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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.46 Valdivia nov. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132010000200001 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 46: 9-23, 2010

 

Literatura antropológica chilena: fundamentos*

Chilean anthropological literature: fundamentals

 

Iván Carrasco M.1, Miguel Alvarado B.2

1Universidad Austral de Chile, Instituto de Lingüística y Literatura, Valdivia, Chile. Correo electrónico: icarrasc@uach.cl

2Universidad de Playa Ancha, Departamento de Sociología, Valparaíso, Chile.
Correo electrónico: alvarado@upla.cl


En este trabajo se propone la existencia en Chile de un tipo de texto no descrito desde la perspectiva de la teoría, la crítica ni la historia literaria, que se ha considerado hasta ahora como parte del discurso antropológico ("antropología poética"). Es una textualidad definida por un estilo y un conjunto temático reducido que provienen de la profesión de sus autores. Constituye una nueva clase de literatura fronteriza, caracterizada por la "mutación disciplinaria". Aquí delimitamos algunos antecedentes teóricos y agregamos como Anexo objetivos, hipótesis, metodología, corpus y resultados esperables de un proyecto de investigación en curso.

Palabras clave: literatura antropológica, mutación disciplinaria, antropología poética, discurso.


This paper proposes the existence in Chile of a text type non described in terms of theory, criticism and literary history, which has been seen as part of anthropological discourse ("anthropological poetry"). Textuality is a defined by a style and thematic set reduced from the profession of his authors. Is a new kinds of border literature characterized by "mutation disciplinary". Here we establish some theoretical background and added as Annex objectives, hypothesis, methodology, corpus and expected results of an ongoing research project.

Key words: anthropological literature, mutation disciplinary, anthropological poetry, discourse.


 

1. Antecedentes

Lo que llamaremos de aquí en adelante "literatura antropológica" es un tipo de género discursivo, y quizás también una tendencia literaria, que aún no ha sido conocido, valorado, leído ni interpretado como tal, es decir, no ha sido canonizado por la institución literaria porque se ha desarrollado básicamente en publicaciones, congresos y diálogos propios de los espacios intelectuales de un sector determinado de las ciencias sociales contemporáneas.

Sus autores son antropólogos profesionales, es decir, personas con estudios universitarios de pre y postgrado, incorporación al campo laboral, académico e inves-tigativo de las disciplinas antropológicas y arqueológicas y participación en medios de comunicación característicos de los dentistas sociales. No obstante, una parte significativa y decisiva de su trabajo de campo y de oficina está conformado por lo que algunos de ellos han llamado "antropología poética" y otros "antropología literaria", tomando como modelos a escritores profesionales o antropólogos muy relevantes, como Conrad, Teillier, Lévi-Strauss (1970), etc. Y también en sus años estudiantiles dialogaron y compartieron con los grupos de poetas universitarios, asistieron a sus lecturas, discusiones, conocieron sus búsquedas, héroes modelos y textos preferidos, sus entusiasmos, depresiones y soledades, incluso escribieron en ese ambiente sus primeros textos literarios y soñaron con la fama.

Este espacio discursivo remite a dos órdenes principales de pensamiento, literario y antropológico, dado que estos constituyen una modalidad de la "mutación disciplinaria" en una de sus posibilidades. Como hemos escrito (Carrasco 2002,2003,2007), la literatura en cuanto disciplina artística, gracias a su apertura permanente a la variedad, la experimentación y la transtextualidad, ha generado nuevas formas de discurso que han sido imitadas o han coincidido con desarrollos del conocimiento y disciplinas de distintas áreas, que sobrepasan, debilitan anulan y corroen sus límites. Esta estrategia consiste en la modificación de las reglas, modalidades, materias y procedimientos de conformación de textos de una disciplina artística, científica o filosófica, provocada por el traslado desde otra u otras disciplinas de la misma o distinta condición. El resultado es la confusión de ámbitos disciplinarios, géneros y tipos discursivos.

La discursividad construida se caracteriza por la heterogeneidad, la confluencia o la mezcla de géneros, contenidos y procedimientos de disciplinas distintas que coexisten en el texto (o discurso) de diferentes maneras. Así, categorías, estructuras y contenidos tradicionalmente asociados a la literatura aparecen en textos de orden social, ficticio, teórico; p. ej., han sido usados en la constitución de textos etnográficos dando origen a la llamada antropología poética, en el discurso del reportaje conformando el nuevo periodismo, en discursos testimoniales, memorísticos o referenciales constituyendo la novela no-ficticia, en la literatura que transgrede formas y géneros canónicos mediante la incorporación de discursos históricos, sociológicos, antropológicos, y también físicos, biológicos, informáticos, y muchos más. Los géneros convencionales han perdido estabilidad, se han confundido con otros de naturaleza análoga o diferente, han aparecido géneros y textos intermedios, confusos, ambiguos, polimorfos, en interacción con géneros y discursos considerados no-literarios, han roto o debilitado la naturaleza y los tipos de los textos conocidos, han diluido los límites y abierto las fronteras entre ellos, han puesto en duda la influencia, el sentido y la validez de conceptos como verosimilitud, realismo, ficción, referente, veracidad, y su conexión con determinadas clases de oralidad y de escritura. No se sabe si estos nuevos tipos de discurso pretenden transformar la literatura en historia, periodismo, autobiografía, ciencia, teología, filosofía, física, o si son estas disciplinas que se quieren convertir en literatura, o si intentan mezclarse entre ellas para crear géneros discursivos nuevos.

