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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.133 n.2 Santiago fev. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872005000200018 

 

Rev Méd Chile 2005; 133: 259-260

CARTAS AL EDITOR

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 1.000 palabras, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Se recomienda adjuntar una copia idéntica para PC, en diskette de 3,5'', un espaciado a 1,5 líneas, tamaño de letra 12 pt y justificada a la izquierda. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

Fiebre: Conflictode escalas

Fever: Conflicting scales

Sr Editor: Desde que se comenzó a intentar la medición de la temperatura, se utilizan distintas escalas. En 1960, la undécima Conferencia General de Pesos y Medidas (CGPM o Conference Genérale des Poids et Mesures) adoptó el denominado Système International d'Unites, conocido como Sistema Internacional o Sistema Métrico (SI).

La medición de la temperatura corporal ha sido desde el comienzo de la medicina objeto de interés por parte de los clínicos. Carl RA Wunderlich, en 1864, estableció los parámetros de la temperatura corporal normal1, definiendo como fiebre aquella temperatura bucal que superaba el límite máximo de la temperatura corporal normal, que tras evaluar a 120 sujetos, estableció en 38ºC (100,4ºF). Desde entonces, los libros de texto seguían considerando este límite como el que marcaba la fiebre. Aunque la teoría podría parecer clara, el concepto de fiebre en la práctica clínica cotidiana no parece, sin embargo, tan evidente para los propios sanitarios. Así, en un estudio de 1995, 75% de los médicos y residentes encuestados (270 en total) daban 37ºC como definición de temperatura corporal normal2. También las referencias médicas, como la enciclopedia médica de Medline Plus, indican que la temperatura corporal normal es 98,6ºF (37ºC)3 (sin especificar el sitio de toma de la temperatura). Existe, por tanto, cierta confusión.

Las publicaciones escritas de acuerdo con las normas del International Committee of Medical Journal Editors, muestran siempre sus datos sobre temperatura corporal de acuerdo con el SI, según los criterios de publicación de Vancouver. En su apartado de unidades de medida, señalan que éstas deben indicarse en unidades del sistema métrico y la temperatura en grados centígrados, pero algunos países, especialmente anglosajones, siguen utilizando en la práctica diaria la escala Fahrenheit y la traducen en sus trabajos al SI. Un estudio reciente del Veterans Affairs Maryland Health Care Center ha tenido gran trascendencia en el número de citaciones en otros trabajos y referencias posteriores4. Se estudiaron 148 sujetos sanos, entre 18 y 40 años, en quienes se realizaron 700 tomas de temperatura bucal basal en dos días consecutivos. Con sus resultados, según sus autores y por el número y "calidad" de citas posteriores, se ponen en entredicho las cifras de normalidad de temperatura. Sus datos indican que en situación basal en hombres y mujeres sanos a las 06:00 h la temperatura máxima (percentil 99) era 37,2ºC (98,9ºF) y a las 16:00 h, la temperatura máxima observada era de 37,8ºC (99,9ºF). El trabajo concluye que, en adultos jóvenes o de mediana edad, la temperatura normal estaría entre una temperatura mayor o igual de 99ºF a primera hora de la mañana, o mayor o igual a 100ºF en cualquier momento del día (efectivamente, ajustando decimales en ºF, y con la consiguiente traducción a grados centígrados). Existen otras matizaciones, como variaciones a lo largo del día, temperatura en ancianos y otros de interés, dado lo riguroso del estudio pero que no son objeto de este comentario.

