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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.38 Valdivia  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132003003800012 

 

Estudios Filológicos, Nº 38, 2003, pp. 188-200

 

Geografía de la "ll" en Chile *

Geography of "ll" in Chile

 

Claudio Wagner, Claudia Rosas

* Resultados parciales del proyecto Fondecyt Nº 1030463.


 

Este trabajo se propone precisar la magnitud y distribución real de la palatal lateral en Chile, ahora que se cuenta con datos obtenidos de primera mano por medio de encuestas sistemáticas in situ realizadas a lo largo de todo el territorio chileno. El análisis de los datos demuestra que la reducción de la palatal lateral a un número ínfimo de enclaves agrupados en torno a dos pequeñas áreas no hace sino corroborar las noticias que los estudiosos han dado desde fines del siglo XIX acerca del retroceso paulatino de este sonido y el avance paralelo de la palatal central en sus diversas realizaciones. Los materiales demuestran la existencia de seis realizaciones de la /y/ en Chile, de las cuales cuatro son las más importantes, no solo por su frecuencia de uso, sino también porque su distribución geográfica perfila áreas dialectales más o menos marcadas.

 

This paper intends to show the real extent and distribution of the lateral palatal in Chile, since first hand information has been gathered through systematic in situ surveys carried out along Chile. The analysis of the corpus shows the reduction of the lateral palatal to a very low number places located on two areas; on the other hand, the central palatal has increased in all its levels of realization. The corpus shows the presence of six realizations of the /y/ in Chile, out of which four are the most relevant, not only because of their frequency of use, but also because its geographical distribution marks very well-defined dialect areas.


 

I. ANTECEDENTES

Establecer la distribución de la "ll" en Chile es al mismo tiempo esclarecer la distribución de la y, porque constituyen realizaciones de un único fonema /y/, a veces en una misma persona, resultado del proceso de desfonologización de la oposición y / "ll". Recordemos que este fenómeno conocido como yeísmo es un rasgo meridional español atestiguado en la península desde la época mozárabe y en América ya desde 1527, en México. Aunque en tierras americanas ha alcanzado una gran extensión, no se ha generalizado como el seseo, ya que "en la actualidad [1991] la /l/ es de uso normal y prestigioso en una franja interior de Colombia que comprende las ciudades de Bogotá y Popayán, (...) persiste en la parte Sur de la sierra ecuatoriana, en amplias zonas de las tierras altas y costa meridional del Perú, [en] casi toda Bolivia y en otros países del cono sur (Lapesa 1991: 571-2).

En lo que respecta a Chile, los más recientes datos directos proporcionados por encuestas de geografía lingüística, pero limitados a unas cuantas regiones más o menos vastas del país, concuerdan en demostrar que aún subsisten algunos enclaves de la "ll", que no sólo son geográficos, sino que en alguna ocasión se cruzan con los niveles de registro.

Aunque la documentación sobre la distribución de la "ll" y la y anteriores a las investigaciones geolingüísticas en diferentes zonas del territorio en estudio carece de la precisión deseada, ella muestra como tendencia el rapidísimo avance del yeísmo, lo que nos llevó a conjeturar que los enclaves de distinción a fines del siglo XX debían de ser muy escasos. Es lo que pretendemos comprobar ahora valiéndonos de los materiales aún inéditos proporcionados por el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Chile, ALECh (Wagner 1998), que tienen la doble virtud de entregarnos datos precisos de la presencia del fenómeno y, además, a lo largo de todo el territorio nacional.

La primera noticia sobre la distribución geográfica de las realizaciones del fonema palatal central /y/ en Chile se encuentra en los Estudios Chilenos. Fonética del Castellano de Chile, de Rodolfo Lenz (1940: 92, 102, 139, 253), trabajo que forma parte del tomo VI de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana (BDH), publicada por Amado Alonso en 1940. Allí Lenz señala que Chile es yeísta sólo en el centro, desde el río Choapa hasta el Maule, es decir aproximadamente entre los grados 32 y 35. El norte y el sur conservarían la pronunciación prepalatal lateral, es decir, serían regiones distinguidoras.

