conjunto de nuevos aspectos que se han destacado en aquellas aglomeraciones de acumulación flexible, que en el nuevo escenario asimétrico y selectivo, asumen una dinámica ascendente. Estos nuevos aspectos que han ganado presencia en las formulaciones de regionalistas y planificadores, hicieron epicentro en la cualificación del governance regional, a través de la potenciación de lo que puede denominarse el orgware territorial.

Para precisar qué encierra esta categoría, debemos separar con propósitos analíticos, como lo hace Vázquez Barquero (1996), tres dimensiones territoriales, sin embargo, fuertemente interrelacionadas: a) el hardware regional-local (RL), entendido como el complejo infraestructural con el que cuenta el territorio, fundamentalmente el complejo comunicacional y de transporte, aunque cabe también incluir el complejo de instituciones públicas y semipúblicas; b) el software RL, comprende el nivel inmaterial de desarrollo, fundamentalmente la calidad de recursos humanos y la capacidad de producción de conocimiento e información del territorio; y c) el orgware RL, es decir, la capacidad de organización económica, social e institucional que adopta un territorio.

6.1. Dos líneas estratégicas en el marco del orgware territorial En el marco de esta última dimensión, constituida en el ámbito donde se nuclean los elementos que motorizan una nueva estrategia, se estructuran dos líneas estratégicas ligadas, cada una de ellas a lo que Storper (1995) ha denominado las traded y las untraded relations.

La primera línea estratégica, vinculada a las traded relations, está dominada por las relaciones de mercado, aunque contempla también, como vimos, un complejo de prácticas cooperativas entre los componentes económicos del nivel territorial. Los actores centrales aquí son las empresas locales o externas que se desempeñan en el ámbito territorial. A través de la extensión y cualificación de los eslabonamientos por medio de los que estas entidades configuran las cadenas input-outputs del nivel territorial, se procura:

a) En primer lugar, consolidar o avanzar en las ventajas estáticas que ya hemos considerado como fundamento constitutivo de los sistemas territoriales de acumulación flexible, profundizando en externalidades pecuniarias, como vimos, básicamente vinculadas a la obtención de economías de escala y alcance, así como la reducción de riesgos y de los costos de transacción (Scott, 1996).

b) En segundo lugar, otorgar endogeneidad al proceso de acumulación territorial, aumentando, por la expansión y cualificación de dichos eslabonamientos, las porciones de valor que se generan y reproducen a nivel intrarregional. Por lo tanto, el análisis de la conformación de hileras o eslabonamientos, y sus vinculaciones con el interior del territorio se transforma en un componente fundamental de esta primera línea estratégica (Vázquez Barquero & Sáez Cala, 1997; Vázquez Barquero, 1998).

La segunda línea estratégica, vinculada a las untraded relations, ha adquirido un carácter central, pues sobre ella se ha venido depositando la construcción de un nuevo paradigma organizativo-funcional, que no se estructura en base a los patrones del mercado o a los de jerarquía, sino en torno a la interacción en redes de los componentes sociales, institucionales y económicos que configuran un determinado ámbito territorial (Morgan, 1997). Producto de ello, los actores que protagonizan la configuración de la red "(...) se mueven, cada uno de ellos, por intereses concretos como la confianza (frente al precio o la norma)" (Vázquez Barquero, 1998: 101).

Los actores que sobre la base de esta confianza configuran las redes, son aquí marcadamente más diversos que en el campo de las traded relations: junto a los actores empresariales del nivel local, resalta la presencia de los actores sociales e institucionales que configuran el territorio, quedando aquí comprendidos la fuerza de trabajo, los institutos técnicos encargados de la generación de conocimientos específicos y aplicados, y el gobierno local. El conjunto de interacciones en forma de red de este complejo de actores conforma una red industrial sobre la que se edifica un proceso de regulación colectiva del sistema productivo (Hakansson & Johanson, 1993).

