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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.49 Valdivia jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132012000100006 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 49: 97-116, 2012

 

 

Las voces del ángel en la doctrina de la verdad escatológica

The voices of the angel in the doctrine of the eschatological truth

 

Alejandra Leal Ladrón de Guevara

Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt Correo electrónico: alejandraleal@spm.uach.cl.


A partir de este trabajo se postula que la consumación escatológica queda cerrada en el discurso enunciado por el ángel Gabriel en tres intervenciones clave del Nuevo Testamento, en donde éste cumple un mandato que compete a la verdad de Dios para la salvación del ser humano histórico. En la metodología se analizan elementos de cohesión para la coherencia textual: se contextualizan los componentes tanto de la situación comunicativa y la enunciación como la utilización de los actos de habla usados en la configuración textual para inferir la postura doctrinal.

Palabras clave: discurso, ángel, cohesión, coherencia textual.


This work states that the eschatological consummation concludes with the discourse set forth by the angel Gabriel in three key interventions of the New Testament, where it fulfills a mandate concerned with the truth of God for the salvation of the historical man. The methodology analyzes elements of cohesion that account for the textual coherence: contextualizing the components of both the communicative situation and the enunciation as well as the use of the speech acts employed in the textual configuration to infer the doctrinal stance.

Key words: discourse, angel, cohesion, textual coherence.


 

1. INTRODUCCIÓN

La tradición escatológica de la historia cristiana se centra en la Salvación y cuenta como 'fundamento real antecedente' la historia humana de Jesús (Noemi 2000: 5); sin embargo, la consumación escatológica, considerada pendiente por cuestiones relativas al tiempo y los límites epistemológicos, mantiene hasta hoy un número considerable de textos y artículos donde se sostiene la preeminencia de Jesús en la relación finita del hombre con la eternidad de Dios (Noemi 2000, Parra 2000, 2003). Si bien otro número destacado de hechos refiere la existencia y periplos de los primeros profetas en las Escrituras del Antiguo Testamento, la temporalidad de Jesús está revelada proféticamente tanto por datos recogidos en estos libros como en otros escritos, refiriendo información antropológica, geográfica, botánica, topográfica, cartográfica relativa a la historia del tiempo cristiano, pudiendo ser estudiada desde estos y otros enfoques que ofrece el conocimiento humano (Rogerson 1993).

La palabra Biblia traducida al hebreo moderno significa "rollo", puesto que los escritos del Antiguo Testamento (AT) se leían en rollos de pergamino y, según las comunidades a las cuales fueran dirigidas, las versiones estaban en lengua hebrea, samaritana y griega. No obstante, el conjunto del AT y Nuevo Testamento (NT) contiene diferentes tipos de escritos: relatos de la creación, textos legales y de orden moral, manuales para el sacerdote, consejos, historias de la dinastía, cantos, salmos, proverbios, poemas de amor, libros proféticos, parábolas, evangelios y diversas cartas (Rogerson 1993: 14; Rand 2011: 89, 91). Si bien la adecuación de estos textos en la historia bíblica es extensa y compleja, en este escrito se reduce al NT y, fragmentariamente, a los tres primeros evangelios: Mateo, Marcos y Lucas.

Los cuatro evangelios del discurso canónico, ya por ser reconocidos como los libros de la Revelación entre las organizaciones cristianas, en griego significa ' bien' , ' mensaje' , ' noticia' en hebreo, ' buena' , ya que transmiten el buen mensaje o la Buena Nueva de la Revelación de la verdad de Dios para los hombres. Estos textos dirigidos al individuo histórico se encuentran como discursos preexistentes en la voz del ángel Gabriel en tres momentos: la Anunciación, la Encarnación y la Resurrección del Mesías como actos de habla realizativos (performativos). En la medida que "la ejecución de una frase es la ejecución de una acción" (Austin 1971, Maingueneau 1976), tanto la comprensión como la significación del enunciado priorizan el marco de la enunciación en cuyo aspecto social se actualizan las reglas lingüísticas para cumplir el acto de habla.

En resumen, en esta presentación se desarrolla la tesis de que la consumación escatológica queda cerrada en las palabras-sello enunciadas por el discurso del ángel Gabriel quien, a través de actos de habla realizativos (Austin 1971, Mangueneau 1976, Searle 1979, Ducrot 1982), completa el discurso global de las Sagradas Escrituras. La alocución de estos discursos clave son recreados por los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas, permitiendo confirmar el valor completo de las acciones angélicas. Por una parte, a partir del tiempo de la revelación del ángel como el portador de los actos profético-escatológicos y, por otra parte, a partir de la revelación de la Verdad de Dios al individuo histórico. Estos acontecimientos se refieren en tres momentos: la Anunciación, la Encarnación y la Resurrección del Mesías para sellar la acción salvífica como una primera experiencia del tiempo de la eternidad de Dios con el sujeto de la historia. De manera que, por un lado, a través del discurso del ángel Gabriel se recupera un antecedente de la preeminencia de la eternidad de Dios en el tiempo histórico y, por otro, mediado por la relación dialógica entre el ángel y los enunciatarios elegidos, se da el inicio a la coexistencia de la voluntad de Dios en los hombres como una experiencia del tiempo de la eternidad y la eternidad del tiempo.

A partir de los escritos de Santo Tomás de Aquino (1224) la existencia de los ángeles es conocida por medio de la revelación y la fe (Bandera 2001); no obstante, se debe reparar en la fe de los evangelistas y la revelación de Dios hacia ellos para recrear estados de vida que se confirman con los pasajes históricos donde participa un número considerable de agentes tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento del texto sagrado. En este último se destaca la participación de personas que tuvieron una relación directa con la presencia de estas criaturas sacras, Zacarías, José, María, Elisabet, María Magdalena y María madre de Jacobo. Según reseña Bandera (2001), la teología comparte la misma ciencia al ocuparse de Dios como de las criaturas sagradas centradas en Éste, en la medida que su certero y verdadero conocimiento reafirma la fe cristiana y da facilidades al hombre para conocer al mismo Dios; en cambio, una falsa creencia basada en el falso conocimiento acarrea el error sobre la comprensión de lo divino (Bandera 2001: 492). En este sentido, el cuarto evangelista, Juan, revela un dato relevante de la condición única de los ángeles como seres de dignidad superior al hombre. Al respecto, Fray Luis de Granada (1947) señala: "¿Qué es toda la hermosura de los cuerpos comparada con la de los espíritus angélicos, sino una estrella comparada con el sol?", "en esta hermosura no se hartan de mirar los ángeles, porque en ella ven más perfectamente todas estas perfecciones y hermosuras de las criaturas que en las mismas criaturas" (Granada 1947: 29); además, recreando parte del Apocalipsis (19:10), Fray de Granada sostiene que en el momento de las revelaciones celestiales, debido a la hermosura del ángel, Juan se postró a sus pies para adorarle y "que vio en aquella su grande revelación con tan grande claridad y hermosura, que lo iba a adorar si el ángel no se lo estorbara" (Granada 1947: 29).