Estos Estudios aparecieron originalmente en alemán como Chilenische Studien, en 1892, y lo allí dicho respecto de las realizaciones y distribución de la /y/ fue retomado por el mismo autor en escritos posteriores (1940 [1933]: 23; 1905-1910: § 108), pero con una modificación: incluye a Chiloé (grados 42 a 43) entre las zonas donde habría triunfado el yeísmo, detalle que sólo Amado Alonso (y Diego Catalán, que se funda en él), entre todos los que repetirán la información proporcionada por Lenz, consignará posteriormente en sus Estudios lingüísticos (1953: 233, 253), lo que sugiere que, con la citada excepción, el único texto de Lenz que se ha tenido a la vista es el de sus Estudios Chilenos. Amado Alonso, siempre acucioso, al publicar los trabajos aludidos de Lenz en la BDH, corrige en nota, por indicación de Yolando Pino, la afirmación de Lenz, en el sentido de que al sur del Maule, entre este río y el Bío-Bío "hay zonas que distinguen la "ll" de la y y otras en que predomina la y", es decir, donde ya hay brotes de yeísmo (1940: 23), detalle que también escapará al interés de los estudiosos.

Ahora, ¿cómo llegó Lenz (y probablemente también Yolando Pino) a obtener estos datos aproximados de distribución de la "ll" y la y? Consta que Lenz viajaba bastante por el país, por lo que muchos datos fueron obtenidos por él directamente de fuente oral, otros a través de información escrita proporcionada por personas amigas, sus corresponsales, distribuidas en distintas localidades del país, y otros, finalmente, de fuentes escritas, literarias y folklóricas. Buen ejemplo de esto último se puede observar en su estudio Dialectología hispanoamericana, especialmente entre los párrafos 11 y 16 (1940: 7-48), dedicado fundamentalmente al dialecto chileno o lenguaje vulgar de Chile, como lo llamaba Lenz. Está claro que, ante la pobreza casi absoluta de datos, estos procedimientos de recopilación eran los mejores a los que podía recurrir un científico como Lenz, pero no cabe duda de que la heterogeneidad y distinta fiabilidad que podía concederle a cada uno de ellos no se le puede haber pasado por alto. Que estaba consciente de las exigencias de la dialectología cuando se trata de precisar la distribución de las formas, lo demuestra la clarísima afirmación de la página 139 de sus Estudios citados: "No he podido aún establecer cuáles son los límites de "ll" e y".

Angel Rosenblat, aunque sigue a Alonso, es intuitivamente más cauto que él cuando, refiriéndose al fenómeno, dice en 1933: "la "ll" castiza se conserva (...) en partes del norte y sur de Chile" (cit. Oroz 1966: 116; el subrayado es nuestro). Y, a falta probablemente de datos nuevos actualizados, otros lingüistas, al repetir la aseveración de Lenz o de A. Alonso, incluso con distorsión, insisten en las mismas afirmaciones erróneas respecto del yeísmo y de las áreas donde subsiste "ll" en Chile, porque es claro que ésta va perdiendo terreno día a día. Eso ocurre con Eleuterio Tiscornia en 1930, Claudio Rosales en 1941, Ramón Menéndez Pidal en 1945, Bertil Malmberg en 1950, Berta E. Vidal de Battini en 1954, Diego Catalán en 1959, Alonso Zamora Vicente en 1960 (cit. Oroz 1966: 117-118).

José Pedro Rona, con ocasión de tratar, en 1964, el problema de la división del español americano en zonas dialectales, y proponer el yeísmo como uno de los rasgos diferenciadores, recoge para la distribución del yeísmo en Chile la misma descripción de Lenz, con el agravante de que sacrifica a Chiloé. Dice que es yeísta el centro de Chile (zona 13 de Rona) y son no yeístas el norte de Chile (y otras regiones) (zona 10) y el sur de Chile (zona 14).

Más burda es la observación de Tomás Navarro Tomás, que viene repitiendo en todas las ediciones de su Manual: "Por las noticias hasta hoy publicadas sabemos que la distinción entre la "ll" y la y se practica, de un modo corriente y regular, del mismo modo que en el Norte de España, en varias provincias de Argentina, Chile, Perú..." (1968: 135-136; el subrayado es nuestro).

