SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.128 número6Creencias, actitudes y conocimientos en educación sexual índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.128 n.6 Santiago jun. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872000000600001 

Educación sexual de niños
y adolescentes

The relevance of sexual education

 

 

There is a remarkable ignorance about sexuality among Chilean teenagers, as underscored by the paper by Fernández et al, published in this issue. The authors analyze the biological, psychological and social consequences of the lack of parental and school sexual education. Among them, there is an increasing incidence of unwanted pregnancies, abortions and sexually transmitted diseases in teenagers. Child abuse, neglect, battering, mortality and maternal deprivation are more frequent among the offspring of teenage parents. School desertion caused by unwanted pregnancies will seriously jeopardize the education and training of these teenagers, perpetuating the cycle of poverty. (Rev Méd Chile 2000; 128: 571-3).
(key-words: Adolescent behavior; Sexuality; Sex counseling; Sex education)

En el contexto de la reforma educacional que ha llevado a cabo el Ministerio del ramo en los últimos años, denominado MECE (Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación) surgió la iniciativa de comenzar a incorporar contenidos de educación sexual en la enseñanza media (JOCAS). A poco andar se produjo un debate público sobre la forma y los contenidos de dicho programa, los que suscitaron una fuerte resistencia en algún sector de nuestra sociedad. Esto determinó la revisión de dicha iniciativa.

Cuando se trata de indagar acerca de los motivos que hay detrás de la oposición de ciertos sectores a este tipo de programas, nos encontramos con algunos de tipo religioso y otros de tipo valórico. Hay quienes postulan que la información sobre materias relacionadas con la sexualidad fomenta el inicio más precoz de la actividad sexual, creencia que ha sido refutada por la evidencia empírica. Existen aquellos que sostienen que esta es un área de exclusiva competencia de la familia y por lo tanto desconfían de intervenciones por otras instancias. Las encuestas efectuadas en nuestro medio revelan consistentemente que esto no ocurre, aun cuando los adolescentes mayoritariamente declaran que "deberían ser" los padres quienes se encargaran de informarles al respecto.

Cualesquiera sean las opiniones en torno al tema, lo único que resulta meridianamente claro -producto de diversos estudios efectuados sobre la materia en el país- es la sorprendente y peligrosa ignorancia de los adolescentes sobre la materia. El trabajo "Creencia, actitudes y conocimientos en educación sexual" que aparece publicado en este mismo número de la Revista Médica de Chile es un valioso testimonio de este grave problema1.

Paradójicamente, tanto los sectores que se oponen a la educación sexual como la sociedad en general, no parecen haber tomado conciencia de que nuestros niños, adolescentes y jóvenes están recibiendo cotidianamente una "educación sexual" de poderosa y masiva ocurrencia a través de los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales. La sociedad de consumo, guiada por su ethos mercantilista, descubrió hace tiempo que "el sexo vende". Pero es una sexualidad puramente física, desprovista deliberadamente o no del componente emocional y afectivo. Se nos bombardea a diario con un erotismo distorsionado, cuando no de pura y simple pornografía.

Resulta difícil mencionar las múltiples consecuencias ominosas que causa la falta de educación sexual de nuestra generación joven. En un esfuerzo sintetizador podríamos decir que esta situación genera riesgos biológicos, sicológicos y sociales, no sólo en los adolescentes mismos, sino también en sus eventuales hijos y en su grupo familiar2-4.

Entre los riesgos biológicos más importantes están el aborto y las enfermedades de transmisión sexual. También se sabe que existe una edad óptima en la mujer para la reproducción, que comienza después de los 18 años; los embarazos que ocurren antes de esta edad representan un riesgo biológico, tanto para la madre como para el hijo.

El número de abortos provocados antes de los 19 años de edad ha aumentado significativamente en los últimos cinco años. En nuestro país la información que se tiene al respecto es parcial ya que, siendo ilegal su práctica, los datos se refieren sólo a las hospitalizaciones por las complicaciones del aborto séptico. Aproximadamente una de cada diez mujeres hospitalizadas por esta causa son menores de 20 años y se calculan más de 4.000 abortos al año en este grupo etario.

Sin duda que el embarazo no deseado es uno de los problemas más frecuentes, derivados en parte importante del desconocimiento que existe en los adolescentes al respecto. Datos que ilustran con elocuencia este hecho son los que nos muestra el estudio ya mencionado1.

