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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.36 Valdivia  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132001003600009 

 

Estudios Filológicos, N° 36, 2001, pp. 129-142

 

Toponimia chilena: "la lejana posesión" *

Chilean toponymy: "the far-away possession"

 

Guillermo Latorre

* Esta investigación se llevó a cabo gracias al apoyo de la University of Southern Indiana a través de su Fondo de Desarrollo Académico (Faculty Research and Creative Work Awards). Agradezco muy especialmente el estímulo de la Dra. Peggy Harrel, Directora del FRCWA, y los aportes de la Srta. Guisela Latorre Huerta, Illinois Program for Research in the Humanities, University of Illinois.


 

La toponimia de la Isla de Pascua está casi totalmente dominada por vocablos pascuenses. Este predominio ha aumentado a pesar de las expediciones holandesas, españolas e inglesas durante el siglo XVIII, las misiones religiosas francesas, las asonadas esclavistas desde Perú y la toma de posesión y administración chilenas durante el siglo siguiente. Estas visitas, muy especialmente la de la expedición española de 1770, deberían haber extinguido los topónimos rapa nui, como ha sucedido con otras lenguas autóctonas en Chile. Muy por el contrario, muchos nombres pascuenses ya se habían establecido a mediados del siglo XIX y con la administración chilena se ha producido un aumento en la toponimia vernácula, hasta el punto de que ella es dominante en la actualidad. La supervivencia del rapa nui como lengua viva es solamente uno de los factores que explican este predominio.

 

The toponymy of Easter Island is almost completely dominated by names in Rapa Nui, the native language. This dominance has increased in spite of the Dutch, Spanish and English expeditions during the eighteenth century as well as the French religious missions, the slave raids from Peru , and the Chilean administration of the island during the following century. All of these, particularly the Spanish expedition of 1770, should have resulted in the extinction of the Rapa Nui toponymy, as has happened with other native languages in Chile. Quite the contrary, many native place names were already established by the middle of the nineteenth century; under Chilean administration there has been an increase in the vernacular place names, to such an extent that the latter are dominant at present. The survival of Rapa Nui as a living language is just one of the factors accounting for this dominance.


 

INTRODUCCION

Tradicionalmente los geógrafos han usado la expresiones "islas esporádicas" (Anrique y Silva 1902: 426; Guía 1994: 258) y "ambiente oceánico" (Toledo y Zapater 1989: 103-105) para referirse a aquellos territorios insulares que no forman parte de los grandes archipiélagos que se extienden desde Chiloé hasta el extremo sur del continente, es decir las llamadas islas litorales (Anrique y Silva 1902: 282)1. Las islas esporádicas incluyen la Isla de Pascua y el Archipiélago Juan Fernández como componentes principales, y también islas menores. Al enfocar aquí la toponimia de Pascua, se pretende documentar los aportes que distintos idiomas han hecho al castellano, la lengua oficial de Chile, y agregar más antecedentes a la diferenciación regional ya determinada para el Norte Grande y el extremo sur (Latorre 1997; Latorre 1998). La Isla de Pascua es especialmente importante para considerar la toponimia autóctona y las razones de su extinción o supervivencia.

Al ser una rama de la onomástica, los estudios toponímicos son una disciplina que forma parte de la lingüística (Crystal 1987: 112-115) o está conectada con ella, por tener un enfoque que es externo al lenguaje o a la lengua misma (Ramírez Sánchez 1988: 12). Esta exterioridad explica por qué los estudios toponímicos inevitablemente incluyen consideraciones históricas, geográficas y sociales al analizar los datos lingüísticos. Tales consideraciones deben estar muy presentes si tratamos de explicar un hecho tan patente como el predominio casi absoluto de nombres autóctonos en la toponimia de la Isla de Pascua. Vale la pena estudiar esta supervivencia de lo vernáculo a pesar de casi tres siglos de intensos contactos con Europa e Hispanoamérica.

Es preciso hacer dos aclaraciones previas sobre el presente trabajo. En primer lugar, el objetivo aquí difiere del enfoque antropológico que caracteriza a otras investigaciones que tratan o aluden a la toponimia pascuense como parte de estudios más amplios sobre la cultura autóctona de "la lejana posesión" (por ejemplo, Barthel 1962; Charlín Ojeda 1947; Rjabchikov 1997 y 1998; Van Tilburg 1994). El propósito de estas páginas es documentar cómo la toponimia nativa actual refleja la actitud de la cultura dominante hacia un aspecto de la lengua pascuense. Si se quiere, lo que se intenta aquí es casi el reverso de lo que trata la abundante bibliografía sobre Pascua.