Un panorama algo distinto presenta Rafael Lapesa en la novena edición de su Historia de la lengua española (1991), donde indica que el yeísmo está generalizado en el país, aunque "en el Sur de Chile quedan focos aislados (...) de presencia de "ll"" (572), sin precisar mayormente. El mapa del yeísmo en escala continental que se acompaña incluye no obstante como zonas donde se conserva la "ll" todo el norte de Chile y todo el sur, desde el grado 42, con exclusión de la isla de Chiloé, lo que sugiere que no fue actualizado en consonancia con la nueva información. En ediciones anteriores (por ejemplo, en las de 1965, 1959, 1955), en efecto, escribe: "La "ll" persiste en el Norte y Sur de Chile" (1955: 336), y el mapa entregado sobre la extensión aproximada del yeísmo y del voseo en Hispanoamérica es congruente con dicha aseveración.

Alonso Zamora Vicente en la primera edición de su Dialectología Española recoge la información de Lenz: "En Chile es yeísta el centro (...)", en tanto "el sur y centro meridional conservan la "ll"" (1960: 65). El mapa XXI, de la página 323, no refleja estrictamente lo dicho, puesto que incluye también el norte de Chile (que no estaba explicitado) como zona yeísta; en la segunda edición de 1967, en cambio, teniendo conciencia de que han transcurrido ya tres cuartos de siglo desde las observaciones de Lenz, corrige esa información apoyándose en los datos de Rodolfo Oroz de 1963: "La confusión [de "ll" y y, se entiende] ha progresado notoriamente. Casi todo el país es yeísta: norte, centro y sur (Magallanes). Parece subsistir aún la pugna entre "ll" y y en pequeñas zonas del centro meridional y del sur (del Maule a Cautín y Aisén)" (1967: 76). El mapa XXII de la página 403, también en escala continental, que acompaña a esta edición de la Dialectología, trata de acotar geográficamente la presencia de "ll" en esa zona meridional, pero al mismo tiempo persiste en mostrar una zona norte distinguidora, ahora algo más restringida que siete años antes, pues sólo llega hasta el grado 24 en lugar del 32. Se ve, pues, que hay interés del autor por actualizar la información sobre las áreas de yeísmo y de persistencia de "ll" en Chile, pero los mapas decididamente no traducen la información proporcionada.

En 1979-1980, Juan Zamora Munné también se refiere al tema a propósito de la clasificación dialectal del español americano que él propone, con criterios algo distintos a los de sus predecesores José Pedro Rona, D. L. Canfield, Pedro Henríquez Ureña y Juan Ignacio de Armas y Céspedes (olvidando mencionar a Melvyn C. Resnick, que también se ha ocupado del tema). En efecto, el punto de vista que plantea lo lleva a considerar el yeísmo como fenómeno útil sólo para la subclasificación de las 9 grandes zonas que propone. Y en este ámbito, para él Chile es yeísta en la región central y lleísta en el sur, sin mayor especificación de límites (Moreno 1993: 94), y sin preocuparse de la existencia de una región norte en el país, lo que sugiere que tomó la información de otro estudioso, probablemente de Zamora Vicente 1960.

María Vaquero, en el volumen I dedicado a la pronunciación del español de América, al referirse a la distribución de los fonemas palatal central y lateral en Chile se vale de dos fuentes temporalmente muy diferentes y que confunden, por decir lo menos: cita a Canfield 1964, mapa V, para indicar que hay "distinción de ambos fonemas, con realizaciones diferentes de cada uno, presente en (...) y el Norte de Chile y Argentina)..." (Vaquero 1996: 39) y recurre a Rabanales 1992 para decir que en Chile "hoy es general la nivelación yeísta" (Vaquero 1996: 40). La aseveración de Rabanales es el resultado de una apreciación producto de su experiencia como hablante del país y probablemente de noticias puntuales sobre el comportamiento del fenómeno, que es observado por igual a lo largo de todo el país, por lo que le parece hay que tenerlo -junto con otra decena al menos- como general. Doce años antes decía: "queda una que otra región donde se hace todavía (y tal vez no por mucho tiempo) la diferencia" (Rabanales 1980: 448), pero no identificaba ninguna. La referencia de Canfield, por su parte, sobre la "distinción de ambos fonemas" en el norte de Chile es tan poco precisa como otras que hemos registrado, por lo que induce fácilmente a error (el norte de Chile se extiende, en una mirada de conjunto, para los chilenos, desde el grado 18 al 32 aproximadamente, un vastísimo territorio).

