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Teología y vida

versão impressa ISSN 0049-3449

Teol. vida vol.52 no.4 Santiago  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492011000300008 

Teología y Vida, Vol. LII (2011), 734-737

Reseñas

 

ALBERTI MAGNI, Ordinis Fratrum Praedicatorum, Opera Omnia ad fidem codicum manuscriptorum adenda apparatu critico notis prolegomenis indicibus instruenda curavit Institutum Alberti Magni Coleniense Ludgero Honnefelder Praeside. Tomus XXVII Pars II De Homine, Monasterii Westfalorum in Aedibus Aschendorff 2008. Ediderunt HENRYK ANZULEWICZ et JOACHIM R. SÖDER; p.V-LXXVIII, p. 256 707 H. ANZULEWICZ; p. 1- 256 J.R. SÖDER, collaborante H.ANZULEWICZ.


 

Este nuevo volumen de la Editio Coloniensis ofrece la obra temprana de Alberto Magno, De homine, en la cual el Doctor Universalis expone su comprensión de «la naturaleza del hombre según la doctrina de la teología y filosofía medieval» (Prol. V). Se trata de la segunda parte de la Summa de creaturis, dedicada al ser humano, cuya edición crítica completa y supera la edición bilingüe Über den Menschen, De homine. Nach dem kritische erstellten Text übersetzt und herausgegeben von HENRYK ANZULEWICZ y JOACHIM SõDER, Lateinisch-deutsch, (Philosophische Bibliothek, 531), Felix Meiner Verlag Hamburg 2004, 2002 pp., edición, por cierto, de singular relevancia para lograr un primer acceso a la obra completa, que aquí se presenta. El presente volumen, por su parte, representa una edición crítica perfecta, en todo sentido.

1. La Introducción (Prolegomena, V-LXXVIII), confeccionado por Henryk Anzulewicz, da cuenta de los Indicia internos del opus, es decir, que emerge de los mismos escritos de Alberto (V-X), los externos (X-XII). Luego, el editor explica el título de la obra —según la primera palabra—, su género —una suma de cuestiones— y dis-posición —breve prólogo e indicación de la materia por tratar (XII-XIII), el tiempo y lugar de la composición definitiva— según la indicación II Sent: 1246 en Paris (XIVs).

Una parte de especial interés la constituye aquella que presenta las fuentes de la obra, tanto filosóficas —Aristóteles y Platón, interpretado por los árabes Avicena, Averroe—, como teológicas —Gn 1, 26 interpretado por Nemesio, atribuido a Gregorio de Nisa, Guillermo de Saint Thierry, Bernardo—, que a su vez remontan a Agustín, Juan Damasceno, Clemente de Alejandría, Dionisio Areopagita, Gregorio Magno. No cabe olvidar la gran importancia del Liber de causis, que sobresale en esta obra, igual como en otros escritos del Doctor Universalis, en cuanto fuente de inspiración fundamental especialmente para la doctrina metafísica del alma y de las causas.

Finalmente, puede apreciarse el amplio panorama de los detalles de una edición crítica —códices, epítomes, manuscritos, fragmenta y excerpta, compilaciones—, detalles que el editor presenta con el cuidado que le es propio (XVI-XXXI), pero que exceden la presente presentación, para explanarse en las primeras ediciones de la obra y sus traducciones (XXXI-XLIII), completado por el Apéndice I Specimen Collationis (XLIV-LVII), el Apéndice II: Dispositio Textus Operis de Homine (LVIII-LXVII) y la Tabula eorum quae hoc opere continentur. No cabe duda de que la atenta lectura de la Introducción —un testimonio de erudición impresionante— posibilita un acceso adecuado a una obra clásica de singular interés antropológico teológico también hoy.

2. La edición (1-256 y 256-595) presentada por J. R. SõDER, en colaboración con H. ANZULEWICZ (1-256) y H. ANZULEWICZ (256595) está provista de dos aparatos: uno crítico, de las variantes de manuscritos; el segundo aparato, de las fuentes y paralelos, permite apreciar en concreto los textos clásicos y medievales de los autores señalados en la Introducción.

El primer aparato, sin duda, es fruto de un trabajo difícil de editor, que requiere una atención simultánea a los manuscritos y al pensamiento de Alberto —atención imposible de valorar en toda su hondura, por lectores ajenos a esta tarea—, pero que tienen la suerte de poder aprovechar un texto críticamente asegurado para su estudio y como tal valoran tal dedicación. El segundo aparato, por su parte, resulta de mayor interés para cualquier investigación temática, que se suele realizar con frecuencia a nivel filosófico teológico. Pues a la luz de las fuentes que allí se indican emergen no solo la profundidad del pensamiento de Alberto, su enraizamiento en la tradición, sino también su originalidad allí donde el Doctor Universalis ya no sigue a sus antecesores.

3. La obra de Alberto Magno. Esta obra De homine «esbozo de una Antroplogía integral» —Henryk Anzulewicz «Über den Menschen» XVIss—, lleva como explicación «Et haec de creaturas dicta sufficiant», indicando que no solo toma en cuenta al hombre, sino también «otras creaturas». El escrito De homine por cierto no fue publicado por Alberto con este título, cumplió más bien la función de una primera frase a modo de Incipit. El género literario fundamental de la Summa es la quaestio, que generalmente comienza con una pregunta directa o indirecta —utrum— y posee una estructura coherente: una tesis (generalmente en forma de una pregunta inicial) que se debe demostrar o refutar (argumentos pro y contra) la respuesta del autor (solutio) y las respuestas a los argumentos pro y contra. La quaestio no solo es la forma literaria de la explicación científica, sino también una de las formas más comunes de la docencia académica.

