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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.139 no.9 Santiago set. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872011000900016 

Rev Med Chile 2011; 139: 1210-1217

ARTÍCULOS DE REVISIÓN

 

Profilaxis de enfermedad tromboembólica en pacientes hospitalizados con patología médica, estrechando la brecha entre las guías y la práctica clínica

Strategies for the prophylaxis of thromboembolic disease among medical patients

 

Andrés Aizman, Eduardo Abbott, Luis Rojas

Departamento de Medicina Interna. Escuela de Medicina. Facultad de Medicina. Pontificia Universidad Católica de Chile.

Dirección para correspondencia


Thromboembolic disease is the main preventable cause of in-hospital death. Approximately 10% of nosocomial deaths are attributable to pulmonary embolism and in most cases, the diagnosis is not suspected before the autopsy. There are cost effective measures to decrease the incidence of thromboembolic disease. Pharmacological prophylaxis decreases the incidence of deep venous thrombosis by 65% and the incidence of pulmonary embolism by 35 to 55%. Despite this data and the presence of clinical guidelines, prophylaxis of thromboembolic disease is used only in 40% of medical patients and in 65% of surgical patients with recommended indications. We review the evidence that supports the use of thromboprophylaxis and the different strategies that may increase the compliance of physicians with its use. A protocol implemented in our institution is also proposed.

Key words: Anticoagulants; Pulmonary embolism; Venous thromboembolism.


La enfermedad tromboembólica (ETE), constituida por la trombosis venosa profunda (TVP) y el tromboembolismo pulmonar (TEP), tiene una incidencia 100 a 130 veces mayor en pacientes hospitalizados en comparación con la población general1. Alrededor de 25% de todos los eventos ocurre durante o tiene relación con una hospitalización reciente. Pese a que históricamente ha sido un tema abordado y estudiado en pacientes quirúrgicos, entre 70 y 80% de los TEP y 50 y 70% de los eventos de TVP sintomáticos asociados a hospitalización ocurren en pacientes no quirúrgicos2,3.

El TEP es responsable de aproximadamente 10% de las muertes dentro del hospital, y en la mayoría de estos casos (más de 70%) el diagnóstico nunca fue sospechado clínicamente. De esta manera, la enfermedad tromboembólica se ha transformado en la principal causa de muerte prevenible dentro del hospital4-6.

Cincuenta a 80% de los casos de TVP son asintomáticos, y en aproximadamente el 50% de los pacientes con TVP proximal coexisten trombosis pulmonares asintomáticas7. Esto podría explicar el subdiagnóstico de la enfermedad y probablemente la subutilización de profilaxis tromboembólica en pacientes hospitalizados.

La importancia de la enfermedad tromboembólica radica no sólo en su frecuencia, sino también en sus complicaciones agudas y crónicas. Dentro de estas últimas destacan el síndrome postflebítico y la hipertensión pulmonar crónica, situaciones que generan una importante discapacidad y elevados costos para los sistemas de salud.

Además de la inmovilización, la edad avanzada y numerosas comorbilidades hacen que un porcentaje significativo de los pacientes médicos hospitalizados posean un alto riesgo de desarrollar complicaciones tromboembólicas. En estudios prospectivos, la incidencia de TVP en pacientes que no reciben profilaxis puede llegar a 15% y la de TEP a 1,5%8,9.

Diversos estudios han demostrado que la profilaxis farmacológica con heparinas es segura y eficaz, logrando reducciones del riesgo relativo de TVP y TEP de 40 a 70%8-10, constituyendo además una medida costo-efectiva1.

A pesar de lo anterior, un porcentaje reducido de los pacientes médicos con riesgo reciben profilaxis adecuada2. En el estudio multinacional ENDORSE, sólo 39,5% de 37.356 pacientes médicos recibía profilaxis tromboembólica teniendo indicación. Esto contrastaba con el 58,5% en población quirúrgica10.

