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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.139 no.7 Santiago jul. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872011000700018 

Rev Med Chile 2011; 139: 941-949

EDUCACIÓN MÉDICA

 

Aplicando psicología positiva en educación médica

Applying positive psychology to medical education

 

Nuria Pedrals G1,a, Attilio Rigotti R2,b, Marcela Bitran C3c

1Dirección de Personal.
2Departamento de Gastroenterología y
3Centro de Educación Médica, Escuela de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile.
aPsicóloga,
bBioquímica, MD PhD.
cBioquímica, PhD.

Dirección para correspondencia


Today we are witnessing an exponential growth in positive psychology (PP), a scientific approach to the most significant purpose of human existence: happiness and meaning of life. As a consequence of PP studies, happiness and wellbeing are now accepted as valid topics of research, despite their subjective and supposedly unscientific essence. Experimental evident indicates that happiness and wellbeing have biological bases and, thus, can be scientifically approached and eventually changed. We believe that we need to learn from this new discipline and apply its discoveries in our profession as medical educators to foster the full development of our students. In this review, we will summarize the major developments and discoveries of PP, and open the debate on the implications of PP offer to medical education.

Key words: Education, medical; Psychology, educational; Psychology, positive.


La prevalencia del estrés crónico y burnout (estado avanzado de estrés profesional caracterizado por agotamiento físico y emocional, despersonalización y baja autoestima) en los profesionales médicos es muy alta15, particularmente en los residentes de especialidades y subespecialidades6,7. Estos estados emocionales negativos afectan desfavorablemente el juicio y la toma de decisiones clínicas5,8,11, además menoscaban la satisfacción de los médicos no solamente con su actividad profesional y el clima laboral que los rodea, sino que interfieren con el bienestar y el sentido de sus vidas personales12-14. Esta situación no es privativa de la práctica clínica sino que también se manifiesta tempranamente durante los años de pregrado en los alumnos de medicina15-19. De esta realidad emerge la importancia de la evaluación y la implementación de estrategias psicológicas y sociales con sólidas bases científicas durante la formación médica y la práctica clínica que ayuden a los estudiantes y médicos a alcanzar y mantener un mayor nivel de bienestar, satisfacción y sentido vital. En este contexto, la psicología positiva (PP), definida como el estudio científico del origen y las consecuencias del bienestar psicológico y las estrategias necesarias para su desarrollo20, en contraste con un enfoque centrado en los estados mentales disfuncionales, ofrece enormes oportunidades. Además, la extensión de estos principios de la PP hacia la relación de los médicos con los pacientes permitiría que éstos sean tratados por profesionales capaces de ayudarlos a potenciar su bienestar y felicidad más allá de la simple búsqueda de la cura de sus enfermedades21-24. Esta visión tiene enorme relevancia para la formación del profesionalismo médico25, una competencia definida por el conjunto de valores, comportamientos y relaciones que sustentan la confianza que la sociedad tiene en los médicos. En esta revisión, analizamos el origen, los conceptos básicos y el desarrollo de la PP y sus implicancias para la educación médica.

