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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.36 Valdivia  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132001003600004 

 

Estudios Filológicos, N° 36, 2001, pp. 61-70

 

La dimensión pragmática del signo literario

The pragmatic dimension of the literary sign

 

Ulpiano Lada Ferreras


 

La pragmática supone un acercamiento dinámico al estudio del signo literario, por cuanto tiene en cuenta las variantes de uso que están presentes en los procesos concretos de comunicación, superando de este modo tanto los métodos extrínsecos como los métodos inmanentistas de investigación del discurso literario.

 

Pragmatics means a dynamic approach to the study of literary signs in the sense that the variations which are present in concrete communicative events are taken into account, surpassing extrinsic and intrinsic approaches to the study of literary discourse.


 

La semiología propone un acercamiento a la literatura que dé cuenta de la totalidad del proceso comunicativo (emisión, mensaje, recepción) en sus tres niveles (sintáctico, semántico y pragmático), y considera igualmente la obra literaria como un signo que genera procesos semiósicos de expresión, significación, comunicación, interacción, interpretación y transducción (Bobes Naves 1997: 215-236). A lo largo de la historia nos encontramos con distintos estudios que se pueden considerar precedentes de la semiología1, pero, sin duda, se debe a Charles Sanders Peirce y Charles Morris la nueva orientación que en la actualidad sigue la semiología. La semiótica2 es para Peirce la lógica de los signos y este autor la divide en tres secciones (Bobes Naves 1989: 11-12; Tordera Sáez 1978: 62-65):

a. una gramática pura cuyo objeto es la naturaleza de los signos; b. una lógica, que establecería las condiciones de verdad, y, por tanto, se centraría en el análisis de las relaciones de los signos con su objeto; c. una retórica pura, cuyo objeto sería el estudio de las condiciones de comunicación.

La relación triádica que se establece entre el signo, el objeto y el interpretante es definida por Peirce 1988: 144)3 en los siguientes términos: "un signo, o representamen, es un primero que está en una tal genuina relación triádica a un segundo, llamado su objeto, que es capaz de determinar que un tercero, llamado su interpretante, asuma la misma relación triádica a su objeto en la que él se encuentra respecto del mismo objeto".

El concepto de interpretante, que se revela como fundamental en el pensamiento de Peirce, se puede definir como un signo por medio del cual otro signo se relaciona con su objeto. En la obra de Charles Morris, quien sigue la línea de investigación trazada por Peirce, podemos encontrar la conjunción de los principios de la semántica general, la semántica lógica y la semántica conductista, aunque con un peso más importante de esta última. Este autor propone en su Fundamentos de la teoría de los signos la siguiente división para la semiótica:

pueden estudiarse las relaciones de los signos con los objetos a los que son aplicables. Esta relación recibirá el nombre de dimensión semántica de la semiosis (...) Pero el objeto de estudio también puede ser la relación de los signos con los intérpretes. En este caso la relación resultante se denominará dimensión pragmática de la semiosis (...) Puesto que la mayoría de los signos están claramente relacionados con otros signos, puesto que muchos casos de aparentes signos aislados resultan no ser tales una vez sometidos a análisis, y puesto que todos los signos están en relación, en potencia si no en acto, con otros signos, parece correcto establecer una tercera dimensión en la semiosis tan importante como las dos anteriormente mencionadas. Esta tercera dimensión se denominará dimensión sintáctica de la semiosis (1985: 31-32).

Esta división tripartita en sintaxis, semántica y pragmática es la que, desde nuestro punto de vista, aplicada a la literatura, puede dar cuenta de la totalidad del proceso comunicativo y permite, por tanto, abordar el estudio de la obra literaria en sus vertientes formal, significante y de uso4.

La sintaxis es definida por Morris (1985: 43) como "el estudio de las relaciones sintácticas de los signos entre sí haciendo abstracción de las relaciones de los signos con los objetos o con los intérpretes"5. El objetivo de la sintaxis consiste en la identificación de las unidades formales y en la determinación de las normas que rigen su integración en unidades superiores. El análisis sintáctico aplicado a la gramática se corresponde con los estudios de morfología y sintaxis (forma y distribución). Dentro del campo literario, la sintaxis semiológica se ha desarrollado de forma notable en el análisis del relato tradicional y de autor. Las principales teorías sintácticas formuladas hasta ahora se deben a cuatro escuelas con muy diferente grado de cohesión entre sus miembros: la escuela morfológica alemana, la morfología de la novela en Rusia, los formalistas rusos y la escuela norteamericana (Bobes Naves 1993: 115-140). Las unidades sintácticas que se pueden reconocer y analizar en el relato son acciones, personajes, tiempos y espacios. Dichas unidades adquieren valor funcional mediante un proceso de abstracción que las convierte en funciones, actantes y cronotopo.

