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Revista médica de Chile
versión impresa ISSN 0034-9887
Rev. méd. Chile v.134 n.7 Santiago jul. 2006
doi: 10.4067/S0034-98872006000700018
| Rev Méd Chile 2006; 134: 927-929 CARTAS AL EDITOR
Controversia en la revisión editorial y en las publicaciones científicas Controversies in the editorial process and in scientific publications
Dirección para correspondencia Sr. Editor: Hemos leído con interés sus reflexiones a propósito del proceso editorial de esta Revista1. Nos ha parecido muy edificante el interés de los editores en reflexionar y hacer autocrítica para continuar aportando información de calidad a la comunidad científica. Nos parece que, además de lo expuesto por los editores, las reflexiones sobre lo publicado en ésta y otras revistas científicas han de ampliarse para ayudar a entender por qué se rechazan trabajos y los riesgos que se corren al aceptar los que se seleccionan con el sistema estándar de la revisión por pares. En los últimos meses hemos asistido a una sucesión de escándalos en relación con las publicaciones en revistas consideradas en el mundo científico de referencia. El problema de la valoración de los manuscritos de utilidad científica es cada vez más acuciante. Se estima que el número de artículos científicos publicados supera 2 millones por año, en todo el mundo. La posibilidad de evaluar todos los artículos por los lectores potenciales (que son cada vez más, con el acceso a Internet a texto completo de muchas revistas) es, a todas luces, una tarea difícil. Surgen así otras formas de evaluar la importancia de los artículos para poder decidir cuáles leer, y se aplican los indicadores bibliométricos, a cuya cabeza está el tan mencionado "Factor de Impacto (FI)". Los análisis de citas (base del FI) son muy laboriosos, ya que para conocer la cuantía real de las citas es necesario analizar las referencias bibliográficas de todos los artículos publicados en las revistas científicas. Para ello se usa, desde la creación en 1965 del Institute for Scientific Information (ISI) en Filadelfia (EE.UU), el Science Citation Index, que es el repertorio de citas para la evaluación del FI. Partimos de la base de que el FI analiza exclusivamente artículos con título, resúmenes y palabras claves en inglés, con lo que se introduce un primer sesgo. Existe un consenso de que la ciencia aplicada, extendida como una explotación local de la ciencia básica, puede encontrar un buen vehículo de transmisión en las revistas de carácter nacional, estén o no escritas en inglés. Estos indicadores son, en definitiva, datos estadísticos deducidos de las publicaciones científicas. Aunque en principio se consideró que el número de citas que recibía un documento podía ser indicativo de su calidad (esencia del FI), hoy se acepta que el número de citas que mide impacto, uso o influencia de una investigación, es sólo un indicador parcial de la calidad del trabajo, y viene también determinado por muchos otros factores, distintos de la calidad2. Además, el FI tiene otras limitaciones. Se trata de un indicador relativo que no debe aplicarse para comparar distintas disciplinas, para lo que debería utilizarse el "factor de impacto ponderado". Otra limitación es que no es correcto asignar a todos los artículos de una revista el mismo impacto, al no existir correlación entre el impacto conjunto de una revista y el que tiene cada uno de sus artículos3. En definitiva, la falta de "factores de impacto" no indica necesariamente la inutilidad del trabajo. Para ayudar a la interpretación de la evidencia disponible, se realizan los denominados metaanálisis, que, a su vez, también se han puesto en entredicho en ocasiones por los procedimientos de elaboración4. Un escalón práctico que se basa en lo que está disponible en la literatura científica, se ve reflejado en las Guías Clínicas, pero un trabajo reciente pone de manifiesto cómo las Guías, en la mayoría de los casos, "no nos guían" o nos pueden llegar a guiar mal5. Se añade al lío el "impacto" de los recientes escándalos relacionados con revistas con alto FI. Al clásico caso de fraude de Stephen Breuning (evaluado por el propio ISI)6 se unen los recientes del Dr. Hwang Woo-Suck en Science, de Thereza Imanishi-Kari en Cell, de Jacques Benveniste en Nature y de Jon Sudbo en el New England Journal of Medicine, que arrojan más dudas sobre la validez de lo que se publica. Mención aparte tiene la implicación de la industria farmacéutica en la programación de los textos de las revistas. El papel de ésta en los estudios publicados, está demostrándose cada vez más y la presión parece seguir aumentando, por lo que los editores han de soportar ésta y otros condicionantes7,8. Por último, en los motivos para publicar y para editar existen también otros riesgos: el FI se está utilizando para valorar a los aspirantes a concursos y oposiciones y en la promoción profesional, mientras que son inexistentes las evaluaciones de la calidad de los trabajos realizados por expertos9. Y puede que éste sea el problema. Los concursos de méritos incluyen epígrafes como las comunicaciones a congresos y los capítulos en libros. Las guías también "cuentan" y conseguir que un texto tenga el preciado ISBN para que compute es un trámite administrativo sencillo. Por último los artículos en revistas científicas indexadas (ISI) también son objeto puntuable, con lo que no siempre lo que mueve a la publicación de textos es un afán divulgador científico y el editor no siempre logra marginarse de esto. En definitiva, las publicaciones periódicas necesitan una actualización. Nos va en ello a todos. Marcia Angell (New England Journal of Medicine) y Richard Smith (British Medical Journal), han pasado de la Jefatura Editorial de sus revistas, a la más demoledora crítica de los procedimientos que éstas y otras aplican en los textos que publican10. No pretendemos cambiar las vías de adquisición de conocimientos y difusión del saber científico, pero son cada vez más necesarias reflexiones que cuestionen ciertos dogmas para mejorar estos instrumentos de comunicación científica, antes que dejen de ser útiles.
Iago Villamil Cajoto1, María José Villacián Vicedo2. 1 Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, A Coruña, España.
REFERENCIAS 1. Reyes H, Andresen M, Palma J. El creciente desafío del proceso editorial en la Revista Médica de Chile. Rev Méd Chile 2006; 134: 7-11. 2. Garfield E, Welljams-Dorof A. Citation data: their use as quantitative indicators for science and technology evaluation and policy-making. Science and Public Policy 1992; 19: 321-7. 3. Seglen PO. Citation frequency and journal impact: valid indicator of scientific quality? J Intern Med 1991; 229: 109-11. 4. Navarro Puerto MA, Ruiz Romero F, Reyes Domínguez A, Gutiérrez Ibarlucea, Hermosilla Gago T, Alonso Ortiz del Río et al. ¿Las guías que nos guían son fiables? Evaluación de las Guías de Práctica Clínica Españolas. Rev Clin Esp 2005; 205: 533-40. 5. Puliyel JM, Vishnubhatla S. Metaanalysis can be statistically misleading. Evid Based Med 2005; 10: 130.6. Garfield E, Welljams-Dorof A. The impact of fraudulent research on the scientific literature. The Stephen E. Breuning case. JAMA 1990; 263: 1424-6. 7. Kjaergard LL, Als-Nielsen B. Association between competing interests and authors' conclusions: epidemiological study of randomized clinical trials published in the BMJ. BMJ 2002; 325: 249. 8. Morin K, Rakatansky H, Riddick FA Jr, Morse LJ, O'Bannon JM 3rd, Goldrich MS et al. Managing conflicts of interest in the conduct of clinical trials. JAMA 2002; 287: 78-84. 9. Camí J. Impactolatría: diagnóstico y tratamiento. Med Clin (Barc) 1997; 109: 515-24. 10. Smith R. Medical journals are an extension of the marketing arm of pharmaceutical companies. PloS Med 2005; 2: 364-6.
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