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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.131 n.6 Santiago jun. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872003000600014 

La Sociedad Médica de Santiago y
el desarrollo histórico de la
Medicina en Chile

The Chilean Society of Internal
Medicine and the historical
development of Medicine in Chile.

El siguiente Artículo Especial se refiere al libro aparecido en junio de 2002, cuyo autor es el Dr. Camilo Larraín Aguirre, impreso en la Imprenta Salesianos, con Registro de Propiedad Intelectual N° 124.739 (marzo, 2002); ISBN 956-8168-00-1 (edición rústica) y 956-8168-01-X (edición de lujo); en venta en Librería Antártica, Librería Universitaria y Sociedad Médica de Santiago.

Apenas aparecido, el libro en comento se constituyó en una referencia histórica irreemplazable para la medicina chilena y la cultura nacional. Es una obra gigantesca, con un solo autor. Dicho autor es uno de los médicos chilenos más distinguidos de su época, que ha vivido su profesión en el ámbito de la vida universitaria, en la Sociedad Médica de Santiago (de la cual es ex Presidente y ha sido distinguido por ella como Miembro Honorario y Maestro de la Medicina Interna) y del American College of Physicians (que lo distinguió con el título de Master), además de otras importantes instituciones. La recopilación de datos tuvo como una de sus principales fuentes a la Revista Médica de Chile: este libro es también una historia de ella. La publicación del libro fue posible por el patrocinio de la Sociedad Médica de Santiago, con la colaboración de la Fundación Hospital Clínico de la Universidad de Chile, la Fundación Social y Educativa Doctor Hernán Alessandri Rodríguez, la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Sr. Roberto Izquierdo Phillips y la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile.

El libro fue presentado públicamente el 28 de junio de 2002, en una ceremonia que tuvo lugar en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. Bajo la presidencia del Rector de esta casa de estudios, Profesor Luis Riveros, la testera estuvo integrada por los Drs. Héctor Gatica R, Presidente de la Sociedad Médica de Santiago; Alejandro Goic G, Presidente de la Academia Chilena de Medicina; José Chianale B, Director de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile (en representación del respectivo Sr. Rector); Rodolfo Armas M, Presidente de la Asociación de Sociedades Científicas Médicas de Chile; Ricardo Cruz-Coke M, Director del Museo Nacional de Medicina, Facultad de Medicina de la Universidad de Chile; y Camilo Larraín A, autor del libro.

La trascendencia de esta obra para la Sociedad Médica de Santiago y la Revista Médica de Chile justifican que en sus páginas se le destaque en forma excepcional. Los Editores hemos querido hacerlo transcribiendo in extenso dos documentos atingentes: el prólogo del libro y el discurso que pronunció el Dr. Larraín en la ceremonia de presentación de su libro.

PRÓLOGO

Al comenzar el siglo XXI, las miradas de los historiadores se han volcado a contemplar el devenir del siglo XX, el cual con el fuerte contraste entre el gran progreso cultural y científico y sus tremendas guerras y miserias, comienza a esfumarse en la bruma del tiempo. Para no perder su recuerdo, los viejos médicos debiéramos reconstruir las vivencias de esas décadas pasadas escribiendo crónicas de los escenarios en que desarrollamos nuestras actividades. En estos primeros años de un nuevo siglo, parece pues oportuno dar testimonio de nuestras vidas y trasmitir un legado que pueda ser conservado en la memoria de nuestros herederos.

Para un médico con vocación histórica de su arte, es un privilegio investigar las fuentes de los acontecimientos que ha sido protagonista y poder así ordenar, sistematizar y seleccionar con realismo los hechos que marcaron el escenario de esas épocas. El gran teatro de los actores de la medicina nacional se ha desarrollado en el último siglo en los hospitales, clínicas, laboratorios, escuelas, academias, colegios profesionales y sociedades científicas, que poseen inmensas fuentes escritas para investigar y reconstruir la historia de la medicina y salud pública nacionales. Los médicos más antiguos tienen la ventaja de haber vivido gran parte del siglo XX y poder valorar adecuadamente la realidad y significado de los hechos descritos en los documentos y las instituciones en que trabajaron.

Para lograr rescatar una crónica completa de la historia secular de una institución médica, se requiere una gran fortaleza espiritual para acometer una tarea gigantesca que necesita tiempo, dedicación, paciencia y minuciosidad, unidas a un espíritu crítico y riguroso, para evaluar objetivamente la realidad. Es en este entendimiento que surge ante nosotros la figura del Dr. Camilo Larraín Aguirre, profesor extraordinario de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, el cual como testigo selecto de esa época clásica, aceptó acometer la magna empresa de escribir una monografía histórica de la Sociedad Médica de Santiago, la institución médica privada más benemérita del país, fundada en 1869 y que hoy encabeza la lista de las instituciones científicas más antiguas y prestigiadas de la nación.