La implementación de estrategias locales que faciliten el uso sistemático de tromboprofilaxis en pacientes médicos, contribuirá a disminuir en forma significativa la cantidad de eventos tromboembólicos asociados a hospitalización.

Estratificando el riesgo

En el siglo XIX Virchow planteó que el éstasis venoso, la injuria endotelial y la hipercoagulabilidad eran los factores de riesgo asociados al desarrollo de trombosis. Hoy esta triada sigue teniendo vigencia, estando sus elementos presentes en los distintos factores de riesgo que han ido identificándose con posterioridad. Los factores de riesgos más frecuentes se describen en la Tabla 1.


La estimación del riesgo de cada paciente es fundamental al momento de indicar una intervención que sea costo-efectiva. Si bien algunas herramientas han sido diseñadas para estimar el riesgo en forma individual, ninguna de éstas ha sido validada en forma prospectiva. Así, las recomendaciones de profilaxis en pacientes médicos siguen siendo poco específicas.

A pesar de lo anterior, es importante destacar que 75-80% de los pacientes médicos hospitalizados posee al menos un factor de riesgo11 y un porcentaje importante de ellos tiene 3 o más factores de riesgo en forma simultánea1,12.

La edad en pacientes hospitalizados constituye sin duda uno de los principales factores de riesgo de ETE. La incidencia aumenta de aproximadamente 10 en 100.000 individuos/año en la población general a 300-500 eventos por 100.000 individuos/año en aquellos mayores de 70 años13. Sobre esto se suman una serie de otros factores propios del paciente (insuficiencia cardiaca, cáncer, infecciones severas u otros) y de la hospitalización (inmovilización prolongada, procedimientos invasivos, etc).

Especial mención ameritan algunas patologías como el cáncer, que aumenta el riesgo en al menos 6 veces. El riesgo es particularmente alto en pacientes con tumores cerebrales y adenocarcinomas (páncreas, pulmón, ovario, riñón, colon, estómago y próstata). En globo, se estima que el cáncer es responsable de 20% de todos los eventos tromboembólicos14. La quimioterapia y la hormonoterapia también pueden aumentar significativamente el riesgo de ETE15-17.

Otra situación que merece atención es la de pacientes con accidente vascular encefálico (AVE). La incidencia de TVP en pacientes con AVE y hemiplejia sin tromboprofilaxis puede alcanzar hasta 75%18, porcentaje similar al experimentado por pacientes operados de fractura de cadera. El TEP por su parte, es responsable de hasta 25% de las muertes precoces después de un AVE19.

En suma, en ocasiones es difícil estimar el riesgo de desarrollar patología tromboembólica en el paciente individual y no existen herramientas validadas que faciliten hacerlo. Sin embargo, cada vez se conocen más y mejor los factores de riesgo. El Colegio Americano de Médicos del Tórax recomienda que pacientes hospitalizados por más de 3 días, mayores de 40 años y que posean algún otro factor de riesgo, sean considerados candidatos para tromboprofilaxis1.

Profilaxis, alternativas y estudios clínicos

Existen distintas alternativas de tromboprofilaxis. Éstas pueden dividirse en medidas mecánicas y farmacológicas.

Profilaxis mecánica o no farmacológica

La deambulación mejora el flujo venoso y es ampliamente recomendada en población quirúrgica. Sin embargo, su implementación en población médica está restringida a un bajo porcentaje del total de pacientes, tanto por condiciones del enfermo como del funcionamiento hospitalario.

Por otra parte, existe poca información que permita estimar la utilidad de las medias y dispositivos de compresión intermitente en pacientes médicos. No existen grandes estudios que permitan demostrar su utilidad en este tipo de pacientes.

El estudio publicado más grande en población médica, el CLOTS 1, reclutó a más de 2.500 pacientes con AVE isquémico y no logró demostrar beneficios en el grupo asignado en forma aleatoria a medias compresivas, es más, este grupo presentó más complicaciones como úlceras y necrosis cutánea20.