En la obra ya citada Morris (1985: 55) también proporciona una definición de la semántica semiológica: "La semántica se ocupa de la relación de los signos con sus designata y, por ello, con los objetos que pueden denotar o que de hecho denotan"6. Bobes Naves (1989: 92-94) señala algunos aspectos a tener en cuenta respecto a la semántica semiológica. En primer lugar, destaca que el contenido de la semántica no es formalizable y por tanto no se pueden señalar unidades discretas. Además, propone tres consideraciones al tomar como objeto de estudio semántico una obra literaria: el texto artístico se caracteriza por ser íntegramente semiótico (todo significa), el texto artístico no es referencial, el texto artístico es polivalente semánticamente. En el proceso de aplicación de estas teorías a la obra literaria alcanzó gran desarrollo el análisis sintáctico del relato, y quedaron preteridos, hasta cierto punto, los aspectos semántico y pragmático, ya que éstos no admiten formalización, al no ser los componentes de estas dos categorías unidades discretas. No obstante, para llevar a cabo los estudios sintácticos los investigadores acuden no sólo a los criterios formales, sino también a los semánticos, debido a que las unidades identificadas en el análisis sintáctico tienen, igualmente, valores semánticos y pragmáticos. Así, Bobes Naves (1993: 142) sostiene que:

cada una de estas categorías que formalmente tienen una naturaleza sintáctica, tienen también valores semánticos, porque significan, en formas diversas y por distintas razones en cada caso, pero significan y tienen capacidad para establecer, según su forma y su sentido en un texto, relaciones pragmáticas (...) Y es cierto, el que determinadas categorías sean formalmente unidades de construcción, es decir, sintácticas, no descarta que tengan otras dimensiones, semánticas o pragmáticas.

Los valores semánticos que habría que tener en cuenta en el análisis de un relato serían, a. los de la historia: la ficcionalidad; b. los del argumento: el narrador; c. los del discurso: la palabra; d. los de la narración: las relaciones narrador-historia por medio del conocimiento de la historia y la distancia física o síquica.

En el ámbito europeo, y aproximadamente en las mismas fechas en que Peirce va formando su obra, el lingüista suizo Ferdinand de Saussure expone sus teorías sobre el signo. Saussure concibe una ciencia, la semiología, que estudiaría la vida de los signos en el seno de la vida social y formaría parte de la sicología; la lingüística sería una parte de esa ciencia general (Saussure 1987: 80). La definición de signo propuesta por Saussure, combinación de un significante y un significado, supone una concepción estática del signo puesto que, a diferencia de los postulados de Peirce, deja al margen a los sujetos del habla. No obstante, esta definición fue aceptada por las corrientes estructuralistas que analizan el signo como unidad de un sistema estable, ajeno a cualquier implicación pragmática. Dentro de la semiología europea habría que esperar a la teoría formal del lenguaje, la glosemática, propuesta por el lingüista danés Louis Hjelmslev para llegar a una concepción dinámica del signo, muy próxima a la semiología, al considerar el signo compuesto por un significante y un significado relacionado mediante el uso por el sujeto emisor (Bobes Naves 1994: 19-21).

La evolución de los estudios de filosofía del lenguaje tuvo una marcada influencia en los primeros semiólogos que pretendían establecer las bases para el análisis de los sistemas de signos. En este paulatino desarrollo, Carmen Bobes (1989: 38-40) señala tres etapas fundamentales:

a. Atomismo lógico. Los filósofos del Círculo de Viena son los iniciadores de la filosofía del lenguaje. Sostienen que el lenguaje que no supere los enunciados atómicos es el único que puede garantizar la verdad y verificabilidad. La obra más importante de esta etapa es el Tractatus logico-philosophicus de Ludwig Wittgenstein.

b. Sintaxis lógica. Se propone superar las limitaciones del atomismo lógico por medio del establecimiento de normas de formación y normas de transformación de los enunciados.

c. Semántica lógica. Rudolf Carnap postula una semántica léxica que tendría como objetivo determinar los valores intensivos y referenciales de las unidades lingüísticas. Willard van Orman Quine, por su parte, divide la semántica en dos partes: la teoría de la significación, que tendría por objeto los significados, y la teoría de la referencia, cuyo objeto sería el mundo de la realidad.

