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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.133 n.2 Santiago feb. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872005000200012 

 

Rev Méd Chile 2005; 133: 224-230

ARTÍCULO DE REVISIÓN

Enfermedad de Alzheimer: Actualización en terapia farmacológica

An update on the pharmacological treatment of Alzheimer disease

 

Patricio Fuentes G, Andrea Slachevsky Ch.

Unidad de Neurología Cognitiva y Demencias, Servicio de Neurología, Hospital del Salvador. Santiago, Chile.

Dirección para correspondencia


Dementia in general, especially Alzheimer disease and vascular dementia, are diseases of high prevalence with severe socio-economic consequences in all countries. In recent years, due to the obtention of new pharmaceutical products acting on different brain neurotransmitters, there has been important changes in the therapy of these diseases. Although these drugs do not stop disease progression, there is consistent evidence of their usefulness in cognitive, behavioral and functional domains and of their pharmaco-economical justification. This article reviews the main drugs available for Alzheimer disease and some future therapeutic perspectives (Rev Méd Chil 2005; 133: 224-30).

(Key Words: Alzheimer disease; Dementia; Neurotransmitters)


La demencia corresponde a un trastorno de las capacidades cognitivas, acompañado de alteraciones conductuales y de disminución de la autonomía. Dos conceptos fundamentales la caracterizan: i) la persona ha experimentado un deterioro de su nivel previo de funcionamiento y ii) hay interferencia significativa con el trabajo o actividades sociales habituales1. Esta es una patología de alta frecuencia y que afecta principalmente a los mayores de 65 años de edad. En Estados Unidos y Europa, las demencias tienen una prevalencia estimada de 1 a 5% en los mayores de 65 años, cifra que se va duplicando cada 4 años hasta alcanzar una tasa de 30% a los 80 años2. En Chile, se estima que más de 100.000 personas presentan en la actualidad una demencia3,4. Por otra parte, la enfermedad de Alzheimer representa una de las 10 primeras causas de muerte en este grupo etario5. Desde el punto de vista de salud pública, las demencias constituyen uno de los grandes desafíos actuales y futuros, debido a su elevada frecuencia y a la enorme repercusión económica que provocan, transformándose en la tercera enfermedad más costosa, después de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer6,7.

Las demencias tienen múltiples etiologías y se pueden clasificar principalmente en función de sus mecanismos causales o de la localización anatómica del mayor compromiso neurológico. Desde el punto de vista etiopatogénico, cabe destacar las demencias de causa primaria o neurodegenerativa, definidas como aquellas con pérdida de estructura o función de las neuronas, de causa desconocida y progreso lento, entre las cuales la enfermedad de Alzheimer, las degeneraciones frontales y la enfermedad por cuerpos de Lewy son las más importantes1.

Últimamente se ha producido un cambio radical en la aproximación terapéutica de la enfermedad de Alzheimer, debido al desarrollo de nuevas moléculas, presumiéndose, en el futuro, la aparición sucesiva de muchos otros agentes. Estos medicamentos no sólo han provocado mejoría significativa de las funciones cognitivas, de los trastornos del comportamiento y de la funcionalidad de estos pacientes, sino que además cuentan con una clara justificación fármaco-económica7. Se ha calculado, a modo de ejemplo, que el tratamiento de la demencia de tipo Alzheimer con inhibidores de colinesterasas (AChEI) durante 3 años, con dosis altas de rivastigmina, se traduce en un ahorro total de 1.100 libras esterlinas por cada paciente tratado8.

Entonces, debido a la aparición de nuevas moléculas antidemenciantes y a la justificación fármaco-económica de su uso, parece pertinente presentar una actualización sobre el uso de estos fármacos.

Debe tenerse en cuenta sí, que el tratamiento farmacológico incluye tanto los trastornos cognitivos como los conductuales9. En esta revisión, sólo nos referiremos al tratamiento de los síntomas cognitivos de las demencias.

