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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.140 no.4 Santiago abr. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872012000400015 

Rev Med Chile 2012; 140: 517-523

ARTÍCULOS DE REVISIÓN

 

Perspectiva evolucionista de los trastornos de la conducta alimentaria

 

Evolutionary perspective of eating disorders

 

Rosa Behar A.

Departamento de Psiquiatría, Universidad de Valparaíso.

Correspondencia a:


Background: Evolutionary theory has contributed with physiological, psychological and behavioral explanations to the comprehension and treatment of eating disorders (ED). The aim of this review is to analyze the relationship between ED and the attachment theory and natural selection based hypotheses (famine flight, reproductive suppression and intrasexual competition). Insecure attachment is characteristic of ED and significantly interferes in the individuation developmental process. Maternal attachment is usually ambivalent; mainly avoidant in anorexics and anxious in bulimics. Anorexic syndrome evokes ancestral adaptive mechanisms to face food scarcity, status achievement and threat of group exclusion. Suppression of reproductive capacity in anorexics, favored by family dynamics, represents a self-sacrifice to obtain the benefit of its members through genetic altruism. Feminine intrasexual competence is related to nubile features in order to attract and retain high quality and long-term partners. Therefore, from an evolutionary perspective, ED symptomatology may be described as a self-destructive adaptive state of lack of control, in response to a particular genetic phenotype plasticity, environmental factors and cognitive processes.

Key words: Anorexia; Biological evolution; Eating disorders; Genetic fitness.


 

Es conocida la etiopatogenia multidimensional bio-psico-social de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), en la que se interrelacionan variados factores, incluyendo genes, personalidad, eventos vitales y el contexto sociocultural1. Entre las diversas aproximaciones que han contribuido a la comprensión de estas patologías, la teoría evolucionista aporta una síntesis de explicaciones fisiológicas, psicológicas y conductuales que han permitido enriquecer su abordaje fenomenológico-clínico y terapéutico2, distinguiendo entre la causalidad próxima -suma de todos los procesos biológicos (bioquímicos, fisiológicos, etc.) y psicológicos que directamente producen el fenómeno-; y remota -el alcance de la participación de un rasgo o sistema de la aptitud reproductiva de un organismo en su medio ambiente natural (ancestral)3.

El objetivo de este trabajo es describir los postulados evolucionaríos que se han aplicado a los TCA, desde la precursora teoría del apego planteada por Bowlby, reforzada por las experiencias de Harlow y Sptiz, hasta las clásicas hipótesis darwinianas basadas en el fenómeno de la selección natural: de la huida de la hambruna, relacionada principalmente con aspectos fisiopatológicos; de la supresión reproductiva referida a la dinámica familiar y de la competencia intrasexual concerniente a la perspectiva psicosocial de estas patologías. Con esta finalidad, se efectuó una búsqueda de evidencia sobre el tema en publicaciones, tanto en idioma inglés como español, de artículos originales, de revisión y de presentación de casuística, entre 1859 y 2010, en textos especializados y en las bases de datos Medline/PubMed, utilizando palabras claves como eating disorders, anorexia nervosa, bulimia nervosa, evolutionary, darwinian, attachment.

La teoría del apego

Uno de los pioneros contemporáneos en aplicar conceptos evolucionistas a la psicología y psicopatología fue John Bowlby (1907-1990), psiquiatra y psicoanalista inglés, cuyo legado conocido como la teoría del apego se centra en la historia actual de la relación entre el niño y su madre focalizándose en sus dificultades y su transmisión a través de las generaciones4.

El apego, vínculo emocional que establece el niño con sus padres, le proporciona la seguridad indispensable para un buen desarrollo de su personalidad. Implica una reacción de adaptación básica evolucionaria para la supervivencia de la especie en la antigua lucha contra los depredadores y surge como una respuesta de temor por parte de la cría por la eventual inaccesibilidad de la madre. Este vínculo se transforma en una necesidad recíproca de relaciones tempranas entre cuidadora/cría que se observa principalmente entre los 9 meses y 3 años de vida, permitiendo la exploración del mundo físico y social de su entorno. Los modelos de apego que aparecen en la infancia, constituyen importantes guías para establecer relaciones significativas en el futuro. Los lazos afectivos en ellos suelen ser positivos, si ofrecen seguridad, afecto y confianza, o negativos, si brindan inseguridad, abandono, miedo5'6.