El embarazo en adolescentes es considerado un problema emergente de salud pública y constituye, además, un problema social, por las graves consecuencias médicas, psicológicas, económicas y demográficas que provoca. A esto se suma no sólo su incidencia creciente sino, además, el hecho que ocurra a edades cada vez más tempranas. Las tasas de fecundidad han bajado en todos los grupos etarios, excepto en las mujeres adolescentes.

Las consecuencias psicológicas del fenómeno que nos preocupa afectan en mayor o menor grado a la madre como, eventualmente, al hijo. Por otra parte están los sentimientos de culpa generados a veces por no desear tener un hijo o por el rechazo de sus padres u otras personas cercanas. Cuando la adolescente es obligada a abortar, las complicaciones siquiátricas pueden derivar en una neurosis de angustia o depresiva. Otra posibilidad es que sea recluida durante todo su embarazo y sólo después de entregar al recién nacido para adopción, recupere su libertad. También puede ocurrir que ambos adolescentes sean obligados a contraer matrimonio y ha seguir viviendo cada uno con sus padres o, dependiendo de la edad y de la situación económica de sus familiares de origen, se puedan instalar a vivir en forma independiente. En ambos casos lo habitual es que esto les acarree la necesidad de asumir un rol que los supera con creces y por ende se constituya en una severa fuente de estrés.

Diversas investigaciones revelan, por otra parte, que uno de los factores principales que se correlacionan con la separación o el divorcio matrimonial es el antecedente de haber tenido que casarse por un embarazo2-4.

Una situación frecuente que se agrega a las ya señaladas, es el sufrimiento de la niña por la deserción y el abandono por parte de su pareja. La ilegitimidad desprotegida está relacionada, entre otras cosas, con mayor mortalidad infantil.

Los problemas psicológicos que pueden afectar al niño no deseado pueden situarse en una gradiente que va desde el abandono total hasta diversos grados de rechazo, abierto o encubierto. La evidencia empírica acumulada no deja duda alguna respecto a las severas perturbaciones del desarrollo psicosocial que afectan a los niños que no han tenido la estimulación afectiva y cognitiva en etapas tempranas de su vida. Los así llamados "trastornos del vínculo" van a rematar en diversas patologías siquiátricas en edades posteriores, muchas veces en asociación con el síndrome del niño maltratado físicamente. Existen estudios que revelan que el 58% de los niños golpeados son hijos de padres adolescentes.

Entre los trastornos sociales que derivan del embarazo en adolescentes está la interrupción muchas veces definitiva de sus estudios, lo que sella o limita fuertemente sus posibilidades laborales futuras perpetuándose de esta forma el círculo de la pobreza. Las madres adolescentes más pobres y con menor escolaridad no sólo trabajan menos o tienen trabajos peor remunerados, sino que tienen menores posibilidades de mejorar su situación económica a través del matrimonio. En efecto, ellas tienen un mayor riesgo de escoger progenitores que no aportan, o abandonan al hijo permaneciendo solteras.

De los antecedentes expuestos resulta de toda necesidad implementar masivamente en el sistema educacional, programas de educación sexual que no sólo entreguen información sobre la anatomía y biología de la sexualidad, sino que enfaticen fuertemente los aspectos emocionales y afectivos. Estos programas no debieran reemplazar el rol primordial de los padres en este sentido; pero, tomando en cuenta por una parte la realidad detectada en las investigaciones y la reticencia de algunos sectores sobre su conveniencia, se hace necesario informarles de sus contenidos y conocer su opinión al respecto. De igual importancia sería lograr su consenso social sobre el rol de los medios de comunicación en esta materia.

Dr. Hernán Montenegro A.
Profesor Asociado de Psiquiatría Universidad de Chile. Profesor Titular de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Universidad de Santiago.

REFERENCIAS

1. FFERNÁNDEZ L, BUSTOS L, GONZÁLEZ L, PALMA D, VILLAGRAN J, MUÑOZ S. Creencias, actitudes y conocimientos en educación sexual. Rev Méd Chile 2000; 128: 574-83.        [ Links ]

2. HAMEL P. Embarazo en adolescentes y salud mental. En. Montenegro H y Guajardo H (eds.) Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Mediterráneo, 2000.        [ Links ]

3. ROMERO MI, VARGAS S ET AL. Embarazo, parto y recién nacido en madres adolescentes. Rev Chil Pediatr 1983; 54: 123-30.        [ Links ]

4. UNDURRAGA G. Educación sexual: la polémica continúa. Salud y cambio 1992; 3: 41-3.        [ Links ]