Las medias de compresión graduada y los dispositivos de compresión intermitente sí han demostrado disminuir la incidencia de eventos tromboembólicos en población quirúrgica en al menos 50%. Su beneficio es evidente cuando se comparan contra placebo, pero también se mantiene en pacientes que están bajo profilaxis farmacológica21.

Extrapolando datos obtenidos en población quirúrgica, y tomando en cuenta el perfil de seguridad de este tipo de intervención, la profilaxis mecánica parece ser una buena alternativa para pacientes de alto riesgo hemorrágico, como aquellos con hemorragia digestiva reciente o trastornos de la coagulación (trombocitopenia severa por ejemplo). También pudiera considerarse su uso en forma combinada con medidas farmacológicas en pacientes de muy alto riesgo tromboembólico.

La mala adherencia de los pacientes y personal de salud en el uso de medias y dispositivos de compresión intermitente constituyen un elemento a considerar al indicar e implementar este tipo de intervenciones.

Profilaxis farmacológica

Existen distintas alternativas de profilaxis farmacológica; heparina no fraccionada (HNF), heparinas de bajo peso molecular (HBPM), fundaparina y los nuevos anticoagulantes, rivaroxaban y dabigatran.

La evidencia demuestra en forma clara que la profilaxis farmacológica disminuye la incidencia de eventos tromboembólicos en pacientes médicos. Dos metaanálisis recientes, demuestran que el uso de profilaxis farmacológica disminuye en aproximadamente 65% el riesgo relativo de TVP y entre 35 y 55% el de TEP (62% para TEP fatal)22,23. Esto se asocia a un aumento no significativo de episodios hemorrágicos mayores.

La reducción del riesgo absoluto para TEP y TEP fatal fue sin embargo modesta, 0,29 y 0,25%, respectivamente en el metaanálisis de Dentali22. Por ende, 345 pacientes médicos hospitalizados en riesgo deberían recibir profilaxis para prevenir un TEP sintomático y 400 para prevenir un TEP fatal.

Las contraindicaciones de tromboprofilaxis se expresan en la Tabla 2.


Heparina no fraccionada versus placebo

El metaanálisis de Wein mostró que el uso de HNF disminuye el riesgo relativo de TVP en 67% y el de TEP en 36%. No hubo diferencias de mortalidad respecto a placebo23. El uso de HNF en dosis de 5.000 UI tres veces al día versus dos veces al día se asoció a una mayor reducción del riesgo de TVP (73 vs 48%), hallazgo similar al publicado en el metaanálisis de King24, en el cual hubo una tendencia no significativa a reducir la tasa de TVP (5,4 vs 3,5 eventos por cada 1.000 paciente-día) y TEP (1,5 vs 0,5) a expensas de una mayor tasa de sangrados mayores (0,33 vs 0,73). En base a estos resultados podría plantearse el uso de HNF tres veces al día en pacientes de alto riesgo tromboembólico y dos veces al día en aquellos con riesgo bajo-moderado o mayor riesgo hemorragíparo.

Heparinas de bajo peso molecular versus placebo

El metaanálisis de Wein mostró que el uso de HBPM confiere una disminución del riesgo de TVP de 44% y de TEP de 63% asociado a un aumento no significativo de eventos hemorrágicos mayores. Tampoco hubo reducción en la mortalidad23.

La información del beneficio de las HBPM proviene principalmente de dos estudios randomizados: MEDENOX y PREVENT.

El estudio MEDENOX comparó dos dosis de enoxaparina (20 y 40 mg al día) contra placebo en 1.102 pacientes médicos tratados en promedio por 7 días. El grupo asignado a 40 mg tuvo una reducción significativa del riesgo relativo de eventos tromboembólicos (TVP y TEP) de 63% (5,5 vs 14,9%). No hubo diferencias significativas en mortalidad ni complicaciones hemorrágicas. El grupo asignado a 20 mg no tuvo diferencias con el placebo8.

