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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.138 n.5 Santiago mayo 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872010000500008 

Rev Med Chile 2010; 138: 581-585

CASOS CLÍNICO

 

Hepatocarcinoma, porfiria y hemosiderosis. Una asociación no reportada en nuestro país. Caso clínico

Porphyria cutanea tarda, hemosiderosis and hepatocellular carcinoma. Report of one case

 

CAROLINA WHITTLE1, JUAN HEPP2, RODOLFO ARMAS3, MARCELA SCHULTZ4

1Servicio de Ecotomografía. Departamento de imágenes. 2Departamento de Cirugía. 3Departamento de Medicina Interna. 4Servicio de Anatomía Patológica. Clínica Alemana de Santiago.

Dirección para correspondencia


Porphyria cutanea tarda (PCT) is a hereditary or acquired disease. It can be unleashed by iron overload, alcohol, estrogens and other conditions. In these patients, hepatic involvement can be associated to cirrhosis, iron overload or C and B viral infections, that are predisposing factors for hepatocellular carcinoma. We report a 69-year-old man with PTC, hemosiderosis and hepatocarcinoma. The tumor was diagnosed during a routine ultrasound examination for early detection of malignant lesions. The patient was subjected to a right hepatic excision. The pathological examination of the surgical piece confrmed the diagnosis and disclosed free surgical margins. After 18 months of follow up, the patient had a relapse and a liver transplantation was performed.

(Key words: Carcinoma; Hepatic; Hepatocellular; Hemosidrosia; Porphyrias.)


Las porfirias son enfermedades debidas a desórdenes metabólicos, hereditarios o adquiridos, producidos por un defecto en el control de la biosíntesis del grupo hem. En ellas se acumulan porfirinas o precursores en diversos órganos y aumentan sus niveles en la circulación y en la excreción. En el caso de la variedad cutánea tarda (PCT), éstos se acumulan particularmente en la piel, induciendo efectos citotóxicos y fotosensibilidad con lesiones cutáneas especialmente en áreas de foto exposición.

La PCT puede ser hereditaria o adquirida y ser desencadenada por factores como la acumulación de hierro, el consumo exagerado de alcohol, la administración de estrógenos y las infecciones virales. Frecuentemente la enfermedad es subclínica y se hace evidente cuando se agrega uno o más de los factores desencadenantes. Se ha pensado que la acumulación de Fe en esta afección, pudiera deberse a una asociación genética con la hemocromatosis, pero esto no se ha demostrado1. Setenta por ciento de los pacientes con PCT no tratados tiene niveles elevados de ferritina sérica y 5% poliglobulia, los que probablemente reflejan el exceso de Fe corporal. Por esto, una de las formas de tratamiento más empleada en ella es el de las sangrías periódicas.

En la PCT ocurren otras asociaciones con patologías que pueden ser causa o efecto de ella. Entre ellas está el compromiso hepático, el que puede estar relacionado con la acumulación de porfrinas en el hígado o con la enfermedad de base que ocasiona o desencadena la PCT como el consumo exagerado de alcohol o la infección con virus hepatotropos. Así, son frecuentes las inclusiones citoplasmáticas aciculares birrefringentes, agregados linfocíticos periductales, depósitos de lipofucsina, infiltración grasa, necrosis focal, inflamación, fibrosis portal, cirrosis y hepatocarcinoma2-4.

Objetivos

Presentar un caso clínico y revisar la literatura sobre la asociación infrecuente de hepatocarci-noma, porfiria cutánea tarda y hemosiderosis.

Caso clínico

Varón de 69 años, con antecedentes personales y familiares de PCT pesquisados a los 42 años de edad. En ese entonces, presentó hiperpigmentación y erosiones de la piel, principalmente del dorso de las manos, que se producían con los menores traumatismos y que evolucionaban a cicatrices hiperpigmentadas. Como estas alteraciones son típicas de PCT, se evaluó la excreción de porfirinas y sus precursores en el Laboratorio de Gastroenterología del Departamento de Medicina Occidente de la Universidad de Chile, resultando un patrón de excreción característico de PCT (Tabla 1). Se le practicó además biopsia hepática que demostró esteatosis marcada y cirrosis incipiente micronodular. No se observó hemosiderosis hepática.

Estudios genéticos moleculares identificaron el genotipo E130D/w en exon 5 del gen uroporfirinógeno decarboxilasa. Por otra parte, estudios de mutaciones del gen HFE mostró que presentaba el genotipo H63D/H63D que está vinculado a la hemocromatosis hereditaria.

El paciente se trató por períodos con febotomías o con cloroquina, tratamientos de elección para la PCT, desapareciendo rápidamente sus síntomas y alteraciones de laboratorio.

En agosto 2007, en un control médico de rutina estando asintomático, se pesquisó mediante una ecotomografía una imagen compatible con una lesión expansiva hepática de 33 x 37 x 39 mm. Una tomografía computada abdominal confirmó la presencia de la masa estimándola de 44 x 40 mm y observó además elementos de cirrosis y cortocircuitos venosos en ligamento falciforme y espleno-renal (Figura 1). La resonancia nuclear magnética mostró reducción de volumen hepático con nódulos de regeneración, aspecto de infiltración por hemosiderina( Figura 2) y tumor del segmento VIII de 40 mm (Figuras 3). Entre los exámenes practicados, presentaron resultados normales el hemograma, electrocardiograma, bili-rrubinemia, protrombinemia y alfa feto proteína; el antígeno de superficie de hepatitis B fue negativo. La transaminasa glutámica pirúvica fue de 109 U/ dl y la gamma glutamil transpeptidasa de 144 U/dl. En base a los antecedentes anteriores, se planteó los diagnósticos de PCT, cirrosis hepática Child Pugh A y de probable hepatocarcinoma derecho de 4 cm. Luego de descartarse mediante estudios de imágenes la presencia de otras localizaciones tumorales, en septiembre de 2007, el paciente fue sometido a una resección hepática derecha (segmentos 4b-5-8). La anatomía patológica confirmó un cáncer hepatocelular grado 3 sin evidencias de permeación vascular, cirrosis hepática predominantemente monoacinar con esteatosis macrovacuolar y siderosis grado 3 (Figuras 4, 5, 6). El tumor distaba menos de 1 mm del borde de la resección quirúrgica en zona profunda y en uno de los bordes laterales de la pieza resecada.


