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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449

Teol. vida v.48 n.4 Santiago  2007

doi: 10.4067/S0049-34492007000300010 

 

Teología y Vida, Vol. XLVIII (2007), 499 - 501

RECENSIONES

 


DANIEL-ANGE, La plenitud de todo: el amor. Ediciones Narcea S. A, Madrid 2006. 185 pp.

Daniel-Ange nació en Bruselas (Bélgica) en 1932. Ingresó al monasterio de Claraval, Luxem-burgo a los 18 años de edad. Sacerdote fundador de la Escuela francesa de Evangelización "Jeunes-se-Lumiére". Autor de varios libros sobre espiritualidad y jóvenes. Se dedica al diálogo con las Iglesias hermanas católico-romanas, católicas orientales y ortodoxas. Sus textos han sido traducidos a varios idiomas.

La plenitud de todo: el amor, nos inserta en la reflexión sobre la vida fraterna y la comunidad familiar donde el hermano, los padres, son el lugar donde puedo encontrar a Dios.

I Capítulo: De la fuente hasta el final del mundo. El padre Daniel-Ange nos muestra el itinerario de este primer capítulo a partir de tres ideas fuerzas:

1. Tu hermano es sacramento de Dios: el texto comienza dando cuenta de breves historias, donde las biografías de distintas personas se entrecruzan revelando la entrega de sus vidas. En ella se nos muestra la fuerza de quienes optan por la verdad, llegando al martirio, entregando la vida libremente por el hermano, accediendo voluntariamente a la caridad. A partir de este itinerario la letra del autor se detiene en la siguiente reflexión: amar a los hermanos es amar a Dios. Lo que conlleva a la paradojal circunstancia de que tu hermano es tu verdadero yo. Por ello, identidad y realización no aparecen más que en el acto de amar al otro. Cada acto de amor nos constituye en humanidad. Llegar a dar la vida por el otro, vivir la caridad es vivir la comunión fraterna, la intimidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu; vivir la Trinidad.

2. El pobre es mi señor. Aquí nos adentramos en el tema del amor compasivo y misericordioso. El autor nos sitúa en el seno maternal de Dios, desde donde es posible comprender el amor como lugar de debilidad, pobreza, fragilidad y vulnerabilidad. Esta es la trayectoria del descenso, de quien se ha entregado por el hombre.

Dos lugares aparecen como centrales, la Eucaristía y el pobre. San Francisco vivió estos dos polos bajo el impulso de un único amor, adorando a Jesús en el tabernáculo y asistiendo a Jesús en sus miembros más enfermos. La consecuencia más directa de ello es saber que el hermano en cuanto carne no es solamente la prolongación más directa de nuestro ser, sino es el propio Jesús que se ha identificado con ellos.

3. Hasta los confines del mundo y del corazón. Los discípulos de Jesús, hombres y mujeres, son los primeros en luchar, en sufrir. Es la Iglesia del amor hecha carne, opción preferencial por el sufriente. El padre Daniel-Ange nos conmina al compromiso, sirviendo al pobre que se encuentra alrededor nuestro. Esto es aprovechar la circunstancia ¿qué puedo hacer por los demás? Dar sin medida, entregarse sin calcular...

II Capítulo: Entre los tuyos aquí y ahora. Este capítulo contiene siete grandes reflexiones en torno a la comunión

1.  ¡Qué dulce es vivir juntos como hermanos! Nos adentramos a comprender que toda la vida es comunitaria porque todo es trinitario. Jesús crea su Iglesia como una inmensa comunidad, conformada por los Apóstoles, las santas mujeres y los setenta y dos discípulos. Ellos son el prototipo de una multitud incontable. Sin embargo, actualmente en Occidente las familias y comunidades son atacadas, de ahí la urgencia por consolidarlas.

2.  Ocho señales de la acogida mutua. En estas páginas el autor expone una serie de pasos para vivir una profunda espiritualidad de comunión. Estos son lugares de aprendizaje, donde se forja el arte de amar y al mismo tiempo la unión de toda la Iglesia.