La mutación disciplinaria se ha establecido en una doble dirección, desde la literatura a las ciencias o las filosofías y teorías, o desde éstas a la literatura, contribuyendo al aumento de discursos inter- y transdisciplinarios y a la modificación de géneros tradicionales mediante la incorporación de elementos propios de disciplinas científicas en la poesía o el relato principalmente (historia, sociología, antropología), la ruptura de niveles y normas de género, de estilo y de contenido semántico; así como los conceptos y modelos de la física cuántica, la historia, la teología, la biología evolutiva, la mitología, han contribuido a la creación del Cántico Cósmico de Ernesto Cardenal, para poner un ejemplo, del mismo modo otras disciplinas han servido de base a ejercicios lúdicos, experimentales y críticos, a visiones, ritmos y alegorías, a la narración de viajes, el relato detectivesco, etc.; de modo análogo la pedagogía, la zoología han servido de correlato simbólico de tipos humanos, el traslado de contenidos históricos, contingentes y referenciales desde la historia, la crónica o el reportaje a la conformación de un poema como noticia, alusión histórica o comentario ideológico, el contenido referencial de muchos géneros históricos o científicos se ha comunicado a través de textos literarios convencionales, etc., como sucede con este modo particular de construcción de textos que contribuye a diluir la canonicidad y las tradiciones de la escritura y los modos de leer. La mutación disciplinaria parece ser otra cara del hibridaje cultural, entendido como la configuración de textos literarios con elementos convencionales y otros tradicionalmente considerados no poéticos, provenientes de sectores étnicos y culturales disímiles y de lenguajes y estilos inhabituales de los géneros literarios clásicos.

La mutación disciplinaria constituye una de las formas de debilitar ls estabilidad de las artes y las literaturas en cuanto campos autónomos y definidos de la modernidad, no solo en la relativización de los valores, principios, teorías y fundamentos del gusto, sino sobre todo en la trasformación de los textos, su nivelación con el discurso natural, la limitación y pérdida de sus dimensiones propiamente artísticas y la indiscriminación de su efecto estético sustituido por los sentimientos y sensaciones comunes o reducidos a formas habituales de la cotidianidad.

Una concepción semejante es la de Giunta (2010) a propósito del arte contemporáneo; su hipótesis es que los objetos de arte comprendidos como imitantes afirman la versatilidad de los estudios que dan cuenta de sus específicas intervenciones; estos estudios se refieren a un campo de problemas inherentes al cruce entre la historia del arte y debates con los que se pueden trazar zonas de contacto: la biopolítica, noción intersticial que productiviza el cruce de disciplinas, las políticas de archivo y la noción de extranjería (13-14). Pese a que la contemporaneidad y la globalization han llevado al arte a perder la remisión a un tiempo y lugar determinados y reemplazarlos por itinerarios señalados por la permanente migración entre espacios geográficos y disciplinas, el arte latinoamericano mantiene su relación con ciertos contextos, los del artista o los de anclaje de las obras. La estética contemporánea se redefine en términos de refinamientos reduccionistas del lenguaje que lo normalizan en estándares que facilitan su circulación o se complejiza con archivos que ramifican sus peculiaridades. Esta condición hace que su objeto mute de acuerdo al proyecto de lectura que se le imprima.

Por otra parte, la idea de la dificultad de los artistas en demarcar un espacio propio debido a la crisis del concepto de campo literario desarrollado por Bourdieu (1995) ha sido replanteada por García Canclini (2010) confluyendo en cierto sentido con nuestras indagaciones y aunque también refiriéndose al campo de la plástica y sus formas actuales de circulación, como Giunta (museos, exposiciones, bienales, talleres, etc.). Este autor considera que el arte está fuera de sí y describe algunas formas actuales de las artes plásticas y visuales desde su hipótesis del arte como lugar de la inminencia, es decir, que "su atractivo procede, en parte, de que anuncia algo que puede suceder, promete el sentido o lo modifica con insinuaciones. No compromete fatalmente con hechos duros. Deja lo que dice en suspenso." (2010: 12). Aunque el arte parece ser inofensivo o ineficaz, mantiene una relación posible con lo real, oblicua e indirecta, y se expande más allá de su campo propio, se desdibuja al mezclarse con fenómenos urbanos, desconfigura los programas que diferencian realidad y ficción, verdad y simulacro, los entrelazamientos de las prácticas artísticas con las demás hacen dudar de los instrumentos teóricos y de los métodos con que se intenta comprenderlas en las sociologías modernas y las estéticas posmodernas (Cf. 12-15).