Figura 1. Scanner. corte con contraste endovenoso muestra lesión tumoral del domo hepático con captación en forma de anillo vascular periférico.


 
Figura 2. Rn secuencia T2 gradiente que demuestra signos de daño por hepatopatía crónica con marcada disminución de la señal del parénquima hepática consistente con sobrecarga de fierro.   Figura 3. Rn secuencia T1 fat sat con contraste (fase arterial) que demuestra una lesión sólida hipervascular en el domo hepático compatible con hepatoma.


Figura 4. Pieza macroscópica correspondiente a los segmentos IVb, V y VIII con lesión tumoral de 3,7 cm.


 
Figura 5. Preparación microscópica teñida con hematoxilina eosina que muestra un hepatocarcinoma con arquitectura trabecular y atipia celular.   Figura 6. Tinción de azul de Prusia en hígado no tumoral. se observa depósitos granulares de hemosiderina siguiendo un patrón canalicular.

El paciente evolucionó bien y asintomático. En marzo de 2009, en un examen de control, se detectó mediante ecotomografía abdominal presencia de un tumor hepático de 8 cm y probablemente otro de 4 cm y, además un trombo portal. Se practicó quimioembolización que produjo una notable reducción del tumor por lo que en julio de 2009 se realizó trasplante hepático que ha evolucionado favorablemente.

Discusión

El hepatocarcinoma es uno de los tumores con factores de riesgo mejor conocidos, entre otros, la fibrosis hepática y más aun la cirrosis9 y la porfiria cutánea tarda10-12. La incidencia de hepatocarcinoma en pacientes con cirrosis es 10 veces mayor que en los que no tienen esa enfermedad13. La hemocromatosis hereditaria ha sido relacionada con la aparición de hepatocarcinoma, pero no hay consenso14,15 si ello se debe al depósito de Fe per se o al hecho de haber comúnmente en ella fibrosis y aun cirrosis en el hígado. Sin embargo, Mogl describió el caso de un portador de PCT asociada a hemosiderosis y hepatocarcinoma en el que no había fibrosis hepática, lo que sugiere que tanto la acumulación de Fe, la PCT o ambos fueron factores de riesgo suficientes para ocasionar el tumor13. En 1994 se dio cuenta en Chile de un paciente en quien coexistió hepatocarcinoma e infección con virus de hepatitis C2. También se ha descrito asociación de porfirias agudas y hepatocarcinomas16-18.

La PCT, además de ser causa per se de hepatocarcinoma, puede estar asociado a ese tumor a través de la infección con diferentes virus, especialmente el de la hepatitis C, que suelen ocasionar ambas afecciones.

Existen seis variedades de porfirias hepáticas (aguda intermitente, PCT, variegata, protoporfiria, coproporfiria y por déficit de porfobilinogeno sintetasa)19. Éstas tienen, distinta distribución geográfica, siendo probablemente la PCT la más frecuente en todas las latitudes. Algunas presentan crisis agudas caracterizadas por dolores cólicos abdominales y manifestaciones neuropsíquicas, otras presentan alteraciones cutáneas y otras pueden presentar ambos tipos de manifestaciones. En la PCT sólo hay manifestaciones cutáneas que se presentan predominantemente en el dorso de manos y cara19. Esta variedad representaría a 42% de los casos de porfiria con amplio predominio del sexo masculino19. Su forma hereditaria es causada por una mutación del gen uroporfirinogeno-decarboxilasa ubicado en la fracción cromosómica 1p34. En forma específica la mutación E130D se ha identificado en otras familias con PCT. La actividad de esa enzima también es bloqueada por el Fe, lo que explica la relación entre PCT y hemosiderosis o hemocromatosis.

La hemocromatosis es una de las enfermedades hereditarias autosómicas recesivas más frecuentes en la población europea caucásica, con una prevalencia de 1:200 a 1:500 personas. Los pacientes presentan una desregulación del metabolismo del Fe con saturación de transferrina elevada y altos niveles de ferritina. La sobrecarga de Fe en los diferentes órganos puede producir manifestaciones clínicas diversas y, entre ellas, precipitar síntomas de PCT en casos en que ésta estaba latente.

Dado la elevada incidencia de hepatocarci-noma en pacientes con cirrosis, es importante contar con métodos de diagnóstico por imagen que permitan detectar precozmente lesiones focales y alteraciones del parénquima hepático, especialmente en aquellos casos con PCT. La resonancia magnética puede ser de especial ayuda para diferenciar nódulos displásicos de hepatocarcinoma y además, permite evaluar los depósitos hepáticos de Fe20.

 

Referencias

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Recibido el 2 de marzo de 2009, aceptado el 27 de abril de 2010.

Correspondencia a: Dra. Carolina Whittle. Servicio de Ecotomografía. 2º piso. Clínica Alemana. Vitacura 5441. Santiago. Fax: 2101322 E-mail: cwhittle@alemana.cl