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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.129 n.1 Santiago jan. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001000100017 

CARTAS AL EDITOR

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, respetándose la norma básica de que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 3 páginas, tamaño carta, escritas a doble espacio, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

Técnicas de biología molecular
en artículos publicados en la
Revista Médica de Chile

Molecular biology techniques
in articles published in
Revista Médica de Chile

S r Editor: Hemos leído con gran interés el artículo "El uso de técnicas de biología molecular en los artículos publicados en la Revista Médica de Chile"1 el cual nos motiva a hacer algunas reflexiones al respecto, dada nuestra experiencia en el uso clínico y de investigación con estas metodologías.

Si bien el término "biología molecular" no se encuentra claramente definido en la literatura, éste podría resumirse como la ciencia que se ocupa del estudio de la forma, composición, función de las biomoléculas y del origen evolutivo de los seres vivos2,3.

A nuestro juicio, este término se refiere básicamente al uso de metodologías en las cuales existe manipulación y/o uso de secuencias genómicas (ácidos nucleicos) y/o proteínas con distintos fines y no meramente la detección de moléculas, cualquiera sean éstas. Lo anterior no sería a nuestro juicio sólo un detalle semántico ya que este concepto involucra indirectamente una forma de evaluar los avances tecnológicos que se producen en determinadas comunidades y el nivel científico de ellas.

Por lo tanto, nos parece que no es lo mismo decir que en Chile existe un aumento sustantivo en el uso de la biología molecular cuando en ellas se incorpora, por ejemplo, técnicas de ELISA, las cuales representan según este artículo el cambio más importante en el período revisado.

Independiente de la discusión de considerarse o no como técnica de biología molecular, desde el punto de vista de desarrollo tecnológico, las técnicas ELISA representan el desarrollo de hace por lo menos 2 ó 3 décadas atrás, y en la actualidad representaría cambios y no un avance. Paralelamente, es conocido que estas técnicas se están usando en forma rutinaria para una gran variedad de exámenes clínicos, son de bajo costo y se encuentran disponibles en el mercado. Por lo tanto, en su uso habría que distinguir técnicas comerciales o el desarrollo "in house" de esta tecnología donde sí podría considerarse como un avance tecnológico en nuestro medio.

Concordamos por otra parte, en que es imposible desarrollar en nuestro país técnicas de mayor complejidad, si esto no va acompañado de un financiamiento adecuado, el cual básica o exclusivamente, se puede conseguir a través de proyectos de investigación. Sin embargo, si bien el uso de estas tecnologías ha tenido un incremento considerable gracias al financiamiento descrito, aún estamos lejos de disponer en forma rutinaria de estas herramientas en áreas de la medicina donde son reconocidamente de uso habitual en otros países. Si bien su uso se describe en una variedad de artículos clínicos chilenos en la última década, es necesario mencionar que muchos de esos artículos no expresan claramente que la tecnología utilizada sea de disponibilidad propia o bien una compra de servicios. Nuestra experiencia nos indica que, por lo menos en el área de la hepatología, aún siguen siendo muy pocos los laboratorios que disponen de técnicas rutinarias para el estudio de DNA y/o RNA de los virus hepatitis, a pesar de ser estas herramientas fundamentales en el control y seguimiento de estos pacientes.

Un porcentaje importante de las publicaciones clínicas en esta área, se han desarrollado a través de compra de servicios (a nuestro laboratorio u otros particulares), lo cual no aparece mencionado, generando la falsa sensación de que los hospitales públicos, por ejemplo, cuentan con estas tecnologías.

De igual forma, no es lo mismo para evaluar el desarrollo tecnológico nacional, que se describa el uso de una metodología realizada íntegramente en un laboratorio nacional, a que el mismo procedimiento se haya realizado a través de un intercambio de investigadores en otros laboratorios fuera del país. En el primer caso implica la mantención de la metodología para su uso posterior y en el segundo solamente la realización de un procedimiento bajo condiciones óptimas, sin necesariamente generar posteriormente nuevos usos o difusión y aplicación masiva. Creemos que este hecho debe considerarse en la metodología descrita, si queremos evaluar apropiadamente a través de las publicaciones, el avance real de nuestro país en esta área, siendo a nuestro juicio tan importante como lo es, y se enfatiza en un artículo de la misma revista4, la necesidad de regular la autoría de las publicaciones. De igual forma, permitiría conocer en qué servicios del país se encuentran implementadas algunas técnicas de biología molecular para su uso rutinario.

Finalmente, queremos felicitar a los autores del artículo mencionado1 por la extensa revisión realizada, el adecuado análisis y el interés de dar a conocer los avances de nuestro país en áreas tan importantes como es la tecnología en uso. Concordamos, además, en que ha existido una creciente incorporación de la biología molecular como herramienta de investigación en Chile y esperamos que a futuro sea extensivo en mayor grado a la medicina clínica.

Drs Gabriela Muñoz G, Javier Brahm B,
Mauricio Venegas S*
Centro de Gastroenterología, Departamento de Medicina, Hospital Clínico de la Universidad de Chile
* Bioquímico

REFERENCIAS

1. Herskovic V, Jacard M, Reyes H. El uso de técnicas de biología molecular en los artículos publicados en la Revista Médica de Chile. Rev Méd Chile 2000; 128: 411-8.

2. Romeo CM. En Del gen al derecho. Universidad Externado de Colombia. Centro de Estudios sobre Genética y Derecho. 1° Edición 1996. Editorial Salamanca Ltda. Pags 26-7.

3. Romeo CM. Genética y siglo XXI. En IV Congreso Nacional de Derecho Sanitario. Asociación Española de Derecho Sanitario. Edición Fundación MAPFRE. Medicina. 1998.