En la tradición occidental se ha reconocido como literatura, discurso o texto literario una serie de expresiones distinguibles por un conjunto de características propiamente textuales o discursivas, interrelacionadas con un discurso metatextual que le da orientación y sentido. En cuanto textualidad, la literatura carece de referente empírico obligatorio, a la inversa de disciplinas como la química o las ciencias sociales, por lo cual no tiene un discurso estable, permanente ni propio y por ello tiene el derecho, la necesidad y la capacidad de incorporar otros discursos como modelos para conformar sus textos.

La literatura de fines del siglo XX y comienzos del XXI ha asumido la intercul-turalidad y la interdisciplinariedad como estrategias estructurantes, no para diluirse en otras disciplinas, sino para integrarse, fundirse con otras formas de producción de textos, agregando los estatus y las capacidades cognitivas de disciplinas científicas sociales y naturales como la antropología, la biología, la física, la historia, pero sin perder lo propio, la intuición, la provocación de una experiencia estética mediante determinados estilos personales y de época (tendencias), la retórica manejada en función de ciertas orientaciones perceptivas muy particulares, como el simbolismo acústico y fónico (Kayser 1961), lo real maravilloso y el realismo mágico (Carpentier y García Márquez), la metáfora viva (Ricoeur 1984). En otras palabras, los escritores han practicado todas las formas posibles de modificación, ampliación y transformación de los modos de configurar y proponer la lectura de sus textos, pero sin perder sus rasgos artísticos y sus proyecciones estéticas, no al modo de un Narciso sino como apertura al conocimiento, a las funciones de la literatura en la sociedad -el texto como arma ideológica, littérature engagée, acción verbal, performatividad, mimesis, etc.-, allí donde el texto intercultural, interdisciplinario e intermodal se propone como sustituto de otros discursos y disciplinas. Este fenómeno es claramente perceptible en aspectos pragmáticos, semánticos, sintácticos de textos de ciencia ficción, novela psicológica, relato histórico, policial, poesía mística, etc. El discurso literario ha sido admirado en la sociedad moderna por su implicancia e influencia en la educación (Bloom 1995, p. ej), por su gran capacidad de seducción y de investigación humanista de los ámbitos donde la razón y el método de las ciencias se vuelve limitado o incapaz, y de meta-morfosearse incluyendo toda clase de discursos como base de su sistema secundario (SS en el sentido de Lotman 1984 y Mignolo 1978).

A menudo la literatura en cuanto discurso sobrepasa los límites de su propio campo, que ha sido fijado en momentos determinados por los procesos canonizadores en el marco de las instituciones literarias (Cf. Sulla 1998; Brioschi y di Girolamo 1988; Culler 2000; Van Dijk 1980, entre otros). La literatura se ha escrito en los textos considerados tales por la institución literaria y según sus marcos, principios y reglas. No obstante, escritores de diversos ámbitos han producido textos que también se pueden validar como literarios por sus características pragmáticas, semántico-sintácticas y metadiscursivas, es decir, por su sistema primario (SP) transformado por los factores y elementos de su sistema secundario (SS) aunque estén fuera o en contra de los rasgos históricamente esperables como "literatura antropológica" entre otras expresiones.

Nuestro interés es seleccionar y estudiar los textos literarios que se han publicado en algunos libros y revistas de las disciplinas antropológicas en lugar de sus textos de especialidad, sustituyendo a los ensayos, artículos y tratados etnográficos. La traslación de un circuito a otro y la superposición de discursos y funciones distintas en un mismo texto es característico del new journalism o novela periodística (Wolfe s/f; Rabell 1985), de la sociología y sus interacciones con la epopeya y la novela (Brunner 1997), de la historia entendida como artefacto literario (White 2003), de la antropología poética y literaria (Alvarado 2000, 2001, 2002a y b, 2006; Carrasco 2003; Cárcamo 2007), quizás también de los que Geertz 1980 llama "géneros confusos", todos ellos variedades de la mutación disciplinaria. Esta modificación de reglas, modalidades, materias, procedimientos de conformación de textos de disciplinas artísticas, científicas o filosóficas que se trasladan de una a otra disciplina han creado espacios de inestabilidad e indeterminación, provocando mutaciones disciplinarias y textuales (Carrasco 2002; Galindo 2002). El resultado de esta mutación es la confusión de campos disciplinarios, géneros y tipos discursivos, en medio de la cual se ha generado la literatura antropológica.

2. Literatura antropológica

La literatura es una de las actividades humanas que se transforma con mayor rapidez en cuanto actividad creativa y en relación a sus productos debido a su búsqueda permanente de originalidad, factor que ha sido considerado como un rasgo constituyente y casi definitorio (Jakobson y Bogatyrev 1973). En la literatura chilena esto es evidente sobre todo en los autores vanguardistas de la generación del 27 y posteriores (Goic 1988:341-507) y en las tres últimas décadas, en que la experimentación de nuevos tipos de texto, tendencias estéticas, estilos personales y grupales, temáticas, modos de expresión y de enunciación, etc., ha llegado a ser asombrosa.