Harry Harlow (1905-1981), psicólogo estadounidense, famoso por su clásico experimento con macacos rhesus, demostró reforzando la importancia de la prestación de cuidados y compañía en el desarrollo social y cognitivo infantil. Dos grupos de monos bebés fueron separados de sus madres. En el primero, una madre de felpa no proporcionó alimentos, mientras que otra de alambre lo hizo provista de un biberón adjunto que contenía leche. En el segundo, una madre de felpa distribuía alimentos, mientras que la de alambre no lo hizo. Los monos se aferraron a la madre de felpa, les suministrara o no alimentos, y elegían la madre sustituta de alambre sólo cuando los proveía. Harlow concluyó que la necesidad de comodidad en el contacto, cuya falta era psicológicamente estresante para los primates, fue más fuerte que la necesidad de exploración7.

Teoría del apego y trastornos de la conducta alimentaria

En el apego seguro, observado en 70% de poblaciones no clínicas, la ansiedad de separación se revierte mediante el reaseguramiento con lacuidadora disponible, que se muestra receptiva, cálida y conectada a las necesidades del bebé8-10. La privación de la madre supone ausencia del vínculo materno y trastorno del comportamiento en la infancia temprana, favoreciendo la vulnerabilidad para la emergencia de TCA, en los cuales no existe el reconocimiento materno de las necesidades de la hija en la interacción, configurándose una vinculación angustiante, insegura, rabiosa, en la cual la madre puede estar presente pero se perfila insensible, ausente afectivamente y rechazante, auspiciando constantemente la amenaza de abandono11.

Las pacientes alimentarias presentan en 64% el tipo de apego inseguro, que interfiere significativamente en el proceso de individuación, en el que la ansiedad de separación es patente, propiciando una baja autoestima que conlleva a su vez, diversos grados de insatisfacción corporal. El apego con las madres es característicamente ambivalente; en la anorexia nerviosa principalmente es evitativo, creando suspicacia, escepticismo, retraimiento, dificultad para confiar y depender de los demás11-14, mientras que en la bulimia nerviosa predomina el tipo ansioso que genera a futuro relaciones interpersonales inseguras, los otros se perciben poco confiables, son personas resistentes a comprometerse, con gran preocupación por el posible abandono15,16.

En 1945, el psicoanalista René Spitz acuña el concepto de depresión anaclítica o síndrome de hospitalismo ("anaclítico" deriva de "anaclisis" equivalente a "apuntalamiento")17 para designar un síndrome depresivo que aparecía en el curso del primer año de vida del niño, consecutivo al alejamiento brutal y más o menos prolongado de la madre tras haber tenido el niño una relación normal con ella. Se caracterizaba por anorexia, pérdida de peso y de la ausencia de expresión mímica (ej. sonrisa), mutismo, insomnio, y retardo psicomotor global. En este estado, la separación madre-hijo, durante un tiempo muy extenso o total, desemboca en la imposibilidad del niño para entablar contactos afectivos permanentes; pudiendo causar estragos irreversibles, incluyendo la muerte. En los TCA, este cuadro surgiría en la infancia a modo de protesta, desesperanza y aislamiento ante la privación de la figura materna, o como una defensa contra una madre no disponible durante la fase de separación-individuación. De este modo, las pacientes poseen una mayor vulnerabilidad, por un lado a experiencias de separación, depresión, pérdida y desamparo, y por otro, a la difusión de los límites del self, todos ellos aspectos predisponentes a TCA18.

Hipótesis Darwinianas

Biólogo, geólogo y naturalista inglés, Charles Darwin (1809-1882) postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural. Su obra fundamental, "El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida", publicada en 185919, estableció que la explicación de la diversidad observada en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de las sucesivas generaciones. Con "El origen del hombre, y la selección en relación al sexo"20, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Derivadas de estas premisas, las siguientes hipótesis se han utilizado en la aproximación comprensiva de los TCA.

Hipótesis de la huida de la hambruna

Es conocida la conducta de restricción alimentaria observada en la anorexia nerviosa, acompañada habitualmente de negación de la inanición e hiperactividad psicomotora, fenómenos que evocan evolucionariamente los principios facilitadores de grupos nómades en ambientes depletados de forraje, como ocurría en el Pleistoceno, época geológica que se corresponde con la etapa del Paleolítico del desarrollo humano, que comienza hace 2,59 millones de años y finaliza aproximadamente 12.000 años antes del presente, asociado a la aparición del homo sapiens, que incluye varios ciclos de glaciaciones, con importantes cambios climáticos y vastas extensiones de hielo glacial21. El modo de vida era de tipo cazador-recolector; conseguían comida, ropa, leña y materiales para sus herramientas y cabañas. Vivían en pequeños grupos o bandas y no debía existir división del trabajo ni especialización, salvo las correspondientes a las diferencias físicas entre hombres y mujeres22.

