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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.47 Valdivia jun. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132011000100010 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 47: 169-171, 2011

RESEÑA

 

JOSÉ MANUEL MARRERO HENRÍQUEZ (Coord.). 2009. Lecturas del paisaje. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de las Palmas de Gran Canaria, Servicio de Publicaciones, 180 pp. (Iván Carrasco M.).

 

Éste es un libro novedoso, estimulante, de orientación interdisciplinaria, que se refiere a un tipo de actividad semiótica usado habitualmente para inteligir e interpretar textos literarios u otros análogos, de naturaleza verbal. Lo inusual es que presenta una explicación teórica y una serie de análisis y comentarios de textos de la naturaleza, específicamente de paisajes.

La teoría básica de las lecturas del paisaje la propone J. M. Marrero, coordinador del volumen, en la Introducción titulada precisamente "Sobre lecturas del paisaje" y en su artículo "La crítica como refugio: animales, plantas y enclaves literarios en peligros de extinción"; ésta es complementada por breves referencias de algunos autores para situar teórica o doctri-nalmente sus contribuciones al volumen, desde perspectivas disciplinarias y teóricas variadas. Marrero define el paisaje como una porción de territorio aislada de la realidad y observada desde un punto de vista determinado, con una fisonomía específica y un aspecto singular, en otras palabras, en cuanto imagen de un referente de la realidad, usando la ya clásica dicotomía mapa/territorio. Al mismo tiempo, establece relaciones con la situación actual de Gran Canaria a la que critica en sus dimensiones económica y ecologista, sobre las cuales hace observaciones y advertencias. Desde su criterio, determina que todo paisaje es una realidad interpretada y su lectura siempre es metalectura. En los procesos de transformación del espacio en paisaje, del paisaje simple en complejo y del individual en cultural, la realidad puede quedar postergada por el paisaje que la suplanta y tiende a constituirse en realidad sígnica autosuficiente. Marrero afirma que el paisaje vive sobre un lugar y cuando éste muere por la urbanización o la esquilmación de sus recursos naturales, el paisaje sobrevive al lugar; declara expresamente que su interés en el tema reside en el proceso de abandono del referente, del dominio del mapa sobre el territorio y del olvido contemporáneo que tras el paisaje existen un lugar y unos seres que lo habitan, que requieren atención y que su reconocimiento no es banal para las artes y las letras, sino entraña consecuencias éticas y estéticas alarmantes. En consecuencia, su segundo artículo se funda en la preocupación mayor por los territorios, la naturaleza, los animales, las plantas, que por la literatura, pues considera que en la medida que ésta se alimenta de sí misma conforma un universo clausurado; en otras palabras, según su interpretación de escuelas como el estructuralismo, el formalismo ruso, la nueva crítica estadounidense, etc., plantea que el lenguaje de la literatura llama la atención sobre sí mismo y no sobre la realidad. Tomando como un hecho absoluto las posturas teóricas y determinadas expresiones de Jakobson y Derrida, principalmente, considera que existe una forma de entender la escritura artística como una forma de valorizar únicamente los elementos propios de los textos en desmedro de los elementos naturales de la realidad.

"La lectura del paisaje en la geografía moderna", de Nicolás Ortega Cantero presenta un modo distinto de entender el paisaje desde Humboldt en adelante. Es trabajo académico que destaca no sólo los aspectos materiales y formales, sino también los valorativos, que se refieren a la atribución cultural de cualidades y significados al paisaje estudiado. Todo paisaje, afirma, es una realidad formal y una imagen cultural, enfatizando que para un geógrafo moderno entender el paisaje es leerlo, y que para hacerlo se emplean procedimientos literarios que permiten comunicar las imágenes paisajísticas, en forma particular, de la literatura de viajes, interesante fenómeno característico de lo que hemos llamado "mutación disciplinaria" en trabajos recientes. Destaco el relieve que da a la incorporación de recursos literarios y la experiencia de los escritores en el estilo, junto con la observación, el contacto con la naturaleza, la experiencia viajera.

"Espacios urbanos y teatro clásico: Almagro", de Luciano García Lorenzo, es un detallado estudio de los estudios sobre el espacio y sus relaciones con el teatro, a partir del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Para ello, describe los edificios teatrales donde se realizan las presentaciones dramáticas, los diálogos y ponencias; más adelante analiza las conexiones entre ciudad y teatro, indicando las enormes proyecciones e interés que tiene y puede tener este tipo de estudio ya bastante desarrollado en ámbitos semejantes.

Por su parte, "El desierto escrito", de Túa Blesa, es un interesante ensayo sobre la escritura literaria, el libro, el espacio, en la tradición mallarmeana, sobre la base de "El desierto escrito", libro de Edmond Jabés. Este es un estudio típicamente literario en que el detallismo, la inscripción, las citaciones, muestran la erudición del autor, su capacidad analítica y sugestiva, su filosofía del espacio literario ya observado por poetas y ensayistas franceses, principalmente.