Además, debe señalarse que, si bien esta actualización estará centrada en el aspecto farmacológico, debemos mencionar que las estrategias no farmacológicas, como intervenciones grupales psico-educativas o técnicas de neuro-rehabilitación han experimentado también en el último tiempo validaciones promisorias10.

Interpretación patogénica y posibilidades terapéuticas

La enfermedad de Alzheimer (EA) se caracteriza por una precisa selectividad neuronal que explica sus manifestaciones clínicas, alterándose primero las regiones hipocampales, lo que determina el trastorno mnésico11. Desde los estudios de Perry, publicados en 1986 y los de Bartus y cols, publicados en Science en 1982, los déficits de la acetilcolina han sido considerados como un elemento funcional de importancia central en la enfermedad de Alzheimer12,13. La acetilcolina está implicada en varios procesos mnésicos, existiendo en la enfermedad de Alzheimer una disminución de la concentración de este neurotransmisor en varias regiones cerebrales, tales como el núcleo de Meynert, el hipocampo y córtex parietal y frontal14-16. La etiopatogenia de la enfermedad de Alzheimer aún no está claramente establecida e históricamente se han planteado numerosas y diferentes hipótesis fisiopatológicas. Tariot propone la siguiente explicación sobre el origen de la enfermedad de Alzheimer17. "La enfermedad comenzaría relativamente temprano en la vida y sería la resultante de la confluencia de estresores genéticos o ambientales, que varían en el tiempo en los diferentes individuos y que aumentan con la edad. Independiente de estas causas próximas, es gatillada una cascada de eventos fisiopatológicos, lo que finalmente converge en vías de señalización celular comunes y anormalidades bioquímicas que conducen a la disfunción celular, a la falla de la neurotransmisión, a la muerte celular y a la expresión clínica".

La teoría etiopatogénica dominante durante la pasada década ha sido la así llamada "hipótesis de la cascada amiloidogénica", que señala que una disregulación del metabolismo de la proteína precursora del amiloide, en el sistema nervioso central, conduce a la formación de las llamadas placas neuríticas o seniles, que corresponden a depósitos extraneuronales anormales con un centro amiloideo, rodeado por neuritas distróficas y componentes inflamatorios18. Esta acumulación anormal sería, además, responsable de una secuencia de procesos patológicos, no bien determinados, que se expresaría en la aparición de ovillos neurofibrilares, que corresponden a depósitos intraneuronales de una proteína del citoesqueleto, denominada tau, muerte celular, mayor reactividad de la glia y una reacción inflamatoria paralela19,20.

Como la hipótesis de la cascada amiloidea no permite explicar la integralidad de la etiopatogenia de la enfermedad, se ha agregado la hipótesis de "tau y ovillos neurofibrilares", que postula que la fosforilación anormal de la proteína tau sería responsable de la formación de ovillos y la consecuente muerte neuronal21. Si bien las hipótesis de la cascada amiloidea y de tau han sido consideradas propuestas distintas para explicar fisiopatológicamente la enfermedad de Alzheimer, datos recientes indican una eventual conexión entre la APP y la proteína tau21. Además de lo anterior, otros autores han postulado también como fenómeno fundamental en la enfermedad de Alzheimer algunos procesos inflamatorios22.

Tratamiento de la enfermedad de Alzheimer

El tratamiento presente de la EA ha estado principalmente orientado a corregir la disrupción de la neurotransmisión17. Dos neurotransmisores, la acetilcolina y el glutamato, están relacionados con la función de memoria y aprendizaje y han sido objeto de intervención farmacológica. Los propósitos de la terapia colinérgica se han orientado en disponer de precursores de la acetilcolina, en estimular con agonistas pre y postsinápticos o en inhibir las colinesterasas, destructoras de la acetilcolina. Las dos primeras opciones de tratamiento no lograron permanecer debido a fenómenos de intolerancia o a la falta de eficacia clínica demostrada.