El primer elemento de esta red industrial está conformado por las redes empresariales que responden, a su vez, al conjunto de interacciones empresariales desarrollado históricamente para organizar su producción, para obtener sus insumos, para comercializar sus productos o, como luego remarcaremos, para la introducción de innovaciones incrementales (Malecki & Tootle, 1996). El segundo elemento de la red industrial, fundamental en el desarrollo del orgware territorial, está constituido por lo que Amin y Thriff (1993) han denominado "densidad institucional"; la presencia de este elemento constituye un componente fundamental para cualificar los procesos de organización territorial, dinamizar el sistema productivo y, a través de ello, cualificar el proceso de desarrollo (Amin & Thriff, 1993). En su constitución se incluyen firmas, instituciones financieras, cámaras de comercio local, agencias de entrenamiento, autoridades locales, agencias de desarrollo, centros de innovación, sindicatos y organizaciones para la provisión de servicios de negocios. Pero una sólida densidad institucional a nivel regional no se conforma sólo por la diversidad y desarrollo cuantitativo de estas instituciones, lo que pertenecería al campo del hardware, ni por la sola presencia de la calidad organizativa y de los recursos humanos de las mismas, lo que pertenece al campo del software. Junto a estos dos aspectos, el desarrollo de la densidad institucional requiere la elaboración de una fluida interrelación entre este complejo de actores, y entre ellos con el conjunto de actores empresariales que conforman la red industrial. A través del desarrollo de estas fluidas interrelaciones se puede forjar una clara representación colectiva a nivel territorial y formular, a partir de ello, un cuerpo de propósitos comunes claramente superador de los emprendimientos fragmentarios provenientes de los actores públicos o privados del nivel regional (Keeble et al., 1999; Amin & Thrift, 1993).

El desarrollo y cualificación de esta red industrial dan lugar a un determinado ambiente de reproducción, un melieu que, una vez conformado, asegura y a su vez sedimenta las red territorial (Camagni, 1991). El desarrollo sostenido de este circuito aceitado y retroalimentador de interacciones tiene como producto de larga duración más relevante la generación y reproducción sostenida de un sólido capital social, entendido este como "(...) el componente de capital humano que permite a los miembros de una sociedad dada, confiar el uno en el otro y cooperar en la formación de nuevos grupos y asociaciones" (Putnam, 1993).

El efecto directo más relevante, que se deriva de los medios territoriales donde ha emergido un sólido capital social, consiste en las potencialidades abiertas para promover el desarrollo de procesos sistemáticos e incrementales de innovación a través de aprendizajes colectivos generados a nivel territorial (Camagni, 1991).

6.2. Innovación territorial desde los aprendizajes colectivos y sus impactos en la nueva dinamización regional La importancia estratégica que, en el marco del desarrollo de las untraded relations, asumen estas dos últimas categorías indicadas -innovación territorial y aprendizajes colectivos-, justifica que nos detengamos a analizar, aunque sea brevemente, la forma como las mismas ganan lugar en los nuevos enfoques y contribuyen, según estos, a la re-dinamización regional desde su desarrollo articulado.

El análisis de la dinámica de los sistemas de producción territorial ha venido a corroborar la hipótesis schumpeteriana de que la innovación es el principal elemento de competitividad y el primer componente dinamizador del sistema económico, en un escenario donde la sola presencia de las ventajas estáticas analizadas anteriormente no alcanza para insertarse efectivamente en el escenario de la globalización (OCDE, 1996). En términos operativos, la capacidad de innovación permanente obtenida a partir de los referidos procesos de aprendizaje colectivo se suma a las ventajas estáticas, para pasar a constituirse en un elemento fundamental que explica los caminos ascendentes de determinados DI (Vázquez Barquero, 1998).

Este atributo dinamizador otorgado a la innovación implica dar respuesta a dos aspectos fundamentales: en primer término, a cómo se producen los procesos de innovación; y seguidamente, a cuáles son los impactos efectivos devengados por dichos procesos sobre el sistema de producción territorial en su conjunto.

Acerca del primer aspecto, la innovación permanente en el escenario productivo territorial no parte de la acción individual de los empresarios, sino de procesos de aprendizajes colectivos, "(...) generalmente definido(s) como un proceso social de conocimiento acumulativo, basado en un conjunto de reglas compartidas y procedimientos los cuales permiten a los individuos coordinar sus acciones en búsqueda de solucionar problemas" (Capello, 1999), que tienen lugar desde determinadas trayectorias institucionales que han configurado las interacciones entre los actores económicos sociales de un espacio nacional o regional (Camagni, 1991).