"El paisaje exterior como paisaje interior en el poema", de Rafael Núñez Ramos, es un modelo refinado de artículo crítico literario, fundado en la sospecha que le provoca la unión de paisaje y poesía, pues el primero se evoca por su belleza natural y espontánea como sucedáneo del arte, pues su efecto está predeterminado en el paisaje mismo y no es un efecto de la obra artística. El paisaje tiene relación con la poesía en sus acepciones más estereotipadas, vagas y convencionales. La poesía es creación, habitar poéticamente la tierra, por lo tanto no es reconocer sus encantos, el paisaje es sólo la tierra y su entorno, segmentada y enmarcada por el reconocimiento de su belleza. Se podría pensar que los componentes del paisaje son elementos de un lenguaje, pero sólo el ser humano es capaz de transformarlos en un vehículo de sentido renovado (observemos, sí, que desde una perspectiva semiótica el paisaje no es lenguaje, sino texto). A partir de estos ejes, Núñez explica los procesos mediante los que el espacio se vuelve paisaje y las subjetivaciones que llevan a un paisaje determinado a ocupar un poema.

"El sol en el suelo. Las fronteras en el imaginario insular" de Antonio Puente, es un trabajo original y fundamentado sobre las islas; parte de una novela de Sarduy para señalar las diferencias entre luz peninsular definida por la continuidad, y la insular, por el aislamiento, la isla en sí misma, en lo que es, para destacar la enorme mixtificación y ambivalencia existencial que rige el imaginario insular: no se distingue lo que contiene de lo que es. Analizando textos literarios, prospectos turísticos, etc., señala diferentes elementos de interacciones entre las letras y los espacios.

"Los signos del paisaje: identidad y diferencia", de Félix Ríos, es una investigación sobre los signos en cada isla canaria que han cimentado la identidad isleña de sus habitantes a través del tiempo. Para ello analiza detalladamente sus orígenes en la producción poética, luego en el arte pictórico, en la crónica periodística, y culmina con reflexiones más teóricas. Hermoso trabajo sobre un aspecto variable, confuso y difícil de comprender, como la identidad de los isleños, pero perseguida con información variada, explicación coherente y amor a lo propio.

"Paisaje y novela", de la única autora del volumen, Yolanda Arencibia Santana, quien, desde la base de una serie de categorías características del género novelesco y sus relaciones con las épocas, la vida, la narración, el espacio, el paisaje, decide escribir sobre el paisaje como estrategia. Para ello, estudia párrafos seleccionados de Alas, Pardo Bazán, Pérez Galdós, Almudena Grandes y Fernández Santos, con el fin de conocer sus diversas funciones en novelas determinadas. Pese a dejar la sensación de inconcluso debido a la falta de conclusiones, es un trabajo interesante por su capacidad selectiva y analítica.

"La estética del paisaje urbano" de Germán Gullón es, como el título lo dice, una reflexión sobre el paisaje urbano como construcción cultural, sobre la base del concepto de estética como actividad basada en la percepción que sirve para hallar un plus de belleza a las construcciones humanas, una manera de enmarcar, realizar, privilegiar, un determinado aspecto de lo real o un objeto. Desde sus conocimientos y experiencias, examina distintos aspectos de ciudades, se refiere al estudio del paisaje en el texto literario y al paisaje hecho de palabras, concluyendo que cuando la realidad acaba pareciéndose al arte, sólo le queda compararse con él.

El último trabajo es "Paisajes de cine", de Luis Roca Arencibia, en el que se refiere con conocimiento de causa a distintos paisajes de las islas Canarias que han sido incluidos en filmes de distintos géneros, realiza agudas observaciones sobre este paisaje en cuanto fomento del turismo, los límites de la representación y la verdad del paisaje, además de las contradicciones de quienes arriban a sus playas. Trabajo que manifiesta una realidad observable no sólo en Canarias, sino en muchas otras partes del orbe.

En conclusión, un texto digno de ser leído y recomendado. Los estudios presentan perspectivas disciplinarias (geografía, estética, teatro, literatura...) y problemas distintos (también diferentes niveles de calidad y formas de escritura), aunque siempre en relación con espacios de la naturaleza y de las artes, en algún tipo de interacción y prefiriendo unos u otros. Se incorpora en el interés abierto no hace demasiado tiempo en el ámbito académico y se asocia con dignidad y orgullo a las bellezas y peligros de la naturaleza de sus islas Canarias.

Universidad Austral de Chile
Instituto de Lingüística y Literatura

icarrasc@uach.cl