En segundo lugar, no hay, en los párrafos que siguen, intento alguno de clasificación toponímica. Todo enfoque clasificatorio de fenómenos lingüísticos conduce casi inevitablemente a postular universales, ya sea como absolutos o tendencias, implicacionales o no. Es un tema irresistible, pero habrá que rechazar la tentación por ahora. Espero abordarlo en futuros trabajos, usando no solamente los datos sobre Rapa Nui, sino que también aquellos provenientes de previas indagaciones sobre la toponimia de todo Chile.

La actual toponimia se explica en parte por la supervivencia del rapa nui como lengua de uso corriente (Wagner 1982: 173), con unos 2.200 hablantes según cifras de 1981 (The Ethnologue 1996). Así, la toponimia pascuense se ha mantenido ayudada por la vigencia más que centenaria de la lengua autóctona. Aquella se ha mantenido a pesar de incidentes históricos que deberían haber causado su extinción. Después de la expedición de Roggeveen en 1722, pasaron 48 años antes de la llegada de nuevos visitantes europeos2.

LOS NOMBRES DE PASCUA3

Roggeveen nos ha dejado el primer topónimo europeo con proyecciones a futuro: Paaschen u. Oster Eilandt (Asta-Buruaga 1899: 522). En versión castellana, este nombre se impuso a otro alternativo. En su Descripción de los nuevos descubrimientos hechos [...] en este Oceano Pacifico (1773-1777), José de Moraleda anota que se le conocía como Isla de David, "por Eduardo David, de nación inglés [sic]..."(Descripción... en Anrique 1897: 1). Después de Roggeveen, en 1770 desembarcó en Pascua el navegante español Felipe González de Haedo, comisionado por el Virrey del Perú. El resultado fue un nuevo bautismo: Isla de San Carlos, en honor al entonces Rey de España. Por sus alcances, esta visita debió haber borrado la toponimia rapa nui del todo, reemplazándola por denominaciones enteramente españolas. Sin embargo, la nueva denominación quedó olvidada, junto con toda una extensa toponimia castellana, por razones que exploraremos más adelante.

La tendencia hacia designaciones europeas para la isla continuó con un mapa firmado por D. Thomás Mauricio López en 1797, el cual muestra la Isla de Pascuas [sic] o Tierra de Davis e intenta una representación detallada de la topografía sin consignar nombres de lugares (Mellén 1986: 94). Esta vendría a ser una de las primeras versiones castellanas de Oster Eilandt e indica que las designaciones de Roggeveen y Davis se habían impuesto hacia fines del siglo XVIII a pesar de los detallados trabajos de los cartógrafos de la expedición González. En cuanto a Isla de San Carlos, cambios políticos en la Península pueden explicar el abandono del topónimo por el cartógrafo español López. Más adelante volveremos sobre el abandono de la toponimia española.

Curiosamente, las asonadas esclavistas que asolaron la isla en el siglo XIX crearon una serie de designaciones falsas que han quedado consignadas en los documentos del infame comercio: Baijee, Oroa, Estea, Paipay, Hyaram, Independencia, Necua, Typic. Toda esta falsa toponimia se originó "en la falaz invención de los capitanes esclavistas en su afán de disfrazar la procedencia del abastecimiento humano" (Conte Oliveros 1994: 33). Es bien posible que Typic esté basado en un nombre anterior registrado ya en mapas del siglo XVIII, según lo atestigua el nombre Teapy como aparentemente autóctono, junto al alternativo inglés de Davis’s Land en un mapa firmado por A. Arrowsmith. (Mapa 1798). Actualmente no dispongo de antecedentes acerca del origen tanto de Teapy como de aquellos falsos topónimos. El mapa de Arrowsmith deja constancia que la isla estaba habitada, presumiblemente por aborígenes, lo cual vendría a explicar el primer lugar asignado al nombre supuestamente nativo. El cartógrafo inglés desconoce por completo los trabajos de la expedición de González de Haedo, explicable, ya que éstos fueron prontamente puestos fuera del alcance de los potenciales enemigos de la Corona.

Pero ya a fines del siglo XIX empieza a aparecer Rapa Nui como alternativo y con carácter casi oficial (por ejemplo, Mapa 1870, Mapa 1888, Bastian 1872, Maclay 1872, Velain 1881, Espinoza 1903: mapa N° 3). Esta designación no es autóctona, ya que fue usada por primera vez por el misionero Eugenio Reynaud, según Charlín Ojeda. Parece provenir del tahitiano y significa ‘isla grande’. La motivación obedeció al deseo de distinguir entre la misión en Pascua y otra que existía en la isla polinésica de Rapa-Iti, es decir, ‘isla chica’ (Charlín Ojeda 1947: 185)4.

