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Revista médica de Chile
versión impresa ISSN 0034-9887
Rev. méd. Chile v.135 n.1 Santiago ene. 2007
doi: 10.4067/S0034-98872007000100016
| Rev Méd Chile 2007; 135: 111-120 ARTÍCULOS DE REVISIÓN
Quistes renales, manifestación de diversas patologías A clinical approach to renal cysts
Ana Nardiello N1a, Eda Lagomarsino F1, Paulina Baquedano D2, Marlene Aglony I1a. 1Departamentos de Pediatría y de 2Urología, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile. Dirección para correspondencia
Many diseases can be associated with kidney cysts and they may be classified as hereditary and non-hereditary renal cystic disease. The first group can be sub-classified as autosomal recessive cystic disease, such as autosomal recessive polycystic kidney disease and nephronophthisis, as autosomal dominant kidney disease such as autosomal dominant polycystic kidney disease, glomerulocystic disease and tuberous sclerosis, and as cysts associated with syndromes. Cystic dysplasia, multicystic dysplastic kidney, simple cyst, multilocular cysts, Wilm's tumor and acquired cystic kidney disease are classified in the second group. The genetic study of renal cysts is becoming increasingly important, due to the possible therapeutic interventions that could be devised in the future. The aim of this review is to provide a fast and easy clinical approach to renal cystc. (Key words: Cysts; Genetic diseases, inborn; Kidney diseases, cystic)
Los quistes renales suelen plantear un problema diagnóstico. Pueden ser o no hereditarios, uni o bilaterales, ser sólo renales de ubicación medular, cortical o extrarrenal, constituir una entidad aislada o ser parte de un síndrome malformativo. Pueden presentarse a diferentes edades, desde la etapa intrauterina hasta la adulta, y constituir un hallazgo sin patología asociada o tener una evolución hacia la insuficiencia renal1. El diagnóstico preciso es importante para determinar el pronóstico, el tratamiento y, cuando corresponde, el consejo genético a los pacientes y sus padres2. En los quistes pediátricos es importante conocer los antecedentes familiares de quistes renales o en otros órganos, el antecedente de consaguinidad o de insuficiencia renal crónica de causa no precisada en miembros de la familia, realizar una ecografía abdominal de los padres, buscar en el paciente dismorfias faciales y manifestaciones extrarrenales, especialmente de quistes en hígado, páncreas y bazo3. Se han propuesto diversas clasificaciones basadas en aspectos etiológicos, morfológicos, funcionales y genéticos. Las más frecuentemente utilizadas corresponden a los de Habib4, Bernstein5, Kissane6 y Lieberman7. En la última década, los avances en el estudio genético de estas enfermedades han permitido aclarar muchos aspectos de su evolución y su clasificación en dos grandes grupos: hereditarias y no hereditarias. En nuestro país, los quistes renales son responsables de 6,5% de los pacientes pediátricos con insuficiencia renal crónica y, por otra parte, los avances en el área de la ecografía prenatal, han permitido plantear precozmente este diagnóstico, por lo que creemos de vital importancia el conocimiento de las patologías que presentan quistes renales, su adecuado diagnóstico diferencial, su pronóstico y tratamiento. CLASIFICACIÓN La mayor parte de las anomalías estructurales heredadas de los riñones son quísticas, pero no todos los quistes resultan del desarrollo defectuoso del parénquima renal, ni son enfermedades genéticas, pudiendo ser también lesiones adquiridas. Nos parece que la clasificación en hereditarias y no hereditarias es bastante práctica e incluye las distintas presentaciones clínicas que expondremos a continuación (Tabla 1). I. Enfermedades hereditarias También llamadas enfermedades renales poliquísticas hereditarias (ERP). Incluyen la forma autosómica recesiva y la dominante. Analizamos brevemente las bases genéticas de las ERP autosómica recesiva (AR) y dominante (AD), luego se exponen las características clínicas de cada una de ellas por separado y el diagnóstico diferencial (Tabla 2). Bases genéticas de las ERP AR y AD. La mutación genética en la ERP AR ocurre a nivel del cromosoma 6p21.1-p12, gen PKHD1. Fue clonado en el año 2002 por tres grupos de investigadores en forma independiente: Ward et al8, Onuchic et al9 y Xiong et al10. Codifica para una proteína llamada poliductina o fibrocistina, que contiene 4.074 aminoácidos, receptor transmembrana localizado en el cilio de las células del túbulo colector. En la ERP AD, la mutación puede ocurrir a dos niveles, dependiendo del tipo. La tipo I es a nivel del cromosoma 16p13.3, siendo el gen el PKD1, responsable de 85% de los casos, transcribe para una proteína llamada policistina 1, de 4.302 aminoácidos, la que se ha identificado en distintos tejidos, incluyendo cerebro, corazón, hueso, músculo y en riñón a nivel de la membrana plasmática de las células epiteliales tubulares, principalmente en los túbulos colectores y distales. La tipo II se localiza a nivel del cromosoma 4q21-23, con el gen PKD2, que transcribe para la policistina 2, proteína de 986 aminoácidos, presente en varios tejidos como corazón, ovario, testículo, intestino delgado y riñón11-13. La policistina 2 actuaría a nivel de los canales de calcio, aumentando transitoriamente los niveles de calcio citosólico. La policistina 1 y 2 comparten el 50% de los segmentos transmembrana. Las funciones de la policistina 1, policistina 2 y poliductina o fibrocistina no han sido completamente dilucidadas. Estas tres proteínas han sido localizadas en los cilios de las células epiteliales renales, y los estudios actuales en modelos animales apuntan a que las alteraciones a este nivel serían las responsables de la cistogénesis11-13, por lo tanto, las investigaciones se han centrado en este punto. 1. Autosómicas recesivas 1.1 Enfermedad renal poliquística autosómica recesiva. Antes llamada ERP infantil, por ser más frecuente en la infancia. Su frecuencia varía en distintos reportes entre 1:20.000 nacidos vivos y 1:55.000 nacidos vivos14-16. Se identificó morfológicamente por primera vez en 1902, descrita histológicamente en 1947; en 1964 se clasificó como enfermedad quística con herencia recesiva14. La ERP AR se inicia in utero y se caracteriza por la dilatación fusiforme de los túbulos colectores en forma radial desde la médula a la corteza17. Se produce una proliferación focal del epitelio en forma simétrica y circunferencial, determinando la dilatación fusiforme del túbulo y cambio en la función epitelial de reabsortivo a secretor. Es una patología con gran variabilidad fenotípica, caracterizada por distintos grados de ectasia renal no obstructiva, ectasia y malformación de la vía biliar y hepática, con fibrosis hepática (Figura 1) y renal14.
