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Estudios filológicos

versão impressa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.48 Valdivia nov. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132011000200011 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 48: 135-137, 2011

RESEÑAS

 

NÉSTOR GARCÍA CANCLINI. 2010. La Sociedad Sin Relato. Antropología y Estética de la Inminencia. Uruguay: Katz Editores. 264 pp.

 

El libro documenta posibilidades, sensibilidades y propuestas del arte contemporáneo y sus intersecciones en los relatos del conflicto y el desacuerdo disciplinario actual. Lo anterior no supone que el arte sea el gestor y unificador del relato de lo social, sino que, a partir de éste, se valorice lo inminente como inclinación y disposición a lo que puede llegar o a lo inesperado. Por lo tanto, es la estética de lo inminente la posibilidad de construcción del disenso, afirmando el asombro frente a lo desconocido o por venir, al tiempo que reafirma las tensiones entre las conocidas estructuras y los usos y significados no previstos de lo social.

García Canclini organiza su libro en nueve apartados, que comprenden una apertura, siete capítulos y un epílogo al texto. En "Apertura. El arte fuera de sí", el autor se pregunta sobre la situación del arte en la actualidad, sobre sus implicaciones, sus usos sociales y las explicaciones que éste hace de los fracasos y logros de la globalización. La autonomía y post-autonomía del arte es el punto de partida de este análisis; se expone la manera como diferentes movimientos sociales han imitado prácticas del mundo del arte que son trasladadas a la política, la economía, el desarrollo urbano y el medio ambiente, entre otros. Es también motivo de reflexión la historia reciente del arte, y el debate que mantiene entre conductas que afianzan un campo propio y otras que buscan superar esas fronteras.

En el primer capítulo "Estética y ciencias sociales: dudas convergentes", el interés por establecer los contextos de circulación, apropiación y producción del arte, es el factor que convoca a diferentes disciplinas de las ciencias sociales a analizar los fenómenos y lenguajes que utiliza el arte para aludir a la representación/experimentación de "lo real". Las acciones simbólicas y políticamente complejas, producto de las intervenciones artísticas en la sociedad, son un punto de diálogo y acercamiento entre los artistas (Haacke) y los científicos sociales (Bourdieu). Un factor que resalta en este apartado es la manera como el autor destaca el "giro transdisciplinario" en las ciencias humanas y sociales, acentuando la forma en que circula y es recibida la obra artística por parte del espectador, así como la exigencia que hace la intervención artística de modificar la condición clásica que le otorgamos a los métodos del conocer, frente a la obra. Los artistas se presentan como investigadores y pensadores que desafían en sus trabajos los consensos antropológicos y filosóficos sobre los órdenes sociales, sobre las redes de comunicación o los vínculos entre individuos y sus modos de agruparse (47).

A su vez, el capítulo dos, "Culturas visuales: entre el arte y el patrimonio", se instala frente al debate de las ventajas y desventajas del uso de metáforas o conceptos en la representación epistemológica y estética. Dicho debate se introduce en el marco de "la capacidad" que tienen la ciencia y la filosofía para fijar el sentido del mundo (el concepto) y la estética para denunciar la ambigüedad y los desplazamientos en la zona de lo real (la metáfora). Sin caer en reduccionismos, el autor hace un interesante análisis del fenómeno con propuestas como la del artista Gabriel Orozco. Es también importante el cuestionamiento a la definición de "patrimonio cultural" y los criterios de inclusión/exclusión que permiten elevar un lugar a la categoría de patrimonio mundial. De igual manera, se relacionan las prácticas artísticas y visuales con algunos de los malestares de la sociedad actual, vinculando los espacios vacíos (plazas públicas, de armas o murallas) con la pérdida del relato social, la dificultad de construir ordenamientos culturales y políticos globales, la carencia de formas de gobernabilidad mundial que vuelven poco verosímiles las narrativas unificadoras (80).