Como es bien sabido, existían nombres auténticamente nativos: Te-Pito-te-henua, Mate-ki-te rangi ‘isla cuyos ojos hablan al cielo’ y Tamariki ‘isla de los nobles’ (Charlín Ojeda 1947: 147 y 190, respectivamente). Estas dos últimas cayeron en desuso, y solamente la primera (‘ombligo del mundo’) sale a colación como otro de los nombres vernáculos. De hecho, aparece consignado como alternativo a Easter Island en un informe presentado en 1891 por W.J. Thomson (citado por Rjabchikov 1998: 281). El nombre tiene origen mitológico, pero originalmente estaba limitado a Rano Raraku y Rano Kau, no a la totalidad de la isla. Recientemente se ha cuestionado la acepción de ‘ombligo’ y favorecido otra: land’s end ‘fin de la tierra’ (Van Tilburg 1994: 46-47). Pero Rapa Nui, el nombre autóctono de origen más tahitiano atribuido al Hno. Reynaud, ha quedado como cuasi-oficial junto con el de Isla de Pascua.

Sin embargo, esta condición semioficial no está contemplada en la ley N° 16.441, la cual declaró a la isla y sus aledaños como departamento de la provincia de Valparaíso: "Crea el departamento de Isla de Pascua en la provincia de Valparaíso, que comprenderá los territorios de las islas de Pascua y de Sala y Gómez..." (Diario Oficial N° 26.378, 1° de marzo de 1966). No obstante el decreto oficial, Rapa Nui se mantiene como designación alternativa muy frecuente (Mapa 1968, Mapa 1988, Mapa 1991, Guía 1994: 261-262). Este caso bien podría ser el ejemplo más temprano de un topónimo no europeo impuesto por un visitante europeo. Aquí empezamos a vislumbrar cuán importantes fueron los exploradores y misioneros europeos para preservar la toponimia oceánica autóctona.

HANGA, RANO, MAUNGA, MOTU, ANA Y AHU

Si la toponimia pascuense algo tiene en común con la del Norte Grande y la del ambiente templado húmedo (o Región de los Lagos, en la terminología popular) es en el predominio casi absoluto de las voces autóctonas, a su vez reflejo de otra realidad común a las tres zonas: lenguas indígenas en plena vigencia. En el caso de Pascua, la presencia nativa se ve amplificada por los monumentos y artefactos de la cultura que existían en la isla con anterioridad a la llegada de los primeros europeos. El pasado histórico y la continuidad lingüística explican la toponimia pascuense, en una primera aproximación. Y la toponimia de la isla está dominada por voces autóctonas.

Es tal la preponderancia de los lugares con nombres en rapa nui que apenas si dejan espacio para topónimos en lenguas europeas. Estos últimos se ubican en la costa y no superan la docena: los cabos Norte, O’Higgins, Cumming, Roggeveen y Sur, la bahía La Pérouse, las puntas Redonda, Cuidado, Angamos, Rosalía, Islotes, Espolón, Cook y Baquedano. El mapa en el APENDICE B (fuentes: Parrochia Beguin 1987: 61, Mapa 1991) ilustra cómo esta última toponimia está limitada a accidentes costeros. En cambio la toponimia nativa no conoce limitación alguna, según lo documenta la muestra incluida en el APENDICE A (fuente: Mapa 1988). En efecto, llevan designaciones en pascuense la totalidad de los accidentes geográficos más importantes: montañas, playas, cráteres volcánicos, isletas y roqueríos, según lo demuestra el referido mapa. Esta preponderancia había adquirido reconocimiento internacional antes de mediados del siglo XX: un mapa publicado por la Geological Society of America en 1937 incluía 29 designaciones, de las cuales solamente dos no eran pascuenses: Pérouse Bay (sic) y Cooks Bay (sic). Los restantes 27 son ya totalmente autóctonos o combinaciones de pascuense con castellano (Cerro Roraka, el actual Rano Raraku) o con inglés (Anakena Bay). Como es de esperar, hay algunas diferencias ortográficas pero ellas no oscurecen la presencia mayoritaria del rapa nui (Mapa 1937).