El De homine constituye, muy probablemente, los apuntes de las Disputationes públicas que Alberto llevó a cabo con sus alumnos (disputationes in scholis). No puede tratarse de quaestiones disputatae, ya que Alberto no se había doctorado todavía. Actualmente se piensa que estas obras tempranas remontan a la estadía de Alberto en París o Colonia, antes de la fundación del studium generale en 1248.

El contenido de la obra está estructurado según un plan, que se basa en criterios sistemáticos, formales y didácticos. La concepción sistemática, la macroestructura del contenido y la secuencia de sus partes principales esboza Alberto al comienzo de su obra como de costumbre con una breve disposition de la materia. De la frase introductoria: Consequenter transeundum est ad quaerendum de homine puede concluirse con Henryk Anzulewicz, a quien seguimos en la siguiente síntesis, que el estudio sobre el hombre se abordará dentro del marco del proyecto de investigación más grande, como el señalado.

Todo el contenido de la investigación De homine se divide en dos partes: 1. Trata del hombre como tal en su identidad; 2. Aborda el hábitat connatural y originario (habitaculum) del hombre creado por Dios —el paraíso—, pero también, como puede apreciarse en la parte final de la obra, el espacio vital natural (mundus). La primera parte constituye el núcleo antropológico propiamente tal de la obra. Trata de tres nudos problemáticos: 1. El alma humana; 2. El cuerpo del hombre en el estado originario; 3. La totalidad del ser humano compuesto en la unidad del alma con el cuerpo, o mejor, el modo y la forma de cómo el alma se une con el cuerpo. El autor presta atención a los atributos teológicos y filosóficos del alma humana, el estudio de su naturaleza (substancia), capacidad (partes), características (afecciones) y actividades, de tal modo que esta parte psicológica adquiere el peso mayor del contenido y de la extensión.

Alberto se inspira en Aristóteles y los comentaristas árabes —destaca el Liber de causis— completado por Platón y fuentes teológicas. La psicología se constituye, entonces, en una síntesis de preguntas vitales, casi no reflexionadas por Aristóteles, tales como la sensualidad, las partes inferiores y superiores de la razón, la libertad, la synderesis y la conciencia y, sobre todo, la semejanza del hombre con Dios, a cuya imagen fue creado.

El estudio del cuerpo humano se realiza desde un enfoque decididamente teológico: se concentra en los aspectos biológicos de la constitución del cuerpo del primer hombre, Adam, en el estado originario antes y después de la caída. En un primer paso se investiga la pregunta por la composición del cuerpo a partir de las cualidades elementales (caliente-frío y húmedo y seco), que producen las diferentes especies de complexiones de los miembros particulares del cuerpo. En este marco se estudia la pregunta por el autor y la manera de la configuración del cuerpo de la primera pareja, como también la razón de la forma erigida del hombre, por la cual se distingue de otros seres vivos. Esta interpretación del Génesis se basa en gran parte en Agustín y es contestado y completado por medio de otras autoridades teológicas y filosóficas.

Bajo el mismo enfoque teológico son tratados en la segunda parte principal de la obra sucesivamente en dos series de investigación el paraíso y este mundo (mundus), la tierra, que Alberto contempla como lugares connaturales del hombre como ser vivo sensible (secundum statum animalis vitae). Mientras la corporalidad del hombre es explicada en el estado originario y el paraíso siguiendo el libro del Génesis, interpretado por Agustín, como también la doctrina filosófica natural de los atributos del cuerpo, compuesto de cualidades opuestas elementales, Alberto se sirve, para el tratamiento del hábitat natural del hombre, sobre todo de fuentes filosóficas, tanto platónicas —Timeo— como aristotélicas. Estas fuentes son consideradas críticamente a la luz de su correspondencia con la fe cristiana en la creación unicidad y consumación, fin último del mundo y del universo y como tal son adaptadas y corregidas.

Más detalles del contenido de la presente obra se desprenden del estudio de la misma y como tal, siguiendo a Henryk Anzulewicz, no se señalan. Lo mismo vale de la interesante historia de recepción, que permite apreciar el valor que va obteniendo este escrito albertino pese a tratarse de una obra temprana. Un estudio pendiente especialmente relevante es la comparación de la antropología de Alberto con la de Tomás de Aquino. Para tal efecto la presente edición crítica adquiere una importancia incomparable.

Los Índices (597-690); los títulos íntegros de los libros y abreviaciones (691-699); la sinopsis de las ediciones de la obra (700-705) y las abreviaciones y siglas (706-707) atestiguan la gran calidad de la presente edición crítica, a la vez su enorme valor para emprender una investigación seria. Al respecto destacan los índices: el primero de los autores que Alberto cita, las citas bíblicas, las menciones patrísticas; el segundo expone los autores citados por los editores; el tercero se detiene en los vocablos relevantes, todos aportes inapreciables para la investigación, pero cuyo análisis sobrepasa esta presentación.

Sintetizando: puede dejarse constancia de que el presente volumen De homine ocupa un lugar destacado entre los volúmenes ya publicados por la prestigiosa Editio Coloniensis de la Opera Omnia de Alberto Magno, que se encuentran disponibles en su totalidad en nuestra Biblioteca de la Facultad de Teología —por cierto, un privilegio único en Chile—, donde investigadores jóvenes se dedican con ahínco a aprovecharlos. De ahí que queda solo agradecer a los editores, especialmente a Henryk Anzulewicz, por la imponente obra realizada.

Anneliese Meis