Los AChEI, que inhiben la degradación de la acetilcolina a nivel del espacio sináptico, perduran hasta el día de hoy como las formas de tratamiento más aceptadas. La primera de estas drogas utilizadas fue tacrina. En 1986, Summers y cols publicaron un primer estudio abierto con 17 pacientes, en que demostraron una mejoría cognitiva significativa con esta sustancia23. No obstante, en un metaanálisis del Cochrane Database de 2000, se concluyó que los datos eran insuficientes para establecer que tacrina fuese un tratamiento efectivo para la enfermedad de Alzheimer24. Además, este medicamento presentaba varios inconvenientes en su uso, como la frecuencia de la administración, que debe ser cada 6 h, la metabolización exclusivamente hepática, lo que conlleva interacciones medicamentosas y hepatotoxicidad, y además, frecuentes efectos adversos gastrointestinales. Tacrina actualmente está en desuso y se reservaría únicamente para los pacientes que no toleran ninguno de los nuevos AChEI19.

La segunda generación de AChEI, orientada especialmente al tratamiento sintomático de la enfermedad de Alzheimer leve a moderada, incluye al donepezilo y la rivastigmina. El donepezilo se metaboliza en el hígado por las isoenzimas 2D6 y 3A4 del sistema citocromo P450, por lo que son relevantes algunas interacciones medicamentosas, debiendo usarse con precaución en insuficencia hepática y renal. Como los principales efectos adversos son gastrointestinales, se aconseja administrarlo junto con las comidas. En 2001, se publicaron dos ensayos doble ciego, controlados con placebo y con un año de seguimiento, que mostraron mejoría significativa en cognición y en actividades de la vida diaria25;26. Adicionalmente, el tratamiento con este agente por un año, fue asociado con 38% de reducción en el riesgo de declinación funcional comparado con placebo25. En un metaanálisis reciente, en que se incluyeron 16 estudios, con 4.365 participantes y ensayos efectuados por 12 a 52 semanas de duración, se concluyó que los pacientes tratados obtenían beneficios estadísticamente significativos en actividades de la vida diaria, en funciones cognitivas y en conducta27.

El tercer AChEI aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para el tratamiento sintomático de la enfermedad de Alzheimer fue la rivastigmina, droga que además inhibe la butirilcolinesterasa. Su metabolización no requiere del citocromo P450 y ocurre primariamente por la propia colinesterasa.

En un metaanálisis, que incluía 8 ensayos con 350 participantes y dosis de 6 a 12 mg diarios de rivastigmina, por 26 semanas de tratamiento, comparado con placebo, se mostró beneficios significativos en las funciones cognitivas en los pacientes tratados. Los autores concluyeron que la rivastigmina era beneficiosa en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve a moderada28.

La galantamina, última droga anticolinesterásica aprobada por la FDA, posee un mecanismo de acción dual, que consiste en la inhibición de acetilcolinesterasa y la modulación de un receptor nicotínico presináptico, lo que promovería una mayor liberación del neurotransmisor. El ciclo metabólico es similar al del donepezilo y debe ser usado con precaución en pacientes con insuficiencia hepática. En un metaanálisis, que incluyó 7 ensayos, de los cuales 6 estaban en fase II o III, se observó un efecto positivo en actividades de la vida diaria, en función cognitiva y en la conducta de pacientes con enfermedad de Alzheimer leve a moderada. El porcentaje de efectos adversos gastrointestinales fue similar al de los otros anticolinesterásicos con un beneficio terapéutico también comparable29.