Origen y principios básicos de la psicología positiva

Durante la última década, diversos grupos de investigación han aplicado un análisis científico-experimental al estudio de los aspectos positivos de las personas. Esta nueva área de desarrollo se conoce como psicología positiva (PP) y su objetivo es identificar los determinantes individuales y colectivos de las experiencias positivas, y desarrollar intervenciones que permitan a los individuos y las instituciones lograr satisfacción en la vida y alcanzar un mayor potencial de desarrollo20. En palabras del Dr. Martín Seligman, el padre de esta nueva rama de la psicología, "la Psicología Positiva se basa en el supuesto que la gente quiere algo masque poner fin a sus sufrimientos. La gente quiere llevar una vida con satisfacción y sentido, cultivar lo que es mejor de ellos mismos y mejorar sus experiencias personales, familiares, de trabajo y en la comunidad. Tenemos la oportunidad de crear una ciencia y una profesión que no sólo cure daños psicológicos, sino que también desarrolle fortalezas para permitir a las personas lograr lo mejor de ellas mismas en la vida". Es decir, la PP busca comprender las causas y las consecuencias del bienestar psicológico en sí mismo, sin considerarlo meramente como la ausencia de estados mentales patológicos. De hecho, el estudio de las bases neurobiológicas del bienestar y de las experiencias positivas ha sugerido que los sustratos anatómicos y neurohormonales corticales de las emociones positivas son diferentes de los que subyacen a las emociones negativas2628. Esta visión del bienestar personal asociada al estudio neurobiológico y psicológico tradicional es consistente con el modelo biopsicosocial del funcionamiento psíquico humano, el cual aporta una perspectiva integrada de la mente donde cualquier comportamiento o proceso mental afecta y es afectado por factores biológicos, psicológicos y sociales que se interrelacionan dinámicamente. De hecho, el surgimiento de la afectividad mental positiva no constituye un contrasentido biológico, sino que confiere una ventaja evolutiva. La selección adaptativa de procesos mentales ha favorecido tanto el desarrollo paralelo de emociones negativas y positivas29. Mientras las emociones negativas (rabia, temor, rechazo) permitieron respuestas específicas y focalizadas para la sobrevida de nuestra especie frente a diferentes tipos de amenzas, la aparición y la persistencia de vías neurales asociadas a las emociones positivas cumplieron un rol clave durante el desarrollo más avanzado del cerebro al permitir ampliar el repertorio de pensamientos y conductas posibles de las especies superiores. En este modelo subyace el concepto que el cerebro, como sustrato material de la mente, expresa una importante plasticidad que permite potenciar los aspectos positivos de la mente humana mediante intervenciones apropiadas30.

Desde la perspectiva de la PP, el bienestar individual deriva de tres dominios complementarios déla vida31:

a) La vida placentera o el predominio de las emociones subjetivas positivas del pasado, presente y futuro por sobre el sufrimiento y las emociones negativas,
b) La vida comprometida ("engaged life"), construida sobre la capacidad de reconocer y usar las fortalezas y virtudes propias en balance con los desafíos planteados para alcanzar una verdadera sintonía ("flow") en el trabajo y otro tipo de actividades, incluyendo el uso del tiempo libre, y
c) La vida con sentido, que resulta de la sensación de pertenencia, servicio y compromiso con algo más grande que uno mismo.

Para estudiar estos dominios se han desarrollado diferentes instrumentos de evaluación y se han diseñado una serie de intervenciones basadas en evidencias científicas que han demostrado su eficacia para aumentar el placer, el compromiso Cengagemenf) y el sentido de la vida32.

A diferencia de los movimientos de autoayuda que proponen intervenciones para promover el bienestar sin contar con un fundamento científico, la PP se funda sobre sólidas bases teóricas y experimentales y usa estrategias y técnicas propias de las ciencias biomédicas, cognitivas y sociales. Estas herramientas incluyen técnicas de imagenología avanzada para determinar correlatos neurobiológicos de las emociones positivas, estudios longitudinales y protocolos de estudio prospectivos que evalúan la eficacia e impacto de diferentes intervenciones positivas32,33.

Las intervenciones basadas en PP corresponden a aquellas actividades intencionales o terapias que buscan el cultivo de los pensamientos, emociones y conductas positivas. Dentro de las técnicas específicas que han mostrado beneficio destacan la resignificación cognitiva, el saboreo y disfrute de logros, la gratitud y la bondad hacia los demás, el perdón, la escritura de experiencias positivas, la actitud proactiva y constructiva frente al logro de otros y la meditación. Algunas de estas intervenciones han producido beneficios más allá del simple desarrollo de emociones positivas: se han asociado a una mejor salud física y menor riesgo y sintomatología de depresión clínica. En forma interesante, un meta-análisis de 51 intervenciones de este tipo con 4.266 personas, sin o con depresión, reveló que la aplicación de intervenciones positivas mejora significativamente el bienestar individual y disminuye los síntomas depresivos. El impacto de estas intervenciones depende de la ausencia o presencia de depresión, la autoinclusión en el estudio, la edad de los participantes, así como el formato y la duración de las intervenciones34.