El estudio PREVENT distribuyó en forma aleatoria a 3.706 pacientes médicos a recibir dalteparina 5.000 U al día por 14 días o placebo. El grupo asignado a dalteparina también presentó una reducción significativa en el riesgo relativo de sufrir un evento tromboembólico de 44% (2,8 vs 5,0%). Tampoco hubo diferencias en mortalidad y eventos hemorrágicos25.

Un subanálisis de este estudio en pacientes obesos y ancianos demostró que el beneficio y la seguridad se mantenía en distintos rangos de peso (salvo en aquellos pacientes con IMC mayor a 40) y en aquellos mayores de 75 años.

Fundaparina versus placebo

Existe un solo estudio de fundaparina en pacientes médicos (ARTEMIS). En dicho estudio 849 pacientes médicos similares a los incluidos en los estudios anteriores fueron distribuidos en forma aleatoria a fundaparina 2,5 mg al día por 6 a 14 días o placebo. El grupo asignado a fundaparina tuvo una reducción de 47% en el riesgo relativo de presentar eventos tromboembólicos (5,6 versus 10,5%)9.

Heparinas de bajo peso molecular versus heparina no fraccionada

Existe más de un metaanálisis comparando la efectividad y seguridad de las HBPM y la HNF23,26-28. En general, muestran resultados similares entre sí aunque no del todo concluyentes. En el metaanálisis de Wein, las HBPM producían una mayor reducción del riesgo de TVP (32%) y una tendencia no significativa a reducir el riesgo de TEP y complicaciones hemorrágicas. No hubo diferencias en términos de mortalidad24.

En el metaanálisis previo de Mismetti27, no hubo diferencias significativas entre HBPM y HNF en prevención de eventos tromboembólicos pero sí una disminución significativa en el riesgo de hemorragias mayores (52%).

El metaanálisis más reciente de Bump28 no mostró diferencias significativas entre HBPM y HNF en términos de reducción del riesgo de TVP o TEP, aunque sí una tendencia no significativa a presentar menos eventos hemorrágicos a favor de las HBPM.

En poblaciones de riesgo elevado, 2 estudios aleatorios muestran una mayor efectividad de HBPM por sobre HNF: PREVAIL y PRINCE.

El estudio PREVAIL estudió con distribución aleatoria 1.762 pacientes con AVE isquémico incapaces de deambular a enoxaparina 40 mg al día o HNF 5.000 UI 2 veces al día (esquema discutible, pero el más utilizado según los autores) por 6 a 14 días. El grupo asignado a enoxaparina tuvo un riesgo relativo 43% menor de presentar un evento tromboembólico (10 vs 18%). No hubo diferencias en la incidencia de complicaciones hemorrágicas, incluyendo hemorragias intracraneanas29.

El estudio PRINCE estudió con distribución aleatoria 665 pacientes hospitalizados por insuficiencia cardiaca congestiva (Capacidad Funcional III/IV) o enfermedad respiratoria grave a recibir enoxaparina 40 mg al día o HNF 5.000 UI cada 8 horas. La heparina de bajo peso fue más efectiva reduciendo el riesgo de TVP (9,7% versus 16,1%)30.

En suma, las HBPM son al menos tan efectivas como la HNF y parecen ser más seguras. Probablemente la comodidad de administración tanto para el paciente como para el personal de enfermería, hacen más atractivo su uso por sobre la HNF.

Otras alternativas

Aspirina

Si bien el ácido acetilsalicílico pudiera tener un efecto discreto disminuyendo la incidencia de eventos tromboembólicos31, su uso, así como el de otros antiinflamatorios no esteroidales o antiagregantes plaquetarios, no está recomendado como medida de tromboprofilaxis1.