Debido a la naturaleza, la categoría y la misión superior del ángel, al ser éste un espíritu puro y certero, conoce de un modo radicalmente opuesto al humano, ya que "no dependen para nada de lo sensible, no abstraen "especies" cognoscitivas, no razonan o discurren, sino que intuyen, es decir, de un solo golpe o en un solo acto alcanzan la plenitud de conocimiento que pueden tener de una cosa" (Bandera 2001: 497); Fray Luis de Granada los llamará "substancias espirituales, sin cuerpos", "y porque los ángeles son de tal cualidad que nunca se mudan, como los hombres, en lo que una vez se determinan" (Granada 1947:205). De forma que, siendo la figura vinculada a la inmaterialidad, la naturaleza del ángel es "puramente espiritual" e "implica ante todo su no materialidad y su inmortalidad" y es el "mensajero" en cuya principal función se encuentra el de manifestar a los hombres los misterios de la verdad de Dios (Juan Pablo II 1986: 12-16).

Según la jerarquía de las criaturas celestiales, ángeles, arcángeles y serafines, los últimos comparten la mayor perfección y cercanía con Dios (Granada 1947: 29). Relativo a los ángeles mencionados en las Sagradas Escrituras, Miguel, Rafael, Gabriel; el último será el enviado a cumplir el mandato del mismo Creador, ya que tanto en griego: Gavril·, árabe ' Yibrä îl' , en latín ' Gabrielus' y en hebreo ' Gavri' el' , significa la Fuerza de Dios, por lo tanto, es Gabriel la fuerza enviada por Dios. Este ' malak' , del caldeo ' ángel enviado' , representa la idea de delegado o embajador (Strong 2002). Así también esta criatura espiritual tiene la ' función' de mediar y de asumir el ministerio en las relaciones entre Dios y los seres humanos (Juan Pablo II 1986: 12). No en vano, "Bajo este aspecto la Carta a los Hebreos dirá que a Cristo se le ha dado un ' nombre' y, por tanto, un ministerio de mediación, muy superior al de los ángeles" (Hebreos 1:4; Juan Pablo II 1986: 12). De acuerdo a esto, Gabriel es un ser libre que eligió a favor del bien; poseedor de un conocimiento de Dios "incomparablemente más perfecto que el hombre, porque con el poder de su inteligencia, no condicionada ni limitada por la mediación del conocimiento sensible" percibe "hasta el fondo la grandeza del Ser infinito, de la primera Verdad, del sumo bien" (Juan Pablo II 1986: 9).

Refiriéndose a la ética y moral de los ángeles, Santo Tomás de Aquino menciona que, como otros, estos fueron sometidos a pruebas de carácter moral y, a diferencia de toda criatura circunscrita a sus límites, alcanzaron un grado insuperable, contrastando con la naturaleza propiamente humana. Tomando como referencia al Salmista, se retribuye la acción de la creación de los ángeles al Supremo Hacedor: "Él que hace a sus ángeles espíritus" (Salmo 103: 4), o bien, para recrear la existencia y la acción común de todos ellos se refiere en el Salmo 48,2: "Alabad al Señor todos sus ángeles / porque Él lo dijo y fueron hechos /Él lo mandó y fueron creados" (Santa Biblia 1960, Salmo 48:2). En suma preliminar, materializado o en esencia inmaterial, el ángel Gabriel cuenta con la atribución divina de revelar los misterios de la verdad cósmica a los seres humanos y en un momento preciso de la historia: los misterios de la salvación.

2. MARCO TEÓRICO

Al abordar el análisis se sostiene la preeminencia de la situación comunicativa contenida en el texto de los tres evangelios; por cuanto el evangelio es un tipo de género definido por su condición social e histórico-geográfica (Calsamiglia & Tusón 1999) y, particularmente, por compartir los puntos relevantes de la situación del discurso asociada al texto y su estructura: "situación de comunicación, la situación de enunciación y el contexto" (Maingueneau 2004, Martínez 2005). En este estudio, el primer plano está localizado en la ' situación de la comunicación' de los textos evangélicos, hecho compartido por las modalidades de la enunciación y del enunciado implicadas fundamentalmente en la deixis témporo-espacial; en el segundo plano del discurso, conformado por la enunciación y las estrategias de los actos de habla, se destacan reglas ' constitutivas' del mismo acto elocutivo para soportar el acto de la verdad del discurso (Austin 1971, Maingueneau 1976, Searle 1979, Ducrot 1982); pues, en la medida que se respeta la regla constitutiva de la verdad de Dios, tanto la fe como la creencia en Él, confirman a Jesús como el mediador para recibir la revelación de los misterios de la salvación. En un tercer plano contextual y antropológico, la historia real de los evangelistas alude a un espacio ya existente (Jerusalén, Aim Karim o Nazareth). No obstante, en el texto bíblico se reconstruyen nuevos escenarios abordables dentro del acto de la enunciación, una construcción semántica dialógica y de voces del discurso para aclarar la situación enunciada en la historia. De manera similar lo presentó Benveniste (1971), pues esta última y el discurso comparten un correlato de escenarios entre el enunciado y la enunciación, privilegiando la situación comunicativa de cada discurso (Benveniste 1970, Ducrot 1982, Martínez 1997a, 1997b, 2005).

En suma, a partir del plano de la enunciación del texto, la relación enunciador-enunciatario recrea los discursos de los evangelistas y actualiza el referente enunciado. Esto implica un nuevo acto realizativo constitutivo sólo en la medida que el texto soporta un sistema de dependencias y de relaciones; por tal motivo, los textos del ángel Gabriel se contienen en un segundo discurso realizativo y constitutivo de un sistema de dependencias y de relaciones a partir del primer discurso (Austin 1971, Searle 1979, Ducrot 1982). Sin embargo, la realidad presentada en la enunciación de los discursos de los evangelistas, se organiza por medio de diversos niveles lingüísticos y otros no lingüísticos contenidos en la intención de los actos de habla. De manera que el sistema de la enunciación se encuentra supeditado a la base textual en donde se actualiza el primer y el segundo discurso. Por ello es que:

La enunciación, corresponde a la presencia de los sujetos representados en las huellas o marcas de un texto (Benveniste 1970). El texto es el soporte sensorial del discurso, es decir, un fenómeno empírico (Bernárdez 1987), semiótico y sistémico, acompañado de un significado (Courtés 1997; Ferrer & Sánchez 1996) lingüístico y/o extralingüístico, multimedial y/o multimodal (Parodi 2007), que integra en la enunciación a los sujetos sensoriales (yo-tú) que presuponen la intención de influenciarse de alguna manera en una relación intersubjetiva (Bajtin 1985; Martínez 2005). De esta forma, el discurso constata la presencia de los agentes de la enunciación a través de las huellas del texto (Leal 2009).

