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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.129 n.8 Santiago ago. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001000800017 

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, respetándose la norma básica de que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 3 páginas, tamaño carta, escritas a doble espacio, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

Comentarios sobre Etica Biomédica

Comments on biomedical ethics

 

S r. Editor: En la Revista Médica de Chile aparecen dos interesantes artículos, sobre temas aparentemente disímiles pero que dan lugar a reflexionar sobre un asunto de singular importancia como es la forma en que se elabora el conocimiento científico1,2. Me refiero, primero, a la calidad de la información, a la solidez de la evidencia que la respalda y, por lo tanto, al grado de certeza que se logra sobre la materia estudiada, según cuáles métodos de análisis, y con qué propiedad, se hayan empleado. Segundo, a la trascendencia que estos conocimientos tienen para sustentar decisiones que, en clínica y, en general, en medicina, deben ser necesariamente bien fundamentados, más aún cuando se comprometen con ellos, aspectos bioéticos esenciales.

Los Drs. Patricio Herrera y Gastón Duffau, abordan el problema de "los errores metodológicos en revistas de corriente principal’’1 haciendo un aporte significativo para desmitificar las "evidencias" que podrían suponerse derivadas de estudios publicados en revistas que, es presumible, cuentan con comité editorial idóneo y que, además por ello mismo, habrán debido pasar por una revisión ética diligente. A pesar de preverse ambas competencias, en publicaciones como la que da pié al comentario de los remitentes, de esa carta, la información que aportan no sería más confiable que una intuición de los autores del trabajo original o de sus lectores, sin parar mientes en la solidez de esas conjeturas. Por otra parte, se acota que el patrón que se utilizó en el trabajo analizado, para apreciar el efecto de una terapia antibiótica, resulta un medidor de eficacia y calidad objetable. En efecto, comparar cicatrices renales en cintigrafías, en niños sometidos a dos tratamientos alternativos, no sólo afecta el principio bioético de no maleficencia, (al esperar el daño parenquimatoso renal para resolver cuál sería la opción más favorable) sino que, por no emplearse indicadores más simples, sensibles y precoces, como pudiera ser un examen bacteriológico bien efectuado.

En el otro artículo, el Dr. Carlos Valenzuela trata del "comienzo ontogénico del individuo humano desde su genoma"2 e introduce, con ello, un tema quizá si de mayor proyección e impacto al generar interrogantes sobre el modo de respaldar la información y sobre la trascendencia que conlleva emitirla atribuyéndole certeza, en tanto sigan siendo teorías que no pueden, en rigor, catalogarse de verdades científicas.

Respecto a lo primero, llama la atención que se haga una aseveración tan drástica y escueta como que "el origen ontogénico del individuo está resuelto" y que éste es un "tema ya solucionado por la ciencia", anotándose como referencias de respaldo tres ponencias del mismo autor. Sin embargo, en ninguna de ellas se encuentra alguna evidencia científica que fundamente lo proclamado, siendo incluso el artículo en comento, más que cualquiera otro de los citados, el que tal vez hace un análisis más exhaustivo de los argumentos recurridos para sostener la hipótesis. No obstante, su elucubración constituye una dialéctica cuya base está más en catalogar de falaces los considerandos a los que se opone que en dar pruebas fehacientes de sus asertos. Y, sin duda, el atribuir a engaño las posturas discordantes, ha debilitado siempre la solidez de todo fundamento de orden científico.

Es más, en lo medular, se plantea a partir de una de esas referencias3, una "ética científica" que parece ser la concreción de lo mismo que el Dr. Valenzuela denomina una definición a priori. Nada más opuesto a los criterios objetivables de la ciencia", al imponerle, en este caso, a un proceso autónomo (la ética) un rótulo o adjetivación que no le corresponde, por esencia. La ciencia puede o no ser ética (y la historia está llena de ejemplos, y seguirán sucediendo, en que el método científico se ha ordenado a un hacer ciencia planteando dilemas éticos de compleja definición). Pero la ética no puede ser científica por mucho que la ética de un valor crucial a la ciencia (a la verdadera ciencia, no a la pseudo ciencia); como lo dice el propio autor, "como el método más confiable para encontrar el conocimiento demostrable y objetivable (la verdad o correlato positivo con el suceder)".