Los individuos genéticamente susceptibles que disminuyen mucho su peso corporal revivirían conductas adaptativas arcaicas que corresponden al síndrome compatible con la anorexia nerviosa, que involucra aspectos tanto fisiológicos como cognitivo-conductuales23. Con la disminución de la ingesta alimentaria se produce la activación de mecanismos cerebrales de recompensa mediante los neuromoduladores y neurotransmisores que regulan la actividad y el apetito. Los niveles de grelina y del neuropéptido Y, ambos promotores del apetito, están aumentados en las pacientes anorécticas; la epinefrina, norepinefrina, la dopamina, la hormona liberadora de corticotropina, involucrada en la respuesta al estrés y el sistema MSH/ AgR (la proteína agutí antagoniza a alfa-MSH en los receptores cerebrales de melanocortina MC1R y MC4R provocando hiperfagia y aumento de peso) también están activados. Así, el síndrome anoréctico se puede catalogar como un trastorno de la interacción genético/ambiental, en el cual se observa la reactivación de engranajes evolucionistas adaptativos a la escasez alimentaria24-26.

La disminución ponderal que se observa en las pacientes anorécticas, evolucionariamente correspondería a una antigua respuesta adaptativa a la amenaza de hambruna, mediante conductas tales como ignorar los alimentos, negar el peligro de la delgadez y la presencia de inquietud psicomotora que permitiría en un ambiente de escasez alimentaria, la migración hacia otros lugares donde existen más posibilidades de abastecimiento23,26.

Además, en las anorécticas actuales, la dieta restrictiva y la baja de peso corporal otorgan un mayor estatus, con aumento de la autoestima y autocontrol, permitiendo un mayor poder de participación en el protagonismo social; atávicamente el comer y el aumento ponderal significarían volver a competir por la jerarquía y la pertenencia al grupo y determinaría una condición amenazante para otros miembros dominantes de la bandada. A su vez, la competencia por los recursos, relacionada con la sobrevivencia de la especie, conlleva el riesgo de amenaza de exclusión del grupo (pares), y por ende, la no pertenencia a esa congregación, vivenciada como ancestralmente peligrosa. Aludiendo a esta visión evolucionaria, la sintomatología anoréctica se desarrollaría sólo cuando la pérdida de peso provoca una antigua respuesta de adaptación a la amenaza de hambruna23,26-28, considerando que los rasgos anorécticos han evolucionado en el transcurso del tiempo por la selección natural, exhibiendo una alta heredabilidad (56%-76%)29.

Aunque el supuesto de la hambruna debido a la escasez de alimentos en los TCA podría encajar con la presencia de características tan nucleares del síndrome anoréctico, principalmente la inanición, falta de apetito e inquietud psicomotora; sin embargo, éste no explica la resistencia a comer aun con disponibilidad de alimentos y que la hiperactividad no siempre está presente1,23.

Hipótesis de la supresión reproductiva

En la anorexia nerviosa se produce una disminución de la grasa corporal entre 17% y 22%, generando consecuencias desfavorables como anovulación, amenorrea e infertilidad. Es característico que las anorécticas demuestren preferencia por alcanzar un cuerpo delgado -no femenino, no sexualmente maduro-, posponiendo de esta manera la pubertad y todos los cambios biopsi-cológicos conjuntos (ej. surgimiento de caracteres sexuales secundarios, redistribución del tejido graso, exacerbación de impulsos sexuales, posibilidad de fertilidad, temores e inseguridades relacionadas con la focalización de la atención en su imagen corporal, etc.) y configurando una corporalidad poco atractiva al sexo masculino. Inclusive aparece una disminución de la libido que permitiría una mayor dedicación al valorado éxito otorgado por la familia y la paciente a metas ambiciosas en logros académicos, laborales y deportivos. No obstante, la anoréctica paradojalmente percibe un escaso apoyo social proveniente ya sea de los miembros de su familia y/o de la pareja, que origina sentimientos de desamparo y una menor disposición a la maternidad26,30.