A partir de la categoría de la enunciación, la escritura de los evangelistas se complementa en una relación intersubjetiva con el sujeto histórico y, a partir de esto, lo enunciado en el mundo comunicado recrea la relación intersubjetiva entre el ángel Gabriel y las voces testimoniales del discurso profético. En este marco general, el primer discurso sitúa al evangelista, el segundo, facilita la independencia en la evaluación de la situación comunicativa (Ducrot 1982: 368), donde la relación intersubjetiva se reproduce entre el ángel Gabriel y las voces de Zacarías, José, María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé como los agentes enunciatarios de la polifonía de voces que construyen el sentido de la Verdad escatológica.

De igual modo, los rasgos que dan cohesión e insertan el discurso en los ejes básicos de la situación comunicativa y de la enunciación se formulan en la globalidad del texto y en el contexto histórico y socio-cultural, lo que requiere considerar el contexto en ambos planos (texto y discurso) como en la actividad dinámica de la interacción tanto en la enunciación como en el enunciado que, por razones de legitimidad de las voces del discurso escatológico, difieren desde el primero al segundo discurso, otorgando sentido e independencia a las voces y situaciones. Así, la fuerza elocutiva del acto de habla dependerá de aspectos contextuales presentes en el género textual profético, el que deriva en rasgos explícitos propios del contexto situacional del discurso (Martínez 2005: 19). Véase el Esquema 1.

 

Esquema 1. Soporte textual y discursivo
 
Esquema 1. Se visualiza la interacción de los tres planos: la situación comunicativa con la enunciación y el enunciado, el discurso con la enunciación y los actos de habla y, el contextual con la historia, los lugares y los discursos. Del mismo modo, la interdependencia de los discursos 1 y 2: evangélico y profético en interacción con los agentes discursivos.

El discurso de la Buena Nueva está apoyado en la visibilidad de los interlocutores y de los elementos extralingüísticos del texto; tanto a través de la cohesión, donde se establecen relaciones semánticas "que dependen de formalidades gramaticales que permiten entender el significado y el uso de las palabras que aparecen en el texto" (Beaugrande & Dressler 1981), como en la coherencia, la unidad pragmática en la que se instauran relaciones con el contexto para explotar su potencial comunicativo como sistema constitutivo de la lengua y del habla (Martínez 1985, Menéndez 1993, Ferrer & Sánchez 1996, Urrutia 1999). En la cohesión se significan unidades y relaciones léxico-gramaticales como los pronombres, los artículos, los tiempos verbales, las conjunciones y los proadverbios; estos últimos recuperan el signifcado conceptual sin reemplazar ni hacer referencias a personas o lugares permitiendo modalizar el contexto semántico del discurso (Roa 1989, Martínez 1997b-2005).

Entre las relaciones lingüísticas de los ' actos de habla' se distinguen tres niveles: la acción de decir del enunciador (acto locucionario), la acción de hacer propio del acto de habla (ilocucionario) y el efecto en el enunciatario (perlocucionario) (Austin 1971, Searle 1979, Ducrot 1982); sin embargo, la perfección y fuerza del acto ilocutivo contempla la adecuación en el uso de reglas constitutivas para el acto de habla, puesto que ha de emitirse solamente en el contexto de una oración, texto-discurso, cuya emisión predique algún acto futuro del enunciador-hablante; además, ha de emitirse solamente si el oyente-enunciatario prefiriera que el hablante-enunciador hiciese algo definido; también, ha de emitirse el acto si no es obvio tanto para el hablante-enunciador como para el oyente-enunciatario que el primero no hará algo en el curso de los acontecimientos; si bien la sinceridad del hablante-enunciador es una regla implicada en la intención de hacer algo; por último, lo esencial de la emisión del acto de habla demanda la obligación de hacer algo (Austin 1971, Searle 1979, Ducrot 1982). Al respecto, en los episodios de este análisis, primero, se reconocen expresiones lingüísticas enunciativas (representativas), por cuanto el hablante-enunciador expresa la creencia que el contenido proposicional es verdadero; segundo, actos directivos (exhortativos) para expresar la actitud en la creencia hacia la acción próximamente futura de su interlocutor; tercero, los actos de habla compromisorios (comisivos), en donde el hablante expresa sus intenciones en referencia a una acción futura de su interlocutor; cuarto, actos evaluativos (expresivos) para precisar la actitud ante una acción previa (Austin 1971, Searle 1979, Haverkate 1994). Así además, para este trabajo se consideran las inferencias pragmáticas como recursos semánticos (Lyon 1980) para relacionar las presunciones contextuales e históricas vinculadas con la cooperación de los participantes en el acto de hablar; de igual modo, las implicaturas para que el oyente cumpla con las operaciones de desambiguación, enriquecimiento y la asignación de referencia de la proposición completa (Reyes 1990: 61). De manera que las presuposiciones, aquéllas que otorgan valor de verdad al enunciado, atribuyen sentido global a las competencias comunicativas y a la ideología del hablante (ángel Gabriel). Esto en la medida que éstas no son semánticas sino sensibles a factores contextuales históricos y socio-culturales, puesto que los significados están implícitos en las expresiones y sus eventuales consecuencias en los contextos y demás participantes (Austin 1971, Searle 1979, Caron 1983, Haverkate 1994, Pilleux 2001).

3. METODOLOGÍA

El presente estudio desarrolla la tesis de que la consumación escatológica queda cerrada en las palabras enunciadas por el ángel Gabriel quien, a través de actos de habla realizativos sella el discurso global de las Sagradas Escrituras y promueve el tiempo de la salvación universal. A partir de esto se considera la enunciación en la estructura del primer discurso: entre los enunciadores evangélicos (Marcos, Mateo y Lucas), los enunciatarios históricos y el enunciado-referente del discurso profético, además del contexto situacional para corroborar los antecedentes histórico, socio-culturales del mensaje de las buenas nuevas; luego, en el segundo discurso se define la estructura del primer enunciado de las buenas nuevas en cuyos actos de habla directos se reconocen las voces de la enunciación del ángel Gabriel en la cohesión interna donde se enuncian los elementos lingüísticos y léxicos más significativos de los tres momentos (la Anunciación, la Encarnación y la Resurrección del Mesías); posteriormente, la categoría de las estrategias verbales usadas por el hablante-enunciador: primero, justificando el acto de habla y, segundo, en la actualización de la imagen del interlocutor para valorar las inferencias pragmáticas como las implicaturas y las presuposiciones que, fundamentalmente, se refieren al trasfondo ideológico doctrinal, considerado relevante para definir la particular función del contexto en ambos discursos, pues, la presencia del ángel Gabriel se adiciona como un agente creíble para el cristianismo y, por extensión, para religiones como la judía e islámica.