De igual manera, en "Reapropiaciones de los objetos: ¿arte, marketing o cultura?" (tercer capítulo), retoma el debate entre el concepto y la metáfora esbozado en el capítulo anterior; añadiendo un ingrediente contextual, la dimensión comercial de los eventos artísticos, tales como las bienales, las subastas, los museos, las ferias y las manifestaciones materiales e inmateriales consagradas como patrimonio. Es un factor importante la reflexión sobre los cambios en los procesos de reapropiación y resignificación socialmente compartidos del arte, escapando de la hoy comercial categoría de patrimonio.

Por otro lado, en "Valorar el arte: entre el mercado y la política" (cuarto capítulo), García Canclini analiza las relaciones que conforman el campo (Bourdieu) o mundo artístico (Becker) con la denominada estética relacional (Rancière) desde la perspectiva de la etnografía. En este escenario de tensiones, el autor se pregunta sobre la unicidad del mundo del arte, "cómo pasar de la etnografía del mundo hegemónico del arte a algún tipo de conceptualización más amplia que lo sitúe en procesos sociales globalizados donde quizá encontremos a más que una red dispersa de subculturas superpuestas" (150).

En el capítulo quinto "Localizaciones inciertas", se presenta la visión de los artistas desde sus obras, y los nuevos horizontes de exhibición que se plantean, sin que esto signifique la total deslegitimación de los tradicionales lugares de exposición (galerías, salas, museos). Lo que sí queda de manifiesto es que las políticas, críticas y teorías culturales sobre el arte se ven modificadas por dichas prácticas, que a su vez arrastran la reflexión sobre las obras, imágenes y acontecimientos que ocurren en su circulación por los no-lugares y lugares del mundo, generando interacciones de apropiación o repulsión del espectador frente a la obra.

En el sexto capítulo "Agonía de lo público y tácticas de sobrevivencia", se describe cómo se configura "el mundo sin promesas" que es iluminado por la incertidumbre y la precariedad. En este sentido, el autor anuncia el paso de la prevención del contexto conocido, a la precaución del incierto porvenir, del que la supervivencia es su mayor preocupación. Ser extranjero en su propio país, en su profesión, en sus relatos, son algunos de los factores que describen la descomposición de lo público, dicha situación es abordada en instalaciones como las propuestas por Carlos Morales, en las que se cuestiona la continuidad y continuación del relato social.

En el séptimo capítulo "Cómo hace sociedad el arte" y "El Epílogo", se concreta el empalme y cierre del libro y se centra en la capacidad que tiene una sociedad para garantizar y promover el respeto a una cultura política heterogénea. Ahora bien, en la sociedad actual en que prima la cultura del espectáculo, las acciones artísticas ensayan salidas de este hechizo (233) enfatizando su búsqueda en la promoción del disenso social mediante el contagio de la crítica y la indignación frente a hechos y dinámicas del orden social. A este respecto, se pregunta el autor si la agencia social y política es más amplia y diversa de lo que se acostumbra a reconocer y qué implicaciones en la reconfiguración de cuadros sensibles tienen los agentes revolucionarios que se infiltran en las redes de dominación.

En el epílogo. "La Sociedad sin relato: Antropología y estética de la inminencia", es el análisis desde las prácticas artísticas de una sociedad impedida para asumir un relato totalizante y que por su estructura, contenido y sentido evoca la imagen de la pintura que excede los límites del cuadro, haciendo de los colores más que pintas en la pared, y de sus trazos imperfectos, el desbordamiento de la sala de exhibición, estimulando preguntas como, ¿qué gotas de pintura son más legítimas, las que están dentro del cuadro o las que lo evaden imprevisiblemente y con urgencia?, ¿cuáles manchas de pintura generan mayor expectativa, variabilidad y curiosidad? Es pertinente mencionar que García Canclini le otorga valor al texto, en tanto estimulo y reflexión sobre la posibilidad política y artística del disenso, como manifestación de una cultura política desde la heterogeneidad, que provoca al lector a buscar y percibir otras posibilidades desde la experiencia estética.

César Palencia Triana
Universidad Austral de Chile
Doctorado en Ciencias Humanas
jerobosco@gmail.com