A fin de organizar los datos, en esta sección empezaremos con ciertos nombres compuestos, uno de cuyos componentes aparece con bastante frecuencia en la toponimia isleña. Se trata de geónimos que designan un tipo de accidente geográfico: maunga (‘cerro’, ‘montaña’), hanga (‘bahía, ‘ensenada’), rano (‘laguna en cráter volcánico’) y motu (‘islote, roca en el mar’). Estos geónimos se unen a otros elementos para formar términos compuestos con la estructura [Snúcleo + Smodificante]. Estos cuatro elementos son sumamente productivos, según lo ilustran los ejemplos de la tabla 1.

La tabla 1 presenta solamente ejemplos de cada combinación. Para maunga, los casos documentados alcanzan a 30 (Charlín Ojeda 1947: 149-154; Fuentes 1960: 258) constituyéndose en el geónimo más productivo de la toponimia isleña. Eso sí, se ha cuestionado su obligatoriedad dentro del compuesto, ya que parece tratarse de un término opcional (Schuhmacher 1990a: 90). Los mapas actuales alternan entre su total inclusión (Mapa 1988) y su total exclusión (Mapa 1991). Es bien posible que otros compuestos hayan desaparecido. Por ejemplo, existen informes nativos que hablan de Maunga Marengo, nombre vernáculo para el actual Orito, al paso que existiría Maunga Eo como designación anterior para Rano Raraku (Barthel 1962: 100-101). Cabe hacer notar aquí la similitud existente entre el rapa nui maunga y el hawaiano mauna, reflejo de dos idiomas con una coincidencia léxica de 64% (The Ethnologue 1996): Mauna Kea (= ‘montaña blanca’) y Mauna Loa (= ‘montaña larga’). Este paralelismo es explicable: ambos idiomas pertenecen a la rama oriental de las lenguas polinésicas, con el pascuense como miembro aparte del grupo Central occidental, rama marquésica, la cual incluye al hawaiano (Van Tilburg 1994: 41). Por otra parte, el geónimo ha sido conectado con el protopolinesio * ma’unga (Schuhmacher 1990a: 90). La coincidencia con el hawaiano no se limita al léxico. También ella existe a nivel sintáctico: tanto el pascuense como el hawaiano, por ejemplo, favorecen los nominales compuestos [Snúcleo + Smodificante] para los topónimos.

 

Tabla 1
Topónimos compuestos

Snúcleo

Smodificante
Maunga
Terevaka
Maunga
Kuma
Maunga
Puakatiki
Hanga
Roa
Hanga
Piko
Hanga
Maihiku
Hanga
Hotuiti
Rano
Raraku
Rano
Kau
Rano
Mariku
Motu
Iti
Motu
Nui
Motu
Tautara

Fuente: Mapa 1988.

 

Los equivalentes castellanos son problemáticos, ya que algunas de las etimologías existentes resultan difíciles de precisar. Por ejemplo, Rano Raraku es objeto de dos interpretaciones de no fácil conciliación. En una interpretación se habla de ‘lago de los talladores de estatuas’, aunque también se contempla un origen con el nombre de un escultor llamado Raraku (Englert 1938: 241). Pero otra versión alude a una ‘laguna del cráter rayado o con surcos, o estriado’ (Charlín Ojeda 1947: 183). La primera aparece como más probable, ya que el sitio es bien conocido como cantera de moais.

Ya hubo ocasión de referirse a maunga como término opcional; no se da tal alternancia para rano, el cual aparece como parte obligatoria de los topónimos pascuenses desde los mapas más tempranos, como ser el de Espinoza (1903: mapa N° 3). Se ha propuesto la hipótesis que Rano Kau y Rano Raraku habrían sido designados como (Maunga?) Poko Uri y Maunga Eo respectivamente. El cambio se habría producido "cuando un volcán sin lago se convirtió en uno con lago" (Schuhmacher 1990a: 90, 1990b:150, traducción mía). Afirmación tan indefendible ha sido objeto de una apresurada rectificación: realmente se trata de un desplazamiento denotacional (‘denotation shift’, Schuhmacher 1991: 50 ). La designación original de rano = ‘lago, laguna (dentro de un cráter)’ destacaba no la montaña sino el lago; era un hidrónimo, no un orónimo, como se consigna actualmente. La responsabilidad por el desplazamiento denotacional recae sobre los cartógrafos desde mediados del siglo XIX. En otras palabras, el desplazamiento fue introducido por los hispanohablantes, no por los pascuenses.

En otros casos las interpretaciones son divergentes, pero giran alrededor de un término común. Por ejemplo, Maunga Terevaka puede corresponder ya sea a ‘pescador que sale en bote’ (Englert) o ‘[cerro] del pescador’ (Charlín Ojeda).