4. Reyes H, Kauffmann R, Andresen M. La autoría en los manuscritos publicados en revistas biomédicas. Rev Méd Chile 2000; 128: 363-6.

ESTA CARTA FUÉ ENVIADA POR LOS EDITORES ASOCIADOS
A LOS AUTORES DEL ARTÍCULO ALUDISO, QUIENES
OFRECIERON LA SIGUIENTE RÉPLICA

S res. Editores Asociados: En el segundo párrafo de la discusión de nuestro artículo en comento, advertimos la posibilidad de que algunas de las técnicas de nuestra lista no fueran unánimemente aceptadas como parte del arsenal metodológico empleado por la "biología molecular"1. La definición que usamos para este campo de las ciencias quedó explícita en nuestra introducción y nos parece que coincide con lo descrito en importantes referencias bibliográficas2-5. Tenemos la impresión de que en la carta de la Dra. G. Muñoz y coautores el concepto se ha restringido a la genética molecular, que es una parte fundamental pero no excluyente de lo que muchos autores aceptan cuando escriben, por ejemplo, sobre "medicina molecular" o sobre "epidemiología molecular"2-4,6,7. En todo caso, estimamos prudente explorar si estas diferencias semánticas pudieron ser trascendentales para nuestros resultados y, por ende, para su interpretación:

1° Repetimos los cálculos eliminando la prueba de ELISA: en el primer período estudiado (1987-1989), entre 341 artículos publicados hubo 53 que emplearon las otras técnicas de nuestra lista (15,5%) y en el segundo período (1997-1999) fueron 71 de 318 artículos (22,3%). La comparación estadística de ambos períodos dió un valor de p <0,01 (en el estudio original, incluyendo ELISA, p fue <0,001).

2° Si la comparación se restringe a las técnicas que estudian el DNA, en el primer período las empleó solo 1 trabajo mientras en el segundo período las utilizaron 25 trabajos.

Por lo tanto, se despeja la primera duda de nuestros interlocutores y no se modifica la conclusión más importante de nuestro estudio: "las técnicas de biología molecular se están incorporando progresivamente en la medicina nacional".

Un segundo punto en la carta de la Dra. G. Muñoz y sus coautores se refiere a que "un porcentaje importante de las publicaciones clínicas en esta área se han desarrollado a través de compra de servicios...". Habría sido útil que especificaran a cuánto ascendió ese porcentaje y cómo obtuvieron el dato numérico correspondiente. Nosotros no contamos con esa información específica, que no establecimos entre los propósitos de nuestro estudio. Sin embargo, aprovechamos la afirmación de nuestros interlocutores para revisar los artículos publicados en el último año del estudio (junio de 1998 a julio de 1999): sólo en 9 de 39 trabajos que utilizaron técnicas de biología molecular los autores especificaron el laboratorio en que se había realizado dicha técnica y, por lo tanto, nos fue imposible precisar si en los otros 30 (76,9% de los trabajos) ellas se realizaron dentro o fuera de los Departamentos o Unidades representadas por los autores. Coincidiendo con otras conclusiones de nuestro estudio, los laboratorios identificados corresponden exclusivamente a centros universitarios (incluyendo al Centro de Gastroenterología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile), sin embargo, 3 de estos laboratorios están ubicados en "hospitales públicos" (Hospitales San Borja-Arriarán y Del Salvador) y los trabajos que allí se produjeron usaron técnicas de genética molecular. En cuanto a una eventual participación de laboratorios en el extranjero, no encontramos su mención en ninguno de los trabajos publicados en esta Revista durante los dos períodos que estudiamos. Nos parece improbable que dicha participación haya existido sin que se anunciara o agradeciera, dejando de lado –además– una eventual co-autoría. Sería pertinente recordar que toda revista que aparece en los índices internacionales con mayor difusión facilita el que se descubran las eventuales anomalías en la conducta científica, motivando inmediatos reclamos de quienes resulten afectados8.

Concordamos con otras opiniones de la Dra. G. Muñoz y sus coautores y agradecemos su interés por nuestro artículo.

Humberto Reyes B, Viviana Herskovic M, Marcela Jacard C.
Departamento de Medicina (Campus Oriente) e Instituto de Ciencias Biomédicas, Facultad
de Medicina de la Universidad de Chile.

REFERENCIAS

1. Herskovic V, Jacard M, Reyes H. El uso de técnicas de biología molecular en los artículos publicados en la Revista Médica de Chile. Rev Méd Chile 2000;128:411-8.

2. Ballabio A, Jameson JL. Introduction to molecular medicine. En Jameson JL (ed). Principles of Molecular Medicine. Humana Press, Totowa, New Jersey, USA, 1998;3-97.

3. Molecular Medicine. Lancet 1999; 354 (Suppl 1): 1-37.

4. Roseto A. La medicina molecular en la Pediatría del Siglo XXI. En "Pediatría Meneghello". J Meneghello, E Fanta, E Paris, T Puga (editores). 5ª edición, 1998. Editorial Médica Panamericana S.A., Buenos Aires, Argentina, pp 2701-19.

5. Zanlungo S. Rigotti A, Arrese M. Biología molecular y Medicina: Conceptos básicos. Rev Méd Chile 1999; 127: 839-49.

6. Zanlungo S, Arrese M, Rigotti A. Medicina molecular: presente y futuro. Rev Méd Chile 1999;127: 982-8.

7. Dorman J. Epidemiología molecular: el impacto de la biología molecular en la investigación epidemiológica. Rev Méd Chile 2000; 128: 1261-68.

8. Reyes H. Una publicación redundante en la Revista Médica de Chile. Rev Méd Chile 1997;125: 956-7.