4. ANÁLISIS ESTRUCTURAL

4.1. Esquema del primer discurso de los evangelistas

La estructura de los escritos de los evangelistas citados (Mateo, Marcos y Lucas) se respalda en la situación real e histórica del NT en donde prevalece la primera enunciación. En este contexto el enunciador evangélico Mateo, nacido en Cafarnaum, al momento de conocer al enviado de Dios y acoger su llamado se desempeñaba como recaudador de impuestos, más tarde recibe la inspiración y escribe el evangelio en lengua aramea (Jodá 2002:222); el segundo, Juan Marcos, primo de Bernabé (Colosenses 4,10), habiendo acompañado a Pablo en su primer viaje a Grecia y luego a Roma, posiblemente por la comunicación directa con Pedro y Pablo, desarrolla una fuerte vocación cristiana y se dispone a escribir su evangelio (Jodá 2002: 107); el tercero, Lucas, sin ser judío, traza su discurso evangélico a los cristianos unos 50 años después de la muerte de Jesús y, procurando darle un sentido universal a la Salvación, escribe los Hechos de los Apóstoles (Jodá 2002: 244). En el otro extremo de la estructura general de este discurso de la Buena Nueva de Dios se encuentra el enunciatario, conformado por cada uno de los hombres y mujeres que se nutrieron de este mensaje y lecturas salvíficas en una situación cultural de costumbres y ritos judaicos, culturalmente distante a la occidental, y prolongada hasta hoy con 5.774 años de historia. En suma, el contexto histórico de la Buena Nueva, por una parte, se enmarca en un ambiente social complejo para los cristianos y más tras la muerte del Mesías y, por otra, conforma un movimiento doctrinal, económico, moral y espiritual divergente con el judío de la antigua Israel que, si bien no se tematizará, hasta hoy presentan puntos incompatibles.

A partir de la correspondencia entre los agentes de la enunciación: enunciador, enunciatario y referente enunciado, se aprecia la relación sintáctica de las tres primeras marcas pronominales: "yo", "ello" y "Tú", y las nuevas formas aludidas en la historia: evangelistas, discurso profético y sujeto histórico. Por consiguiente, en el modelo del análisis centrado en el discurso de los evangelistas (ver Esquema 2) se despliega el efecto de la dimensión enunciativa en las marcas sintácticas pronominales (denotativa) que sirven de base para delimitar la importancia de la historia enunciada.

 

Esquema 2. Dimensión enunciativa enmarcante
 
Esquema 2. En este discurso se enmarcan el texto de los evangelios en relación dialógica entre los tres evangelistas y el hombre histórico en general.

4.2. Esquema del segundo discurso y escatología

No obstante, los discursos que nos ocupan no son propiamente los dichos de cada evangelista, sino la voz enmarcada por la enunciación de la buena nueva de Dios en cada evangelio, esto es, lo enunciado directamente por el ángel Gabriel quien, creado como creatura a imagen y semejanza de Dios, cumple la misión en nombre de Dios para descubrir la realidad y la acción salvadora a la humanidad, en fin, de revelar los misterios de la Encarnación del Hijo de Dios en nombre de Dios (Lucas 1:19; Juan Pablo II 1986: 21). En este marco se produce la asunción de las voces del ángel dirigidas a los destinatarios en las figuras históricas de José, Zacarías, María Virgen, María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé; los agentes del tiempo mesiánico y los enunciadores reales desde el primer cristiano hasta el siglo XXI. En resumen, el enunciador de los discursos enmarcados en la verdad escatológica corresponde al ángel Gabriel que se revela a sí mismo como el portador del signo profético de la Anunciación del Nacimiento, la Encarnación y la Resurrección del Mesías para la salvación del hombre histórico. Si bien este estudio no contempla ahondar en la semiótica ni en la onomástica del signo (Eco 1995), tanto el ángel Gabriel como Miguel y Rafael profieren a sus nombres una función unívoca en relación al mandato divino. Las acciones delimitadas por el discurso del ángel Gabriel facilitan la comprensión del valor completo de las acciones humanas en el discurso global de las Sagradas Escrituras; éste abre y a la vez cierra con su acción desde, hacia y hasta el cumplimiento de la misión, preparando al hombre a vivir la plenitud en la experiencia de la salvación.

De lo anterior se desglosa la correspondencia entre los agentes de la enunciación: enunciador, enunciatario y referente enunciado, donde se aprecia la relación sintáctica de las tres primeras marcas pronominales: "yo", "ello" y "Tú". Las formas aludidas en los actos de habla de este 2º discurso escatológico que compromete a estos agentes como los enunciatarios directos del diálogo intersubjetivo en quienes se verifica la promesa y, por extensión, es transferida al sujeto histórico. Por consiguiente, en el presente modelo del análisis (Esquema 3), centrado en el discurso del ángel Gabriel, se despliega la dimensión enunciativa con las marcas sintácticas pronominales sumadas a la historia enunciada.

 

Esquema 3. Dimensión enunciativa y diálogo enmarcado
 
Esquema 3. Comprende la dimensión enunciativa con los agentes del 2° discurso: el discurso del Ángel, los enunciatarios quienes comparten y son testigos directos de la verdad escatológica.

En el otro extremo de la estructura general de este discurso de la Buena Nueva de Dios se encuentra el enunciatario, conformado por cada uno de los hombres y mujeres que se nutrieron de este mensaje y lecturas salvíficas en un marco cultural de costumbres y ritos judaicos actualmente en ejercicio.

4.3. Plano del contexto histórico y discurso escatológico

El discurso escatológico se enmarca en un ambiente social decisivo para los primeros cristianos, pues, con el preámbulo del tiempo, la verdad de Dios se cumple, provocando el sentido esperado, completo y cerrado de la nueva alianza de Dios con el hombre y mediada por los tres momentos (Anunciación, Encarnación y Resurrección). Éstos promueven el cambio de la realidad propia del tiempo en una nueva relación de la historia del hombre con Dios y la transforma en verdad revelada. Sin embargo, este discurso se circunscribe en un momento de espera para la sociedad del pueblo judío; situación que lleva a afirmar que sólo para el cristianismo se cierra el ciclo de la revelación de la promesa absoluta de Dios.

4.4. Discurso escatológico y actos de habla

A partir de esta triple posición, la significación se reduce a los tres estados o momentos de la historia cristiana en estrecha relación con la enunciación. Ahora bien, para ahondar en los factores internos de estos discursos, el enunciador real de cada evangelio citado recrea el mundo comunicado en el enunciado donde el ángel Gabriel es tanto el ' mensajero' de la profecía mesiánica y de la resurrección como también el responsable de los actos de habla que lo autentican como el portador de la fuerza de Dios. De igual modo, José, Zacarías, María Virgen, María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé son los destinatarios-enunciatarios del contenido en el mundo comunicado, quienes reciben y, a su vez, se reflejan en los lectores reales del discurso enmarcante. En suma, el enunciador del discurso escatológico se concreta en la voz del Ángel al interior del texto donde éste mismo, hecho persona, se expresa sin intermediarios. En el otro extremo, el enunciatario-oyente se representa en las figuras de estos agentes receptores de la verdad, quienes acogen el significado de los actos de habla y ejecutan la acción; en la medida que cada palabra es un mandato, una orden y la entera e irrefutable verdad histórica y a la vez sacra.