Las innovaciones fundamentales que emergen de estos aprendizajes colectivos no son las innovaciones radicales, sino las innovaciones incrementales generadas por los conocimientos, tanto codificados como fundamentalmente tácitos, que emergen de los contextos de fuerte interacción y alto desarrollo de las redes sociales (Lawson & Lorenz, 1999; Yoguel, 2000). Esto último contribuye a explicar por qué, en el marco de las trayectorias institucionales históricamente construidas, la complejidad asumida por la red industrial, el desarrollo de la densidad institucional y la producción de un sólido capital social, aparecen como elementos fundamentales para desarrollar los procesos de innovación y los aprendizajes colectivos que actúan como sus germinadores.

Por último, al momento de observar el impacto efectivo que resulta del proceso de micro-innovaciones a nivel de productos y procesos en el escenario de los complejos de producción territorial, los diferentes aportes que se mueven en el campo regionalista han resaltado que, bajo adecuados niveles de precios, dichas innovaciones permiten: a) en el frente interno, potenciar la endogeneidad del sistema de acumulación territorial a partir, por un lado, de generar y retener en el ámbito regional nuevas formas de valorización y, por otro, de fortalecer y cualificar los eslabonamientos internos que arrastran dichas innovaciones en productos y procesos; b) en el frente externo, actuar en el up-grading de los sistemas territoriales formados por redes de PyMEs, ingresando en determinados nichos dinámicos de las cadenas globales de valor, controladas por ETs (Humphrey; Schmitz, 2000); c) por último, en la articulación de la dinámica interna y externa del territorio, la generación de un ambiente con alto contenido innovador, fundado en cualificadas condiciones de la fuerza de trabajo y marcada fortaleza en las interacciones empresariales del nivel regional-local, promueve condiciones de convergencia con el comportamiento de las grandes empresas, a partir de estimular la captación de inversiones estables de ETs que generan parte sustancial de su valor agregado en el medio regional(Amin & Tomaney, 1997).

6.3. Del desarrollo de una estrategia a la especificidad de las respuestas A través de estas dos líneas estratégicas vinculadas al orwgare regional-local, centradas en las traded y, fundamentalmente, en las untraded relations, las elaboraciones que provienen del campo del desarrollo regional han venido abriendo un conjunto de pautas estratégicas que pueden ser relevantes a la hora de enfrentar los obstáculos generales y específicos al desarrollo, y que permiten, en principio, ensayar un conjunto de respuestas sobre los tres interrogantes centrales que antes hemos formulado.

Respecto del primer interrogante, vinculado al posicionamiento de las regiones periféricas y las aglomeraciones de Pymes que se mueven en su interior, las pautas-elementos sugeridas presentan a estos ámbitos y actores un doble desafío: a) avanzar en el desarrollo de patrones de organización y funcionamiento que viabilizan la obtención de las ventajas estáticas sobre las que se edificaron los complejos territoriales de acumulación flexible; y b) promover, a nivel de las untraded relations, los patrones organizativos y funcionales en red que potencian los procesos de innovación a través de aprendizajes colectivos.

Respecto del segundo interrogante (referido a los complejos territoriales que han alcanzado los patrones organizativo-funcionales de los DI, y que tienen el desafío de vencer las limitaciones estructurales que amenazan con su subsistencia o que lo dirigen hacia su declive, acorde a las pautas formuladas), los mismos tienen la necesidad de fortalecer y, a su vez, trascender las ventajas estáticas de sus untraded relations, centrando su reestructuración en el desarrollo de las ventajas dinámicas provenientes de los mencionados procesos colectivos de innovación territorial que, en el marco de esas untraded relations, se conforman en torno al desarrollo de redes sinérgicas entre instituciones y actores económicos sociales del ámbito territorial.