3.  Ocho miradas prof éticas que dan vida. Son grandes momentos que nos preparan para vivir la fraternidad en la experiencia diaria de la comunidad o la familia, ofreciendo una mirada que revela la bondad y belleza de Dios, viendo a la persona en su profundidad.

4.  Con el siguiente tema, Perdonar, Liberar, Resucitar, se nos invita a mirar al interior, acceder a la fuerza del perdón que entrega la paz, cuanto más se ama, más vital es otorgar el perdón cuando se quiere crecer juntos en el amor. En palabras del autor, negar el perdón es arruinar la vida para siempre, el perdón libera del pasado, invita a avanzar por el camino de la vida y nos abre al porvenir.

5. Responsables de los hermanos. El autor desarrolla algunas pistas en torno a la situación de responsabilidad, fruto de su experiencia exigente y santificante, donde toda forma de autoridad es un carisma, un don al servicio de los hermanos. Este servicio nos propone estar receptivos, disponibles. La oración, la confianza, implica saber contar con Él.

6.  Servir en la verdad del amor. Jesús ha hecho una revolución donde el poder es renunciar a toda posesión, reinar es humillarse. El Espíritu Santo es el impulso dinamizador para no darse por vencido. De mucho interés son los puntos de equilibrio para vivir en comunidad: discernir acerca del conjunto, dejar libre y canalizar, hacer y hacer, apoyar e implicar a los demás, presencias y ausencias, todo para todos y solo con el más solo, intervenir sin hacer enrojecer... no faltar a la discreción. Todo esto mediante una vigilia del corazón.

7.  La confianza hace de tu hermano tu alegría, esta es una confianza que significa transparencia, la duda no construye, engendra inseguridad, rechazo; en cambio, la confianza es importante para obrar en comunidad y en familia. Confiados unos a los otros en la vida fraterna hacemos experiencia de la Trinidad y la clave que nos ayuda a vivir la caridad es vivir como si este fuera nuestro último día.

En síntesis, La plenitud de todo: el amor, es un texto que nos conduce hacia la meditación. La obra en su conjunto resulta interpeladora con un lenguaje natural centrado en la realidad, donde el autor ha querido volcar la riqueza y vigilancia de la experiencia comunitaria.

Eva Reyes Gacitúa

 


ALVAREZ TEJERINA ERNESTINA Y PEDRO, Te ruego que me dispenses. Los ausentes del banquete eucarístico. Ediciones Narcea SA, Madrid 2006.137 pp.

Según los hermanos Alvarez Tejerina, el texto comparte el gran milagro de la Eucaristía y la transformación que opera en los invitados. Los ausentes, aquellos que se han dispensado son los protagonistas de este relato que nos invita a indagar, buscar en sus vidas, en sus problemas y necesidades nuestro propio misterio y también el eucarístico.

Primer capítulo Saludo y preparación de la Eucaristía:

Los autores nos presentan a Los habitantes del país de los gadarenos, los miedosos, según el texto de Mt 8, 28-34. Estos habitantes son aquellos personajes que inundados por el temor piden a Jesús que se retire de sus vidas y por miedo al camino que Dios les propone, se quedan fuera del Banquete.

Un segundo grupo lo conforman Los chiquillos sentados en la plaza, los insatisfechos, según Mt 11, 16-19. Estos encarnan el prototipo de aquellos que van por el mundo sembrando desilusión, dudas, malestar y discordia. Esta constante lamentación manifiesta a la persona que vive resentida y vacía. Ellos serán los ausentes del Banquete por la imposibilidad de disfrutar de la comida, del baile y de los amigos.

Segundo capítulo La Palabra:

Una generación malvada, los que escuchan y no creen, según Le 11, 29-32. Son quienes no están dispuestos a creer en las palabras de Jesús, compuesto por el grupo de los incrédulos, ciegos, encerrados en sí mismos. Aquellos que piensan que Dios y el hombre son rivales. Por lo tanto, no podrán disfrutar de la Cena del Señor hasta que sean capaces de decir ¡Yo creo!