Vale la pena rescatar lo que también asevera el Dr. Valenzuela. Hay otras fuentes de conocimientos que pueden no tener "la posibilidad de comparatividad entre la situación hipotética o teórica y la observada, como tiene la ciencia" pero, igualmente, abonan al saber. Ellas van desde las suposiciones o criterios consistentes con la realidad, a los razonamientos lógicos de las ciencias sociales y de la filosofía. También, con un peso muy propio para quienes participan de ese convencimiento, los que proporcionan la revelación teológica y la fe. Pero en este amplio espectro del conocimiento, hay grados de probabilidad para que se dé "un correlato positivo entre el discurso sobre un proceso y ese proceso" y debieran darse, también, grados diversos de libertad, en todo este campo, para adherir o disentir de muchas premisas distintamente avaladas.

Especial cuidado debiéramos tener, como lo previenen tantos sofismas y afirmaciones clásica y equivocadamente sustentadas, con los "encantamientos" del lenguaje y el integrismo de ciertos raciocinios. Por ejemplo, ¿es cierto que, como se afirma, todo lo que se predique del ser humano, debe ser aplicable a los seres vivos materio-energéticos? y ¿es también cierto que (lo que no se afirma pero se usa para deducir una consecuencia), todo lo que se predica de los otros seres vivos materio-energéticos, debe ser aplicable al ser humano? Ambas apreciaciones podrían ser coherentes en materia de la individualización que es, como está planteado, un tema biológico. Pero no en cuanto a la ontología del ser humano, que es por referirse a quién se trata, un tema ético sino moral, no de un individuo exclusivamente materio-energético sino que diferente al resto de los seres vivos, por cuanto comprende además una espiritualidad inconmensurable. Y es ella lo que valida la diferenciación entre el ser humano y el resto de los vivientes. Así lo creemos, pero aceptamos discrepancias mientras no haya certeza de ello, más allá de nuestra convicción. Desde luego, aquí hay un conocimiento que no puede reivindicar una prueba científica, y pensamos que, al revés, cada vez que se ha pretendido imponer este tipo de ideas con afirmaciones que doblegan a la ciencia, no se ha hecho más que poner en jaque toda conciliación entre ésta (apropiada para conocer de lo físico) y cualquier deontología (indispensable al considerar lo metafísico).

Dr. Eduardo Rosselot J.
Dirección Técnica de Educación en Ciencias de la Salud. Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

REFERENCIAS

1. Herrera P, Duffau G. Errores metodológicos aun en revistas de corriente principal. Rev Méd Chile 2001; 129: 464-5.        [ Links ]

2. Valenzuela C. Comienzo ontogénico del individuo humano desde su genoma. Rev Méd Chile 2001; 129: 441-6.        [ Links ]

3. Valenzuela C. Hacia una ética científica. Notic Biol 1995; 3: 18-20.        [ Links ]

ESTA CARTA FUÉ ENVIADA POR LOS EDITORES
AL AUTOR DE UNO DE LOS ARTÍCULOS ALUDIDOS,
QUIEN OFRECIÓ LA SIGUIENTE RÉPLICA.