El efecto beneficioso de este tipo de enfoque psicológico llega más allá del estado de bienestar subjetivo y parece tener un impacto funcional significativo en el cerebro y la mente. En este sentido, el estudio neurofisiológico de la práctica meditacional de atención focalizada o monitoriza-ción abierta ha mostrado resultados promisorios en la identificación de los mecanismos neurales por los cuales esta práctica ejerce sus efectos favorables y la demostración de la plasticidad de los circuitos cerebrales que subyacen en funciones mentales complejas35. Varios estudios recientes realizados en individuos con vasta experiencia en meditación basada en atención focalizada se han correlacionado con cambios significativos en el procesamiento atencional así como en la fisiología y estructura del cerebro, incluyendo un aumento en el flujo sanguíneo36 y el espesor de la corteza cerebral37. Sin embargo, estos resultados iniciales deben complementarse con nuevos estudios experimentales, especialmente aplicando protocolos longitudinales prospectivos donde los participantes sean randomizados a meditación o un grupo control activo. Otra área importante de investigación futura en este campo es el estudio de las prácticas de meditación que deliberadamente inducen un estado emocional de afecto positivo, empatia, y compasión por los demás, las cuales son frecuentemente consideradas como complementos indispensables para las prácticas meditativas tradicionales.

Por otro lado, la PP ofrece diferentes oportunidades de desarrollo y aplicación en el campo de la psicología clínica38, incluyendo entre otras: 1) la clasificación sistemática y práctica de las virtudes, fortalezas y estados positivos de la mente humana (como contraparte del Manual Estadístico y Diagnóstico (DSM) de Enfermedades Mentales); 2) herramientas validadas como entrevistas estructuradas o cuestionarios para el diagnóstico cualitativo y cuantitativo del bienestar individual; 3) la consideración de deficiencias de ciertos rasgos positivos de la personalidad como causa de enfermedades mentales (por ejemplo, un bajo optimismo como factor contribuyente en el origen de la depresión); 4) el sustento que explica parte de la efectividad de la psicoterapia, tanto para el tratamiento psiquiátrico y la potenciación del bienestar personal, y 5) su aplicación como estrategia preventiva para impedir o atenuar la aparición de enfermedades mentales. De hecho, estas implicancias de la PP para la psicología clínica son consistentes y constituyen los elementos básicos, no explícitamente reconocidos, de la práctica rutinaria de la psicología clínica donde gran parte de las intervenciones están dirigidas a expresar las virtudes y potenciar las fortalezas, en vez de reparar las deficiencias, de los pacientes.

En los últimos años, se ha formado una masa crítica de académicos que está liderando la creación de cursos y programas de pre- y postgrado y la organización de reuniones científicas sobre PP. Concomitantemente, ha habido un aumento exponencial de publicaciones científicas, creación de revistas y libros técnicos y de divulgación y de la disponibilidad de fondos para investigación en este campo emergente.

Implicancias de la psicología positiva para la educación

Las instituciones educacionales son organizaciones donde la PP tiene enormes proyecciones, porque no sólo influyen en los alumnos durante los años de estudio per se, sino que dejan una huella profunda para el futuro, más allá de los logros académicos. En el modelo tradicional, la excelencia de los colegios, institutos de formación profesional y universidades ha sido evaluada exclusivamente mediante exámenes de conocimientos, tasas de graduación, formación académica del profesorado, acceso a fondos concursables, publicaciones académicas y otros parámetros similares. La educación actual orientada hacia la excelencia académica dice a sus estudiantes: "soluciona este problema, arregla esto otro, supera tus debilidades y entonces lograrás el éxito". En contraste, el enfoque educacional basado en las fortalezas personales les dice: "céntrate en tus talentos y fortalezas para corregir tus debilidades". El enfoque de la PP valora la importancia del bienestar subjetivo para el éxito académico y el desarrollo armonioso de los estudiantes, promoviendo la implementación de programas educativos que ayuden a los estudiantes a identificar sus propios talentos, desarrollarlos y aplicarlos en un proceso de aprendizaje de excelencia y que favorezcan el desarrrollo de virtudes como autoconciencia, inteligencia emocional, autoeficiencia, resilencia, optimismo y relaciones interpersonales39. Los investigadores de prestigiosas universidades como California, Carolina del Norte, Columbia, Harvard, Michigan, Pensilvania y Stanford han demostrado que los estudiantes que desarrollan este conjunto de características positivas, más allá de los aspectos cognitivo-intelectuales, alcanzan una mayor motivación y mejor rendimiento académico y mejor formación integral39-50.