Por último, se debe formular que los agentes de la enunciación, enunciador, enunciatario y referente enunciado del discurso enmarcante no son equivalentes a los actores del referente enunciado, pues éstos (enunciador hablante y enunciatario oyente) son los interlocutores dialógicos e intersubjetivos que prueban la eficacia del acto de habla. El ángel Gabriel -enunciado de la verdad escatológica-, José, Zacarías, María Virgen, María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé, coexisten como receptores dialógicos reales e históricos de las Escrituras, formando un discurso independiente y en un contexto de situaciones a-temporal y a-histórico (ver Esquema 4).

 

Esquema 4. Contexto y acto de habla
 
Esquema 4. Se recrea el contexto en donde se sitúa la historia y el tiempo para el acto de habla del 2º discurso escatológico.

4.5. Episodios y discursos

4.5.1.  El primer episodio. El caso 1 contempla el discurso del primer evangelista quien señala: "he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo" (Mateo 1:20). Hecho ocurrido cuando el ángel Gabriel visita en sueños a José luego que éste pensara en abandonar secretamente a María; situación que el ángel replica con el siguiente acto de habla directivo: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. / Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:20-21).

4.5.2. Segundo episodio. El caso 2 trata de la visita a Zacarías en el templo, luego que éste manifiesta su incredulidad ante la fertilidad tardía de su mujer Elisabet. El evangelista Lucas introduce: "Pero el ángel le dijo" (Lucas 1:13). A lo que el ángel expresa: "Zacarías no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. / Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; / porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. / Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. / E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lucas 1:13-17).

4.5.3. Tercer episodio. En el caso 3, el mismo Lucas reseña la visita a María virginal y desposada con José, después de la visitación a su prima Elisabet; este primer momento de diálogo directo acontece según refiere el evangelista: "Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo:", acto seguido, la criatura angélica señala: "¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres" (Lucas 1:28).

4.5.4. Cuarto episodio. El caso 4 corresponde al mismo evangelista quien recrea el segundo acto dialógico y momento en que María conmueve ante lo desconocido: "Entonces el ángel le dijo:", y el Mensajero refiere: "María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. / Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. / Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; / y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Lucas 1:30).

4.5.5. Quinto episodio. Caso 5, este largo episodio concluye con la tercera intervención cuando María repara que no conoce varón: "Respondiendo el ángel, le dijo"; por esto, el ángel Gabriel completa informando: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. / Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez, y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; / porque nada hay imposible para Dios" (Lucas 1:35).

4.5.6.  El sexto episodio. El caso 6 contempla al evangelista Mateo recreando el momento posterior a la muerte de Jesús, cuando María Magdalena y María (Madre) visitan el sepulcro, teniendo de testigos a los guardias: "Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres"; no obstante, éste solo interpela a las mujeres atónitas que contemplan su resplandor y dice: "No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. / No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. / E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho" (Mateo 28:5-7).

4.5.7. Episodio séptimo. El evangelista Marcos se refiere a la visita de las mujeres al sepulcro para ungir con aromas el cuerpo de Jesús, nombrando solo a María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé. Reparando en ellas un estado de asombro inusual el evangelista recrea el acontecimiento introduciendo la voz del ángel: "Mas él les dijo", e interpreta a las mujeres que lo contemplan: "No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. / Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo" (Marcos 16:6-7).

4.6. El discurso enunciado en el contexto situacional

Cada episodio con su particular situación espacio-temporal corresponde concretamente a varios escenarios. La Ciudad de Jerusalén en el primer caso del rechazo de José, ciudad que se halla en el borde oriental de la región de Gabaón y "a poca distancia del desierto de Judea y de su entorno semiárido" (Rogerson 1993:163); el segundo, al episodio del incrédulo Zacarías ocurre en Aim Karim, "una pequeña villa a 4,8 km al O. de Jerusalén" (Rogerson 1993:181); el tercero, cuarto y quinto, en una ciudad de Galilea llamada Nazaret, "En un entorno montañoso…en la época del Nuevo Testamento, Nazaret era un pueblecito sin importancia alguna" (Rogerson 1993:136); el sexto y séptimo, conveniente a las temerosas mujeres, a las cercanías del sepulcro en la nombrada Jerusalén. Por esto, se extraen las locaciones que, de manera implícita, sitúan la historia original del cristianismo. De manera que aquí-ahora están los evangelistas en el proceso de escritura a no más de 50 años de los hechos de un allá-entonces (Jerusalén, Aim Karim, Nazaret y, nuevamente, Jerusalén), cada evento que confirma la fe de la futura cristiandad y su réplica en el aquí-ahora en la recreación de los evangelios.

Ahora bien, la cohesión del discurso angélico se concreta en la situación comunicativa donde el enunciador-hablante explicita locuciones deícticas para inferir la presencia de "un" ángel y, posteriormente, referirse a "el ángel". Los proadverbios aquí y allí y la variante "he aquí" son relevantes para dilucidar la distancia entre la historia y lo enunciado en el acto de la enunciación.

4.6.1.  En relación al discurso enunciado, la voz del ángel queda emplazada al interior del texto por medio de la voz del agente enunciador, el evangelista Mateo, quien hace alusión a "un" ángel que visitó a José: "…he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo" (Mateo 1:20). En este sentido, el artículo indefinido "un" es la "palabra que se antepone a los sustantivos, presentándolos en una esfera de determinación o indeterminación" (Roa 1989; Di Tullio 2005). El presente caso es indeterminado, ya que pudo ser cualquier ángel, no obstante, el evangelista Lucas refiere una segunda versión de la visitación a Zacarías incrédulo, indicando la voz del mensajero como "el ángel": "Pero el ángel le dijo" (Lucas 1:13), para indicar con el artículo definido que el sustantivo "ángel" es reconocido por quien lee y escucha la voz del enviado por Dios, Gabriel.

