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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.140 no.6 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872012000600022 

Rev Med Chile 2012; 140: 824-825

CARTAS AL EDITOR

 

Bronceosis: enfermedad especulativa por depósito de bronce

Bronzeosis: A speculative disease by bronze deposit

 

Pablo Young

Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires, Argentina.

Correspondencia a:


Sr. Editor.

La broncemia, es una enfermedad del adulto que no figura en ningún texto de medicina. Significa etimológicamente "acumulación de bronce en la sangre" y los médicos que la padecen, a medida que pasan los años, se invaden con bronce, se creen próceres y sueñan con su estatua instalada en el patio del hospital o de la clínica donde trabajan1. Es un término creado hace unos 30 años por el Dr. Narciso Hernández, un prestigioso cirujano de la ciudad de Córdoba (Argentina).

Decía Narciso Hernández que el enfermo de broncemia o que padece de bronceosis, tendría una tesaurismosis por depósito de bronce, que pasa por dos etapas: la primera es la importantitis, en la que él se cree tan importante que nadie es mejor que él, y la segunda es la inmortalitis. Cuando el paciente llega a esta etapa final, el bronce invade todo su cuerpo y ahí se cree ya una estatua olímpica e inmortal.

Esta enfermedad se desarrolla en aquellos lugares que presumen de un alto nivel de intelectualidad y el medio ecológico ideal es la universidad, pero es claro y notorio que este padecimiento no ataca solamente a los médicos. También se observa en otras profesiones, como en política, donde la soberbia y la solemnidad propia del broncémico aparecen de manera espontánea.

Se trata de una endemia, enfermedad que se presenta regularmente con un número determinado de casos. Si fuera una epidemia, podría esperarse su desaparición en algún momento, lo que aún no se ha comprobado.

La mayoría de los casos se expresan entre los 45 y 55 años, y los más graves se presentan entre los 55 y 66 años. Está en relación inversa con su edad y su capacidad de poder comprender y discernir. El sexo también es importante: se pensaba que era más prevalente en el sexo masculino, pero ahora, con el auge del feminismo, parece tener igual prevalencia en ambos sexos.

Los síntomas más comunes del paciente broncémico son tres: diarrea mental, hipoacusia interlocutoria y reflejo céfalocaudal.

La diarrea mental se caracteriza por una verborragia exagerada, en que el broncémico habla y habla todo lo que su cerebro depone. La sordera interlocutoria siempre acompaña a la diarrea mental: cuando el broncémico habla y habla, sus oídos no escuchan nada ni a nadie. El reflejo céfalocaudal produce una actitud de caminar con la cabeza elevada, como si estuviera en un púlpito o atrio. La rigidez se hace evidente. Las partículas de bronce en la columna cervical y el tórax determinan una postura que los clásicos llaman "actitud real": el mentón elevado, el pecho henchido, con el gesto que adopta quien huele un olor desagradable. Los músculos de la visión, endurecidos por el bronce, no le permiten, curiosamente, dirigir su mirada hacia abajo.

Insensiblemente, sin darse cuenta, enfermos de solemnidad, los médicos afectados ven con tristeza cómo la enfermedad llega a los músculos de la cara, impidiéndoles sonreír. Por alguna razón, aún desconocida, el bronce comienza a precipitar y forma depósitos. El primer lugar es la laringe. Las cuerdas vocales se engrosan y adquieren resonancia suficiente como para modificar la natural voz de tenor hacia una de barítono, o de bajo, que le asegura mantener una suficiente distancia entre su persona y el paciente. En esta etapa la enfermedad es aún reversible. La experiencia, los buenos maestros, la lectura de textos alejados de la medicina, la música, la pintura u otras expresiones del humanismo alejan el peligro. No obstante, un porcentaje de ellos se convierte en crónicos2.

Se pensaba que esta enfermedad era de la modernidad, pero ya 1.500 años antes de Cristo, cuando se realizó en la antigua India la separación de las castas sociales en cinco: la quinta era la de "los intocables", aquellos que no tenían derecho a nada, ni siquiera a la atención médica; la cuarta era de los trabajadores inferiores, la tercera la de los comerciantes, la segunda era la casta de los Ambasta, a la que pertenecían los médicos y la primera casta era la de los reyes. De estas dos se decía que descendían de los dioses. Pienso que tal vez alguno de estos médicos broncémicos creen realmente que descienden de los dioses.

Clarissimus Galenus, o Galeno (129-200 d.C.) o Galeno de Pérgamo, ejerció en la Roma Imperial y era un broncémico: ególatra incorregible, hablaba permanentemente de sus grandes ganancias, de sus logros, de su fama, y revestía todas sus curaciones de una aura milagrosa para impresionar a la gente.

Debemos enseñar a nuestros jóvenes médicos, el deseo de ayudar a sus colegas y pacientes, de sembrar dentro de ellos para que florezca el espíritu de servicio. Hay que distinguir entre servicio y espíritu de servicio. El servicio es un acto de ayuda que puede ser instintivo y puede no necesitar de la razón, en cambio el espíritu de servicio es el profundo deseo de satisfacer a aquellos que necesitan de nosotros. No es un acto, es una actitud, es una función de vida. Si los médicos jóvenes no se preparan para nutrirse intensamente del espíritu de servicio, están preparándose o son susceptibles a contagiarse de broncemia.

Seguramente, nuestros lectores han compartido algún tiempo con broncémicos y cualquiera podría contar su experiencia al lado de uno de ellos.

Berni Siegel, pionero de la medicina mente-cuerpo, se reunió con tres enfermos terminales jóvenes que murieron pocos días después. Berni les preguntó que querrían que él enseñara a los médicos jóvenes. Los pacientes respondieron: "que golpeen la puerta de nuestra habitación antes de entrar, que cuando salgan se despidan y nos saluden y que cuando se comuniquen con nosotros nos hablen a los ojos". Ninguno de ellos pidió que se les encontrara la cura de su enfermedad, sólo pedían respeto.

Los médicos dioses, esos médicos que desayunan con Dios y luego bajan a atender a sus pacientes, no suelen recibir muestras de cariño, porque la distancia que ellos mismos generan, se convierte en un abismo que los aleja de todos los demás hombres, impidiéndoles compartir.

 

Referencias

1. Occhiuzzi F. La Broncemia. Disponible en: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=74513 [Consultado el 19 de enero de 2012]         [ Links ].

2. Raffo CHG. Cuidado con el bronce. En el diario "La Nación" (Buenos Aires) del 28/08/89. http://www.icaro-digital.com.ar/diciembre2001/.../cuidadoconelbornce.htm [Consultado el 20 de enero de 2012]         [ Links ].


Correspondencia: Dr Pablo Young. Hospital Británico. Perdriel 74 (1280). Buenos Aires, Argentina. Tel: 5411 43096400 Fax: 5411 43043393. E-mail: pabloyoung2003@yahoo.com.ar

 

Conflictos de Interés:

Pablo Young.