Por último, respecto del tercer interrogante -vinculado a encontrar las condiciones para el condicionamiento y la interacción con las ETs y sus dinámicas cadenas de valor-, la capacidad de desarrollar un complejo de producción donde, a través de la solidificación del orwgare, se obtiene el desarrollo combinado de las ventajas estáticas y dinámicas, crea las condiciones diferenciales no sólo para atraer las ETs, lo que también logran algunas regiones donde impera una mano de obra con bajos costos y alta descualificación, sino también para: a) condicionar dichas inversiones al desarrollo de un patrón productivo que conlleve el fortalecimiento de los encadenamientos productivos locales; y b) captar, por "calidad de la oferta territorial", aquellas porciones de las redes globales de las ETs con más alto valor agregado (Amin & Tomaney, 1997).

7. Una evaluación crítica sobre las respuestas de las nuevas pautas-elementos del desarrollo regional:
reubicando
al Estado

¿Son consistentes las respuestas puntuales que hemos presentado a los interrogantes a), b) y c) a partir de argumentaciones regionalistas que se mueven en torno al cuadro retroalimentario de la glocalización posfordista?

Nuestra respuesta negativa a este interrogante se estructura en torno a la identificación de dos grandes núcleos problemáticos:

a) La reincidencia en un planteo empíricamente selectivo y marcadamente deshistorizador, que no logra integrar adecuadamente la consistencia lógica del argumento con la viabilidad de la propuesta en los escenarios involucrados en los interrogantes a) y b), es decir, en las regiones periféricas y en DI sometidos a una fase descendente.

b) El enfoque de la glocalización dentro del que se insertan los nuevos argumentos regionalistas, disuelve a los espacios nacionales y al Estado, respectivamente, como ámbito e instrumento que, en relación a los interrogantes a) y b) permiten redireccionar comportamientos de las regiones periféricas y de los DI en crisis o estancados hacia formas de organización y funcionamiento, sobre las que se edifican las ventajas estáticas y dinámicas examinadas. Los espacios nacionales sobre los que se articulan las distintas instancias estatales, permiten fijar una estrategia general que, comprensiva del conjunto de regiones, fije condiciones de funcionamiento territorial a las ETs que dominan el espacio global (el Estado).

a) En lo que concierne al primer aspecto, la argumentación exhibe una consistencia lógica empíricamente acompañada por la asimilación de las experiencias de desarrollo regional que se han posicionado exitosamente, como sólidos archipiélagos, en el extenso océano de regiones subalternas y excluidas que impone la dinámica global posfordista. Sin embargo, respecto de estas últimas, las respuestas que se formulan se ven obligadas a operar en el acotado campo de las sugerencias.

De tal forma, el complejo derrotero que hemos presentado en torno de la centralidad del orgware regional-local no logra superar su papel explicativo de experiencias exitosas y que genera, a partir de allí, tipos ideales respecto de los cuales nadie (o casi nadie) podría discutir su utilidad para el re-examen efectivo de las realidades territoriales periféricas y sus debilidades. Fuera de este campo, se observa un gran vacío instrumental para impulsar redefiniciones en las pautas organizacionales y en los comportamientos de los actores que protagonizan estas realidades; como si fuera poco, el complejo teórico manifiesta la ausencia de un adecuado mecanismo que contemple la necesidad y capacidad de recomposición histórica, respetando las especificidades de los heterogéneos ámbitos regionales que forman parte de los espacios nacionales, tanto del centro como de la periferia.

Estos requerimientos tienen como fundamento el inocultable hecho de que todo proceso de cualificación regional, a través de una fuerte dinámica innovadora sustentada en aprendizajes colectivos que se generan, a su vez, en las sinergias retroalimentadoras de las redes económico sociales institucionales del ámbito territorial, no se produce en forma súbita ni, mucho menos, tiene lugar con facilidad en forma generalizada sobre el conjunto de ámbitos regionales. En tal sentido, posicionarse en un determinado tipo ideal para sugerirle a un complejo territorial periférico o estacando su camino inevitable de éxito, sin disponerle los instrumentos y sin precisar la forma de acoplar esa nueva dinámica en el marco de las especificidades históricas que sellan las trayectorias regionales, contribuye decididamente a generar debilidades e inconsistencias al cuerpo teórico regionalista que se mueve en el selectivo y asimétrico escenario que configura la relación global-local.