4.6.2. En el caso 1, la voz del evangelista actualiza la historia con el proadverbio compuesto: "…he aquí" donde la primera palabra ' he' es la forma verbal impersonal considerada como una expresión adverbial de origen árabe ' hê' , usada indistintamente como ' aquí' (Seco 1998). De manera que el proadverbio compuesto facilita el "significado conceptual" sin hacer referencia a lugares ni personas (Roa 1989: 151). Este deíctico actualiza el acontecimiento en la conceptual Jerusalén, aceptando la significación posterior del complemento directo "…un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo" (Mateo 1:20). De este modo, la relación entre el proadverbio más el complemento admiten la expresión deíctica "he aquí", Jerusalén, el antecedente señalado como el lugar real en donde el ángel Gabriel interpela a José, revelando el misterio del origen del nacimiento de Jesús: "José, hijo de David…lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es" (Mateo 1:20-21). También, en el caso 5, el ángel Gabriel recurre al proadverbio compuesto "he aquí" como acontece en la misma Aim Karim, situación del contexto geográfico elegido por Dios para cumplir su palabra: "Y he aquí tu parienta Elisabet,…porque nada hay imposible para Dios" (Lucas 1:35). Además, en el caso 6 el ángel señala y confirma (sin nombrarla) a Jerusalén como el lugar donde aparecerá Jesús a sus discípulos "…y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho" (Mateo 28:5-7).

4.6.3. Otro par de proadverbios recurrentes entre los actos de habla del ángel es aquí-allí. En el caso 6 hace referencia al lugar del sepulcro: "no está aquí", sino allí, camino de Galilea en el contexto situacional y geográfico de Jerusalén donde será visto el Nazareno "…allí le veréis" (Mateo 28:5-7). En el caso 7 el ángel refuerza "no está aquí", refiriéndose al lugar del sepulcro e indica que va a la región de Galilea y será visto en Jerusalén: "allí le veréis, como os dijo" (Marcos 16:6-7).

4.6.4. El contexto situacional se relaciona con la comunicación entre los enunciadores: José, Zacarías, María Virgen, María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé, quienes se encuentran o aproximan a los contextos físicos e históricos en donde acontecerá la revelación: Jerusalén, Aim Karim y Nazaret. De manera que situados se cumple el mandato y la voz del ángel Gabriel se escenifica para sellar el acto de habla verdadero. Pues, dotado de su condición intuitiva, el ángel identifica y ordena a estos destinatarios reales a través del vocativo singular y grupal para que se cumpla la profecía: en el primer caso dirá: "José, hijo de David" (Mateo 1:20-21); en el 2: "Zacarías no temas…" (Lucas 1:13-17); en los casos 3 refiriéndose a María: "¡Salve, muy favorecida! (Lucas 1:28); en el caso 4, continuo al 5 "María, no temas" (Lucas 1:30); en el 6, refiriéndose a María Magdalena y María Madre: "No temáis vosotras" (Mateo 28:5-7) y; en el caso 7 a María Magdalena, María madre de Jacobo y Salomé, "No os asustéis" (Marcos 16:6-7).

En un breve paréntesis, cuando se afirma que el ángel Gabriel hace uso de su condición intuitiva para identificar y ordenar a los interlocutores, éstos no pierden su voluntad; pues dotados de su intuición humana reconocen la voluntad de Dios por medio de la condición de la fe, otorgada solo a quienes creen en la voluntad sacra contenida en la Verdad de Dios.

4.7. Actos de habla y discurso enmarcado

Para ahondar en los actos de habla del discurso enmarcado del ángel Gabriel, se utilizan distintos actos realizativos, considerados verdaderos en la medida que proporcionan todos los antecedentes para que el contenido del acto proposicional se ejecute tanto en la situación contextual histórico-social y geográfica como en concordancia con las reglas constitutivas del acto de decir con el fin de probar esa verdad.

4.7.1. En el primer caso el ángel enuncia el acto de invocar, luego confirma y justifica para, finalmente, profetizar y justificar en el siguiente orden: "[José, hijo de David], [no temas recibir a María tu mujer], [porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es]. / [Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS], [porque él salvará a su pueblo de sus pecados]" (Mateo 1:20-21). De manera que se reconocen aquí dos tipos de actos de habla, el primero, directivo (exhortativo), ya que el mensajero tiene la convicción que su interlocutor atenderá a su llamado; los últimos son actos enunciativos, pues el enviado confirma dos hechos que serán verificables, el primero, en un procedimiento garante en la fe "[no temas recibir a María tu mujer], [porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es]"; el segundo predice con restricción en el tiempo futuro: "[Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS], [porque él salvará a su pueblo de sus pecados]".

4.7.2. En el caso 2 el ángel interviene en actos como invocar, luego confirma y justifica para, finalmente, profetizar en el siguiente orden: "[Zacarías] [no temas]; [porque tu oración ha sido oída], [y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo], [y llamarás su nombre Juan. / Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento]; / [porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra], [y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.] / [Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos]. / [E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías], [para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto]" (Lucas 1:13-17). De modo que se registran dos tipos de actos de habla, el primero, directivo (exhortativo), ya que el ángel enviado expresa la convicción de la actitud de su interlocutor quien atenderá a su llamado: "[Zacarías]"; los últimos son actos realizativos-enunciativos, pues el enviado informa, primero, que la creencia está implícita en el enunciado con la restricción de un tiempo pasado "[no temas]; [porque tu oración ha sido oída]"; luego profetiza con la restricción de un tiempo futuro, tanto inmediato: "[y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo], [y llamarás su nombre Juan. / Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento]"; / [porque será grande delante de Dios]. Además, en un futuro posterior se verifica y revelan condiciones espirituales y actitudinales de Juan el Bautista como un elegido de Dios: "[No beberá vino ni sidra], [y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.]"; como también el ángel, en pleno uso de su intuición y ejerciendo voluntad de Dios, declara sin restricción de tiempo futuro aún más lejano para el pueblo elegido y convertido: "[Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos]./ [E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías], [para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto]".

4.7.3. En el caso 3, el ángel se expresa a través del acto de habla evaluativo para saludar, en la medida que se alegra al encontrar a su interlocutora, la mujer elegida que concebirá al Salvador: "[¡Salve, muy favorecida!].

La alegría expresada por el ángel en la modalidad exclamativa de la enunciación, se verifica por la relación y la distancia establecida entre los enunciadores (Ángel – María); en este sentido, el acto de decir del ángel Gabriel ensamblado a la exclamación disminuye la distancia y la tensión del acto de comunicación. Pues dada su condición intuitiva reconoce que en María existe la condicionante para reconocer la Voluntad de Dios en la voluntad natural del hombre. Esta precondición de María facilita el desarrollo y ejercicio de la profecía con un aditivo que no tiene precedente en la relación del enviado y su interlocutora: compartir el propósito de la Voluntad de Dios. Posteriormente, emplea un acto de habla exhortativo al bendecirla, ya que éste se encuentra investido de la autoridad, es y está ordenado para ello: [El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres]" (Lucas 1:28).