Las respuestas terapéuticas con el uso de AChEI son variables entre los pacientes, no existiendo en la actualidad datos confiables que permitan discriminar previamente entre pacientes respondedores y no respondedores. Se estima que entre 40 y 50% de los pacientes presenta una mejoría estadísticamente significativa. Los pacientes que responden logran mantenerse cercanos a la línea de base hasta, por lo menos, 12 a 18 meses de tratamiento, tanto en mediciones cognitivas como en no cognitivas19. Se ha observado que aquellos individuos con inicio tardío del tratamiento suelen tener una respuesta inferior a aquellos con un inicio precoz9. Algunos reportes recientes sugieren que los AChEI pueden también tener, además de los efectos paliativos o sintomáticos, leves efectos enlentecedores de la progresión de la enfermedad30.

Tanto las Guías de Práctica Clínica de la Academia Americana de Neurología como del Centro de Excelencia del Reino Unido sugieren el uso de AChEI como tratamiento estándar de la enfermedad de Alzheimer9,31.

El segundo neurotransmisor directamente intervenido en la enfermedad de Alzheimer ha sido el glutamato. La memantina, recientemente aprobada por la FDA como la única droga para ser utilizada en enfermedad de Alzheimer moderada a severa, actúa a través de la neuromodulación del glutamato. Esta droga impide por una parte la excitotocidad neuronal que provoca el exceso crónico de glutamato y por otra promueve su actividad fisiológica en el receptor NMDA, vinculado a mecanismos de aprendizaje32. Es un medicamento de vida media corta, que experimenta escasa metabolización hepática, tiene mínima interacción con el sistema citocromo P450 y su excreción fundamentalmente es renal, lo que exige cierta precaución en pacientes con insuficiencia renal. En un ensayo randomizado, doble ciego controlado con placebo, en pacientes con enfermedad de Alzheimer moderada a severa, el grupo tratado con memantina mostró significativo enlentecimiento en la tasa de declinación funcional y también en la cognitiva33. En un metaanálisis reciente, que incluyó 5 ensayos, los revisores concluyen que la memantina es una droga segura y que puede ser útil en demencias, aunque los estudios todavía son insuficientes34.

A manera de resumen, las principales características farmacológicas de los agentes actualmente en uso, incluyendo posología, están esquematizadas en la Tabla 1.


Otras líneas terapéuticas en evaluación

El estrés oxidativo es otro de los mecanismos fisiopatológicos que intervendrían en la neurodegeneración propia de la enfermedad de Alzheimer, motivo que ha conducido a la realización de ensayos terapéuticos con vitamina E, selegilina, gingko-biloba y estrógenos.

En relación a vitamina E, en metaanálisis del Cochrane Database se estableció que sólo 1 estudio era incluible, en el cual se obtuvo enlentecimiento en la progresión funcional pero no se observaron cambios en la esfera cognitiva, por lo tanto, los autores concluyeron que no existía todavía suficiente evidencia de eficacia de la vitamina E en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y se sugirieron futuros estudios35,36.

A pesar que se reconocen ciertas propiedades neuroprotectoras a gingko biloba existen pocos estudios que sean metodológicamente aceptables. En un reciente metaanálisis se concluye que los últimos ensayos mostraron resultados inconsistentes, por lo que actualmente no resulta posible recomendar su utilización en la enfermedad de Alzheimer37. Debido a aparentes efectos neuroprotectores que poseerían los estrógenos y a que, según algunos estudios epidemiológicos, tendrían acciones preventivas de la enfermedad de Alzheimer en mujeres postmenopáusicas, se realizaron dos estudios randomizados, doble ciego, que no mostraron efectos ni en lo cognitivo, ni en lo funcional, ni en la progresión38,39.

Existe evidencia in vitro e in vivo de que mecanismos inflamatorios actuarían patogénicamente en la enfermedad de Alzheimer, así como datos epidemiológicos que señalan que el uso de AINES podría reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad. Sin embargo, diferentes ensayos clínicos tanto con naproxeno, corticoides y con rofecoxib, no han demostrado utilidad en la enfermedad de Alzheimer establecida19,40.