Posicionándonos en nuestra perspectiva latinoamericana, no está de más insistir en que todo intento de operar un conjunto de respuestas lógicamente consistentes, que procuren atender el desafío de crear, potenciar y cualificar la auto-organización de redes locales, está destinado a chocar inevitablemente con el sólido muro construido por la asfixiante combinación representada, por un lado, por el derrotero concentrador, selectivo y excluyente que el capital global le impone a la dinámica territorial, y por otro, el recrudecido escenario de la crisis social que potencia más que revierte las prácticas, socialmente aprendidas, basadas en un peticionismo redistribucionista cupularmente controlado, y un cúmulo de comportamientos dominados por la desarticulación y el fragmentalismo por parte de los actores territoriales.

Una vez más, el paso del deber ser al ser constituye un fuerte desafío para una estrategia que procure trascender el relato de experiencias exitosas para transformarse en capaz de ganar generalidad en un escenario signado por la selectividad y la exclusión económica, social y territorial.

b) En lo que respecta al segundo aspecto, como indicamos, el esquema funcional y espacial de la glocalización sobre el que se edifican las argumentaciones regionalistas, ha colocado a los ámbitos locales y regionales como las únicas plataformas desde donde se construyen las interacciones globales, disolviendo la existencia y el papel estratégico que le cabe a los espacios nacionales. La disolución de estos últimos conlleva la pérdida de un ámbito a través del que se promueve una articulación interregional que permita integrar las regiones periféricas dentro de una dinámica global, potenciadas por las regiones más dinámicas. Junto con esto, parece haberse puesto toda la energía reformuladora en la capacidad potenciadora de la autoorganización de la sociedad civil, sobre la cual, efectivamente, se construye el orgware local, se acumula y reproduce el capital social, y se desarrollan los aprendizajes colectivos. Esta lógica autocentrada en la sociedad civil se acompaña de una asombrosa y -nuevamente- exacerbada prescindencia del Estado en general, y del Estado nacional en particular, en lo que respecta a su capacidad de re-conducir nuevas estrategias que respondan a los desafíos presentados en los interrogantes b) y c). Esto, a través de quebrar comportamientos históricamente aprendidos que se contraponen a los nuevos requerimientos para obtener las ventajas estáticas y dinámicas a nivel territorial, y que respecto al interrogante c), pueda enfrentar (con una adecuada base de colisión regional y nacional) las matrices de poder de las ETs que estructuran el espacio global.

Ciertamente, la reubicación del Estado como un actor fundamental en la solidificación de la estrategia, requiere configurar una "estatidad" fortalecida de abajo-arriba, con una capacidad de enhebrar y "transversalizar" las implicaciones de los distintos niveles territoriales, que evite la sustitución de una cupularidad corporativa y clientelista, por una fragmentación institucional patrocinada desde el localismo ingenuo.

Bajo esta nueva morfología, el Estado se desplaza de su papel de administrador directo de la acumulación y la demanda agregada, para asumir el perfil de promotor de emprendimientos organizativos destinados a generar aprendizajes colectivos y el desarrollo de las redes de innovación de base territorial (Harvey, 1989). Para ello, es fundamental alcanzar una estatidad que no fagocite la capacidad de acción de la sociedad civil y su organización en redes, sino que se retroalimente con estas últimas (Evans, 1996). La capacidad de enraizar y sinergizar con los actores económicos y sociales que operan a nivel territorial le brinda al Estado, por una lado, una cuota de elasticidad y una base de conocimientos operativos fundamentales para maniobrar en la reversión de los comportamientos sociales e institucionales desarticulados de las regiones periféricas; y por otro, la posibilidad de configurar una base de colisión social y territorial que le otorgue capacidad decisional (Gourevitch, 1986) para actuar condicionadoramente sobre las acciones (y omisiones) de las ETs.

8. Conclusiones

La recuperación de las regiones en el escenario posfordista de la glocalización se ha instalado como un hecho, y aparentemente, ha encontrado una línea argumental y empírica para fundamentar la viabilidad de dicha recuperación, aun en ese escenario crecientemente asimétrico y selectivo de las redes globales, que ha destronado una primera impresión expansiva, horizontalizadora y armonizadora que acompañó a la especialización flexible.