Tal vez por ello ha pasado casi desapercibida una tendencia particular que se inició recientemente en torno a 1995, caracterizada por un inhabitual proceso de producción en el espacio antropológico y no en el de escritores profesionales de literatura, por un estilo distinto, el tratamiento de temas etnográficos y etnológicos, su circulación en medios de estudios sociales, su voluntad de establecerse como literario mediante un discurso metatextual en desarrollo.

A esta nueva orientación la hemos llamado "literatura antropológica", aunque también podría considerarse una "literatura etnográfica" en algunos casos particulares, debido a su especial situación en el sistema literario y a los rasgos que la identifican: es un tipo de discurso que conlleva las condiciones suficientes para ser leído simultánea o alternativamente como texto literario y/o como texto etnográfico/ etnológico. En el último caso, lo antropológico no es solo un tema o macroestructura semántica, sino un tipo de discurso literario diferente, pues además de su condición de mutación disciplinaria entre la literatura y las ciencias humanas, lo antropológico cruza todos los niveles del texto: el discurso metadiscursivo, el estilo, los temas, el léxico, el narrador, el narratario...

Se trata de un conjunto de textos literarios de carácter principalmente etnográfico, escritos por antropólogos y arqueólogos contemporáneos, textos mediacionales en busca de nuevas experiencias y modos de conocimiento, como la intuición creadora del poeta o el novelista. Esta literatura ha surgido en medio de la escritura antropológica y puede considerarse un sector de la literatura chilena por su parcial analogía temática y estilística con la textualidad literaria moderna y postmoderna, pero al mismo tiempo no ha perdido sus cualidades etnográficas y etnológicas: la reiteración de temáticas como la del otro diverso, la importancia del viaje para encontrar experiencias y conocimientos distintos, la descripción detallada de situaciones de contacto intercultural e interétnico, diversos indicios de la formación profesional de los autores-narradores y la perspectiva o punto de vista del antropólogo que busca datos para una monografía o una investigación, como el uso de cuaderno de notas, el modo de conexión con los otros, referencias particulares a su actividad, etc.

Lo literario de esta expresión, según los diversos fragmentos de reflexión me-tatextual encontrados hasta la fecha, se refiere principalmente a la percepción o concepción de la literatura como experiencia estética de las escrituras y lecturas, y en cuanto modo de conocimiento de la sociedad, las culturas y las formas de ser y de vivir, en grado menor como testimonio autobiográfico del investigador. Por otra parte, destaca la admiración por la escritura literaria que es considerada diferente y quizás superior a la discursividad científica convencional por sobrepasar las limitaciones del trabajo, del método y del mismo objeto de estudio de las disciplinas antropológicas mediante la intuición y las características propias de las manifestaciones literarias, como la retórica, el estilo, los rasgos genéricos históricos y las demás estrategias escritúrales y discursivas.

Los antecedentes de esta nueva clase de literatura se encuentran principalmente en las llamadas antropología literaria y antropología poética. Antropología literaria es una expresión bastante usada en el ámbito antropológico para designar textualidades análogas a la literatura y a veces híbridas, sobre temas exóticos, propios de minorías étnicas y subculturas, como teorías de los africanos, descripción de seres distintos de ciertos lugares del mundo, interpretaciones de identidades, promoción de nuevos métodos de investigación (Cf. Sunara 2009; Auge 1998; Cardona 1994). Algunos grupos y corrientes ideológicas se han acercado más a la literatura y se refieren a prácticas relacionadas con la interpretación y relación de textos, el papel del lector, el cambio de las funciones de la literatura, la narración como fuente interdisciplinaria de signos culturales, una definición más sociocultural de la poesía, etc. (Cf. Iser 1993; Poyatos 1984 y 1988; Caramés 1997; Gordillo s/f; Blanch 1995; Nava 2009; Lain Entralgo 1996).

Por su parte, la llamada antropología poética es un movimiento análogo que se desarrolló en Chile en relación con la rebeldía contra la antropología clásica como disciplina racionalista, positivista y neutral y por tanto también contra la formación de los nuevos cientistas sociales y contra la dictadura militar; de este modo, la antropología poética constituiría el discurso de la crisis de la escritura antropológica y estaría más vinculado con diversos discursos de la postmodernidad de carácter fronterizo.

Alvarado ha estudiado sistemáticamente las dos manifestaciones, estableciendo una primera teoría de la antropología poética proponiendo sus rasgos fundamentales, un análisis de los principales autores y obras, sus debilidades y fortalezas y un canon elemental (2000, 2001, 2002 a) y b), además de una visión polémica de ella en relación con la antropología literaria (2006) por considerar que ha llegado a sus límites y necesita ser reemplazada por una escritura más incluyente y con mayor esteticidad. Su posición ha sido reafirmada por Cárcamo (2007), quien postula que la antropología literaria es una redescripción de las ciencias humanas en contextos de diversidad cultural, un lenguaje nuevo y un metadiscurso humanista. Esto tiene que ver no solo con la necesidad de asumir a la literatura como fuente para la definición de estrategias narrativas que apoyen a las macroestructuras semánticas a nivel argumental, sino también con su prevalencia sobre la escritura tradicional de las ciencias humanas para superar la separación de la episteme occidental en ciencias particulares debido al papel de la técnica, expandir las ciencias sociales y constituirlas en un tipo de escritura que se aleje de la racionalidad técnica propia de la episteme eurocéntrica. Por su parte, Carrasco (2003) presenta una actitud crítica sobre la condición de literatura, discurso o estilo de la antropología poética y la define como una textualidad multifacética y un proceso en curso que manifiestan un tipo de discurso contemporáneo que se caracteriza por la mutación disciplinaria; considera que esta le confiere un particular interés debido a las distintas funciones que intenta cumplir: sustituir el estilo racionalista de las ciencias sociales clásicas, expresar aspectos y niveles de la sociedad inasibles para el texto y la mirada convencionales de la tradición antropológica, abrir un espacio de realización para antropólogos marginales, políticamente izquierdizantes, anarquizantes, o nihilistas. Además, destaca su particular importancia por la problematización que provoca de conceptos tales como literatura, canon, antropología.