El número de túbulos comprometidos varía entre 10% y 90%14, lo que determina la variabilidad en su expresión clínica. Entre 30% y 50% de los pacientes muere en el periodo neonatal, principalmente por la hipoplasia pulmonar, y los que sobreviven evolucionan con daño renal, fibrosis hepática18 (siempre presente en la ERP AR, pero no patognomónica de la misma), hipertensión portal, hipertensión arterial15, compromiso biliar y colangitis bacteriana16, esplenomegalia y várices esofágicas14. En relación al daño renal, en Estados Unidos de Norteamérica, la EPR AR es responsable de 5%14 a 8% de los pacientes que tienen alguna terapia de reemplazo renal16, y en Chile, en 1996 era el 7,9% de las causas de insuficiencia renal crónica (IRC) y en 2001, 6,5%19. El grado de compromiso renal y hepático son inversamente proporcionales, es decir, en pacientes con alto compromiso renal, el daño hepático es menor. De los pacientes que sobreviven, 50% a 67% llegan a los 15 años sin IRC, siendo sus expectativas de vida de 55 años, pero estos pacientes desarrollan hipertensión portal (HTP), várices esofágicas, hepatoesplenomegalia e hiperesplenismo20. En 1971, Blyth y Ockenden21 publicaron una clasificación en relación a la edad de presentación, que describe las distintas formas de expresión clínica, con una severidad que va en disminución al aumentar la edad de presentación, dado por el menor compromiso tubular. Las separa en perinatal, neonatal, infantil y juvenil.
Ecográficamente se puede sospechar el diagnóstico desde la semana 17 de gestación. En la etapa posnatal, los riñones se ven aumentados de tamaño e hiperecogénicos bilateralmente, con mala diferenciación corticomedular3,14,17. La cintigrafía muestra un patrón de compromiso focal, principalmente en los polos, lo que en ausencia de infección del tracto urinario (ITU), son específicos de ERP AR. Como tratamiento, son candidatos a terapia de reemplazo renal y trasplante hepatorrenal.
2. Autosómicas dominantes
II. Enfermedades no hereditarias
1. Displasia quística. La displasia quística (DQ) es una alteración del desarrollo metanéfrico, con alteración de la estructura renal y la diferenciación glomerular y ductal. La diferenciación de las células del parénquima renal es anormal, dando como resultado la presencia de estructuras rudimentarias. La morfología más característica es la presencia de túbulos primitivos recubiertos de epitelio columnar, rodeado de anillos fibromusculares y nidos de cartílago metaplásico. Puede encontrarse también glomérulos fetales1,25. En estricto rigor, la displasia renal y la DQ son dos entidades diferentes, si bien muchos riñones displásticos tienen quistes y muchos tipos de riñones quísticos muestran diferentes grados de displasia25, la DQ es bilateral18. Ecográficamente se ven riñones pequeños, con pérdida de diferenciación córtico medular, quistes de tamaño variable, generalmente menor de 1 cm. La cintigrafía con DMSA puede mostrar una disminución de la función uni o bilateral, pero también puede manifestarse como un defecto localizado de captación3.
CONCLUSIONES Los quistes renales son manifestación de una amplia gama de enfermedades, con distinto pronóstico, estudio y tratamiento. Muchas de ellas comprometen otros órganos y algunas tienen un claro componente hereditario. De lo anterior se desprende la importancia de estudiar a todo niño con quistes renales, evaluar el compromiso de otros órganos, según sea la hipótesis diagnóstica y agregar el estudio de la familia y el consejo genético2. La ecografía está ampliamente disponible en distintos lugares, por lo que sigue siendo el examen más indicado para la primera aproximación diagnóstica (Tabla 3), agregándose en el último tiempo TAC y RM, ya que han mostrado un aumento en la sensibilidad en la detección de quistes menores de 1 cm12. Otro aspecto importante es el avance en el estudio genético, que tal vez nos permita, a través de la manipulación genética, cambiar el enfrentamiento terapéutico de estos pacientes.
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Recibido el 26 de diciembre, 2005. Aceptado el 10 de mayo, 2006.
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