Es Rodolfo Oroz, en 1963, y con mayor precisión en 1964 y 1966, quien por vez primera entrega, modernamente, antecedentes acerca de la distribución de este y otros fenómenos lingüísticos a través de un medio objetivo como es la encuesta, aunque ésta no sea directa sino por correspondencia, lo que tiene varios inconvenientes, y que complementa con otro tipo de fuentes, como son los testimonios de la literatura nacional.

Para Oroz, la realidad lingüística de 1966 es muy distinta de la de setenta años atrás, cuando Lenz publicara sus Estudios Chilenos. Dice: "En verdad, aún se desconocen las áreas precisas del 'lleísmo' y evidentemente existen ciertos islotes en el sur, donde se conserva la Ò" (1966: 117). Aparte de comprobar que casi todo el país es yeísta (a través de los resultados proporcionados por encuestas en 25 lugares), la información que posee sobre la manifestación de la palatal lateral sólo le permite decir: "Por otra parte, hay, según parece, algunos islotes de lleísmo en el sur únicamente, sobre todo en regiones cordilleranas algo apartadas (...) que están sin duda, condenados a desaparecer" (1966: 119-120; el subrayado es nuestro). Y ellos serían, de norte a sur: Talca, Quirihue, Cauquenes, Antuco, Los Angeles, Angol, Cautín y Coyhaique. Sin embargo, el mapa D que fija las áreas de yeísmo y lleísmo no representa los islotes sino un territorio continuo que va del grado 35 hasta el 43, lo que lo hace prácticamente inútil.

Sólo a partir del año siguiente se estará en condiciones de contar con referencias precisas sobre algunos de estos enclaves de distinción, y ello se debe a una serie de investigaciones de campo que entregan datos proporcionados por fuentes fidedignas, la mayoría de las veces a través del método geográfico-lingüístico. La primera de ellas documenta la prepalatal lateral en Llifén, localidad precordillerana de la provincia de Valdivia, en medio de una región muy mayoritariamente yeísta, a partir de datos obtenidos en 1963 (Wagner 1967). Más al norte, en la provincia de Cautín, entre los grados 38 y 39, se encontró en 1970 el mayor número de islotes de supervivencia de "ll", aparentemente favorecida por la existencia de sonido semejante en el mapudungu hablado por los mapuches de la región: Carahue, Villarrica, Toltén, Loncoche y Gorbea (Ramírez 1971). La coexistencia de ambos elementos, con oposición débil y sin valor fonológico, es también regular en el salar de Atacama (entre los grados 23 y 24), zona también precordillerana (Rodríguez et al. 1981), y en la provincia de Parinacota, en el extremo noreste del país, grado 18, donde se practica la distinción con más notoriedad en el estrato bajo que en el alto (Contardo y Espinosa 1995).

La mención de estos islotes lingüísticos no significa que sean los únicos existentes. Sólo testimonian la existencia de distinción en esos lugares investigados por medio de métodos sistemáticos, por lo demás en épocas diferentes, como se ha visto (Wagner 1996). Una red de encuestas como la que proporciona el método geolingüístico que cubra todo el país es la única forma de tener certeza sobre la distribución de las variantes de un fonema como el que nos interesa ahora. Con el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Chile, ALECh, estamos en condiciones de satisfacer esta exigencia.

II. LA DISTRIBUCIÓN ACTUAL DE LA "LL" [l7]

El material proporcionado por el ALECh permitió observar el comportamiento fonético de la "ll" en cuatro contextos diferentes: a. sílaba inacentuada y vocales a, e, o -10 cuello, 12 mejillas, 45 calzoncillos, 132 llevar a hombros, 268 lloviznar, 294 llanura, 295 valle, 463 botella; b. sílaba acentuada inicial y vocales a, e -157 tú la llevas, 457 llave, 959 llanta-; c. sílaba acentuada media y vocales a, e, i -314 gallina, 641 amarillento, 16 encuclillarse-; y d. Sílaba acentuada final y vocales a, i -202 hollín, 393 aullar1.