Es innegable que la idea de base, la que determinaba qué era "fiebre", podría tener que redefinirse estando, como parece que está, basada en criterios poco validados (el estudio de Wunderlich parece merecer alguna duda de validez externa, como apunta este trabajo reciente por lo que parece insuficiente para seguir manteniéndose sin más), pero así mismo lo que se propone con una metodología perfecta en el trabajo de Maryland, puede estar orientado para que en la mayoría de los casos coincida con sus mediciones en ºF (como aparece en la primera conclusión). A partir de aquí, otros textos clásicos de medicina, como el Harrison's, adoptaron este dogma y lo incluyen en ediciones posteriores. Las guías clínicas de muchas patologías han tomado esta referencia, y poco a poco se incluye en sus protocolos. De forma que se realiza la indicación, por ejemplo, de las tomas de hemocultivos con las nuevas cifras de temperatura-fiebre, como en la propuesta reciente de su revista5. Sin embargo, no hemos encontrado evidencia que justifique ningún cambio en la indicación para el momento de la realización de las tomas de hemocultivos. Este momento, para la realización de las tomas, está validado desde hace tiempo con las temperaturas "clásicas" para fiebre6.

El asunto no parece sólo un problema anecdótico de décimas. Hay algún precedente que nos gustaría recordar. Así como la temperatura considerada como fiebre clásica era válida para casi toda enfermedad febril bien conocida (infecciosa o no), como la fiebre tifoidea, la fiebre reumática, botonosa, amarilla, mediterránea, "del heno", etc., es curioso cómo la determinación de otras "fiebres" ha sido "diferente". Así, en la fiebre de origen desconocido (FOD) los criterios clásicos de Petersdorf y Beeson de 1961, establecían entre otras condiciones para considerarla como tal, la temperatura de 38,3ºC, exactamente 101ºF7, a partir de un estudio de 100 casos en los años 50 del siglo pasado. Actualmente hay nuevos criterios que matizan la FOD en clásica, nosocomial, etc., pero en todas se mantiene este límite de la temperatura.

En definitiva, bajo nuestro punto de vista, hay algunas dudas razonables de que la redefinición de fiebre (posiblemente, insistimos, necesaria a la luz de lo expuesto anteriormente), que parece ir imponiéndose sin mucha discusión, esté siendo mediatizada por las escalas que utilizan los investigadores. Además, no se han dado otras condiciones (estudios), que justifiquen -por ejemplo- la toma de hemocultivos con las nuevas cifras de temperatura que ya se comienzan a recomendar. Parece necesario tener en cuenta este matiz que no debe en ningún caso interpretarse como intención crítica excluyente de la literatura anglosajona, que es evidentemente un motor científico de comprobada excelencia.

Iago Villamil Cajoto1, María José Villacián Vicedo2

1Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínico Universitario. Santiago de Compostela (A Coruña).
2CS Palas de Rei (Lugo). España.

Dirección para correspondencia

 

Referencias

1. Wunderlich CA. The course of the temperature in diseases: a guide to clinical thermometry. Am J Med Sci 1869; 57: 425-47.         [ Links ]

2. Mackowiak PA, Wasserman SS. Physicians' perceptions regarding temperature body in health and disease. Out Med J 1995; 88: 934-8.         [ Links ]

3. Fever. Medline Plus. Medical Enciclopedia (en línea) (última consulta 3 septiembre de 2004). URL disponible en: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/003090.         [ Links ]

4. Mackowiak PA, Wasserman SS, Levine MM. A critical appraisal of 98,6ºF the upper limit of the normal body temperature and other legacies of Carl Reinhold August Wunderlich. JAMA 1992; 268: 1578-80.         [ Links ]

5. Saldías F, Farías G, Villarroel L, Valdivia G, Mardónez JM, Díaz A. Diseño de un índice pronóstico clínico para el manejo de la neumonía del adulto adquirida en la comunidad. Rev Méd Chile 2004; 132: 1037-46.         [ Links ]

6. Aronson MD, Bor DH. Diagnosis and treatment. Diagnostic decision. Blood cultures. Ann Intern Med 1987; 106: 246-53.         [ Links ]

7. Petersdorf RG, Beeson PB. Fever of unexplained origin: report of 100 cases. Medicine 1961; 40: 1-30.         [ Links ]

 

Correspondencia a: Iago Villamil Cajoto. Servicio de Medicina Interna, Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. Choupana s/n 15706, Santiago de Compostela, A Coruña. E mail: iago.villamil.cajoto@sergas.es