Teoría de selección de parentesco

Dentro de la hipótesis de la supresión reproductiva, la teoría de selección de parentesco se refiere a los cambios en las frecuencias génicas a través de las generaciones, debidos en parte a interacciones entre individuos emparentados. Evolucionariamente, por selección natural, un gen que codifique un carácter que mejore la aptitud de los individuos que lo porten debería aumentar de frecuencia en la población; y a la inversa, uno que disminuya la aptitud individual de sus portadores debería ser eliminado; aunque un gen que provoque un aumento en la aptitud de los parientes pero disminuya la aptitud del individuo que porta el gen puede aumentar de frecuencia, porque los parientes suelen portar los mismos genes. La mejora en la aptitud de los parientes puede a veces compensar la pérdida de capacidad que sufren los individuos que muestran el carácter. Algunas sociedades de insectos sociales parecen tener una forma desinteresada tendiendo a beneficiar a otros individuos de su misma especie. Las abejas obreras trabajan constantemente en la colonia cuidando a su madre, hermanas y hermanos, durante aproximadamente tres semanas, luego recolectan néctar y polen otras dos o tres semanas, hasta que mueren. Son hembras infértiles, fenecen sin dejar descendencia alguna, pero este altruismo de las abejas tiene un origen genético. Las obreras son hembras estériles, no pueden transmitir sus genes a otras generaciones, por lo tanto, se favorece su comportamiento altruista. Este supuesto altruismo genético las obliga a dar la vida por quienes más genes comparten con ellas31.

Se postula que los padres influyen en el inicio y la mantención de la anorexia nerviosa. La dinámica familiar de la anoréctica se distingue por conductas de sobreprotección mutua entre los diversos miembros, en la cual ella obtiene una poderosa ayuda intrafamiliar, pero a cambio de un costo: la supresión de su capacidad reproductiva que sobrelleva un autosacrificio y cuidado por su familia con el fin de conseguir una mejoría del bienestar global, rigiéndose por el principio del altruismo. Esta transacción optimizaría la aptitud de los parientes, lo que compensaría el menoscabo propio de la afección anoréctica. Desde la hipótesis de selección natural, significaría que aunque la anoréctica fallezca, sus familiares sobrevivientes llevarán sus valorados genes32.

Modelo de manipulación parental

Otra variable que contribuye a complementar la hipótesis de la supresión reproductiva es la existencia en la anorexia nerviosa de una madre sobreprotectora y dominante, que impide el encuentro de potenciales parejas y la posibilidad de reproducción, dificultando el desapego de sus hijas, con la creación de una estrecha relación simbiótica de mutua dependencia. Conjuntamente los padres previenen el desarrollo de impulsos sexuales hacia conductas genéticamente egocéntricas (ej. énfasis en logros personales), reforzando la noción de que la condición anoréctica sea positiva para la satisfacción parental. Así concebida la supresión de la reproducción en las hijas anorécticas de clase media/alta, la familia concentra su potencial en los hijos varones a los que se les asigna un mayor valor reproductivo. Puesto que la sintomatología anoréctica disminuye notoriamente la condición vital de las pacientes, la supresión reproductiva es altamente disfuncional desde un punto de vista biológico con posibles complicaciones que llevan incluso a un peligro vital32. La supresión reproductiva entonces denotaría un retraso en la reproducción debido a las pobres contingencias ambientales (embarazo complicado, escasa probabilidad de vida de hijos, estrés, depresión) y mantención de un aspecto núbil, que llevaría a la postergación reproductiva en condiciones más favorables.

Si bien este principio concuerda con la pertenencia de la anoréctica a una familia aglutinada, que típicamente elude conflictos, permaneciendo unida en aras del progreso socioeconómico, con sobrepotección, sobreinvolucración, elevado control emocional y que no permite la individuación de sus componentes; no explica el incremento en la prevalencia de la anorexia nerviosa en hombres y en mujeres postmenopáusicas, la apreciable disminución de la fertilidad femenina, de causas aún desconocidas en nuestra sociedad occidental y que abarca además a mujeres sanas y bien alimentadas1,32.

Hipótesis de la competencia intrasexual

Existe una contundente evidencia en nuestra sociedad occidental que la figura deseable femenina núbil es indicadora de juventud, suscitando el atractivo masculino y la competencia sexual femenina.

La silueta esbelta ostenta un mayor potencial reproductivo e indica ausencia de embarazo y al mismo tiempo, disponibilidad para la fecundación. La nubilidad implicaría la motivación por la delgadez, una de las características esenciales que muestran las anorécticas actuales, verdadera persecución hasta las últimas consecuencias de una figura socioculturalmente deseable que progresivamente se ha vuelto cada vez más esmirriada en las últimas décadas. Desde el prisma evolucionario, podría considerarse una ventaja reproductiva ancestral que favorecería la atracción y retención de parejas a largo plazo para asegurar la sobrevivencia de la especie33-35.