Hemos registrado siete tipos de realizaciones2, sin contar alguna otra en territorio fronterizo extranjero3. De ellas, seis corresponden a variantes de la palatal central sonora /y/, con el 99.3% de las ocurrencias, y una sola, a la palatal lateral, con el 0.7%, representada gráficamente en español por la "ll" y fonéticamente por [l7]. Este exiguo porcentaje está dado por escasas 16 ocurrencias que se registraron en ocho localidades: dos en el norte, en Toconce, grado 22, y en Peine, grado 24, que se encuentran en el hábitat de los antiguos atacameños; y las otras seis entre los grados 39 y 40, al sur de Temuco y norte de la ciudad de Valdivia, en territorio de influencia mapuche: Mañío, Huala, Las Hortensias, Rucaco, Contra y Lumaco-Ñancul.

Las realizaciones de la palatal central fricativa sonora /y/, por el contrario, en conjunto se elevan a 2.120 ocurrencias, lo que representa ese 99.3% que se mencionaba más arriba.

El detalle de estas realizaciones, en orden de mayor a menor frecuencia, es el siguiente:

1. Una palatal central fricativa sonora [y]. Presenta 1.564 ocurrencias, que representan un 73.8%. Se registra en las 4 zonas del ALECh, es decir, a lo largo de todo el país y de manera más o menos pareja, salvo en la región sur, donde predomina abiertamente sobre cualquier otra variante: norte (371 casos, que representan un 70.9% zonal, y un 23.7% de ese total); centro (404 casos, que representan un 68.6% zonal, y un 25.8% de ese total); sur (479 casos, que representan un 84.6% zonal, y un 30.6% de ese total); y sur-austral (310 casos, que representan un 67.7% zonal, y un 19.8% de ese total).

De las restantes cinco realizaciones, interesa destacar que ninguna de ellas alcanza la frecuencia de uso de la palatal central fricativa sonora [y], recién descrita.

2. Una palatal central sonora muy abierta con tendencia a semivocal . Se registran 318 ocurrencias, que representan un 15%. También se presenta en las 4 zonas del ALECh, pero con claro predominio en la zona norte: 150 ocurrencias frente a un promedio de 56 en las otras zonas. Esos 150 casos representan el 28.7% zonal y un 47.2 de ese total; en cambio, en el centro se registraron 59 ocurrencias que representan un 10% zonal y un 18.6% del total; en el sur, 48 casos, que significan un 8.5% zonal y un 15.1% de ese total; finalmente, en la zona sur-austral fueron registrados 61 casos entre Valdivia (grado 40) y el centro de la isla de Chiloé (grado 42 aprox.), que representan el 13.3 zonal y 19.2 del total, con un enclave más al sur, en Cochrane (grado 47). Este alófono es decididamente la variante nortina de la /y/.

3. Una palatal central sonora ligeramente rehilada . Presenta 169 ocurrencias, que representan un 8%. No se presenta en la zona norte. Es registrada por vez primera en El Melón, región central, y hacia el sur, en las restantes zonas: central (62 casos, que representan un 10.5% zonal, y un 36.7% ese total); sur (33 casos, que representan un 5.8% zonal, y un 19.5% de ese total); y sur-austral (74 casos, que representan un 16.2% zonal, y un 43.8% de ese total). Esto significa que se extiende desde el grado 33 hasta el extremo sur, incluyendo la localidad argentina de Río Grande, en la isla de Tierra del Fuego (fundada por chilenos de Porvenir y todavía hoy con una significativa población de ascendencia de la misma nacionalidad).

4. Una palatal central africada sonora . Con 62 ocurrencias, que constituyen apenas un 2.9% del total de respuestas obtenidas, y que representa la variante de la /y/ propia de la zona central, ya que allí se registraron 58 casos (9.5% zonal y 93.5% de ese total. En la zona sur sólo se presenta un caso (en Cholchol), y en la zona sur-austral, tres (en Cucao y Castro).

Las realizaciones restantes representan proporciones que están por debajo del 1% nacional. En efecto, se registra una palatal central africada sonora con el momento fricativo prolongado y rehilado sólo en cuatro oportunidades en la zona central (Hanga Roa, Santa Cruz, Curicó y Cauquenes) y una en la zona sur (Puerto Montt).

