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Teología y vida

versão impressa ISSN 0049-3449

Teol. vida vol.52 no.4 Santiago  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492011000300011 

Teología y Vida, Vol. LII (2011), 746-747

Reseñas

MIGUEL YAKSIC (2011). Política y Religión. Teología Pública para un mundo plural, Ediciones Alberto Hurtado, Santiago de Chile1


 

Una inteligencia teológica de los avatares contemporáneos de 'lo público' se las tiene que ver con complejos procesos de transformación a nivel estructural y semántico de las sociedades modernas. Necesariamente tendrá que buscar y plausibilizar una perspectiva capaz de resistir los embates de la crítica a la comprensión de lo público al interior de los paradigmas heredados. Allí donde el pensamiento social clásico embebido de la tradición ilustrada confía en la capacidad configuradora de mundo de la razón, observa el orden social como un orden producido (práxico y no poiético) y postula la centralidad del sujeto autónomo y su capacidad de control racional del mundo, el postmodernismo, el neoliberalismo y el sistemismo luhmanniano, cada uno a su modo, impugnan estas presuposiciones imaginarias, convergiendo en la crítica al modelamiento racional del mundo, a la comprensión de lo social como un orden producido y a la nostálgica centralidad del sujeto y su concomitante expresión sociológica en una teoría de la acción. Para decirlo en una fórmula, estas tres perspectivas convergen en la desracionalización, deshumanización y dessubjetivización de 'lo público', con lo que generan un espacio cercado por elevados muros de contención de acechanzas éticas y/o teológicas.

Yaksic se autoimpone la tarea intelectual de explorar porosidades en tales muros por donde pueda penetrar una forma de racionalidad religiosamente fecundada. Y lo hace poniendo como interlocutor el fenómeno que ya Weber anticipó como rasgo ineludible de sociedades moderna: el 'politeísmo axiológico'. En sociedades modernas coexisten diversos 'dioses morales' con sus correspondientes visiones de vida lograda que interrogan, por las bases axiológico-normativas, la convivencia en la esfera pública. Toma lúcida nota de la solución teórica propuesta por Rawls en la perspectiva de la tradición liberal, que comprende como "la moralidad pública dominante en la modernidad". Desde ese presupuesto —por cierto, discutible con buenas razones—, se propone explorar la relación entre fe cristiana y liberalismo en perspectiva de "ofrecer algunos fundamentos morales y teológicos capaces de sustentar una teología pública para un mundo plural". El autor se muestra percatado que tal diálogo funge de manera diversa lo que se entiende por liberalismo y por fe cristiana. Respecto del primero toma la opción de ofrecer al lector una renovada versión del liberalismo que tome distancia de la neutralidad, el secularismo y/o formalismo procedimental-contractual. Para ello nuestro autor recurre a Charles Taylor para, a la luz de su perspectiva liberal, encontrar "nuevos fundamentos morales para la publicidad y plausibilidad de las contribuciones religiosas en la esfera pública". Por cierto, con ello el autor no pretende hacer teología, sino intentar identificar un residuo semántico en la esfera pública por donde los creyentes puedan aparecer en el mundo social sin estar bajo el imperativo de invisibilizar sus fundamentos identitarios. El autor cree encontrar en el liberalismo postsecular de Taylor un nuevo imaginario político que vendría a ofrecer el buscado residuo semántico. La clave la encuentra en la comprensión de la sociedad como una "comunidad ética" —comprensión que suscitaría la sonrisa irónica de un teórico como Luhmann y sus discípulos—, que fundaría la necesidad de "recuperar una perspectiva escatológica para la vida humana". Pero aun concedido eso, queda por aclarar si ello es equivalente a una perspectiva escatológica para la sociedad. Si la sociedad fuera esa totalidad ética —para decirlo con Hegel—, se comprende que en esa comunidad cada ciudadano toma parte de la vida pública desde su propia visión de vida buena, porque la misma sociedad es comprendida como la realización de tal aspiración.

Tomando elementos de la Teología Política de Metz, en particular, el carácter "irreductiblemente político de la fe cristiana", nuestro autor invita al lector —especialmente, al lector creyente— a renovar la confianza en que su búsqueda de plenitud fundada en la esperanza escatológica encuentra hoy un renovado apoyo surgido desde tradiciones postseculares, como la de Taylor. Si la política es el lugar donde las personas van para exigir reconocimiento de las visiones de mundo desde donde se autocomprenden, los cristianos no se ven impelidos a privatizar sus convicciones religiosas reduciendo su fe a la esfera privada. En este sentido, hay que decir que Yaksic logra plausibilizar esta tesis de la mano del liberalismo de Taylor.

Sin embargo —como en cualquier obra— quedan cuestiones abiertas de las cuales sería interesante conocer la perspectiva del autor. Pienso sobre todo en un problema central en su planteamiento: la concepción de la sociedad como una comunidad ética, que le permite distanciarse de una vez del utilitarismo y del procedimentalismo kantiano. En esta perspectiva la sociedad viene a ser comprendida como la variable dependiente resultante de la acción humana como variable independiente. Ello no deja de ser problemático para buena parte de los desarrollos teórico-sociales contemporáneos que tienden a pensar en la sociedad como un orden emergente, es decir, que no es resultado directo de la acción humana. En este contexto considero necesario insistir en que una inteligencia teológica de los avatares contemporáneos de 'lo público' se las tiene que ver con complejos procesos de transformación a nivel estructural y semántico de las sociedades modernas —como los referidos al inicio— que desafían la idea antropocéntrica de la sociedad como imagen y semejanza del hombre.

Patricio Miranda Rebeco

Notas

1 El libro corresponde al quinto tomo de la Colección Teología de los Tiempos, del Centro Teológico Manuel Larraín.