Una vez que han sido identificados y definidos con claridad los aspectos sintácticos y los valores semánticos de la obra literaria, se comprueba la necesidad de completar su estudio inmanente con un estudio que tenga como objeto tanto a los sujetos que intervienen en el proceso de comunicación como al contexto en que éste se desenvuelve. Los teóricos de la literatura intentan ofrecer una metodología precisa que permita llevar a cabo una adecuada sistematización de los valores pragmáticos. Además, es precisamente desde el punto de vista de la pragmática que parece posible ofrecer una caracterización de la literatura, una vez que la crítica ha renunciado a identificar la literariedad con alguno de los elementos textuales, en favor de los aspectos sociales y comunicativos. Pero conviene previamente precisar que la atención a los aspectos pragmáticos en el estudio de la literatura cuenta con una larga tradición que se remonta a las obras de Platón y Aristóteles7, quienes instruyen al autor en cómo conseguir determinados efectos en los receptores, y llega hasta los más recientes métodos sicocríticos o sociocríticos, pasando por los estudios histórico-biográficos. No obstante, si bien todos estos enfoques entraban de alguna manera en el ámbito de lo pragmático, carecían, por otra parte, de una adecuada sistematización y de un preciso desarrollo metodológico.

La dimensión pragmática de la semiología es definida por Morris (1985: 67) en los siguientes términos: "por pragmática se entiende la ciencia de la relación de los signos con sus intérpretes". En otra obra (Morris 1962: 241) da una definición más específica de la pragmática al precisar que "es la parte de la semiótica que trata del origen, usos y efectos de los signos". Coincide con Peirce al considerar que el interpretante de un símbolo debe buscarse en un hábito y no en una reacción fisiológica inmediata, idea ésta que favoreció el desarrollo de los aspectos pragmáticos. Señala además Morris (1985: 73) que:

en una presentación sistemática de la semiótica, la pragmática presupone tanto la sintaxis como la semántica, así como esta última presupone a su vez la anterior, puesto que tratar adecuadamente la relación de los signos con sus intérpretes requiere tener conocimiento de la relación de los signos entre sí y con aquellas cosas a las que remiten o refieren a sus intérpretes.

Los signos tienen una indudable dimensión social, son usados por unos sujetos en un proceso semiósico, dentro de un contexto determinado, razón por la cual todos estos aspectos no pueden ser obviados a la hora de estudiar los signos. La pragmática se ocupa de las circunstancias en que se produce el proceso de expresión, comunicación e interpretación de los signos, en un tiempo, un espacio y una cultura determinados, trascendiendo, de esta forma, el propio texto, al contrario de la sintaxis y en menor grado la semántica, que son aspectos fundamentalmente inmanentes al texto. El cambio significativo que introducen las investigaciones pragmáticas reside en el desplazamiento de la atención de los aspectos sistemáticos que estructuran un corpus, previamente delimitado para su acomodación al método de estudio, hacia las distintas variantes de uso presentes en procesos concretos de comunicación. Así Bobes Naves (1989: 102 precisa que:

el enfoque pragmático propone estudiar el signo con todas las circunstancias que concurren en su uso. Más bien podríamos decir que la pragmática ha aclarado definitivamente que el objeto propio de la semiótica no es el signo, sino el signo en situación, es decir, no el producto objetivado en una forma, sino todo el proceso de producción que lo crea y en el que se integra para adquirir sentido8.

Podemos destacar los siguientes temas entre los que despiertan mayor interés dentro de la pragmática (Bobes Naves 1989: 104-110):

a. Los signos en situación.
b. La relación de los signos con sus propias presuposiciones.
c. Las relaciones de los signos con los sujetos participantes en el proceso semiósico.
d. La relación de los signos con la situación semiológica en la que se usan.
e. La relación de los signos con la situación social, cultural e ideológica en que se usan.
f. Las relaciones de los signos con sus propios valores como actos de habla.
g. La relación de los signos con sus propias formas.