La otra variante es una palatal central africada semisorda que presenta sólo dos ocurrencias también en la zona central (Pedegua y Catapilco).

III. BALANCE

Lo que comenzó como un intento por delimitar la geografía de la palatal lateral sonora española en Chile terminó siendo, dada su bajísima aparición, un estudio de las realizaciones, y consecuente distribución geográfica, de la /y/, que han ocupado su lugar, es decir, del yeísmo (v. mapa).

Como lo demostrara el examen cronológico de la bibliografía sobre el uso de la "ll" en Chile, su distinción con la y ha ido perdiendo terreno paulatinamente, imponiéndose el yeísmo innovador de manera casi absoluta en algo más de un siglo. El análisis del material es determinante en este sentido: las dos amplias zonas norte y sur del territorio chileno, distinguidoras todavía a fines del siglo XIX, según lo señalara Lenz, se han reducido a dos pequeños enclaves: uno en el norte, tras la cordillera de Domeyko, en los extremos, norte y sur respectivamente, del hábitat de los antiguos atacameños o lican-antai, pueblo precolombino de cuya lengua, el kunza, quedan escasísimos testimonios; pero también área en que se produce frecuente contacto de tipo comercial con bolivianos de ascendencia quechua; el otro enclave agrupa a seis localidades ubicadas al sur de Temuco y norte de la ciudad de Valdivia, en un área más o menos acotada donde se asienta hasta hoy el núcleo del pueblo mapuche y la mayor parte de los mapudungu-hablantes. Según estos mismos materiales, de los islotes de lleísmo (Talca, Quirihue, Cauquenes, Antuco, Los Angeles, Angol, Cautín y Coyhaique) que en 1966 a Oroz le parecía que existían en el sur de Chile, fue confirmado, y parcialmente, sólo el referente a Cautín.

No es un despropósito pensar que la existencia en mapudungu del sonido palatal lateral haya favorecido la subsistencia de este alófono de /y/ en el español de esta región sureña. Esto difícilmente puede decirse del kunza respecto del español hablado en la mencionada región del norte -naturalmente como influencia de sustrato fonético en el español-, pero sí pudiera proponerse del quechua, que coexiste con el español de esa zona y en el que se registra tal sonido, lo que nos entregaría una explicación plausible de la persistencia sólo en esas latitudes de un sonido ya desaparecido en el resto del país. Pero, por otro lado, es notable que la localidad de Tacna acuse el uso de la palatal lateral en los dos registros, alto y bajo4, y ella no sea registrada en Arica, ciudad chilena a pocos kilómetros de la frontera, con la que tiene intercambio cotidiano; cosa similar ocurre con Charaña, localidad boliviana fronteriza que registra la palatal lateral, en tanto que Visviri, localidad en el extremo noreste de Chile, prácticamente a un paso de ella, no la acusa5. Agreguemos a esto que los datos sobre la repartición de la "ll" en Chile realmente no dan pie como para pensar que su actual distribución pudiera mantenerse; muy por el contrario, su constante retroceso ante las distintas variantes de /y/ solo autoriza a pronosticar su desaparición en un lapso más breve que largo.

Tampoco los contextos de ocurrencia parecen haber jugado un papel en el mayor o menor uso de la "ll". Ninguno ha favorecido la subsistencia de la variante en análisis, porque en el registro se pudo comprobar su presencia en los cuatro contextos definidos: sílaba inacentuada, acentuada inicial, media y final y ante cualquier vocal, aunque con una mayor tendencia a aparecer en sílaba acentuada, especialmente en sílaba media.

Ahora bien, los materiales que nos han servido para este análisis provienen de un atlas lingüístico de carácter nacional, el ALECh, que por definición maneja una red de poca densidad6, lo que significa que es probable que haya otras localidades donde subsista el alófono en estudio. Los atlas regionales, con redes de puntos más densas, permitirían disipar las dudas.