A pesar de la claridad de sus postulados, Alvarado y Cárcamo han ubicado a la antropología literaria y poética en el campo antropológico. Lo mismo ha hecho González 1995 y 1998, autor que ha publicado interesantes estudios sobre estas manifestaciones, aunque homogeniza bajo el rubro de antropología poética a la antropología poética propiamente tal, a la antropología literaria, a la antropología etnocultural y a literaturas varias sobre la diversidad.

La antropología poética y la literaria forman parte del campo de la antropología como subáreas de la historia del pensamiento antropológico, estudio de las imágenes del hombre en las obras literarias, la manera en que los seres humanos se dan a conocer en y desde los textos literarios y se caracterizan por utilizar escritos de fiction y non fiction, basarse en teorías rupturistas, hacer una crítica profunda a la ciencia y constituir un nuevo enfoque interdisciplinario. Se consideran un espejo de la antropología y sus proyectos han producido cambios en la investigación social. Forman parte de los intentos de renovación de las disciplinas antropológicas y por ello no pueden considerarse "literarias" en sentido estricto, sino aproximaciones interdisciplinarias a la literatura.

En cambio, la que llamamos literatura antropológica posee un estilo propio, un conjunto de temas condicionado por la formación profesional de sus autores y cumple funciones cognitivas, testimoniales y autobiográficas. El tipo de composición que practican se acerca al ensayo literario y adopta principalmente la forma de collage o texto fragmentario. Es una textualidad novedosa, compleja que constituye un tipo nuevo de mutación disciplinaria, que supera el ensayo tradicional característico de las disciplinas y tipos de textos de los países americanos.

Lo literario se ha escrito y leído mediante tipos de texto ya consagrados como tales, lo que ha permitido que personas de distinta formación, con otros objetivos y distintos estilos, como antropólogos y arqueólogos, hayan logrado transformar sus textos referenciales, informativos, verídicos, lógicos, en textos verbales legibles como artísticos, sobrepasando los límites y fronteras de géneros e incluso de disciplinas. Ello supone que algunos antropólogos han encontrado en la producción de textos literarios una experiencia distinta a la escritura científica, que tiene algo de lo que esta carece, quizás mayor intensidad, mayor libertad y acceso a la trascendencia, por lo cual sería un aporte al conocimiento de la otredad (como se define hoy el objeto de estudio de la actividad antropológica), la expresión de aquello que la escritura etnográfica no puede mentar y que permitiría tener acceso a un conocimiento negado por las restricciones y limitaciones de la lógica y la investigación científica tradicionales. Además, constituye una ruptura de los espacios habituales de generación y comunicación de los productos literarios, acercándose al discurso fronterizo en cierto sentido.

Si entendemos aquí por literatura fronteriza la que surge del pensamiento fronterizo, tal cual lo piensan teóricos de la postcolonialidad, como Said (1990, 1996) quien considera que la mezcla de elementos nuevos y funcionales se constituye en epicentro de la cultura contemporánea, Bhabha (1994) quien destaca que las literaturas son producto de los encuentros y desencuentros propios del contacto multicultural, Mignolo que define el pensamiento fronterizo como "una nueva forma de pensar inducida por la expansión imperialista de la modernidad y la matriz colonial del poder que el expansionismo moderno necesariamente implica" (2007: 35), la literatura antropológica sólo coincide en parte con ella, por lo que podemos considerarla un tipo de discurso fronterizo parcial o reducido. A la inversa de los europeos, los intelectuales indígenas debieron incorporar memorias e historias ajenas, por lo cual el pensamiento fronterizo es la consecuencia del diferencial de poder existente en el contexto moderno/colonial, diferencia de poder que conforma la diferencia colonial. Más adelante, entre los esclavos y criollos adoptó formas particulares y ahora florece en la región andina bajo el nombre de interculturalidad, agrega Mignolo.

El concepto de literatura fronteriza ha surgido del desarrollo de la ciencia literaria contemporánea, tendiente primero hacia la interdisciplina y luego hacia la interdis-ciplinariedad (Polkinhorn 1988), en medio de cambios socioculturales asociados a la mundialización y al neocolonialismo y guarda una estrecha relación con los cambios culturales; la mezcla de elementos genera sucesivos sincretismos, lo que ha sido entendido por numerosos teóricos de la cultura como mestizaje y luego como hibridación (García Canclini, 1989) e interculturalidad.