Los enfoques regionalistas han tenido el mérito de enfrentar este escenario, y reafirmar en el mismo el papel estratégico de los ámbitos regionales, apelando a un mirada dinamizadora que reconoce que en la nueva etapa posfordista no bastan las (ya de por sí difíciles de adquirir) ventajas estáticas derivadas de la desintegración vertical, la división del trabajo y la cooperación comunitaria, sino que se requiere desarrollar instancias territoriales colectivas, con alta capacidad innovativa, producto de un sólido orgware local y el desarrollo de un fuerte proceso de aprendizajes colectivos.

Sin embargo, la apelación a un campo empírico que selecciona y deshistoriza, excluyendo las realidades representadas por las regiones periféricas y los DI estancados, sumado a un cuadro teórico, estructurado entorno al enfoque de la glocalización, que prescinde de un elemento activador como el Estado y de un ámbito articulador de realidades territoriales heterogéneas (como el espacio-nación), colocan al (los) argumento(s) regionalista(s) en los pantanosos senderos de las encantadoras propuestas de escasa viabilidad, o bien, en el mejor de los casos, en el de los relatos de envidiables e irreproducibles episodios de prosperidad, del que no participa el grueso de las realidades regionales.

La superación de estos senderos pantanosos supone la capacidad de elaborar una propuesta que, a partir de la densificación del complejo institucional territorial y del desarrollo de las redes de cooperación en sus actores, promueva, bajo el nuevo escenario multiescalar, una lógica reproductiva horizontal dentro y entre las instancias regionales (voces horizontales) y, a partir de allí, enhebre una estrategia bottom-up que articule los ámbitos locales, regionales y nacionales (voces verticales ascendentes), para integrar al grueso de esos ámbitos territoriales en la exigente (y hasta hora fuertemente excluyente) dinámica de las redes globales.

La capacidad de elaborar esta estrategia supondrá no sólo re-acentuar la capacidad autoorganizativa de la sociedad civil, sino también, como planteamos antes, re-ubicar al Estado, funcional y morfológicamente redefinido en su formato keynesiano y altamente re-cualificado en sus capacidades. Un Estado al que, en nuestra realidad y para nuestro pesar, la primera generación de reformas que alentó el Washington Consensus ha dejado fuertemente desarticulado, confundido en sus objetivos y vulnerable en sus capacidades

Ante la magnitud de estos desafíos, en los que se re-definen comportamientos (de los actores económicos e institucionales) y se suman y re-cualifican los instrumentos (Estado), aquel enfoque regionalista que procure estar comprometido con el desarrollo integral se encuentra obligado, no sólo a doblegar los esfuerzos teóricos realizados hasta el momento, sino también a desandar un camino, como el analizado, confeccionado sólo para un puñado de archipiélagos que resaltan en las jerárquicas y asimétricas redes globales posfordistas.

1 El presente trabajo es un resultado del proyecto de investigación "Intervención, capacidades estatales y desarrollo regional" que se lleva a cabo en Santa Fe-Argentina, bajo el apoyo de la Universidad Nacional del Litoral y el CONICET.

2 Investigador CONICET y de la Universidad Nacional del Litoral. Argentina. Master en Ciencias Sociales. FLACSO (Argentina). Doctor en Ciencias Políticas (Universidad Autónoma de Madrid). E-mail: rfernand@fcjs.unl.edu.ar. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. UNL. Cándido Pujato 2751. Segundo Piso. Santa Fe. Argentina. CP. 3000.

3 A diferencia de la lógica bipolar y simbiótica dada al concepto de glocalización por los enfoques regionalistas, autores como Swyngedouw, aún reconociendo una tendencia central en la que se combinan una delegación hacia los ámbitos locales-territoriales y un proceso de recentralización hacia los ámbitos globales, han intentado dar cuenta con dicha caterogía de la emergencia de un nuevo escenario multiescalar (local, regional, nacional y global) donde opera transversalmente el conflicto económico y político.

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