Los hijos que tenían que trabajar en la viña, los que escuchan y no hacen, según Mt 21, 28-32. Se establece una clara relación entre las diferentes maneras de ser de las personas, entre lo que se dice y lo que se hace. Con esta parábola se nos invita a juzgar por nosotros mismos las situaciones concretas de nuestro comportamiento, "no todo el que me dice: 'Señor, Señor' entrará en el Reino de los Cielos". El texto nos interpela en relación a nuestras vidas y el continuo sí a la voluntad del Padre, pues ¿estamos satisfechos con el papel que representamos? No hay que perder de vista que nuestro "ego", astutamente, se ha vestido de religiosidad y de respetabilidad.

Tercer capítulo La acción de gracias:

Los enfermos de la piscina de Betesda. La limitación humana, según Jn 5, 1-9. La enfermedad nos da una sensación de inutilidad y dependencia, sin embargo, desde esta situación el hombre puede comenzar a vivir algo nuevo y diferente, se intuye que esa realidad tiene algo que enseñarnos. La enfermedad va sacando, tanto de los enfermos como de quienes lo cuidan, lo mejor de nosotros mismos, la ternura, la confianza, el amor. El texto acentúa que desde la enfermedad y la debilidad, el hombre puede transformar su vida cuando asista al Banquete, en la presentación de los dones de la Eucaristía.

El exorcista no cristiano. Los hermanos divididos, según Le 9, 49-50. La figura del exorcista cobra sentido en cuanto no pertenece al grupo de los discípulos y, sin embargo, conoce el poder del nombre de Jesús. Este hecho permite realizar una honda reflexión en torno al celo, la mezquindad y el sentido de propiedad sobre el bien y el espíritu. Este es el tema de nuestros días, la pluralidad religiosa que nos permite preguntar por el recorrido hacia la unidad deseada.

El guardia de los sacerdotes judíos, los violentos, según Jn 18, 19-24. Los autores destacan aquellos personajes que en el Evangelio se muestran con respuestas violentas, aquellos que prontamente dan rienda suelta a su ira para conseguir sus fines. También hay otros que se resisten y luchan contra ellos, no obstante, emplean los mismos medios. Siguiendo la ley natural de causa y efecto pareciera ser que la crueldad ha invadido esta sociedad, sin embargo el poder de Dios en Jesús ha demostrado la fuerza del amor incondicional en la no violencia. Ello permite obtener la certeza de que nada podrá impedir que la ternura y la paz se establecerán definitivamente en este mundo.

Cansados y agobiados. Los decaídos, según Mt 11, 28-30. Este grupo puede estar compuesto por gente joven y sana, ¿cuál ha de ser la causa de esta pérdida de vitalidad?: el exceso de estímulo, de información, de ruido, consumo, estrés. Puede encontrarse en la forma de vida, en la tensión de ser mejor, llegar a ser más. Frente a este deterioro solo cabe consolidarse en las fuerzas positivas del ser humano que tienden a la unidad. La clave pudiera estar en conectarse con las fuerzas más sutiles y valiosas del ser humano, abriendo el interior a la intervención del Espíritu.

Cuarto capítulo El envío:

La Creación, El cuerpo cósmico de Cristo, según Me 16, 15. Jesús nos envía a proclamar la

Buena Nueva, y el Banquete es la imagen más clara del Reino, como descripción de profunda comunión familiar donde queda desterrado cualquier principio de dominación. Jesús nos enseña a mirar la creación para comprender en ella la realidad y su Creador. Dios convierte la "Mesa de la Creación" en una "Misa del Universo", la cual es adelanto del plan definitivo de Dios, en el destino de comunión que se completará con la llegada del Espíritu.

Finalmente, se han ido acercando a la mesa del Banquete aquellos que en un principio de habían dispensados. El Señor ha tenido paciencia y ha esperado a todos. Poco a poco los comensales comienzan a darse cuenta que ya no son lo que eran y comprenden que hay un nuevo renacer. Este es el milagro de la Eucaristía, transformación que opera en todos, alabada sobre el altar del mundo.

En síntesis, Te ruego que me dispenses... es una obra de fácil lectura que concentra su reflexión en una serie de personajes singulares que no pueden participar del banquete eucarístico. Este hilo conductor permite que la obra sea dinámica en su estilo e interpele desde el lugar de los ausentes el tiempo que hemos tardado en celebrarla.

Eva Reyes Gacitúa