4.7.4. En el caso 4, el ángel refiere actos como invocar, luego confrma, justifica y, finalmente, profetiza en el siguiente orden: "[María], [no temas], [porque has hallado gracia delante de Dios]. / [Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS]. / [Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre]; / [y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin]" (Lucas 1:30). De manera puntual este episodio es crucial para reconocer el mandato del enviado quien emplea un primer acto de habla exhortativo, expresando la convicción de la actitud asumida por su interlocutora quien atenderá a su llamado: "[María]"; luego emplea un acto realizativo enunciativo para informar con la restricción de un tiempo pasado: "[no temas], [porque has hallado gracia delante de Dios]"; posteriormente, en otro acto realizativo enunciativo profetiza con la restricción de un tiempo futuro, tanto inmediato: "[Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS]". También, para un futuro posterior donde se revelarán las condiciones espirituales y actitudinales del Elegido de Dios quien reinará sobre su pueblo, agrega a la profecía: "[Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre]". Además, el ángel declara, a aquellos que acogen la Voluntad de Dios en la experiencia de la voluntad humana, que a través del Elegido serán testigos: "[y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin]". Esto es, en un tiempo para siempre (ahora) y en un lugar (aquí) sin fin; en lo más cercano que se pueda imaginar el hombre como sea vivir en la eternidad.

4.7.5. En el caso 5, el ángel emplea actos de habla enunciativos (representativos) por cuanto cree que el contenido de su proposición es verdadero. Por ello profetiza, confirma y sostiene: "[El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios]. /[Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez, y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril]; / [porque nada hay imposible para Dios]" (Lucas 1:35). En el presente caso, el acto realizativo de profetizar, si bien tiene la restricción de un tiempo futuro, se llena de la verdad inconmensurable y cósmica que solo se puede confirmar a través de la fe. Por esto, el ángel Gabriel completa el acto de profetizar: "[El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios]. No obstante, este procedimiento se confirma en un hecho anterior similar en donde puede ser verificable, ya que "he aquí", refiriéndose a un tiempo pasado y situado en un lugar cercano en la tierra de Aim Karim sucedió algo similar a una mujer envejecida: "/[Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez, y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril]. Para concluir este episodio, se cuenta como núcleo de la acción la profecía hecha a María sobre el nacimiento del "Hijo de Dios". Este procedimiento es preexistente y es sostenido por el ángel antes de decir las palabras sello de la acción Divina, corroborado por las palabras de cierre del tiempo continuo de su preexistencia y poder cósmico, de Quien domina el todo y la nada, lo posible y lo imposible: [porque nada hay imposible para Dios]" (Lucas 1:35).

4.7.6.  En el caso 6 el ángel asume el rol de insufar esperanza a las mujeres desalentadas tras la muerte humana de Jesús. Por ello, emplea actos de habla directivos (exhortativos) al demandarles bajo su autoridad de enviado de Dios el no caer en el desánimo: "[No temáis vosotras]". Luego representa actos enunciativos (representativos) en la total asunción intuitiva sobre su conocimiento de las pasiones y debilidades del hombre, entonces declara: "[porque yo sé que buscáis a Jesús]"; pues, refiriéndose a un episodio acaecido en un tiempo inmediatamente anterior, confirma: "[el que fue crucificado]". Sin embargo, la creencia del hablante angélico descansa en el conocimiento absoluto de la verdad de la resurrección, el que puede ser verificable por el ojo humano: "[No está aquí, pues ha resucitado]. Finalmente, a través de su investidura de mensajero de la profecía del nacimiento y resurrección del Elegido, ve cumplido el mandato, no obstante falta el sello. Entonces, en otro acto enunciativo confirma las palabras del Hijo de Dios y sella: "[como dijo]" (Mateo 28:5-6).

No obstante, el ángel conoce la debilidad del hombre, quien a menudo queda atrapado en su incredulidad. Por esto emplea un nuevo acto de habla directivo (exhortativo) y conmina a sus interlocutores a verificar por sus propios ojos la inexistencia del cuerpo: [Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor]. Posteriormente en otro acto exhortativo autoriza la divulgación de la noticia: "[E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos]. Pues, volviendo a un nuevo acto realizativo enunciativo, corrobora y da fe de la existencia de Jesús "he aquí", por cuanto ha resucitado y se ha encaminado a Galilea, aunque la situación en que se encuentra físicamente visible para los hombres es en la ciudad de Jerusalén: "[y he aquí va delante de vosotros a Galilea]"; posteriormente confirma: "[allí le veréis]". El último acto enunciativo y representativo de la voz del ángel cierra la profecía de la Resurrección cumplida sobre el contexto situacional y en la tierra prometida para esa revelación con las palabras sello: "[He aquí, os lo he dicho]" (Mateo 28:5-7).

4.7.7. En el caso 7, el acto de habla de profetizar la resurrección del Hijo de Dios se declara como el eje de las acciones realizadas por el ángel; no obstante, el evangelista Marcos emplea el recurso de depositar la fe en la condición de Jesús como el Salvador del Mundo y el sello en la verdad mesiánica. Primero, similar al caso anterior, el ángel emplea un acto de habla exhortativo al mandar con autoridad el no caer en el desánimo: "[No os asustéis]"; luego en la total creencia intuitiva de su conocimiento sobre las debilidades del hombre, declara a las mujeres una serie de actos enunciativos representativos, en el primero, con convicción absoluta en las cosas verificables para el hombre, sostiene con la restricción de un tiempo anterior: "[buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado], posteriormente, con el respaldo de su palabra certifica: "[ha resucitado]" y, adicionando vehemencia a la verdad de la resurrección complementa: "[no está aquí]". Por lo anterior, el ángel Gabriel conmina a sus interlocutoras a verificar por sus propios ojos la inexistencia del cuerpo y en un nuevo acto de habla directivo exhorta: "[mirad el lugar en donde le pusieron]".

A diferencia del episodio antecedente, en el evangelio de Marcos se antepone el conector adversativo "pero" de restricción (Roa 1989:161), en la medida que no es totalmente incompatible para el Mensajero de Dios el conocimiento natural de morir y el sobrenatural de resucitar. Por esto mismo emplea un nuevo acto exhortativo y conmina tanto a seguirlo como a comunicar a Pedro que Éste se encuentra en la ruta a Galilea: "[Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea]". En seguida, confirma con el acto enunciativo: "[allí le veréis]"; lugar en donde se sella el contexto situacional histórico-geográfico de la resurrección para el mundo cristiano.

Finalmente, el discurso de la verdad de la resurrección del Hijo de Dios se confirma con las palabras proféticas de la preeminencia del mismo Salvador del Mundo. Para terminar, el ángel Gabriel cierra la sentencia de su acto de habla con una reveladora comparación. En este sentido el conector de comparación "como" aclara la idea de contener al menos dos conceptos que, mirados desde el punto de vista o significado contenidos en el modo, la cualidad y la cantidad, son semejantes; pues como él recientemente señala es lo mismo que el Enviado de Dios compartió: el modo de vida, la fuerza de la verdad y la trascendencia relativa al tiempo de vida en la eternidad: "[como os dijo]" (Marcos 16:6-7).