Un enfoque pragmático en el análisis del texto literario es el que propone Albaladejo Mayordomo con la semántica extensional, puesto que la extensión se corresponde con los objetos denotados en el mundo empírico mediante el lenguaje de la narración y no con el mundo de ficción creado (Bobes Naves 1993: 247-248). Albaladejo (1989: 194-195) afirma que:

el punto clave en el análisis semántico-extensional del texto narrativo es la relación entre texto y mundo. La proyección de la poética lingüística desde los límites materiales, sintácticos, del texto narrativo hacia un examen de éste desde una perspectiva más amplia es una respuesta a la exigencia de estudio integral que plantea la constitución misma del hecho literario y es el resultado de la atención a la conexión del texto literario como construcción lingüística con el mundo, de la que da cuenta adecuadamente la teoría literaria apoyada en la organización semiótica, gracias especialmente al componente semántico-extensional.

Los tres niveles que hemos señalado dentro de la semiología, el sintáctico, el semántico y el pragmático, no son homólogos para algunos autores. Destacan estos críticos la preeminencia de los aspectos pragmáticos sobre los demás. Así, Carnap (1961: 13) en Introduction to Semantics, publicada inicialmente en 1942, sostiene que:

Linguistics, in the widest sense, is that branch of science which contains all empirical investigation concerning languages. It is the descriptive, empirical part of semiotic (of spoken or Written languages); hence it consists of pragmatics, descriptive semantics, and descriptive syntax. But these three parts are not on the same level; pragmatics is the basis for all of linguistics.

Esta misma opinión es compartida por García Berrio y Albaladejo Mayordomo (1983: 140) cuando afirman que:

las relaciones que los tres grandes componentes semiótico-lingüísticos (...) mantienen entre sí reflejan la organización de la semiótica lingüística vigente en la actualidad; en esta organización metateórica la pragmática no está situada en el mismo plano que la sintaxis y la semántica, sino que funciona como base de estas otras disciplinas parciales; el componente pragmático, que engloba los componentes sintáctico y semántico, está a su vez integrado en el que podemos llamar componente global textual, que equivale al último plano teórico del modelo lingüístico-textual9.

A propósito de la relación entre neorretórica y pragmática, Pozuelo Yvancos se ocupa de los difusos límites de ésta y defiende, al igual que Albaladejo, una pragmática que englobe la semántica y la sintaxis. Esta misma idea la aplica a la retórica general en donde la "estructura comunicativa (pragmático-actuativa) recubre la estructura semántica y pragmática del discurso oratorio" (Pozuelo Yvancos 1988: 19710.

Otros autores identifican los tres niveles de la semiología con la pragmática, como es el caso de Herman Parret (1980: 24), debido a la imprecisión de los límites entre las unidades sintácticas, los valores semánticos y las relaciones pragmáticas:

La pragmatique, dans la perspective de Peirce, ne peut être que la sémiotique unifiée, la sémiotique elle-même y étant construite à partir de la maxime pragmatiste. Le estatut théorique de la pragmatique, dans cette approche, est d’un tout autre type que celui que l’on a analysé dans l’oeuvre de Morris et de Carnap (mon point de veu à cet égard correspond à celui de Dewey, 1946). Le type d’une pragmatique en tant que sémiotique unifiée s’oppose, sans aucun doute, au type d’une pragmatique comme branche de la sémiotique tridimensionnelle.

José María Paz Gago matiza estas opiniones al considerar que Morris tiene una concepción reduccionista de la pragmática debido a la interpretación que hace de las tesis de Peirce desde la perspectiva del pragmatismo conductista. Paz Gago considera que el pragmatismo semiótico de Peirce puede fundamentar adecuadamente una concepción ampliada de la pragmática (pragmática de tercera generación) que incluiría toda la semiótica: una semiótica pragmáticamente orientada, no una pragmática semióticamente integrada, como la defendida por Parret (Paz Gago 1999: 18).

Consideramos con Bobes Naves que existe una unidad básica entre los tres niveles de la semiología, y además que no hay límites claros entre ellos, ya que los tres son aspectos simultáneos en el uso y en el ser del signo; en cualquier caso, las consideraciones de los autores que hemos citado supondrían únicamente un desplazamiento hacia la pragmática de los problemas que plantea el estudio del signo, y en ningún caso una solución (Bobes Naves 1989: 101-102)11. Igualmente, Darío Villanueva considera que los aspectos semánticos de una obra literaria deben desenvolverse en los límites del texto, puesto que la propia obra crea su mundo interno de referencia, en tanto que la relación con el universo real se produce con la intermediación del receptor a través de la lectura, dimensión ésta que es estudiada por la pragmática, sin que exista, por tanto, necesidad de entremezclar ambos campos por medio de la semántica extensional (Villanueva 1994: 15). El propio Morris (1985: 100-102) había advertido en Fundamentos de la teoría de los signos la estrecha unidad de los componentes de la semiótica al afirmar que:

la semiótica, en la medida en que es algo más que estas disciplinas (sintaxis, semántica y pragmática), se ocupa fundamentalmente de sus interrelaciones, y lo hace a través del carácter unitario de la semiosis que estas disciplinas ignoran individualmente (...). No existen límites a ninguno de estos puntos de vista, es decir, ningún lugar en que el investigador deba desertar de una óptica para pasar a otra.