Por ello, entendemos la literatura antropológica como una variedad de la literatura fronteriza, en cuanto tipo de discurso o texto diferente que da cuenta de la confluencia de formas culturales, discursos, disciplinas, sin que ello esté asociado necesariamente a migraciones o a territorialidades. La literatura antropológica no es un tipo de literatura canónica, sino un producto muy original y de orientación experimental que pone en contacto y mixtura experiencias y modelos identitarios, étnicos, artes y ciencias sociales. Desde la perspectiva de la literatura convencional, el hecho que escritores no profesionales escriban y publiquen obras literarias resulta normal, porque forma parte del oficio. Lo que resulta valioso es que practicantes de una forma de escritura distinta, la científica social, etnográfica o etnológica, la abandonen por momentos para crear textos poéticos o relatos de carácter literario.

Hay que reconocer que algunos de estos textos son de mejor o peor calidad literaria que otros y que en ocasiones es difícil percibirla, pero esto es común también en la escritura literaria habitual, sobre todo en estos tiempos de acceso ilimitado y sin control a Internet que permite evitar la aduana de la censura, la critica profesional y otros procesos de canonización.

3. Literatura antropológica en Chile

Los primeros antropólogos que en cuanto tales han escrito literatura en Chile y creado las bases para conformar una escuela literaria fueron Andrés Recasens y Carlos Pifia; Recasens publicó un texto poético, Balada de un niño y el perro, en 1973, y el segundo Crónicas de la otra ciudad en 1986. Más adelante surgió la "antropología poética", iniciada en 1995 por Juan Carlos Olivares con su obra El umbral roto. Escritos en antropología poética y continuada por Francisco Gallardo, Yuri Jeria, Pedro Mege, Claudio Mercado, Luis Galdames y otros incluidos en volúmenes editados por Daniel Quiroz, principalmente en Diarios de campo/ de viaje de 2001 y Etnografías mínimas de 2007. Además de este grupo y del propio Quiroz como escritor, han destacado como tales los antropólogos Sonia Montecino con La revuelta y Luna con menguante. Biografía de una machi, 1998, Clemente Riedemann con Karra Maw'n, Ivonne Valenzuela y Juan Pablo Loo con sus obras Registro Fotográfico y Etnográfico. Atácamenos del siglo XX y Gracias por el favor concedido. LasAnimitas de Evaristo Montt, Elvira Guillen y Juana Guajardo, también Yanko González con Metales pesados y Alto Volta, entre otros. Sin duda, dos personajes claves en el desarrollo de la literatura antropológica son Recasens y Quiroz, que además de escribir y editar textos de literatura antropológica han sido los modelos, impulsores y maestros de muchos jóvenes antropólogos socioculturales y arqueólogos que han producido una gran variedad de nuevos textos. Este grupo ha constituido escuela, en el sentido histórico-literario del término: un grupo de escritores que coinciden en un mismo lugar y tiempo en que comparten una tendencia o estilo histórico, lo que implica una formación análoga bajo la tuición de un líder y maestro, en este caso, Recasens y Quiroz. En la actualidad podríamos considerarlos un grupo homogéneo de escritores unificado por un proyecto de escritura literaria (en el sentido de Eco 1979) de carácter antropológico; al respecto, Quiroz escribió palabras lúcidas y programáticas en 1987: "Tenemos que llevar la Antropología hacia un terreno escasamente recorrido: la posibilidad de incorporar al relato a la explicación etnográfica, la experiencia vital del encuentro investigador-informante, fundamentalmente para entender la riqueza cognoscitiva del acercamiento antropológico. Esto nos lleva a la literatura, al cuento a la poesía (sic). Sí, se ha escuchado correctamente, a la poesía, pensamos que las sugerencias que los antropólogos podemos encontrar en la literatura no son nada despreciables/.../" (cit. por González 1998:50).

La relación entre literatura y antropología en cuanto actividad productora de textos y la naturaleza de estos ha sido tratada desde puntos de vista disímiles y básicamente disciplinares, por lo cual persiste como problema. No obstante, además de los citados, aunque escasos, existen valiosos estudiosos y antecedentes que nos servirán de referencia

Por una parte, en el área de la antropología literaria y poética el autor que sobresale entre los ya citados, más significativo por la audacia y claridad de sus planteamientos, es, sin duda, Clifford Geertz, que en su libro El antropólogo como autor (1987) ha desarrollado el análisis de la etnografía como escritura y el carácter literario de la antropología en relación a su capacidad de persuasión, su sustanti-vidad factual y verosimilitud. Esta obra es un estímulo para todo antropólogo que sienta que su disciplina es insuficiente como medio de expresión y que a la escritura convencional de sus textos le faltan ciertos recursos cognitivos que tiene la escritura literaria. No obstante, aun aceptando totalmente sus propuestas, queda en claro que cualquier escritura de un antropólogo forma parte del campo de la antropología, por muy vanguardista que sea, y que el antropólogo como autor no deja de ser antropólogo. Esto es coherente con su actitud de aceptación de trabajos de campos conexos (lingüística, arqueología, antropología física y otros con o sin base etnográfica) bajo la rúbrica común de antropología. Y, por contraste, niega la posibilidad de pensar en el hecho contrario.