S r. Editor: Las observaciones del Dr Eduardo Rosselot J sobre mi artículo "Comienzo ontogenético del individuo humano desde su genoma"1 merecen aclaraciones. Las referencias obligadas a mis artículos se deben, no a que estoy redefiniendo la ética "clásica" como ética científica, sino a que estoy creando una nueva forma de ver y hacer ética. No entendió el Dr. Rosselot una de mis referencias2 en que doy todas las evidencias posibles al fundamentar mi posición en las tres teorías de la Biología: celular, de la herencia y de la evolución. Desde su aparición, a mediados del siglo XIX, todas las observaciones y experimentos las han confirmado de tantos puntos de vista independientes, que más que teorías, son descripciones o propiedades del ser biótico. Si se ignoran estas formas de los seres vivos, el diálogo es imposible. Los seres vivos son (no porque a mí se me ocurra) procesos materio-energéticos hermanados históricamente. El ser humano es un ser vivo y por lo tanto comparte las características de los seres vivos y las particularidades propias de la especie. Por lo que también es, el ser humano, un proceso materio-energético. Si el Dr Rosselot o cualquiera tiene una demostración que refute esta hipótesis tienen la obligación de darla. Al contrario, la hipótesis que postula que el ser humano no es un proceso materio-energético se refuta con la mera observación. Esto no es integrismo, ni fundamentalismo ni rigidez mental, sino que claridad conceptual, oficio científico y rigurosidad intelectual, cosas que desgraciadamente, a menudo se confunden. Como la ética humana es parte del ser humano, ella es también un proceso materio-energético y por lo tanto estudiable como cualquier proceso por la ciencia. Entroncando la ética con las teorías biológicas (biología es el estudio de los seres vivos, incluyendo su origen), toda posición, actitud, decisión y forma de ser ética deben estudiarse desde los procesos celulares cerebrales y sus relaciones metabólicas y morfofuncionales, desde la determinación de cualquier carácter humano, relacionado con la ética por los factores genómicos o ambientales (incluyendo los culturales) y como procesos evolutivos filo-ontogenéticos emergentes en todas las especies vivas. La evolución produjo al ser humano y no el ser humano produjo la evolución. Es la evolución la que produjo a la ética y por lo tanto es su madre. La ética científica es, entonces, por emergencia a posteriori del conocimiento científico, no a priori como ha mal entendido el Dr. Rosselot que yo propongo. ¿Cuál es el componente genético o ambiental del actuar mal o bien? ¿Son la transexualidad, la pedofilia o la homosexualidad, heredadas o adquiridas? Preguntas para las cuales no tienen respuesta ni la ética clásica, ni la bioética, ni la filosofía moral, ni la teología (al respecto hay un debate interesante entre el teólogo moral y bioeticista Marciano Vidal y el Vaticano). La respuesta a estas interrogantes puede darla la ciencia y, vaya que importan, para tomar decisiones y hacer juicios de valor, las diferentes respuestas que pueda dar. La ética científica incorpora todo el conocimiento científico para entender no tan sólo las situaciones decisionales sino que los estados y procesos mentales implicados en las decisiones. ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? Es distinto declarar que el hombre es un animal racional a demostrar que la naturaleza humana es el producto de su genoma y de sus circunstancias (ambiente). Para la ética clásica los "valores" son intangibles filosóficos; para la ética científica son procesos neuropsíquicos, visiones que llevan a éticas distintas.

No menciono críticamente a las definiciones, como el Dr Rosselot afirma, porque las definiciones conceptuales y operacionales son fundamentales para hacer ciencia. Sin ellas no hay ciencia. Critico las opiniones (dogmas) o convenciones que se hacen sobre los procesos materio-energéticos que no proceden de conocimiento demostrado sino que de una intuición o "tincada" empírica. En una ciudad de Chile se votó si la viruela era contagiosa o no. Menos mal que la votación favoreció a la primera alternativa. Es absurdo hacer convenciones sobre el inicio del proceso de individuación (evito individualidad ya que suele ser ambigua) biótica. Los seres vivos se individuan independientemente de las convenciones que los seres humanos hagan sobre esos procesos. El ser humano tiene que, por deber ético, estudiar científicamente cuándo y cómo sucede esa individuación y acatar lo que la naturaleza dice o ya ha dicho (antes que el ser humano existiera) por el proceso evolutivo. La ética científica es a posteriori del conocimiento científico. Aun así, desde la ética científica esta situación no es "mala". Lo malo sería que se supusiera que esas tincadas están basadas en conocimiento demostrado cuando en realidad no lo están. No se opone la ética científica a que se hagan convenciones, pero considera esas convenciones como hipótesis que deben soportar el método científico. Hay otros conocimientos, por cierto, pero pueden ser falaces. La intuición puede engañarnos, la confianza acrítica en la Biblia o cualquier otro libro sagrado ha conducido a errores graves y a persecuciones letales. Nada más falaz que percibir que el sol da vueltas alrededor de la tierra, aunque está avalado por la Biblia (el detente sol de Josué). La ciencia demostró que es la tierra la que gira alrededor de su eje y no el sol alrededor de la tierra. El conocimiento científico demostrado rigurosamente es lo más confiable que la humanidad tiene hasta este momento.