Y posteriormente, en Signos, lenguaje y conducta (1962: 241) volvería una vez más sobre la idea de unidad de la semiótica compuesta de tres partes, al afirmar que: "Las tres consideraciones deberán aparecer en una explicación completa de los signos, aunque sea legítimo y a menudo conveniente el referirse a una investigación semiótica particular como correspondiente a la pragmática, la semántica o la sintáctica. Pero lo esencial es tomar en consideración el campo de la semiótica como un todo".

La pragmática, al tener en cuenta todo el proceso comunicativo (emisor, texto, contexto, receptor) supone la superación de los métodos extrínsecos de estudio de la literatura, que se centraban en los aspectos periféricos de la obra (autor, entorno social, cultural, etc.) olvidando los valores literarios. Supera igualmente los métodos inmanentistas (formalistas, estructuralistas, gramática del texto, etc.) que centraban su interés en los signos lingüísticos que expresaban los conceptos literarios. La semiótica, por tanto, aborda el estudio de la obra literaria como proceso comunicativo, lo cual supone analizar el texto literario en sí mismo, pero superando el nivel lingüístico-textual al tomar en consideración las relaciones que se establecen entre la obra y los demás elementos comunicativos que concurren en simultaneidad en el proceso. A este respecto, Aguiar e Silva (1991: 183) sostiene que la dimensión pragmática de la semiosis implica que todo texto, en la acepción semiótica de secuencia de señales ordenadas según las reglas de un determinado código, se constituye y funciona como tal en el marco de un sistema de comunicación; sistema en el que un intérprete, según el significado morrisiano del término, representa la instancia de producción semiósica, y en el que otro(s) representa(n) la instancia de recepción. En consecuencia, Aguiar e Silva considera que los textos de semiosis estética no pueden dejar de ser fenómenos de comunicación.

En la actualidad, los estudios de pragmática se orientan fundamentalmente en tres direcciones, atendiendo a los tres aspectos del texto12: el productivo (poiesis), que se centra en las circunstancias de producción del autor13; el comunicativo (katharsis), que tiene como base teórica los actos de habla y se ocupa de la obra literaria como proceso comunicativo, siguiendo la teoría semiótica de la comunicación; y, por último, el receptivo (aisthesis), que atiende al acto de lectura y al lector, y se fundamenta en las teorías de la estética de la recepción (Bobes Naves 1993: 249).

NOTAS

1 Estos estudios se ocupan especialmente de los signos lingüísticos y aparecen en obras de muy diversos autores: los sofistas, Aristóteles, San Agustín, Pedro Hispano, Raimundo Lulio, Guillermo de Ockham, Scalígero, Hobbes, Locke o Leibniz (Bobes Naves 1989: 49-64).

2 Utilizaremos indistintamente los términos "semiología" y "semiótica" ya que, como señala Bobes Naves (1989: 15) "el uso actual de los términos Semiología y Semiótica no parece responder a la posición adoptada en los Prolegómenos de Hjelmslev, ni a la que divulga el Diccionario de Greimas y Courtés, (…), sino más bien a la de la Asociación Internacional de Semiótica que sigue Eco y se usan como sinónimos los dos términos para denotar la teoría general de los signos".

3 Para conocer el pensamiento de Peirce deben consultarse también Peirce 1931-1958; Peirce 1982-1989. Existen, además de la ya citada, otras traducciones parciales al castellano: Peirce 1971; Peirce 1974; Peirce 1987, además de Apel 1997. Las relaciones entre Peirce y la literatura son estudiadas en Signa 1.

4 Lubomír Dolezel (1997: 237) insiste en la idea de totalidad del proceso comunicativo abarcado por la semiología: "La semiótica de la comunicación literaria es un proyecto que unifica en un marco teórico coherente los temas perennes de la poética, que abarcan desde las propiedades ‘intrínsecas’ de las obras literarias y del lenguaje poético hasta las relaciones ‘extrínsecas’ de las obras literarias y de la literatura con sus productores, receptores y el mundo".