Otra versión más alejada es como sigue:

Terevaka < tere ‘extraer’ + vaka ‘canoa’

De este modo, el topónimo aludiría al "período durante el cual el monte estuvo cubierto de árboles, materia prima para la fabricación de botes" (Schuhmacher 1990b: 150, traducción mía). Finalmente, Terevaka ha sido objeto de una interpretación mítica en términos del "bote de la deidad solar lunar" (Rjabchikov 1998: 279).

Otros vocablos son más transparentes: Hanga Roa, Hanga Piko, Motu Iti y Motu Nui. Finalmente, Maunga Puakatiki puede ser un topónimo acuñado en la lengua autóctona, pero bajo la influencia de la lengua y cultura dominantes. La etimología más aceptada es sugerente:

Puaka ‘animal vacuno’ + tiki < tiaki ‘vigilar, custodiar’
> ‘cerro para vigilar el ganado’

De ser efectiva esta etimología, estaríamos ante un topónimo de creación históricamente reciente: los vacunos no son nativos de la isla, ya que fueron introducidos a mediados del siglo XIX por los misioneros católicos (Charlín Ojeda 1947: 110-111). Alrededor de 1868 se formó una sociedad para usar extensos sectores de Pascua como haciendas ganaderas (Cristino et al. 1984: 14). Así podemos fijar mediados del siglo antepasado como la fecha más temprana para la acuñación de Maunga Puakatiki.

Los compuestos con ahu figuran de manera predominante en algunas fuentes: 18 entradas en un estudio antropológico (Van Tilburg 1994), 125 en el glosario de Charlín Ojeda (1947: 33-70), 279 en el inventario de Barthel (1962: 102-104), 159 en el Mapa 1988 (indicados sin dar nombres y solamente con una figura convencional). Es bien sabido que el término describe una plataforma construida especialmente para objetivos rituales y ceremoniales, lo que viene a diferenciarlo de las formaciones naturales como maunga, motu, ana y hanga. Esta abundancia en los estudios antropológicos se entiende: los investigadores se basaron en la tradición autóctona para la cual los ahu eran lugares importantes.

La cultura dominante ha descartado topónimos significativos para la cultura nativa y los ha reemplazado por designaciones para accidentes naturales. Por eso resulta irónico que parte del rapa nui haya sido "reciclada" para designar construcciones modernas como avenidas, hoteles, el aeropuerto y la estación de radio, como ya habrá ocasión de constatar. La condición actual de los compuestos con ahu como topónimos es más bien marginal, por lo que no figura en la cartografía más reciente (Mapa 1991 y Guía 1994, mapa 7). Aquí estamos ante una rica toponimia que ha desaparecido por la influencia de la cultura dominante. La presencia de los ahu en el Mapa 1988, excepción casi única, indica un claro deseo de facilitar el acceso de los turistas a estos monumentos.

Una segunda línea de toponimia aborigen, menos importante, fue la de los compuestos con ana ‘caverna’. Las cavernas de la isla tuvieron variadas funciones rituales: refugios en épocas prehistóricas, particularmente para los participantes en la ceremonia del manutara, lugares adornados con petroglifos y otras pinturas para el entierro de personajes importantes (Van Tilburg 1994: 66, 59, 103; Charlín Ojeda 1947: 73-74). Nueve de los sitios más importantes aparecen indicados con símbolos en el Mapa 1988, pero se registra un solo topónimo: Ana Te Hava Nui en la costa sudoriental. Este también está incluido en el inventario de 23 compuestos con ana estudiados por Charlín Ojeda (1947: 72-81). A pesar de su importancia original, los compuestos con este geónimo están ausentes de la cartografía oficial y solamente reemergen como sugerencias turísticas.

El predominio de voces autóctonas no se limita a la toponimia mayor. Si estudiamos el plano de Hanga Roa, el núcleo urbano de la isla, encontramos que los vocablos rapa nui están presentes hasta en los nombres de las calles. Junto a la Avenida de Circunvalación, la Avenida Policarpo Toro y la Avenida Pont, encontramos las calles Atamu Tekena, Hoto Matúa, Rei Pua, Pito o te Henua y Ara Rua Rakei, por no mencionar el aeropuerto de Mataveri. Ni los hoteles escapan a esta tendencia hacia el rapa nui (Guía 1994: 264-265). Incluso la propia estación de radio lleva nombre autóctono: Radio Manukena. También Hanga Roa ha sufrido un proceso de "rapanuización": fue fundada en 1868 como Villa de Santa María de Rapa Nui, localidad en la cual se concentró a la mayor parte de la población nativa por disposición del aventurero Dutrou Bornier y sus colaboradores (Cristino et al. 1984: 8-9). ¿Cuál es la causa de esta preponderancia? La historia isleña posterior a los primeros desembarcos europeos sugiere que debería haber sucedido todo lo contrario.