Los estudiantes han mostrado gran interés por la PP, como se ilustra en el sorprendente incremento de la demanda por este tipo de cursos en pregrado y postgrado (Positive Psychology Faculty at Universities. http://www.ppc.sas.upenn.edu/ppfaculty.htm). Un ejemplo señero es el curso de PP dictado por la Universidad de Harvard, que ha contado con casi 900 alumnos inscritos y se ha convertido en el curso de pregrado más popular en la historia de dicha de universidad51. Actualmente, más de 100 otras universidades estadounidenses ofrecen cursos similares en pregrado y postgrado.

¿Qué tiene que ofrecer la psicología positiva a la educación médica?

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud implica no sólo la ausencia de enfermedad, sino también el bienestar físico, mental y social de la persona52. Sin embargo, en la realidad de la práctica clínica, el médico se relaciona con su paciente casi exclusivamente desde la enfermedad. Este es el mismo paradigma sobre el que se basa la educación médica actual. Aunque los futuros médicos estudian el funcionamiento normal del organismo, el énfasis de su formación está en la enfermedad y su cura. Los currículos, sobrecargados por la necesidad de seguir el ritmo creciente de los descubrimientos científicos53 normalmente no suelen incluir instancias o prácticas que enseñen las bases científicas del bienestar del paciente o fomenten el funcionamiento óptimo del estudiante, aquel que se asocia al bienestar subjetivo y la realización personal; es decir, a la salud, en su acepción más amplia.

Por otra parte, los sistemas de evaluación de los aprendizajes están diseñados para detectar las falencias o brechas en conocimientos y destrezas de los estudiantes respecto de criterios estandarizados, sin considerarlas diferencias individuales de talentos, valores, vocación o ritmos de aprendizaje. El problema es que este sistema tiene un alto costo para el estudiante. Diversos estudios demuestran que, a lo largo del pregrado, muchos estudiantes de medicina ven debilitada su vocación y capacidad de empatizar con otras personas y sufren crecientes niveles del estrés y burnout15,54. Así, algunos estudiantes terminan el pregrado desmotivados y con una percepción menoscabada de sus talentos y potenciales55, a pesar de haber iniciado sus estudios con una motivación y vocación claras, y un sentido de valía personal. Esta situación de sobreexigencia y presión es explicada por los propios estudiantes por la gran carga académica y el ambiente competitivo generado, entre otros factores, por la presión por obtener una beca de especialización. En su percepción, esta situación termina por sobrecargarlos y menoscabar su formación profesional y personal, como también sus relaciones interpersonales56.

La psicología positiva, disciplina que estudia las bases científicas del bienestar20, tiene mucho que aportar a la práctica médica y a la formación de futuros profesionales de la salud57. Diversas evidencias experimentales indican que es posible influir positivamente y de forma sostenida sobre el bienestar subjetivo de las personas mediante la realización sistemática de algunas actividades tales como, la práctica del deporte, la gratitud y el cultivo de mindfulness o 'atención plena'32.

El concepto de mindfulness define un estado de atención superior que permite mantener -en situaciones cotidianas- una conciencia expandida acerca de uno mismo, el otro y la situación58. La práctica de la 'atención plena' es una de las intervenciones cuyo impacto sobre el bienestar personal ha sido más ampliamente documentado en el ámbito de la salud59. Por ejemplo, un estudio randomizado controlado, publicado en JAMA, reportó los efectos positivos sobre el bienestar subjetivo y la empatia en un grupo de médicos y residentes, detectados hasta 15 meses después de realizado un programa de 24 horas de práctica de mindfulness60. Las intervenciones basadas en la práctica de mindfulness y autocuidado son cada vez más frecuentes en la formación de profesionales de la salud y se asocian a reducción del burnout, la ansiedad y otros problemas anímicos en estudiantes de medicina, residentes y médicos61,62. Así lo demuestra también el estudio de Weiner y colaboradores quienes identificaron el cultivo de las relaciones, la espiritualidad y el autocuidado como las prácticas más importantes que realizan médicos de atención primaria para promover su propio bienestar63. Por otra parte, un estudio publicado en 2011 en Medical Education −la revista de mayor impacto en educación médica− indica que el mindfulness no sólo disminuye el estrés, sino que también favorece el desarrollo de actitudes asociadas con el cuidado centrado en el paciente, como la empatia64.