5 En una obra posterior, Signos, lenguaje y conducta, Morris vuelve sobre la definición de sintaxis, y señala que "la sintáctica se ocupa de las combinaciones entre signos, sin atender a sus significaciones específicas o sus relaciones" (Morris 1962: 241).

6 En Signos, lenguaje y conducta, Morris define la semántica como el estudio de "la significación de los signos en todos los modos de significar" (Morris 1962: 241).

7 En general, la pragmática está presente en las poéticas y retóricas clásicas. A este respecto, Antonio García Berrio y Tomás Albaladejo Mayordomo (1983: 138) nos hacen ver que "la Poética posee, al igual que la Retórica, una dimensión pragmática. Si nos ocupamos de la Poética clásica, observamos que nociones poéticas como la catarsis tienen una indudable índole pragmática, o, si se quiere, retórico-pragmática; del mismo modo, dos de las tres grandes dualidades horacianas, ingenium-ars y docere-delectare, son organizaciones conceptuales pragmáticas (siendo la última, más exactamente, de naturaleza retórico-pragmática) al estar referidas a la causa eficiente, el autor, y a la causa final, el receptor, respectivamente, del discurso literario". Además resultan muy interesantes las aportaciones de López Eire 1997: 45-66, al igual que las de Bobes Naves et al. 1995: 88; también es de interés el artículo de López García 1989: 601-654.

8 En el artículo titulado "Spanisch: Pragmalinguistik", la misma autora da la siguiente definición de pragmática: "Un concepto más amplio de la pragmática, que se aplica generalmente en la pragmática del texto literario, la presenta como el estudio de las relaciones del texto con su emisor, del texto con su receptor, del texto con su contexto (textual o social), y del texto con los sistemas culturales envolventes" (Bobes Naves 1992: 223).

9 Esta misma idea aparece formulada en varios trabajos de Tomás Albaladejo, Albaladejo Mayordomo 1983: 6 y 42; Albaladejo Mayordomo: 1986: 26-27; y quizás con mayor claridad aún en Albaladejo Mayordomo 1992: 71: "La tripartición de la semiótica en sintaxis, semántica y pragmática dista mucho de ser un esquema en el que estas tres secciones tengan posiciones equivalentes. Cada una posee una situación diferenciada desde la que actúa conjuntamente con las demás en la organización semiótica, que no se sostendría si faltase alguna de estas secciones. En este sentido la pragmática lingüística es entendida como disciplina semiótica parcial que envuelve la sintaxis y la semántica; las actividades de construcción y de integración semántica y sintáctica están, de acuerdo con esto, enmarcadas pragmáticamente y sostenidas, en lo que de comunicativo tienen, por la base que las estructuras pragmáticas proporcionan a la semiótica. La pragmática se presenta así como totalizadora del espacio teórico global de la semiótica".

10 Asimismo, Ramón Trives (1980: 17-18) había señalado que "la pragmática preside y corona todo el proceso comunicativo-textual, dotando de alma o intencionalidad humana, sentido, a la osamenta sémico-sígnica sobre la que indefectiblemente se asienta".

11 La misma opinión es compartida por Umberto Eco (1992: 286): "Decir que la pragmática es una dimensión de la semiótica no significa privarla de un objeto. Significa, en cambio, que el enfoque pragmático tiene que ver con la totalidad de la semiosis, la cual, para ser comprendida plenamente, debe ser abordada también desde un punto de vista pragmático. La sintaxis y la semántica cuando se encuentran en espléndido aislamiento se vuelven, como sugiere Parret, disciplinas ‘perversas’ ".

12 Aclara Bobes Naves (1993: 249) que "no hay que perder de vista que estamos estudiando literatura, y ésta, por más que su enfoque sea pragmático, es el texto".

13 Los aspectos productivos del texto han gozado de una atención especial en la historia de la literatura, concretamente en la llamada "crítica autorial" que, al centrarse en la obra literaria en cuanto producto de un hombre, consideraba que de la investigación sobre ese hombre y sus circunstancias personales podría obtenerse el correcto significado de la obra.

 

Universidad de Oviedo
Depto. de Filología Española
Campus del Milán
33011-Oviedo
Asturias, España
e-mail: ulada@correo.uniovi.es

 

OBRAS CITADAS

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