Con respecto a la distribución y frecuencia de los alófonos de la /y/ resultantes de la nivelación de los dos fonemas en uno, el análisis demuestra la existencia de varias realizaciones: 1. una palatal central fricativa sonora [y], con un predominio indiscutible (73.8%), ya que la que le sigue de más cerca alcanza sólo el 15%, que se extiende prácticamente por todo el territorio encuestado (desde Visviri a Río Grande); 2. una palatal central sonora muy abierta con tendencia a semivocal (15%), que se concentra predominantemente (tres veces más que en las otras regiones) en la zona norte (desde Tacna a Combarbalá), y se usa en las otras tres zonas, con frecuencia similar, bastante más baja, llegando hasta Cucao, en la costa centro-occidental de Chiloé, es decir, la parte septentrional de nuestra zona sur-austral; 3. una palatal central sonora ligeramente rehilada (8%), que cubre el territorio de manera desigual desde el centro del país hasta el extremo sur (de El Melón a Río Grande), con mayor concentración en nuestra zona central (desde El Melón hasta Rari) y en la zona sur-austral (desde la ciudad de Valdivia a Río Grande), y menor presencia en el sur; y 4. una palatal central africada sonora (2.9%), que se concentra casi exclusivamente en la zona central (desde El Melón a Pelluhue), con cuatro apariciones aisladas hacia el sur (en Cholchol, Castro y Cucao).

Las dos realizaciones restantes corresponden, como ya se ha dicho, a apariciones ocasionales, y se concentran exclusivamente en la zona central.

Dicho de otro modo: con respecto a las realizaciones de la /y/ -dejando de lado la variante palatal lateral, en retirada-, hay que concluir que en todo el país prevalece, y sin contrapeso, la variante palatal central o estándar. Sin embargo, otras tres variantes coexisten con aquella en áreas menores, más o menos definidas, que tienden a coincidir con las cuatro grandes zonas geográficas que hemos establecido para la conformación del ALECh (Wagner 1998:124) y cuya identidad con zonas dialectales intentamos demostrar. En efecto, en la zona central aparece una palatal africada sonora que no se registra en otras zonas, como se puede ver en el mapa; desde El Melón (zona central) al sur coexiste con la palatal central una palatal central ligeramente rehilada, lo que deja la zona norte aparte; finalmente, una articulación muy abierta de la /y/ con tendencia a semivocal, aunque se registra en todo el territorio, predomina abiertamente en la zona norte7.

En las regiones yeístas -y está claro que Chile es una de ellas, en relación con Hispanoamérica- la confluencia de /l7/ y /y/ ofrece variantes que tienden a debilitar la y, y otras que la refuerzan. Las variantes chilenas, por cierto, están entre las primeras, ya que el rehilamiento, que aparece como refuerzo articulatorio, cuando se da es siempre débil.

Este cuadro nos revela que la distribución de las otras variantes de /y/ -que siempre coexisten con la palatal central- no responde a un polimorfismo azaroso; ella dibuja cierta preferencia areal, porque estas variantes han surgido en unas áreas y no en otras, y esto naturalmente permite por lo menos caracterizar estos espacios aunque no explicar la preferencia por unas variantes y no otras. En este sentido, dos zonas destacan: la zona norte por ser la más simple, ya que en ella sólo coexisten la palatal central con la variante con tendencia a la semivocal; y la zona central, donde se han generado y conviven, con frecuencias de uso muy desiguales, todas las variantes registradas en el territorio: además de las mencionadas, la palatal central ligeramente rehilada y la africada sonora, e incluso aquellas incipientes que aún no se han difundido: la variante africada sonora con el momento fricativo prolongado y rehilado, y la africada semisorda.

Esta distribución sugiere que la zona central es el foco irradiador de las variantes mencionadas, que se han ido extendiendo, o están en proceso de hacerlo, hacia el sur y hacia el norte. No es raro que sea así si se considera el papel que esta zona, en la que se encuentra Santiago, la capital del país, ha jugado en la historia de la formación de la nacionalidad chilena, en la cual la incorporación -en etapas sucesivas- de los territorios al sur del Bío-Bío y al norte de Santiago constituye un capítulo crucial.