Socioculturalmente, las mujeres anorécticas son subordinadas por sus pares dominantes en la competencia intrasexual femenina. Las adolescentes atractivas, modernas y acicaladas son las dictadoras de actitudes socio-culturales como el énfasis en una figura corporal esbelta, entre otros preceptos. La conducta sumisa y la comparación social desfavorable de las pre-anorécticas predicen la aparición de cuadros alimentarios. La competencia intrasexual femenina por una pareja es predictor esencialmente de bulimia nerviosa; en cambio si ésta es por alcanzar un estatus, predice anorexia nerviosa, en la cual es frecuente observar una competitividad general, especialmente por mantener un exitoso autocontrol y perfeccionismo que producen diversos grados de insatisfacción corporal y que conduce a una motivación por obtener una silueta sutil; en otras palabras, una preocupación constante por el atractivo físico y por conseguir una apariencia moderna34-36. Inclusive en tiempos presentes, aun las mujeres mayores tienden a recrear y a retener la forma juvenil36 reviviendo la competencia femenina intrasexual35,37 por conseguir parejas de alta calidad y a largo plazo; vale decir, aquellas que muestran dedicación, confiabilidad, capacidad paternal y aseguran un alto nivel socioeconómico33,35.

Si bien, la anorexia nerviosa invoca una sobreactivación de la práctica ancestral de competencia intrasexual35, un estado maladaptativo, patológico y autodestructivo de nubilidad37,38, no esclarece que el anhelo por el atractivo físico no sea universal, no considera otros elementos psico-sociales subyacentes a los TCA (ej. personalidad) y no justifica su presencia en el sexo masculino33.

Conclusiones

El enfoque evolucionario ciertamente ha representado un valioso aporte al conocimiento, comprensión, manejo y prevención de aspectos fisiológicos, psicológicos y conductuales en los TCA, incluyendo los factores clínicamente predisponentes, desencadenantes y perpetuantes1.

La precoz visión evolucionista concebida por Bowlby4, que alude al necesario vínculo entre madre y cría, como una reacción de adaptación básica para la supervivencia de la especie en la antigua lucha contra los depredadores, nos ha permitido concluir que éste, en las pacientes alimentarias es inseguro y ambivalente, evitativo en las anorécticas y ansioso en las bulímicas, debido a la ausencia física y/o afectiva de la madre, que favorece la predisposición para el desarrollo de TCA11-16.

Es posible sostener que la sintomatología de los TCA es reactiva al entorno sociocultural y remite con los cambios que experimenta la sociedad, siendo la expresión de un descontrol adaptativo autodestructivo, mediado por circunstancias ambientales (ej. lenguaje, medios de comunicación), actitudes y procesos cognitivos36,39. Desde la perspectiva evolucionista darwiniana, las mujeres que llegan a padecer un síndrome anoréctico40, con todas las características fisiológicas, emocionales y conductuales propias de la inanición, son aquellas cuya plasticidad fenotípica genética moviliza mecanismos evolucionarios adaptativos a la escasez alimentaria (ej. falta de apetito e inquietud psicomotora) que se remontan a estrategias ancestrales de huída de la hambruna23,26. Además, debido a su emaciación, la anoréctica suprime o retrasa su función reproductiva por circunstancias ambientales desfavorables (ej. complicaciones o interrupción del embarazo, mayor posibilidad de morbi-mortalidad del neonato)1,32, hecho que mediante el principio del altruismo31,32, denota un autosacrificio en pro del beneficio y cuidado de sus parientes, que a su vez retribuyen su apoyo a la paciente para asegurar la supervivencia de todos los miembros del núcleo familiar. Por otra parte, el enflaquecimiento extremo que lleva a la postergación reproductiva, implica la mantención de un aspecto núbil, índice de juventud y atractivo, considerado una ventaja reproductiva atávica, que favorece la retención de parejas de alta calidad y a largo plazo, adquiriendo ventaja frente a sus pares dominantes en la competencia intrasexual femenina33,35, fenómeno que habitualmente ocurre en la actualidad entre mujeres adolescentes y adultas jóvenes en nuestra sociedad occidental36.

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Recibido el 27 de diciembre de 2010, aceptado el 23 de septiembre de 2011.

Correspondencia a Dra. Rosa Behar A. Departamento de Psiquiatría, Universidad de Valparaíso. Valparaíso, Chile. Casilla 92-V. Valparaíso. Fono/Fax: (56) (32) 2508550. E-mail: rositabehar@vtr.net