Nacido en Santiago en 1918 el autor se graduó de médico en 1943, ingresando a la Sociedad Médica para llegar a ser Director en 1964 y su Presidente de 1971 a 1973, en años cruciales de la historia de Chile. Discípulo de Alejandro Garretón fue uno de los fundadores de la Hematología nacional y gran maestro clínico en los Hospitales San Borja y José Joaquín Aguirre. Con sólida formación científica en Estados Unidos encabezó en Chile los estudios sobre la coagulación sanguínea y tuvo destacada posición internacional en su especialidad llegando a ser miembro honorario del American College of Physicians. Asiduo investigador de temas de historia médica nacional, profundizó sus estudios de la Sociedad y de la Revista Médica, que lo llevaron a interesarse a escribir una crónica de la época en la que tuvo preponderante participación.

A diferencia de otras historias nacionales generales, sistemáticas y formales, el profesor Larraín Aguirre diseñó un plan descriptivo de la vida intelectual y profesional íntima de los médicos dentro de los muros de la Sociedad y las páginas de su Revista. Dividió la historia de 130 años de la Sociedad en cuatro épocas internas; la sociedad de estudiantes y médicos de 1869 a 1900; la sociedad de médicos y cirujanos de 1901 a 1934; la sociedad de médicos internistas de 1934 a 1969; y finalmente la formación de las especialidades médicas de 1969 al año 2000, que cierra su crónica. Completó su obra con monumentales anexos; la nómina de todos los Directorios de la Sociedad; la nómina cronológica de los 56 Presidentes, y finalmente coronó su magna labor con una impresionante lista de 1.400 referencias, como homenaje a la medicina de las evidencias.

La obra hace un relato cronológico detallado, año por año, de los principales acontecimientos que sucedieron en ámbito de la sociedad y de su revista médica fundada en 1872. El autor no solo explora en detalle las páginas de los 130 volúmenes de la revista sino también los archivos y los documentos de la Sociedad, rescatando así valiosos hechos históricos desconocidos. Por ello en las páginas del libro desfilan todos los médicos chilenos y extranjeros con sus trabajos, experiencias, relatos de viajes, anécdotas, historias clínicas raras, documentos, leyes e informes detallados de la vida universitaria, política, económica y social de la medicina nacional. A pesar de la inmensa cantidad de datos presentados, la obra muestra un equilibrio entre la abrumadora consistencia de la información y la frescura de un relato novelesco y entretenido.

Esta larga y densa crónica del Dr. Larraín nos transporta hasta las profundidades del alma mater de la clase médica chilena, que encontró dentro de los muros de esta Sociedad la autonomía moral y profesional frente a las influencias del estado, las universidades y la sociedad civil. Esta sociedad evolucionó alejada de los vaivenes políticos y su tribuna fue libre para todos los asuntos de la biología y la medicina nacionales. Así los médicos pudieron dedicarse de lleno a estudiar el desarrollo de las enfermedades que agobiaban al pueblo y probar con éxitos o fracasos las nuevas medicinas extranjeras que traían los visitantes europeos y americanos. El prestigio centenario de la sociedad unificó a la profesión médica y posibilitó su expansión y especialización. Así las nuevas sociedades filiales se fundaron en los salones de la sede materna dentro de los cuales los médicos más eminentes de la nación fueron predicando con su ciencia y su espíritu el progreso de la medicina.

Este libro tiene la estructura intelectual de una obra clásica de la medicina chilena y es la principal fuente selecta de referencias médicas del siglo XX. Su autor nos ha entregado una obra enciclopédica, detallada y veraz, que permitirá a todos los médicos cultos, contemplar directamente cómo palpitaron los corazones de nuestros maestros cuando trabajaron en sus vidas azarosas por fundar la clínica moderna y echar los cimientos de nuestra tradición.

Dr. Ricardo Cruz-Coke Madrid
Enero de 2002.