Nuevos antitrombóticos orales

Especial interés ha surgido en el uso de nuevos antitrombóticos orales como rivaroxaban (inhibidor del factor Xa) y dabigatran (inhibidor directo de la trombina), tras la experiencia en estudios de profilaxis de TVP en pacientes traumatológicos. Ambos fármacos han sido aprobados para su uso en pacientes postoperados de prótesis de cadera y rodilla32-35.

No existe aún evidencia para su uso en pacientes médicos, sin embargo, se encuentra en curso al menos un estudio para rivaroxaban (estudio MAGELLAN, NCT00571649) que debiera arrojar resultados sobre su utilidad en un futuro cercano.

Pacientes con insuficiencia renal

No existen trabajos que evalúen el beneficio de profilaxis farmacológica en el contexto de insuficiencia renal crónica. Es importante recordar que las heparinas de bajo peso molecular, a diferencia de la heparina no fraccionada que se metaboliza en el sistema retículo-endotelial, se excretan por la orina. En estos pacientes parece aconsejable utilizar heparina no fraccionada cada 8 ó 12 hrs según el riesgo individual.

Estrategias para mejorar la indicación de profilaxis en el hospital

Como ya se ha comentado, la profilaxis de enfermedad tromboembólica sigue siendo subindicada11,37,38 pese a la evidencia que la respalda y a la existencia de guías clínicas que recomiendan su uso1,39.

La subutilización está relacionada a una serie de factores. Entre ellos destaca una baja percepción respecto a la magnitud del problema y del beneficio de la profilaxis40. Por otro lado, la evaluación y estratificación del riesgo en pacientes médicos es más compleja que en pacientes quirúrgicos (donde se utiliza el tipo de cirugía como principal indicador). Por último, el temor a complicaciones hemorrágicas sigue siendo una barrera importante, especialmente en algunas patologías como el AVE. Dicho temor se basa en una sobreestimación del riesgo hemorragíparo asociado a dosis bajas de anticoagulantes.

Métodos pasivos, como material educativo, charlas y probablemente este mismo artículo, tienen poco impacto al momento de mejorar las prácticas de tromboprofilaxis. El establecimiento de protocolos, registros de actividad y su seguimiento han demostrado mejorar la indicación en términos cuantitativos y cualitativos. Por ejemplo, en el trabajo de Kucher et al41, el uso de alertas asociadas a la ficha electrónica de cada paciente permitió aumentar el uso de profilaxis tanto farmacológica (23,6 vs 13%) como mecánica (10 vs 1,5%). Esto se asoció a una reducción significativa de 41% de presentar algún evento tromboembólico a 3 meses (4,9 vs 8,2%). De hecho, la guía del ACCP1 recomienda el diseño de una estrategia activa en cada hospital, establecida como política formal para toda la institución40,41.

En nuestro servicio de medicina interna hemos implementado un protocolo de profilaxis de enfermedad tromboembólica buscando optimizar el uso correcto de la profilaxis farmacológica y mecánica en nuestros pacientes (Figura 1).

Figura 1. Protocolo de Profilaxis de Enfermedad Tromboembólica en pacientes médicos. Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínico UC.

Conclusiones

La enfermedad tromboembólica es un problema frecuente en pacientes médicos hospitalizados. Ha sido catalogada como la principal causa de muerte prevenible en dichos pacientes. A pesar de existir suficiente evidencia demostrando el beneficio de la profilaxis farmacológica, ésta sigue siendo una medida subutilizada. El implementar estrategias activas para mejorar la indicación de profilaxis en nuestros hospitales permitirá reducir el gran número de eventos tromboembólicos, disminuyendo morbilidad y mejorando la calidad de vida de nuestros pacientes.

 

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Recibido el 23 de junio de 2010, aceptado el 25 de abril de 2011.

Correspondencia a: Andrés Aizman SevillaMarcoleta 367. 5° piso. Servicio de Medicina.Fono: oficina: 02-3543151, Fax: 02- 6394985E-mail: andresaizman@gmail.com