También se ha considerado la utilización terapéutica de las estatinas, a propósito de la conocida relación entre factores de riesgo vascular y la enfermedad de Alzheimer. Además, porque niveles elevados de colesterol influirían en el metabolismo anormal del amiloide. Desafortunadamente, la utilización de estatinas como agente preventivo, no ha mostrado utilidad en disminuir la incidencia de la enfermedad41. Un estudio de 26 semanas controlado con placebo, en sujetos con enfermedad de Alzheimer y colesterol normal, reveló que la simvastatina logró disminuir el nivel de amiloide en el líquido cefalorraquídeo en casos leves, pero no en los casos severos42. Actualmente está en curso un ensayo clínico randomizado con atorvastatina cuyos resultados no son aún públicos43. Por otra parte, y vinculado también con factores de riesgo vascular, un estudio efectuado con un suplemento de folatos y cobalamina mejoró la cognición en individuos con demencia leve y homocisteína plasmática elevada, sin advertirse efectos en aquellos con niveles normales de homocisteína y demencia más avanzada44.

Perspectivas terapéuticas

Los objetivos de las principales perspectivas terapéuticas futuras apuntarán a intervenir en la cascada etiopatogénica, tanto a nivel del amiloide como de la fosforilación anormal de la proteína tau. En 1999, se advirtió que la inmunización de ratones transgénicos que hiperexpresaban APP (proteína precursora del amiloide) y por ende, que tenían depósitos anormales de amiloide en sus cerebros, presentaban en un control posterior evidente menor cantidad de placas e incluso con desaparición de algunas de ellas45. Lamentablemente, los estudios con humanos, en fase II, debieron suspenderse por la aparición de meningoencefalitis grave en 6% de los participantes46. En un subgrupo de estos pacientes, se logró comprobar que aquellos que desarrollaron anticuerpos antiamiloide evidenciaron mejor desempeño neuropsicológico que aquellos otros que no desarrollaron anticuerpos, razón por lo cual no se ha abandonado esta vía de investigación y actualmente se está trabajando en el desarrollo de una vacuna oral que no tendría los fragmentos nocivos que podrían haber sido gatilladores del fenómeno inflamatorio47,48. Adicionalmente, la autopsia de uno de estos sujetos reveló una sorprendente ausencia de placas amiloideas en varias áreas cerebrales49.

Se han desarrollado también otras estrategias antiamiloideas, entre las cuales se cuentan la inhibición de beta y gamma secretasas, que son proteasas que provocan clivaje anormal de APP y consecuente depósito de amiloide insoluble; actualmente están en curso estudios en fase I y II con esta nueva clase de agentes19,50.

En relación con la fosforilación anormal de la proteína tau, se ha trabajado en la inhibición de la actividad de kinasas, pero a la fecha no hay aún ensayos clínicos con estas drogas en la enfermedad de Alzheimer17.

Finalmente, ha surgido una asociación todavía controvertida entre cobre, hierro y zinc y la fisiopatología de la enfermedad de Alzheimer51. Se ha publicado recientemente un estudio con clioquinol, un agente quelante que inhibe la unión del zinc y del cobre al betaamiloide, en que se encontró en una pequeña muestra de pacientes significativa disminución de los niveles plasmáticos de esta proteína y mejoría de rendimiento en la escala ADAS-cog52. No obstante, otros estudios in vivo muy recientes, sugieren más bien un efecto terapéutico del cobre, por lo que expertos aconsejan la pronta realización de ensayos terapéuticos con suplementos de cobre en la enfermedad de Alzheimer53,54.

 

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Correspondencia a: Andrea Slachevsky Ch. Unidad de Neurología Cognitiva y Demencias, Servicio de Neurología Hospital del Salvador. Av Salvador 364, Providencia, Santiago, Chile. Fono: 3404231. Fax: 2233741.
E-mail: aslachevsky@adsl.tie.cl

Recibido el 15 de abril, 2004. Aceptado en versión corregida el 22 de septiembre, 2004.