5. CONCLUSIONES

De esta manera, la consumación escatológica queda cerrada en el discurso enunciado por el ángel Gabriel en las tres intervenciones claves de su discurso de la verdad de Dios, en donde cumplir un mandato es una condición natural para el mensajero, quien solo replica la intención de la voluntad Divina en un contexto situacional coherente para el propósito. En la medida que se contextualizan los componentes tanto de la situación comunicativa y la enunciación en el evento preciso, se infiere que la fuerza del acto ilocutivo contempla la adecuación en el uso de las reglas constitutivas para el acto de habla en que la verdad de Dios no requiere de más antecedentes para ser asumida como la verdad de la historia del hombre doctrinal. Este hombre es el que reconoce los signos de los tiempos mesiánicos y hace de su vida una experiencia de la voluntad de Dios.

A través de este estudio se corrobora que a través de la enunciación se ponen en funcionamiento categorías lingüísticas que permiten identificar con más claridad el discurso escatológico, con ello, reconocer un antecedente clave en las voces del ángel Gabriel en preeminencia de la voluntad de Dios. Como una forma de replicar la acción de los sujetos de la enunciación, tanto el ángel Gabriel como sus interlocutores se actualizan en marcas que permiten confirmar la existencia de la intersubjetividad, por un lado, se confirma la misión del Ángel y el uso de los mecanismos de cohesión lingüística y sensorial que lo integran en esa dinámica temporal en donde le ha tocado misionar. Por otro, en la medida que la enunciación sostiene a los sujetos sensoriales (yo-tú), que presuponen la intención de influenciarse en una relación intersubjetiva, el discurso del Ángel sella dos estigmas que inhabilitan al hombre histórico de cumplir la promesa.

No es gratuito que éste intuya y relacione los estados de ánimo de José o la inconsistencia en la fe de Zacarías; la reacción a ello está en la emisión de los enunciados ilocutivos correctos; en uno, para inducirlo en la convicción de hacer algo por la promesa hecha al pueblo elegido y que se debe cumplir y, en los otros, la acción perlocutiva que reafirma la esperanza personal de la promesa que es previa y sustancial para que se cumpla la misma. Los siguientes enunciados refuerzan lo dicho: Zacarías es el mensajero del cuerpo y la sustancia, en cambio, José es el portador del mensaje para el espíritu del pueblo elegido; ambos son necesarios y se contienen tanto como los debió contener el mismo ángel Gabriel para cumplir la profecía del discurso escatológico.

Ampliando la aserción anterior, la condición de hacer de los actos humanos la voluntad de Dios, reduce o tensa la relación entre el ángel y en quienes a los que se debe dar la precondición de esta voluntad; son casos los del incrédulo Zacarías o del temeroso José. Sin embargo, la diferencia con el discurso de la Anunciación a María es que la modalidad asertiva acompaña la exclamación, infiriéndose que la distancia y la tensión en la relación entre estos interlocutores no requiere de precondición alguna. En definitiva, la condición natural de intuir del ángel Gabriel le permite presuponer que María comparte sus esquemas y la doctrina, por esto la relación intersubjetiva se recupera de una manera más vivaz y completa, esto es, porque ambos conllevan el sentido de la voluntad de Dios. En suma, se puede plantear que tanto la distancia como la tensión del acto de la comunicación se reducen a un punto cero pues, con una diferencia sustancial, si ambos comparten la condición intuitiva de reconocer la voluntad de Dios la diferencia está en que el ángel Gabriel posee una condición natural de hacer de sus actos la voluntad natural de Dios y, en María, es la experiencia para hacer de su condición humana la condición natural para los actos de la voluntad natural de Dios.

En este sentido, le es permitido al ángel Gabriel revelarse a sí mismo como el portador del signo profético de la Anunciación, la Encarnación y la Resurrección del Mesías para la salvación del hombre histórico (Parra 2000) y, por lo tanto, abrir y a la vez cerrar la acción desde, hacia y hasta el cumplimiento de su misión. Además, el Ángel es un facilitador del valor completo de las Sagradas Escrituras; hasta cumplir con el sello de sus últimas palabras, "[He aquí, os lo he dicho]" (Mateo 28:5-7). El Ángel es quien cierra el discurso escatológico de la historia hacia el futuro, de la esperanza en lo que se espera, y permite contemplar la presencia de Dios en el hombre.

Retomando el discurso final de este estudio, la descripción del nivel léxico semántico de los elementos internos entre texto-discurso asignan referencia a los enunciados del ángel misionero del mismo Dios; no obstante, llegar a comprender el discurso sello de las profecías mesiánicas, si bien debe acercar al hombre a la Verdad de Dios, ésta permanece sellada sólo por la condición del hombre en la historia. De manera que al traspasar esta condición del hombre, se descubren las relaciones del significado de la verdad de Dios a través del discurso enunciado por el enviado supremo, un ángel, el ángel, Gabriel en pleno conocimiento de las virtudes y las debilidades del hombre. De forma que, tanto las competencias comunicativas como la ideología del hablante (ángel Gabriel) se unen a las oraciones contextualizadas en la historia y la cultura, evaluándose en ello la verdad de la oración y sus consecuencias en la sociedad de aquel momento. El ángel, aún así, permanece fiel y verdadero a lo que Dios ordena, fiel y verdadero al discurso de Jesús-Dios Encarnado; fiel y verdadero en Él y en él, en quien prevalece la palabra sello.

Así bien el ángel Gabriel abre y a la vez cierra la acción hasta el cumplimento de la misión. No obstante la historia comparte un sistema abierto y prolongado en el tiempo "abierto hacia el futuro" dirá Parra (2000). El sistema escatológico implica la fundación de la profecía del ángel Gabriel desde la Anunciación a la Resurrección del Mesías, cerrado en las palabras sello de Jesús "[como os dijo]" (Marcos 16:7) a semejanza del discurso del ángel Gabriel: "[He aquí, os lo he dicho]" (Mateo 28:5-7).

A modo de reflexión final, si hasta hoy no se ha vivido la masificación del cristianismo, pues, una razón revela la falta de conocimiento de las instancias que suministran las acciones proféticas consumadas en el discurso del ángel Gabriel. Esto demanda considerar, desde la promesa judaica de la esperanza, la profecía del nacimiento de Juan el Bautista en majestad del concepto de la Verdad, la profecía del nacimiento de Jesús en la completa alianza entre esperanza y certeza de Dios con el hombre, hasta la promesa de la Resurrección; el cumplimiento de la promesa universal de Dios con el hombre (la naturaleza, la verdad y la sobrenaturaleza del hombre con Dios). Todas, acciones de la voluntad expresadas por el ángel Gabriel para vivir en plenitud la entera presencia del Espíritu de Dios. Sin embargo, cabe preguntarse, qué tan creíble puede ser la voz del ángel Gabriel, ¿tanto como la de Juan, Jesús, María o José?; si procediéramos como hizo Zacarías, de seguro enmudeceríamos en un ahora, sin fin.

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