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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.131 n.12 Santiago dez. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872003001200016 

Rev Méd Chile 2003; 131: 1469-1470

Cartas al Editor

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, respetándose la norma básica de que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 3 páginas, tamaño carta, escritas a doble espacio, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

¿A quién pertenece la ficha clínica?

On the ownership of medical records

 

 

S r. Editor: He leído con mucho interés la carta enviada por el Dr. Eduardo Rosselot, en que polemiza acerca de la propiedad de la ficha médica, refiriéndose a un artículo de R Vacarezza et al1,2. Este ya era un tema candente, motivo de discusiones privadas, dada su importancia legal, pero que había permanecido en el ámbito de los pasillos o de las salas de hospital.

Creo que en la propiedad de la ficha clínica debe diferenciarse si ésta es emitida y usada por un médico en forma exclusiva en su consulta privada (ficha de consulta privada) o si es emitida y usada en una institución hospitalaria, o un centro de atención médica ambulatoria (ficha institucional). Esta distinción no es arbitraria, ya que el modo de usar las fichas clínicas suele ser diferente.

La ficha de consulta privada debe ser considerada como una «memoria auxiliar» del médico que ha realizado la atención médica. De aceptarse esta condición, habrá también que aceptar que la propiedad de la memoria indiscutible y exclusivamente es del dueño de la corteza cerebral que la alberga.

En la ficha de consulta privada no sólo se registran síntomas y signos, exámenes de laboratorio solicitados y sus resultados, pensamientos para el estudio diagnóstico de la afección, hipótesis diagnósticas, tratamientos indicados, evolución de la enfermedad, resultado de interconsultas a otros médicos, licencias de reposos otorgadas y consideraciones pronósticas (a todo ello lo llamaría «registros habituales»), sino que también en ella suelen registrarse otros aspectos, tales como nuestra apreciación sobre el carácter o la personalidad del paciente, nuestros pensamientos acerca de la relación médico-paciente que hemos establecido, el resultado de nuestra conversación con sus familiares acerca de la forma en que el paciente vivencia su enfermedad, el nivel de información que le hemos entregado al enfermo y su reacción frente a la misma (pensemos por ejemplo en pacientes con cáncer), los temores que éste nos ha confiado, su riesgo de suicidio frente al diagnóstico de una enfermedad incurable, sus apreciaciones y juicios sobre otros médicos que lo han atendido, consideraciones religiosas o espirituales e incluso aspectos de la más profunda intimidad, que nos han sido entregados en forma confidencial y de una manera que no difiere de la empleada en el sacramento de la confesión con un sacerdote. A todos estos aspectos los llamaría «registros especiales». El guardián de esta ficha es el médico, apoyado por su secretaria, y el documento es guardado en un lugar cerrado de la consulta, al que otras personas no tienen acceso.

En la ficha médica institucional usualmente uno anota solamente los aspectos comprendidos en los «registros habituales». Esto, porque la ficha es empleada colectivamente por los miembros del equipo de salud de la institución, incluyendo personal no médico (enfermeras, matronas, nutricionistas, kinesiólogos, dentistas), no pudiendo, por ende, garantizar que el secreto en que nos ha sido confiada la información sea respetado. Tampoco en las fichas institucionales es el médico su guardián; por el contrario, éstas son manejadas habitualmente como un documento corriente, por personal administrativo sin formación alguna en ética sanitaria, estando a disposición de cualquier persona que quiera leerla. Por esta misma razón, es frecuente y habitual que los psiquiatras no utilicen la ficha institucional para sus registros, y lleven una historia paralela, a veces en un cuaderno de notas personales sobre sus pacientes, el que guardan celosamente y que no ponen a disposición ni siquiera de los otros médicos que atienden al paciente. Sin duda que lo manejan como una memoria personal auxiliar.

Es por ello que establecer por la vía legal que la ficha médica de consulta pertenece al paciente, sin duda restringirá la calidad de la información anotada en ella, lo que coartará la libertad del médico de registrar todos los aspectos que le parezcan relevantes para un mejor manejo del enfermo. También, esta medida hará que el «secreto médico» quede restringido sólo a lo que el médico ha guardado en su memoria, al perder la propiedad de sus registros escritos. Creo que ello no redundará en un beneficio para el paciente, objetivo fundamental de la medicina.

Dr. Jorge Vega S.
Jefe del Servicio de Medicina, Hospital Naval
Almirante Nef. Viña del Mar, Chile.

Referencias

1. Rosselot E. ¿A quién pertenece la ficha clínica? (Carta al Editor). Rev Méd Chile 2003; 131: 815-6.         [ Links ]

2. Vacarezza R, Núñez E. ¿A quién pertenece la ficha clínica? Rev Méd Chile 2003; 131: 111-4.         [ Links ]

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