Para empezar, González de Haedo impuso el nombre de Isla de San Carlos, en honor al entonces Rey de España, como se ha dicho. Sus colaboradores exploraron la isla, tomaron posesión de ella en nombre de la Corona y, muy importante, levantaron mapas tanto de algunos lugares como de la isla en su totalidad: "los planos de la isla [...] realizados por los marinos españoles son los primeros que se conocen sobre isla de Pascua" (Mellén 1986: 58). Entre los mapas diseñados por don Juan Hervé, cartógrafo de la expedición, figura uno de la isla con una lista de 24 topónimos, todos ellos castellanos.

Hervé también confeccionó planos de la "ensenada de González", dando nombres a los principales accidentes de la zona. Una tercera carta refunde el contorno de la isla y el de la "ensenada de González", detalla los 24 topónimos, indica la profundidad de las aguas adyacentes y agrega un perfil de la isla vista desde el fondeadero. Existen dos versiones adicionales de este último mapa, las cuales perpetúan la toponimia de Hervé. Las visitas posteriores de Cook (en 1774) y La Pérouse (en 1786) no introdujeron cambios importantes, aparte de legar dos topónimos, uno de los cuales solamente existe en la actualidad: bahía La Pérouse. El nombre del navegante inglés para la bahía más importante terminó por ser desplazado en favor de Hanga Roa. Existe una Bahía de Cook situada más al norte de la de Hanga Roa (Mapa 1988). La tabla 2 compara la toponimia propuesta por la expedición González con designaciones pascuenses y con las consignadas por la cartografía actual.

 

 

Valgan algunos alcances sobre la tabla 2. En primer lugar, la ortografía de la columna 1 es la original según Mellén 1986. El asterisco (*) indica vocablos que no aparecen en el Mapa 1988, el asterisco doble (**) indica otro tanto para el Mapa 1968. En segundo lugar, los nombres de González de Haedo han desaparecido totalmente con la excepción de Punta Rosalía, recordatorio de la fragata Santa Rosalía, uno de los dos barcos de la expedición. Parece haber un nombre nativo más reciente: Ure Mamo’e (Charlín 1947: 199-200), pero en la actualidad tales designaciones se aplican a dos accidentes geográficos diferentes, separados por aproximadamente 500 m.

En segundo lugar, son clásicos los motivos detrás de casi todas las designaciones castellanas. Vemos topónimos conmemorativos (Ensenada de González, Caleta y Farallones de Langara), hagiográficos (S. Joseph, S. Antonio, etc.), descriptivos (Morro Negro, Punta Verde, Pan de Azúcar, etc.) y anecdóticos casi indescifrables (Punta de los Callos). Entendemos que callos se usa aquí en su acepción peninsular de ‘parte comestible del estómago vacuno’, pero no habría que descartar el significado más corriente, indicación de los trabajos de los esforzados remeros españoles.

En tercer lugar, resaltan algunas discrepancias entre las columnas 2 y 3. En algunos casos, los nombres pascuenses alternativos provienen de informantes nativos entrevistados por Mellén en la propia isla. Por ejemplo, para Anakena existiría un nombre original: Hanga Rau. Otro caso es el de los actuales islotes de Motu Tautara, con las designaciones autóctonas de Hepo y Maihoru (Mellén 1986: 98). No hemos podido ubicar tales alternativas en las cartas modernas. Otras discrepancias incluyen a Punta Rosalía, Cabo Norte y Pta. Vai Mata y Pta. Baja (Te Pau Roa, Vai Makati y Koe Koe respectivamente, en Mapa 1968).

En materia de discrepancias, ellas también existen entre distintas versiones de los mapas preparados por los propios españoles. Por ejemplo, Tres Cerros de las tres Cruzes han sido consignados como Tres Zerritos donde se colocaron 3 cruzes, el Arenal y Caleta de S. Juan figura como Puerta [sic] de Sn Juan buena para Lanchas, una Caleta de la Cueva aparece como Caleta de la Cueba por una grande que tiene, etc. Estas y otras diferencias se encuentran en un mapa proveniente de la misma expedición (Mapa 1803), actualmente en la Library of Congress, Washington, D.C., carta que no aparece en el inventario de mapas publicados por Mellén (Mellén 1986: 60-96). Estas discrepancias son menores, aparte de la tendencia a agregar información adicional a los topónimos.