Ronald Epstein, académico de la Escuela de Medicina y Odontología de la Universidad of Rochester en EE.UU. de Norteamérica y experto en esta temática, va más allá al sugerir que la mindful practice ('práctica médica consciente') debiera ser una competencia del profesionalismo médico que trascienda los conocimientos teóricos y la experiencia clínica y se exprese como la habilidad de estar presente, manteniendo una actitud atenta, curiosa y con la mente abierta, para obtener conciencia del propio trabajo médico58. Esto no es posible sin un entrenamiento previo que genere hábitos para disminuir nuestra reactividad, es decir, hábitos que nos permita prestar atención a las experiencias sin reaccionar inmediatamente a ellas; hábitos que nos ayuden a notar, observar y dejar fluir pensamientos y emociones, aunque sean desagradables, para actuar con conciencia e intención (no en estado de 'piloto automático') y focalizarnos en la experiencia que estamos viviendo, sin prejuicios ni presuposiciones. Concordante con este planteamiento, en un artículo publicado recientemente en JAMA, se pone de relieve la similitud entre el mindfulness y las estrategias de reducción de los prejuicios que se utiliza, como parte del pensamiento crítico médico, al momento de hacer un diagnóstico65. Estos autores sugieren que el desarrollo de la atención plena podría ser de utilidad en la reducción de los errores médicos relacionados con la falta de conciencia del médico acerca de sus propios procesos cognitivos y afectivos.

Aunque suele relacionarse con técnicas de meditación y reducción del estrés, los educadores médicos de Rochester conciben el mindfulness como una experiencia humana natural que puede abordarse mediante distintas actividades cognitivas, físicas y espirituales que incluyen el deporte, la actividad física, y el cultivo de la música (http://www.urmc.rochester.edu/education/md/mp/mindful-practice.cfm). Así, ellos han desarrollado un curriculum para el cultivo de la práctica consciente y reportaron recientemente un impacto notable y perdurable sobre el estrés, el estado de ánimo, el burnout, la empatia y el bienestar en médicos de atención primaria inscritos en un programa de educación médica continua60. A partir del año 2008, un programa semejante de mindful practice forma parte del curriculum de los estudiantes de tercer año de la carrera de Medicina de la Universidad de Rochester y busca promover en ellos las habilidades de observación atenta, curiosidad crítica, flexibilidad informada y presencia consciente66. Será muy interesante conocer los resultados de estas prácticas sobre el desarrollo del pensamiento crítico y el aprendizaje, el rendimiento académico, el profesionalismo global y el bienestar y satisfacción vital de los alumnos.

Por otra parte, existen algunas iniciativas para incorporar la educación basada en el fomento de las fortalezas individuales (strengths-based education) en la formación del médico y otros profesionales de la salud67. Estas iniciativas buscan promover el bienestar y florecimiento de los estudiantes y la formación de profesionales preparados para promover la salud en su sentido más amplio. Este enfoque promueve el espíritu de descubrimiento, la reflexión crítica y la revisión de prejuicios y estereotipos68, lo que redunda en un mayor bienestar y empoderamiento de los estudiantes.

Por parte del docente, el uso de "strengths-based education" implica un cambio de perspectiva desde un rol directivo a uno cooperativo y de la confianza en el conocimiento experto del instructor clínico a la exploración de las habilidades, conocimientos y recursos del estudiante69. En este paradigma, el docente ayuda al estudiante a identificar áreas de aprendizaje y crecimiento y a construir sobre sus fortalezas y habilidades existentes. Esto no libera al docente de la responsabilidad de señalar las áreas problemáticas, pero permite el trabajo en un contexto positivo, de valoración del estudiante como un ser integral.

El cultivo de las fortalezas individuales en la orientación hacia el trabajo también ha demostrado ser beneficioso para los médicos en su quehacer profesional. Un estudio del Program on Physician Well-Beingde la Clínica Mayo demostró que la dedicación de los médicos a actividades profesionales que exploten sus fortalezas y virtudes personales y sean significativas para el individuo es un factor determinante del bienestar5. De hecho, el ajuste adecuado entre los intereses de los académicos y las horas totales de trabajo dedicadas a la actividad académica (careerfit) se está considerando como una medida preventiva del burnout5.