La evolución del español hablado en Chile ha sido naturalmente paralela a estos hechos, y los datos lingüísticos así parecen confirmarlo: la variante estándar es la única que ha subsistido sin competencia en varias localidades, y precisamente no en la zona central, donde han surgido todas las innovaciones, sino en las restantes, que son las áreas de contagio: siete puntos en la zona norte (Visviri, Chiu-Chiu, Calama, Mejillones, Caldera, Tulahuén y Salamanca), veintidós en la zona sur (General López, Temuco, San Antonio, Santa Inés, Villa Rivas, Caleta Lebu, Lota, La Laja, Yumbel, Angol, Troyo, San Ignacio, Chillán, Coihueco, San Camilo, San Fabián, Concepción, Tumbes, Tomé, Ranquelmo y Tancú) y cuatro en la sur-austral (Punicahuín, Villa Quinchao, Futaleufú y Punta Arenas).

La geolingüística nos permite así sorprender el proceso irrefrenable de avance del yeísmo -que terminará por hacer desaparecer los escasos islotes de lleísmo que hemos comprobado- y, al mismo tiempo, la difusión, que se revela muy desigual, de las nuevas variantes de la /y/ en Chile.

NOTAS

1 El criterio adoptado para la selección de los contextos fue la adecuada representación posicional de la"ll", y para la selección de los ítemes (15), la mayor productividad de respuestas obtenidas de manera general en el territorio nacional.

2 Las respuestas corresponden a 2.136 ocurrencias registradas en 235 encuestas realizadas en territorio chileno y 11 en localidades limítrofes de Argentina, Perú y Bolivia.

3 Se ha registrado una palatal central africada semisorda con el momento fricativo prolongado y rehilado [y] en las localidades limítrofes argentinas de Trevelín -en contacto habitual con la localidad chilena de Futalelfú- y Río Gallegos -en contacto habitual con Punta Arenas-, que no se presenta en territorio chileno.

4 Caravedo, cit. por Vaquero 1995, indica que en Perú el yeísmo está generalizado en la costa, pero "entre los hablantes mayores de la costa sur, quedan restos de la distinción antigua, con muchas vacilaciones". ¿Influencia del quechua? Sin embargo, si esta lengua coexiste con el español en Tacna, en Arica no tiene ninguna presencia.

5 En circunstancias de que en ambas el español convive con el aymara, que posee sonido semejante.

6 El cálculo promedio de un punto de encuesta del ALECh equivale a 1.336 km2 y 46.028 habitantes. Un atlas regional debiera tender a bajar ambos índices, al aumentar la red de puntos.

7 El comportamiento de los alófonos de la /y/ en la mayoría de las localidades extranjeras limítrofes coincide bastante con el de las localidades chilenas, según se podrá ver. En relación con Tacna, ya se dijo que se registró la variante lateral, pero solo en una proporción equivalente a un 25%. Las otras realizaciones son la palatal central sonora y la palatal central sonora muy abierta con tendencia a semivocal, siguiendo el comportamiento de Arica y de todo el norte de Chile. En Charaña la variante lateral también aparece en una proporción no superior al 25%; el 75% restante corresponde a la realización de la palatal central estándar. Con Mendoza y Codihué ocurre algo similar: ambas localidades coinciden con las variantes de nuestras zonas central y sur respectivamente. En Mendoza compiten con la palatal central fricativa predominante la variante africada sonora en el nivel bajo, y además la variante ligeramente rehilada en el nivel alto. En Codihué se registró tanto la variante estándar como la ligeramente rehilada, en similar proporción. Más al sur, solo en Los Antiguos volveremos a encontrar la variante estándar, en retirada ante la variante ligeramente rehilada, que será la única realización en Bariloche, en ambos niveles. Trevelin (en el grado 43) y Río Gallegos (grado 51), por el contrario, no comparten las realizaciones de la zona sur-austral: en ellas compiten las variantes palatal central africada sonora con el momento fricativo prolongado y rehilado, y la palatal central africada semisorda con el momento fricativo prolongado y rehilado, con diferencia de frecuencia de uso muy marcada.

 

Universidad Austral de Chile
Facultad de Filosofia y Humanidades

Instituto de Lingüística y Literatura

Casilla 567, Valdivia, Chile

E-mail: cwagner@uach.cl

 

OBRAS CITADAS

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ANEXO

Mapa distribución de "ll" y "y" en Chile

 

 

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