CONCLUSION

En los mapas modernos buscaríamos en vano por la toponimia de Hervé5. Estamos ante el caso curioso de un lugar con más de dos siglos de visitas europeas y más de uno de influencia chilena y con una respetable tradición de cartografía en castellano, pero cuya toponimia mayor y menor conmemora la herencia autóctona. Parte de esta situación es explicable porque los trabajos de Hervé permanecieron archivados en España lejos del alcance de la que pronto dejaría de ser Capitanía General y Reyno de Chile. La invasión napoleónica y las luchas de la Independencia terminaron por alejar definitivamente el interés en la remota Rapa Nui.

Hay indicios que documentan la plena vigencia de los vocablos autóctonos ya a mediados del siglo XIX. El Hno. Eugenio Reynaud, que inició su misión apostólica en Pascua en 1864, nos habla de que "Ofrece la costa tres bahías principales en las que se puede desembarcar: Anakena al NO y Vahuí al S" (citado por Ramírez 1939: 65). Más adelante, la cartografía de la República reforzaría la preponderancia de los topónimos rapa nui. Así, en 1870 se conocían unas veinte designaciones, de las cuales solamente 5 no eran pascuenses (Mapa 1870). La proporción no había cambiado significativamente 18 años más tarde (Mapa 1888): de 34 topónimos, 25 eran pascuenses, con un caso de designación doble (Bahía de Cook o Hanga Roa).

Ya nos hemos referido al mapa de Espinoza (1903), que documenta la preponderancia de los topónimos rapa nui, con muy contadas excepciones. Esta carta también incluye las siguientes combinaciones de geónimo + topónimo: Hanga Roa Piko (hanga = ‘bahía’), Mutu Kaukau (el actual Mutu Kao Kao) y Mutu Nui (el actual Motu Nui, motu = ‘risco, peñón’, ‘islote’); Panokao [sic] (el actual Rano Kau), Ranororaca [sic] (actualmente Rano Raraku, rano = ‘laguna’ (Mellén 1986: 98) o ‘cráter’ (Mapa 1988)). Posteriormente se agregará otra serie de compuestos: Maunga Terevaka, Maunga Kume, Maunga Otu, etc. (maunga = ‘monte’). En mapas más detallados, los compuestos con maunga superan la veintena (Mapa 1988). La cartografía más reciente indica que ha habido una extensión, más bien que una erosión, de las voces pascuenses.

Los cartógrafos de la expedición González hicieron un trabajo notable por su acuciosidad y precisión. ¿Por qué se abandonaron las designaciones españolas? Ya he sugerido la Independencia y la hostilidad hacia lo peninsular, pero hay que agregar dos elementos. El primero fueron las políticas de la propia Corona. En efecto, el gobierno español de la época impuso un secreto tan absoluto sobre las expediciones y descubrimientos en América y Oceanía que, para el caso que ocupa, la cartografía y documentación aneja sobre Pascua han salido a plena luz solamente en este siglo (Mellén 1986: 21). A esto añadamos la preferencia de los investigadores por fuentes no-hispanas, supuestamente más confiables (Anson, Cook, Vancouver y La Pérouse), y el correspondiente descuido de las expediciones españolas (Mellén 1986: 21-22). La injusticia de tal descuido queda de manifiesto cuando se comparan las cartas españolas con las muy inferiores producidas por las expediciones inglesas posteriores (Mapa 177?, Mapa 1772-1775), las cuales se limitan a reproducir el perfil general de la isla, con muy burdos detalles orográficos y omitiendo totalmente la toponimia. La preferencia por lo europeo no español continúa en los mapas actuales con los nombres de Roggeveen, Cook y La Pérouse entre los topónimos no-pascuenses. El nombre del primero es particularmente inexplicable en vista de la masacre de nativos que acompañó la visita del navegante holandés, al paso que casi no ha quedado huella del aporte mucho más positivo de González de Haedo y Hervé.

No obstante, el largo abandono por parte de las potencias colonialistas trajo como consecuencia el fortalecimiento del rapa nui, de tal modo que visitantes posteriores tuvieron que recurrir a informantes nativos a fin de fijar nombres de lugares. Con el correr del tiempo, éstos fueron incorporándose a los mapas contemporáneos, proceso que se oficializó con la toma de posesión por parte de Chile. La seguridad nacional fue un fuerte argumento en favor de ocupar la isla. Recordemos las razones geopolíticas que se esgrimieron en la época (Ramírez 1939: 26-28). Estas imponían una cartografía adecuada con la correspondiente toponimia, que fue proporcionada mayormente por los aborígenes, únicos ocupantes permanentes de la isla por siglos. La fijación de la toponimia oficial se hizo respetando los informes nativos pero descartando algunos nombres con importancia para la cultura autóctona (compuestos con ahu y ana, por ejemplo). El toque final vino con la apertura al turismo desde 1950, la cual imponía la exaltación de lo autóctono como medio de atraer a los visitantes foráneos con "el encanto de lo exótico". La continuidad lingüística unida al estímulo del turismo han resultado en una topofilia autóctona de la cual ni los más modernos establecimientos, como se ha visto, han escapado. En suma, en este caso la cultura dominante ha sido un factor crucial no en la extinción de la toponimia autóctona, sino paradójicamente en la consolidación y extensión de ésta.