En suma, en la actualidad un número pequeño pero creciente de escuelas de medicina está incorporando en su curriculum actividades e intervenciones basadas en la psicología positiva, destinadas a reducir el estrés, promover la atención plena y el profesonalismo y apoyar el desarrollo de los estudiantes basado en sus fortalezas personales. Esto es un comienzo promisorio, si aspiramos a formar profesionales de la salud que sean también expertos en promover el bienestar y florecimiento de sus pacientes y estudiantes.

Desconocemos la existencia de iniciativas de este tipo aplicadas en Escuelas de Medicina de nuestro país, aunque hay artículos nacionales que han abordado el profesionalismo médico68-69 y otros que se han enfocado en la correlación entre los tipos de personalidades, aspectos psicológicos, estilos cognitivos y formas de aprendizaje con el rendimiento académico de los alumnos71-76, estos trabajos no van más allá del mero análisis de los estados emocionales y mentales disfuncionales que afectan sus estudios77-80.

A la luz de la evidencia disponible, parece razonable pensar que la incorporación al currículo de los estudios de medicina de actividades dirigidas al cultivo del pensamiento, los sentimientos y las conductas positivas, y al desarrollo de las fortalezas individuales será beneficiosa tanto para los estudiantes como para los docentes. Estos beneficios están relacionados con 1) lograr una mayor sintonía y compromiso (engagement) con el estudio y/o trabajo; 2) desarrollar la capacidad para alcanzar un estado de conciencia y atención plena (mindfulness) que favorece la empatia, el pensamiento crítico, el aprendizaje y el profesionalismo, y 3) aumentar su bienestar subjetivo mejorando el manejo del estrés y previniendo el burnout.

Conclusiones

Creemos que la PP tiene mucho que aportar a la educación en general, y a la educación médica en particular81. Este campo de la psicología puede ser el motor que nos anime como educadores a cambiar el énfasis desde una enseñanza ocupada tradicionalmente de corregir las deficiencias y debilidades de los estudiantes, hacia una práctica docente interesada en identificar sus virtudes y fortalezas, y en nutrirlas a través del aprendizaje experiencial, con actividades de retroalimentación, evaluación y consejería apropiadas.

La adopción de estrategias de la PP en la enseñanza y aprendizaje a lo largo del plan de estudio de las Escuelas de Medicina permitirá a los estudiantes obtener un mejor rendimiento académico y disminuir el riesgo de burnout, estrés y depresión. Más importante aún, aplicar esta aproximación positiva para el desarrollo del potencial humano de nuestros estudiantes de medicina puede ayudarles a desarrollar un trabajo más gratificante durante la etapa de formación y, posteriormente, en su vida profesional y, en útimo término, lograr el objetivo más profundo de toda existencia humana: llevar una vida más feliz y significativa.

Para producir efectos reales, la integración de los conceptos y prácticas de la PP en las Escuelas de Medicina requiere un claro liderazgo de las autoridades y un convencimiento genuino por parte de la comunidad académica que permitan articular un proyecto educativo a largo plazo, contando con participación y apoyo activo de las oficinas de educación médica y los profesores, quienes deben involucrarse plenamente y ser modelos a seguir para sus alumnos.

Es posible que en pocos años más nuestra pregunta inicial ¿qué tiene que ofrecer la PP a la educación médica? nos parezca ingenua y que sea impensable que un médico no se haya formado profesionalmente en PP y no practique y enseñe técnicas para reducir el estrés, potenciar el compromiso y sintonía con las actividades de la práctica médica diaria y desarrollar ese estado de presencia consciente y atenta que promueve la empatia, el aprendizaje y el pensamiento crítico a lo largo de una vida profesional y personal satisfactoria, plena y con sentido.

 

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Recibido el 27 de enero de 2010, aceptado el 16 de mayo de 2011.

Correspondencia a: Marcela Bitran, Centro de Educación Médica, Escuela de Medicina, Pontificia Universidad Católica, Alameda 340, Santiago, Chile. Fono: 354-3811, E-mail: mbitran@med.puc.cl