Desde otra perspectiva, López-Baralt ha escrito excelentes trabajos sobre la relación de la literatura con la antropología, y viceversa, analizando sus respectivos tipos de texto como géneros de disciplinas distintas que en los grandes autores han llegado a confluir. Piensa que la literatura es anterior a la antropología y que ha servido de base para la construcción de la segunda como disciplina aceptada en la sociedad occidental, la que se ha definido como escritura y por momentos ha alcanzado una acusada dimensión literaria; que la literatura ha cumplido una función semejante a la antropología en sus orígenes y ha reescrito los discursos fundacionales de las crónicas de Indias y los mitos indígenas y que algunos antropólogos (Lévi-Strauss, Geertz, Boon, Turner) han ampliado su oficio y han llegado a colindar con la literatura y que los primeros autores autóctonos escribieron como antropólogos avant la léttre (López-Baralt 2005). Pero es necesario reconocer que no considera antropólogos a los escritores que han realizado tareas análogas a los etnógrafos (Carpentier, Fuentes, Lezama Lima, Sarduy, etc.) y, además, que no son antropólogos profesionales, por lo cual no podríamos decir que su textualidad es una literatura antropológica en sentido estricto.

En las distintas ópticas de Geertz y López-Baralt los fenómenos interdisciplinarios que ambos destacan no resultan idénticos y se adscriben a la disciplina propia de cada intelectual, antropología y literatura que, además, son de distinta naturaleza: estudio social y arte, creación verbal. Resultan, así, un fundamento y apoyo parcial a nuestra investigación al reconocer la existencia de la antropología literaria y una literatura de tema antropológico (literatura como antropología gestada por escritores no antropólogos y antropología como literatura), pero ninguno adopta nuestro punto de vista: leer los textos escritos por antropólogos desde reglas y principios predominantemente literarios que transforman los factores etnográficos en artísticos verbales. En otras palabras, se trata de una escuela literaria constituida por antropólogos que funda una nueva tendencia y configura un género distinto en el ámbito literario, instaurando un nuevo tipo de texto fronterizo en la literatura chilena.

Los géneros literarios nuevos cultivados por los escritores antropólogos, por lo tanto su aporte a la discursividad literaria chilena, son dos: el diario de viaje lírico y el relato etnográfico. Estos textos son valiosos por su particularidad y porque constituyen una de las líneas de renovación de la literatura chilena global, por lo cual es necesario delimitarlos, describirlos, explicarlos y darlos a conocer en los ámbitos de la investigación académica y científica y de la divulgación crítica y cultural.

El diario de viaje lírico está conformado por una serie de notas o apuntes científico-líricas,, todos con referencias y contenidos de origen y tradición etnográficos; estas notas son fragmentos, anotaciones, textos incompletos, hipotextos que darían origen a hipertextos mutados en otros géneros. Los procedimientos que constituyen su estilo particular son la composición fragmentaria, el collage de observaciones etnográficas y expresiones líricas; el rigor en la descripción en busca de exhaustividad no siempre necesaria, de origen científico; la conformación de textos dobles en cuanto estilo, contenido semántico, composición y presuposiciones de índole científica y fictional.

El relato etnográfico adopta la forma de cuento o novela inconclusa en simbiosis con el ensayo, expresión de contenidos referenciales, autorreferenciales y metatex-tuales; una especie de ensayo lírico-retórico-conceptual-narrativo, que desarrolla macroestructuras semánticas ambivalentes y ambiguas en las que predomina el viaje, al que se quiere devolver el mito o embrujo, al menos, que tuvo en el pasado, o desacralizarlo mostrando el sinsentido de algunas cotidianidades ajenas, y el encuentro con lo diferente o desconocido, la otredad no sobrenatural, lo que incluye la motivación u obligación de la preparación del viaje. El resto se obvia o se presupone (conclusiones, motivos aspectos técnicos, el proyecto, se cuenta solo lo relevante, lo extraordinario, lo significativo o peculiar).

El aporte de esta textualidad a la literatura chilena es un proceso literario particular, novedoso, y una calidad en desarrollo, pues los escritores poseen un oficio antropológico de escritura aprendido y sistemáticamente practicado, pero menor oficio literario, limitadas conexiones con escritores vivos, escasos modelos de escritura, reducidos héroes literarios. Pero ello lo suplen los antropólogos en busca de literaturizar su escritura, con su experiencia de trabajo de campo, el manejo del ensayo ya conocido en su trabajo de investigación social que sirve de base para la conformación de textos literarios ambivalentes, transdisciplinarios e interculturales, y su condición de sujetos preparados técnicamente para conocer, describir y explicar culturas y otredades.