Menciona el Dr Rosselot, que a mi artículo le falta el espíritu (del ser humano). Que el ser humano es materio-energético y espiritual. No leyó tan acuciosamente el párrafo pertinente al espíritu como el resto del artículo. De alma y espíritu hay decenas de concepciones, incluida la de los que dicen que es vacía (materialistas). Si acepta sólo la concepción cristiana actual (porque la cristiana ha variado mucho y se ha ido clarificando con el tiempo), él se pone el sayo de la intolerancia impositiva hacia las otras concepciones. No hay en mi artículo ninguna afirmación que el ser humano sea TAN SOLO materia y energía. Yo digo que el ser humano es (TAMBIEN) materia y energía y eso puede demostrarse. La ética científica estudia científicamente a las religiones y a las ideologías investigando sus consistencias, coherencias, riquezas, aportes culturales universales, visiones y valoraciones de mundo, pero las acepta a todas por igual por ser procesos históricos que ocurren y han ocurrido. En seguida, el Dr Rosselot parece proponer (reconozco que no entiendo bien el párrafo) que la integración del espíritu (de existir) al cuerpo pudiera ocurrir en diversos estados del desarrollo, por lo que hay que dejar espacio para la diversidad de opiniones. No es necesario ser teólogo para concluir definitivamente que de integrarse el espíritu al cuerpo se integra en un único estado y muy preciso. El mejor candidato materio-energético para esa integración es el estado de comienzo de la individuación biótica (primera integración citoplasma-genoma). La aceptación de la hipótesis de integración en estados distintos o incluso diferentes para cada individuo puede llevar a inconsistencias con posiciones de justicia y respeto a los individuos. Además, hace imposible cualquier toma de decisiones, porque si no puede saberse (ya que ocurre en un momento indeterminado) cuándo ocurre, la integración alma cuerpo, es éticamente obligada la abstención decisional Si la hipótesis de no concordancia entre la individuación biótica e integración espiritual es cierta, se tendrían estados de vida humana biótica materio-energética sin alma (igual a la de aquellos seres vivos sin alma) o estados con alma sin vida biótica de difícil manejo conceptual y práctico. Ejemplo de esto es la confusión entre mente (o peor aún, razón) y alma o espíritu, que ha sido de funestas consecuencias. Se ha creído que el espíritu anima (almiza) al ser humano cuando éste tiene mente (o sistema nervioso). Algunos teólogos animaron al ser humano después del mes de embarazo. Otros animaron primero a los embriones masculinos y después a los femeninos. En el caso de la muerte la situación puede ser más conflictiva. Un ser humano con cáncer córtico-cerebral muy extendido bilateralmente, en quién no hay procesos mentales (o psíquicos) pero hay procesos vegetativos, debería ser declarado sin alma y por lo tanto muerto. Es más coherente la integración espiritual a una totalidad biótica ya integrada.

Finalmente, he aclarado que cuando me refiero a "científica" estoy hablando de las dos formas de ciencia que hay según sus métodos demostrativos (desde Leibnitz a Bunge). Las ciencias axiomáticas que basan sus demostraciones en proposiciones aceptadas como verdaderas o falsas sin demostración (axiomas o suposiciones de base) y las factuales o fácticas que basan sus demostraciones en la comparación entre valores o situaciones esperadas y observadas (hechos o facta). No concuerdo con Bunge que llama a las primeras ciencias formales, ya que puede entenderse que las factuales son informales. Entre las primeras están la matemática, la lógica, algunas formas de filosofía, teología y de ética, las formas teóricas de las ciencias factuales y otras. El análisis situacional ético científico debe agotar ambas formas de ciencia para poder tomar una decisión más científicamente informada. Posteriormente apareció en Revista Médica de Chile, un artículo sobre ética científica y embriones congelados, donde se pueden encontrar más detalles3.

Carlos Y Valenzuela
Programa de Genética Humana, Instituto de Ciencias Biomédicas, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

REFERENCIAS

1. Valenzuela CY. Comienzo ontogenético del individuo humano desde su genoma. Rev Méd Chile 2001; 129: 441-6.

2. Valenzuela CY. Etica científica del origen humano. Rev Méd Chile 1997; 125: 701-5.

3. Valenzuela CY. Etica científica y embriones congelados. Rev Méd Chile 2001; 129: 561-8.