NOTAS

1 Las islas adyacentes al territorio continental obviamente caen bajo las constelaciones castellano/otros idiomas, válidas para las regiones a las cuales pertenecen. Por ejemplo, se ha atribuido un origen mapuche para el nombre de la isla Mocha (Armengol Valenzuela 1918 II: 67). De ser válida tal interpretación, ese nombre sería parte del elemento mapuche tan cerca del superestrato en la toponimia de Chile Central.

2 Con el desembarco de Roggeveen se inicia una secuela de matanzas, pillaje, explotación, segregación, descuido y discriminación, historia que no corresponde contar aquí. Sobre Roggeveen en Pascua existe una curiosa relación de los hechos atribuida a uno de los participantes (citada sin mencionar fuentes en Ramírez 1939: 17). Una síntesis de los acontecimientos principales aparece en Puelma Bunster 1971: 43-52, al paso que impresiones de viajeros en la pasada década confirman algunos aspectos de ese oscuro pasado post-colonial (Conniff 1993: 61-71). De aparición más reciente es un análisis detallado de la matanza perpetrada por los holandeses de Roggeveen y su impacto sobre la cultura de la isla (Van Tilburg 1994: 29 ss.).

3 Deberemos confinar a esta nota el aporte de Sergei V. Rjabchikov, investigador independiente que vive en Krasnodar, Rusia. Dos de sus trabajos (Rjabchikov 1997; Rjabchikov 1998) prometen dar las claves de los "mysterious Easter Island place-names" (Rjabchikov 1997: 207). El objetivo declarado es que "los nombres de lugares son importantes fuentes para ayudar a decodificar la misteriosa cultura de esta isla" (Rjabchikov 1998: 277, traducción mía). Lamentablemente, lo breve de su inventario toponímico, lo limitado de su bibliografía, la ausencia de fuentes nativas (a pesar de su declarada orientación etnográfica) y el uso de topónimos de incierta existencia nos hacen dudar de la validez de estos trabajos. Más aún, Rjabchikov interpreta sus datos en base a su "own decipherment of the Easter Island writing system" (Rjabchikov 1997: 206), aunque otros eruditos (Van Tilburg 1994: 113; Conte Oliveros 1994: 70-71) afirman que la escritura pascuense todavía no ha sido descifrada. Esta afirmación del investigador ciscaucasiano ha sido objeto de un severo análisis crítico (Guy 1998).

4 Otro estudioso concuerda con Charlín Ojeda aunque es menos preciso: "Rapa-nui geog. Nombre dado a la Isla de Pascua en la mitad del siglo diecinueve, por los navegantes procedentes de Tahiti". El étimo es tahitiano, posiblemente ‘piedra grande’. También existe un paralelo aproximado en maori: ‘tierra’ (Fuentes 1960: 309). Estos navegantes decimonónicos son probablemente europeos más bien que tahitianos, con lo cual tenemos evidencia indirecta en favor de lo propuesto por Charlín Ojeda.

5 Algún eco distante de la expedición González es todavía detectable a fines del siglo XIX. Ya consignamos el nombre de Pta. Rosalía (ver tabla 2). Pero el Mapa 1888 consigna la doble designación Bahía Española o La Pérouse, variante ausente del Mapa 1870 y presumiblemente introducida por los cartógrafos bajo el mando del capitán Policarpo Toro. Recordemos que los españoles la habían bautizado como Ensenada de González. El navegante español fue olvidado, al paso que su colega francés comparte la actual doble designación: Hanga Hoonu o Bahía La Pérouse (Mapa 1988) o Rda. La Pérouse (Mapa 1991).

 

University of Southern Indiana
8600 University Boulevard
Evansville, IN 47712, USA

 

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APENDICE A

Selección de topónimos Rapa Nui
(Ubicación aproximada)

 

APENDICE B

Isla de Pascua: topónimos no Rapa Nui
(Ubicación aproximada)