4. Conclusiones

En síntesis, la literatura una vez más ha desbordado sus márgenes institucionales y se ha expandido creando un campo interdisciplinario e intercultural, la literatura antropológica. Esta se ha desarrollado en medio de la crisis de identidad de las disciplinas antropológicas tradicionales y renovadas o en renovación, que en Chile se ha mezclado con la situación general de restricciones y sanciones en el libre uso del pensamiento y la investigación durante la dictadura militar. La crisis de la teoría científica desde la objetividad que afirmaba la verdad, hasta la valoración de la subjetividad y las relatividades e indeterminaciones, provocaron la búsqueda de una escritura enfrentada con la necesidad de valorar y conservar no solo el conocimiento en abstracto, sino también el testimonio del ser humano estudiado, objeto de estudio o informante, una escritura que no es solo instrumento, también tiene valor por sí misma y no únicamente por su referencia. La aparición de nuevos modelos de escritura científica, como Lévi-Strauss, Recasens, Pifia, Olivares, Quiroz, aumentó la aspiración de un grupo considerable de dentistas sociales de ser autores y no solo escribientes o tomadores de notas, debido a la obligación de objetividad y neutralidad que los obligaba a invisibilizarse tras los referentes empíricos descritos en los informes fríos y despersonalizados. En otras palabras, los antropólogos descubrieron la necesidad y el deseo de la escritura y, sin dejar de ser científicos sociales, han pasado a ser escritores de literatura.

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* Este trabajo forma parte del proyecto FONDECYT Regular 2010 N° 1100344 "Literatura antropológica en Chile", Investigador Responsable Iván Carrasco M.; Coinvestigador Miguel Alvarado B.

6. Anexo

Proyecto de investigación "Literatura antropológica en Chile", Fondecyt 1100344, 2010

Los elementos principales de la investigación que sirve de marco a esta y otras publicaciones posteriores, son los que siguen:

La hipótesis que orientará esta investigación consiste en proponer que en la literatura chilena actual existe un sector que aún no ha sido descrito desde un punto de vista de la teoría y la crítica literarias, conformado por un tipo de texto diferente que aparece como parte del discurso antropológico; se trata de un texto que remite a dos órdenes de pensamiento, literario y antropológico, posee un estilo propio, un conjunto de temas limitado por la formación profesional de sus autores y cumple funciones cognitivas, testimoniales y autobiográficas.

El objetivo general es definir y caracterizar la serie textual fronteriza considerada literatura antropológica como una nueva tendencia y tipo de discurso en la literatura chilena actual. Los objetivos específicos son sistematizar la metalengua y los enunciados canonizantes que le confieren especificidad literaria a los textos antropológicos, analizar el sujeto enunciativo antropólogo en cuanto estrategia de escritura literaria, y especificar y describir las temáticas, tipos de discurso y estilos característicos de este tipo de literatura.

Considerando que este proyecto intenta describir y explicar una textualidad distinta a la que se considera literatura en la sociedad chilena, es necesario construir este nuevo objeto de estudio. Para lograrlo, la metodología incluirá el método inductivo-inferencial para leer los textos literarios antropológicos en un nivel de abstracción suficiente para configurar una teoría regional y un modelo básico de rasgos textuales y extratextuales de esta clase de literatura y de sus textos; una vez ordenados y definidos, los más representativos serán analizados desde una perspectiva deductivo-inferencial con apoyo de categorías de origen semiótico, filosófico y retórico de Lotman, Mignolo, Eco, Ricoeur, Genette, Lausberg, para permitir la complementación del análisis con la interpretación textual para descubrir las características particulares de la literatura antropológica en el conjunto de la literatura chilena actual, lo que supone el apoyo de una visión histórica de los textos y de su escritura.

El corpus a estudiar está conformado por Balada de un niño y el perro y Pueblos de mar. Relatos etnográficos, de Andrés Recasens; Crónicas de la otra ciudad, de Carlos Pifia; Diarios de campo/de viaje, y Etnografías Mínimas, de Daniel Quiroz (ed.); El umbral roto. Escritos en antropología poética, de Juan Carlos Olivares; La revuelta; Luna con Menguante. Biografía de una machi y La olla deleitosa. Cocinas mestizas en Chile, de Sonia Montecino; Karra Maw'n y Huekufe en Nueva York, de Clemente Riedemann; Metales pesados y Alto Volta de Yanko González; Registro fotográfico y Etnográfico. Fotografia y Poesía. Atácamenos del siglo XX, de Ivonne Valenzuela y Juan Pablo Loo; Valenzuela, Ivonne. Gracias por el favor concedido. Las Animitas de Evaristo Montt, Elvira Guillen y Juana Guajardo. Antofagasta: Imprenta Ercilla; Antropología. Cruzando a través, de Francisco Gallardo; De todo el universo entero, de Claudio Mercado y su informante Luis Galdames; La Imaginación Araucana, de Pedro Mege; Ritos de muerte en la Isla de Lemuy, de Yuri Jeria, entre otros.

Como resultado se espera introducir el concepto de literatura antropológica en el campo de los estudios literarios, haciéndolo accesible a investigadores y estudiantes mediante la publicación de artículos en revistas indexadas y con comité editorial, ponencias leídas en congresos nacionales e internacionales y conferencias.