DISCURSO DEL DR. CAMILO LARRAÍN AGUIRRE

Hace muchos años, en una librería de viejo, tropecé con una caja que contenía, modestamente encuadernados, los primeros 20 volúmenes de la Revista Médica de Chile. Me enteré que la publicación se había iniciado en 1872, tres años después de la fundación de la Sociedad Médica de Santiago -de la cual dependía- y que esta última tenía como propósito fomentar el conocimiento científico entre los médicos a través de la preparación y presentación de trabajos y luego su publicación en una revista dedicada a tal efecto. Años después, ahondando en el conocimiento de la Sociedad me informé que ésta debía su fundación a los estudiantes de Medicina, a los que se sumaron algunos médicos que simpatizaban con la idea. Supe luego que, contra todas las predicciones que les auguraban una corta vida, la primera sesionaba semanalmente y la segunda aparecía de una manera regular todos los meses y así habían continuado su existencia, cumpliendo fielmente con los propósitos de sus fundadores: establecer una tribuna en la que los médicos interesados en promover el progreso científico en el país pudieran divulgar el conocimiento médico, no sólo de la información que llegaba del extranjero sino que también de la que obtenían los médicos chilenos en su propia tierra y de la cual dejaban un testimonio en la revista que se editaba con tal propósito.

Hecho interesante: la fundación de la Sociedad Médica y de la Revista Médica coincidieron en el tiempo con descubrimientos científicos portentosos. Pues, aprovechando las experiencias de Pasteur, el Dr. Lister en Inglaterra sentaba las bases de la antisepsia y de la asepsia, lo que permitía por primera vez en la historia de la humanidad la práctica exitosa de la cirugía abdominal y torácica, algo que hasta la fecha no era posible intentar pues los pacientes sucumbían rápidamente, víctimas de infecciones.

La Sociedad Médica reunió a los médicos chilenos, cualesquiera fueran sus especialidades, a través de medio siglo; pero luego, con los avances del conocimiento científico y de la técnica, los médicos comenzaron a agruparse de acuerdo a sus distintos intereses profesionales. Fue así como en la época de los años 20 se desprendieron de ella los cirujanos para fundar la Sociedad de Cirugía, los especialistas en enfermedades infantiles para constituir la Sociedad de Pediatría y así fueron naciendo desde la sociedad matriz las sociedades de las distintas especialidades quirúrgicas, todas las cuales continuaron sesionando en la sede de la Sociedad Médica. A partir de la década siguiente ésta se convierte en una Sociedad de Medicina Interna, situación que se mantiene en el tiempo hasta que con el extraordinario desarrollo de la tecnología los internistas se fragmentaron en diversas sub-especialidades que se expresan en lenguajes médicos propios. No obstante lo anterior, la Sociedad Médica de Santiago se esfuerza por retener en su seno a los sub-especialistas, a la vez que procura por todos los medios que tiene a su alcance fomentar y desarrollar al internista que es tan necesario para la buena atención médica de la comunidad.

En casi 60 años de actividad profesional he asistido a muchas reuniones de la Sociedad Médica. En los primeros años, a sus sesiones de los días viernes en la noche en las que se presentaban trabajos de casuística y casos clínicos, todos seguidos de discusiones a veces apasionantes; luego, con los cambios de modalidad en su sistema de trabajo, a cursos de actualización dictados por sub-especialistas. Como a mí me ha tocado presentar trabajos o a veces participar en cursos de actualización, sé muy bien el esfuerzo que hay que hacer en la realización de éstos y luego en su publicación. De ahí que aprendiera a respetar y también a admirar la labor que calladamente hicieron y hacen los colaboradores de la Sociedad y de la Revista. El libro que hoy se presenta es en gran parte un tributo a lo que ellos llevaron o llevan a cabo. Yo veo a la Sociedad Médica como una gran escuela de enseñanza de postgrado, esencial en la formación científica continuada de todo médico. La veo como la institución más importante en su género en el país, el verdadero "campus sin tumulto" de que hablara un especialista en educación médica.

Con estos antecedentes explico el entusiasmo y la prontitud con que acogí una sugerencia de un distinguido colega y entonces presidente de la Sociedad, el Dr. Miguel Oyonarte, de escribir su historia.

Fueron algo más de 6 años los que dediqué a esta tarea y verla concluida ha sido para mí una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida: la de haber dejado un registro de su historia y el haber podido retribuir de alguna manera todas las enseñanzas y beneficios que de ella he recibido.

En esta ceremonia a la que asisten autoridades académicas, distinguidos médicos, buenos amigos y amigas y miembros de mi familia, deseo destacar que entre la concurrencia hay nietos del ex-Decano de la Facultad de Medicina de comienzos del siglo XX, el Dr. Vicente Izquierdo, y una nieta del ex Rector de la Universidad de Chile y ex Presidente de la Sociedad, el Dr. Manuel Barros Borgoño.

Finalmente deseo expresar mi agradecimiento al Sr. Luis Riveros, Rector de la Universidad de Chile, por habernos invitado a este histórico Salón de Honor para realizar esta ceremonia.